LA HORCA
Finales
del 2019.
Siete
cuerpos colgantes.
Zackarías,
alias Zack, Impírcala, también conocido como El Hechicero, contempla a aquellos
hombres y mujeres sin vida.
No
nota que hay un hombre contemplando la escena junto con él hasta que éste no le
habla. El hombre parece más interesado en las lágrimas de sus ojos que en los
ahorcados.
EDGAR:
No me vas a decir que estás llorando.
ZACK:
Es un final. La batalla terminó y no me genera nostalgia el resultado, sino que
se haya terminado.
EDGAR:
Pero es un final feliz, ¿no lo crees? Porque por suerte, ahora comenzarán las
cosas buenas.
ZACK:
Suena absurdo que estés celebrando esto cuando hay amigos tuyos colgados frente
a ti.
EDGAR:
Ellos sabían lo que hacían, Zack. Y si no pudieron evitar meterse donde no
debían, no me haré responsable de su suerte. Mucho menos, el ponerme triste por
ellos.
Zack
no responde nada más y vuelve a contemplarlos.
Cierra
los ojos con mucha fuerza y al abrirlos, vuelve a estar en una habitación. En
la suya.
EL HECHICERO
Zack
todavía está conmocionado por las imágenes que tiene en su cabeza.
Mira
en el calendario.
Es
12 de noviembre de 2018.
Todavía
falta un año para la imagen que le vino a la cabeza pero tiene que empezar a
trabajar en ese momento.
Sale
al exterior de su habitación. Allí hay una antesala, en donde Blanca, una mujer
de misma descendencia africana, está murmurando algunas maldiciones mientras
juega con vela. Cuando ve a Zack, interrumpe sus murmullos para prestarle
atención.
ZACK:
Lo he visto.
BLANCA:
¡Qué alegría, mi señor!
ZACK:
Es en Estrella Dorada. Busca algo que haya sucedido en Estrella Dorada
recientemente y que esté relacionado con el fuego. Allí es donde debemos
empezar.
Blanca
corre hacia una antigua computadora y teclea, con cierta lentitud, algunas
palabras claves en el buscador.
Se
pone a revisar las páginas hasta que encuentra lo que buscaba.
BLANCA:
Hubo un incendio hace dos días. Dos personas estaban dentro de una cabaña
cuando se prendió fuego...
ZACK:
Es él.
BLANCA:
Pero no dice los nombres de las personas heridas. Sólo dicen que sus vidas
están en riesgo.
ZACK:
No importa. Sé qué es él. Si todavía está con vida, es él. Empaca tus cosas,
Blanca. Nos vamos a Estrella Dorada.
CELINA
En
el altar, Celina se encuentra frente a un cura, al lado de Santiago, vestida de
novia.
CURA:
Celina Inés Santa Fe, ¿aceptas por esposo a Santiago, para amarlo y respetarlo,
en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, hasta que la
muerte los separes?
Celina
mira con una sonrisa a su novio, quien a su vez sonríe con timidez.
CELINA:
Sí, acepto.
CURA:
Entonces, por el poder que Dios me ha conferido, los declaro marido y mujer. (a
Santiago) Puede besar a la novia.
La
pareja se da un beso mientras el público rompe en aplausos. Ambos, sonrientes,
atraviesan el pasillo y salen al exterior donde son recibidos por una avalancha
de arroz.
Tras
esa imagen, Celina se despierta en su cama, todavía con el vestido de novia
puesto y rompe a llorar.
GRUPO
Celina
sale a su living, con el maquillaje corrido, el cabello despeinado y con su
vestido de novia puesto. Germán, Fabricio y Virginia se encuentran almorzando
allí. Levantan la mirada cuando la ven y luego vuelven a concentrarse en sus
comidas.
CELINA:
Les agradezco que hayan decidido acompañarme en el primer día tras mi ruptura
con Santiago, pero no es necesario que estén aquí todo el tiempo.
GERMAN:
Lo mismo pensaba yo, pero Virginia nos obligó.
CELINA:
No sé por qué siento que soy la persona más desdichada del planeta.
FABRICIO:
Es sólo una mala perspectiva tuya. Si hablaras con las demás personas, te
darías cuenta que todos tienen sus problemas también.
La
puerta de la casa se abre e ingresan Damien e Irupé.
DAMIEN:
¡La cosa más fascinante del mundo ha sucedido! Franco ahora es el jefe del
Canal y acaba de echar a Pedro.
FABRICIO:
(a Celina) ¿Lo ves? El tal Pedro la debe estar pasando realmente mal.
DAMIEN:
Entonces me dio un beso y me dijo que ahora quiere empezar una relación
conmigo, ya que no soportaba que fuéramos solo amantes.
FABRICIO:
No sé por qué siempre intento poner a Damien como ejemplo. Sólo consigue
desilusionarme.
CELINA:
(a Damien) ¿Acaso no tienes una pizca de empatía? Acabo de dejar a mi novio e
intento concebir que otras personas son más desgraciadas que yo. Mientras que
tú, el único dilema importante que tienes en tu vida, es decidir con cuál
hombre te acuestas. ¡A cuál más exquisito!
FABRICIO:
(a Damien) Es verdad. Te conozco hace menos de dos semanas y lo único que supe
de ti es que tienes sexo a cada rato con alguien distinto.
Damien
toma asiento al lado de Celina, sumamente consternado por lo que acaba de
escuchar.
DAMIAN:
Vaya, chicos, no lo había pensado de esa manera. Quizá tengan razón y necesito
convertirme en una persona más profunda. Lo pensaré más tarde, después de tener
sexo.
Celina
entonces rompe a llorar.
CELINA:
¡Damien! ¡No puedes ser tan cruel!
IRUPE:
Bueno, Celina, si quieres encontrar a alguien con quien sentirte mejor, puedes
considerar mi desgracia. El hombre que deseo está en prisión y me encuentro
atrapada en un matrimonio sin pasión ni sentido. Al menos, tú no cometiste ese
error.
CELINA:
¡Pero ahora estoy sola!
VIRGINIA:
Vamos, Celina, ¿quién necesita de un hombre cuando puedes comprar todas las
botellas de vino que quieras?
CELINA:
¡El problema es que ya no puedo! Ahora que tengo que mantenerme sola, debo
renunciar a muchos lujos.
VIRGINIA:
Pero cada vez que necesites vino, siempre estaré allí para ti.
IRUPE:
Entiendo lo difícil que es independizarte, Celina. Cuando me tuve que ir de la
casa de mis padres para vivir con Jaime, tuve que acostumbrarme a otro tipo de
alimentación. Por ejemplo, dejamos de comer caviar todos los días y ahora sólo
debo conformarme con tres veces por semana. Una tortura.
CELINA:
(a Irupé) No puedo dejar de llorar por ti. (a Celina) Convídame tu vino.
VIRGINIA:
No tengo más ahora.
CELINA:
Tu copa está llena.
VIRGINIA:
Sí, pero es mi copa y es la última que me queda. Tú tienes que entender,
Celina, que estoy igual de devastada que tú. Hernán se marchó de casa y la
segunda vez parece ser la definitiva.
DAMIEN:
Y dejó un enorme espacio vacío.
Todos
lo miran ante el comentario.
DAMIEN:
Por el amor que emanaba, no por lo gordo. Diablos que hoy están sensibles.
FABRICIO:
Aunque no me guste reconocerlo, tengo que coincidir con Damien. La situación de
las tres es muy triste. Incluso hasta bizarra. Pero tienen que empezar a
encontrar la manera de salir adelante.
VIRGINIA:
Cada una a su manera.
Y
Virginia se bebe de un trago toda la copa de vino.
MOMENTO MUSICAL
En
el living de Celina, los chicos empiezan a cantar la canción. Los muchachos
intentan reanimar a las chicas. A su vez, las muchachas intentan quitar el
vestido de novia de Celina y volverla una persona decente.
FABRICIO:
Todo este tiempo
he tenido que escucharte,
que comprenderte,
que consolarte.
DAMIEN:
Sé que la vida
no te ha sido tan sencilla,
pero ya es tiempo
para olvidarse.
GERMAN:
Sé que es difícil
arrancar todo de nuevo,
que tus heridas
te han marcado para siempre.
FABRICIO:
Pero no pienses
que sufrir no te ha servido.
Es una forma de aprender
a no volver a cometer
el mismo error.
CELINA:
Amar sin ser amada
es una puñalada.
No vuelvo a equivocarme más.
Nunca más.
VIRGINIA:
Amar sin ser amada
y quedar abandonada.
No pienso someterme más
a otro amor
que no pueda devolver
todo lo que yo le doy,
todo lo que le confié.
Nunca más volveré.
CELINA:
Amar sin ser amada
dejó mi alma quebrada.
Por fin pude aprender.
GERMAN:
Parece un karma,
algún pecado del pasado.
Es un castigo no merecido.
FABRICIO:
Entregar todo el corazón
sin condiciones
y recibir tan solo desilusiones.
GERMAN:
No eres la única
que este mal ha sufrido.
No es un consuelo ya sucedido.
DAMIEN:
Pero no sigo
un sufrimiento sin sentido.
Es una forma de aprender
a no volver a cometer
el mismo error.
CELINA:
Amar sin ser amada
es una puñalada.
No vuelvo a equivocarme más.
Nunca más.
IRUPE:
Amar sin ser amada
y quedar abandonada.
No pienso someterme más
a otro amor
que no pueda devolver
todo lo que yo le doy,
todo lo que le confié.
Nunca más volveré.
CELINA:
Amar sin ser amada
dejó mi alma quebrada.
Por fin pude aprender.
CELINA
Frente
a la clínica, Virginia estaciona su automóvil. Celina está en el asiento de
acompañante. Ambas descienden.
VIRGINIA:
Celina, yo entiendo que quieras encontrar otros seres con vidas más miserables
que la tuya, pero ¿no crees que venir a ver a Wilfredo a la clínica, sólo para
sentirte mejor, es ir demasiado lejos?
CELINA:
¡Virginia, pero qué cosas dices! Me ofende. Quise venir a ver a Wilfredo porque
tras ser rescatado del incendio en su cabaña, sé que su vida pende de un hilo.
Y obviamente, no puedo sentirme bien de alguien que está muerto.
VIRGINIA:
Claro. Agonizando es el límite.
Las
dos chicas entran en la clínica rumbo a las habitaciones de terapia intensiva
cuando sorpresivamente se encuentran con Joseph.
CELINA:
Oh, por Dios. Es el padrino de mi frustrada boda. No me esperaba encontrarlo
aquí.
VIRGINIA:
¿No esperabas encontrar a policías custidiando la recuperación de una persona
acusada de atacar al comisario del pueblo?
CELINA:
¿Sabes, Virginia? Si lo dices en ese tono, me das a entender que piensas que
todo esto fue a propósito para encontrarme con mi ex.
Joseph
las distingue a la distancia y se acerca a saludar.
JOSEPH:
Chicas.
CELINA:
Hola, ¿está mi ex?
Virginia
pone los ojos en blanco mientras Joseph la mira desorientado.
JOSEPH:
No... No se encuentra aquí en este momento.
CELINA:
Oh. Mejor. ¿Y cómo está Wilfredo? ¿Está sufriendo? ¿Mucho? Pobre. Me parte el
alma. ¿Está en coma? ¿Puede sentir dolor?
Joseph
mira a Virginia, como buscando alguna respuesta.
VIRGINIA:
Está con las emociones alborotadas por la separación. Busca desgracias ajenas
para sentirme mejor consigo misma.
JOSEPH:
Ah, es una digna amiga tuya.
VIRGINIA:
¡¿Disculpa?!
CELINA:
(a Virginia) Uuuhhhh. ¡En tu cara, perra!
VIRGINIA:
¿Por qué no hablamos de lo que tenemos que hablar?
JOSEPH:
¿Qué quieren saber?
VIRGINIA:
Sobre Wilfredo y Álvaro. ¿Qué sucedió la noche del incendio?
JOSEPH:
Logramos rescatar a ambos con vida, pero tienen muchas quemaduras a causa del
fuego. Aunque ambos están fuera de peligro.
VIRGINIA:
Eso es una buena noticia, ¿no, Celina?
Celina
queda inmóvil, sin saber qué responder.
CELINA:
Hem... Sí. Me alegro mucho.
JOSEPH:
Si te hace sentir mejor, ambos están detenidos. Así que apenas salgan de aquí,
irán directamente a prisión.
CELINA:
Eso me hace sentir mejor. Gracias.
Virginia
la lapida con la mirada.
CELINA:
Bueno, es que son criminales, ¿no? Los criminales deben estar presos.
Joseph
mira un mensaje de su celular y luego mira a Celina.
JOSEPH:
Y si quieres verlo, Santiago está viniendo a buscarme.
CELINA:
¡¿Qué?! ¡Virginia, tenemos que irnos!
VIRGINIA:
¿No vas a querer pasar a ver a Wilfredo?
CELINA:
¡Lo iremos a ver a prisión!
JOSEPH:
Santiago también estará allí.
CELINA:
¡¿Pero qué tienen en mi contra?!
Virginia
revolea la mirada y se gira para sacar a Celina de allí.
VIRGINIA
Una
de las ruedas del auto de Virginia se pincha y ambas se ven obligas a
estacionar a un costado de la calle. Descienden.
CELINA:
No puedo creer que la mala suerte me persiga. ¡Soy yo que estoy condenada! ¿Qué
hice?
VIRGINIA:
Cálmate, Celina. Llamaremos a Fabricio o a Fernando para que cambien la
cubierta y...
CELINA:
(interrumpiendo) ¿Llamar a alguno de los dos chicos que te gusta para que
cambien la rueda? ¿Estás demente?
VIRGINIA:
Claro. Yo soy la rara.
CELINA:
De ninguna manera, Virginia. Somos mujeres libres e independientes y tenemos
que actuar como tales. Somos empoderadas. Sumamente capaces de salir de esta
situación sin que ningún hombre nos venga a ayudar. Abre el baúl que sacaré la
rueda de repuesto.
Virginia
suspira y, con cierto fastidio, abre el baúl. Celina se mete dentro de él para
buscar la rueda pero a los pocos segundos vuelve a salir, sumamente alterada.
CELINA:
¡Virginia! ¡No tienes rueda de auxilio! ¡Hay cuatro botellas de vino en lugar
de la rueda!
VIRGINIA:
Oh, es que supuse que si alguna vez se me pinchara una rueda, estaría tan
alterada que necesitaría de un buen vino para pasar el mal rato. Y mira que
seré de precavida que yo tenía razón.
Totalmente
feliz, ante la mirada atónita de Celina, Virginia descorcha un vino y se pone a
tomar del pico. Luego, mira a su amiga.
VIRGINIA:
¿Ahora podemos llamar a alguien para que nos saque del apuro?
CELINA:
Para ser una mujer que se jacta de desenvolverse sola, eres demasiado
dependiente de los hombres.
VIRGINIA:
Ese es el error. Tú crees que yo dependo. Yo sólo doy órdenes. Pero si tanto
rechazo tienes a la idea de que recurra a Fabricio o a Fernando, al menos
podemos recurrir a la fuerza pública.
Virginia
sonríe al ver al patrullero de policía que se acerca. Celina, a su lado, se
quiere morir.
CELINA:
No, no, no, no. Santiago no.
JOSEPH
Joseph
está en el asiento de acompañante de la patrulla que maneja Santiago. A la
distancia, ven el auto de Virginia que necesita ayuda.
SANTIAGO:
¿Cuáles son las chances de que me encuentre a mi ex, dos días después de haber
terminado?
JOSEPH:
¿En un pueblo como éste? Muchas.
SANTIAGO:
¿Por qué no fuimos por la calle principal?
JOSEPH:
Vamos, necesitan de nuestra ayuda. No la mires como tu ex novia sino como una
civil que necesita de tus servicios.
SANTIAGO:
¿Puedo verla como una criminal armada y peligrosa? La ley me protegería contra
lo que en realidad quiero hacer.
JOSEPH:
Santiago, aprende a separar tus emociones del trabajo. Además, para ella será
difícil verte.
SANTIAGO:
¿Qué tan complicado puede ser? Ella fue la que me dejó en el altar. Seguro que
la está pasando muy bien.
A
la distancia, ven como Celina se quiere subir a la reja para entrar en el patio
de un vecino. Virginia la retiene tirando de su remera con una mano mientras
sostiene la botella de vino con la otra.
CELINA:
¡Virginia, por favor! ¡Déjame ir!
VIRGINIA:
¡Celina! ¡Hay perros en esa casa! ¡Es peligroso!
CELINA:
¡Prefiero los perros!
Al
continuar forcejeando, la botella se resbala de las manos de Virginia y se hace
añicos contra la vereda.
Se
produce un suspiro general entre las dos chicas y los dos policías que ven la
escena dentro del auto.
JOSEPH:
Creo que es mejor que bajemos ya.
Joseph
y Santiago descienden del automóvil. Celina deja de intentar huir y busca
consolar a su amiga, que devastada al ver el vino perdido, se tira a llorar sin
consuelo de rodillas.
VIRGINIA:
¡Noooooo! ¡¿Por qué, Dios, por qué?!
CELINA
Mientras
Santiago y Joseph cambian el neumático pinchado, Celina y Virginia están
sentadas al cordón de la vereda.
JOSEPH:
Bueno, chicas, creo que esto ha quedado bien.
VIRGINIA:
No, Joseph. Ya nada estará bien de nuevo.
CELINA:
Virginia, por Dios, sólo era una maldita botella. Tienes tres más en el baúl.
VIRGINIA:
Una botella acaba de fallecer y tú me pides que me consuele pensando que hay
más como esas. ¿Qué clase de consejo es ese? Sólo necesito ir a mi casa, beber
un buen vino y olvidar este doloroso día.
Totalmente
angustiada, Virginia se sube en el asiento de conductor. Joseph interpreta que
también debe retirarse y se marcha, dejando a Celina y a Santiago solos.
SANTIAGO:
Tampoco es que estoy feliz de verte, pero me muero de curiosidad por saber por
qué tú me estás esquivando a mí cuando fuiste la que me dejó.
CELINA:
Porque no es fácil hablar contigo, Santiago. Si lo fuera, te habría dejado
mucho antes.
Santiago
queda sorprendido por la declaración. Ella también.
CELINA:
Bien, eso sonó terriblemente mal.
SANTIAGO:
¿Estuviste conmigo durante tanto tiempo cuando en realidad no querías?
CELINA:
Si decirte que sí me convierte en una persona horrible, entonces lo soy.
SANTIAGO:
¡Por supuesto que sí!
CELINA:
¡No soy un persona horrible! Sólo que... No eras tú.
Él
no agrega nada más y Celina entra en el automóvil. Virginia está angustiada.
VIRGINIA:
Esto no pudo ser más triste.
CELINA:
Lo sé. Es triste decirle a alguien que no es la persona que quieres en tu vida.
VIRGINIA:
Celina, a nadie le importa tu relación, yo hablo...
CELINA:
Si vuelves a mencionar tu botella rota una vez más, te vas a quedar sin las
tres que tienes en el baúl y tiraré la petaca que escondes en la guantera.
VIRGINIA:
El tiempo cura todas las heridas. ¿Quieres que compremos helado de camino a
casa?
EL HECHICERO
El
tren llega a la estación.
Dos
personas de piel oscura descienden de él. Lejos de la vestimenta característica
de sus tribus, han escogido vestir como civiles normales.
Zack
está fascinado por el pequeño pueblo. Es consciente de que estuvo allí sin
haber estado realmente. Aunque luce diferente a cómo se presentó en sus
visiones.
ZACK:
¿Sabes en qué clínica está internado?
BLANCA:
No lo decía el periódico. Pero estimo que no habrá muchas clínicas en un lugar
tan pequeño. Lo encontraremos rápidamente.
Zack
mira hacia el pueblo con genuino entusiasmo.
ZACK:
Oh, mi querido Wilfredo. Te has escapado lejos esta vez.
BLANCA:
Lo encontraremos en unos minutos, mi señor.
ZACK:
Así será, Blanca. Así será.
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