JOSEPH
Joseph
está intentando encontrar algunas palabras de consuelo para un Santiago
sumamente devastado después de que su mujer huyera de la iglesia.
JOSEPH:
Nunca fui bueno para esta clase de momentos, por lo que no tengo nada para
decir que pueda reconfortarte. Aunque dudo que hubiera algunas palabras
adecuadas para el momento que acabas de vivir.
SANTIAGO:
Tendría que haberme dado cuenta, Joseph. Ella no quería hacerlo. Tendría que
haber visto las señales desde antes.
JOSEPH:
También tendrías que haber visto que la idea de casarte fue una decisión
sumamente rebuscada que sacaste de la galera con tal de retenerla.
SANTIAGO:
Pensé que es lo que quería ella.
JOSEPH:
¿Y qué querías tú?
Santiago
intentando encontrar una respuesta pero no lo hace.
SANTIAGO:
Yo creo que quería estar con ella. Creía en eso. No lo sé ahora.
JOSEPH:
¿Qué vas a hacer?
SANTIAGO:
Lo primero será irme de la Residencia Forte. Después decidiré para dónde voy.
¿Puedo parar unos días en tu casa?
JOSEPH:
Claro que sí. Siempre que quieras.
SANTIAGO:
¿Sin que te hagas fantasías de que pasará algo conmigo solamente porque me
encuentro vulnerable?
JOSEPH:
¿Ahora que tu fantasía de un matrimonio feliz se rompió te tienes que meter con
las fantasías de los demás?
Justo
antes de que pudieran continuar el lanzamiento de misiles, la puerta de la
habitación se abre y Fabricio ingresa con cautela.
FABRICIO:
Disculpen. Más allá del duro momento que se está viviendo, les vengo a anunciar
que hay un hombre desequilibrado que huyó hacia el bosque y que probablemente
causó un incendio.
Joseph
mira a Fabricio y luego vuelve a mirar a Santiago.
JOSEPH:
Es Álvaro.
SANTIAGO:
¿Álvaro? No, Joseph. Álvaro puede ser medio malhumorado e intenso pero...
FABRICIO:
Sí, es el tal Álvaro.
Los
dos se ponen de pie automáticamente para salir de la iglesia.
JOSEPH:
(a Santiago) Deberías conocer mejor a las personas.
GRUPO
Tras
salir del bosque, la camioneta que conduce Hernán está frente a la comisaría.
En el interior se encuentran Virginia, Germán, Damien y una Celina vestida de
novia.
Hernán
mira a Virginia, que sigue en el asiento de acompañante.
HERNAN:
Estoy poniéndome nervioso. Quizá sea mejor bajar y presentarme.
VIRGINIA:
Mejor espera a que Irupé venga con las novedades.
GERMAN:
(a Hernán) ¿Y qué ha sido de tu vida en estos días que estuviste prófugo?
HERNAN:
Lo normal de un fugitivo. Gasté todo el dinero en efectivo que me dio Virginia
antes de irme y luego no tenía más. Así que estuve viviendo bajo un puente,
alimentándome de animales salvajes. Hubo unos días en donde me perdí en el
bosque y casi muero deshidratado.
VIRGINIA:
Finalmente te tomaste en serio la dieta. Bien por ti.
HERNAN:
Y tengo una sorpresa para ti en la guantera.
Virginia
abre la guantera y se encuentra con una botella del vino.
VIRGINIA:
Oh, qué tierno, no puedo creer que te acordaste de mí.
HERNAN:
Pasé varias semanas ahorrando, sacrificando varias comidas, para poder
comprártelo al volver a verte.
VIRGINIA:
Y fue una pésima decisión porque este vino no me gusta.
HERNAN:
¿Cómo que no te gusta?
VIRGINIA:
No. Pero te agradezco el gesto, Hernán.
Abre
la ventanilla del auto y tira la botella al piso. Se escucha el ruido del
vidrio rompiéndose.
Hernán
parece a punto de llorar cuando la puerta del auto se abre e ingresa Irupé.
IRUPE:
Bueno, tengo pésimas noticias y otras peores.
CELINA:
¿Qué puede ser peor que el hecho de que esté en este auto vestida de novia tras
dejar plantado en el altar a mi novio?
IRUPE:
Es verdad. Entonces no son tan malas. Acabo de ver a Edgar. Verlo detrás de
esas rejas me partió el corazón.
DAMIEN:
No me explico cómo puedes sentir compasión por él.
IRUPE:
Yo entiendo que se lo merezca, porque es un desgraciado que nos robó cada vez
que podía, pero ustedes no comprenden lo que es estar enamorada porque jamás
amaron a nadie.
Todos
le lanzan una mirada asesina. Incluso Hernán, que no entiende lo que sucede.
VIRGINIA:
¿Averiguaste algo realmente importante?
IRUPE:
Sí. Esta es la parte donde todo se complica. Ignacio Villas está en la misma
celda que su padre.
CELINA:
¡Oh, por Dios!
Todos
miran a Celina.
CELINA:
Perdón. Pensé que la noticia era dramática. Continúen.
GERMAN:
¿Está preso por el mismo motivo que Edgar?
IRUPE:
No. Y aquí es donde se pone divertido. Está preso porque delató a Álvaro como
el autor intelectual del ataque a Fernando Pérez.
HERNAN:
¡El hijo de puta hizo un trato! ¿Pueden creer que me haya traicionado de esta
manera?
VIRGINIA:
Tú pensabas traicionarlo si hubieras llegado antes.
HERNAN:
Claro, pero yo soy la víctima real de esta historia.
DAMIEN:
Creí que la víctima real era el chico que estuvo en coma.
GERMAN:
¿Se imaginan si en realidad Fernando sigue en coma y todos somos producto de su
imaginación?
CELINA:
Entonces su imaginación me odia.
HERNAN:
Esto lo cambia todo. Ahora no sé qué hacer.
DAMIEN:
Bien, mientras defines tu futuro, necesitamos ir a la casa de Franco Verdi. ¿Lo
recuerdan?
IRUPE:
¿El chico con el que creíste que iba a pasar algo y te rechazó?
DAMIEN:
Con decir "sí" era suficiente.
IRUPE:
Sí, lo recuerdo.
DAMIEN:
Bueno, me acaba de escribir pidiéndome ayuda porque cree que mató a su padre.
Se
produce un silencio abismal en el auto.
VIRGINIA:
Bien, vamos a su casa.
HERNAN:
¿Qué? Tenemos que resolver mi problema primero...
VIRGINIA:
Ya lo resolví varias veces, Hernán. Démosle una oportunidad al chico que
rechazó a Damien.
DAMIEN:
¿Podemos no llamarlo de esa manera? Es humillante.
VIRGINIA:
Llamaré a Fabricio para que se nos una en la casa de Franco.
GERMAN:
¿Crees que es conveniente involucrarlo?
VIRGINIA:
Por supuesto que es conveniente. Además, ya saben cuál es mi lema. Si muere
uno, morimos todos.
CELINA:
Me encanta.
IRUPE:
Esperen. ¿En qué momento decretamos que ésto tiene que ser así?
DAMIEN:
Yo no tengo problema en si se mueren ustedes pero yo no lo hago.
HERNAN:
(a Virginia) Imagino que ese lema significa que si yo muero, tú te mueres
también.
Virginia
sonríe a Hernán y luego vuelve a mirar hacia adelante.
VIRGINIA:
Realmente es una hermosa camioneta la que compraste.
FRANCO
Franco
recibe a Damien, Irupé, Germán, Virginia y una Celina vestida de novia en el
despacho de su padre. Todos miran de forma al hombre herido en el piso. Franco
está desbordado.
IRUPE:
¿Está...?
FRANCO:
Creo que todavía respira.
DAMIEN:
Entonces no perdamos el tiempo. Tenemos que llamar a una ambulancia.
FRANCO:
No sabía si llamar a una ambulancia o no. Porque el motivo por el que me atacó
está relacionado con Edgar Villas y los fondos que robó de los eventos de
beneficencia. Implicaría que podrían investigar a mi padre. Investigarían en
Canal. Y si descubren dinero allí, podríamos enfrentarnos a una oleada de
despidos masivos.
Damien
interrumpe su intención de llamar a la ambulancia.
VIRGINIA:
¿Cuál es la otra opción?
GERMAN:
No hay ninguna otra opción. Tienen que intentar salvarle la vida.
IRUPE:
Espera, Germán. Mi trabajo y el de Damien depende del hombre herido en el
salón.
CELINA:
¡¿Pero acaso sus trabajos importan más que la vida de una persona?!
Damien
e Irupé intercambian una mirada de desconcierto, pero no responden nada.
VIRGINIA:
Creo que no es un lugar para que Celina esté, después del día lleno de
emociones que tuvo.
CELINA:
¿Bromeas? ¡No puedes dejarme fuera de esto en el día de mi boda! Oh, por Dios.
Imaginen si me habría casado. En este momento me encontraría rumbo a una Luna
de Miel y me perdería de todo esto.
DAMIEN:
¿Eso significa que no pensabas brindarnos una fiesta?
GERMAN:
¿Por qué hablaron de fiesta? Ahora tengo hambre.
La
puerta de la casa se abre y Fabricio ingresa con inseguridad.
FABRICIO:
¿Están aquí? No sabía si esta es la dirección. Vi luz y entré.
Entonces,
ve al Sr. Verdi con la herida en la cabeza.
FABRICIO:
¡Oh, por Dios! ¿¡Ese hombre está muerto!?
VIRGINIA:
Todavía no lo decidimos.
FABRICIO:
¡¿Cómo que no lo deciden?! Tenemos que llamar una ambulancia ya.
VIRGINIA:
Tal vez Fabricio tiene razón. Lo mejor que podemos hacer es salvarle...
¡Celina, deja ese pisapapeles!
Todos
se giran a ver a Celina que estaba a punto de romperle el cráneo a Fabricio con
el mismo pisapapeles.
CELINA:
Lo siento. Es que como estaba decidiendo solo, pensé que tenía que golpearlo
para estar a la altura de la situación.
Fabricio
sale espantado del salón mientras comienza a hablar por teléfono.
Damien
se acerca a Franco, que sigue sumamente conmocionado.
DAMIEN:
Fue en defensa propia, ¿no? Te atacó y te defendiste. Ya encontraremos una
forma de solucionar lo de la empresa.
Franco
asiente y le da un abrazo.
VIRGINIA
En
el portal de la casa de Fernando, Virginia ha unido a Fernando y a Hernán.
La
situación entre los tres se percibe como completamente tensa. Fernando tiene el
poder de la situación, Virginia actúa como mediadora mientras que Hernán no
parece haberle afectado los días que pasó sin comer porque continúa gordo.
VIRGINIA:
Ignacio Villas, el hijo de Edgar, se ha entregado a la policía como uno de los
responsables de tu ataque. Ha denunciado a Álvaro Soler, quien en este momento
está siendo intensamente buscado porque al parecer es el responsable del
incendio en la cabaña.
FERNANDO:
Bastante inquieto es Álvaro, ¿no?
VIRGINIA:
Y Hernán apareció para dar la cara. Pero ya tienes a los dos sospechosos que
buscabas, por lo que venimos a preguntar si vas a armar un caso contra él o no.
Fernando
mira inquisitivamente a Hernán, quien agacha la mirada.
FERNANDO:
La cosa es así. No presentaré cargos en tu contra si te marchas de este pueblo.
HERNAN:
Pero volví para dejar de ser un fugitivo.
FERNANDO:
Y ya no lo serás. Pero si te vuelvo a ver por aquí, seguiré adelante con esto y
terminarás en prisión. Tú escoges. De cualquier modo, no te volveré a ver.
HERNAN:
No vamos a hacernos amigos, ¿eh?
Fernando
no sonríe e ingresa a su casa. Virginia y Hernán vuelven caminando hacia la
casa.
HERNAN:
Bien, ¿a dónde nos iremos?
VIRGINIA:
¿Nos iremos?
HERNAN:
Sí. Ya lo escuchaste. No puedo quedarme a vivir en Estrella Dorada. Tenemos que
irnos.
VIRGINIA:
No, Hernán. Tú tienes que irte. Yo tengo mi lugar aquí. Tengo amigos, tengo un
trabajo, tengo...
HERNAN:
Un nuevo amor, ¿no?
Hernán
mira hacia la casa de Fernando. Ella se queda inmóvil. Luego, niega con la
cabeza y se marcha.
CELINA
Celina
llega a su casa, desdichada y con el vestido de novia aún puesto. Se sorprende
al ver a Santiago armando sus maletas.
CELINA:
No vas a creer la noche que tuve.
Santiago
la lapida con la mirada.
CELINA:
Oh, cierto. Te dejé plantado. No pensé que vendrías ahora. Sólo vine a...
SANTIAGO:
Yo también vine a buscar mis cosas. No puedo seguir viviendo en esta casa.
Suena un poco absurdo, porque resultó que solamente yo estuve viviendo en ella
durante este tiempo.
Celina
guarda silencio.
CELINA:
Esperaré afuera mientras terminas de armar tus cosas.
SANTIAGO:
Gracias.
MOMENTO MUSICAL
Hernán
y Santiago, en sus respectivas viviendas, terminan de armar las maletas mientras
las muchachas los miran.
Por
otro lado, Franco y Damien se encuentran en la clínica.
FRANCO:
Tengo el corazón dado la vuelta.
Mis latidos van de fuera a adentro.
Siento que no puedo respirar.
VIRGINIA:
Siento que ya no me pesa el cuerpo.
Que hay una bandada en mi cabeza.
Siento que no puedo más.
CELINA:
Siento que esto va a sobrepasarme.
Que esta vez vas a matarme.
Por favor, termina ya, amor.
SANTIAGO:
Cuida de los gatos.
Cámbiales la arena.
Y dile a los vecinos
lo malo que yo era.
HERNAN:
Porque yo me voy a Sintra
buscando el tesoro.
Bajo las cornisas
me convierto en polvo.
DAMIEN:
Hay cierta belleza en tu tortura.
Hay ternura en este cuerpo a cuerpo.
La pasión del criminal.
SANTIAGO:
Todos son pruebas circunstanciales.
Nadie encontrará culpables.
Por favor, termina ya, amor.
HERNAN:
Cuida de los gatos.
Cámbiales la arena.
VIRGINIA:
Y dile a los vecinos
lo mala que yo era.
CELINA:
Y por eso estoy buscando
un lenguaje alternativo.
Que me permita explicarte
el amor como es debido, amor.
SANTIAGO:
Cuida de los gatos.
HERNAN:
Cuida de los gatos.
SANTIAGO:
Cámbiales la arena.
HERNAN:
Aunque no me quieras.
SANTIAGO:
Y dile a los vecinos.
HERNAN:
Y dile a todo el barrio.
SANTIAGO:
Lo malo que yo era.
HERNAN:
Lo malo que yo era.
SANTIAGO:
Porque yo me voy a Sintra.
HERNAN:
Yo me voy a Sintra.
SANTIAGO:
Buscando el tesoro.
HERNAN:
Buscando el tesoro.
SANTIAGO:
Bajo las cornisas.
HERNAN:
Bajo las cornisas.
SANTIAGO:
Me convierto en polvo.
HERNAN:
Me convierto en polvo.
SANTIAGO:
Amor.
HERNAN:
Amor.
AMBOS:
Cuida de nuestros gatos.
IRUPE
Lunes
por la mañana.
Damien
entra en el camarín de Lulú, donde Irupé la está peinando para el momento en
que tenga que salir al aire. Lulú alegremente está hablando sobre sus planes.
LULU:
Por supuesto que te verías bien de enana barbuda, Iru. A los nenes les
encantaría. Y serías la estrella del show. ¡Wiiii!
IRUPE:
Lulú, eso no va a pasar.
LULU:
Pero tienes talento de estrella.
IRUPE:
Puede ser, pero no me voy a dejar por eso.
LULU:
Todo acto artístico requiere ciertos sacrificios, Iru.
Damien
llama la atención de Irupé, quien deja a su jefa y se acerca.
DAMIEN:
Tenemos problemas.
IRUPE:
Sorpréndeme.
DAMIEN:
Es Franco.
IRUPE:
Desde que golpeó a su padre hasta casi matarlo que no deja de causarnos
problemas. ¿Qué hizo ahora?
DAMIEN:
Digamos que ascendió varios escalones desde el fin de semana hasta la fecha.
IRUPE:
No entiendo, ¿qué quieres decir? Damien, trabajo diez horas al día con Lulú. No
tengo habilitada mi capacidad para resolver enigmas.
DAMIEN:
Quiero decir que se presentó esta mañana a ocupar el puesto de su padre.
Irupé
finalmente entiende la gravedad del asunto y sale al pasillo. En el fondo, hay
un grupo de personas alrededor de un Franco vestido de traje, lejos del uniforme
de chico de limpieza.
El
chico pasa por al lado de ellos y le dedica una sonrisa.
FRANCO:
Buen día, amigos mío. Damien, ven a mi oficina en diez minutos.
DAMIEN:
De acuerdo. ¿Cuál es tu oficina? ¿O te refieres al armario de escobas?
Franco
lo mira seriamente antes de responder.
FRANCO:
La oficina que era de mi padre.
Se
marcha. Damien se vuelve hacia Irupé.
DAMIEN:
Siento que lo hemos ayudado a deshacerse de su padre y a tener el control del
Canal.
IRUPE:
Sí, estoy percibiendo que quizá hicimos las cosas mal.
DAMIEN
Damien
toma aire para entrar en el despacho recientemente otorgado a Franco Verdi.
Finalmente ingresa y descubre que en la reunión, Franco está teniendo una amena
charla con Pedro.
DAMIEN:
Oh, vaya...
FRANCO:
Damien, ven, toma asiento.
Damien,
quien parece un adolescente en el despacho del director, se sienta al lado de
Pedro. Pedro parece desconcertado de verlo allí.
DAMIEN:
Siempre me puso nervioso entrar a esta oficina. Pero esta situación hace que
todas mis visitas anteriores parezcan un cuento infantil.
FRANCO:
Y así será cuando sepan el motivo de esta reunión. Bien, como saben, estoy a
cargo ahora de este Canal y los he mandado a llamar porque fueron denunciados
por conducta inapropiada por el antiguo personal de limpieza.
PEDRO:
Ese eras tú.
FRANCO:
Exacto. Pero así lo hago parecer que hay más de una persona involucrada. Bien,
no necesito explicarles que este tipo de situaciones no pueden permitirse
dentro del área laboral.
DAMIEN:
Sé que estuvimos mal, pero si sirve de algo, fuimos lo suficientemente
cuidadosos como para que nuestro antiguo jefe no se enterara.
Ambos
lapidan a Damien con la mirada, quien se limita a sonreír.
PEDRO:
(a Franco) ¿Qué es lo que quieres?
FRANCO:
Podemos hacerlo de la forma fácil, presentando una renuncia y nadie se tiene
que enterar del tema.
DAMIEN:
¿Ambos?
FRANCO:
No. Sólo el que estaba en una situación de poder al momento del hecho.
PEDRO:
¿Y cuál es la forma difícil?
FRANCO:
La forma difícil sería llamar a Lulú y explicarle los motivos por el que te
pido que renuncies.
Damien
queda boquiabierto ante aquel juego. Pedro intenta permanecer inexpresivo.
Franco, contrario a toda la situación, sonríe.
PEDRO:
De acuerdo. Tendrás mi renuncia al final de la semana.
Sin
mirar a ninguno de los dos, Pedro se incorpora y sale de la oficina.
Damien,
intentando mantener la calma, se levanta lentamente y se dirige hacia la
puerta.
DAMIEN:
Lo que acabas de hacer es totalmente desagradable. Excitante, en cierto punto,
pero sumamente desagradable.
Y
girándose sobre sus talones, también sale de la oficina.
Al
salir, corre detrás de Pedro.
DAMIEN:
Pedro, espera.
Pedro
se vuelve hacia Damien con gesto decidido.
PEDRO:
Que gane si quiere ganar, Damien, no me importa. Si quiere que me vaya, me iré.
No tiene sentido que me siga encontrando contigo como si fuéramos amantes que
nos tenemos que esconder de algo.
DAMIEN:
Bueno, somos amantes que se tienen que esconder de algo. De tu mujer, por
ejemplo.
PEDRO:
Ya no más.
DAMIEN:
¿Ya no vamos a ser amantes? ¿Me estás dejando?
PEDRO:
No, te estoy diciendo que me quiero quedar contigo.
Damien
abre la boca, pero no puede decir nada más.
LA HORCA
A
finales de 2019, el alegre pueblo de Estrella Dorada no será lo que es ahora.
Sus
calles estarán devastadas, teñidas de un color naranja que dará la sensación de
estar en un desierto.
El
hombre negro que camina entre la desolación se llama Zackarías Impírcala. Es un
hombre de descendencia africana, conocido en otras ciudades como El Hechicero.
Su
rostro demuestra tanta desalación como las que hay en las calles. Su alma, tan
vacía como las ruinas de aquel pueblo.
Detiene
su marcha cuando está llegando a la plaza.
Hay
una horca improvisada con madera, que llega a la altura de unos casi tres
metros. De allí, penden volátiles siete cuerpos sin vida.
Zackarías
no los conoce en persona aún, pero sabe quiénes son.
Damien,
Irupé, Celina, Virginia, Germán, Fabricio, más una figura en penumbras que Zack
no alcanza a reconocer, se balancean con el viento, inertes con la soga al
cuello.
Zackarías
no es una hombre que llore, aunque nunca se haya destacado por ser rudo. Sin
embargo, ante esa imagen, es imposible evitar que se le inunden los ojos de
lágrimas.
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