miércoles, 28 de noviembre de 2018

Chapter 35


LA OTRA MITAD

Jacinta, feliz y sonriente, camina entre las parejas que están copulando desenfrenadamente a sus pies. Todos envueltos en un frenesí, Fabricio y Virginia copulan en un rincón de la casa, al igual que Irupé y Celina, como así también Edgar y Jaime.

JACINTA: En otros tiempos, en la naturaleza humana reinaban los andróginos. Este ser estaba formado por el sexo masculino y el femenino. Estos seres, eternos y fuertes, se creyeron tan especiales que decidieron enfrentar a los dioses, por los que Júpiter decidió dividir sus fuerzas separándolos.

Ninguno le presta atención, claramente, porque están concentrados en las tijeras, las espadas y la espada dentro de la tijera.

JACINTA: Y una vez divididos, los humanos dedicaron su vida a buscar la otra mitad que les faltaba. Si se encontraban, se abrazaban y se unían, llevados por el deseo de volver a su antigua unidad. Así como lo están haciendo ahora ustedes.

Se asoma a la ventana y Jacinta mira la luna, que redonda y completa está fuerte en el cielo de la noche.

JACINTA: Los tres tipos de andróginos se han reencontrado en esta noche maravillosa para que la transición esté completa. Aquel andrógino formado por un hombre y una mujer, aquel formado por dos mujeres y aquel formado por dos hombres.

Jacinta extiende los brazos, colmada de felicidad.

JACINTA: Vivirán una vida común, como una sola persona. Y cuando mueran, en la misma muerte se reunirán de manera que no sean dos personas, sino una sola.

MOMENTO MUSICAL

Jacinta baila desnuda en la sala en donde todas las parejas anteriormente mencionadas siguen haciendo el amor.
Así, ella baila entre Fabricio y Virginia, también entre Celina e Irupé, y también entre Jaime y Edgar.



JAIME:
Fuimos a hacer el amor.
Parece que volvimos de la guerra.
EDGAR:
Me sentí astronauta
cuando me abriste la puerta.
Perdido en tus lunares,
diciendo adiós a la tierra.
CELINA:
Borrando en el felpudo
el camino de migas
para que nadie siga el rumbo
que entrevén tus piernas.
VIRGINIA:
Cuando caminas
palmo a palmo formando una línea.
FABRICIO:
Una recta entre tus curvas
y mis indirectas con puntería.

EDGAR:
Volaron los minutos
teniéndote cerca,
ocultos y jugando mudos
juntos a ese Truco o Prenda.
IRUPE:
Con el lenguaje de las manos,
leyendo el braille
cada surco de tu piel
pero también tus labios.
VIRGINIA:
Vivimos sin horarios,
lejos de calendarios.
JAIME:
Versos de pasión
y no de aniversario.
EDGAR:
Todo lo que no te dije, lo hice.
Cicatrices que aún recuerdo en sueños
cuando despertamos vecindarios.

CELINA:
Mi más sentido bésame,
bésame, desayúname,
ayúdame a deshacer la cama.
VIRGINIA:
Te comería a versos,
pero me tragaría mis palabras.
Por eso, mejor dejarnos sin habla.
IRUPE:
Perdí el sentido del amor
pero no del sarcasmo
así que te haré el humor
hasta llegar al orgasmo.
JAIME:
Que he visto enamorado ojos de lagañas,
pero no hay mejores brindis
que los que hacen tus pestañas.

FABRICIO:
Estás en mi lista de sueños cumplidos
y en el de Pecados Compartidos.
IRUPE:
Rompamos juntos la barrera del sonido
cuando el gemido se coma al ruido.
CELINA:
Hagamos juntos todas las maldades.
La dieta de los caníbales.
EDGAR:
Soy el que siempre
creyó en las señales.
Por eso pégame,
muérdeme, déjame cardenales.

JAIME:
Y navegué en tu piel.
Un marinero sin carnet
poniéndome tu desnudez de abrigo.
CELINA:
Perdí el hilo,
bailé el tango de tu tanga
y me pisaste con zapatos
altos de tacón fino.
FABRICIO:
Te dije hazme lo que quieras
y me hiciste a mí, sin adjetivos.
Me pusiste a mi sentado
y yo perdí el sentido.
IRUPE:
Uní lunares
como una línea de puntos
y así todos juntos
conseguí formar siempre contigo.
VIRGINIA:
Querías un sastre
y una sonrisa medida cosida.
Pero para esa no hay cabida.
FABRICIO:
Con los ojos de lujuria
y con lo caras que están las caricias,
me hice tuyo.
Me diseño trajes de saliva y liga.
EDGAR:
Ya pagué mi crimen
Le puse fin, ahora tú
solo dime, dame, y gime.
VIRGINIA:
Tómame y di que tú estarás ahí,
que no me olvide.
CELINA:
Por ti, por mí, que haré
que hasta que te corras el carmín
pero no el rímel.

VIRGINIA:
Bésame, bésame, desayúname,
ayúdame a deshacer la cama.
Te comería a versos,
pero me tragaría mis palabras.
Por eso, mejor dejarnos sin habla.
FABRICIO:
Perdí el sentido del amor
pero no del sarcasmo
así que te haré el humor
hasta llegar al orgasmo.
IRUPE:
Que he visto rejuntarse
el hambre con las ganas
pero no hay mejores skyline
que verte tumbada.

CELINA:
Cada vez que quedo con ella
parece que una voz en off
nos dicen “silencio, se rueda”.
JAIME:
Y cuando llega la escena del beso
pongo cara fea para repetir
hasta la toma buena.
FABRICIO:
Reina del exceso,
siempre fui un experto
en coger el amor por donde quema.
EDGAR:
Mi desmesura, con mano dura
ganas de locura y de acercar posturas
encima de una noche a tu cintura.

VIRGINIA:
Cuerpo a cuerpo;
viaje espacial, vuelo directo.
Sin pagar tasas
de aeropuerto ni aduanas.
IRUPE:
Si más parar en el trayecto
que pararnos para hacer escala
entre tu desnudez y tu pijama.
EDGAR:
Sentados como dos gatos
sobre tejados de zinc.
Escurriendo botellas
de champán, ‘chin-chin’.
JAIME:
En una noche de San Juan
que parecía abril.
JACINTA:
Clímax.
Final feliz.

IRUPE

Tras la llegada del clímax, todos los invitados al banquete en la casa de Irupé comienzan a caer en cuenta de lo que hicieron.
Jacinta, ya en la sala, continúa en postura orante hacia la luna.

IRUPE: ¿¡Pero qué demonios...!?
JACINTA: Que las mitades que yo he unido no las separen ni los dioses. Sólo la muerte podrá dividirlos.

Jaime, cayendo en cuenta de lo que acaba de suceder con Edgar, se incorpora y sale corriendo del salón.

JAIME: ¡Quiero vomitar!

Irupé, desesperada, lo mira marcharse.

IRUPE: ¡Jaime! ¡Dentro del inodoro!

Todos están conmocionados por la experiencia sexual que acaban de vivir.

CELINA: Tengo una duda...
IRUPE: ¿Sólo una? Yo no entiendo nada.
CELINA: ¿Quién es tu depiladora?
IRUPE: ¿Quién es qué?
CELINA: Tu depiladora. Ha hecho un gran trabajo.

Fabricio, un poco más apartado de las chicas, levanta la mano para llamar la atención de Jacinta.

FABRICIO: ¿Puedes explicarnos qué acaba de pasar?
JACINTA: Se han unido ambas partes. Ahora sólo la muerte puedes separarlos.
EDGAR: (a Jacinta) ¡Pues has hecho el trabajo mal! ¡No fue esto lo que te pedí!
VIRGINIA: (a Edgar) ¿¡Tú lo pediste!? ¿¡Acaso te volviste loco!?
FABRICIO: (a Virginia) ¿Acaso fue tan malo?
VIRGINIA: (a Fabricio) No es el momento.
FABRICIO: Pero mejor yo que el otro, ¿no?
VIRGINIA: Basta.

Edgar, por su parte, señala con furia a Jacinta.

EDGAR: ¡Tú trabajo está mal hecho! No voy a unirme eternamente a Jaime. ¡Prefiero morir!
JACINTA: Bueno, si es lo que quieres.

Jacinta hace chasquear los dedos y automáticamente Edgar cae al piso sin vida.
Los cuatro restantes del salón se quedan perplejos. Jacinta los mira, sonriendo.

JACINTA: ¿Alguno más?

Celina toma de la mano a Irupé.

CELINA: Yo estoy feliz. No sé el resto.

DAMIEN

Damien recibe un mensaje de texto en plena sesión de sexo en la parte de atrás del auto de Pedro. Cuando lee el mensaje, su rostro queda perplejo. Pedro, detrás de él, también consigue leerlo.

PEDRO: ¿Ayuda? ¿Hay un demonio en la casa de Irupé? ¿Qué es eso?
DAMIEN: Significa que tienes que llevarme ya a la residencia.

Damien comienza a ponerse su ropa y obliga a Pedro a salir del auto también para vestirse.

PEDRO: ¿Pero qué es eso del demonio?
DAMIEN: Es un código especial que usamos con Virginia para decirme que hay una crisis que pertenece al barrio. ¿Puedes llevarme ya?
PEDRO: De acuerdo, de acuerdo. Espero que sea una crisis importante.
DAMIEN: Oh, ¿Pedro?
PEDRO: Sí.
DAMIEN: Si vuelves a leer mis mensajes de texto, vas a perder los dientes.

Dejando a Pedro perplejo por la amenaza, lo besa en los labios y se sube al asiento de acompañante.
Dando la vuelta hacia atrás, Pedro y Damien descienden del acantilado. En eso, aminora la marcha al encontrar otro auto estacionado y casi oculto.

PEDRO: Creo que no somos los únicos que vienen a verse a escondidas aquí.
DAMIEN: No. Creo que alguien vino a vernos a nosotros.

Pedro mira a Damien con genuino terror.

PEDRO: ¿A qué te refieres?
DAMIEN: Es el auto de Franco. Me habrá seguido.
PEDRO: Ese bastardo...
DAMIEN: Nos ocuparemos de él luego, Pedro. Necesito que me lleves a toda velocidad hacia el barrio.

Mientras da la orden, Damien toma el celular y llama a alguien. Se lleva el celular a la cara.

DAMIEN: ¿Germán?... Hay problemas y necesito que vayas para el barrio ahora mismo.

IRUPE

Irupé, Celina, Fabricio y Virginia están reunidos sutilmente, mirando que Jacinta no ha demostrado ningún interés en marcharse.

VIRGINIA: Tenemos que detenerla.
FABRICIO: (a Virginia) Los únicos que todavía pueden detenerla eres tú, Celina o Germán.
CELINA: Y espero que lo hagan Virginia o Germán, porque tengo ganas de usar mi conjuro para otra cosa.

Todos la miran.

VIRGINIA: ¿¡Qué puede ser más importante que destruir a una entidad que nos ha hecho aparearnos en el salón como animales salvajes!?
IRUPE: Deberíamos pensar por qué quisiéramos destruirla.
VIRGINIA: ¡Ha matado a Edgar!
IRUPE: Oh, bueno, eso. Pero Edgar la convocó, por lo que dentro de todo se lo merece.
CELINA: Irupé, querida, más allá de que nuestra experiencia me enseñó de que me estaba perdiendo de muchas cosas, no quiero pasar toda mi vida contigo. ¡Yo necesito un pene, por todos los cielos!
IRUPE: Y se nota.
VIRGINIA: (a Irupé) ¿Por qué sigue aquí? ¿Por qué no se marcha?

Todos vuelven a mirar a Jacinta, que continúa contemplando la luna.

IRUPE: Disculpa... Jacinta, o quien fuere que esté dentro del cuerpo de mi hermana... ¿Por qué no te vas?
JACINTA: Porque las lunas no se completaron. Mi trabajo no está hecho por lo que no puedo ser libre.

Los chicos dejan de observarla y se vuelven a mirar entre sí.

VIRGINIA: Creo que se refiere a que con Jaime vomitando en el baño y con Edgar muerto, el tercer andrógino no se completó. Necesita de dos hombres.
CELINA: Es impresionante que con tanto sexo gay que tiene, en este momento a Damien se le ocurra no estar presente.
VIRGINIA: Ya le escribí para que venga.
IRUPE: ¿Es decir que va a tener sexo con Jaime?
FABRICIO: Me preocupa más la pregunta de qué va a hacer una vez que complete los tres andróginos. Dijo que iba a quedar libre, no que se iba a ir de la tierra.

DAMIEN

Damien y Germán está en la casa de Zack. Los dos chicos se encuentran alterado. El Hechicero, que por lo general mantiene su temple, también se encuentra un poco preocupado.

ZACK: Le advertí a Edgar que la idea de los andróginos era absurda. Le advertí que podía ser peligroso.
DAMIEN: Puedes lamentarte en otro momento pero necesito que me digas cómo la detenemos.
ZACK: Pueden inmovilizarla con un conjuro, pero necesitarán el objeto por el que fue convocada. Edgar tiene que tener en su poder la mitad de algo. Eso hizo que Aristófanes venga a este plano. Buscaba su mitad.
GERMAN: Vamos primero a inmovilizarla y luego destruiremos el objeto.

Salen corriendo de la casa de Zack y cruzan los patios de las viviendas hasta llegar a la casa de Irupé.
Antes de ingresar, Damien y Germán inspeccionan por las ventanas.

DAMIEN: Es la hermana de Irupé. A ella la habrán poseído.
GERMAN: ¿Por qué lo dices?
DAMIEN: Porque está desnuda.
GERMAN: Todos adentro están desnudos.
DAMIEN: ¿¡Qué!? ¡No puedo creer que la única fiesta decente que hace Irupé yo me la haya perdido! Bien, entremos... ¿Sabes qué recitar?

Germán asiente y ambos abren la puerta ingresando.
Se encuentran con Jacinta, que los observa a ambos, primero con sorpresa y automáticamente sonríe.
Chasquea los dedos, divertida, provocando que automáticamente Germán y Damien se comiencen a besar.

VIRGINIA

Virginia, Celina, Fabricio e Irupé se quedan anonadados ante la imagen que están viendo.

CELINA: ¡Esto es completamente injusto! ¿Cómo es posible que Damien llegue y comience a hacerlo con Germán cuando yo tuve que hacerlo con Irupé? (a Irupé) No te ofendas pero quería un hombre. (mirando al techo) Voy a darle unas cuantas patadas a quien esté escribiendo la historia de mi vida.
IRUPE: (a Virginia) ¡Quítale el maldito polvo de su poder y haz el conjuro tú!
FABRICIO: (a Virginia) Es verdad, porque pese a que la pasé bien y a mi sexualidad ambivalente, esto es demasiado.
CELINA: A mí me parece que son crueles. Como todos ustedes disfrutaron del momento, no están permitiendo que Damien y Germán gocen de lo que les pasa.
IRUPE: (a Celina) ¿No estabas criticando que Damien tiene sexo con todo el mundo?
CELINA: ¿Qué puedo decirte? Vivo gracias a mis contradicciones.

Virginia se cansa del debate, le quita el pequeño frasco de tierra que tenía Germán y dispara contra Jacinta.

VIRGINIA: Que tus poderes se deshagan y tus hechizos se reviertan, que tus fuerzas se bloqueen y que con nosotros no puedas.

Automáticamente, Damien y Germán dejan de hacerlo y Edgar revive. Todos presos de la confusión.

VIRGINIA: Fui lo más precisa que pude.

Damien, vistiéndose, va hacia Edgar.

DAMIEN: Zack dijo que hay un objeto con la que la convocaste. ¿Cuál es?
EDGAR: Es una... Es la mitad de una naranja. Está en La Casa 0.

Fabricio y Celina salen corriendo al escuchar aquello.

EDGAR: ¿Pueden borrarme la memoria?
VIRGINIA: No vamos a gastar un conjuro en eso. Tendrás que vivir con la responsabilidad de tus acciones.
IRUPE: Así como nosotros tenemos que vivir con lo que nos hicieron hacer tus acciones.

Todos se giran a mirar a Irupé, indignados.

IRUPE: Bueno, es mi amante, pero nunca le dije que pierda la cabeza por mí.
JACINTA: Están cometiendo un error. Las partes tienen que estar unidas. Ustedes tienen que completarse. No pueden hacerme desaparecer. ¡No van a conseguir...!

Los chicos se quedan observando a Jacinta, hasta que repentinamente se desvanece. La muchacha queda inconsciente en el piso.

IRUPE: Es increíble que mi hermana, siendo ella misma o siendo poseída, me caiga igual de mal.

FABRICIO

Después de levantar los destrozos de la velada, Fabricio se acerca a Edgar para hablar.

FABRICIO: ¿Qué sucedió?
EDGAR: Creo que es obvio lo que pasó. No es necesario que volvamos a hablar de ello. Nunca más.
FABRICIO: No. Me refiero a por qué tu invocación salió mal. Si lo habías hecho para que Irupé te eligiera...

Edgar lanza un suspiro agotador mirándolo con verdadero fastidio.

EDGAR: Porque el hechizo funciona más rápido si el deseo es mutuo. Por eso, lo tuyo con Virginia superó a lo mío con Irupé. El resto caímos por descarte.
FABRICIO: ¡Eso es maravilloso! Significa que ella me deseaba de la misma manera.
EDGAR: Sabes que el hecho de que te pongas feliz por esto me provocan ganas de golpearte, ¿no?

Fabricio sonríe y se aleja de él.

IRUPE

Irupé está ayudando a un descompuesto Jaime al ir a la cama.

JAIME: Quiero morirme.
IRUPE: Lo sé, Jaime, pero figúrate que al menos ahora eres un íntimo amigo del dueño de este barrio. Eso nos coloca en un estatus importante.

Jaime la lapida con la mirada y ella se limita a sonreír.

IRUPE: Deduzco que es muy pronto para hacer chistes.
JAIME: Tengo mucha curiosidad sobre lo que pasó esta noche.
IRUPE: Es muy confuso. Quizá lo podemos debatir después.
JAIME: Pero entendí algo sobre el tema.

Irupé se pone pálida al escucharlo.

JAIME: ¿Esto lo hizo Edgar?
IRUPE: Sí...
JAIME: ¿Porque quería contigo?
IRUPE: Así parece...
JAIME: Tú y él, ¿tienen algo?

Irupé traga saliva notoriamente.

IRUPE: Sí.


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