LA NOCHE DEL INCENDIO
Virginia
ingresa en la antesala de la Iglesia. La boda se está por celebrar, pero ella,
ajena a toda la emoción del resto, está llorando y tiene su celular en la mano.
Devastada,
busca entre los muebles del recinto y encuentra una botella de vino que sirven
en la misa. Se sirve un poco y toma. Hace un gesto de desagrado.
VIRGINIA:
Diablos, este vino es espantoso.
Vuelve
a tomar.
En
eso, ingresa Irupé en la sala y la ve llorando.
IRUPE:
Virginia, ¿qué te ocurre? Oh, no me digas más. Es por el vestido de dama de
honor, ¿no? Sí, yo también entré en crisis la primera vez que lo vi.
VIRGINIA:
No es el vestido.
IRUPE:
Entonces, ¿qué es?
Virginia
la mira haciendo una mueca como si fuera que ya tendría que saberlo a esas
alturas. Irupé comprende.
IRUPE:
¿Otra vez te desilusionó?
VIRGINIA:
Sólo un poco.
IRUPE:
Cariño, ¿cuántas veces vas a dejar que lo haga?
VIRGINIA:
No lo sé. Parece que no me gusta aprender.
IRUPE:
Bien, te propongo que llores en otro momento porque vas a arruinar el día
especial de Celina. Y ella es completamente capaz de arruinárselo sola sin
nuestra ayuda.
Virginia
asiente y deja la copa de vino.
VIRGINIA:
Tienes razón. Tendré que sonreír y volver, haciendo de cuenta que no pasa nada.
IRUPE:
Exacto. Nada más lindo que la negación para sobrevivir esta noche. O a un
matrimonio de diez años.
Las
dos, sonrientes, salen de la habitación y entran nuevamente a la iglesia.
VIRGINIA
Presente.
Día
de tormenta.
Virginia
está terminando una clase en el gimnasio donde es entrenadora. Sólo dos
muchachas fueron y, ante el cambio de hora, el entrenador del siguiente horario
aprecia el clima, como anticipando que nadie aparecerá.
Virginia
se acerca a Fabricio Comarco, ambos en el portal del gimnasio, mientras miran
caer la lluvia torrencial.
VIRGINIA:
Creo que no va a venir nadie en tu horario.
FABRICIO:
Me sorprende que hayas tenido dos alumnas con el día así.
VIRGINIA:
Me gusta que la gente sea responsable.
FABRICIO:
Esas chicas van a conseguirse un resfriado.
VIRGINIA:
Pero se verán fabulosas.
FABRICIO:
Al final del día es lo único que cuenta. No importa qué tan horrible seas por
dentro, mientras te veas bien...
VIRGINIA:
Siempre habrá un mañana. Es nuestro lema.
Virginia
se gira para buscar sus cosas y marcharse. Fabricio la sigue por detrás.
FABRICIO:
Ya que no tengo alumnos, ¿qué te parece ir a tomar un café?
VIRGINIA:
¿Dijiste vino?
FABRICIO:
Dije café.
VIRGINIA:
Mmmmm... No lo sé, Fabri. Mis amigos me están esperando porque tenemos un
problema que resolver.
FABRICIO:
Entonces un vino.
VIRGINIA:
Bueno, ya son grandes, pueden resolver sus propios problemas. Vamos, conozco un
bar que me encanta.
FABRICIO:
¿Si vamos a un sitio que no conozco, no deberías promocionar que me va a
encantar a mí?
VIRGINIA:
Honestamente, poco me importa si te termina gustando. Lo importante es que yo
lo disfruto mucho.
GRUPO
La
puerta de la cabaña donde vive Wilfredo se abre. Damien, Edgar, Germán, Celina
y Wilfredo se giran para ver ingresar a Irupé.
IRUPE:
No doy más de la felicidad con la idea que tuvieron de reunirnos en el bosque
en plena tormenta.
Wilfredo,
con la gracia del Jorobado de Notre Dame, le extiende una toalla. Irupé la toma
y se comienza a secar.
IRUPE:
Gracias. Eres el único considerado que hay en este lugar... Esto está mojado.
¿Todos se secaron antes que yo?
WILFREDO:
No, no. No fueron ellos... Es porque yo me bañé.
Irupé
mira fijamente a Wilfredo y deja caer la toalla al piso.
IRUPE:
Estoy hecha.
Todos
están concentrados en Edgar, que es quien debe contar la historia de su hijo.
EDGAR:
Sé que todos pensarán que soy un monstruo.
IRUPE:
Nadie piensa eso de ti, Edgar.
DAMIEN:
No nos apresuremos a decir esas cosas, Irupé. Dejemos que el hombre explique.
EDGAR:
La vida me ha dado dos hijos hasta el momento...
CELINA:
¿Hasta el momento? ¿Te piensas seguir reproduciendo?
EDGAR:
No creo, pero no sé si es que tengo más que yo todavía no sé. Soy un
trotamundos. Antes de llegar a la cúspide donde me encuentro ahora, siendo un
referente paternal para todos ustedes, fui un poco irresponsable en mi
juventud.
DAMIEN:
Edgar, esto no se trataba de ti, sino de quién es Wilfredo.
EDGAR:
Bueno, verán, ustedes conocen a mi otro hijo. El traidor que se fue de nuestro
barrio para armar el propio y me estafó emocional y económicamente. Yo que le
di todo, ¿ustedes pueden creer? No se dan cuenta de lo desmoralizado y
destruido que quedé tras su partida. Creo que es algo que nunca se lo podré
perdonar.
IRUPE:
¡Qué sentimientos tan nobles!
DAMIEN:
Y poco oportunos. ¡Estamos hablando de otra cosa!
Edgar
se encoge en hombros.
EDGAR:
No tengo mucho que decir sobre éste. No lo conocí tanto. Sólo sé que tiene
problemas mentales y que lo encerré para que nadie me relacionara con él. Si
hubiera apostado por la lealtad en lugar de por la belleza física, él sería el
hijo que hubieran conocido y no al revés.
GERMAN:
¿Encerraste en un loquero a tu segundo hijo porque no es atractivo?
EDGAR:
Y jamás dejaré de arrepentirme. Pero soy un comerciante y tenía que vender una
imagen. Todos pierden la cabeza por un rostro bonito. Le pasa a Irupé conmigo,
por ejemplo.
Todos
miran a Irupé, que queda completamente pálida.
IRUPE:
Hem...
DAMIEN:
Que ha perdido la cabeza, no está en discusión.
EDGAR:
Chicos, tienen que ayudarme. Por error atacó al propio comisario. Si lo
encuentran, lo volverán a apartar de mí. Oh, estoy tan triste que hasta lo
abrazaría.
Pero
se queda en el lugar y no lo abraza.
CELINA:
¿Por qué no lo haces?
EDGAR:
Me siento inhibido.
WILFREDO:
¿Es porque soy feo, papá?
EDGAR:
Sí, hijo, sí.
VIRGINIA
Virginia
y Fabricio están en el bar donde ella siempre va con Joseph. Lissandro, el
dueño, los atiende.
LISSANDRO:
(a Virginia) ¿Cambiaste de chico?
FABRICIO:
(a Virginia) ¿Con cuántos chicos vienes?
VIRGINIA:
Sólo vengo con mi ex aquí. Pero en este momento está trabajando.
FABRICIO:
¿Cómo puedes seguir teniendo un vínculo con tu ex?
VIRGINIA:
Supongo que tenemos una conexión desde que descubrimos que a ambos nos gustan
los hombres. (a Lissandro) Lo de siempre para mí.
FABRICIO:
(a Lissandro) Quiero lo que ella pide siempre también.
LISSANDRO:
(a Fabricio) No vas a tolerar lo que ella pide siempre. Mejor te traigo una
escala reducida.
FABRICIO:
¿Por qué? Puedo soportarlo.
VIRGINIA:
Esto es como en el gimnasio, Fabricio. No puedes empezar con todo el primer
día.
LISSANDRO:
De todos modos, lo básico para Virginia es superior a la escala del resto de
los mortales. Así que está bien para empezar.
FABRICIO:
De acuerdo, lo acepto.
Lissandro
asiente y se retira, dejando a los dos entrenadores solos.
FABRICIO:
¿Cada cuánto vienes a tomar vino aquí?
VIRGINIA:
Depende de cada cuánto tengo que respirar.
FABRICIO:
Escuché lo que pasó con Hernán...
VIRGINIA:
Tú y medio pueblo más.
FABRICIO:
¿Sigue desaparecido?
VIRGINIA:
Sigo sin tener noticias de él desde que se marchó. Espero que se esté
alimentando bien. Me enteré que en Campo Azul el ganado estaba desapareciendo.
Quizás es él.
FABRICIO:
¿Comía mucho?
VIRGINIA:
Depende de cada cuánto tenía que respirar.
Lissandro
trae las copas y las deja en la mesa. Fabricio bebe un poco y aparta la copa
automáticamente.
FABRICIO:
Diablos, esto es fortísimo.
VIRGINIA:
Ya vas a mejorar.
FABRICIO
Virginia
y Fabricio, envueltos en el frenesí del alcohol a media tarde, se encuentran
bailando en el medio del bar. Lissandro aparece para interrumpir.
LISSANDRO:
Chicos, voy a tener que pedirles que dejen de hacer eso.
VIRGINIA:
Pero, ¿por qué? Sólo nos estamos divirtiendo. Moviendo un poco las caderas.
LISSANDRO:
Y me encanta, pero este no es un bar donde la gente viene a bailar.
FABRICIO:
Pues debería serlo.
LISSANDRO:
Ni siquiera estamos pasando música.
Los
dos se apartan automáticamente al descubrir que el local está en silencio.
Lissandro se marcha al ver que ellos volvieron a su eje.
VIRGINIA:
Diablos, tengo que ir a recibir a Fernando. Hoy le dan de alta. Me divertí
mucho contigo hoy. Nunca pensé que...
Entonces,
sin que nadie lo pudiera prever, Fabricio la besa.
Los
dos se sumergen en un incómodo silencio automáticamente.
VIRGINIA:
Realmente me tengo que ir.
FABRICIO:
Déjame que te lleve.
VIRGINIA:
Puedo ir sola.
FABRICIO:
Está lloviendo a cántaros.
VIRGINIA:
¡Me encanta la lluvia!
Y
totalmente despavorida, sale del local dejando a Fabricio sumamente confuso.
Lissandro
se acerca al muchacho en el momento en que se ve a la chica por la ventana,
corriendo como una loca bajo la lluvia.
LISSANDRO:
A veces me pregunto si hace cosas así para no pagar la cuenta. En fin, macho,
te toca pagar a ti.
Entonces
Fabricio sale corriendo del local, para escapar como poseso, bajo la lluvia.
MOMENTO MUSICAL
Virginia,
sumamente conmocionada por el beso, canta mientras sigue caminando bajo la
lluvia. Por su parte, Fabricio, que igual de conmocionado no tiene intenciones
de tener neumonía, está en su camioneta buscándola por las calles.
VIRGINIA:
Te sentaste a mi lado en la barra
y acertaste qué quise tomar.
FABRICIO:
Sonreí.
VIRGINIA:
Me dijiste al oído.
FABRICIO:
Que las chicas no deben llorar.
VIRGINIA:
Sin canciones seguimos bailando
en la puerta del último bar.
FABRICIO:
Y cuando el sol terminó con la noche
no volvimos a vernos jamás.
VIRGINIA:
Por eso cada noche
me detengo en tu portal
y enfrente de tu casa
a los santos le suplico
un poco de valor
para llamarte y confesar
que duermo sin un sueño
y me levanto sin motivo.
FABRICIO:
Y una y otra vez
en tu puerta me rindo.
VIRGINIA:
Y una y otra vez
me voy como he venido.
FABRICIO:
Abrazados después de besarnos
comprendimos los dos sin hablar
que la historia más linda del mundo
en segundos iba a comenzar.
VIRGINIA:
El miedo nos pudo de pronto y dijimos
fue sólo una noche bonita y no más.
Y me marché antes de que descubrieras
que yo estaba empezando a llorar.
VIRGINIA:
Por eso cada noche
me detengo en tu portal
y enfrente de tu casa
a los santos le suplico
un poco de valor
para llamarte y confesar
que duermo sin un sueño
y me levanto sin motivo.
FABRICIO:
De vuelta a mi rutina
me consuela imaginar
que siempre que te busco
me buscas tú un poquito.
Quién sabe si en mi ausencia
tú visitas mi portal
y enfrente de mi casa
supliques por lo mismo.
VIRGINIA:
Y una y otra vez
en tu puerta me rindo.
FABRICIO:
Y una y otra vez
me voy como he venido.
GERMÁN
Germán
está en el living de su casa, hablando con Paola sobre lo que había investigado.
GERMÁN:
Los registros que tienen en la iglesia son pocos. El niño que tú buscas fue
identificado como un NN y fue otorgado en custodia por una familia. Obviamente
se reservaron el derecho de decirme los nombres pero sí me dijeron que ya no
viven en Estrella Dorada desde hace años.
Paola
escucha la historia con lágrimas en los ojos. Germán se acerca a consolarla
pero ella mantiene la distancia.
PAOLA:
Está bien. Me imaginaba que podría haber sucedido una cosa así. Después de
todo, es un pueblo chico. Si yo hubiera imaginado que mi hijo continuaba
viviendo aquí, lo habría sabido reconocer.
GERMÁN:
Quizá no fue lo que quisiste escuchar pero fue lo pude conseguir. Ahora ya no
tienes que estar ligada a Pablo.
Paola
se ríe por la sugerencia.
PAOLA:
Me gusta Pablo.
GERMÁN:
Pero es un animal. Un perverso.
PAOLA:
Es entretenido y siempre encuentra una fantasía nueva para satisfacer, ¿no te
parece?
GERMÁN:
No sé mucho sobre fantasías. Tú fuiste la primera...
Germán
se sonroja y a ella le resulta un gesto sumamente divertido.
PAOLA:
Espero que haya sido una buena experiencia.
GERMÁN:
Lo fue. Gracias.
Ella
sonríe otra vez y lo besa. Poco a poco, se comienzan a apasionar hasta que la
ropa comienza a volar en todas las direcciones.
PABLO
Al
mismo tiempo, Pablo Catalani está teniendo una inocente conversación con la
Hermana Berta, una anciana monja que dirige el orfanato de la iglesia.
MONJA:
Vinieron a preguntar por el bebé, tal como nos había dicho, señor Catalani.
PABLO:
Era de esperarse. Como también espero que haya brindado las respuestas que les
di.
MONJA:
Absolutamente.
La
monja mantiene una expresión rara que a Pablo no se la pasa por alto.
PABLO:
¿Qué pasa?
MONJA:
Nada.
PABLO:
Tiene un discurso de moral en el medio, hermana. Puedo percibirlo. Sólo
lárguelo para que ambos podamos quedarnos tranquilos después.
MONJA:
He visto pasar por este orfanato a muchos niños, Pablo. Y muy pocos tuvieron la
suerte de ser adoptados. Y son contados los que alguna vez tuvieron la
posibilidad de reconectarse con ellos. Quizá no lo puedas entender, pero cuando
un niño abandonado tiene enfrente a sus padres, pueden sanar muchas heridas
causadas por el abandono.
Pablo
sonríe ante el emotivo discurso de la monja.
PABLO:
Quédese tranquila, hermana, que aunque no le revelara la realidad, estoy
haciendo reconectándome con él a mi manera.
MONJA:
¿De verdad? ¿Y qué hay de su madre?
PABLO:
Pues puedo decir que se reconectaron de una forma fantástica, aunque no sepan
que son madre e hijo.
La
hermana no parece muy convencida pero a Pablo no le importa. Sonriendo, da por
finalizada la conversación.
GERMAN
Germán
y Paola se encuentran desnudos en la cama, después de haber tenido otro
encuentro sexual.
GERMAN:
Si decían que las segundas partes nunca fueron buenas, en este caso se
equivocaron.
PAOLA:
Es cuestión de práctica. Al menos ahora no estabas nervioso ni ante la mirada
de Pablo. Eso ayudó a tu rendimiento.
GERMAN:
Disculpa, ¿te tengo que pagar?
PAOLA:
No, Germán. Lo hice porque quise.
GERMAN:
Por suerte, porque tampoco tengo dinero.
Ambos
comienzan a ponerse ropa.
PAOLA:
Aunque he averiguado sobre el chico que me pediste. El del club.
GERMAN:
Fernando.
PAOLA:
Sí.
GERMAN:
Ya le dieron el alta. En cualquier momento, regresa al barrio.
PAOLA:
Oh. Entonces quizá sea mejor que no hablemos de él.
GERMAN:
¿Por qué? ¿Qué averiguaste sobre él?
Paola
se toma su tiempo antes de responder, como generando suspenso.
PAOLA:
Por lo que supe es un chico sumamente peligroso, Germán. Y como persona que
siente un cierto aprecio por ti, te recomendaría que te mantengas alejado de
él.
GERMAN:
¿Ah, sí?
PAOLA:
No sé si lo golpearon por un asalto fortuito o porque lo mandaron a golpear.
Pero no es la primera vez que despierta el rencor de la gente. Según supe,
donde va ocasiona problemas para él y las personas que lo rodean.
VIRGINIA
Virginia
descorcha una botella de vino y lo sirve en dos copas. Luego, sin dejar de
sonreír, se vuelve entusiasmada hacia Fernando.
FERNANDO:
No esperaba este recibimiento.
VIRGINIA:
Es lo menos que puedo hacer para que te sientas bienvenido. Considerando que
fue mi ex novio el que te propinó esa golpiza.
FERNANDO:
No es algo de lo que tú te tengas que hacer responsable, ya lo hablamos.
VIRGINIA:
Lo sé. Me hago cargo de más cosas de las que debo.
FERNANDO:
¿Por eso te quieres hacer cargo de mí?
Virginia
sonríe ante el comentario y finalmente bebe de su copa. Fernando, sonriendo
como tonto también, la imita.
VIRGINIA:
Quiero que te sientas bien.
FERNANDO:
Me siento fantástico. Me gusta volver.
Ambos
brindan y vuelven a beber.
LA NOCHE DEL INCENDIO
Virginia,
Irupé, Celina vestida de novia, Damien y Germán aguardan a una camioneta de
vidrios polarizados que aparece doblando la ruta. Los chicos, ansiosos, esperan
un tiempo para subir.
Virginia
mira al conductor mordiéndose el labio.
VIRGINIA:
Gracias por venir por nosotros.
Mira
a sus amigos, quienes desconfían si subir a la camioneta o no.
DAMIEN:
¿Podemos confiar en él?
VIRGINIA:
Espero que sí.
Finalmente,
todos suben a la camioneta.
Virginia,
en el asiento de acompañante. Mira al conductor con algo de recelo.
VIRGINIA:
Veo que cambiaste de coche.
El
conductor la mira y sonríe.
HERNAN:
No podía seguir con el auto azul, ¿no te parece?
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