JOSEPH
Joseph
ingresa a su departamento cuando se encuentra a Santiago haciendo la cena y con
dos copas de vino sobre la mesa.
JOSEPH:
¿Estoy interrumpiendo algo? ¿Tendré que salir de mi propio departamento
mientras tú estás con alguna chica que te consuele?
SANTIAGO:
No, mi amigo. Esto es para nosotros dos. Tendremos una cita.
JOSEPH:
Oh. ¿Una cita romántica? No estaba preparado para esto pero acepto.
Joseph
mira hacia un costado de la casa. Hay un par de maletas armadas. Vuelve a mirar
a Santiago.
JOSEPH:
¿Encontraste un nuevo lugar para vivir? Lo que te dije sobre la invitación de
Virginia, no era para que salieras corriendo a encontrar departamento.
SANTIAGO:
Ya lo sé, pero tenías razón. Después de nuestra charla, hablé con Pablo y pedí
el traslado a Alborada.
JOSEPH:
¿A Alborada? ¿Te vas a mudar de pueblo?
SANTIAGO:
Tengo un primo que vive allí así que me quedaré con él unos días hasta que
encuentre departamento. No puedo seguir viviendo en Estrella Dorada. No después
de todo lo que sucedió. Así que esta es nuestra última noche. Vamos a cenar,
vamos a embriagarnos y, ¿quién sabe? A lo mejor estás de suerte.
VIRGINIA
Virginia
abre la puerta de su casa y se encuentra con Fernando. Ella queda sorprendida
por su repentina visita, mientras sostiene una copa de vino.
VIRGINIA:
¿A qué debo el placer?
FERNANDO:
Hace varios días que venía esperando saber si era un buen momento para
invitarte a salir. Y me pregunté si estabas disponible o...
VIRGINIA:
Estoy disponible. Pasa. Tomemos una copa de vino.
FERNANDO:
Parece que tú tomaste varias.
VIRGINIA:
Sólo las botellas normales que acostumbro a tomar a diario. Nada de
sobrepasarme.
Fernando
ingresa y toma asiento frente a ella. Ella saca una copa y le sirve, pero él
hace un gesto negativo con la cabeza.
FERNANDO:
No tomo alcohol.
VIRGINIA:
Oh, Dios. No tenemos nada en común.
FERNANDO:
Tenemos en común que a ambos nos gusta entrenar nuestro físico.
VIRGINIA:
Bueno, es un detalle importante. ¿A qué gimnasio vas?
FERNANDO:
Soy autodidacta. Salgo todas las mañanas a correr por el bosque. Tras el ataque
que sufrí, me lo estuve privando, pero creo que volveré al hábito mañana. ¿Te
gustaría acompañarme?
VIRGINIA:
¿Una cita para salir a correr? Realmente sabes encantar a una chica.
MOMENTO MUSICAL
Fernando
y Virginia están hablando en el living de la casa de ella.
Paralelamente,
Joseph y Santiago están teniendo su última cena.
FERNANDO:
Rara
como encendida,
te hallé bebiendo,
linda y fatal.
Bebías
y en el fragor del champagne,
loca reías
por no llorar.
JOSEPH:
Pena
me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor.
Tus bellos ojos
que tanto adoré.
SANTIAGO:
Esta noche, amigo mío
el alcohol nos ha embriagado.
VIRGINIA:
Qué me importa que se rían
y nos llamen los mareados.
FERNANDO:
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos.
JOSEPH:
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más.
SANTIAGO:
Hoy, vas a entrar en mi pasado.
En el pasado de mi vida.
VIRGINIA:
Tres cosas lleva mi alma herida.
Amor, pesar, dolor.
JOSEPH:
Hoy vas a entrar en mi pasado.
Hoy nuevas sendas tomaremos.
SANTIAGO:
Qué grande ha sido nuestro amor
y sin embargo, ay,
mirá lo que quedó.
FERNANDO:
Esta noche, amiga mía
el alcohol nos ha embriagado.
JOSEPH:
Qué me importa que se rían
y nos llamen los mareados.
VIRGINIA:
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos.
SANTIAGO:
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más.
JOSEPH:
Hoy, vas a entrar en mi pasado.
En el pasado de mi vida.
SANTIAGO:
Tres cosas lleva mi alma herida.
Amor, pesar, dolor.
JOSEPH:
Hoy vas a entrar en mi pasado.
Hoy nuevas sendas tomaremos.
TODOS:
Qué grande ha sido nuestro amor
y sin embargo, ay,
mirá lo que quedó.
CELINA
Celina
abre la puerta de su casa y se encuentra con Luciana, quien antes de saludar,
la abraza.
CELINA:
Oh, Luci. ¿Cómo estás? Durante estos días estaba buscando a alguien para
sentirme miserable y me había olvidado de ti.
LUCIANA:
No quería molestarte con mis penas porque sabía que tú la estabas pasando mal.
CELINA:
Debiste hacerlo, sin duda. Estás peor que yo.
LUCIANA:
Es Álvaro, Celina... Se va a morir.
CELINA:
Qué tristeza. Una gran pérdida... Para ti. ¿Te puedo ofrecer algo para comer?
Luciana
niega con la cabeza e ingresa a la casa detrás de Celina.
LUCIANA:
De hecho, vine a verte porque necesito tu ayuda.
CELINA:
Claro, cariño, ¿en qué te puedo ayudar?
LUCIANA:
Antes que nada, quiero aclarar que sé que esto te va a sonar raro. Ni yo misma
puedo entenderlo del todo, pero estoy desesperada.
Celina
se sienta en el sillón de su living y le indica a Luciana que tome asiento
allí.
CELINA:
He escuchado cosas rarísimas a lo largo de mi vida, así que lo que me vayas a
decir no me sorprenderá.
LUCIANA:
Podemos hacer un hechizo para que Álvaro no muera.
CELINA:
De acuerdo. Estoy sorprendida.
LUCIANA:
Un hombre se me acercó cuando estaba en terapia. Me dijo que podía salvarlo. Me
explicó que la energía de siete personas podrían hacer que su vida se curara y
por eso necesito de ti y de otras tres personas más para que juntos podamos
salvarlo.
CELINA:
Es gracioso, porque intentaste explicármelo pero sólo sonó más confuso.
LUCIANA:
No te pido que me creas, pero te pido que me ayudes. Si no resulta y Álvaro muere
al final, sólo habrás perdido una noche en un ritual satánico.
CELINA:
No hay mejor manera de perder una noche, coincido.
LUCIANA:
Por favor, Celina.
CELINA:
Claro. ¿Necesitas tres más? ¿No necesitas siete?
LUCIANA:
Es que contándome a mí, al hechicero y a su empleada, ya somos tres. Sólo
cuatro más. Y tú conoces a todo el mundo que nos puede echar una mano.
CELINA:
Lo de echar una mano, ¿no es literal, no? O sea, ¿no tenemos que cortarnos
partes del cuerpo para salvar a Álvaro ni nada por el estilo?
LUCIANA:
No. Solamente tenemos que tomarnos las manos en ronda mientras la empleada del
hombre baila desnuda y habla en africano.
CELINA:
¿Sabes? Lo de cortarse las manos sonaba menos loco.
VIRGINIA
Virginia,
cada vez más ansiosa, se aproxima a Fernando esperando que el muchacho haga
alguna clase de maniobra.
VIRGINIA:
Estaba pensando en cuánto ibas a demorar en saldar la deuda por no hacer la
denuncia contra Hernán.
FERNANDO:
Si lo vemos de esa manera, queda un poco feo, ¿no te parece?
Virginia
comienza a poner los ojos en blanco.
VIRGINIA:
Es una motivación para que hagas algo, Fernando. No estamos en una charla sobre
ética y moral.
FERNANDO:
Oh, ya veo. ¿Entonces sí quieres?
Antes
de que Virginia pudiera responder, escuchan que llaman a la puerta. Ella,
fastidiada, va a abrir. Del otro lado se encuentra Celina.
CELINA:
¡Necesitamos tu ayuda para invocar un demonio y salvar la vida de Álvaro! O
algo así. Realmente la historia me tiene confundida.
VIRGINIA:
¡Celina! ¿De qué diablos estás hablando? Estoy ocupada en este momento.
Virginia
señala con los ojos a sus espaldas. Celina mira a Fernando y comprende.
CELINA:
Oh, lo siento, lo siento. Sigue con lo tuyo.
Celina
se marcha apresurada.
Virginia
cierra la puerta y se vuelve hacia Fernando, quien comienza a juntar sus cosas
para marcharse.
FERNANDO:
Se nos hizo tarde. Mañana tengo que ir a correr temprano, así que espero que
vengas conmigo.
VIRGINIA:
Claro. Correr. Es la mejor manera de gastar energías contigo.
FERNANDO:
La verdad es que sí.
Él
le sonríe y se marcha.
CELINA
Celina
va caminando por la calle del barrio en compañía de Damien, Germán y Fabricio.
FABRICIO:
Celina, no quiero perder mis órganos. Ni siquiera me interesa salvar la vida de
Álvaro.
CELINA:
Fabricio, no seas egoísta. Su pobre novia, que antes solía ser mi mejor amiga,
está desesperada. Piensa en ella.
FABRICIO:
Yo ni siquiera la conozco. ¿Por qué tendría que pensar en ella?
DAMIEN:
Esto es absurdo, Celina. Entiendo que ante el abandono estés buscando nuevos
rumbos, pero estás errando el camino.
CELINA:
Esto no se trata de mí.
DAMIEN:
¿Acaso no estás queriendo comprobar si esto de la magia es real para poder
cambiar tu suerte y tener prosperidad en el amor?
Celina
mira a Damien pero no responde rápido.
CELINA:
Diablos, me asusta que me conozcas tanto.
FABRICIO:
Entonces no lo estamos haciendo por Luciana.
CELINA:
¡Esto es por Luciana!
GERMAN:
Yo creo en todas estas cosas. Cuando era chico y tenía que urgar la basura de
los restaurantes para vivir, había una entidad que me perseguía y quería que le
entregue mi alma. A cambio, me daría comida siempre.
DAMIEN:
Tal vez sólo era un traficante de órganos.
Celina
detiene la marcha, se gira y mira a los tres muchachos.
CELINA:
Entiendo que todos estén escépticos ante esto. Yo también lo estoy. Pero no
perdemos nada con simplemente seguirle la corriente a Luciana. Su novio va a
morir y, con un poco de suerte, así será. Pero ella quiere salvarlo y no está
usando la razón. Ahora, los convoqué a ustedes porque Virginia está más
borracha de lo normal e Irupé tiene pánico a estas cosas. Ustedes no creen...
GERMAN:
Yo sí.
CELINA:
El resto no cree y con eso es suficiente. Por favor, simplemente hagamos esto y
en unos minutos estaremos en nuestras casas durmiendo.
GERMAN:
O con un demonio persiguiéndonos de por vida.
CELINA:
Una remota posibilidad.
JOSEPH
Joseph
está bastante entonado gracias al alcohol, en la despedida de Santiago.
JOSEPH:
¿Crees que tendré un compañero nuevo o que Pablo me mandará a resolver los
casos solo?
SANTIAGO:
A menos que Pablo quiera resolver los casos contigo.
Joseph
hace una mueca. La idea no le atrae para nada.
JOSEPH:
No creo. Estar en la calle haciendo el trabajo pesado le quitaría muchas horas
de pornografía en su oficina.
SANTIAGO:
Es cierto. Entonces espero que a tu próximo compañero lo encuentres menos sexy
que a mí.
Joseph
mira con sorpresa a Santiago por el comentario. También está entonado por el
alcohol. Siente la presión del deseo subiendo por su cuerpo.
JOSEPH:
Veo que recuperaste el autoestima.
SANTIAGO:
Estuve mal, pero luego me miré al espejo y me vi.
Santiago
se quita la camisa y deja ver los abdominales perfectos. Joseph intenta apartar
la mirada, sintiéndose incómodo por su miembro despertándose.
JOSEPH:
Es bueno para tener un recuerdo de ti. ¿Puedo tomarte una foto?
SANTIAGO:
Adelante.
Joseph
le toma una fotografía a un Santiago risueño, que luego de la fotografía, se
acerca peligrosamente a su compañero.
SANTIAGO:
Puedo darte otro recuerdo mío, pero no puedes tomar una foto de ésto.
Santiago
toma la mano de Joseph y, sin siquiera pedirle permiso, se la guía hacia su
entrepierna. Joseph, entre encantado y asustado, mira a Santiago.
JOSEPH:
¿Qué es...?
SANTIAGO:
¿Crees que no lo sabía?
JOSEPH:
Pero tú no eres...
SANTIAGO:
No, creo que no. Iba a esperar a casarme, quizá embarazar a Celina y luego iba
a acostarme contigo culpando mi impulso a la falta de deseos de ella. Pero las
cosas no salieron como las imaginé. Y mañana me voy. No quiero que sea algo que
dejé pasar por cobarde.
Joseph
sonríe. Acepta la propuesta poniéndose de pie. Mira a su compañero, del que
estuvo enamorado secretamente por tanto tiempo, y luego señala con los ojos
hacia el cuarto.
JOSEPH:
Entonces hagamos que sea memorable.
CELINA
En
el living de la Casa 13, Zack está en compañía de Celina, Damien, Germán,
Fabricio, Luciana y su asistente Blanca.
ZACK:
No tenemos mucho tiempo. La vida de Álvaro pende de un hilo y se está apagando.
En breve entrará en el Mundo de los Muertos.
DAMIEN:
¿Este misterioso ritual funciona si no creemos en lo que estamos haciendo?
CELINA:
¡Damien! (a Luciana) Lo siento. Fue lo mejor que pude conseguir en poco tiempo.
ZACK:
Siete personas unirán sus mentes y sus manos para atraer el alma de un muchacho
hacia su cuerpo. Sanaremos sus heridas y desafiaremos a la muerte. Cuando todos
formemos el círculo, nuestras mentes y nuestros cuerpos serán uno. No importa
si uno confía más o si alguno de ustedes está asustado.
FABRICIO:
(a Zack) Entonces, ¿has hecho esto previamente?
ZACK:
Muchas veces.
FABRICIO:
Así que salvaste vidas.
ZACK:
Lo hice.
FABRICIO:
Y nosotros confiando en la medicina occidental.
CELINA:
¡Fabricio! (a Luciana) Lo siento, de verdad. Te prometo que conoceré gente
mejor.
ZACK:
No hay problema con los escépticos. De todos modos están acá y necesitamos su
energía, no sus pensamientos.
Luciana
está muy angustiada como para pertenecer a la conversación. Celina y Germán
están asustados, mientras que Damien y Fabricio miran con escepticismo la
situación. Zack y Blanca se posicionan para indicar que todos se deben tomar
las manos. Lo hacen, formando un círculo alrededor de una pequeña vela negra
que está en medio de la sala.
ZACK:
Con la fuerza de las siete personas reunidas, me traslado al limbo, a buscar el
alma de Álvaro Lorenzo Soler e indicarle el camino de regreso a su cuerpo
mortal. Curar sus heridas internas y externas, brindándole la posibilidad de
renacer.
Zack
comienza a murmurar palabras en otro idioma, llamando la atención de los
chicos.
Cierra
los ojos y, al instante, los abre.
Sus
ojos están en blanco.
JOSEPH
Al
día siguiente, Joseph abre los ojos cuando escucha que su celular comienza a
sonar.
Se
incorpora para buscarlo. Está desnudo y su cama es un desastre.
En
el celular entra la llamada de Pablo, su jefe.
JOSEPH:
Pablo...
PABLO:
Joseph. Ha despertado.
JOSEPH:
¿Quién ha despertado?
PABLO:
Álvaro Soler. Está consciente. Quiero que vayas ya mismo a la clínica y que le
tomes una declaración.
Joseph
asiente antes de responder.
JOSEPH:
Me ocupo de ello.
Corta
la comunicación y comienza a buscar alguna señal de vida de Santiago.
Incluso
sale hacia el living y nota que las maletas del muchacho no están.
Se
marchó en algún momento de la noche.
EL HECHICERO
Zack,
desnudo en medio de su living en postura orante, abre los ojos de inmediato. No
estaba dormido, sino meditando y la revelación le cayó de golpe.
Blanca,
quien lo aprecia sin deseo, sino con inquietud y admiración, le acerca su
vestimenta.
BLANCA:
¿Y bien?
ZACK:
Álvaro despertó. Está fuera de peligro. Lo de anoche salió bien.
BLANCA:
Supongo que eso es bueno, ¿no?
ZACK:
Ya sabes mi lema, Blanca. No es bueno ni malo. Se cumplió una decisión.
Blanca
no parece interesada en la filosofía del hombre tan negro como ella.
BLANCA:
¿Y qué me dices de los chicos de anoche? ¿Eran ellos?
ZACK:
Eran cuatro de ellos. Todavía faltan tres más. Pero las cosas van saliendo como
tenían que salir. Espero que estés preparada, Blanca, porque en breve,
tendremos a esos muchachos preguntándonos qué es lo que realmente habita en el
cuerpo de Álvaro.
JOSEPH
Joseph
pidió autorización al médico para entrar en la sala de Álvaro a solas.
El
muchacho, que según le dijeron todos ya estaba consciente, se encontraba
postrado en la cama, como si estuviera inducido en un coma.
JOSEPH:
¿Álvaro Soler?
Álvaro
reacciona al escuchar su nombre.
Mira
a Joseph, primero con confusión y luego con una sonrisa.
ALVARO:
Eres tú.
JOSEPH:
Me recuerdas.
ALVARO:
Claro que te recuerdo. Ese puesto que tenías no te pertenecía.
JOSEPH:
De todos modos, no importa eso ahora. La boda no se celebró.
ALVARO:
¿Ni siquiera pudiste hacer bien ese trabajo? Qué desilusión.
JOSEPH:
¿Por qué no me cuentas qué sucedió en el bosque, Álvaro?
Álvaro
lo mira con confusión. Pareciera no recordar el bosque hasta que Joseph lo
nombra. Los médicos no le habían advertido que el muchacho estaba confundido,
pero quizá todavía es muy pronto para esa clase de preguntas.
De
repente, algo cambia. Sutil pero Joseph lo percibe en la mirada del muchacho.
Sus
ojos se tornan sombríos, como si algo del interior estuviera revolviéndolo
internamente.
Entonces,
Álvaro comienza a respirar con dificultad. Joseph cree que tiene un problema
respiratorio y mira dubitativo hacia la puerta de la sala, esperando llamar a
un médico.
Pero
Álvaro grita. Y su grito, grave y ahogado, es como un huracán que arroja a Joseph
por los aires al tiempo que hace explotar las ventanas.
Más
asustado que adolorido, Joseph queda inmóvil mientras Álvaro se incorpora y,
cual atleta, corre hacia la ventana y salta.
Joseph
grita, aunque su voz no se escucha, y se asoma a la ventana.
Están
en el tercer piso.
Pero
cuando mira hacia abajo, sólo ve los cristales del ventanal roto.
No
hay rastros de Álvaro.
Ha
escapado.
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