LA NOCHE DEL INCENDIO
Damien
está hablando por teléfono, corriendo a lo loco en compañía de Irupé, Germán y
Virginia, que siguen a Celina vestida de novia que se adentra en el bosque.
DAMIEN:
Estamos viendo que la cabaña del bosque está ardiendo. Dime que no tuviste nada
que ver con esto... ¿Dónde estás?...
Irupé
le lanza una mirada confusa mientras continúa corriendo. Damien se mantiene
inmune a la intriga de sus amigos.
DAMIEN:
Estamos yendo para allá. No sé nada más... De acuerdo. Hablamos luego.
Corta
la llamada y sigue corriendo en compañía de los demás.
IRUPE:
No sé qué me intriga más. Si la llamada que hiciste o el hecho de que siempre
terminamos los eventos persiguiendo a Celina, que encuentra la manera de seguir
corriendo como una loca.
DAMIEN:
Sólo quería descartar a uno de los veinte sospechosos que tendremos a partir de
este giro.
IRUPE:
¿Con quién hablabas?
DAMIEN:
Con Franco.
IRUPE:
¿El chico de la limpieza? ¿Por qué sospecharías que él fue el que incendió la
cabaña? ¿Qué sentido tiene?
DAMIEN:
Tengo mis motivos.
IRUPE:
Damien...
Virginia
se gira hacia ellos sin dejar de correr.
VIRGINIA:
Chicos, tendremos tiempo de sobra para esto. Ahora tenemos otras prioridades y
si hablan, pierden oxígeno, el cual necesitan para correr con velocidad. Así
que cierren la maldita boca que la novia desquiciada se nos pierde.
Damien
e Irupé guardan silencio entonces y continúan corriendo, adentrándose en el
bosque.
GRUPO
Reunidos
en la casa de Virginia se encuentra el grupo compuesto por los cinco de siempre
más la incorporación de Fabricio.
VIRGINIA:
Entonces, la búsqueda del hijo de Paola y Pablo es un callejón sin salida.
GERMAN:
Y ella no demostró interés en continuar investigando tampoco. Pero, ¿a qué no
saben en qué demostró interés?
Germán
sonríe con picardía mientras Damien, a su lado, pone los ojos en blanco.
DAMIEN:
No lo digas.
GERMAN:
¡En mí! Soy una máquina sexual.
DAMIEN:
Lo dijiste.
IRUPE:
(a Damien) Déjalo ser. Está descubriendo su sexualidad. Tiene derecho a
jactarse.
DAMIEN:
Claro que sí, pero podría hacerlo con más sutileza.
IRUPE:
¿Sutileza? ¡Tú nos mostraste los videos que filmas cuando tienes encuentros con
Pedro.
DAMIEN:
Lo sé, pero yo lo hago desde la inocencia. Porque ustedes son mis mejores
amigos y me gusta compartir cosas.
FABRICIO:
Lo compartiste conmigo y acabas de conocerme.
DAMIEN:
¿Qué puedo decirte? Entro en confianza rápido.
CELINA:
¿Alguno podría, por favor, mencionar lo obvio?
DAMIEN:
¿Que las tetas de Irupé están por escaparse de su escote?
CELINA:
Eso y el por qué está este chico en nuestras reuniones secretas.
VIRGINIA:
Es mi compañero de trabajo y yo lo invité.
CELINA:
Pero para incluirlo en nuestro grupo, ¿no deberíamos votar?
VIRGINIA:
Claro que sí.
CELINA:
Bien.
VIRGINIA:
Si es que esto fuera una democracia.
FABRICIO:
Entiendo el recelo, pero si les sirve de algo, estoy en trámites de mudarme a
este barrio.
CELINA:
Bueno, eso ya es algo.
VIRGINIA:
(a Celina) Es más que tú, que te vas a casar con Santiago, que vive en otro
lado.
CELINA:
¡Ese es un golpe bajo, Virginia!
IRUPE:
(a Celina) No lo es. ¿Vas a seguir viviendo aquí después de casarte?
CELINA:
No tiene por qué cambiar nada.
DAMIEN:
(a Celina) ¿Acaso hablaron sobre vivir en la misma casa que tienen actualmente?
¿O planean irse a otro lugar después que se casen?
CELINA:
No, no lo hablamos.
GERMAN:
(a Celina) ¿No hablaron sobre si van a formar una familia?
CELINA:
Tampoco hablamos de eso.
IRUPE:
(a Celina) ¿Hablaron sobre algo después de que hayas aceptado casarte con una
persona que estabas por abandonar?
CELINA:
No, no hablamos de nada. Por eso les digo que nada tiene por qué cambiar.
Aunque sí, tuvimos una inquietante conversación sobre Fernando.
GERMAN:
Yo también averigüé cosas sobre él.
CELINA:
Es mi momento, Germán.
GERMAN:
Lo siento.
Celina,
con su drama característico, comienza a caminar por el living como evocando un
recuerdo muy profundo.
CELINA:
Santiago me contó una charla que tuvo con Álvaro. Tal parece que él pensaba que
yo engañaba a mi futuro marido con Fernando.
Mira
con ansiedad a su audiencia, pero nadie parece escandalizarse.
CELINA:
¿No les parece una revelación poderosa?
DAMIEN:
No tanto. Fueron tres los que atacaron a Fernando y siempre sospechamos que
Hernán no era el autor intelectual. ¿Es posible que Álvaro fuera el que
organizó todo?
GERMAN:
Y aun así, nos faltaría un ayudante más.
IRUPE:
No tiene sentido. ¿Por qué Álvaro sospecharía que Celina estaba engañando a
Santiago con Fernando?
DAMIEN:
A menos que fuera Hernán el que se lo dijo.
IRUPE:
¿Y de dónde sacaría Hernán una cosa así?
Todos
se giran a mirar a Virginia, quien bebe de su copa de vino.
VIRGINIA:
Realmente las tetas de Irupé parecen tener vida propia.
CELINA:
¡Virginia! ¡Fuiste tú! ¡No puedo creerlo!
DAMIEN:
Esa es una revelación poderosa.
VIRGINIA:
De acuerdo. Desdramaticemos.
IRUPE:
¿Desdramaticemos? ¡Un chico estuvo en coma!
VIRGINIA:
Y si Hernán hubiera desdramatizado, nada de esto hubiera pasado. ¿Ven cómo mis
consejos son buenos?
FABRICIO:
¿Por qué le dijiste a Hernán que Celina estaba con Fernando?
VIRGINIA:
Porque...
CELINA:
¡Porque no quería admitir que le gustaba a ella!
Fabricio
sufre el impacto de la revelación.
FABRICIO:
Oh. ¿Es cierto?
VIRGINIA:
¿Me ves con ganas de admitirlo ahora?
FABRICIO:
Debo irme a trabajar. Fue un gusto conocerlos a todos.
Lentamente,
se incorpora para salir de la vivienda. Virginia, poniendo los ojos en blanco,
mira al grupo que no entiende nada.
VIRGINIA:
Lo voy a acompañar hasta la salida.
VIRGINIA
Virginia
va detrás de Fabricio, apresurada pero intentando mantener el equilibrio para
que no caiga ni una gota de su copa de vino.
VIRGINIA:
Espera. Déjame explicarte.
FABRICIO:
No tienes nada que explicarme. Te gustaba ese chico y en ese momento, no lo
podías admitir.
VIRGINIA:
En mi defensa, el chico era muy atractivo. Si tú lo conocieras, pensarías
igual.
FABRICIO:
Seguramente que sí... Espera, ¿qué?
VIRGINIA:
Fue un error de cálculos. Las cosas simplemente se me salieron de control. Sé
que tendría que haber dicho la verdad, pero en ese momento no podía.
FABRICIO:
¿Y ahora?
VIRGINIA:
¿Ahora qué?
FABRICIO:
¿Puedes admitir otra cosa?
Virginia
se queda boquiabierta pero no dice nada.
Fabricio
sonríe una vez más y se marcha del barrio.
FRANCO
Al
día siguiente, un malhumorado Franco está limpiando las oficinas del Canal. En
eso, Damien aparece sigilosamente por el pasillo.
DAMIEN:
¿Sabes si Pedro está libre en su oficina?
FRANCO:
No haré esto.
DAMIEN:
¿Hacer qué cosa?
FRANCO:
Hacer de tu Cupido para tus encuentros clandestinos con el jefe. Sólo soy el
chico de la limpieza.
DAMIEN:
Diablos, Franco, relájate. ¿Qué te sucede?
FRANCO:
Pasa que después de intentar acercarme a mi padre para que deje de humillarme
con este puesto de trabajo como limpiador, y de darle información mucho muy
útil para salvar su trasero, él sigue ignorándome. Y por si eso no fuera
suficiente, ahora tengo al chico que me gustaba pidiéndome que sea su cómplice
para que él se encuentre con otro.
DAMIEN:
Bien, no puedo ayudarte con lo del chico que te gustaba.
FRANCO:
¿Y con lo de mi padre?
DAMIEN:
Tampoco. Realmente sólo quería un rato de sexo casual con Pedro. Esta especie
de prueba que me haces como si fueras una esfinge, es un precio demasiado caro
para un pequeño momento de satisfacción.
Damien
se encamina hacia la oficina de Pedro cuando Franco detiene su marcha.
FRANCO:
¿Qué sucedió con Edgar Villas? ¿Por qué no está preso si ya descubrieron que
los estafaba?
DAMIEN:
Es complicado.
FRANCO:
Se volvieron sus cómplices.
DAMIEN:
No... Pero de momento, no vamos a hacer nada en su contra. ¿Puedo pasar a la
oficina de Pedro ahora?
Franco
se aparta de su camino con una mirada desafiante.
DAMIEN
Damien
ingresa a la oficina de Pedro.
DAMIEN:
El chico de la limpieza está de malhumor.
PEDRO:
Es el clásico niño rico que ha vivido en cuna de oro y que de repente no
soporta tener que agarrar una escoba para atender a los demás. Secretamente me
agrada lo que el padre le está haciendo.
DAMIEN:
No tenía idea de que tenías tanto resentimiento contra la aristocracia.
PEDRO:
Solamente con él. Después de todo, tú casi empiezas algo con ese pescado.
DAMIEN:
Claro. Quedarme con el tipo con mujer fue una decisión más acertada.
PEDRO:
Al menos yo no soy un cobarde, ¿no crees?
DAMIEN:
Si tantas ganas tienes de competir con Franco, ¿por qué mejor no espadean?
PEDRO:
No voy a tener un duelo de espadas.
DAMIEN:
Con sus penes. Algo bueno tenemos que sacar de esta contienda.
PEDRO:
¿Qué puedo hacer por ti?
DAMIEN:
Sólo vine a ver si tenías ganas de tener sexo.
PEDRO:
Oh.
Pedro,
lejos de entusiasmarse, se recuesta sobre el sillón.
PEDRO:
Así que ahora eres tú el que viene a buscarme a mí.
DAMIEN:
Oye, si te vas a hacer el difícil, puedo ir a ofrecérselo a Franco. Es obvio
que él lo necesita más.
PEDRO:
No, no, está bien. Cierra la puerta con llave.
Damien,
sonriendo y mientras va tirando la ropa por el camino, pone llave a la oficina
de Pedro.
JOSEPH
Joseph
y Santiago están vistiéndose de civil cuando ingresa Pablo Catalani.
PABLO:
¿Terminó su turno, muchachos?
SANTIAGO:
Sí, tenemos que ir a la iglesia. El cura quiere hablar con mi padrino.
JOSEPH:
¿Eso es realmente necesario?
SANTIAGO:
Sólo te dará unos consejos universales sobre cómo tienes que comportarte con
respecto a mí. Guiarme por el camino del bien, asegurarte de que cumpla mis
votos matrimoniales, ser leal hacia mí y decirme la verdad.
PABLO:
Entonces eso será fácil. Joseph siempre te ha dicho la verdad, ¿no, Joseph?
Ambos
miran a Joseph que se queda pálido.
JOSEPH:
Por supuesto.
SANTIAGO:
(a Pablo) Si hay alguien en quien confío es en él. Nunca ha tenido necesidad de
mentirme.
PABLO:
Ni de ocultarte nada. ¿Verdad, Joseph?
Joseph
vuelve a tragar saliva.
JOSEPH:
Obvio que no.
SANTIAGO:
Lo sé. Vamos que llegaremos tarde.
Santiago
sale del vestuario y Joseph lapida con la mirada a su jefe.
JOSEPH:
¿Qué diablos intentas hacer?
PABLO:
Simplemente díselo. Todos lo sabemos menos él.
JOSEPH:
No tengo nada que decirle. Se va a casar con su novia. Fin de la historia.
PABLO:
Los homosexuales han sufrido lo suficiente como para tener que callar sus
emociones también.
JOSEPH:
Esto no es por ser gay. Esto es por no ser correspondido.
PABLO:
¿Cómo sabes que no serás correspondido?
JOSEPH:
¡Porque se va a casar con su novia!
PABLO:
Eres un cobarde.
JOSEPH:
Puede, pero al menos hago lo que es correcto.
PABLO:
Llevar al altar al hombre que amas y entregárselo a otra persona. Eres un
experto en hacer las cosas bien, ¿eh?
Joseph
pone los ojos en blanco y sale del vestuario.
VIRGINIA
Virginia
está terminando su clase cuando Fabricio llega para cubrir su horario. El
muchacho se encuentra totalmente traspirado.
VIRGINIA:
Hey. ¿Viniste corriendo?
FABRICIO:
Hola. Sí. Estaba un poco ansioso, así que preferí dejar la camioneta de lado y
venir corriendo. Me voy a pegar una ducha en el vestuario antes de dar mi
clase.
VIRGINIA:
Con respecto a lo que pasó anoche...
FABRICIO:
Me cayeron bien tus amigos. Es un lindo grupo. Hasta me dieron ganas de estar
en las fotos que ustedes están. A ese nivel.
Virginia
comprende que no es un buen momento para hablar del tema y decide girar la
charla hacia otro sitio.
VIRGINIA:
Es bueno que te agrade. Porque necesito que acompañes a Damien y a Germán en un
plan que elaboramos para atrapar a Álvaro.
FABRICIO:
¿Elaboraste ese plan asumiendo que iba a decir que sí?
VIRGINIA:
Por supuesto.
FABRICIO:
¿En ningún momento pensaste que me podría negar?
VIRGINIA:
¿Por qué te negarías?
FABRICIO:
Porque estamos investigando quien golpeó al chico que te gustaba para tratar de
ayudar a tu ex novio, actualmente prófugo de la justicia. ¿Qué te parece ese
motivo?
VIRGINIA:
Esa clase de inteligencia es la que necesitamos para que nuestros planes salgan
bien. Tú ves más allá de las palabras.
Fabricio,
sin creer en lo absoluto en aquel halago fácil, se gira hacia el vestuario.
FABRICIO:
No veo tan bien como quisiera.
MOMENTO MUSICAL
Facundo
se encuentra duchándose, mientras en el exterior, Virginia está terminando de
juntar sus cosas para marcharse.
Franco
sale al exterior del canal para fumar un cigarrillo.
Joseph
está llegando a la iglesia con Santiago. Celina los está esperando allí.
Mientras
que Damien y Pedro están terminando de copular.
VIRGINIA:
Por cobardía
me fui de ti.
Por culpa mía,
por egoísmo
ya te perdí.
FABRICIO:
Por cobardía
huí de ti.
CELINA:
Y qué ironía,
aunque sonría
no soy feliz.
JOSEPH:
Y ahora te vi pasar
con alguien que te abrazó.
Y cómo disimular
que mi alma se derrumbó.
VIRGINIA:
Yo pensé que te podría reemplazar.
CELINA:
Tú creíste que me ibas a olvidar.
SANTIAGO:
Yo jamás toqué otra piel
con tanto y tanto amor.
FRANCO:
Y sé bien que aún extrañas mi calor.
JOSEPH:
Te quise hablar
pero al llorar
mi voz calló.
Por cobardía
yo me olvidé de amar.
FRANCO:
Y ahora te vi pasar
con alguien que te abrazó.
Y cómo disimular
que mi alma se derrumbó.
DAMIEN:
Yo pensé que te podría reemplazar.
PEDRO:
Tú creíste que me ibas a olvidar.
DAMIEN:
Yo jamás toqué otra piel
con tanto y tanto amor.
PEDRO:
Y sé bien que aún extrañas mi calor.
VIRGINIA:
Te quise hablar
pero al llorar
mi voz calló.
Por cobardía
yo me olvidé de amar.
LA NOCHE DEL INCENDIO
Franco
recibe la llamada de Damien. Está en el despacho de su padre. Todo el tiempo
habla mirando desde la ventana hacia la calle. Parece perturbado.
DAMIEN:
Estamos viendo que la cabaña del bosque está ardiendo. Dime que no tuviste nada
que ver con esto.
FRANCO:
¿Un incendio en el bosque? Por supuesto que no tengo nada que ver con eso.
DAMIEN:
¿Dónde estás?
FRANCO:
Estoy en mi casa. Bueno, la casa de mi padre. ¿Dónde estás tú? ¿No tenías la
boda de tu amiga? ¿O acaso estás corriendo hacia el medio del bosque?
DAMIEN:
Estamos yendo para allá.
FRANCO:
¿Qué sucedió?
DAMIEN:
No sé nada más.
Franco
sonríe imperceptiblemente.
FRANCO:
No puedes dejar de meterte en problemas, ¿no? ¿Por qué no vienes a casa cuando
todo se calme? Quizá necesite tu ayuda con algo.
DAMIEN:
De acuerdo. Hablamos luego.
Franco
corta la comunicación y se gira para mirar hacia el piso de la oficina.
El
señor Verdi está tirado en el suelo y un pequeño charco de sangre se encuentra
alrededor de su cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario