lunes, 26 de noviembre de 2018

Chapter 33


IRUPÉ

Irupé se despierta al lado de Máximo, quien a su vez la reconoce. El muchacho se muestra confundido de verla allí.

MAXIMO: Anoche... Estoy confundido con lo que pasó anoche...
IRUPE: Y yo no creo poder explicártelo.
MAXIMO: Creí que eras una chica diferente. ¿Estabas maquillada de otra manera?
IRUPE: Lucía diferente. Eso te lo puedo asegurar. Dios, me quiero morir.

Máximo y ella permanecen en un silencio incómodo, mirándose frente a frente.

MAXIMO: ¿Sabías quién era yo?
IRUPE: Claro que lo sabía.
MAXIMO: ¿Y por qué lo hicimos? Pensé que me odiabas.
IRUPE: Yo también creí que lo hacía. Pero de repente tú estabas ahí, muy sensual, y yo estaba enojada con Jaime... Un momento. Tú eres el marido de mi hermana. ¿Qué haces siendo desnudista?
MAXIMO: ¿Sabes los gustos que tiene tu hermana? ¿Crees que con mi sueldo de ayudante en veterinaria puedo costear la vida que lleva?
IRUPE: ¿Y lo del sexo después de tus presentaciones?
MAXIMO: Una cosa viene unida a la otra.
IRUPE: ¿Y qué le dices a mi hermana para desaparecer toda la noche?
MAXIMO: Que tengo guardia en la estación de bomberos. ¿Qué le dices a tu marido?
IRUPE: Él no se da cuenta que no volví a casa.
MAXIMO: Afortunada.
IRUPE: No te das una idea.
MAXIMO: Bien... Igual, pese a todo, lo pasé bien contigo.
IRUPE: Yo temo reconocer que también. Esos movimientos de baile que hiciste anoche, también funcionaron a la hora del sexo.

Máximo sonríe por el comentario. Ella vuelve a mirarlo y se muerde el labio.

MAXIMO: ¿Crees que alguien ya se despertó?
IRUPE: Honestamente, no me importa.

Y entonces salta a los brazos del muchacho para volver a besarlo y tirarlo en la cama.

CELINA

Celina abre los ojos en su cama y se encuentra a Joseph durmiendo al lado. Fiel a su costumbre, apenas verlo, comienza a gritar como si acabaran de quebrarle una pierna.
Joseph se pone en alerta y se levanta de un tirón, terriblemente asustado.

CELINA: ¡¿Qué estás haciendo aquí?!
JOSEPH: ¡Estaba muy borracho anoche y me dijiste que me podía quedar a dormir contigo!
CELINA: ¡¿Y eso te da derecho a abusar de mí?!
JOSEPH: ¡Yo no abusé de ti! ¡Ni siquiera te toqué!
CELINA: ¡¿Y me lo dices de esta manera tan cruel?!

Totalmente desbordada en llanto, Celina corre hacia el baño.

VIRGINIA

Virginia está fuera de la casa de Fernando. Él abre y se sorprende al encontrarla allí.

FERNANDO: ¿Virginia? ¿Qué haces aquí? Pensé que me odiabas.
VIRGINIA: Bueno, eso también creí yo. Pero Irupé anoche me hizo comprender, por motivos que no vienen al caso, que no está mal que te hayas fijado antes en mi hermana y que ahora te fijaras en mí. Por eso mismo, me llevó a pensar que...

En ese momento, una de las prostitutas de la noche anterior sale del interior de la casa. Sale sin saludar a ninguno de los dos y se marcha, claramente con resaca todavía. Fernando queda inmóvil ante la situación.
Virginia intenta permanecer tranquila.

VIRGINIA: Bien, vamos a olvidar que vine.
FERNANDO: Oye, no puedes enojarte por esto. Anoche salimos con los chicos porque yo estaba muy mal por lo que sucedió.
VIRGINIA: Imagino que esa chica te habrá escuchado llorar por horas.
FERNANDO: ¿En serio me vas a dar un sermón? No es que tú estuviste muy santa.
VIRGINIA: ¡Claro que sí!
FERNANDO: Estoy viendo a un hombre salir de tu casa en este momento.

Virginia se gira para ver que Máximo, poniéndose la camisa, sale al exterior rumbo a su auto. Virginia se pone de todos colores.

VIRGINIA: Diablos.

Se marcha del portal de Fernando sin decir nada más y entonces se da cuenta, que en la casa de enfrente, se encuentra Fabricio sonriendo por lo que vio.

FABRICIO: Recibí tu invitación para desayunar.
VIRGINIA: Bien, vamos. Pero no quiero ningún comentario sobre lo que acabas de ver.
FABRICIO: ¿Segura? Porque tengo un par de comentarios ingeniosos.
VIRGINIA: Ahórratelos.

Y con toda la dignidad posible, Virginia sigue caminando hacia la casa de ella en compañía de Fabricio.

FABIAN

Fabián está malhumorado en su habitación cuando escucha que en la habitación de al lado, la de Alejandro, está en pleno movimiento, con gemidos de ambos sexos.
Furioso, golpea la pared.
Los ruidos se detienen y a los pocos segundos aparece Alejandro, envuelto en una toalla minúscula en la habitación.

ALEJANDRO: ¿Estás teniendo un ataque de epilepsia?
FABIAN: Hay una prostituta en la casa, Alejandro. Una chica que no se respeta a sí misma que trajiste del bar anoche y todavía sigue aquí. Ya es otro día.
ALEJANDRO: Anoche también era otro día en China, ¿cuál es el punto?
FABIAN: Que es otro día y me despierto. Y lo primero que tengo que recordar es que trajiste a una prostituta a nuestra casa.
ALEJANDRO: Ya se va a ir, Fabián. Diablos. No tienes sexo ni dejas que los demás lo tengan. ¿En qué momento te volviste tan católico?
FABIAN: Sólo termina de una maldita vez y haz que se vaya.
ALEJANDRO: Bien. Pero ahora tendré que demorar más porque esta charla contigo ha hecho que se me fueran las ganas.
FABIAN: Puedes echarla sin acabar.
ALEJANDRO: ¿Cuál es el objetivo de pagar una prostituta entonces?

Cerrando la puerta de la habitación de un portazo, Alejandro se marcha. Fabián resopla de bronca y se tira en su cama mirando el techo.

JOSEPH

Joseph y Celina van caminando hacia la casa de Virginia.

JOSEPH: ¿Tenemos que ir a desayunar tan temprano sólo porque Virginia nos ordenó?
CELINA: Así funcionan las cosas en este barrio.
JOSEPH: Oye... Antes de que estén todos presentes, me gustaría hablarte de Santiago.
CELINA: No me interesa hablar de Santiago a menos que me vayas a contar que fue violentamente asesinado o, en su defecto, que está luchando por su vida después de haber recibido tortura física durante días en manos de un secuestrador que encima lo violaba. ¿Me vas a contar algo de eso?
JOSEPH: Diablos, no.
CELINA: Entonces no me interesa saber sobre él.
JOSEPH: Pero es importante.
CELINA: ¿Me vas a contar que Santiago está triste y miserable, al menos?
JOSEPH: No, no es sobre eso.
CELINA: Entonces sigue sin importarme, Joseph.
JOSEPH: Pero...
CELINA: Joseph, querido, acabo de pasar mi noche de soltera durmiendo en la misma cama con un chico que ni siquiera me tocó. ¿Realmente estoy en condiciones psicológicas de escuchar sobre mi ex? La respuesta es no. No lo estoy y no quiero saberlo.

Joseph pone los ojos en blanco y renuncia a la batalla de intentar hablar con ella.

JOSEPH: No puedo quedarme a desayunar. Tengo que ir al trabajo. Hoy vamos a trasladar a Wilfredo a la comisaría.
CELINA: ¡Oh, Wilfredo! ¿Voy a poder ir a verlo?
JOSEPH: Claro. Te aviso que lo tendremos amordazado y medio dormido, por lo que probablemente se la pase babeándose.
CELINA: Babeándose lo conocí, por lo que así lo acepto.

DAMIEN

En el living de Damien, Pedro está de brazos cruzados, molesta, apoyado sobre la ventana. Damien le entrega un vaso de agua y enciende un cigarrillo luego.

PEDRO: Cuando ese cretino me dijo que no me iba a aceptar la renuncia, pensé en que recapacitó. Pero jamás mencionó que te dejaba sin empleo.
DAMIEN: Porque no es un tonto.
PEDRO: De todos modos, no te preocupes. El lunes me encargaré del asunto. Tú no vas a ser desvinculado del Canal.
DAMIEN: Oh, está bien. Anoche me puse a pensar en cuáles son mis posibilidades. Y me di cuenta, ahora que soy un desempleado, que tengo miles de alternativas a mi favor. Miles de cosas por hacer.
PEDRO: ¿Alguna que deje dinero?
DAMIEN: No llegué a meditarlo tanto.
PEDRO: Por eso mismo. Quédate tranquilo, que no vas a perder tu trabajo.
DAMIEN: Una de las alternativas que puedo usar para conseguir dinero es dedicarme a emparejar a las personas.

Damien extiende sus brazos como si acabara de decir alguna genialidad. Pedro lo mira con confusión.

PEDRO: ¿Qué?
DAMIEN: La gente soltera paga mucho dinero para que alguien haga el trabajo de buscarle pareja. Ese podría ser yo.
PEDRO: Damien, ¿de qué estás hablando? Tus últimos contactos con una relación estable fueron con un tipo casado con una mujer y otro que no sólo te rechazó sino que ahora te despidió.
DAMIEN: Si lo dices así, es una pésima publicidad. De acuerdo. Suponte que no soy bueno en conseguir una relación estable. ¿Acaso un médico tiene que saber de medicina para ser médico?
PEDRO: Claro que sí.
DAMIEN: Sí, también fue un mal ejemplo.

Pedro se acerca a Damien y lo toma de la cintura.

PEDRO: No vas a perder tu trabajo. Te lo aseguro. Puedes confiar en mí.

Damien hace una mueca extraña ante lo que acaba de escuchar.

PEDRO: Sí, también soy un mal ejemplo.

GERMAN

Germán está entrando al barrio con una bandeja repleta de cosas para comer y desayunar, cuando se topa con Joseph a la salida del barrio.

GERMAN: ¿Joseph? ¿Qué haces tan temprano?
JOSEPH: Me estoy yendo. Quiero darme un baño antes de que empiece nuestro turno.
GERMAN: ¿Pasaste la noche en el barrio? Con Damien, ¿no?
JOSEPH: No, con Celina.

Germán queda boquiabierto.

GERMAN: Llevo meses detrás de ella y una noche que me voy a un Club, tú la consigues.
JOSEPH: No es lo que estás pensando.
GERMAN: ¿Acaso dormiste en la misma cama con ella?
JOSEPH: Sí, pero Germán, yo soy gay. No pasó nada.
GERMAN: Pudiste haberlo hecho pensando en Damien. ¿Cómo notarías la diferencia?
JOSEPH: Estoy casi seguro que son anatomías diferentes.
GERMAN: Si hubiera sabido, me hubiera quedado a ver al desnudista.
JOSEPH: Sí, estuvo bueno.

Joseph le palmea el hombro y se marcha. Germán ingresa al barrio y va hacia la casa de Virginia.

MOMENTO MUSICAL

Con la resaca de la noche del viernes, los chicos se reúnen, más perdidos en sus pensamientos que intentando dialogar con el otro.
Virginia está sirviendo el desayuno para todos los presentes. Se encuentra Celina, una Irupé terriblemente avergonzada, un Fabricio que tiene un rostro cargado de picardía. En algún momento de la secuencia, ingresa Germán con las compras para desayunar.
Damien está, obviamente, teniendo sexo con Pedro.
Máximo, el desnudista y cuñado de Irupé, está manejando por la autopista.
Joseph está en su casa dándose una ducha.
Fernando está tocando la guitarra en su portal.
Fabián sigue enojado en su cuarto mientras que Alejandro despide a la chica que contrató para que le proporcione un rato de felicidad.
También aparecen Jaime, que está en su trabajo como repartidor y Edgar, que está haciendo cuenta en la casa administrativa del barrio.



VIRGINIA:
Quién más, quién menos,
tiró una vez la casa por la ventana.
JAIME:
Se tatuó en las sienes una diana.
ALEJANDRO:
Probó un veneno.
JOSEPH:
Quién más, quién menos
se ha tomado a sí mismo como rehén.
IRUPE:
Y tiene una consciencia todo terreno
del mal y el bien.

FABRICIO:
Pero yo fui más lejos.
FERNANDO:
Metí un palo en la rueda de la fortuna.
GERMAN:
Bajé al sótano en busca de un mal consejo.
CELINA:
Usé tus puñaladas como vacuna.
PEDRO:
Ni un paso atrás.
DAMIEN:
Mi espada de Damocles era afilada.
JOSEPH:
Cortaba en dos mitades la madrugada.
JAIME:
Un pie en el tango y otro en el ojalá.

FERNANDO:
Quién más, quién menos
pagó caras 500 noches baratas.
EDGAR:
Y cambió a la familia por dos mulatas
de culo obsceno.
JOSEPH:
Quién más, quién menos
se agarró a un clavo ardiendo por no caer.
FABIAN:
Acribillado a besos como un John Lennon
de Lavapiés.

DAMIEN:
Pero yo fui más lejos.
CELINA:
Le adiviné las cartas al adivino.
EDGAR:
Aposté contra mí
por no hacerme viejo.
FABIAN:
En la ruleta rusa
de los casinos.
ALEJANDRO:
Ni un paso atrás.
EDGAR:
La espada de Damocles era afilada.
DAMIEN:
Cortaba en dos mitades la madrugada.
VIRGINIA:
Un pie en la rumba
y otro en el nunca más.

JOSEPH:
Pero yo fui más lejos.
VIRGINIA:
Me dio por confundir
el cuándo y el dónde.
FERNANDO:
Me disfracé de sabio
frente al espejo.
PEDRO:
Busqué dentro del alma
lo que se esconde.
DAMIEN:
Ni un paso atrás.
ALEJANDRO:
La espada de Damocles era afilada.
IRUPE:
Cortaba en dos mitades la madrugada.
JAIME:
Un pie en el mambo
y otro en el más allá.

GRUPO

Damien ingresa al comedor de Virginia, donde ella, Irupé, Celina, Germán y Fabricio están desayunando, con el rostro visible de la resaca de la noche anterior.

DAMIEN: Tuve una revelación.
CELINA: ¿No volver a tomar tanto alcohol si no vas a aguantar el dolor de cabeza al día siguiente?
VIRGINIA: Ya vas a mejorar, Celina.
DAMIEN: No. Creo que ahora que estoy sin empleo, puedo dedicarme a prestar servicios como unión de pareja. ¿Qué les parece?

Todos lo miran con seriedad por unos segundos y luego vuelven a beber de sus copas.

FABRICIO: Pero Damien, ni siquiera encuentras una persona indicada para ti. ¿Con qué cara vas a encontrar a alguien para los demás?
DAMIEN: Es relativo. ¿Quién de ustedes puede jactarse de tener sexo hace un momento?

Virginia, Fabricio, Celina y Germán lo miran boquiabierto y luego agachan la cabeza con tristeza.

CELINA: Maldito Damien.
VIRGINIA: Tal vez no sea un mal trabajo después de todo.
IRUPE: Yo tuve sexo hace un rato.

Todos se giran a mirar boquiabiertos, esta vez, a Irupé.

FABRICIO: ¿En qué momento lo hiciste? Yo estuve en tu casa hasta altas horas de la madrugada y nunca volviste.
IRUPE: Es que no fue con Jaime, querido.
FABRICIO: Oh, Dios, ¿fue con Celina o Virginia?
IRUPE: Ya quisieran ellas.
CELINA: (a Fabricio) Sí, ya quisiéramos. Fue con el bailarín.
FABRICIO: Primero Edgar y ahora un desnudista. ¿Es que no tienes límites?
VIRGINIA: No si contamos que el desnudista es el marido de su hermana.
DAMIEN: Al menos esta vez queda en familia.
GERMAN: Las mejores historias de sexo son así.

Todos miran horrorizados a Germán pero luego deciden pasar por alto su comentario.

VIRGINIA: Por cierto, el desnudista saliendo de mi casa a plena mañana hizo que perdiera mi guerra interna y emocional con Fernando. ¡Y yo ni siquiera tuve sexo! Pero no podía reconocerlo porque tendría que admitir que mi amiga engaña a su marido con, literalmente, el primero que se le desvista.
IRUPE: Entiendo tu pena, Virginia, pero lo bueno es que aprendas que no todo en la vida se trata de ganar o perder.

MÁXIMO

El desnudista llega a su casa, en donde su mujer y hermana de Irupé, Jacinta, lo espera mientras prepara el desayuno.

JACINTA: Mi amor, ¿qué tal te fue en tu guardia?
MAXIMO: No me puedo quejar. Mucho más interesante de lo que pensé que resultaría.
JACINTA: Ven, te preparé algo para que desayunes. Te lo mereces después de velar por la seguridad de todos los pueblerinos.

Máximo se sienta en la mesa, todavía medio dormido, y bebé de su taza. Jacinta va hacia él y comienza a masajearle los hombros.

JACINTA: Yo también tuve una noche interesante.
MAXIMO: ¿Ah, sí?
JACINTA: Tuve una visita muy extraña de una mujer muy hermosa.
MAXIMO: Si esto termina en una situación lésbica, me volveré loco.
JACINTA: No, no hay lesbianismo en mi historia.

Máximo parece desilusionado, así que sigue bebiendo.

JACINTA: Pero la muchacha me ha hablado de cosas interesantes. Teorías, más que nada, sobre la creación del mundo y el inicio de los tiempos.
MAXIMO: ¿Te vas a unir a una nueva religión?
JACINTA: Oh, no, para nada. No soy mi madre. Pero esta mujer me abrió los ojos al respecto de muchas cosas sobre cómo funciona la mecánica del amor.

Máximo comienza a toser, dejando la taza en la mesa. Notoriamente, se empieza a sentir mal.

MAXIMO: No me siento bien.
JACINTA: Y no deberías.

Máximo mira a Jacinta con terror. Luego mira su taza, intentando comprender qué le dio de beber. Pero no puede pensar mucho más porque se desmaya en ese momento.
Jacinta, sonriendo, lo deja tirado en el piso y va hacia su celular. Busca entre sus contactos y opta la opción de mandar un audio de Whatsapp.

JACINTA: Irupé, buen día. Estaba pensando que esta noche deberíamos cenar juntas. Máximo tendrá guardia y me gustaría que tengamos una reunión de hermanas.

Jacinta sonríe al terminar su oración.
Sus ojos están completamente en blanco.


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