martes, 27 de noviembre de 2018

Chapter 34


IRUPÉ

Irupé queda horrorizada ante el audio que escuchó. Su hermana, a quien no soporta y con cuyo marido se acostó la noche anterior, quiere que se reúnan a cenar.
Decidida a ignorarlo, se pone de lleno a limpiar la casa en aquel día sábado cuando Jaime aparece en la puerta.

JAIME: Tu hermana me mandó un audio.
IRUPE: ¿También a ti?
JAIME: Sí, me dijo que quería que nos juntemos a cenar esta noche.
IRUPE: Me dijo lo mismo.
JAIME: ¿Qué le respondiste?
IRUPE: No le respondí.
JAIME: ¿Simplemente decidiste ignorarla?
IRUPE: Por supuesto que sí, Jaime. Como lo haría cualquier persona cuerda que conozca a mi hermana.
JAIME: Bueno, yo le dije que sí. Vendrá a la noche a cenar.
IRUPE: ¿Qué? ¿Por qué hiciste eso?
JAIME: No lo sé. Me preguntó y dije que sí. Pero podemos invitar a alguno de los chicos para que la reunión no sea simplemente entre nosotros tres.
IRUPE: Eso me parece justo. Si nosotros dos la tenemos que soportar, otras personas pueden vivir el mismo calvario.

CELINA

Celina está saliendo del barrio, cuando en el camino es interceptada por Fabián.

FABIAN: ¿Cómo estás?
CELINA: Fabián. Bien. Estoy yendo a visitar a un amigo a la comisaría.
FABIAN: ¿Por qué tienes un amigo en la comisaría?
CELINA: Tarde o temprano, es el lugar donde acaban mis amigos. Es una larga historia. ¿Quieres acompañarme?
FABIAN: Déjame analizar mis opciones. Puedo ir contigo hasta allí o quedarme en casa discutiendo con Alejandro porque nuevamente se olvidó de sacar la basura.
CELINA: Ambas opciones son malas.
FABIAN: Es cierto. Pero de todos modos te elijo a ti.

Celina sonríe encantada. Automáticamente se confunde por lo que escuchó.

CELINA: Es irónico, porque acabas de insultarme pero a la vez es lo más lindo que alguien me dijo en meses.
FABIAN: Cumplí mi propósito entonces. ¿Vamos?

Celina vuelve a sonreír. Y automáticamente se vuelve a sentir confundida.

CELINA: Claro. Vamos.

FABRICIO

Fabricio ingresa al gimnasio en pleno sábado. Está vacío, a excepción de Virginia que está sobre unas cajas de madera limpiando con la escoba el techo del lugar.

FABRICIO: No puedo creer que empezaste sin mí.
VIRGINIA: Mi ex me lo decía constantemente.
FABRICIO: Bueno, aquí estoy para pasar mi hermosa jornada de sábado limpiando este basurero.
VIRGINIA: Este basurero, como lo llamas, es nuestro lugar de trabajo, así que ten un poco de respeto por él. Además, ¿qué cosa puede ser mejor que limpiar?

Virginia se tambalea en la caja sobre la que está de pie. Fabricio corre para sujetarla. Ella cae sobre él, pero no puede sostenerla. De todos modos, hace la maniobra para que la chica caiga sobre él.
Se quedan mirándose frente a frente.
Las manos de Fabricio, ligeras, comienzan a descender por la cintura de la muchacha.

FABRICIO: Se me ocurren cosas mejores que podemos hacer en lugar de limpiar.
VIRGINIA: Cariño, prefiero pasar un día sin tomar vino que tener sexo contigo en un sitio a medio limpiar.
FABRICIO: ¿Entonces qué te parece si limpiamos y luego...?
VIRGINIA: Más tarde tenemos la cena a la que nos invitó Irupé.
FABRICIO: ¿Entonces qué te parece si vamos a la cena y luego...?
VIRGINIA: Nadie te puede acusar de bajar los brazos rápidamente.

Sonriendo, Virginia se incorpora del piso y ayuda al muchacho a levantarse.

VIRGINIA: Después de la cena, veremos.

FABIAN

Fabián y Celina están sentados en una pequeña sala de espera para que ella pueda acceder a ver a Wilfredo. Él está hablando sin parar.

FABIAN: El punto es que yo no entiendo por qué a este chico le cuesta tanto hacer lo que tiene que hacer. Si yo soy el que cocina, él tiene que limpiar. Es un trato que hicimos cuando nos embarcamos en esta locura de vivir juntos. Pero siempre se olvida o lo deja para más tarde. Quizá se deba a que siempre vive drogado, claro, pero de todos modos me da mucha bronca. Dice que su mente está perdida mientras estudia medicina, pero yo sé bien que agarra las hojas para estudiar y se pierde mirando el techo de la habitación.

Celina, pacientemente, ignora todo lo que está diciendo Fabián.

CELINA: Suena... A que tienes que hablarlo.
FABIAN: Lo intenté, de todas las formas posibles lo intenté. Y no quiero mudarme y dejarlo solo porque al chico se lo llevan las ratas sin mí.
CELINA: Quizá no. Quizá es un holgazán porque tú se lo permites.
FABIAN: Pero si no se lo permito. Lo hace igual. ¿No estás escuchando mi historia?

Celina está a punto de responderle cuando Germán aparece. Al verlo a los dos, el policía se pone un poco incómodo, lo que automáticamente pone incómodo a Celina y Fabián.

GERMAN: Celina, Wilfredo está disponible. Está en una sala especial en donde estará esposado todo el tiempo. Por cuestiones de seguridad, no le quitaremos las esposas.
CELINA: No son necesarias, pero lo entiendo.
GERMAN: Si me acompañas, te llevaré con él.

Celina asiente. Le sonríe una vez más a Fabián y se marcha con Germán.

DAMIEN

Camina por la vereda prendiendo un cigarrillo cuando un auto aminora la marcha cerca de él. Damien se gira y se encuentra con Franco. Damien, obviamente, decide ignorarlo y continuar su caminata.

FRANCO: Venía a la Residencia porque quería hablar contigo.
DAMIEN: Pues me hubieras avisado antes porque no estoy ahí.
FRANCO: Son sólo unos segundos. ¿Puedes detenerte?

Damien se gira hacia él, va hacia la puerta del auto y le abra por medio de la ventanilla.

DAMIEN: Estoy llegando tarde. No tengo mucho tiempo, así que lo que me tengas que decir, reduce el número de palabras al mínimo.
FRANCO: Vaya, Damien. Cualquiera pensaría que estás enojado conmigo.
DAMIEN: ¡Me despediste! ¿Cómo quieres que sea mi reacción al verte?
FRANCO: Bueno, sobre eso venía a hablar. Tu amigo, con el que te acostabas en la oficina, ha intervenido por ti este mediodía y me hizo entrar en razón.
DAMIEN: Me imagino. Te habrá recordado que es el socio con el 51% de las acciones del Canal.
FRANCO: Un porcentaje suficiente para entrar en razón, ¿no crees?
DAMIEN: Vete al cuerno, Franco.
FRANCO: Quiero que recuperes tu trabajo.
DAMIEN: Te lo agradezco. Lo acepto. Tú puedes irte al cuerno de todas maneras. Nos vemos el lunes, jefe.

Damien se gira para continuar su caminar.

FRANCO: Déjame que te lleve a donde fuera que vayas.
DAMIEN: Voy al acantilado.
FRANCO: ¿A qué vas ahí?

Damien sonríe pero no le responde nada.

FRANCO: De acuerdo, me imagino a lo que va la gente a un acantilado un sábado por la noche. Al menos dime si es droga o sexo, así sé si me puedo unir.
DAMIEN: Creo que es ambas. Y hasta ayer, podías unirte a cualquiera. Ahora no estás invitado a ninguna.

CELINA

Celina, con los ojos empañados en lágrimas, no puede dejar de sentir una tremenda emoción al ver a Wilfredo nuevamente.
Aunque él no puede devolvérselo, ella lo abraza con mucha ternura.

CELINA: Oh, mi pequeño Wilfredo. Es una suerte que te encuentres recuperado.
WILFREDO: Yo... Estuve quemado... Por el fuego, por el fuego... Mi cuerpo estaba raro... Todavía tengo la piel rara... ¿Quieres ver mis costras?
CELINA: No es necesario, tesoro.

Celina toma asiento frente a él.

WILFREDO: He visto a mi hermano... Está enfadado... Pero mi hermano siempre está enfadado... Dice que lo traicionaron... Dice que encontrará la manera de salir de aquí y cobrará venganza... Está enojado... Enojado... Wilfredo le tiene miedo... Lo mira y no sabe bien qué responderle...
CELINA: Lamento mucho todo lo que sucedió, Wilfredo. Lo que ese muchacho malo te hizo.
WILFREDO: También está aquí, Celina... El muchacho que me fue a atacar en la cabaña está aquí... Al principio él también estaba enojado... Pero después ya no... Ahora llora todo el tiempo... Y en realidad está asustado... Otro de los presos lo hace dormir con él todas las noches... Y eso lo hace llorar mucho...
CELINA: Una parte mía está horrorizada por tu historia y otra no puede dejar de sonreír. Bueno, Álvaro es un cretino que se merece que le pasen todas las cosas malas que le pasan. Temo por ti, que eres inocente.
WILFREDO: Yo golpeé al comisario y a su mujer... Los lastimé...
CELINA: Pero porque eres un bruto, Wilfredo, no porque eres malo.

Celina se muerda la lengua, como si se le acabara de ocurrir una nueva idea.

CELINA: Ya sé lo que haré. ¿Te gustaría que volvamos a estar juntos en el bosque?
WILFREDO: Sí... ¡Sí!... Y en el lago... Nos gustaba nadar en el lago...
CELINA: A ti te gustaba nadar en el lago. Bueno, está bien. Volveré mañana a verte y tendremos un rato en nuestro bosque.

Wilfredo sonríe, aunque no logra entender cómo lo hará Celina.

GERMAN

Germán y Celina están caminando por el pasillo para salir de la habitación donde ella vio a Wilfredo. A juzgar por la expresión de Celina, el policía ya está al tanto de su plan.

GERMAN: Lo que estás por hacer es un delirio.
CELINA: Pero creo que es posible.
GERMAN: No puedes simplemente venir, elegir a un prisionero y llevártelo en un viaje astral al bosque, Celina. Además, ¿qué vas a hacer si alguien lo reconoce? Todo el pueblo está al tanto que él está en prisión. Si los ven juntos...
CELINA: Haré que nos traslademos hacia el futuro o hacia el pasado. A cualquier tiempo que no fuera el presente. Es lo de menos.

Germán continúa sin mostrarse convencido por la iniciativa.

GERMAN: No lo sé. Asesórate con Zack.
CELINA: Lo haré. De todos modos necesito su tierra mágica si quiero lanzar un conjuro. Sólo necesito de ti que mañana permitas que ingrese a ver a Wilfredo y que nadie nos filme mientras echo polvo sobre nuestras cabezas y hago un conjuro.
GERMAN: Cuenta con eso.

Celina le sonríe con ternura.

CELINA: Gracias. Eres bueno conmigo.

Le da un beso en la mejilla y Germán se queda perplejo.

FRANCO

Franco camina por la maleza de un pequeño monte, buscando entre los pequeños claros del acantilado. Finalmente, puede hallar un auto estacionado en donde dos hombres están hablando. Los reconoce como Pedro y Damien.
Y justamente están hablando de él.

PEDRO: Te dije que lo iba a solucionar. Era cuestión de hacerlo entrar en razón.
DAMIEN: Creo que lo asustaste más que hacerlo meditar.
PEDRO: Sirvió para el objetivo, ¿no crees? El lunes puedes ir a trabajar como si nada hubiera pasado.
DAMIEN: Sí. No puedo creer que en algún momento pensé que me atraía ese infeliz.

Franco hace un gesto de fastidio al escuchar cómo lo denominan.

PEDRO: Ese infeliz ahora tendrá sus ojos encima nuestro, así que nuestros encuentros clandestinos en la oficina se detendrán.
DAMIEN: Lo sé. Por eso estamos aquí, en medio de la nada.
PEDRO: No puedo ir dos veces en el mismo día a verte a tu barrio. Tus vecinos comenzarían a sospechar.
DAMIEN: No me preocupa.
PEDRO: A mí sí. Entiende que mi situación...
DAMIEN: Sí, Pedro. No vine hasta aquí para hablar de tu situación. De hecho, ni siquiera caminé hasta aquí para hablar.

Franco ve que Pedro sonríe y pasa al acto. Se besan.
Al cabo de unos segundos, Pedro vuelve a estar de rodillas ante Damien.
Un poco sorprendido, Franco decide sacar su celular y comenzar a filmar la escena.

EDGAR

El auto estaciona frente a la entrada del Barrio Privado.
Edgar mira como una muchacha desciende de él y camina hacia el portal.
Se sorprende al encontrarla parecida a Irupé.

EDGAR: ¿Irupé? ¿Eres tú?
JACINTA: No, soy su hermana.
EDGAR: Soy muy parecidas. Soy Edgar.
JACINTA: Ya sé quién eres. Mi hermana me prepara un banquete especial esta noche y me gustaría que nos acompañes.
EDGAR: No creo que sea muy feliz de verme allí.

Jacinta, entonces, pone sus ojos en blanco y Edgar se sobresalta.
Entonces entiende que está frente a la entidad que él mismo convocó.

EDGAR: Aristófanes.
JACINTA: Ven conmigo, Edgar. Te prometo que no te arrepentirás.

Edgar asiente, sonriendo con confusión.

IRUPE

Irupé se pone nerviosa cuando escucha que suena el timbre de su vivienda.
En el comedor, están sus amigos y su marido interactuando tranquilamente. Además de Jaime, también se encuentran Virginia, Celina y Fabricio.

IRUPE: De acuerdo. Si ustedes sienten que mi hermana les empieza a caer mal, recuerden que es un sentimiento normal que ella genera, así que traten de disimularlo lo mejor posible. Con un poco de suerte, ella simplemente se marchará cuando terminemos de comer.
CELINA: ¿Por qué accediste a cenar con ella si no te cae bien?
IRUPE: Porque rechazarla implicaría soportarla luego. Se lo contaría a mis padres y me harían la vida imposible. Quiero evitarme los dolores de cabeza.
FABRICIO: ¿No sientes dolores de cabeza en este momento?
IRUPE: Sí, lo sentí todo el día.
VIRGINIA: También yo. Pero creo que se debe a la abstinencia. ¿En qué momento vamos a descorchar la primera botella?
IRUPE: En un segundo, Virginia. Todos tranquilos y todos en calma...

El timbre vuelve a sonar.

IRUPE: ¡Ya voy, estúpida!

Irupé abre la puerta furiosa pero se queda perpleja al encontrar del otro lado a Edgar en compañía de su hermana.

IRUPE: ¿Y tú qué haces aquí?
JACINTA: Invité a este gentil hombre a que se nos una. Es el dueño del barrio, Irupé. Supongo que no habría problemas, ¿no?

Irupé se queda pálida. No responde. Pero se hace a un costado y los deja pasar.

MOMENTO MUSICAL

En medio de toda una situación general de incomodidad en la casa de Irupé, ella ayuda a Jaime a servir la comida mientras mira a Edgar, quien a la vez hace poco por ocultar los deseos por ella.
Fabricio y Virginia hacen lo mismo con el juego de mirada, de una forma menos lasciva pero igual de poco sutil.
Celina, a su vez, mira por la ventana justo en el momento en que Fabián camina por una de las calles del barrio.
Pedro y Damien están juntos en el interior del auto, semidesnudos. Ninguno de ellos percibe a Franco que continúa con el celular tratando de capturar aquel encuentro en la grabación.



EDGAR:
Retírate un poco,
prepárate
por si acaba algo roto,
por si algo no sale bien.
IRUPE:
Que no,
que no nos sirve de nada
tener la luz apagada
y el hambre sobre la almohada.

DAMIEN:
Aléjate,
noto tu querer.
Ya está bien con lo poco
que te miré.
FRANCO:
Que no,
que no nos sirve de nada
tener la boca cerrada.
PEDRO:
Cuando la vida nos llama
y hay cosas que
no llegas a comprender.

VIRGINIA y FABRICIO:
Y a ti se te nota.
VIRGINIA:
Igual que a mí.
FABRICIO:
Dos idiotas.
VIRGINIA:
Que han jurado...
FABRICIO:
Que iban a estar enamorados.
VIRGINIA:
Como si fuera sólo un pecado...
AMBOS:
Para no tomarnos de la mano.

FABRICIO:
Hoy a mí se me nota
igual que a ti.
VIRGINIA:
Se te nota.
Rindámonos, amor,
pa' ser valientes.
AMBOS:
Decirnos ahora nunca
es para siempre.

VIRGINIA:
No supe del todo
si lo hice bien
y por eso primero
conté hasta diez.
FABRICIO:
Que no,
que no nos sirve de nada.
Por qué tirar la toalla
con la lucha ganada.

CELINA:
Lo tengo lo quiero,
lo sabes bien.
Tu amor es sincero
y yo también.
FABIAN:
Que no,
que no nos sirve de nada
tener la puerta cerrada
cuando la vida nos paga
con cosas que
no llegas a comprender.

IRUPE y EDGAR:
Y a ti se te nota.
IRUPE:
Igual que a mí.
EDGAR;
Dos idiotas.
IRUPE:
Que han jurado...
EDGAR:
Que iban a estar enamorados.
IRUPE:
Como si fuera sólo un pecado...
AMBOS:
Para no tomarnos de la mano.

CELINA:
Hoy a mí se me nota
igual que a ti.
FABIAN y CELINA:
Se te nota.
Rindámonos, amor,
pa' ser valientes.
CELINA:
Decirnos ahora nunca
es para siempre.

TODOS:
Y a mí se me nota,
igual que a ti se te nota.
IRUPE:
Este tiempo se nota,
sin quitarnos la ropa
sin poder besarte en la boca.
TODOS:
Y a mí se me nota,
igual que a ti se te nota.
FABRICIO:
Ya la casa está rota,
no seamos idiotas.
Niña, tú no te hagas la loca.
Por ti...

LA CENA

Tras una cena bastante silenciosa pero musical, los comensales están de sobremesa.
Ninguno parece percatarse que Jacinta se apartó del grupo y comenzó a murmurar en voz baja, hasta que Virginia, con la copa que tanto deseaba en la mano, se acerca hacia ella.

VIRGINIA: ¿Jacinta? ¿Te encuentras bien?

Jacinta se gira y hace sobresaltar a Virginia de tal manera que casi tira la copa. Por las dudas, la deja en la mesa antes de tirarla. La hermana de Irupé tiene los ojos completamente en blanco y sonríe como posesa.
Tras la exclamación de Virginia, todo el mundo se gira a mirar a Jacinta y también se sorprende.

JACINTA: Las medias partes se completan como el inicio de los inicios.

Sorpresivamente, Virginia y Fabricio intercambian una mirada de asombro y ambos, totalmente enardecidos por un extraño frenesí, saltan en los brazos de otro y comienzan a besarse apasionadamente hasta caer al suelo.

CELINA: ¿Qué demonios...?

Celina se gira para mirar a Irupé y, sin que ambas puedan evitarlo, se llenan de un deseo infernal por poseerse. Se besan apasionadamente y se tiran al piso.
A la distancia, Edgar, contempla la escena y hace una mueca de disgusto.

EDGAR: No, Aristófanes, lo has hecho mal. ¡Lo has hecho mal! Se suponía que esto se debía arreglar...

Edgar no se da cuenta que Jaime está cerca de él hasta que ya es demasiado tarde.
Rompiéndole la boca de un beso, Jaime tira a Edgar al piso también.


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