miércoles, 31 de octubre de 2018

Chapter 17

LA NOCHE DEL INCENDIO

La camioneta de vidrios polarizados que recogió al grupo del bosque, empieza a aminorar la marcha a medida que se acerca a la comisaría. 
En el interior del vehículo, Irupé está predispuesta a descender.

VIRGINIA: ¿Estás segura que quieres hacer esto ahora?
IRUPE: Si pudiera evitar más drama en esta noche, lo haría con gusto. Pero hay cosas que deben hacerse ahora. Y siendo sincera, estoy un poco harta de escuchar llorar a Celina.
CELINA: ¡Irupé, por favor! ¡No puedes ser tan insensible! ¿Acaso no puedes compadecerte de mí por todo lo que me sucedió esta noche?
IRUPE: Celina, me compadezco de ti todos los días.
CELINA: ¡Pero hoy era mi boda! 
IRUPE: Lo sé, Celina, estuve ahí. Aunque no estarán las fotografías del evento porque ya sabemos que no se celebró.

Celina comienza a llorar más escandalosamente y Virginia la lapida con la mirada a Irupé.

VIRGINIA: Creo que es mejor si te bajas ahora.
IRUPE: Los llamaré luego.

Irupé desciende de la camioneta e ingresa a la comisaría. Un policía está en la mesa de entrada y la mira con inquietud.

IRUPE: Necesito ver a un prisionero de forma inmediata. Literalmente, es de vida o muerte.
POLICIA: Estos no son horarios de visitas.
IRUPE: Ya sé que no lo son, pero es importante.
POLICIA: Tendrás que esperar hasta mañana.
IRUPE: Si yo pudiera esperar hasta mañana, lo haría. ¿Crees que me gusta venir en mitad de la noche, sucia y con este escote que poco deja lugar a la imaginación? En parte, sí, me gusta, pero no es el punto. El punto es que me tienes que dejar de pasar a la celda.

El oficial se cruza de brazos sin disimular que mira el escote de Irupé.

CELINA

Celina está en la casa de Santiago, armando una vianda para llevarle comida a su monstruo del bosque. En eso, su futuro marido ingresa en la casa trayendo dos cajas de pizzas. Detrás de él, lo siguen Luciana y Álvaro. 
Celina no duda en mostrar su rostro de confusión.

CELINA: ¿Qué está pasando?
SANTIAGO: Decidí sorprenderte con un almuerzo vecinal. ¿Te acuerdas cuando no pudimos hacer la cena porque tuve que trabajar? Bueno, es mi forma de recompensártelo.
CELINA: No tenías que recompensármelo. Son cosas que se superan y la vida sigue.
ALVARO: A echarle ganas que estamos aquí para celebrar el amor que tienen. Porque quiero estar en la carrera para ser el padrino de la boda.
SANTIAGO: (a Álvaro) Pero ya tengo padrino.
ALVARO: Siempre puedes cambiar de idea.
CELINA: Podría no casarse, por ejemplo. 

Todos la miran a Celina con cierto asombro.

CELINA: Quiero decir, siempre corro el riesgo de que me abandones en el altar, ¿no? 

Santiago se acerca hacia su chica y la rodea con sus brazos. Celina queda sorprendida por su actitud.

SANTIAGO: Mi amor, puedes estar tranquila que yo jamás te abandonaré.
CELINA: No sabes... Cuanto me alivia.
ALVARO: Y si salgo elegido como padrino, yo mismo me aseguraré que ustedes dos nunca terminen.
CELINA: Otro motivo más para elegirte.

Luciana, entonces, comienza a llorar.

LUCIANA: Perdonen, pero me produce mucha ternura verlos juntos. 
CELINA: Ay, Dios.

GRUPO

Virginia, Irupé, Damien y Germán están frente a una imponente iglesia, mirándola desde la vereda.

VIRGINIA: (a Germán) Explícame una vez más cómo fue terminamos aceptando investigar qué fue del hijo perdido de la prostituta con la que te revolcaste.
GERMAN: Porque ella sería juzgada en este sitio. No es que lleve una vida muy pura. 
DAMIEN: Pero, ¿qué hay de ese chico? ¿Va a aparecer después de dos décadas para decirle "oye, soy la madre que te ha abandonado hace veinte años y quiero que tengamos un vínculo"?
VIRGINIA: Sin contar que existe la posibilidad de que el chico ni siquiera sepa que es adoptado.
GERMAN: No lo sé, chicos. Ni siquiera sé si la señal que nos dio Pablo es correcta o es simplemente una mentira para seguir engañándola.
IRUPE: Por si había alguna posibilidad de que Pablo me cayera peor...
GERMAN: Bien, ¿me acompañan?

Damien e Irupé hacen automáticamente un paso atrás.

DAMIEN: Lo siento, pero entrar en una iglesia va en contra de todos mis principios. Sólo podría analizar la posibilidad de ingresar si es que alguno de ustedes estuviera en peligro o hubiera un nuevo cura apuesto.
IRUPE: Y yo todavía tengo muy fresco el recuerdo de mi boda, que se realizó en esta iglesia. 
DAMIEN: Te casaste hace como una década.
IRUPE: Lo sé, pero hay traumas que no se superan de un día al otro.

Germán, desconcertado, los mira intercaladamente.

GERMAN: Y si no iban a ayudarme, ¿para qué vinieron?
DAMIEN: No tenía nada qué hacer.
IRUPE: No quería quedarme con Jaime.
VIRGINIA: Yo iré. ¿Cómo puedo negarme a entrar en un sitio donde ofrecen vino gratis?

Antes de que alguien pudiera decir algo más, el celular de Irupé suena. Del otro lado, una nerviosa Celina le está hablando en susurro.

IRUPE: ¿Sí?
CELINA: ¿Estás en Estrella Dorada?
IRUPE: Sí...
CELINA: Necesito un favor. Es urgente.
IRUPE: Celina... Creo que estoy entrando en un túnel... Se me va la señal...
CELINA: ¿¡Pueden dejar de hacer el chiste del túnel cada vez que les hablo por teléfono!? ¡Dejó de ser gracioso veinte veces atrás! 
IRUPE: Bien, ¿qué necesitas ahora?
CELINA: Necesito que le lleves la vianda a Wilfredo. El pobre está asustado en medio del bosque y sin poder comer nada.
IRUPE: ¿Qué tan asustado puede estar? Él es lo más horrible que hay en el bosque en este momento.
CELINA: ¿Puedes llevarle comida o no?
IRUPE: Sí, de acuerdo, lo haré. Pero que quede en claro que iba a sacrificar mi encuentro clandestino con Edgar por ti.
CELINA: Una cosa más.
IRUPE: Dime.
CELINA: Dime por favor que no están reunidos en este momento sin mí.

Irupé se pone pálida ante la pregunta.

IRUPE: Celina... El túnel... Nos vemos después.

Y corta la comunicación.

CELINA

Terminando de almorzar, Álvaro continúa hablando con Santiago mientras que Luciana y Celina escuchan la charla con genuino aburrimiento.

ALVARO: Además, ese padrino que elegiste, es imposible que la iglesia lo acepte porque todos sabemos la clase de vida que lleva.
SANTIAGO: ¿A qué te refieres?
ALVARO: Que todos sabemos que Joseph es gay. No puede ser tu padrino.
CELINA: Creo que no deberíamos celebrar la ceremonia en una institución que no acepta a Joseph.
ALVARO: (a Celina) Disculpa, Celina, con todo respeto, pero esta charla es con tu marido. 
CELINA: Pero es sobre mi boda.
ALVARO: Lo sé, pero tu único aporte es no celebrar la boda en la iglesia y para qué vas a casarte si no es ante los ojos de Dios.

Luciana, dispuesta a terminar aquel momento de tensión, se incorpora de la mesa.

LUCIANA: Déjalos hablar, Celi. Vamos a lavar los platos.
ALVARO: Esa es una buena chica.
CELINA: ¿Qué? ¿Por qué nosotras debemos ir a lavar los platos mientras ellos dos se quedan hablando? 
LUCIANA: Porque somos mujeres. Eso es lo que hacemos.

Celina se pone de todos colores mientras Luciana, inmune, comienza a juntar la mesa.

SANTIAGO: No es necesario que lo hagan, chicas. Celina y yo juntaremos cuando se vayan.
ALVARO: Déjalas hacer lo que tienen que hacer, Santiago. Nosotros tenemos que resolver esto.
SANTIAGO: No tenemos nada que resolver, Álvaro. Acepta que le dio el lugar de padrino a otra persona. 

Álvaro se queda impactado por la respuesta. Luego, asiente para sí mismo.

ALVARO: Esta batalla no está perdida.

IRUPE

Irupé está caminando en el bosque con Edgar.

EDGAR: Cuando me dijiste que íbamos a venir al bosque, realmente decías que teníamos que entregar comida.
IRUPE: Sí, ¿por qué? ¿Qué pensabas?
EDGAR: Pensé que te iba a encontrar semidesnuda amarrada a un árbol.
IRUPE: Eso hubiera sido un buen plan, no te lo discuto. Pero en este momento tengo que entregarle comida a un amigo de Celina.
EDGAR: Entonces podemos aprovechar el momento para hablar sobre lo que nunca hablamos.
IRUPE: ¿Sobre los precios desorbitados que cobras por el alquiler?
EDGAR: No, de eso no.
IRUPE: ¿Sobre por qué te robas todas las recaudaciones de los eventos que hacemos?
EDGAR: No, Irupé, de eso tampoco.
IRUPE: Entonces, ¿a qué te refieres?
EDGAR: A Jaime.
IRUPE: Oh.

Se produce un silencio abismal entre ambos que siguen caminando.

EDGAR: ¿No quieres hablar de él? 
IRUPE: No tengo nada que decir sobre él.
EDGAR: ¿Seguro?
IRUPE: Diablos, Edgar, déjalo ahí. No es algo que tengamos que resolver precisamente ahora en el medio del bosque.
EDGAR: Ya que no vamos a tener sexo, me preguntaba qué sucede entre tú y él como para que estés haciendo todo esto.

Irupé sigue caminando, sin responder, pero se distingue su molestia por la pregunta.

MOMENTO MUSICAL

Irupé va caminando vestida de rojo por el bosque mientras el lobo Edgar la sigue por detrás.
En la casa de Santiago, Celina continúa fastidiada por la presencia de Álvaro y mira con mucho desprecio a su futuro novio.



CELINA:
Porque ya no baila
un gusano en la tripa
cuando suena el teléfono
y escucho su voz.

IRUPE:
Porque no me arreglé
para la última cita
y no usé su perfume
ni me puse tacón.

AMBAS:
Será que la rutina
ha sido más, más fuerte.
Se han ido la ilusión
y las ganas de verte.
Pero me cuesta tanto
decirlo a la cara.
Aguanta un poco más
o lo echamos a suerte.
Lo echamos a suerte.

IRUPE:
Porque ya no es mi tipo,
porque no es lo de siempre
cuando quedamos juntos
y nos vamos a un bar.

CELINA:
Porque ahora necesito
estar con mucha gente
y cuando estamos solos
no le quiero besar.

AMBAS:
Será que la rutina
ha sido más, más fuerte.
Se han ido la ilusión
y las ganas de verte.
Pero me cuesta tanto
decirlo a la cara.
Aguanta un poco más
o lo echamos a suerte.

CELINA:
Será que nuestra vida
ya no es diferente.
IRUPE:
Hacemos todo igual
que el resto de la gente.
AMBAS:
Pero me cuesta 
decirlo a la cara.
Aguanta un poco más
o lo echamos a suerte.
Lo echamos a suerte.

CELINA

Santiago termina de despedir a Álvaro y a Luciana. Cierra la puerta y se gira, abriendo los brazos en señal de disculpa. Celina mira a su futuro marido con los brazos cruzados y un rostro lleno de reproche.

SANTIAGO: Te pido miles de disculpas. Realmente no sé qué le pasó. Desde que se enteró que no será el padrino, está perdiendo la cabeza.
CELINA: Yo sólo te voy a aclarar que si Álvaro llega a ser el padrino de nuestra boda, te vas a tener que casar con Joseph.
SANTIAGO: Dudo mucho que Joseph me acepte. Tampoco tolera a Álvaro.
CELINA: No entiendo cómo Luciana puede estar con una persona tan desagradable. No hace el menor intento de tratarla bien siquiera delante de nosotros. ¿Por qué seguimos frecuentando con Álvaro?
SANTIAGO: Si te sirve de algo, él hizo mucho por mí aunque yo no se lo haya pedido.
CELINA: ¿Ah, sí? ¿Qué hizo?
SANTIAGO: Creía que me engañabas con el chico que fue lastimado. 
CELINA: ¿Con Fernando?
SANTIAGO: Sí.
CELINA: ¿De dónde sacó una locura así? 
SANTIAGO: No lo sé, pero me dijo que descubrió que era mentira.

Celina se queda meditando la información que recibió.

SANTIAGO: Porque es mentira, ¿no?
CELINA: Santiago, por supuesto que es absurdo. Jamás le haría una cosa así a Virginia.
SANTIAGO: ¿Quién es Virginia?
CELINA: Una amiga que tiene un viñedo en su casa.

IRUPE

Irupé entra en la cabaña seguida por Edgar. Él parece sumamente enfático en intentar hacerla entrar en razón.

EDGAR: Por favor, Irupé, no es para tanto. Si no quieres hablar de él, no hablaremos de él, pero no es para que me ignores de esta manera.
IRUPE: No te estoy ignorando. Simplemente no quiero hablar contigo.

El monstruo del bosque sale, temeroso, entre las penumbras, para mirar a las dos personas que acaban de entrar.

EDGAR: ¿Wilfredo?
IRUPE: ¿Conoces al novio de Celina?
EDGAR: ¿Novio?
IRUPE: Digo, amante. Digo, amigo.
EDGAR: Sí, lo conozco. Es mi hijo.

Edgar se acerca cautelosamente hacia Wilfredo y, una vez que están cerca, le brinda un abrazo.

WILFREDO: ¡Papá!

Irupé, sumamente anonada, no puede creer lo que está sucediendo.

IRUPE: Oh, por Dios. ¡Edgar es el suegro de Celina!

LA NOCHE DEL INCENDIO

Irupé, en la comisaría, le pide al oficial de guardia ver a un prisionero.

POLICIA: No puedo dejarte pasar. No hay nadie en la comisaría. Todos están en el lugar del incendio. Si te dejo pasar y te sucede algo...
IRUPE: ¿Quieres llamar a tu estúpido jefe y decirle que Irupé Océanos está aquí? Pablo me conoce.
POLICIA: ¿Tú eres Irupé Océanos? Oh, tendrías que habérmelo dicho antes. ¿Por qué no me empezaste por ahí?
IRUPE: ¿Me dejarás pasar ahora?
POLICIA: No. 

Irupé pone los ojos en blanco, saca un billete de su cartera y se lo pasa al policía. El policía, tras unos segundos, lo toma y se lo guarda en el bolsillo. Luego se encaminan hacia las celdas.

POLICIA: Dos minutos.
IRUPE: Es todo lo que necesito. 

Irupé se encamina sola por el pasillo de celdas hasta que llega a la que buscaba. Dentro, un hombre se levanta al verla y va hacia las rejas.

EDGAR: Dime que vienes a sacarme de aquí. 

martes, 30 de octubre de 2018

Chapter 16


LA NOCHE DEL INCENDIO

Celina está paralizada frente a la cabaña en el bosque que está ardiendo en todo su esplendor.
Tiene el maquillaje corrido y está vestida de novia. A simple vista, está llorando.
Damien, Irupé, Virginia y Germán aparecen corriendo por el bosque y también se quedan asombrados al ver el incendio. Todos vestidos de gala.

CELINA: Oh, por Dios. ¡Esto es mi culpa!
VIRGINIA: No puedes culparte, Celina.
IRUPE: Hem... Técnicamente sí fue su culpa.
VIRGINIA: No estás ayudando, Irupé.
IRUPE: Perdón si no tengo bondad para consolarla, pero acabo de correr por todo el bosque con estos tacos y mis pies están matándome.

Ajenos a la discusión de ellos, Germán y Damien contemplan las llamas.

GERMAN: ¿Crees que haya sobrevivido?

Damien no tiene tiempo a contestar porque a la distancia se comienzan a escuchar las alarmas de los bomberos.

DAMIEN: No creo que sea bueno que nos vean aquí.
CELINA: ¡Pero no puedo irme!
VIRGINIA: Oh, sí. Sí, puedes.

Virginia toma de los pelos a la mujer vestida de novia y la arrastra fuera del bosque.

GRUPO

Presente.
Damien, Irupé, Celina, Virginia y Germán están arreglando la cabaña en donde vive el monstruo conocido como Wilfredo.
El chico, tímido e infantil, mira a todos mientras acomodan el lugar e interactúan entre ellos.

GERMAN: La buena noticia es que la ducha ya se puede usar.
CELINA: ¿Escuchaste, Wilfredo? ¡Vas a poder bañarte! Y Dios sabe que te hace falta.

Virginia analiza al mutante con genuino interés.

VIRGINIA: Todavía no sabemos su procedencia. ¿Quién es? ¿De dónde vino?
DAMIEN: Me preocupa un poco que no sepamos qué tan peligroso es.
GERMAN: A mí me preocupa que todos hayan venido a ayudarme y soy el único que estoy trabajando.
CELINA: Chicos, Wilfredo no es peligroso. Simplemente tiene un cierto impulso ante los estímulos violento. Por eso debemos evitar hablar en tonos agudos.
DAMIEN: Eso explica por qué Irupé tiene una mordaza.

Todos miran a Irupé, que les devuelve una mirada asesina. Tiene un pañuelo atado en la boca que le impide hablar.

IRUPE: Mmmñññññnn...
CELINA: Exacto, Irupé.
GERMAN: ¿Era por eso? Yo pensé que simplemente nos cansamos de escucharla hablar tanto.
VIRGINIA: Un poco de ésto, un poco de aquello.

Celina se acerca a Wilfredo para intentar quitarle la remera, pero él se mueve como si fuera una criatura de 1 año pero de 150 kilos.

CELINA: Bueno, Wilfredo, ahora vamos a bañarnos.
WILFREDO: No quiero bañarme... Agua no, agua no... No quiero, no quiero...
CELINA: Si te bañas, vas a poder usar la ropa que te compré especialmente para ti. Y tienes que usarla porque tuve que ir a una tienda para personas extra grandes.
WILFREDO: Pero no quiero... ¡No quiero! ¡No quiero!

Ajenos al lío entre Celina y Wilfredo, el resto de los chicos siguen conversando de otros temas.

DAMIEN: (a Virginia) ¿Sigues sin noticia de Hernán?
VIRGINIA: Sigo sin novedades. Es mejor así porque tengo a Joseph sospechando que yo le advertí que lo buscarían.
DAMIEN: Aunque tiene razón.
VIRGINIA: Pero él no tiene que saberlo.
IRUPE: Mmmñññññnn...
VIRGINIA: Exacto, Irupé. Es muy raro que Hernán, por motivación personal, haya decidido darle una golpiza a Fernando. Sigo sosteniendo que fue influenciado por alguno de sus otros dos ayudantes.
DAMIEN: ¿Realmente lo consideras tan influenciable?
VIRGINIA: Lo he dominado por años, por supuesto que sí.
CELINA: ¡Por favor, Wil! ¡Tienes que colaborar!
WILFREDO: ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero!
DAMIEN: (a Virginia) ¿Y tú cómo te sientes con respecto a su ausencia?
VIRGINIA: Bastante tranquila. Ya sabes el dicho. El vino cura todas las heridas.
DAMIEN: Creo que no lo estás diciendo bien.
CELINA: ¿¡Alguien puede ayudarme, por el amor de Dios!?
IRUPE: Mmmñññññnn...
GERMAN: Las cajas de electricidad están en orden, así que ya debería funcionar la electricidad.
VIRGINIA: (a Germán) Realmente eres muy bueno en todo.
GERMAN: Gracias, pero no voy a ayudar a Celina a bañarlo.
VIRGINIA: Diablos, soy tan transparente.
IRUPE: Mmmñññññnn...

JOSEPH

Joseph está presente en la incómoda conversación que están teniendo Pablo, el comisario, y Santiago, su compañero, en la comisaría.

PABLO: No puedo darte licencia ahora mismo, Santiago.
SANTIAGO: Pero Pablo, mi mujer ha sido atacada por la bestia del bosque.
PABLO: Y afortunadamente se encuentra bien. La mía todavía está en internada. Yo, inclusive, no debería estar trabajando en base a las heridas que tengo. Pero tenemos que cumplir las obligaciones porque hay un monstruo suelto en el pueblo y un fugitivo de la justicia.
SANTIAGO: Esto no pasaría si contrataras más personal.
PABLO: Aunque tuviera a veinte policías nuevos, de todos modos no te permitiría irte ahora mismo. Lo siento, Santiago. Es ahora que necesito que te pongas el uniforme y cumplas con tu deber. Una vez resuelto alguno de los conflictos que tenemos, podrás usar uso de todas las licencias que quieras.

Pablo no dice nada más y se marcha. Santiago camina con Joseph hacia la salida de la comisaría.

SANTIAGO: Me esperaba esa respuesta pero no podía nada con probar.
JOSEPH: Lo sé. De todos modos, contamos con un par de horas libres que es mejor que nada.
SANTIAGO: ¿Y sabes en qué podemos implementarlas?
JOSEPH: Realmente se me ocurren muchas cosas, pero mejor dímelo tú.
SANTIAGO: ¡Probar tu traje de padrino para mi boda!

Joseph queda boquiabierto del horror.

JOSEPH: Genial.
SANTIAGO: Es una buena idea de levantarnos los ánimos, ¿no crees?
JOSEPH: Por las nubes.

GERMAN

Germán está nervioso en su casa, la número 8, en compañía de Damien, que está fumando. De la nada va y le quita el cigarrillo y lo prueba. No deja de mirar hacia el hogar de Pablo Catalani.

DAMIEN: Tú no fumas.
GERMAN: Hoy sí.
DAMIEN: Estás nervioso.
GERMAN: Pensé que no lo estaba, pero ahora la impaciencia me está consumiendo. Me parece una locura lo que estoy por hacer.

Damien se cruza de brazos para analizar la situación, apoyándose sobre el portal de la casa de Germán.

DAMIEN: Germán, no estás obligado si no quieres. Es un morbo personal de Pablo, no tiene por qué ser tuyo.
GERMAN: Es que realmente tengo ganas. Mis nervios se deben a que estoy entusiasmado. Estoy cansado de que ustedes hablen de sexo y yo nunca tenga nada que aportar.
DAMIEN: Amigo, generalmente hablamos de penes y dudo que esta chica te ayude a aportar algo.
GERMAN: No son las únicas personas con las que puedo hablar.
DAMIEN: Oh, claro. En eso tienes razón. Pero no te vas a volver raro como esos cantantes de un sólo éxito, ¿verdad?
GERMAN: No, espero que después de esto, tener más éxitos.

JOSEPH

En la casa de Santiago, él y Joseph son abordados por Álvaro.

ALVARO: Pensé que me ibas a elegir a mí como padrino. (a Joseph) No te ofendas. (a Santiago) ¿Quién es este chico? (a Joseph) ¿Al menos conoces a Celina?
JOSEPH: La he visto un par de ocasiones.
ALVARO: (a Santiago) ¿Lo ves? La ha visto en un par de ocasiones. Yo la veo todo el tiempo. Incluso la he seguido cuando pensaba que te engañaba.
SANTIAGO: ¿Pensabas que ella me engañaba?
ALVARO: Sí, pero resulta que no lo hacía. Pero no lo hubiéramos descubierto sino fuera porque yo investigué. Ahora puedes estar seguro de que ella te es fiel gracias a mí.
SANTIAGO: Estoy agradecido por ello.
ALVARO: Entonces...

Álvaro lo mira sonriente, esperando la noticia. Santiago se mantiene inflexible.

SANTIAGO: Joseph será mi padrino.

Álvaro muestra su descontento.

ALVARO: Espero que no te vayas a arrepentir.

Indignado, se marcha con el corazón destrozado. Joseph lanza un suspiro de exclamación en cuanto quedan a solas.

JOSEPH: Tu vecino es intenso.
SANTIAGO: Y eso que hoy está calmado.

GERMAN

Germán está en la habitación de Pablo, sentado al borde de la cama, claramente nervioso. La puerta se abre e ingresa una desconcertada Paola, quien mira intercaladamente a Germán y a Pablo.

PAOLA: Cobro más por esto.
PABLO: ¿De verdad? Pensé que a mí no me cobrabas.
PAOLA: Pero por el chico, sí.

Pablo sonríe. Va hacia la cama y se pone de rodillas detrás Germán. Comienza a desabrocharle la camisa lentamente.

PABLO: (a Paola) Estamos haciendo algo por el chico a quien le urge debutar sexualmente. Y a ti te urge una documentación que mandaste a buscar, ¿o no?

El rostro de Paola se transforma. Mira acusatoriamente a Germán, como si él la hubiera mandando al frente.

PAOLA: Me traicionaste.
GERMAN: Me descubrió. Y tampoco la saqué barata, ¿de acuerdo?

Pablo se ríe, cortando la tensión de ambos.

PABLO: Les diré qué haremos. Paola, si haces que este joven entre en el mundo de los hombres, él se salva de ir a prisión y tú obtienes los datos que tanto quieres.
PAOLA: ¿De verdad? ¿Vas a darme los archivos que te pido?
PABLO: Así es. ¿Hay trato?

Paola, sumamente emocionada, se acerca hacia Germán, lo besa y se tira sobre él en la cama. Pablo, al lado de ambos, mira la escena con una sonrisa pícara mientras comienza a estimularse solo.

JOSEPH

Joseph se está midiendo la ropa en la casa de Santiago. Joseph habla frenéticamente justo en el momento en que Santiago está midiendo sus pantalones de vestir y se encuentra de rodillas frente a él.

JOSEPH: Sostengo que es absurdo que esta clase de evento se nos pida asistir con vestimenta de gala, cuando es una situación que pocas veces en la vida ocurre.
SANTIAGO: Por última vez, no vas a ir de jean a mi casamiento, Joseph.
JOSEPH: No estoy intentando convencerte de eso. Ya entendí que no vas a aceptar. Además, analizando la situación, siento que tu vecino aparecerá con veinte trajes, diciendo que él no tiene problemas en vestir como se debe.
SANTIAGO: Es un poco competitivo, por supuesto.
JOSEPH: Apuesto a que no le gustará mucho la idea si entrara en este momento y creyera que esta situación íntima es un requisito para ser tu padrino.

Desde abajo, Santiago le lanza una mirada divertida. Los ojos de Santiago descienden hasta quedarse en su entrepierna.

SANTIAGO: Veo que estás entusiasmado por esto.
JOSEPH: Lo siento. Es que tú estás estimulando ahí y...
SANTIAGO: ¿Esto es porque eres gay o es porque soy yo?

Joseph se pone de todos colores ante la pregunta.

JOSEPH: Supongo que estoy feliz de ser el padrino, ¿no?

Santiago se pone de pie, quedando cara a cara con él y sonriendo. Joseph, nuevamente, se vuelve a poner colorado.


MOMENTO MUSICAL

Mientras Germán y Paola están teniendo su primer encuentro sexual, Pablo se toca en la misma cama que ellos disfrutando de la escena.
Por su parte, Joseph sigue midiéndose la ropa con la ayuda de Santiago.



PAOLA:
Mírame.
No me conoces bien.
Aún no sabes nada.
Aún no has visto nada.
Relájate
y déjate hacer.
No digas nada.
Sólo besa y calla.

JOSEPH:
Tú y yo sin nadie alrededor.
Deja volar tu imaginación.

SANTIAGO:
Puedes tocar
y te puedes quemar.
JOSEPH:
Muerde la manzana.
Lánzate a la llama.
PABLO:
Atrévete,
no te arrepentirás.
No te quedes con ganas.
Arriésgate y gana.

JOSEPH:
Tú y yo sin nadie alrededor.
Deja volar tu imaginación.

GERMAN:
Pero no te quiero
ni lo voy a hacer.
PAOLA:
El amor en esto,
¿qué tiene que ver?
SANTIAGO:
Cuéntame al oído
qué me vas a hacer.
No tengas reparos, utilízame.
PABLO:
No pienses en nada,
sólo en el placer.
Como dos extraños
en un mismo hotel.
JOSEPH:
Anda ya, despacio, acaríciame
que al final se alargue
una y otra vez.

GERMAN:
Y ese oscuro objeto del deseo
me quema por dentro.
PAOLA:
Me quema por dentro.

PAOLA:
Convéncete,
lo estás haciendo bien.
Hazme lo que sabes,
tus habilidades.
GERMAN:
Guíame
por la senda del placer.
Es cuestión de instinto
el que salga distinto.

JOSEPH:
Entre el pecado y la virtud
prefiero lo que me haces tú.

GERMAN:
Pero no te quiero
ni lo voy a hacer.
PAOLA:
El amor en esto,
¿qué tiene que ver?
SANTIAGO:
Cuéntame al oído
qué me vas a hacer.
No tengas reparos, utilízame.
PABLO:
No pienses en nada,
sólo en el placer.
Como dos extraños
en un mismo hotel.
JOSEPH:
Anda ya, despacio, acaríciame
que al final se alargue
una y otra vez.

GERMAN:
Y ese oscuro objeto del deseo
me quema por dentro.
PAOLA:
Me quema por dentro.

GERMAN

Germán y Paola están volviendo a colocarse la ropa cuando Pablo, que solamente está vestido de bóxer, ingresa en la habitación cargando unas carpetas llenas de documentos. Se la extiende a Paola, quien, desesperada, la abre y comienza a revisar.

GERMAN: ¿Puedo saber a qué se debe tanto misterio con los documentos por los que acabo de debutar?
PABLO: No hagas como si no lo hubieras gozado.
GERMAN: Lo disfruté. Pero ahora estoy intrigado.

Mientras Paola continúa revisando los archivos, Pablo se tira en su cama.

PABLO: Esto es algo que no muchos lo saben, pero en el pasado, Paola y yo tuvimos un bebé.
GERMAN: ¿De verdad?
PABLO: Así es. Mi vínculo con Paola viene desde hace añares. Es la relación más larga que he tenido.
GERMAN: Tú estás en otra relación...
PABLO: No te quedes en esos detalles si quieres saber la historia.
GERMAN: Lo siento. Claro. ¿Qué sucedió luego?
PABLO: Paola lo tuvo pero no quería criarlo. Ella quería triunfar en el mundo del modelaje o ser una bailarina profesional. Supongo que terminó consiguiendo lo que quería.
GERMAN: ¿Y tú?
PABLO: Yo era hombre. Como sabes, los hombres no estamos capacitados para ser padres solteros. Así que si ninguno de los dos se iba a hacer cargo, hice lo que creí que era mejor para nosotros y lo di en adopción a una iglesia.
GERMAN: ¿Cuántos años tiene ahora el bebé?
PABLO: Debe andar cerca de los 18 años. Éramos muy jóvenes cuando lo tuvimos.
GERMAN: ¿Y en 18 años no lo vieron? ¿Cómo pueden saber si es que acaso está vivo?

Paola se gira con lágrimas en los ojos.

PAOLA: No lo sabemos. Pero al menos ahora tengo por dónde empezar a averiguarlo.

LA NOCHE DEL INCENDIO

Los chicos llegan a la ruta, después de atravesar el claro.
A lo lejos, las sirenas de los bomberos y la policía interrumpen el silencio del bosque. De fondo, la humareda de la cabaña incendiada.
La novia, con un vestido que ya no es blanco, solloza sin control. Virginia, inmune a los lamentos de Celina, mira con ansiedad la carretera.

IRUPE: ¿No creen que deberíamos habernos quedado a recibir ayuda?
CELINA: Es mi culpa, es todo mi culpa.
VIRGINIA: Sería complicado explicar nuestra presencia aquí y a la vez tener que defender nuestra inocencia.
DAMIEN: En ese caso, coincido de con Virginia. Si nos quedamos aquí, tendremos que reconocer cómo es que sabíamos que la cabaña se iba a incendiar. Y si reconocíamos eso, tenemos que reconocer más cosas de las que estamos dispuesto a admitir.
CELINA: No puedo creer que esté muerto... No puedo creer...
GERMAN: Celina, por favor, cálmate.
VIRGINIA: (a Celina) Aprovecha el consejo de Germán que lo dice con calma.
CELINA: Ahora esto va a pesar en mi consciencia para siempre.
GERMAN: En la de todos, Celina. Todos fuimos los responsables.
IRUPE: De hecho...
DAMIEN: Irupé, basta.
IRUPE: Bueno, claro, todos fuimos asesinos, todos lo fuimos. ¿Conformes?

Una camioneta de vidrios polarizados aparece doblando la ruta. Los chicos, ansiosos, esperan un tiempo para subir.
Virginia mira al conductor mordiéndose el labio.

VIRGINIA: Gracias por venir por nosotros.

Mira a sus amigos, quienes desconfían si subir a la camioneta o no.

DAMIEN: ¿Podemos confiar en él?
VIRGINIA: Espero que sí.

Finalmente, todos suben a la camioneta.