GRUPO
Reunidos
en el living de Virginia, el grupo de siempre está reunido. Fabricio, Damien,
Germán, Irupé y Celina intentan contener a una furiosa Virginia.
VIRGINIA:
¡¿Que hicieron qué?!
FABRICIO:
Hicimos una especie de ritual en donde un conjuro le salvó la vida a Álvaro.
VIRGINIA:
Entendí eso, Fabricio. ¡¿Pero en qué diablos estaban pensando?!
DAMIEN:
Si sirve de algo para nuestra defensa, jamás pensé que una cosa así
funcionaría.
VIRGINIA:
¡No sirve para nada! ¡Tenemos un vecino que hace brujería! Y en lugar de venir
a denunciarlo como haría cualquier ser humano con dos neuronas en
funcionamiento, deciden participar de su delirio colectivo. ¡Brujería! ¡Lo
único que nos faltaba es que ahora tengamos demonios sueltos en Estrella
Dorada!
Celina,
Damien, Fabricio y Germán están cabeza agachas escuchando el reto. Celina mira
a Irupé que no deja de sonreír.
CELINA:
¿Qué es lo que encuentras tan divertido?
IRUPE:
Que están en problemas y que yo no tuve nada que ver. Es gracioso.
VIRGINIA:
¡No es gracioso, Irupé!
IRUPE:
De acuerdo, no es gracioso.
DAMIEN:
Ni siquiera sabemos si reaccionó por la brujería de Zack o simplemente fue una
casualidad.
VIRGINIA:
¡Arrojó a Joseph por los aires y saltó de un tercer piso!
DAMIEN:
Quizá sí fue por Zack.
Virginia
va hacia su vinoteca, pero cuando está a punto de servise, renuncia a la idea.
VIRGINIA:
No. Hice planes para salir a correr con Fernando y no pienso dejar que este
absurdo me arruine los planes que Fernando puede arruinar por sí mismo.
FABRICIO:
¿Así que vas a salir a correr con él?
DAMIEN:
(a Fabricio) No es el momento.
FABRICIO:
Lo siento.
VIRGINIA:
Bien, esto es lo que haremos. Tenemos que encontrar a Álvaro antes de que haga
daño a alguien más, así que van a preguntarle a nuestro brujo cómo pueden
encontrarlo. Supongo que debe tener un método para localizarlo.
GERMAN:
¿Y una vez localizado?
VIRGINIA:
Lo detienen. Como sea. Para cuando vuelva de correr espero tener un plan de
parte de ustedes y sino, todos están expulsados en compañía de su nuevo amigo.
Celina
vuelve a mirar a Irupé, que no deja de sonreír.
CELINA:
¿Puedes dejar de burlarte de nuestra desgracia?
IRUPE:
No. No puedo.
CELINA:
Irupé, tú los ayudará. Y si no funciona, también te irás con ellos.
El
rostro de Irupé se transforma y ahora la que sonríe es Celina.
IRUPE:
¡¿Y yo por qué?!
VIRGINIA:
Porque si me defraudan, tendré que empezar a hacer amigos nuevos y no quiero
que ninguno quede recordándome a los que ya no están.
JOSEPH
Joseph,
después de unos breves estudios médicos por el golpe que sufrió, se sorprende
al descubrir a Franco Verdi. El muchacho, si bien intenta mantener el temple
majestuoso que repentinamente adquirió, se encuentra vagamente alterado.
JOSEPH:
¿Franco? ¿Qué haces aquí?
FRANCO:
Acabo de escucharlo en la noticia. Estaba visitando a mi padre cuando escuché
que un oficial de policía había sido atacado hace unos minutos. Esperaba que no
fueras tú, pero quería asegurarme. Espero que no te resulte raro.
JOSEPH:
Cosas más extrañas me han sucedido el día de hoy, puedes creerme.
Franco
lo ayuda a incorporarse de la camilla y encaminan hacia el pasillo de la
clínica.
FRANCO:
Me da gusto ver que sufriste un ataque pero estás bien. Con todos los ataques
que viene recibiendo la gente de este pueblo, es una suerte que tú puedas
hablar o ponerte de pie.
JOSEPH:
¿Eso incluye a tu padre?
FRANCO:
Oye...
JOSEPH:
Lo siento. No debí ser cruel contigo. Estoy un poco nervioso, eso es todo.
FRANCO:
De todos modos me lo merezco, ¿no? ¿Qué sucedió?
JOSEPH:
Sucedió algo realmente muy loco, Franco. No puedo describirlo porque mientras
más lo cuento, más absurdo suena y temo que si sigo comentándolo, terminaré en
un instituto psiquiátrico.
FRANCO:
De acuerdo. No tienes que explicármelo si no quieres. ¿A dónde vas ahora?
¿Quieres que te lleve hasta tu departamento?
Joseph
lo piensa un poco y luego termina por asentir.
JOSEPH:
Sí, estaría bien. Gracias.
GERMAN
Germán
está terminando de ducharse cuando escucha que llaman a la puerta de su casa.
Sale
apresurado, envuelto en una toalla, y del otro lado se encuentra con Pablo.
PABLO:
Disculpa por interrumpirte, pero necesitaba hablar contigo urgente.
GERMAN:
¿Se rompió algo?
PABLO:
Se están rompiendo muchas cosas últimamente, pero no es por eso a lo que vine.
Tengo una propuesta para hacerte.
GERMAN:
¿Puedo ponerme un poco de ropa?
PABLO:
Seré breve. Y además, creo que ya te he visto sin ella.
Germán
sonríe, un poco incómodo, pero de todos modos lo hace pasar.
GERMAN:
¿Qué puedo hacer por ti?
PABLO:
Muchas cosas se me ocurren, pero en este momento es algo en particular de lo
que quiero hablarte. Uno de mis agentes pidió un traslado a Alborada, por lo
que tengo un puesto de policía vacante.
Germán
abre los ojos. Un atisbo de entusiasmo se cruza por la cabeza.
GERMAN:
¿Me estás ofreciendo un trabajo de policía?
PABLO:
Si te interesa. Joseph Navarra necesita un compañero y pensé en ti. Eres joven,
tienes estado físico y quizá te interese algo más que arreglar las cañerías de
este vecindario.
GERMAN:
Por supuesto que me interesa. ¿Cuándo tengo que empezar?
PABLO:
Pues, ¿qué te parece ahora mismo?
GERMAN:
Al menos dejarás que me ponga algo de ropa, ¿no?
CELINA
En
compañía de Fabricio, Damien e Irupé, Celina va hacia la Casa 13 una vez más.
Irupé, fiel a su costumbre, se está quejando de la situación.
IRUPE:
Esto es totalmente injusto. No tengo nada que ver con el Álvaro poseído que
anda dando vueltas por el pueblo. ¿Por qué tengo que ayudar a atraparlo? Le
tengo miedo a estas cosas. Jaime casi nunca está en casa y mi amante está en
prisión. No es que alguno de ellos fuera realmente útil si es que un demonio me
ataca, pero aún así estoy sola la mayor parte del tiempo. ¿Qué sabemos nosotros
de enfrentar demonios? Nos pasamos la vida andando semidesnudos, teniendo sexo
o cantando canciones alegres que convenientemente expresan nuestros
sentimientos del momento. ¡No somos cazademonios!
Ninguno
de los tres muchachos le contesta.
Fabricio
llama a la puerta de la Casa 13. Al instante, Zack la abre. Les dedica una
sonrisa.
ZACK:
Lo de anoche funcionó, ¿no?
CELINA:
Funcionó.
ZACK:
Tu amiga debe estar contenta.
CELINA:
No tanto, ahora que su novio parece tener poderes sobrenaturales y está perdido
en algún lugar del pueblo.
FABRICIO:
(a Zack) ¿Qué fue lo que trajimos de vuelta a la vida anoche?
DAMIEN:
Y lo más importante, ¿cómo lo atrapamos?
VIRGINIA
Tanto
Virginia como Fernando, ambos de ropa deportiva, están corriendo bordeando el
bosque. Pasan por frente a un camino que Fernando considera divertido recorrer.
FERNANDO:
Este camino es el que suelo tomar.
VIRGINIA:
No creo que sea conveniente.
FERNANDO:
¿Por qué no?
VIRGINIA:
¿No escuchaste la noticia? Álvaro se escapó de la clínica. ¿Lo recuerdas? Es el
que ideó la idea de golpearte hasta casi matarte.
FERNANDO:
Y se unió con otros dos chicos más. No le tengo miedo a Álvaro, Virginia. Hago
artes marciales. Podré tranquilamente en un uno contra uno.
Virginia
duda, de todos modos, pero sonría al ver el repentino coraje que muestra el
muchacho.
VIRGINIA:
Esa seguridad en ti mismo resulta altamente atractiva, ¿sabes?
FERNANDO:
¿Lo crees?
VIRGINIA:
Espero que haya más de donde viene eso.
FERNANDO:
Eres muy injusta. Acabo de recuperarme de un coma. Todavía no viste nada sobre
mí.
Sonriendo,
la invita hacia el interior del bosque y ella, también sonriente, ingresa
detrás de él.
DAMIEN
Damien,
Fabricio, Celina e Irupé se encuentran en el living de Zack, esperando una
explicación.
ZACK:
Rescaté a Álvaro del limbo entre la vida y la muerte. Lo traje nuevamente hacia
la vida. Pero él no iba a volver a ser lo que era. Le advertí de todo esto a su
novia. Sabía las consecuencias.
IRUPE:
Y su novia convenientemente evitó mencionar que traería a un demonio a la
tierra.
CELINA:
Estaba desesperada.
IRUPE:
Deja de defenderla, Celina. ¡Esa chica está tan loca como él!
DAMIEN:
De acuerdo. Perdemos tiempo. Encontraremos a los culpables luego.
IRUPE:
No es necesario dejarlo para luego. Los culpables son ustedes.
DAMIEN:
Bien, entonces ya que tenemos resuelto quienes son los culpables, procedamos.
¿Cuál es la situación en la que se encuentra Álvaro? ¿Por qué parece tener
poderes?
ZACK:
No son poderes. Son habilidades. Todos nacemos con ellas, sólo que algunos
consiguen saber cuáles son y otros, me temo que la gran mayoría, pasan su vida
sin enterarse que los poseen. Cuando Álvaro retornó, las trajo consigo. Sólo
que en este momento, recién renacido, se encuentra confundido. Es más un bebé
que un adulto.
CELINA:
Entonces no habrá cambiado mucho.
ZACK:
Sigue sus instintos básicos. Lo más probable es que recuerde el último sitio
donde estuvo antes de perderse y quiera reencontrarse con él.
FABRICIO:
La cabaña.
Todos
miran a Fabricio, quien a su vez, intenta que todos lo comprendan.
FABRICIO:
Fue en la cabaña en donde casi pierde la vida. Puede que haya ido allí en
primer lugar.
IRUPE:
Oh, por Dios. Virginia... Si iba a correr al bosque...
DAMIEN:
Tenemos que ir urgente. (a Zack) Dime que tienes algo para detenerlo. Un
conjuro, un pócima mágica, no lo sé, lo que sea. Dime que tienes algo.
VIRGINIA
Frente
a las ruinas de lo que fue una cabaña en medio del bosque, Virginia y Fernando
detienen su marcha para detenerse a observarla.
FERNANDO:
¿Esta fue la cabaña que se incendió el fin de semana?
VIRGINIA:
Sí. Aquí fue. Tenemos que seguir la marcha. Tengo que ir al gimnasio en una
hora.
FERNANDO:
Es una pena que se haya destruido. Parecía un buen lugar para pasar un rato a
solas.
VIRGINIA:
¿Estás queriendo insinuar que yo soy la clase de chica que puedes traer al
medio del bosque para tener una escena de sexo?
FERNANDO:
No, no, no. Lo siento, lo siento. No quise ofenderte.
VIRGINIA:
Una pena, porque podría serlo.
Virginia
se vuelve a la carrera sin mirar si Fernando la sigue o no.
Entonces,
un ruido se escucha a espaldas de ella.
Virginia
se gira rápidamente y se encuentra con una escena difícil de comprender.
Álvaro
está allí, con el brazo extendido en dirección a Fernando, quien está levitando
a un metro sobre el suelo.
Virginia
todo el tiempo sostuvo una botella de agua, pero cuando se lleva las manos a la
boca, la botella de agua cayó al piso.
FABRICIO
Fabricio,
Celina, Irupé y Damien llegan hacia la cabaña. Se encuentran con la misma
escena que Virginia estaba protagonizando. No pueden llegar hacia ella porque
en medio, un Álvaro totalmente descolocado parece estar asfixiando a Fernando a
un metro sobre el suelo.
IRUPE:
¡Oh, por Dios! ¿Esto es real?
FABRICIO:
Tengo que reconocerlo. Una parte mía es consciente que Fernando es mi rival y
no tiene ninguna prisa por rescatarlo.
DAMIEN:
Si quieres deshacerte de tu rival, lo harás a la vieja usanza. Ambos sacarán
sus espadas y tendrán un combate a muerte.
CELINA:
(a Damien) Te refieres a sus penes, ¿verdad?
DAMIEN:
Por supuesto.
FABRICIO:
Eso no pasará. Rápido. Hagamos lo que nos dijo el hechicero.
Fabricio
saca un frasco con un polvo de color naranja. Irupé, Celina y Damien hacen un
hueco en sus manos y toman un poco del contenido.
IRUPE:
Si esto no llega a funcionar, los que vamos a estar levitando somos nosotros.
FABRICIO:
Tiene que funcionar.
Los
cuatro muchachos corren hacia Álvaro, quien percibe su presencia demasiado
tarde. Los chicos arrojan el polvo naranja alrededor del muchacho, formando un
círculo pequeño alrededor de sus pies.
CELINA:
(a Fabricio) ¿Te acuerdas del conjuro?
FABRICIO:
Lo recuerdo.
Fabricio
toma aire y luego se pone a recitar.
FABRICIO:
Detén todo el daño que causas con tu fuerza. Congela tu voluntad y tu cuerpo
con ella.
Automáticamente,
Álvaro se congela.
IRUPE:
No puedo creerlo, funcionó.
Fernando
cae al piso proclamando un grito de dolor.
Los
chicos miran al muchacho que hace un terrible esfuerzo por volver a respirar.
DAMIEN:
Creo que alguno de nosotros tendría que haber amortiguado su caída.
FABRICIO:
Se me cruzó la idea por la cabeza, pero ya saben, tenía que recitar.
Y
aunque nadie lo observa, Fabricio sonríe al ver el dolor de Fernando.
Virginia,
a la distancia, sale de su asombro y se acerca hacia ellos.
VIRGINIA:
¡¿Pero qué diablos acaba de pasar?!
IRUPE:
Podemos gritarnos después. Tenemos que irnos antes de que el hechizo que tiene
a Álvaro inmóvil se deshaga.
FABRICIO:
No debería romperse a menos que alguien quiebre el círculo.
IRUPE:
Prefiero no correr el riesgo.
CELINA:
Pero, ¿qué haremos con él? ¿Lo vamos a dejar jugando a la estatua viviente de
por vida?
DAMIEN:
Llamaremos a la policía cuando salgamos del bosque. De momento, estamos
desprotegidos si sucede lo que Irupé dijo.
GERMAN
Ya
es de noche cuando Germán, en su primer día como policía, en compañía de su
nuevo jefe, Pablo Catalani, llegan a la cabaña incendiada.
Álvaro
Soler es una estatua.
Germán
ya estaba al tanto de lo que pasó, por lo que no lo sorprende la imagen y lo
primero que percibe es el círculo alrededor del muchacho regordete y de rostro
furioso.
PABLO:
¿Es él de verdad?
Pablo
le toma el pulso poniendo los dedos en el cuello.
PABLO:
Es apenas perceptible, pero está vivo.
Pasa
su mano por delante de los ojos del muchacho. Ni pestañea ni da signos de
entender que hay alguien frente a él.
GERMAN:
Sé que es mi primer día y que mi explicación te suena absurda, pero tienes que
creerme. Si rompemos el círculo y el chico no está sedado, se va a volver a
escapar.
PABLO:
No puedo permitirme que vuelva a escapar.
GERMAN:
Entonces confía en mí.
Pablo
asiente, inseguro. Toma la jeringa que tiene en la mano e inyecta el líquido en
el cuello de Álvaro. Mira a Germán, como si los roles fueran inversos.
PABLO:
¿Y ahora?
GERMAN:
Ahora podemos romper el círculo.
Nuevamente,
el comisario asiente y, con el pie, rompe el redondel de tierra que hay sobre
el muchacho.
Álvaro
cae inconsciente, automáticamente, en el momento de su liberación.
VIRGINIA
Virginia
abre la puerta de su casa.
Del
otro lado está Zack, quien cortés y sonriente, ingresa.
ZACK:
Debo reconocer que estoy sorprendido que me haya convocado.
VIRGINIA:
¿Sorprendido? Fui atacada por una especie de demonio que casi mata a mi
compañero. Y según escuché algunos rumores de por aquí, tú tuviste algo que ver
con todo esto.
Zack
ingresa en el living donde se encuentran Irupé, Celina, Damien, Fabricio y
Fernando. Virginia, esta vez, no se priva del gusto de tomar una copa de vino.
Toma asiento al lado de Irupé, en el sofá, pero en ningún momento invita al
hechicero a tomar asiento. Da la impresión de que es un profesor a punto de
hacer una cátedra.
ZACK:
Podría decirse que sí, tuve alguna especie de relación con esto. Pero no puedo
hacerme responsable de los instintos básicos de Álvaro. No obstante, al ver que
todos están con vida, deduzco que el conjuro funcionó y que lo pudieron
controlar.
IRUPE:
Y esperamos que la policía tenga herramientas mejores que un conjuro para
contenerlo.
VIRGINIA:
De momento confiemos en que está contenido. Ahora, ¿por qué no hablamos de qué
diablos está sucediendo? ¿Quién eres tú? ¿Por qué están pasando estas cosas? ¿Y
por qué mis amigos repentinamente tienen la capacidad de hacer conjuros que
congelan a las personas?
ZACK:
Bueno, esas son muchas preguntas.
VIRGINIA:
Y quiero saber todas las respuestas.
Zack
sonríe. A Virginia le irrita la sonrisa bobalicona del sujeto, que no parece
preocuparse por la gravedad de los acontecimientos.
ZACK:
Hay muchos principios, así que voy a optar por el que me parece más didáctico.
Y para eso, voy a necesitar la ayuda de uno de ustedes.
FABRICIO:
¿Es uno de esos momentos en donde el profesor nos hace pasar al frente para
ponernos como ejemplo y que los demás compañeros se rían?
ZACK:
No. Me refiero a que uno de ustedes sabe bien lo que está pasando y me gustaría
que me ayudara a explicarlo.
Todos
los chicos, cargados de sorpresa, se miran entre sí.
Finalmente,
ante la mirada atónita de todos, Fernando se levanta del sillón y va hacia el
mismo sitio donde se encuentra Zack.
FERNANDO:
De acuerdo, chicos. Antes que nada, quiero decir que soy consciente que la
historia que les voy a contar va a sonar a una locura.
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