viernes, 28 de diciembre de 2018

Chapter 54


VIRGINIA

Aburrida y sin saber si Celina vendrá alguna vez por ella, Virginia continúa sobre la rama, escondida de todos.
Está analizando su siguiente paso a seguir cuando escucha, por debajo, que hay una persona que camina por un pequeño claro cerca de ella.
Se quita las gafas.
La reconoce.
Una muchacha de cabellera negra y abundante, camina entre la maleza rumbo hacia el sur.
Es Margaret.
O Valeria.
O como se haga llamar en el campamento.
¿Qué hace a esa hora y por ese lado del bosque?
Decide seguirla.
Es su propia hermana pero no confía en ella.

CELINA

Celina está frente a frente, hablando con Lucas, el muchacho que acaba de conocer pero que tiene el Compendio que fueron a buscar.

CELINA: Lo cierto es que Santiago y yo no nos queríamos. Todos me hacen ver como la mala de la película a mí, porque fui la que se mudó de casa y lo abandonó en el altar, pero él tenía muchas cosas negativas. Aun así, después de que terminamos, recién pude contemplar la posibilidad de salir con otros hombres. Por un lado, Fabián me resultaba atractivo con su mal humor y su amargura. Y Germán también, por su estilo rústico y su personalidad prehistórica. Aunque ninguno de ellos dos se compara con el hombre de blanco. Ese muchacho que conocí en el futuro que luego resultó ser Alejandro. Dios, ¡lo amo tanto! Si tú hubieras visto cómo se moría de amor por mí...
LUCAS: Hem... Celina, ¿no?
CELINA: Sí.
LUCAS: No tengo idea de por qué me empezaste a contar tu vida afectiva cuando te pregunté si voy a morir mañana.
CELINA: Es que me pareció un buen cambio de tema. Hablar de tu muerte es triste.
LUCAS: Igual que tu vida afectiva.

Celina está a punto de romper a llorar cuando ve, por la ventana, a Fabián en el exterior.

CELINA: Oh, es mi amigo. Debo hablar con él.

Sale al exterior de la habitación y se encuentra con el muchacho, quien parece sumamente aliviado de verla.

FABIAN: Oh, allí estás. ¿Un día y ya estás en la habitación con un muchacho?
CELINA: No. Sólo bastaron unos minutos.

Fabián la mira boquiabierta.

CELINA: ¿Sucedió algo?
FABIAN: Germán. Desapareció.
CELINA: ¡¿Qué?!
FABIAN: ¿Dónde diablos estaban? ¿Estás con Virginia?
CELINA: No. La dejé abandonada en un árbol.
FABIAN: ¿Por qué?
CELINA: Quedó allí después de que, sin querer, liberamos a un peligroso fantasma.
FABIAN: Ah, claro. Eso lo explica todo.
CELINA: Tenemos que ir a buscarla ahora.

IRUPE

Irupé y Fernando se quedan paralizados ante el demonio que ingresa a la casa de Theo y hace explotar todas las luces del lugar.
Un grito alarmante los hace sobresaltar.
Son conscientes del peligro que corren pero el miedo les impide marcharse.

IRUPE: Oh, por Dios, ¿qué hacemos?
FERNANDO: Tú eres la de los poderes. ¡Haz algo!
IRUPE: Creo que podemos afirmar que ya he hecho suficiente.

Fernando la mira con incredulidad.

FERNANDO: ¡¿Eso es lo mejor que tienes para aportar?!
IRUPE: ¡Es más de lo que estás haciendo tú!
FERNANDO: ¡Yo no dejé entrar al demonio en la casa!
IRUPE: ¡Se hizo pasar por Jaime! ¡Un Jaime herido! ¡Y quisiste dejarlo fuera! Le diré a mi marido tu actitud para que recuerde no enviarte nada en el Día del Amigo.
FERNANDO: No será necesario porque no creo que sobrevivamos.

El demonio en cuestión intenta ingresar al cuarto donde se encuentra Theo. No puede.

IRUPE: No puede acceder al cuarto de Theo.
FERNANDO: Theo lo debe haber protegido con magia también.
IRUPE: Ese chico...

Le presta atención al demonio. Tiene, después de todo, el cuerpo de hombre joven, algo regordete, de mirada felina y rasgos atractivos.

FERNANDO: No es un chico, es un demonio.
IRUPE: Pero lo conocemos.
FERNANDO: ¿De dónde?
IRUPE: Estaba en la foto de Theo. Es uno de los cuatro que aparece en la foto de Theo.

VIRGINIA

Sigue a su hermana por un pequeño camino que hay entre la maleza.
Mantiene una distancia prudente, guiada más por el sonido de sus pasos que por la visión que existe en el bosque.
La noche impide ver mucho aunque la luna proyecta una buena iluminación nocturna.
Se detiene y, por instinto, se esconde detrás de un árbol.
Valeria se ha encontrado con alguien.
¿Con quién?
No puede verlo, pero nota que su hermana lo abraza.
Es un muchacho, de lo único que puede estar segura.
¿Acaso es Fernando?

VALERIA: Las cosas se han salido de control aquí. No podemos dar con Max. Los chicos intentaron seguirlo pero está en un quinta, protegido por un bosque de Arpías.

Escucha que el muchacho responde, pero habla en voz baja. No logra interpretar lo que dice.
Se pone nerviosa.
Quiere acercarse hacia ellos pero sabe que moverse de allí es peligroso.
Se fastidia, con la facilidad que se enoja ante la menor frustración.
Sea lo que fuere que le contestó el muchacho, logró alterar a su hermana.

VALERIA: ¡No puedo hacer eso! ¡Tiene que haber otro modo!
HOMBRE: Cálmate. Tienes que pensar en frío... Esto es por tu bien...
VALERIA: ¡Pero pondré en peligro la vida de todos! ¡Todos en este campamento morirán!

Virginia siente el escalofrío.
No sabe cuál es el plan pero entiende que su hermana está analizando la posibilidad de destruir el lugar.
¿Acaso fue ella quien ocasionó la tragedia?

HOMBRE: ¡Es el único modo, Margaret! De otro modo, vas a morir tú.

Virginia siente un nudo en el estómago y unos intensos deseos de vomitar.

CELINA

Celina y Fabián llegan corriendo hacia el árbol donde había quedado Virginia, pero ella ya no está allí.

CELINA: ¡No está! ¡También la perdimos!
FABIAN: Cálmate, Celina.
CELINA: ¡No lo entiendes! Perdimos a Germán y ahora perdimos a Virginia. ¡Todo nuestro grupo se ha dividido! ¡Esta es mi peor pesadilla!
FABIAN: Celina, debe estar por ahí...
CELINA: O tal vez el fantasma que liberamos volvió y se la llevó. ¿Ahora cómo vamos a saberlo? ¡Esto es lo peor que nos pudo haber pasado, Fabián!

Fabián intenta contener aquel drama inadecuado.
Ella se echa a llorar en sus brazos.

FABIAN: Celina... No debería decirte esto, debido a que es el momento más inoportuno, pero en vista de la situación, no sé cuánto tiempo tendremos.
CELINA: ¿A qué te refieres? Tú también me vas a abandonar, ¿verdad?
FABIAN: No. Sólo quería decirte que... Siento algo por ti.

Ella deja de llorar automáticamente.
Se queda boquiabierta.

CELINA: Vaya. Eso no me la vi venir.
FABIAN: Eres el motivo por el que vine a este viaje. Nunca pensé que realmente pondría en peligro mi vida.
CELINA: Fabián...
FABIAN: Lo sé. Sé que en una situación como esta, no hay lugar para tener sentimientos, pero como bien has dicho, todos se han perdido y no sé qué puede pasar el día de mañana, pero...
CELINA: Yo amo a Alejandro.
FABIAN: ¿Qué?
CELINA: Oh, por Dios, no puedo creer lo que dije. ¿Me escuchaste?
FABIAN: Sí, te escuché.
CELINA: Yo amo a Alejandro.
FABIAN: Y lo sigues diciendo.
CELINA: ¡Es genial! No lo sabía hasta que tú me lo dijiste.
FABIAN: Qué bueno.
CELINA: Oh, gracias, Fabián. Me ayudaste a que pueda poner mis pensamientos en orden.

Ella, totalmente desconsiderada con las emociones del muchacho, le da un fraternal abrazo y se marcha sonriendo.

MOMENTO MUSICAL

Y mientras Celina va feliz por el campamento nocturno, imagina a Alejandro y a Fabián peleando por su amor.



CELINA:
No te acerques todavía.
Tengo frío y despedida.
Y ese miedo que tu abrazo
se me pierda al otro día.
Si te acercas muy despacio
tal vez pueda acariciarte.
Te esperaba para amarte
y sabía que vendrías.

FABIAN:
No te caigas de mi cielo, pajarito.
ALEJANDRO:
Suavemente descubrime de a poquito.
FABIAN:
Tengo miedo, con tus alas todos vuelan.
ALEJANDRO:
Cenicienta, de mi cuento eres la estrella.
FABIAN:
Ya no hay modo de perderme, eres el duende.
ALEJANDRO:
Dulcemente enseñame a recorrerte.
FABIAN:
Ya no hay modo de olvidarte.
ALEJANDRO:
Pajarito.
Sin tus ojos ya no hay cielo.
FABIAN:
Pajarito.

CELINA:
Aprendeme de memoria
y así cuando no haya luz
yo me quedaré en tu historia
y en la mía estarás tú.
No lastimes lo que buscas.
Todo está por descubrir.
Es tan bello lo que tengo
guardado para vivir.

FABIAN:
No te caigas de mi cielo, pajarito.
ALEJANDRO:
Suavemente descubrime de a poquito.
FABIAN:
Tengo miedo, con tus alas todos vuelan.
ALEJANDRO:
Cenicienta, de mi cuento eres la estrella.
FABIAN:
Ya no hay modo de perderme, eres el duende.
ALEJANDRO:
Dulcemente enseñame a recorrerte.
FABIAN:
Ya no hay modo de olvidarte.
ALEJANDRO:
Pajarito.
Sin tus ojos ya no hay cielo.
FABIAN:
Pajarito.

FABIAN y ALEJANDRO:
Sin tus ojos ya no hay cielo, pajarito.

DAMIEN

Todavía sin ropa, Damien busca un cigarrillo en su pantalón. Le ofrece uno a Nathan, que simplemente lo rechaza.

NATHAN: Antes fumaba, ahora no.
DAMIEN: Creo que lo hicimos amerita que vuelvas al vicio.

El rostro de Nathan se torna extraño, al menos ante la percepción de Damien.

NATHAN: Fue un momento excitante.
DAMIEN: ¿Sucede algo?
NATHAN: No.

Ante la ausencia de otra respuesta, Damien se encoge en hombros y comienza a vestirse.

DAMIEN: ¿Sueles traer a tus conquistas aquí? Pareces conocer bien el terreno.
NATHAN: Por lo general, los chicos que conozco paran en hoteles. Supe venir en varias oportunidades, aunque este lugar era un poco diferente. Este lugar es muy especial para mí.

Nathan camina distraídamente por el baldío, sin ánimos de ponerse ropa.

DAMIEN: ¿Por eso adquiriste ese toque nostálgico y lúgubre?
NATHAN: Puede ser. Cuando hace un par de años, supe venir con un chico que conocí en un...

Nathan pega un grito.
De repente, se esfuma de la tierra y cae en lo que parece ser un pozo. De fondo, parece que tres mujeres están cantando "eres piel morena, canto de pasión y arena".
Damien no sabe qué hacer al respecto y se acerca hacia Nathan. Pero alguien más aparece allí.
Es el barman que acabó de conocer unas horas atrás.

BARMAN: ¡No te acerques a él! ¡Es una trampa!

Damien se gira para verlo.
En cuestión de segundos, analiza lo que le dijo.
Quiere volverse hacia el barman. Sabe, de alguna forma que aún no puede comprender, que tiene razón.
Pero es tarde.
Alguien tira de Damien hacia el mismo hueco por el que Nathan se perdió.
Y cae.
Y cae.
Y cae.

IRUPE

Irupé y Fernando intentan acercarse al demonio que intenta ingresar en la sala donde medita Theo.

IRUPE: Cóndor nos dijo que sólo él y Theo eran los únicos dos sobrevivientes de los cuatro que aparecen en la foto.
FERNANDO: Olvidó mencionar que uno de los dos muertos se había convertido en el demonio que atormentaba todas las noches.
IRUPE: Una decisión sumamente conveniente, si me preguntas.

Solamente guiados por la luz que entra del exterior, los dos muchachos se ponen firmes delante del demonio.

IRUPE: Oye, tú...
DEMONIO: Abran esta puerta.
IRUPE: Verás, es un poco imposible. Theo está en medio de sus viajes astrales o lo que fuera que sea que haga ahí dentro y tenemos la orden específica de no interrumpirlo.
FERNANDO: También teníamos la orden específica de no abrir la puerta de la casa después de medianoche, pero esta vez queremos hacerle caso.

Irupé lo mira con furia.

IRUPE: ¿En serio, Fernando? ¿Este es el momento en donde decides tener humor?

El demonio está iracundo, pero no insiste en volver a ingresar en la sala donde está Theo.
Desconcierta a Irupé el hecho de que haya podido entender lo que dijeron.

DEMONIO: De acuerdo, siendo así...

A una velocidad increíble, el muchacho regordete se posiciona detrás de Fernando, sujetándolo con una mano del cuello, como si lo estuviera usando de escudo humano.
Irupé se sobresalta, aunque en cierto nivel no le importa demasiado Fernando.

DEMONIO: Dile a Theo que haremos un intercambio justo.
IRUPE: ¿Ah, sí?
DEMONIO: La vida de este chico por la suya.
IRUPE: Oh, Dios.

Y ante los ojos sorprendidos de Irupé, el demonio desaparece de la casa.
También desaparece Fernando.
Irupé está a punto de romper a llorar.

IRUPE: Dios... Tendré que limpiar sola este desastre.

VIRGINIA

Desesperada, Virginia tiene que hacer algo, aunque no sepa qué y aunque suene al peor plan de la historia.
Su hermana, a unos metros de distancia, da por finalizada la conversación con aquel sujeto que Virginia no logró identificar.
Margaret se está volviendo, por el mismo camino que emprendió.
Tras unos segundos, la tendrá enfrente.
Sabe que no puede cambiar el pasado. Sabe que lo que sucedió, así pasó, pero de todos modos, puede entender.
Lo mejor será, después de todo, confrontarla.
Cuando Margaret está pasando frente a ella, ignorando que está escondida tras un árbol, Virginia sale al claro.

VIRGINIA: ¡Espera!

Margaret se gira.
Lo primero que hay en los ojos de la muchacha es incomprensión y pánico.
Luego, el susto va dando paso a otra expresión extraña.
Su rostro se torna cargado de fastidio.

MARGARET: ¿Qué?
VIRGINIA: Tenemos que hablar. Sé que es difícil de entender qué hago aquí, pero necesito entender. ¿Por qué vas a arriesgar la vida de todo tu campamento?
MARGARET: No voy a caer en este truco. ¿Por qué no me dices quién eres?

Virginia tiene ganas de golpearla.
¿Acaso no es obvio?

VIRGINIA: ¿De qué estás hablando? Está bien que no nos vemos hace muchos años pero creo que es evidente que puedes reconocerme.
MARGARET: ¿Ah, sí?
VIRGINIA: Soy tu hermana, Margaret.

Margaret se ríe, casi con frialdad.

MARGARET: No tengo una hermana. Así que, como te dije, no voy a caer en este truco.
VIRGINIA: Claro que tienes una.
MARGARET: Claro que no la tengo. ¿Así que por qué no me dices de qué va esto? ¿Eres un demonio? ¿Un hechizo? ¿Un clon? ¿Qué es lo que eres?

Virginia siente un escalofrío.
Y unas repentinas ganas de echarse a llorar.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Chapter 53


CELINA

Celina está con los pelos de punta desde que se enteró que liberó a un fantasma.
Intenta, por todos los medios, evitar que el muchacho frente a ella alce su mirada y descubra a Virginia, trepada en la rama del árbol, que intenta permanecer inadvertida.

LUCAS: Nathan es un fantasma peligroso. Lo habíamos encerrado en un círculo. Ha conseguido escapar.
CELINA: Bueno, discúlpame. No sabíamos que...
LUCAS: ¿Sabíamos?

Automáticamente el chico comienza a mirar hacia todos lados.

CELINA: No sabía, no sabía. Vi a un muchacho con una soga al cuello y decidí ayudarlo. No pensé que sería un fantasma. Tendrían que haber puesto un cartel cerca del árbol.
LUCAS: Lo sé. Les advertí a los chicos que era una idea precaria. Sabía que existía la posibilidad de que alguien lo libere. Sólo que esperaba poder averiguar más sobre él antes de que desapareciera.
CELINA: ¿Por eso estás aquí? ¿Con ese libro?

El chico mira su libro y luego mira a Celina.

LUCAS: Sí, así es. Venía todas las noches a hablar con Nathan. Quería saber sobre su vida o cómo fue que se convirtió en fantasma. Ahora no importa. Dudo que siga por el campamento cuando ya todos sabemos de lo que es capaz.
CELINA: ¿Ese libro es tu Compendio de monstruos?

Lucas aferra el libro a su cuerpo, como si tuviera miedo que Celina se lo quitara.

LUCAS: Sí... ¿Cómo sabes sobre él?

Celina deduce que tiene que responder algo.

CELINA: Bueno, no tiene sentido que te lo oculte. Es el motivo por el que estoy aquí es que vengo del futuro.

Cree escuchar un gemido de indignación proveniente desde las alturas, pero Celina decide pasarlo totalmente inadvertido.

LUCAS: ¿Disculpa?
CELINA: Dime que no vas a empezar a dudar cuando somos conscientes que cosas raras suceden en este campamento, ¿no?
LUCAS: No, no voy a dudar. Sólo que necesito que me expliques. ¿Por qué mi Compendio es tan importante?
CELINA: No puedo responderte a eso, porque no estoy segura. Pero, ¿por qué no vamos a un lugar más habitado para que podamos hablar al respecto? Nunca se sabe qué monstruo puede caer desde una rama y arrancarme los pelos por lo que te estoy diciendo.

El muchacho asiente y ambos comienzan a marchar hacia el campamento.
Celina cree escuchar una maldición, pero continúa caminando inmune.

DAMIEN

La noche continuaba transcurriendo en el bar. Damien ve su reloj que marcan las 2 de la mañana. Todavía le falta una hora antes de que pueda regresar sano y salvo a la mansión de Theo.

NATHAN: ¿Estás parando en un hotel?
DAMIEN: No. En la casa de un conocido.
NATHAN: ¿Y tienes vía libre?

Damien sonríe por la insinuación.

DAMIEN: Si me estás preguntando si tengo acceso libre para que podamos tener sexo allí, sólo puedo ir después de las 3 de la mañana. ¿Tú tienes lugar?

Nathan niega con la cabeza.

NATHAN: No. En mi casa es imposible.
DAMIEN: Bueno, supongo que siempre hay callejones oscuros en un pueblo tan poco transitado.
NATHAN: ¿Eres un chico de callejones?
DAMIEN: ¿No lo eres tú?
NATHAN: Soy un chico hasta de cementerios.
DAMIEN: No es necesario que lleguemos a eso.
NATHAN: Supongo que no. Hay muy buenos lugares por aquí cerca.
DAMIEN: Tú eres de aquí. Muéstramelos.

Nathan sonríe una vez más y encamina la retirada del bar.
Damien sonríe al barman antes de marcharse, dándole a entender que había sido cazado.


IRUPE

Irupé está terminando de cenar con Fernando.
Vuelve a consultar el reloj de su inútil celular.

IRUPE: ¿Debería preocuparme que no tenga noticias de Jaime a dos días de que se marchó?
FERNANDO: Quizás deberías. Pero sola en tu cuarto.

Irupé le lanza una mirada de odio.

IRUPE: Aun así, ¿debo sentirme una horrible persona porque en este momento me preocupe más Edgar que Jaime?
FERNANDO: Totalmente. Deberías sentirte mal. Pero repito, sola en tu cuarto.
IRUPE: Es que todo se volvió tan raro entre Edgar y yo. Primero, sé que él me ama con locura, pero yo no voy a dejar a Jaime por él. Y lo que hizo con aquel hechizo para que me quede a su lado, fue casi romántico pero sumamente perturbador. Ni siquiera pudimos hablar sobre el tema porque después su hijo le arrancó el brazo de un mordisco.
FERNANDO: ¿Realmente no me escuchaste cuando te pedí que dejes estos lamentos para tus momentos de soledad?
IRUPE: Lo hice, pero preferí ignorarte. Y además, pensé que tú mejor que nadie me podría entender el momento de nostalgia.
FERNANDO: ¿Por qué yo?
IRUPE: Porque estás aquí buscando a una muchacha con la que no te has visto por tres años y la sigues buscando.

Fernando se queda callado ante ese comentario.
Irupé es consciente de que tocó un tema sensible, pero no se arrepiente de ello.

FERNANDO: ¿Habrá algo de alcohol en esta casa?

MOMENTO MUSICAL

Fernando e Irupé, junto con la ayuda del alcohol y la aparición de sus amigos y amores, hablan sobre sus penas del pasado.



FERNANDO:
El último día que fuimos
volvimos, me acuerdo bien
sin tomarnos de la mano.
Sin buscarle los perpuntes a las bromas.
Reprochándonos hasta lo que no fue.
VIRGINIA:
Y el amor no tuvo mucho
más que hacer, me acuerdo bien
de las lágrimas de fuego que lloré.
FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.

IRUPE:
El último día que fuimos
volvimos, me acuerdo bien,
en asientos separados.
Con los ojos empeñados en no verse.
Con el frío anclado junto a nuestros pies.
EDGAR:
Y el amor no tuvo mucho
más que hacer, me acuerdo bien
de las lágrimas de fuego que lloré.
IRUPE:
Y ahora lo veo distinto.

FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.
Diferente, raro, extraño,
darlo todo por perdido.
Separarse y no volver a verse en años.
IRUPE:
Ni que fuera un instinto
diferente, raro, extraño,
tonto y tantas veces cínico.
Que parece que es jugar a hacerse daño.

VIRGINIA:
El último día que fuimos
amigos, pero al revés,
comprobamos cómo no puede valer.
JAIME:
Con la antorcha de un traidor
pa' incendiar Troya,
porque Troya decidió
que no iba a arder.
FERNANDO:
Y el rumor no tuvo mucho
más que hacer, me acuerdo bien.
IRUPE:
Y aprendí que hay cosas
que es mejor perder.
Y ahora lo veo distinto.

FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.
Diferente, raro, extraño,
darlo todo por perdido.
Separarse y no volver a verse en años.
IRUPE:
Ni que fuera un instinto
diferente, raro, extraño,
tonto y tantas veces cínico.
Que parece que es jugar a hacerse daño.

VIRGINIA:
Y si le quitan los males
que van a fondo perdido,
que aun sabiendo lo que sabes
no hay que saber quién ha sido.
FERNANDO:
Tanto buscarte en los bares,
me estoy quedando dormido.

VIRGINIA:
Y ahora lo veo distinto.
FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.
Diferente, darlo todo por perdido.
Separarse y no volver a verse en años.
JAIME:
Ni que fuera un instinto
diferente, raro, extraño,
tonto y tantas veces cínico.
Que parece que es jugar a hacerse daño.
IRUPE:
Y ahora lo veo.
FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.
Diferente, que di todo por perdido.
Te marchaste y yo
no he vuelto a verte en años.
IRUPE:
Ni que fuera un instinto
diferente, raro, extraño,
tonto y tantas veces cínico.
Que parece que es jugar a hacerse daño.

DAMIEN

Damien lo besa y aunque Nathan sea medio torpe, se enciende de igual manera.
Le quita la remera con la brutalidad de los amantes salvajes y sin control. Los vellos del pecho de Nathan son tan rubios y abundantes como su cabellera.
Nathan sonríe, divertido, y lo vuelve a pasar.
Las manos de Damien van desde el abdomen del muchacho directamente hacia su entrepierna.
Están en un baldío, alejados de la iluminación de la calle, protegidos por tres murales altos de las casas aledañas. No hay posibilidad de que se los vean. Tampoco muchas chances de que se los escuchen.
La ropa comienza desprenderse de sus cuerpos, que ferozmente comienzan a entrelazarse.

CELINA

Celina y Lucas están en el cuarto del muchacho.
Él extiende el libro en medio de ellos, pero ella no lo toma.
Está claro que no confía en la chica que dice venir del futuro.

CELINA: Es un poco confuso, porque yo vengo del futuro pero a la vez estuve en un futuro que es más futuro que mi presente. Allí pude ver que la Reina de los Ángeles Azules ha destrozado la ciudad de donde vengo, Estrella Dorada. Para evitarlo, un hechicero nos ha enviado a buscar tu libro, porque a la vez, existen siete personas que pueden evitarlo, pero no tenemos idea de quién es el séptimo. ¿Me estás siguiendo?
LUCAS: No, en realidad no.
CELINA: Bueno, como te dije, es un poco confuso de explicar. Tendrías que vivirlo para entenderlo.
LUCAS: Pero si en este momento accedes a mi libro, ¿puedes llevártelo?
CELINA: Oh, no. No vinimos a buscar tu libro. No podemos llevarlo a nuestro tiempo. Pero estos son los últimos días del libro en Bahía Ausente porque alguien más se lo llevó. Y ahora que estamos aquí, nuestro objetivo es descubrir quién fue.
LUCAS: ¿Nuestro? Entonces sí hay más personas contigo.
CELINA: Sí, somos cuatro. Éramos más, pero no sé por qué todavía no aparecen por aquí.

El muchacho se recuesta contra el respaldo de la cama. Todavía está indeciso sobre si aceptar la absurda historia que le es propuesta.

LUCAS: Me dices que alguien se quiere quedar con mi Compendio.
CELINA: Sí, es lo que nos dijeron. ¿Qué es lo que tiene?
LUCAS: Tiene un gran catálogo de diversos monstruos, demonios y fantasmas. Todos han sido escritos por mí. Y también tiene conjuros para detener a todos esos seres sobrenaturales. Tal vez por eso alguien lo quiere.
CELINA: Ante lo que acabas de describir, puede haber muchas razones por las que alguien lo quiera.
LUCAS: Entonces, ¿qué es lo que va a suceder mañana?
CELINA: ¿Por qué lo dices?
LUCAS: Porque nunca me desprendo de este libro, así que para que alguien me lo robe, tendría que sucederme algo. Así que dime, ¿mañana voy a morir?

Celina no sabe qué responder ante su pregunta.

IRUPE

Irupé y Fernando continúan charlando en el comedor de la casa de Theo.

FERNANDO: A veces creo que tomé una mala decisión. Hace tres años que Margaret se marchó y yo, como tonto, la sigo buscando por todos lados.
IRUPE: Y sin contar que en medio de todo esto, tuviste algo con su hermana.
FERNANDO: Lo cual arruiné de una forma totalmente estúpida. ¿Por qué hice eso? Virginia era diferente. Podría haber intentado algo serio con ella. ¿Crees que podría perdonarme?
IRUPE: Virginia no se caracteriza por tomar decisiones inteligentes últimamente, así que no veo por qué no te aceptaría de nuevo.
FERNANDO: Eso habla muy mal de mí.
IRUPE: También habla peor de ella. No obstante, tal vez si dejas pasar...

No puede terminar la oración.
Del otro lado de la ventana, Irupé ve a Jaime.

IRUPE: ¡Oh, por Dios! ¡Es Jaime!

Se asoma a la ventana y ve a su marido, herido, en el patio de la casa.

IRUPE: ¡Jaime! ¡Está lastimado!

Desesperada, Irupé va hacia la puerta de la casa.

FERNANDO: ¡Espera, Irupé! ¡Ya es medianoche!
IRUPE: ¿Y qué?
FERNANDO: ¡No es Jaime! ¡Es el demonio que intenta entrar!

Irupé se frena justo antes de girar el picaporte.
Mira a Fernando con verdadero temor y duda.
¿Acaso es Jaime realmente?

FABRICIO

Fabricio está angustiado.
Todavía al lado del auto que chocó contra un árbol, con la puerta trasera abierta, está sentado en el auto comiendo un paquete de galletitas.

FABRICIO: ¡Jaime!

Grita hacia la nada y vuelve a comer.

FABRICIO: No sé qué es peor. El haber chocado, el que mis amigos ni siquiera hayan hecho el esfuerzo por ubicarme, el haberme quedado sin batería en el teléfono, el que no haya tenido una comida decente en todo el día, el que mi novia me haya dejado antes de hacer este estúpido viaje o el que Jaime haya desaparecido y esté varado en medio de la nada. Dios, ¿por qué no tengo un poco de suerte alguna vez en la vida?

Luego de lamento, vuelve a seguir comiendo.
Entonces la ve.
Una mujer está fuera del automóvil.
Es una muchacha atractiva, relativamente joven, de piel pálida y cabellos enmarañados y marrones.
Está completamente desnuda.

FABRICIO: Genial. Y ahora tengo alucinaciones con mujeres desnuda. Lo único que me faltaba. Esto es un tumor cerebral.
MUJER: No es ningún tumor.
FABRICIO: Mi tumor me habla.
MUJER: Sal del maldito auto.
FABRICIO: Hasta mi tumor me tiene poca paciencia.

Fabricio, resignado a que la vida lo odia, sale al exterior del auto.

FABRICIO: ¿Y tú qué eres?
MUJER: Vengo a llevarte conmigo.

Fabricio abre los ojos cuando ve que ocho aguijones comienzan a salir de la espalda de la mujer desnuda.

FABRICIO: ¿Por qué todas las mujeres con las que me encuentro terminan resultado ser unos monstruos?

No puede decir mucho más.
Uno de los aguijones se le clava en el cuello, en su lado derecho.
Al instante, Fabricio vuelve a perder el conocimiento.

IRUPE

Irupé vuelve a mirar por la ventana.
Jaime está herido.
Tiene sangre por toda la cabeza y apenas puede caminar.
Parece más un zombie que una persona.

IRUPE: Es él... Tiene que ser él.
FERNANDO: No es casualidad que aparezca a esta hora. Está jugando contigo.
IRUPE: ¿Y qué propones? ¿Qué lo deje desangrándose en el patio por tres horas?

En eso, Jaime cae al piso, vencido.
Irupé exclama de angustia al verlo.
Se gira otra vez para ir en dirección a la puerta.

FERNANDO: ¡No lo hagas!
IRUPE: ¡Es Jaime! ¡Estoy segura!

Irupé abre la puerta de la casa, desesperada.
Al salir al exterior, Jaime ha desaparecido.
Todos los focos del interior de la casa de Theo explotan en ese instante.
Aterrorizada, Irupé mira a Fernando.

IRUPE: Bueno, creo que tenías razón.