IRUPÉ
Irupé
queda horrorizada ante el audio que escuchó. Su hermana, a quien no soporta y
con cuyo marido se acostó la noche anterior, quiere que se reúnan a cenar.
Decidida
a ignorarlo, se pone de lleno a limpiar la casa en aquel día sábado cuando
Jaime aparece en la puerta.
JAIME:
Tu hermana me mandó un audio.
IRUPE:
¿También a ti?
JAIME:
Sí, me dijo que quería que nos juntemos a cenar esta noche.
IRUPE:
Me dijo lo mismo.
JAIME:
¿Qué le respondiste?
IRUPE:
No le respondí.
JAIME:
¿Simplemente decidiste ignorarla?
IRUPE:
Por supuesto que sí, Jaime. Como lo haría cualquier persona cuerda que conozca
a mi hermana.
JAIME:
Bueno, yo le dije que sí. Vendrá a la noche a cenar.
IRUPE:
¿Qué? ¿Por qué hiciste eso?
JAIME:
No lo sé. Me preguntó y dije que sí. Pero podemos invitar a alguno de los
chicos para que la reunión no sea simplemente entre nosotros tres.
IRUPE:
Eso me parece justo. Si nosotros dos la tenemos que soportar, otras personas
pueden vivir el mismo calvario.
CELINA
Celina
está saliendo del barrio, cuando en el camino es interceptada por Fabián.
FABIAN:
¿Cómo estás?
CELINA:
Fabián. Bien. Estoy yendo a visitar a un amigo a la comisaría.
FABIAN:
¿Por qué tienes un amigo en la comisaría?
CELINA:
Tarde o temprano, es el lugar donde acaban mis amigos. Es una larga historia.
¿Quieres acompañarme?
FABIAN:
Déjame analizar mis opciones. Puedo ir contigo hasta allí o quedarme en casa
discutiendo con Alejandro porque nuevamente se olvidó de sacar la basura.
CELINA:
Ambas opciones son malas.
FABIAN:
Es cierto. Pero de todos modos te elijo a ti.
Celina
sonríe encantada. Automáticamente se confunde por lo que escuchó.
CELINA:
Es irónico, porque acabas de insultarme pero a la vez es lo más lindo que
alguien me dijo en meses.
FABIAN:
Cumplí mi propósito entonces. ¿Vamos?
Celina
vuelve a sonreír. Y automáticamente se vuelve a sentir confundida.
CELINA:
Claro. Vamos.
FABRICIO
Fabricio
ingresa al gimnasio en pleno sábado. Está vacío, a excepción de Virginia que
está sobre unas cajas de madera limpiando con la escoba el techo del lugar.
FABRICIO:
No puedo creer que empezaste sin mí.
VIRGINIA:
Mi ex me lo decía constantemente.
FABRICIO:
Bueno, aquí estoy para pasar mi hermosa jornada de sábado limpiando este
basurero.
VIRGINIA:
Este basurero, como lo llamas, es nuestro lugar de trabajo, así que ten un poco
de respeto por él. Además, ¿qué cosa puede ser mejor que limpiar?
Virginia
se tambalea en la caja sobre la que está de pie. Fabricio corre para sujetarla.
Ella cae sobre él, pero no puede sostenerla. De todos modos, hace la maniobra
para que la chica caiga sobre él.
Se
quedan mirándose frente a frente.
Las
manos de Fabricio, ligeras, comienzan a descender por la cintura de la
muchacha.
FABRICIO:
Se me ocurren cosas mejores que podemos hacer en lugar de limpiar.
VIRGINIA:
Cariño, prefiero pasar un día sin tomar vino que tener sexo contigo en un sitio
a medio limpiar.
FABRICIO:
¿Entonces qué te parece si limpiamos y luego...?
VIRGINIA:
Más tarde tenemos la cena a la que nos invitó Irupé.
FABRICIO:
¿Entonces qué te parece si vamos a la cena y luego...?
VIRGINIA:
Nadie te puede acusar de bajar los brazos rápidamente.
Sonriendo,
Virginia se incorpora del piso y ayuda al muchacho a levantarse.
VIRGINIA:
Después de la cena, veremos.
FABIAN
Fabián
y Celina están sentados en una pequeña sala de espera para que ella pueda
acceder a ver a Wilfredo. Él está hablando sin parar.
FABIAN:
El punto es que yo no entiendo por qué a este chico le cuesta tanto hacer lo
que tiene que hacer. Si yo soy el que cocina, él tiene que limpiar. Es un trato
que hicimos cuando nos embarcamos en esta locura de vivir juntos. Pero siempre
se olvida o lo deja para más tarde. Quizá se deba a que siempre vive drogado,
claro, pero de todos modos me da mucha bronca. Dice que su mente está perdida
mientras estudia medicina, pero yo sé bien que agarra las hojas para estudiar y
se pierde mirando el techo de la habitación.
Celina,
pacientemente, ignora todo lo que está diciendo Fabián.
CELINA:
Suena... A que tienes que hablarlo.
FABIAN:
Lo intenté, de todas las formas posibles lo intenté. Y no quiero mudarme y
dejarlo solo porque al chico se lo llevan las ratas sin mí.
CELINA:
Quizá no. Quizá es un holgazán porque tú se lo permites.
FABIAN:
Pero si no se lo permito. Lo hace igual. ¿No estás escuchando mi historia?
Celina
está a punto de responderle cuando Germán aparece. Al verlo a los dos, el
policía se pone un poco incómodo, lo que automáticamente pone incómodo a Celina
y Fabián.
GERMAN:
Celina, Wilfredo está disponible. Está en una sala especial en donde estará
esposado todo el tiempo. Por cuestiones de seguridad, no le quitaremos las
esposas.
CELINA:
No son necesarias, pero lo entiendo.
GERMAN:
Si me acompañas, te llevaré con él.
Celina
asiente. Le sonríe una vez más a Fabián y se marcha con Germán.
DAMIEN
Camina
por la vereda prendiendo un cigarrillo cuando un auto aminora la marcha cerca
de él. Damien se gira y se encuentra con Franco. Damien, obviamente, decide
ignorarlo y continuar su caminata.
FRANCO:
Venía a la Residencia porque quería hablar contigo.
DAMIEN:
Pues me hubieras avisado antes porque no estoy ahí.
FRANCO:
Son sólo unos segundos. ¿Puedes detenerte?
Damien
se gira hacia él, va hacia la puerta del auto y le abra por medio de la
ventanilla.
DAMIEN:
Estoy llegando tarde. No tengo mucho tiempo, así que lo que me tengas que
decir, reduce el número de palabras al mínimo.
FRANCO:
Vaya, Damien. Cualquiera pensaría que estás enojado conmigo.
DAMIEN:
¡Me despediste! ¿Cómo quieres que sea mi reacción al verte?
FRANCO:
Bueno, sobre eso venía a hablar. Tu amigo, con el que te acostabas en la
oficina, ha intervenido por ti este mediodía y me hizo entrar en razón.
DAMIEN:
Me imagino. Te habrá recordado que es el socio con el 51% de las acciones del
Canal.
FRANCO:
Un porcentaje suficiente para entrar en razón, ¿no crees?
DAMIEN:
Vete al cuerno, Franco.
FRANCO:
Quiero que recuperes tu trabajo.
DAMIEN:
Te lo agradezco. Lo acepto. Tú puedes irte al cuerno de todas maneras. Nos
vemos el lunes, jefe.
Damien
se gira para continuar su caminar.
FRANCO:
Déjame que te lleve a donde fuera que vayas.
DAMIEN:
Voy al acantilado.
FRANCO:
¿A qué vas ahí?
Damien
sonríe pero no le responde nada.
FRANCO:
De acuerdo, me imagino a lo que va la gente a un acantilado un sábado por la noche.
Al menos dime si es droga o sexo, así sé si me puedo unir.
DAMIEN:
Creo que es ambas. Y hasta ayer, podías unirte a cualquiera. Ahora no estás
invitado a ninguna.
CELINA
Celina,
con los ojos empañados en lágrimas, no puede dejar de sentir una tremenda
emoción al ver a Wilfredo nuevamente.
Aunque
él no puede devolvérselo, ella lo abraza con mucha ternura.
CELINA:
Oh, mi pequeño Wilfredo. Es una suerte que te encuentres recuperado.
WILFREDO:
Yo... Estuve quemado... Por el fuego, por el fuego... Mi cuerpo estaba raro...
Todavía tengo la piel rara... ¿Quieres ver mis costras?
CELINA:
No es necesario, tesoro.
Celina
toma asiento frente a él.
WILFREDO:
He visto a mi hermano... Está enfadado... Pero mi hermano siempre está
enfadado... Dice que lo traicionaron... Dice que encontrará la manera de salir
de aquí y cobrará venganza... Está enojado... Enojado... Wilfredo le tiene
miedo... Lo mira y no sabe bien qué responderle...
CELINA:
Lamento mucho todo lo que sucedió, Wilfredo. Lo que ese muchacho malo te hizo.
WILFREDO:
También está aquí, Celina... El muchacho que me fue a atacar en la cabaña está
aquí... Al principio él también estaba enojado... Pero después ya no... Ahora
llora todo el tiempo... Y en realidad está asustado... Otro de los presos lo
hace dormir con él todas las noches... Y eso lo hace llorar mucho...
CELINA:
Una parte mía está horrorizada por tu historia y otra no puede dejar de sonreír.
Bueno, Álvaro es un cretino que se merece que le pasen todas las cosas malas
que le pasan. Temo por ti, que eres inocente.
WILFREDO:
Yo golpeé al comisario y a su mujer... Los lastimé...
CELINA:
Pero porque eres un bruto, Wilfredo, no porque eres malo.
Celina
se muerda la lengua, como si se le acabara de ocurrir una nueva idea.
CELINA:
Ya sé lo que haré. ¿Te gustaría que volvamos a estar juntos en el bosque?
WILFREDO:
Sí... ¡Sí!... Y en el lago... Nos gustaba nadar en el lago...
CELINA:
A ti te gustaba nadar en el lago. Bueno, está bien. Volveré mañana a verte y
tendremos un rato en nuestro bosque.
Wilfredo
sonríe, aunque no logra entender cómo lo hará Celina.
GERMAN
Germán
y Celina están caminando por el pasillo para salir de la habitación donde ella
vio a Wilfredo. A juzgar por la expresión de Celina, el policía ya está al
tanto de su plan.
GERMAN:
Lo que estás por hacer es un delirio.
CELINA:
Pero creo que es posible.
GERMAN:
No puedes simplemente venir, elegir a un prisionero y llevártelo en un viaje
astral al bosque, Celina. Además, ¿qué vas a hacer si alguien lo reconoce? Todo
el pueblo está al tanto que él está en prisión. Si los ven juntos...
CELINA:
Haré que nos traslademos hacia el futuro o hacia el pasado. A cualquier tiempo
que no fuera el presente. Es lo de menos.
Germán
continúa sin mostrarse convencido por la iniciativa.
GERMAN:
No lo sé. Asesórate con Zack.
CELINA:
Lo haré. De todos modos necesito su tierra mágica si quiero lanzar un conjuro.
Sólo necesito de ti que mañana permitas que ingrese a ver a Wilfredo y que
nadie nos filme mientras echo polvo sobre nuestras cabezas y hago un conjuro.
GERMAN:
Cuenta con eso.
Celina
le sonríe con ternura.
CELINA:
Gracias. Eres bueno conmigo.
Le
da un beso en la mejilla y Germán se queda perplejo.
FRANCO
Franco
camina por la maleza de un pequeño monte, buscando entre los pequeños claros
del acantilado. Finalmente, puede hallar un auto estacionado en donde dos
hombres están hablando. Los reconoce como Pedro y Damien.
Y
justamente están hablando de él.
PEDRO:
Te dije que lo iba a solucionar. Era cuestión de hacerlo entrar en razón.
DAMIEN:
Creo que lo asustaste más que hacerlo meditar.
PEDRO:
Sirvió para el objetivo, ¿no crees? El lunes puedes ir a trabajar como si nada
hubiera pasado.
DAMIEN:
Sí. No puedo creer que en algún momento pensé que me atraía ese infeliz.
Franco
hace un gesto de fastidio al escuchar cómo lo denominan.
PEDRO:
Ese infeliz ahora tendrá sus ojos encima nuestro, así que nuestros encuentros
clandestinos en la oficina se detendrán.
DAMIEN:
Lo sé. Por eso estamos aquí, en medio de la nada.
PEDRO:
No puedo ir dos veces en el mismo día a verte a tu barrio. Tus vecinos
comenzarían a sospechar.
DAMIEN:
No me preocupa.
PEDRO:
A mí sí. Entiende que mi situación...
DAMIEN:
Sí, Pedro. No vine hasta aquí para hablar de tu situación. De hecho, ni
siquiera caminé hasta aquí para hablar.
Franco
ve que Pedro sonríe y pasa al acto. Se besan.
Al
cabo de unos segundos, Pedro vuelve a estar de rodillas ante Damien.
Un
poco sorprendido, Franco decide sacar su celular y comenzar a filmar la escena.
EDGAR
El
auto estaciona frente a la entrada del Barrio Privado.
Edgar
mira como una muchacha desciende de él y camina hacia el portal.
Se
sorprende al encontrarla parecida a Irupé.
EDGAR:
¿Irupé? ¿Eres tú?
JACINTA:
No, soy su hermana.
EDGAR:
Soy muy parecidas. Soy Edgar.
JACINTA:
Ya sé quién eres. Mi hermana me prepara un banquete especial esta noche y me
gustaría que nos acompañes.
EDGAR:
No creo que sea muy feliz de verme allí.
Jacinta,
entonces, pone sus ojos en blanco y Edgar se sobresalta.
Entonces
entiende que está frente a la entidad que él mismo convocó.
EDGAR:
Aristófanes.
JACINTA:
Ven conmigo, Edgar. Te prometo que no te arrepentirás.
Edgar
asiente, sonriendo con confusión.
IRUPE
Irupé
se pone nerviosa cuando escucha que suena el timbre de su vivienda.
En
el comedor, están sus amigos y su marido interactuando tranquilamente. Además
de Jaime, también se encuentran Virginia, Celina y Fabricio.
IRUPE:
De acuerdo. Si ustedes sienten que mi hermana les empieza a caer mal, recuerden
que es un sentimiento normal que ella genera, así que traten de disimularlo lo
mejor posible. Con un poco de suerte, ella simplemente se marchará cuando
terminemos de comer.
CELINA:
¿Por qué accediste a cenar con ella si no te cae bien?
IRUPE:
Porque rechazarla implicaría soportarla luego. Se lo contaría a mis padres y me
harían la vida imposible. Quiero evitarme los dolores de cabeza.
FABRICIO:
¿No sientes dolores de cabeza en este momento?
IRUPE:
Sí, lo sentí todo el día.
VIRGINIA:
También yo. Pero creo que se debe a la abstinencia. ¿En qué momento vamos a
descorchar la primera botella?
IRUPE:
En un segundo, Virginia. Todos tranquilos y todos en calma...
El
timbre vuelve a sonar.
IRUPE:
¡Ya voy, estúpida!
Irupé
abre la puerta furiosa pero se queda perpleja al encontrar del otro lado a
Edgar en compañía de su hermana.
IRUPE:
¿Y tú qué haces aquí?
JACINTA:
Invité a este gentil hombre a que se nos una. Es el dueño del barrio, Irupé.
Supongo que no habría problemas, ¿no?
Irupé
se queda pálida. No responde. Pero se hace a un costado y los deja pasar.
MOMENTO MUSICAL
En
medio de toda una situación general de incomodidad en la casa de Irupé, ella
ayuda a Jaime a servir la comida mientras mira a Edgar, quien a la vez hace
poco por ocultar los deseos por ella.
Fabricio
y Virginia hacen lo mismo con el juego de mirada, de una forma menos lasciva
pero igual de poco sutil.
Celina,
a su vez, mira por la ventana justo en el momento en que Fabián camina por una
de las calles del barrio.
Pedro
y Damien están juntos en el interior del auto, semidesnudos. Ninguno de ellos
percibe a Franco que continúa con el celular tratando de capturar aquel encuentro
en la grabación.
EDGAR:
Retírate un poco,
prepárate
por si acaba algo roto,
por si algo no sale bien.
IRUPE:
Que no,
que no nos sirve de nada
tener la luz apagada
y el hambre sobre la almohada.
DAMIEN:
Aléjate,
noto tu querer.
Ya está bien con lo poco
que te miré.
FRANCO:
Que no,
que no nos sirve de nada
tener la boca cerrada.
PEDRO:
Cuando la vida nos llama
y hay cosas que
no llegas a comprender.
VIRGINIA y FABRICIO:
Y a ti se te nota.
VIRGINIA:
Igual que a mí.
FABRICIO:
Dos idiotas.
VIRGINIA:
Que han jurado...
FABRICIO:
Que iban a estar enamorados.
VIRGINIA:
Como si fuera sólo un pecado...
AMBOS:
Para no tomarnos de la mano.
FABRICIO:
Hoy a mí se me nota
igual que a ti.
VIRGINIA:
Se te nota.
Rindámonos, amor,
pa' ser valientes.
AMBOS:
Decirnos ahora nunca
es para siempre.
VIRGINIA:
No supe del todo
si lo hice bien
y por eso primero
conté hasta diez.
FABRICIO:
Que no,
que no nos sirve de nada.
Por qué tirar la toalla
con la lucha ganada.
CELINA:
Lo tengo lo quiero,
lo sabes bien.
Tu amor es sincero
y yo también.
FABIAN:
Que no,
que no nos sirve de nada
tener la puerta cerrada
cuando la vida nos paga
con cosas que
no llegas a comprender.
IRUPE y EDGAR:
Y a ti se te nota.
IRUPE:
Igual que a mí.
EDGAR;
Dos idiotas.
IRUPE:
Que han jurado...
EDGAR:
Que iban a estar enamorados.
IRUPE:
Como si fuera sólo un pecado...
AMBOS:
Para no tomarnos de la mano.
CELINA:
Hoy a mí se me nota
igual que a ti.
FABIAN y CELINA:
Se te nota.
Rindámonos, amor,
pa' ser valientes.
CELINA:
Decirnos ahora nunca
es para siempre.
TODOS:
Y a mí se me nota,
igual que a ti se te nota.
IRUPE:
Este tiempo se nota,
sin quitarnos la ropa
sin poder besarte en la boca.
TODOS:
Y a mí se me nota,
igual que a ti se te nota.
FABRICIO:
Ya la casa está rota,
no seamos idiotas.
Niña, tú no te hagas la loca.
Por ti...
LA CENA
Tras
una cena bastante silenciosa pero musical, los comensales están de sobremesa.
Ninguno
parece percatarse que Jacinta se apartó del grupo y comenzó a murmurar en voz
baja, hasta que Virginia, con la copa que tanto deseaba en la mano, se acerca
hacia ella.
VIRGINIA:
¿Jacinta? ¿Te encuentras bien?
Jacinta
se gira y hace sobresaltar a Virginia de tal manera que casi tira la copa. Por
las dudas, la deja en la mesa antes de tirarla. La hermana de Irupé tiene los
ojos completamente en blanco y sonríe como posesa.
Tras
la exclamación de Virginia, todo el mundo se gira a mirar a Jacinta y también
se sorprende.
JACINTA:
Las medias partes se completan como el inicio de los inicios.
Sorpresivamente,
Virginia y Fabricio intercambian una mirada de asombro y ambos, totalmente
enardecidos por un extraño frenesí, saltan en los brazos de otro y comienzan a
besarse apasionadamente hasta caer al suelo.
CELINA:
¿Qué demonios...?
Celina
se gira para mirar a Irupé y, sin que ambas puedan evitarlo, se llenan de un
deseo infernal por poseerse. Se besan apasionadamente y se tiran al piso.
A
la distancia, Edgar, contempla la escena y hace una mueca de disgusto.
EDGAR:
No, Aristófanes, lo has hecho mal. ¡Lo has hecho mal! Se suponía que esto se
debía arreglar...
Edgar
no se da cuenta que Jaime está cerca de él hasta que ya es demasiado tarde.
Rompiéndole
la boca de un beso, Jaime tira a Edgar al piso también.
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