DAMIEN
Damien
está corriendo por los pasillos de sus oficinas cuando busca en el último
cuarto de baños, encontrándose con Franco, quien está dejando su overol azul a
un lado para ponerse una ropa más formal.
DAMIEN:
¿Fuiste tú?
FRANCO:
Hola, Damien. ¿La boda es esta noche? Si quieres, puedo ser tu pareja para el
baile. ¿O tú no bailas con los chicos de la limpieza?
DAMIEN:
Mis amigos me acaban de contar que Edgar Villas fue detenido por malversación
de fondos, así que dime que esto no tiene relación contigo y tu obsesión por
ascender en este trabajo.
Franco
se acerca hacia Damien, lo toma de la cintura y deja su rostro frente a frente.
FRANCO:
¿Puedes creer que mi puesto de trabajo me impedía valorarme lo suficiente como
para tener algo contigo esa noche? Fue un estupidez de mi parte, por supuesto,
porque la situación estaba programada para que la pasemos bien y mi baja
autoestima del momento lo estropeó.
DAMIEN:
¿Denunciar a Edgar Villas ha hecho que recuperes tu autoestima?
Entonces,
Franco, sin responder, lo besa.
Damien
en primera instancia acepta el beso y luego lo aparta.
DAMIEN:
¡Franco! Un beso totalmente excitante pero en un momento poco oportuno. Dame
respuestas.
FRANCO:
Ya las sabes, Damien. Puede que a ti y a tus amigos les haya conmovido alguna
bizarra historia sobre Edgar Villas pero a mí no. Oye, si no quieres que te
acompañe a la boda, puedes venir a verme después. Quizá podamos reconstruir.
Damien
se queda sin saber qué decir mientras que Franco se va.
PABLO
En
la comisaría, Pablo levanta la mirada al tiempo de descubrir que Joseph aparece
con un esposado Edgar Villas.
PABLO:
Así que finalmente cayó.
EDGAR:
No es tiempo para bromas, Pablo. Haz algo para sacarme de aquí.
PABLO:
Lo siento, amigo Edgar. Este caso ya forma parte de la Fiscalía. Sólo nos queda
cumplir órdenes.
JOSEPH:
(a Pablo) ¿Celda común o celda VIP?
EDGAR:
Espero que mínimamente me den una celda VIP con acceso a televisión y baño
privado.
Pablo
y Joseph rompen a carcajadas y Edgar siente que está a punto de romper a
llorar.
PABLO:
Ni siquiera nosotros tenemos un televisor y vamos a conseguir uno para los
presos.
EDGAR:
Sería lo justo. Somos los clientes que mantienen vigente el trabajo de ustedes.
JOSEPH:
Pablo, ¿puedes encargarte tú? Mi turno terminó hace varias horas y tengo que ir
a la iglesia.
PABLO:
Ve tranquilo, Joseph. Yo me encargo de nuestro prisionero VIP.
Joseph
lo deja en manos de Pablo, quien empieza a acompañar a Edgar hacia una celda.
EDGAR:
Por favor, Pablo, no me puedes dejar encerrado aquí. Tienes que conseguir que
me liberen. Soy demasiado bonito para estar en una celda.
PABLO:
Edgar, cálmate. No vamos a conseguir sacarte durante el fin de semana, así que
lo mejor que puedes hacer, es pasarla lo mejor posible.
EDGAR:
Llama a Verdi, Pablo. Que encuentre la manera de sacarme de aquí.
PABLO:
Lo voy a llamar, aunque no creo que te ayude mucho.
EDGAR:
¿Por qué no?
PABLO:
Su hijo fue el que te metió en la cárcel.
GRUPO
Irupé,
Fabricio, Virginia, Damien y Germán están en la sala al costado de la iglesia,
donde todos se están preparando para la ceremonia.
IRUPE:
¿Pueden creer que Jaime vio salir a Edgar de nuestra habitación, solamente con
un bóxer puesto, y aún así no fue capaz de decirme nada?
VIRGINIA:
Y todo el barrio lo vio en bóxer también.
IRUPE:
¡Lo sé! La gente vino a preguntarle qué sucedió y cuando le mencionaban el
hecho de que Edgar estaba en ropa interior, él simplemente se limitó a
responder "es que Edgar pasea por nuestras casas sin ponerse nada".
DAMIEN:
Lo cual no es del todo mentira.
VIRGINIA:
Es verdad. Una vez tuve que decirle que se comenzara a vestir o lo denunciaría.
Al menos ahí conseguí que se ponga ropa interior.
DAMIEN:
Las semejanzas entre Edgar y Wilfredo se hacen más notorias a cada instante.
FABRICIO:
Hablando de Wilfredo... Allí está nuestro amigo.
Todos
se giran para ver entrar a Álvaro, en compañía de su mujer.
GERMAN:
¿Creen que habrá picado?
VIRGINIA:
Será cuestión de esperar para ver.
Virginia
recibe en ese momento una llamada en su celular. Hace una expresión rara en el
rostro y se aparta de su grupo.
VIRGINIA:
Disculpen. Ya vuelvo.
VIRGINIA
Virginia
entra en el baño de la iglesia. Sorprendida, recibe la llamada de Hernán.
VIRGINIA:
¿Sí?
HERNAN:
Estoy en Estrella Dorada.
VIRGINIA:
¿Qué haces aquí? Te habías ido...
HERNAN:
Me enteré de la oferta que hay sobre mí. La oferta que hizo Fernando para
dejarme libre si delataba a mis compañeros. ¿Por qué no me dijiste nada sobre
eso?
Virginia
se queda sin saber qué responder. Se paraliza. Sus ojos se llenan de lágrimas.
VIRGINIA:
Yo... No tuve tiempo...
HERNAN:
Virginia, estamos hablando de mi libertad. ¡¿Por qué no me dijiste nada?!
VIRGINIA:
No...
HERNAN:
¿Dónde estás? Necesito verte. Quiero que me aconsejes qué hacer.
VIRGINIA:
No puedo ahora. Es la boda de Celina. Y luego es la fiesta.
HERNAN:
¿Una boda es más importante que...? De acuerdo, está bien. Estaré en un hotel
esperando tu llamada. Arreglaremos esto. Pronto podré volver a estar contigo.
Esa
última parte derrumba emocionalmente a Virginia, que corta la llamada y rompe a
llorar.
Virginia
ingresa en la antesala de la Iglesia. Devastada, busca entre los muebles del
recinto y encuentra una botella de vino que sirven en la misa. Se sirve un poco
y toma. Hace un gesto de desagrado.
VIRGINIA:
Diablos, este vino es espantoso.
Vuelve
a tomar.
En
eso, ingresa Irupé en la sala y la ve llorando.
IRUPE:
Virginia, ¿qué te ocurre? Oh, no me digas más. Es por el vestido de dama de
honor, ¿no? Sí, yo también entré en crisis la primera vez que lo vi.
VIRGINIA:
No es el vestido.
IRUPE:
Entonces, ¿qué es?
Virginia
la mira haciendo una mueca como si fuera que ya tendría que saberlo a esas
alturas. Irupé comprende.
IRUPE:
¿Otra vez te desilusionó?
VIRGINIA:
Sólo un poco.
JOSEPH
Joseph
está con Santiago, ambos de trajes, listos para la ceremonia.
JOSEPH:
¿Nervioso?
SANTIAGO:
Diría que estoy lo normalmente nervioso que está un novio para esperar a la
mujer de su vida en un altar, pero nunca antes me casé, por lo que desconozco
cuál es el nivel de normalidad.
JOSEPH:
Un poco nervioso creo que está bien.
Ambos
se ríen y se quedan mirándose por un segundo más de la cuenta.
SANTIAGO:
¿Me veo bien?
JOSEPH:
Te ves hermoso.
SANTIAGO:
¿Te gusto de traje?
JOSEPH:
Mucho.
Vuelven
a sonreír y vuelven a mirarse con incomodidad. En ese momento, la puerta de la
sala se abre y entra Álvaro.
ALVARO:
¡Estoy listo!
Tanto
Santiago como Joseph dedican una mirada de desconcierto.
SANTIAGO:
¿Listo para...?
ALVARO:
Santiago, ya habíamos hablado de este tema. Pensé que quedó en claro que yo era
el más ideal para cumplir el puesto de padrino.
SANTIAGO:
Álvaro, ¿por qué no lo quieres entender? No tengo tiempo de lidiar contigo en
este momento. Le dejo esa misión a mi padrino real.
Y
desligándose completamente del delirio de Álvaro, deja todo en manos de Joseph
y se marcha.
Joseph,
lejos de sentirse intimidado, mira a Álvaro con interés.
JOSEPH:
No te cansas nunca, ¿verdad?
ALVARO:
Sigo sosteniendo que no tienes que ser el padrino. Tu estilo de vida no tiene
lugar en este sagrado lugar. Ni siquiera deberías poder pisar la iglesia.
JOSEPH:
No lo haría voluntariamente, créeme. Lo hago porque me eligieron ser el
padrino.
ALVARO:
Lo haces porque estás enamorado de él.
Joseph,
quien no esperaba la acusación, demora unos segundos en reaccionar.
JOSEPH:
Puede que sí. Pero al menos yo seré el padrino. Así que ve a tu lugar, con el
resto de los invitados, y deja de creerte más importante de lo que eres.
Álvaro,
lejos de mediar el impulso, le da un puñetazo en la nariz a Joseph, quien se
gira hacia atrás mientras comienza a caerle sangre.
JOSEPH:
¡¿Qué demonios sucede contigo?!
La
puerta de la sala se abre y Luciana entra en ese instante para apreciar la
escena.
LUCIANA:
¿Álvaro?... ¡Álvaro! ¿Qué hiciste?
Álvaro
mira a Joseph y luego vuelve a mirar a la chica.
ALVARO:
Se acabó. Voy a demostrar que ésto es una farsa.
Y
totalmente fuera de sí, se gira para salir del cuarto. Luciana, a punto de
llorar, sale detrás de él.
PABLO
Pablo
camina hacia su oficina, dispuesto a realizar la llamada solicitada al señor
Verdi cuando otra persona se hace presente.
PABLO:
¿Ignacio? ¿Vienes a ver tu padre?
IGNACIO:
No, ¿mi papá está aquí?
PABLO:
Sí, está en una celda.
El
muchacho se ríe, como sorprendido por la ironía. Luego, vuelve a su eje.
IGNACIO:
Vengo porque quiero saber si la oferta que hizo Fernando Pérez en los medios
puede negociarse.
PABLO:
¿A qué te refieres? ¿Sabes dónde se encuentra Hernán?
IGNACIO:
No, pero sé quién fue el autor intelectual del ataque. Si consigo la misma
inmunidad que conseguiría Hernán, no tendré problemas en revelarlo.
PABLO:
¿Tú participaste del ataque también?
Ignacio
mira a Pablo dedicándole una agradable sonrisa pero no responde nada más.
IGNACIO:
Negociemos primero y luego te diré todo lo que sé.
Pablo
sonríe, como si disfrutara de aquellos juegos de gato y ratón.
PABLO:
De acuerdo. Pasemos a mi oficina y hablaremos.
CELINA
Celina,
vestida de novia, está perdida en sus pensamientos. Cuando abre la puerta y ve
a un Joseph con el rostro cubierto de vestigios de sangre, reacciona en la
realidad.
CELINA:
¿Joseph? ¿Qué te sucedió?
JOSEPH:
Tu vecino.
CELINA:
¿Álvaro? ¿Te pegó?
JOSEPH:
No se tomó a bien el rechazo.
CELINA:
Oh, por Dios. Es un bastardo. ¿Dónde está ahora?
JOSEPH:
Salió corriendo después de pegarme. Su novia salió detrás de él, pero volvió a
los pocos minutos diciendo que se adentró en el bosque.
Celina
siente un escalofrío al saber lo que eso podía llegar a significar.
CELINA:
En el bosque... ¡Tenemos que detenerlo!
JOSEPH:
No hay tiempo para detenerlo, Celina. Están todos esperándote. Déjalo que haga
lo que quiera. Nos encargaremos de Álvaro luego.
CELINA:
No lo entiendes, Joseph. Es muy peligroso que haya ido al bosque. Tengo que
hablar con Virginia.
JOSEPH:
Celina... Después. Tienes que casarte ahora.
CELINA:
¡No puede esperar! ¡No quiero casarme! ¡No quiero mudarme! ¡Quiero vivir en la
Residencia 21!
Joseph,
hace ademanes intentando tranquilizar a la muchacha que parece haber perdido la
razón.
JOSEPH:
Celina... Cálmate. Si no quieres mudarte de la Residencia, no lo hagas. Háblalo
luego con Santiago...
CELINA:
Es que no lo entiendes. Santiago no lo va a entender nunca. Él no puede
entenderlo.
Ambos
escuchan que empieza a sonar la marcha nupcial.
JOSEPH:
Es el momento de entrar, Celina.
MOMENTO MUSICAL
Joseph
y Celina aparecen en el pasillo de la iglesia, ante la mirada de todos los invitados
presentes, quien lejos de prestarle atención a la ceremonia, están perdidos en
sus propios pensamientos.
Santiago
la espera en el altar, mientras su sonrisa también se va desvaneciendo al notar
que algo va mal.
IRUPE:
Extraño a la persona que no eres,
la que podrías ser.
VIRGINIA:
Y estaban tan ahumados estos lentes
que no te pude ver.
JOSEPH:
Me dio mucha tristeza
partir con tu belleza.
LUCIANA:
Te juro, amor, que nunca olvidaré
la persona que no eres.
La que tal vez podrías ser.
SANTIAGO:
Mi corazón de neón.
Una lámpara prendida
se enchufó de su propia fantasía.
CELINA:
Me vestí de blanco
y salí a la calle
cubierta en mariposas para ti.
Contraté a la banda
y te pusiste el traje
pero no te conocí cuando te vi.
Ay, me quité mis tacones y corrí.
IRUPE:
Uuuuhhhhhhh.
FABRICIO:
Yo quise a la persona que no eres,
la que has de simular.
JAIME:
Chatarra en un lote de alquileres
pintado de jaguar.
IRUPE:
Pintado de jaguar.
CELINA:
No eres suficiente
para mí, para siempre.
JOSEPH:
Te juro, amor, que no voy a olvidar
la persona que no eres.
La que me supo enamorar.
SANTIAGO:
Mi corazón de neón.
Una lámpara prendida
se enchufó de su propia fantasía.
CELINA:
Me vestí de blanco
y salí a la calle
cubierta en mariposas para ti.
Contraté a la banda,
y te pusiste el traje
pero no te conocí cuando te vi.
Ay, me quité mis tacones y corrí.
CELINA:
Lejos de aquí.
Lejos de ti.
TODOS:
Se vistió de blanco
y salió a la calle,
cubierta en mariposas para ti.
Contrató a la banda
y te pusiste el traje.
CELINA:
Pero no te conocí cuando te vi.
Ay, me quité mis tacones y corrí.
ÁLVARO
Cuando
Álvaro llegó a la cabaña, después de su salida de la iglesia, fue atacado por
el monstruo que vive en ella.
Pero
Álvaro sabe defenderse, por lo que la bestia loca no lo tomó por sorpresa y
pudo asestar un par de puños.
Logra
reducir a la bestia, quien pese a su tamaño deforme, queda indefensa.
ALVARO:
¡¿Qué eres, monstruo del diablo?!
Wilfredo
lanza un alarido, más similar al de un animal que al de un humano.
Álvaro
nota que hay un encendedor en la cocina, así que lo agarra rápidamente y corre
a encender un pedazo de tela.
Luego,
apresuradamente, lo tira sobre la cama donde Wilfredo dormía.
En
cuestión de segundos, las telas comienzan a arder.
Está
dispuesto a irse, dejando a la bestia en medio de la hoguera, pero Wilfredo lo
toma del pie y lo hace caer.
Ahora
es Álvaro quien comienza a sentir el terror de verse atrapado en un incendio
que él mismo provocó.
GRUPO
Las
puertas de la iglesia se abren de par en par y una Celina totalmente fuera de
sí, sale corriendo y llorando como una loca.
Su
grupo de amigos sale corriendo detrás de ella.
DAMIEN:
Siempre aposté que esta boda iba a terminar en un caos, pero esto superó mis
expectativas.
VIRGINIA:
Tenemos que ir detrás de ella.
En
eso, aparece Luciana llorando sin control. Irupé la consuela.
IRUPE:
Luciana, se ve que eres de las que lloran en las bodas, pero creo que ésto es
injustificado.
LUCIANA:
No... Es Álvaro. Se fue corriendo hacia el bosque... Y ahora Celina está yendo
para allí. ¿Creen que son amantes y que se van a fugar juntos?
IRUPE:
Ay, ojalá. Pero no, creo que se trata de otra cosa.
Los
cinco miembros restantes del grupo se miran entre sí.
VIRGINIA:
Fabricio, busca a Santiago y a Joseph y explícales lo que sucede y lo que puede
llegar a hacer Álvaro. Son policías. No muy buenos, pero es lo que tenemos.
Nosotros iremos detrás de Celina.
FABRICIO:
A la orden, jefa.
Y
justo en el momento en que Fabricio ingresa nuevamente a la iglesia, ven a la
distancia una pequeña fogata.
GERMAN:
Eso es... Es fuego.
DAMIEN:
¡Es la cabaña!
Los
cinco salen corriendo desesperadamente para allá.
FRANCO
Franco
está impunemente mirando entre los archivos de su padre cuando, por primera
vez, el Señor Verdi entra amenazando a su hijo, completamente fuera de sí.
SR.
VERDI: ¡¿Qué hiciste?! ¡¿Qué estás haciendo ahora en mi computadora?!
FRANCO:
Revisando tus archivos. Interiorizándome en el negocio familiar, papá.
SR.
VERDI: ¡Eres un hijo de...! ¿Por qué denunciaste a Edgar?
FRANCO:
Porque nadie lo estaba haciendo. Pero puedes estar tranquilo, que pedí
inmunidad para ti.
Franco
no espera que su padre salte sobre él y lo arrincone contra la pared,
apretándole el cuello.
SR.
VERDI: ¡Eres un idiota! Ahora tendré a todo el mundo investigando.
FRANCO:
Papá... Suéltame...
SR.
VERDI: ¿Sabes los años que puedo llegar a tener si encuentran todas las
irregularidades? Muchos más que los que me darían si te asesino en este
momento.
FRANCO:
Papá... Me estás...
Franco
está teniendo un serio problema para respirar.
Intenta
llegar hasta un pisapapeles que hay cerca de él.
Cuando
su padre finalmente afloja un poco en su garganta, Franco junta fuerzas, se
gira y le da con todo por la cabeza.
El
hombre cae al instante con la herida sangrante.
Franco,
en estado de shock e intentando volver a respirar bien, casi no percibe la
llamada entrante de Damien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario