LA OTRA MITAD
Jacinta,
feliz y sonriente, camina entre las parejas que están copulando
desenfrenadamente a sus pies. Todos envueltos en un frenesí, Fabricio y Virginia
copulan en un rincón de la casa, al igual que Irupé y Celina, como así también
Edgar y Jaime.
JACINTA:
En otros tiempos, en la naturaleza humana reinaban los andróginos. Este ser
estaba formado por el sexo masculino y el femenino. Estos seres, eternos y
fuertes, se creyeron tan especiales que decidieron enfrentar a los dioses, por
los que Júpiter decidió dividir sus fuerzas separándolos.
Ninguno
le presta atención, claramente, porque están concentrados en las tijeras, las
espadas y la espada dentro de la tijera.
JACINTA:
Y una vez divididos, los humanos dedicaron su vida a buscar la otra mitad que
les faltaba. Si se encontraban, se abrazaban y se unían, llevados por el deseo
de volver a su antigua unidad. Así como lo están haciendo ahora ustedes.
Se
asoma a la ventana y Jacinta mira la luna, que redonda y completa está fuerte
en el cielo de la noche.
JACINTA:
Los tres tipos de andróginos se han reencontrado en esta noche maravillosa para
que la transición esté completa. Aquel andrógino formado por un hombre y una
mujer, aquel formado por dos mujeres y aquel formado por dos hombres.
Jacinta
extiende los brazos, colmada de felicidad.
JACINTA:
Vivirán una vida común, como una sola persona. Y cuando mueran, en la misma
muerte se reunirán de manera que no sean dos personas, sino una sola.
MOMENTO MUSICAL
Jacinta
baila desnuda en la sala en donde todas las parejas anteriormente mencionadas
siguen haciendo el amor.
Así,
ella baila entre Fabricio y Virginia, también entre Celina e Irupé, y también
entre Jaime y Edgar.
JAIME:
Fuimos a hacer el amor.
Parece que volvimos de la guerra.
EDGAR:
Me sentí astronauta
cuando me abriste la puerta.
Perdido en tus lunares,
diciendo adiós a la tierra.
CELINA:
Borrando en el felpudo
el camino de migas
para que nadie siga el rumbo
que entrevén tus piernas.
VIRGINIA:
Cuando caminas
palmo a palmo formando una línea.
FABRICIO:
Una recta entre tus curvas
y mis indirectas con puntería.
EDGAR:
Volaron los minutos
teniéndote cerca,
ocultos y jugando mudos
juntos a ese Truco o Prenda.
IRUPE:
Con el lenguaje de las manos,
leyendo el braille
cada surco de tu piel
pero también tus labios.
VIRGINIA:
Vivimos sin horarios,
lejos de calendarios.
JAIME:
Versos de pasión
y no de aniversario.
EDGAR:
Todo lo que no te dije, lo hice.
Cicatrices que aún recuerdo en sueños
cuando despertamos vecindarios.
CELINA:
Mi más sentido bésame,
bésame, desayúname,
ayúdame a deshacer la cama.
VIRGINIA:
Te comería a versos,
pero me tragaría mis palabras.
Por eso, mejor dejarnos sin habla.
IRUPE:
Perdí el sentido del amor
pero no del sarcasmo
así que te haré el humor
hasta llegar al orgasmo.
JAIME:
Que he visto enamorado ojos de
lagañas,
pero no hay mejores brindis
que los que hacen tus pestañas.
FABRICIO:
Estás en mi lista de sueños cumplidos
y en el de Pecados Compartidos.
IRUPE:
Rompamos juntos la barrera del sonido
cuando el gemido se coma al ruido.
CELINA:
Hagamos juntos todas las maldades.
La dieta de los caníbales.
EDGAR:
Soy el que siempre
creyó en las señales.
Por eso pégame,
muérdeme, déjame cardenales.
JAIME:
Y navegué en tu piel.
Un marinero sin carnet
poniéndome tu desnudez de abrigo.
CELINA:
Perdí el hilo,
bailé el tango de tu tanga
y me pisaste con zapatos
altos de tacón fino.
FABRICIO:
Te dije hazme lo que quieras
y me hiciste a mí, sin adjetivos.
Me pusiste a mi sentado
y yo perdí el sentido.
IRUPE:
Uní lunares
como una línea de puntos
y así todos juntos
conseguí formar siempre contigo.
VIRGINIA:
Querías un sastre
y una sonrisa medida cosida.
Pero para esa no hay cabida.
FABRICIO:
Con los ojos de lujuria
y con lo caras que están las
caricias,
me hice tuyo.
Me diseño trajes de saliva y liga.
EDGAR:
Ya pagué mi crimen
Le puse fin, ahora tú
solo dime, dame, y gime.
VIRGINIA:
Tómame y di que tú estarás ahí,
que no me olvide.
CELINA:
Por ti, por mí, que haré
que hasta que te corras el carmín
pero no el rímel.
VIRGINIA:
Bésame, bésame, desayúname,
ayúdame a deshacer la cama.
Te comería a versos,
pero me tragaría mis palabras.
Por eso, mejor dejarnos sin habla.
FABRICIO:
Perdí el sentido del amor
pero no del sarcasmo
así que te haré el humor
hasta llegar al orgasmo.
IRUPE:
Que he visto rejuntarse
el hambre con las ganas
pero no hay mejores skyline
que verte tumbada.
CELINA:
Cada vez que quedo con ella
parece que una voz en off
nos dicen “silencio, se rueda”.
JAIME:
Y cuando llega la escena del beso
pongo cara fea para repetir
hasta la toma buena.
FABRICIO:
Reina del exceso,
siempre fui un experto
en coger el amor por donde quema.
EDGAR:
Mi desmesura, con mano dura
ganas de locura y de acercar posturas
encima de una noche a tu cintura.
VIRGINIA:
Cuerpo a cuerpo;
viaje espacial, vuelo directo.
Sin pagar tasas
de aeropuerto ni aduanas.
IRUPE:
Si más parar en el trayecto
que pararnos para hacer escala
entre tu desnudez y tu pijama.
EDGAR:
Sentados como dos gatos
sobre tejados de zinc.
Escurriendo botellas
de champán, ‘chin-chin’.
JAIME:
En una noche de San Juan
que parecía abril.
JACINTA:
Clímax.
Final feliz.
IRUPE
Tras
la llegada del clímax, todos los invitados al banquete en la casa de Irupé
comienzan a caer en cuenta de lo que hicieron.
Jacinta,
ya en la sala, continúa en postura orante hacia la luna.
IRUPE:
¿¡Pero qué demonios...!?
JACINTA:
Que las mitades que yo he unido no las separen ni los dioses. Sólo la muerte
podrá dividirlos.
Jaime,
cayendo en cuenta de lo que acaba de suceder con Edgar, se incorpora y sale
corriendo del salón.
JAIME:
¡Quiero vomitar!
Irupé,
desesperada, lo mira marcharse.
IRUPE:
¡Jaime! ¡Dentro del inodoro!
Todos
están conmocionados por la experiencia sexual que acaban de vivir.
CELINA:
Tengo una duda...
IRUPE:
¿Sólo una? Yo no entiendo nada.
CELINA:
¿Quién es tu depiladora?
IRUPE:
¿Quién es qué?
CELINA:
Tu depiladora. Ha hecho un gran trabajo.
Fabricio,
un poco más apartado de las chicas, levanta la mano para llamar la atención de
Jacinta.
FABRICIO:
¿Puedes explicarnos qué acaba de pasar?
JACINTA:
Se han unido ambas partes. Ahora sólo la muerte puedes separarlos.
EDGAR:
(a Jacinta) ¡Pues has hecho el trabajo mal! ¡No fue esto lo que te pedí!
VIRGINIA:
(a Edgar) ¿¡Tú lo pediste!? ¿¡Acaso te volviste loco!?
FABRICIO:
(a Virginia) ¿Acaso fue tan malo?
VIRGINIA:
(a Fabricio) No es el momento.
FABRICIO:
Pero mejor yo que el otro, ¿no?
VIRGINIA:
Basta.
Edgar,
por su parte, señala con furia a Jacinta.
EDGAR:
¡Tú trabajo está mal hecho! No voy a unirme eternamente a Jaime. ¡Prefiero
morir!
JACINTA:
Bueno, si es lo que quieres.
Jacinta
hace chasquear los dedos y automáticamente Edgar cae al piso sin vida.
Los
cuatro restantes del salón se quedan perplejos. Jacinta los mira, sonriendo.
JACINTA:
¿Alguno más?
Celina
toma de la mano a Irupé.
CELINA:
Yo estoy feliz. No sé el resto.
DAMIEN
Damien
recibe un mensaje de texto en plena sesión de sexo en la parte de atrás del
auto de Pedro. Cuando lee el mensaje, su rostro queda perplejo. Pedro, detrás
de él, también consigue leerlo.
PEDRO:
¿Ayuda? ¿Hay un demonio en la casa de Irupé? ¿Qué es eso?
DAMIEN:
Significa que tienes que llevarme ya a la residencia.
Damien
comienza a ponerse su ropa y obliga a Pedro a salir del auto también para
vestirse.
PEDRO:
¿Pero qué es eso del demonio?
DAMIEN:
Es un código especial que usamos con Virginia para decirme que hay una crisis
que pertenece al barrio. ¿Puedes llevarme ya?
PEDRO:
De acuerdo, de acuerdo. Espero que sea una crisis importante.
DAMIEN:
Oh, ¿Pedro?
PEDRO:
Sí.
DAMIEN:
Si vuelves a leer mis mensajes de texto, vas a perder los dientes.
Dejando
a Pedro perplejo por la amenaza, lo besa en los labios y se sube al asiento de
acompañante.
Dando
la vuelta hacia atrás, Pedro y Damien descienden del acantilado. En eso,
aminora la marcha al encontrar otro auto estacionado y casi oculto.
PEDRO:
Creo que no somos los únicos que vienen a verse a escondidas aquí.
DAMIEN:
No. Creo que alguien vino a vernos a nosotros.
Pedro
mira a Damien con genuino terror.
PEDRO:
¿A qué te refieres?
DAMIEN:
Es el auto de Franco. Me habrá seguido.
PEDRO:
Ese bastardo...
DAMIEN:
Nos ocuparemos de él luego, Pedro. Necesito que me lleves a toda velocidad
hacia el barrio.
Mientras
da la orden, Damien toma el celular y llama a alguien. Se lleva el celular a la
cara.
DAMIEN:
¿Germán?... Hay problemas y necesito que vayas para el barrio ahora mismo.
IRUPE
Irupé,
Celina, Fabricio y Virginia están reunidos sutilmente, mirando que Jacinta no
ha demostrado ningún interés en marcharse.
VIRGINIA:
Tenemos que detenerla.
FABRICIO:
(a Virginia) Los únicos que todavía pueden detenerla eres tú, Celina o Germán.
CELINA:
Y espero que lo hagan Virginia o Germán, porque tengo ganas de usar mi conjuro
para otra cosa.
Todos
la miran.
VIRGINIA:
¿¡Qué puede ser más importante que destruir a una entidad que nos ha hecho
aparearnos en el salón como animales salvajes!?
IRUPE:
Deberíamos pensar por qué quisiéramos destruirla.
VIRGINIA:
¡Ha matado a Edgar!
IRUPE:
Oh, bueno, eso. Pero Edgar la convocó, por lo que dentro de todo se lo merece.
CELINA:
Irupé, querida, más allá de que nuestra experiencia me enseñó de que me estaba
perdiendo de muchas cosas, no quiero pasar toda mi vida contigo. ¡Yo necesito
un pene, por todos los cielos!
IRUPE:
Y se nota.
VIRGINIA:
(a Irupé) ¿Por qué sigue aquí? ¿Por qué no se marcha?
Todos
vuelven a mirar a Jacinta, que continúa contemplando la luna.
IRUPE:
Disculpa... Jacinta, o quien fuere que esté dentro del cuerpo de mi hermana...
¿Por qué no te vas?
JACINTA:
Porque las lunas no se completaron. Mi trabajo no está hecho por lo que no
puedo ser libre.
Los
chicos dejan de observarla y se vuelven a mirar entre sí.
VIRGINIA:
Creo que se refiere a que con Jaime vomitando en el baño y con Edgar muerto, el
tercer andrógino no se completó. Necesita de dos hombres.
CELINA:
Es impresionante que con tanto sexo gay que tiene, en este momento a Damien se
le ocurra no estar presente.
VIRGINIA:
Ya le escribí para que venga.
IRUPE:
¿Es decir que va a tener sexo con Jaime?
FABRICIO:
Me preocupa más la pregunta de qué va a hacer una vez que complete los tres
andróginos. Dijo que iba a quedar libre, no que se iba a ir de la tierra.
DAMIEN
Damien
y Germán está en la casa de Zack. Los dos chicos se encuentran alterado. El
Hechicero, que por lo general mantiene su temple, también se encuentra un poco
preocupado.
ZACK:
Le advertí a Edgar que la idea de los andróginos era absurda. Le advertí que
podía ser peligroso.
DAMIEN:
Puedes lamentarte en otro momento pero necesito que me digas cómo la detenemos.
ZACK:
Pueden inmovilizarla con un conjuro, pero necesitarán el objeto por el que fue
convocada. Edgar tiene que tener en su poder la mitad de algo. Eso hizo que Aristófanes
venga a este plano. Buscaba su mitad.
GERMAN:
Vamos primero a inmovilizarla y luego destruiremos el objeto.
Salen
corriendo de la casa de Zack y cruzan los patios de las viviendas hasta llegar
a la casa de Irupé.
Antes
de ingresar, Damien y Germán inspeccionan por las ventanas.
DAMIEN:
Es la hermana de Irupé. A ella la habrán poseído.
GERMAN:
¿Por qué lo dices?
DAMIEN:
Porque está desnuda.
GERMAN:
Todos adentro están desnudos.
DAMIEN:
¿¡Qué!? ¡No puedo creer que la única fiesta decente que hace Irupé yo me la
haya perdido! Bien, entremos... ¿Sabes qué recitar?
Germán
asiente y ambos abren la puerta ingresando.
Se
encuentran con Jacinta, que los observa a ambos, primero con sorpresa y
automáticamente sonríe.
Chasquea
los dedos, divertida, provocando que automáticamente Germán y Damien se
comiencen a besar.
VIRGINIA
Virginia,
Celina, Fabricio e Irupé se quedan anonadados ante la imagen que están viendo.
CELINA:
¡Esto es completamente injusto! ¿Cómo es posible que Damien llegue y comience a
hacerlo con Germán cuando yo tuve que hacerlo con Irupé? (a Irupé) No te ofendas
pero quería un hombre. (mirando al techo) Voy a darle unas cuantas patadas a
quien esté escribiendo la historia de mi vida.
IRUPE:
(a Virginia) ¡Quítale el maldito polvo de su poder y haz el conjuro tú!
FABRICIO:
(a Virginia) Es verdad, porque pese a que la pasé bien y a mi sexualidad
ambivalente, esto es demasiado.
CELINA:
A mí me parece que son crueles. Como todos ustedes disfrutaron del momento, no
están permitiendo que Damien y Germán gocen de lo que les pasa.
IRUPE:
(a Celina) ¿No estabas criticando que Damien tiene sexo con todo el mundo?
CELINA:
¿Qué puedo decirte? Vivo gracias a mis contradicciones.
Virginia
se cansa del debate, le quita el pequeño frasco de tierra que tenía Germán y
dispara contra Jacinta.
VIRGINIA:
Que tus poderes se deshagan y tus hechizos se reviertan, que tus fuerzas se
bloqueen y que con nosotros no puedas.
Automáticamente,
Damien y Germán dejan de hacerlo y Edgar revive. Todos presos de la confusión.
VIRGINIA:
Fui lo más precisa que pude.
Damien,
vistiéndose, va hacia Edgar.
DAMIEN:
Zack dijo que hay un objeto con la que la convocaste. ¿Cuál es?
EDGAR:
Es una... Es la mitad de una naranja. Está en La Casa 0.
Fabricio
y Celina salen corriendo al escuchar aquello.
EDGAR:
¿Pueden borrarme la memoria?
VIRGINIA:
No vamos a gastar un conjuro en eso. Tendrás que vivir con la responsabilidad
de tus acciones.
IRUPE:
Así como nosotros tenemos que vivir con lo que nos hicieron hacer tus acciones.
Todos
se giran a mirar a Irupé, indignados.
IRUPE:
Bueno, es mi amante, pero nunca le dije que pierda la cabeza por mí.
JACINTA:
Están cometiendo un error. Las partes tienen que estar unidas. Ustedes tienen
que completarse. No pueden hacerme desaparecer. ¡No van a conseguir...!
Los
chicos se quedan observando a Jacinta, hasta que repentinamente se desvanece.
La muchacha queda inconsciente en el piso.
IRUPE:
Es increíble que mi hermana, siendo ella misma o siendo poseída, me caiga igual
de mal.
FABRICIO
Después
de levantar los destrozos de la velada, Fabricio se acerca a Edgar para hablar.
FABRICIO:
¿Qué sucedió?
EDGAR:
Creo que es obvio lo que pasó. No es necesario que volvamos a hablar de ello.
Nunca más.
FABRICIO:
No. Me refiero a por qué tu invocación salió mal. Si lo habías hecho para que
Irupé te eligiera...
Edgar
lanza un suspiro agotador mirándolo con verdadero fastidio.
EDGAR:
Porque el hechizo funciona más rápido si el deseo es mutuo. Por eso, lo tuyo
con Virginia superó a lo mío con Irupé. El resto caímos por descarte.
FABRICIO:
¡Eso es maravilloso! Significa que ella me deseaba de la misma manera.
EDGAR:
Sabes que el hecho de que te pongas feliz por esto me provocan ganas de
golpearte, ¿no?
Fabricio
sonríe y se aleja de él.
IRUPE
Irupé
está ayudando a un descompuesto Jaime al ir a la cama.
JAIME:
Quiero morirme.
IRUPE:
Lo sé, Jaime, pero figúrate que al menos ahora eres un íntimo amigo del dueño
de este barrio. Eso nos coloca en un estatus importante.
Jaime
la lapida con la mirada y ella se limita a sonreír.
IRUPE:
Deduzco que es muy pronto para hacer chistes.
JAIME:
Tengo mucha curiosidad sobre lo que pasó esta noche.
IRUPE:
Es muy confuso. Quizá lo podemos debatir después.
JAIME:
Pero entendí algo sobre el tema.
Irupé
se pone pálida al escucharlo.
JAIME:
¿Esto lo hizo Edgar?
IRUPE:
Sí...
JAIME:
¿Porque quería contigo?
IRUPE:
Así parece...
JAIME:
Tú y él, ¿tienen algo?
Irupé
traga saliva notoriamente.
IRUPE:
Sí.
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