jueves, 8 de noviembre de 2018

Chapter 22


DAMIEN

Damien está corriendo por los pasillos de sus oficinas cuando busca en el último cuarto de baños, encontrándose con Franco, quien está dejando su overol azul a un lado para ponerse una ropa más formal.

DAMIEN: ¿Fuiste tú?
FRANCO: Hola, Damien. ¿La boda es esta noche? Si quieres, puedo ser tu pareja para el baile. ¿O tú no bailas con los chicos de la limpieza?
DAMIEN: Mis amigos me acaban de contar que Edgar Villas fue detenido por malversación de fondos, así que dime que esto no tiene relación contigo y tu obsesión por ascender en este trabajo.

Franco se acerca hacia Damien, lo toma de la cintura y deja su rostro frente a frente.

FRANCO: ¿Puedes creer que mi puesto de trabajo me impedía valorarme lo suficiente como para tener algo contigo esa noche? Fue un estupidez de mi parte, por supuesto, porque la situación estaba programada para que la pasemos bien y mi baja autoestima del momento lo estropeó.
DAMIEN: ¿Denunciar a Edgar Villas ha hecho que recuperes tu autoestima?

Entonces, Franco, sin responder, lo besa.
Damien en primera instancia acepta el beso y luego lo aparta.

DAMIEN: ¡Franco! Un beso totalmente excitante pero en un momento poco oportuno. Dame respuestas.
FRANCO: Ya las sabes, Damien. Puede que a ti y a tus amigos les haya conmovido alguna bizarra historia sobre Edgar Villas pero a mí no. Oye, si no quieres que te acompañe a la boda, puedes venir a verme después. Quizá podamos reconstruir.

Damien se queda sin saber qué decir mientras que Franco se va.

PABLO

En la comisaría, Pablo levanta la mirada al tiempo de descubrir que Joseph aparece con un esposado Edgar Villas.

PABLO: Así que finalmente cayó.
EDGAR: No es tiempo para bromas, Pablo. Haz algo para sacarme de aquí.
PABLO: Lo siento, amigo Edgar. Este caso ya forma parte de la Fiscalía. Sólo nos queda cumplir órdenes.
JOSEPH: (a Pablo) ¿Celda común o celda VIP?
EDGAR: Espero que mínimamente me den una celda VIP con acceso a televisión y baño privado.

Pablo y Joseph rompen a carcajadas y Edgar siente que está a punto de romper a llorar.

PABLO: Ni siquiera nosotros tenemos un televisor y vamos a conseguir uno para los presos.
EDGAR: Sería lo justo. Somos los clientes que mantienen vigente el trabajo de ustedes.
JOSEPH: Pablo, ¿puedes encargarte tú? Mi turno terminó hace varias horas y tengo que ir a la iglesia.
PABLO: Ve tranquilo, Joseph. Yo me encargo de nuestro prisionero VIP.

Joseph lo deja en manos de Pablo, quien empieza a acompañar a Edgar hacia una celda.

EDGAR: Por favor, Pablo, no me puedes dejar encerrado aquí. Tienes que conseguir que me liberen. Soy demasiado bonito para estar en una celda.
PABLO: Edgar, cálmate. No vamos a conseguir sacarte durante el fin de semana, así que lo mejor que puedes hacer, es pasarla lo mejor posible.
EDGAR: Llama a Verdi, Pablo. Que encuentre la manera de sacarme de aquí.
PABLO: Lo voy a llamar, aunque no creo que te ayude mucho.
EDGAR: ¿Por qué no?
PABLO: Su hijo fue el que te metió en la cárcel.

GRUPO

Irupé, Fabricio, Virginia, Damien y Germán están en la sala al costado de la iglesia, donde todos se están preparando para la ceremonia.

IRUPE: ¿Pueden creer que Jaime vio salir a Edgar de nuestra habitación, solamente con un bóxer puesto, y aún así no fue capaz de decirme nada?
VIRGINIA: Y todo el barrio lo vio en bóxer también.
IRUPE: ¡Lo sé! La gente vino a preguntarle qué sucedió y cuando le mencionaban el hecho de que Edgar estaba en ropa interior, él simplemente se limitó a responder "es que Edgar pasea por nuestras casas sin ponerse nada".
DAMIEN: Lo cual no es del todo mentira.
VIRGINIA: Es verdad. Una vez tuve que decirle que se comenzara a vestir o lo denunciaría. Al menos ahí conseguí que se ponga ropa interior.
DAMIEN: Las semejanzas entre Edgar y Wilfredo se hacen más notorias a cada instante.
FABRICIO: Hablando de Wilfredo... Allí está nuestro amigo.

Todos se giran para ver entrar a Álvaro, en compañía de su mujer.

GERMAN: ¿Creen que habrá picado?
VIRGINIA: Será cuestión de esperar para ver.

Virginia recibe en ese momento una llamada en su celular. Hace una expresión rara en el rostro y se aparta de su grupo.

VIRGINIA: Disculpen. Ya vuelvo.

VIRGINIA

Virginia entra en el baño de la iglesia. Sorprendida, recibe la llamada de Hernán.

VIRGINIA: ¿Sí?
HERNAN: Estoy en Estrella Dorada.
VIRGINIA: ¿Qué haces aquí? Te habías ido...
HERNAN: Me enteré de la oferta que hay sobre mí. La oferta que hizo Fernando para dejarme libre si delataba a mis compañeros. ¿Por qué no me dijiste nada sobre eso?

Virginia se queda sin saber qué responder. Se paraliza. Sus ojos se llenan de lágrimas.

VIRGINIA: Yo... No tuve tiempo...
HERNAN: Virginia, estamos hablando de mi libertad. ¡¿Por qué no me dijiste nada?!
VIRGINIA: No...
HERNAN: ¿Dónde estás? Necesito verte. Quiero que me aconsejes qué hacer.
VIRGINIA: No puedo ahora. Es la boda de Celina. Y luego es la fiesta.
HERNAN: ¿Una boda es más importante que...? De acuerdo, está bien. Estaré en un hotel esperando tu llamada. Arreglaremos esto. Pronto podré volver a estar contigo.

Esa última parte derrumba emocionalmente a Virginia, que corta la llamada y rompe a llorar.
Virginia ingresa en la antesala de la Iglesia. Devastada, busca entre los muebles del recinto y encuentra una botella de vino que sirven en la misa. Se sirve un poco y toma. Hace un gesto de desagrado.

VIRGINIA: Diablos, este vino es espantoso.

Vuelve a tomar.
En eso, ingresa Irupé en la sala y la ve llorando.

IRUPE: Virginia, ¿qué te ocurre? Oh, no me digas más. Es por el vestido de dama de honor, ¿no? Sí, yo también entré en crisis la primera vez que lo vi.
VIRGINIA: No es el vestido.
IRUPE: Entonces, ¿qué es?

Virginia la mira haciendo una mueca como si fuera que ya tendría que saberlo a esas alturas. Irupé comprende.

IRUPE: ¿Otra vez te desilusionó?
VIRGINIA: Sólo un poco.

JOSEPH

Joseph está con Santiago, ambos de trajes, listos para la ceremonia.

JOSEPH: ¿Nervioso?
SANTIAGO: Diría que estoy lo normalmente nervioso que está un novio para esperar a la mujer de su vida en un altar, pero nunca antes me casé, por lo que desconozco cuál es el nivel de normalidad.
JOSEPH: Un poco nervioso creo que está bien.

Ambos se ríen y se quedan mirándose por un segundo más de la cuenta.

SANTIAGO: ¿Me veo bien?
JOSEPH: Te ves hermoso.
SANTIAGO: ¿Te gusto de traje?
JOSEPH: Mucho.

Vuelven a sonreír y vuelven a mirarse con incomodidad. En ese momento, la puerta de la sala se abre y entra Álvaro.

ALVARO: ¡Estoy listo!

Tanto Santiago como Joseph dedican una mirada de desconcierto.

SANTIAGO: ¿Listo para...?
ALVARO: Santiago, ya habíamos hablado de este tema. Pensé que quedó en claro que yo era el más ideal para cumplir el puesto de padrino.
SANTIAGO: Álvaro, ¿por qué no lo quieres entender? No tengo tiempo de lidiar contigo en este momento. Le dejo esa misión a mi padrino real.

Y desligándose completamente del delirio de Álvaro, deja todo en manos de Joseph y se marcha.
Joseph, lejos de sentirse intimidado, mira a Álvaro con interés.

JOSEPH: No te cansas nunca, ¿verdad?
ALVARO: Sigo sosteniendo que no tienes que ser el padrino. Tu estilo de vida no tiene lugar en este sagrado lugar. Ni siquiera deberías poder pisar la iglesia.
JOSEPH: No lo haría voluntariamente, créeme. Lo hago porque me eligieron ser el padrino.
ALVARO: Lo haces porque estás enamorado de él.

Joseph, quien no esperaba la acusación, demora unos segundos en reaccionar.

JOSEPH: Puede que sí. Pero al menos yo seré el padrino. Así que ve a tu lugar, con el resto de los invitados, y deja de creerte más importante de lo que eres.

Álvaro, lejos de mediar el impulso, le da un puñetazo en la nariz a Joseph, quien se gira hacia atrás mientras comienza a caerle sangre.

JOSEPH: ¡¿Qué demonios sucede contigo?!

La puerta de la sala se abre y Luciana entra en ese instante para apreciar la escena.

LUCIANA: ¿Álvaro?... ¡Álvaro! ¿Qué hiciste?

Álvaro mira a Joseph y luego vuelve a mirar a la chica.

ALVARO: Se acabó. Voy a demostrar que ésto es una farsa.

Y totalmente fuera de sí, se gira para salir del cuarto. Luciana, a punto de llorar, sale detrás de él.

PABLO

Pablo camina hacia su oficina, dispuesto a realizar la llamada solicitada al señor Verdi cuando otra persona se hace presente.

PABLO: ¿Ignacio? ¿Vienes a ver tu padre?
IGNACIO: No, ¿mi papá está aquí?
PABLO: Sí, está en una celda.

El muchacho se ríe, como sorprendido por la ironía. Luego, vuelve a su eje.

IGNACIO: Vengo porque quiero saber si la oferta que hizo Fernando Pérez en los medios puede negociarse.
PABLO: ¿A qué te refieres? ¿Sabes dónde se encuentra Hernán?
IGNACIO: No, pero sé quién fue el autor intelectual del ataque. Si consigo la misma inmunidad que conseguiría Hernán, no tendré problemas en revelarlo.
PABLO: ¿Tú participaste del ataque también?

Ignacio mira a Pablo dedicándole una agradable sonrisa pero no responde nada más.

IGNACIO: Negociemos primero y luego te diré todo lo que sé.

Pablo sonríe, como si disfrutara de aquellos juegos de gato y ratón.

PABLO: De acuerdo. Pasemos a mi oficina y hablaremos.

CELINA

Celina, vestida de novia, está perdida en sus pensamientos. Cuando abre la puerta y ve a un Joseph con el rostro cubierto de vestigios de sangre, reacciona en la realidad.

CELINA: ¿Joseph? ¿Qué te sucedió?
JOSEPH: Tu vecino.
CELINA: ¿Álvaro? ¿Te pegó?
JOSEPH: No se tomó a bien el rechazo.
CELINA: Oh, por Dios. Es un bastardo. ¿Dónde está ahora?
JOSEPH: Salió corriendo después de pegarme. Su novia salió detrás de él, pero volvió a los pocos minutos diciendo que se adentró en el bosque.

Celina siente un escalofrío al saber lo que eso podía llegar a significar.

CELINA: En el bosque... ¡Tenemos que detenerlo!
JOSEPH: No hay tiempo para detenerlo, Celina. Están todos esperándote. Déjalo que haga lo que quiera. Nos encargaremos de Álvaro luego.
CELINA: No lo entiendes, Joseph. Es muy peligroso que haya ido al bosque. Tengo que hablar con Virginia.
JOSEPH: Celina... Después. Tienes que casarte ahora.
CELINA: ¡No puede esperar! ¡No quiero casarme! ¡No quiero mudarme! ¡Quiero vivir en la Residencia 21!

Joseph, hace ademanes intentando tranquilizar a la muchacha que parece haber perdido la razón.

JOSEPH: Celina... Cálmate. Si no quieres mudarte de la Residencia, no lo hagas. Háblalo luego con Santiago...
CELINA: Es que no lo entiendes. Santiago no lo va a entender nunca. Él no puede entenderlo.

Ambos escuchan que empieza a sonar la marcha nupcial.

JOSEPH: Es el momento de entrar, Celina.

MOMENTO MUSICAL

Joseph y Celina aparecen en el pasillo de la iglesia, ante la mirada de todos los invitados presentes, quien lejos de prestarle atención a la ceremonia, están perdidos en sus propios pensamientos.
Santiago la espera en el altar, mientras su sonrisa también se va desvaneciendo al notar que algo va mal.



IRUPE:
Extraño a la persona que no eres,
la que podrías ser.
VIRGINIA:
Y estaban tan ahumados estos lentes
que no te pude ver.

JOSEPH:
Me dio mucha tristeza
partir con tu belleza.
LUCIANA:
Te juro, amor, que nunca olvidaré
la persona que no eres.
La que tal vez podrías ser.

SANTIAGO:
Mi corazón de neón.
Una lámpara prendida
se enchufó de su propia fantasía.

CELINA:
Me vestí de blanco
y salí a la calle
cubierta en mariposas para ti.
Contraté a la banda
y te pusiste el traje
pero no te conocí cuando te vi.
Ay, me quité mis tacones y corrí.

IRUPE:
Uuuuhhhhhhh.

FABRICIO:
Yo quise a la persona que no eres,
la que has de simular.
JAIME:
Chatarra en un lote de alquileres
pintado de jaguar.
IRUPE:
Pintado de jaguar.

CELINA:
No eres suficiente
para mí, para siempre.
JOSEPH:
Te juro, amor, que no voy a olvidar
la persona que no eres.
La que me supo enamorar.

SANTIAGO:
Mi corazón de neón.
Una lámpara prendida
se enchufó de su propia fantasía.

CELINA:
Me vestí de blanco
y salí a la calle
cubierta en mariposas para ti.
Contraté a la banda,
y te pusiste el traje
pero no te conocí cuando te vi.
Ay, me quité mis tacones y corrí.

CELINA:
Lejos de aquí.
Lejos de ti.

TODOS:
Se vistió de blanco
y salió a la calle,
cubierta en mariposas para ti.
Contrató a la banda
y te pusiste el traje.
CELINA:
Pero no te conocí cuando te vi.
Ay, me quité mis tacones y corrí.


ÁLVARO

Cuando Álvaro llegó a la cabaña, después de su salida de la iglesia, fue atacado por el monstruo que vive en ella.
Pero Álvaro sabe defenderse, por lo que la bestia loca no lo tomó por sorpresa y pudo asestar un par de puños.
Logra reducir a la bestia, quien pese a su tamaño deforme, queda indefensa.

ALVARO: ¡¿Qué eres, monstruo del diablo?!

Wilfredo lanza un alarido, más similar al de un animal que al de un humano.
Álvaro nota que hay un encendedor en la cocina, así que lo agarra rápidamente y corre a encender un pedazo de tela.
Luego, apresuradamente, lo tira sobre la cama donde Wilfredo dormía.
En cuestión de segundos, las telas comienzan a arder.
Está dispuesto a irse, dejando a la bestia en medio de la hoguera, pero Wilfredo lo toma del pie y lo hace caer.
Ahora es Álvaro quien comienza a sentir el terror de verse atrapado en un incendio que él mismo provocó.

GRUPO

Las puertas de la iglesia se abren de par en par y una Celina totalmente fuera de sí, sale corriendo y llorando como una loca.
Su grupo de amigos sale corriendo detrás de ella.

DAMIEN: Siempre aposté que esta boda iba a terminar en un caos, pero esto superó mis expectativas.
VIRGINIA: Tenemos que ir detrás de ella.

En eso, aparece Luciana llorando sin control. Irupé la consuela.

IRUPE: Luciana, se ve que eres de las que lloran en las bodas, pero creo que ésto es injustificado.
LUCIANA: No... Es Álvaro. Se fue corriendo hacia el bosque... Y ahora Celina está yendo para allí. ¿Creen que son amantes y que se van a fugar juntos?
IRUPE: Ay, ojalá. Pero no, creo que se trata de otra cosa.

Los cinco miembros restantes del grupo se miran entre sí.

VIRGINIA: Fabricio, busca a Santiago y a Joseph y explícales lo que sucede y lo que puede llegar a hacer Álvaro. Son policías. No muy buenos, pero es lo que tenemos. Nosotros iremos detrás de Celina.
FABRICIO: A la orden, jefa.

Y justo en el momento en que Fabricio ingresa nuevamente a la iglesia, ven a la distancia una pequeña fogata.

GERMAN: Eso es... Es fuego.
DAMIEN: ¡Es la cabaña!

Los cinco salen corriendo desesperadamente para allá.

FRANCO

Franco está impunemente mirando entre los archivos de su padre cuando, por primera vez, el Señor Verdi entra amenazando a su hijo, completamente fuera de sí.

SR. VERDI: ¡¿Qué hiciste?! ¡¿Qué estás haciendo ahora en mi computadora?!
FRANCO: Revisando tus archivos. Interiorizándome en el negocio familiar, papá.
SR. VERDI: ¡Eres un hijo de...! ¿Por qué denunciaste a Edgar?
FRANCO: Porque nadie lo estaba haciendo. Pero puedes estar tranquilo, que pedí inmunidad para ti.

Franco no espera que su padre salte sobre él y lo arrincone contra la pared, apretándole el cuello.

SR. VERDI: ¡Eres un idiota! Ahora tendré a todo el mundo investigando.
FRANCO: Papá... Suéltame...
SR. VERDI: ¿Sabes los años que puedo llegar a tener si encuentran todas las irregularidades? Muchos más que los que me darían si te asesino en este momento.
FRANCO: Papá... Me estás...

Franco está teniendo un serio problema para respirar.
Intenta llegar hasta un pisapapeles que hay cerca de él.
Cuando su padre finalmente afloja un poco en su garganta, Franco junta fuerzas, se gira y le da con todo por la cabeza.
El hombre cae al instante con la herida sangrante.
Franco, en estado de shock e intentando volver a respirar bien, casi no percibe la llamada entrante de Damien.


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