IRUPÉ
Irupé
se despierta al lado de Máximo, quien a su vez la reconoce. El muchacho se
muestra confundido de verla allí.
MAXIMO:
Anoche... Estoy confundido con lo que pasó anoche...
IRUPE:
Y yo no creo poder explicártelo.
MAXIMO:
Creí que eras una chica diferente. ¿Estabas maquillada de otra manera?
IRUPE:
Lucía diferente. Eso te lo puedo asegurar. Dios, me quiero morir.
Máximo
y ella permanecen en un silencio incómodo, mirándose frente a frente.
MAXIMO:
¿Sabías quién era yo?
IRUPE:
Claro que lo sabía.
MAXIMO:
¿Y por qué lo hicimos? Pensé que me odiabas.
IRUPE:
Yo también creí que lo hacía. Pero de repente tú estabas ahí, muy sensual, y yo
estaba enojada con Jaime... Un momento. Tú eres el marido de mi hermana. ¿Qué
haces siendo desnudista?
MAXIMO:
¿Sabes los gustos que tiene tu hermana? ¿Crees que con mi sueldo de ayudante en
veterinaria puedo costear la vida que lleva?
IRUPE:
¿Y lo del sexo después de tus presentaciones?
MAXIMO:
Una cosa viene unida a la otra.
IRUPE:
¿Y qué le dices a mi hermana para desaparecer toda la noche?
MAXIMO:
Que tengo guardia en la estación de bomberos. ¿Qué le dices a tu marido?
IRUPE:
Él no se da cuenta que no volví a casa.
MAXIMO:
Afortunada.
IRUPE:
No te das una idea.
MAXIMO:
Bien... Igual, pese a todo, lo pasé bien contigo.
IRUPE:
Yo temo reconocer que también. Esos movimientos de baile que hiciste anoche,
también funcionaron a la hora del sexo.
Máximo
sonríe por el comentario. Ella vuelve a mirarlo y se muerde el labio.
MAXIMO:
¿Crees que alguien ya se despertó?
IRUPE:
Honestamente, no me importa.
Y
entonces salta a los brazos del muchacho para volver a besarlo y tirarlo en la
cama.
CELINA
Celina
abre los ojos en su cama y se encuentra a Joseph durmiendo al lado. Fiel a su
costumbre, apenas verlo, comienza a gritar como si acabaran de quebrarle una
pierna.
Joseph
se pone en alerta y se levanta de un tirón, terriblemente asustado.
CELINA:
¡¿Qué estás haciendo aquí?!
JOSEPH:
¡Estaba muy borracho anoche y me dijiste que me podía quedar a dormir contigo!
CELINA:
¡¿Y eso te da derecho a abusar de mí?!
JOSEPH:
¡Yo no abusé de ti! ¡Ni siquiera te toqué!
CELINA:
¡¿Y me lo dices de esta manera tan cruel?!
Totalmente
desbordada en llanto, Celina corre hacia el baño.
VIRGINIA
Virginia
está fuera de la casa de Fernando. Él abre y se sorprende al encontrarla allí.
FERNANDO:
¿Virginia? ¿Qué haces aquí? Pensé que me odiabas.
VIRGINIA:
Bueno, eso también creí yo. Pero Irupé anoche me hizo comprender, por motivos
que no vienen al caso, que no está mal que te hayas fijado antes en mi hermana
y que ahora te fijaras en mí. Por eso mismo, me llevó a pensar que...
En
ese momento, una de las prostitutas de la noche anterior sale del interior de
la casa. Sale sin saludar a ninguno de los dos y se marcha, claramente con
resaca todavía. Fernando queda inmóvil ante la situación.
Virginia
intenta permanecer tranquila.
VIRGINIA:
Bien, vamos a olvidar que vine.
FERNANDO:
Oye, no puedes enojarte por esto. Anoche salimos con los chicos porque yo
estaba muy mal por lo que sucedió.
VIRGINIA:
Imagino que esa chica te habrá escuchado llorar por horas.
FERNANDO:
¿En serio me vas a dar un sermón? No es que tú estuviste muy santa.
VIRGINIA:
¡Claro que sí!
FERNANDO:
Estoy viendo a un hombre salir de tu casa en este momento.
Virginia
se gira para ver que Máximo, poniéndose la camisa, sale al exterior rumbo a su
auto. Virginia se pone de todos colores.
VIRGINIA:
Diablos.
Se
marcha del portal de Fernando sin decir nada más y entonces se da cuenta, que
en la casa de enfrente, se encuentra Fabricio sonriendo por lo que vio.
FABRICIO:
Recibí tu invitación para desayunar.
VIRGINIA:
Bien, vamos. Pero no quiero ningún comentario sobre lo que acabas de ver.
FABRICIO:
¿Segura? Porque tengo un par de comentarios ingeniosos.
VIRGINIA:
Ahórratelos.
Y
con toda la dignidad posible, Virginia sigue caminando hacia la casa de ella en
compañía de Fabricio.
FABIAN
Fabián
está malhumorado en su habitación cuando escucha que en la habitación de al
lado, la de Alejandro, está en pleno movimiento, con gemidos de ambos sexos.
Furioso,
golpea la pared.
Los
ruidos se detienen y a los pocos segundos aparece Alejandro, envuelto en una toalla
minúscula en la habitación.
ALEJANDRO:
¿Estás teniendo un ataque de epilepsia?
FABIAN:
Hay una prostituta en la casa, Alejandro. Una chica que no se respeta a sí
misma que trajiste del bar anoche y todavía sigue aquí. Ya es otro día.
ALEJANDRO:
Anoche también era otro día en China, ¿cuál es el punto?
FABIAN:
Que es otro día y me despierto. Y lo primero que tengo que recordar es que trajiste
a una prostituta a nuestra casa.
ALEJANDRO:
Ya se va a ir, Fabián. Diablos. No tienes sexo ni dejas que los demás lo
tengan. ¿En qué momento te volviste tan católico?
FABIAN:
Sólo termina de una maldita vez y haz que se vaya.
ALEJANDRO:
Bien. Pero ahora tendré que demorar más porque esta charla contigo ha hecho que
se me fueran las ganas.
FABIAN:
Puedes echarla sin acabar.
ALEJANDRO:
¿Cuál es el objetivo de pagar una prostituta entonces?
Cerrando
la puerta de la habitación de un portazo, Alejandro se marcha. Fabián resopla
de bronca y se tira en su cama mirando el techo.
JOSEPH
Joseph
y Celina van caminando hacia la casa de Virginia.
JOSEPH:
¿Tenemos que ir a desayunar tan temprano sólo porque Virginia nos ordenó?
CELINA:
Así funcionan las cosas en este barrio.
JOSEPH:
Oye... Antes de que estén todos presentes, me gustaría hablarte de Santiago.
CELINA:
No me interesa hablar de Santiago a menos que me vayas a contar que fue
violentamente asesinado o, en su defecto, que está luchando por su vida después
de haber recibido tortura física durante días en manos de un secuestrador que
encima lo violaba. ¿Me vas a contar algo de eso?
JOSEPH:
Diablos, no.
CELINA:
Entonces no me interesa saber sobre él.
JOSEPH:
Pero es importante.
CELINA:
¿Me vas a contar que Santiago está triste y miserable, al menos?
JOSEPH:
No, no es sobre eso.
CELINA:
Entonces sigue sin importarme, Joseph.
JOSEPH:
Pero...
CELINA:
Joseph, querido, acabo de pasar mi noche de soltera durmiendo en la misma cama
con un chico que ni siquiera me tocó. ¿Realmente estoy en condiciones
psicológicas de escuchar sobre mi ex? La respuesta es no. No lo estoy y no
quiero saberlo.
Joseph
pone los ojos en blanco y renuncia a la batalla de intentar hablar con ella.
JOSEPH:
No puedo quedarme a desayunar. Tengo que ir al trabajo. Hoy vamos a trasladar a
Wilfredo a la comisaría.
CELINA:
¡Oh, Wilfredo! ¿Voy a poder ir a verlo?
JOSEPH:
Claro. Te aviso que lo tendremos amordazado y medio dormido, por lo que
probablemente se la pase babeándose.
CELINA:
Babeándose lo conocí, por lo que así lo acepto.
DAMIEN
En
el living de Damien, Pedro está de brazos cruzados, molesta, apoyado sobre la
ventana. Damien le entrega un vaso de agua y enciende un cigarrillo luego.
PEDRO:
Cuando ese cretino me dijo que no me iba a aceptar la renuncia, pensé en que
recapacitó. Pero jamás mencionó que te dejaba sin empleo.
DAMIEN:
Porque no es un tonto.
PEDRO:
De todos modos, no te preocupes. El lunes me encargaré del asunto. Tú no vas a
ser desvinculado del Canal.
DAMIEN:
Oh, está bien. Anoche me puse a pensar en cuáles son mis posibilidades. Y me di
cuenta, ahora que soy un desempleado, que tengo miles de alternativas a mi
favor. Miles de cosas por hacer.
PEDRO:
¿Alguna que deje dinero?
DAMIEN:
No llegué a meditarlo tanto.
PEDRO:
Por eso mismo. Quédate tranquilo, que no vas a perder tu trabajo.
DAMIEN:
Una de las alternativas que puedo usar para conseguir dinero es dedicarme a
emparejar a las personas.
Damien
extiende sus brazos como si acabara de decir alguna genialidad. Pedro lo mira
con confusión.
PEDRO:
¿Qué?
DAMIEN:
La gente soltera paga mucho dinero para que alguien haga el trabajo de buscarle
pareja. Ese podría ser yo.
PEDRO:
Damien, ¿de qué estás hablando? Tus últimos contactos con una relación estable
fueron con un tipo casado con una mujer y otro que no sólo te rechazó sino que
ahora te despidió.
DAMIEN:
Si lo dices así, es una pésima publicidad. De acuerdo. Suponte que no soy bueno
en conseguir una relación estable. ¿Acaso un médico tiene que saber de medicina
para ser médico?
PEDRO:
Claro que sí.
DAMIEN:
Sí, también fue un mal ejemplo.
Pedro
se acerca a Damien y lo toma de la cintura.
PEDRO:
No vas a perder tu trabajo. Te lo aseguro. Puedes confiar en mí.
Damien
hace una mueca extraña ante lo que acaba de escuchar.
PEDRO:
Sí, también soy un mal ejemplo.
GERMAN
Germán
está entrando al barrio con una bandeja repleta de cosas para comer y
desayunar, cuando se topa con Joseph a la salida del barrio.
GERMAN:
¿Joseph? ¿Qué haces tan temprano?
JOSEPH:
Me estoy yendo. Quiero darme un baño antes de que empiece nuestro turno.
GERMAN:
¿Pasaste la noche en el barrio? Con Damien, ¿no?
JOSEPH:
No, con Celina.
Germán
queda boquiabierto.
GERMAN:
Llevo meses detrás de ella y una noche que me voy a un Club, tú la consigues.
JOSEPH:
No es lo que estás pensando.
GERMAN:
¿Acaso dormiste en la misma cama con ella?
JOSEPH:
Sí, pero Germán, yo soy gay. No pasó nada.
GERMAN:
Pudiste haberlo hecho pensando en Damien. ¿Cómo notarías la diferencia?
JOSEPH:
Estoy casi seguro que son anatomías diferentes.
GERMAN:
Si hubiera sabido, me hubiera quedado a ver al desnudista.
JOSEPH:
Sí, estuvo bueno.
Joseph
le palmea el hombro y se marcha. Germán ingresa al barrio y va hacia la casa de
Virginia.
MOMENTO MUSICAL
Con
la resaca de la noche del viernes, los chicos se reúnen, más perdidos en sus
pensamientos que intentando dialogar con el otro.
Virginia
está sirviendo el desayuno para todos los presentes. Se encuentra Celina, una
Irupé terriblemente avergonzada, un Fabricio que tiene un rostro cargado de
picardía. En algún momento de la secuencia, ingresa Germán con las compras para
desayunar.
Damien
está, obviamente, teniendo sexo con Pedro.
Máximo,
el desnudista y cuñado de Irupé, está manejando por la autopista.
Joseph
está en su casa dándose una ducha.
Fernando
está tocando la guitarra en su portal.
Fabián
sigue enojado en su cuarto mientras que Alejandro despide a la chica que
contrató para que le proporcione un rato de felicidad.
También
aparecen Jaime, que está en su trabajo como repartidor y Edgar, que está
haciendo cuenta en la casa administrativa del barrio.
VIRGINIA:
Quién más, quién menos,
tiró una vez la casa por la ventana.
JAIME:
Se tatuó en las sienes una diana.
ALEJANDRO:
Probó un veneno.
JOSEPH:
Quién más, quién menos
se ha tomado a sí mismo como rehén.
IRUPE:
Y tiene una consciencia todo terreno
del mal y el bien.
FABRICIO:
Pero yo fui más lejos.
FERNANDO:
Metí un palo en la rueda de la
fortuna.
GERMAN:
Bajé al sótano en busca de un mal
consejo.
CELINA:
Usé tus puñaladas como vacuna.
PEDRO:
Ni un paso atrás.
DAMIEN:
Mi espada de Damocles era afilada.
JOSEPH:
Cortaba en dos mitades la madrugada.
JAIME:
Un pie en el tango y otro en el
ojalá.
FERNANDO:
Quién más, quién menos
pagó caras 500 noches baratas.
EDGAR:
Y cambió a la familia por dos mulatas
de culo obsceno.
JOSEPH:
Quién más, quién menos
se agarró a un clavo ardiendo por no
caer.
FABIAN:
Acribillado a besos como un John
Lennon
de Lavapiés.
DAMIEN:
Pero yo fui más lejos.
CELINA:
Le adiviné las cartas al adivino.
EDGAR:
Aposté contra mí
por no hacerme viejo.
FABIAN:
En la ruleta rusa
de los casinos.
ALEJANDRO:
Ni un paso atrás.
EDGAR:
La espada de Damocles era afilada.
DAMIEN:
Cortaba en dos mitades la madrugada.
VIRGINIA:
Un pie en la rumba
y otro en el nunca más.
JOSEPH:
Pero yo fui más lejos.
VIRGINIA:
Me dio por confundir
el cuándo y el dónde.
FERNANDO:
Me disfracé de sabio
frente al espejo.
PEDRO:
Busqué dentro del alma
lo que se esconde.
DAMIEN:
Ni un paso atrás.
ALEJANDRO:
La espada de Damocles era afilada.
IRUPE:
Cortaba en dos mitades la madrugada.
JAIME:
Un pie en el mambo
y otro en el más allá.
GRUPO
Damien
ingresa al comedor de Virginia, donde ella, Irupé, Celina, Germán y Fabricio
están desayunando, con el rostro visible de la resaca de la noche anterior.
DAMIEN:
Tuve una revelación.
CELINA:
¿No volver a tomar tanto alcohol si no vas a aguantar el dolor de cabeza al día
siguiente?
VIRGINIA:
Ya vas a mejorar, Celina.
DAMIEN:
No. Creo que ahora que estoy sin empleo, puedo dedicarme a prestar servicios
como unión de pareja. ¿Qué les parece?
Todos
lo miran con seriedad por unos segundos y luego vuelven a beber de sus copas.
FABRICIO:
Pero Damien, ni siquiera encuentras una persona indicada para ti. ¿Con qué cara
vas a encontrar a alguien para los demás?
DAMIEN:
Es relativo. ¿Quién de ustedes puede jactarse de tener sexo hace un momento?
Virginia,
Fabricio, Celina y Germán lo miran boquiabierto y luego agachan la cabeza con
tristeza.
CELINA:
Maldito Damien.
VIRGINIA:
Tal vez no sea un mal trabajo después de todo.
IRUPE:
Yo tuve sexo hace un rato.
Todos
se giran a mirar boquiabiertos, esta vez, a Irupé.
FABRICIO:
¿En qué momento lo hiciste? Yo estuve en tu casa hasta altas horas de la
madrugada y nunca volviste.
IRUPE:
Es que no fue con Jaime, querido.
FABRICIO:
Oh, Dios, ¿fue con Celina o Virginia?
IRUPE:
Ya quisieran ellas.
CELINA:
(a Fabricio) Sí, ya quisiéramos. Fue con el bailarín.
FABRICIO:
Primero Edgar y ahora un desnudista. ¿Es que no tienes límites?
VIRGINIA:
No si contamos que el desnudista es el marido de su hermana.
DAMIEN:
Al menos esta vez queda en familia.
GERMAN:
Las mejores historias de sexo son así.
Todos
miran horrorizados a Germán pero luego deciden pasar por alto su comentario.
VIRGINIA:
Por cierto, el desnudista saliendo de mi casa a plena mañana hizo que perdiera
mi guerra interna y emocional con Fernando. ¡Y yo ni siquiera tuve sexo! Pero
no podía reconocerlo porque tendría que admitir que mi amiga engaña a su marido
con, literalmente, el primero que se le desvista.
IRUPE:
Entiendo tu pena, Virginia, pero lo bueno es que aprendas que no todo en la
vida se trata de ganar o perder.
MÁXIMO
El
desnudista llega a su casa, en donde su mujer y hermana de Irupé, Jacinta, lo
espera mientras prepara el desayuno.
JACINTA:
Mi amor, ¿qué tal te fue en tu guardia?
MAXIMO:
No me puedo quejar. Mucho más interesante de lo que pensé que resultaría.
JACINTA:
Ven, te preparé algo para que desayunes. Te lo mereces después de velar por la
seguridad de todos los pueblerinos.
Máximo
se sienta en la mesa, todavía medio dormido, y bebé de su taza. Jacinta va
hacia él y comienza a masajearle los hombros.
JACINTA:
Yo también tuve una noche interesante.
MAXIMO:
¿Ah, sí?
JACINTA:
Tuve una visita muy extraña de una mujer muy hermosa.
MAXIMO:
Si esto termina en una situación lésbica, me volveré loco.
JACINTA:
No, no hay lesbianismo en mi historia.
Máximo
parece desilusionado, así que sigue bebiendo.
JACINTA:
Pero la muchacha me ha hablado de cosas interesantes. Teorías, más que nada,
sobre la creación del mundo y el inicio de los tiempos.
MAXIMO:
¿Te vas a unir a una nueva religión?
JACINTA:
Oh, no, para nada. No soy mi madre. Pero esta mujer me abrió los ojos al
respecto de muchas cosas sobre cómo funciona la mecánica del amor.
Máximo
comienza a toser, dejando la taza en la mesa. Notoriamente, se empieza a sentir
mal.
MAXIMO:
No me siento bien.
JACINTA:
Y no deberías.
Máximo
mira a Jacinta con terror. Luego mira su taza, intentando comprender qué le dio
de beber. Pero no puede pensar mucho más porque se desmaya en ese momento.
Jacinta,
sonriendo, lo deja tirado en el piso y va hacia su celular. Busca entre sus
contactos y opta la opción de mandar un audio de Whatsapp.
JACINTA:
Irupé, buen día. Estaba pensando que esta noche deberíamos cenar juntas. Máximo
tendrá guardia y me gustaría que tengamos una reunión de hermanas.
Jacinta
sonríe al terminar su oración.
Sus
ojos están completamente en blanco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario