jueves, 29 de noviembre de 2018

Chapter 36


GRUPO

Celina, Virginia, Fabricio, Damien, Irupé y Germán están conversando en la casa de Virginia, sitio predilecto para estas reuniones.
Después de la orgía colectiva, todos se encuentran un poco tensos de la situación.

IRUPE: Jaime me preguntó si Edgar y yo teníamos algo. Yo dije que sí. Él se fue a dormir y al día siguiente no volvimos a hablar del tema. Y es como si nunca pasó.
CELINA: Tal vez lo mejor para todos es hacer de cuenta que nunca pasó.
GERMAN: Sí. Esa experiencia fue traumática.
DAMIEN: Yo la pasé bien.

Todos lo miran ante el comentario desubicado. En especial Germán.

FABRICIO: Ya que Damien lo dijo, también quiero decir que yo lo pasé bien.

Ahora todos se giran a mirar mal a Fabricio. Excepto Damien, que choca los puños.

VIRGINIA: Más allá de la desconsideración que Damien y Fabricio están teniendo para con el resto, tenemos que hablar de lo sobrenatural. Creo que debemos tener cuidado con los dos conjuros que nos quedan a nuestro favor. Como es evidente, estos demonios están apareciendo bastante seguido y hasta que no encontremos al séptimo, no podemos completar el círculo, por lo que no podemos volver a enfrentarlos si aparecen.

Celina, tímidamente, levanta la mano.

CELINA: Yo ya tengo pensado en qué usar mi conjuro.
VIRGINIA: Bueno, suspéndelo.
CELINA: ¡Pero Virginia! ¡Tengo derecho a usar el mío! Damien e Irupé lo utilizaron para fines egoístas. Lo mío, incluso, es una buena acción.
VIRGINIA: ¿Cuál es?
CELINA: Quiero pasar una tarde en el bosque con Wilfredo.

Virginia queda boquiabierta.

VIRGINIA: ¿Vas a usar uno de los dos conjuros que nos quedan en darle libertad a un prisionero peligroso?
CELINA: ¡Pero es que el pobre chico fue atacado por Álvaro, estuvo en la clínica y luego fue a prisión! ¡Y está sufriendo! ¿Cómo es que esto no te genera compasión?
VIRGINIA: ¡Porque no me importa!
CELINA: Sabía que dirías eso. Por eso, fui más temprano a buscar la tierra sagrada, o lo que fuera que Zack nos da, y no hay marcha atrás con mi decisión.
VIRGINIA: Pues no vas a salir de esta casa...
CELINA: También imaginé que dirías eso. ¡Ahora, chicos!

Celina sale a correr por el living. Virginia intenta atraparla, pero saltan sobre ella Irupé, Fabricio y Damien.

VIRGINIA: ¡¿Qué están haciendo?!
FABRICIO: Yo apuesto por el amor.
IRUPE: A mí me convenció después de llorarme por doce horas seguidas.
DAMIEN: Yo estoy en contra de la monarquía que proclamas en nuestro grupo.
VIRGINIA: ¡Suéltenme! ¡Infelices!

Celina agarra de la mano a Germán y salen corriendo de allí.

CELINA

Celina y Germán caminan hacia la celda de Wilfredo. Ambos se encuentran ansiosos.

GERMAN: Tenemos que tener cuidado. Desde que Edgar hizo el conjuro contra Álvaro, Pablo está muy curioso con respecto al asunto de la magia. Y lo conozco poco, pero lo suficiente como para saber que si él tuviera el poder que nosotros tenemos, no lo usaría para las fuerzas del bien.
CELINA: Nosotros tampoco lo usamos para la fuerza del bien.
GERMAN: Tú vas a hacer un gesto malo. Me parece muy noble que pienses en Wilfredo.

Celina, totalmente conmovida, se detiene a mirar a Germán con los ojos empapados en lágrimas.

CELINA: No sabes cómo te agradezco que notes lo bondadosa y maravillosa que soy. Yo sé que nadie aprecia a Wilfredo, pero es porque no comprenden que detrás de esa fachada salvaje, hay un pobre hombre con severo retraso madurativo. Y no le tienen paciencia. Pero ya sabes, así soy yo, noble, como me acabas de describir.
GERMAN: Yo dije que tu actitud era noble.
CELINA: Es lo mismo, Germán, es lo mismo. Soy una persona noble con mucho criterio de la moralidad. Así que por favor, vigila que la policía no aparezca mientras uso la magia para sacar de aquí a un prisionero.

Germán suspira con resignación y se queda vigilando en la entrada a la celda especial de Wilfredo.

VIRGINIA

Virginia está con Damien en el gimnasio de ella, mientras su clase está terminando y ambos quedan charlando. Hay algunos alumnos que están juntando sus cosas para el cambio de hora.

VIRGINIA: Voy a ser sincera. Estoy un poco preocupada por cómo puede ser la actitud de Fabricio ante lo que sucedió con nosotros.
DAMIEN: ¿Por qué?
VIRGINIA: No sé si se percibiste que él tiene actitudes celinezcas.
DAMIEN: ¿Por qué lo dices? ¿Por la necesidad de atención? ¿Por su predisposición a la dependencia afectiva? ¿Por sus desbordes emocionales?
VIRGINIA: Exacto.

Damien se queda analizando la respuesta.

DAMIEN: Bueno, el acto en cuestión fue concretado de mutuo acuerdo. A diferencia de otros actos que sucedieron esa noche. Quizá podrías ser clara al respecto de lo que verdaderamente sientes.
VIRGINIA: ¿Y qué es lo que verdaderamente siento? ¿Que el deseo sexual culmina una vez concretado el acto? ¿Que no estoy lista para algo serio cuando acabo de terminar con Hernán? ¿Que sólo deseo divertirme y no necesito más problemas en mi vida?
DAMIEN: Exacto.

Virginia se pone a analizar la respuesta.

VIRGINIA: Bueno, confiemos en que cuando cambiemos venga a trabajar, sabrá respetar este sagrado espacio laboral y no perderá la cordura.
DAMIEN: Allí está bajando del auto y trae una rosa con él.

Virginia palidece al ver al muchacho bajar de un auto.

CELINA

Cuando Celina entra a la celda, Wilfredo se emociona tanto de verla, que la abraza y comienza a saltar. Celina, por descarte, tiene que saltar junto con él.

CELINA: Wilfredo (salto)... Vengo a (salto)... Darte el (salto)... Día que (salto)... Te prometí (salto)... Fuera de (salto)... Este lugar (salto)... Pero necesito (salto)... Usar mis (salto)... Manos, hijo de (salto)... Deja de (salto)... Saltar tanto (salto)... Tranquilízate, caramba (salto).

Wilfredo la suelta y la mira sonriendo. Está tan feliz que, literalmente, no cierra la boca y se babea.

CELINA: Bien, ahora nos tomaremos las manos con suavidad, no vas a abrazarme ni a saltar, que tengo que recitar esto de la mejor forma posible para que no salga mal, ¿está claro?
WILFREDO: ¡Sí, Celina!... ¡Sí!... Soy feliz de verte, Celina... No dejo de pensar en ti, Celina...
CELINA: Muy tierno. Cállate que necesito concentrarme.

Tirando el polvo por encima de ellos, Celina se concentra y lo toma del brazo.

CELINA: Durante dos horas este muchacho conocerá la libertad//. Vamos a un sitio donde al verlo nadie se exaltará//. Y tras ese plazo a esta celda volverá.

Los dos chicos se agarran fuerte de la mano.
Cierran los ojos.
Y cuando los vuelven a hablar, se encuentran en el medio de aquel bosque que una vez vio florecer ese amor.

MOMENTO MUSICAL

En ese bosque que los vio reír, soñar y ser felices, Celina y Wilfredo disfrutan de su tarde juntos, chapoteando en el lodo, trepando árboles y cazando animales para comerlos crudos.



WILFREDO:
Es difícil elegir
entre antes y después.
Y si me dan elegir
contigo me quedaré.

CELINA:
Estoy aquí,
cerca de ti.
Mira el fondo
de tu corazón.

WILFREDO:
Primera amiga,
ya te encontré.
CELINA:
Primer amigo,
no te dejaré.
BOSQUE:
Ya están juntos los dos.
WILFREDO:
Este es mi mundo...
AMBOS:
Nuestro para compartir.
Busca en el fondo.
CELINA:
Del corazón.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Está lo mejor.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Que no se ve.
AMBOS:
Allí, siempre los dos.

WILFREDO:
Primera amiga,
ya te encontré.
CELINA:
Primer amigo,
no te dejaré.
HADAS:
Ya están juntos los dos.
WILFREDO:
Este es mi mundo...
AMBOS:
Nuestro para compartir.
Busca en el fondo.
CELINA:
Del corazón.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Está lo mejor.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Que no se ve.
AMBOS:
Del corazón.

IRUPÉ

Irupé camina por el pasillo de celdas hasta llegar a la especial donde alojan a Wilfredo. Germán está custodiando.

IRUPE: Dios mío, ¿quién es el policía que está en la mesa de entradas?
GERMAN: Debe ser Sebastián, ¿por qué?
IRUPE: Porque es increíblemente atractivo.
GERMAN: Él y yo tenemos algo en común.
IRUPE: ¿Qué cosa? ¿El nombre?

Germán la mira con despecho por lo que escuchó.

GERMAN: Bueno, a decir verdad, sí. Sebastián es mi segundo nombre.
IRUPE: Tienes que saber que venir hasta aquí representa un gran desgaste espiritual para mí. La última vez que vine a la comisaría, fue para encontrarme clandestinamente con Edgar.
GERMAN: Pensé que la última vez que lo viste aquí no pudieron tener sexo porque se largó a llorar.
IRUPE: Exacto. ¿Ahora entiendes por qué me representa un desgaste? En fin, ¿qué sucedió?
GERMAN: Celina se llevó a Wilfredo por medio de un conjuro.

Irupé mira a Germán parpadeando agresivamente.

IRUPE: ¿Qué hizo qué? Oh, por Dios. Virginia va a matarnos. La defendimos para que ella haga esta estupidez.
GERMAN: Deberían volver en menos de una hora. Creo que así era el conjuro de Celina.
IRUPE: Entonces, ¿cuál es el problema?
GERMAN: Que Edgar está en comisaría. Por eso te llamé. Puede que quiera ver a su hijo y su hijo no está.

Irupé empalidece al escuchar lo que acaba de decir.

DAMIEN

Damien está conteniendo a Virginia para que no pierda la razón mientras ven que Fabricio cruza la calle con una rosa en su poder.

VIRGINIA: Ay, Dios, Damien, ¿con qué clase de desquiciado me acosté? No voy a poder con esto. Vas a tener que decirle algo.
DAMIEN: ¿Qué quieres que le diga? Dudo que traiga la rosa para mí. Me sentiría halagado, no lo niego, aunque no me gusten las rosas y considere que de nada sirve el romanticismo sin el acto sexual, pero dudo que quiera que yo la reciba.
VIRGINIA: Este es el peor escenario posible.
DAMIEN: ¿Que un muchacho que te gusta te regale una rosa? Sí, había leído que figura entre las peores desgracias de una persona.
VIRGINIA: ¡Damien! Tienes que hablar con él. Advertirle, al menos, como su amigo.
DAMIEN: Yo no soy su amigo.
VIRGINIA: Claro que lo eres.
DAMIEN: Por todos los cielos, lo conozco hace una semana. No somos amigos. No importa lo que él diga.

En ese entonces, llega Fabricio y los mira a ambos con la rosa en su mano.

FABRICIO: Hola, chicos.
VIRGINIA: Fabricio... ¡Damien dice que no eres su amigo!

Damien mira a Virginia con genuino odio en sus ojos.

FABRICIO: (a Damien) Claro que lo soy, no seas ridículo.
DAMIEN: No lo eres.
FABRICIO: Salvamos al mundo en dos ocasiones. Eso nos genera un vínculo.
DAMIEN: No lo hace.
FABRICIO: Tenemos que hablar de esto.
VIRGINIA: Por supuesto. Hablando se entiende la gente.
DAMIEN: (a Fabricio) Bien, amigo, cuéntame, ¿por qué la rosa?
VIRGINIA: (a Damien) Ya no soy tu amiga.
DAMIEN: (a Virginia) Sí, lo eres.
FABRICIO: Decidí traerle esta rosa a una chica que me gusta.
VIRGINIA: Ay, Dios. Ay, Dios.

Entones Fabricio se acerca a una muchacha que está saliendo del gimnasio, le entrega la rosa y, así nomás, le da un beso en los labios. Virginia y Damien quedan boquiabiertos por la situación.
Tras unos segundos, él muchacho viene de la mano con la chica en cuestión, quien está contenta con la rosa en la mano.

FABRICIO: Chicos, quiero presentarles a Dafne.

CELINA

Celina está ayudando a jugar a Wilfredo que está revolcándose en el barro, como si fuera un chiquero.
Después, se centra en el bosque que los rodea.

CELINA: ¿Dónde estaremos?
WILFREDO: Cabaña... Allí estaba... No está más...
CELINA: Exacto, mi querido Wilfredo. Allí debería estar nuestra cabaña, pero ni siquiera quedan las ruinas del incendio. Eso significa que no estamos en el presente. Así que nos trasladamos al pasado o al futuro...

Celina interrumpe su explicación cuando, entre los árboles, distingue fácilmente a un hombre vestido de blanco y una pequeña máscara que impide ver su rostro. Se acerca a ellos con tranquilidad y un gesto que invita a la cortesía.

HOMBRE DE BLANCO: La pregunta, entonces, no es dónde están, sino cuándo. Ustedes no son de este tiempo.
CELINA: ¿Es algo que se nota por nuestra esencia? Como cuando vas a otro lugar y notan que no eres de ahí.
HOMBRE DE BLANCO: Simplemente se nota.
CELINA: ¿En qué año estamos?
HOMBRE DE BLANCO: Estamos a finales del 2019.
CELINA: Nosotros somos del 2018. ¿En este tiempo la gente usa máscaras? ¿Hubo una guerra nuclear o algo así? ¿Quién eres...?

Antes de que el hombre de la máscara pudiera responder, Celina nota que Wilfredo, loco de alegría, comienza a correr por el bosque sin dirección alguna.

CELINA: ¡Wilfredo! ¡Vuelve aquí! ¡Chico malo!

Celina sale a correr detrás de él por los árboles.
Cuando está a punto de alcanzarlo, de la nada, se les termina la tierra y ambos caen por el risco.

CELINA: (totalmente aterrorizada) ¡AAAAAHHHHH!
WILFREDO: (totalmente feliz) ¡Siiiiiiiiii!

Pero poco dura la alegría para Wilfredo, porque al tocar tierra nuevamente, se da la cabeza de lleno contra una roca. Celina, para empeorar las cosas, cae sobre él.
Con los ojos empapados de pánico, mira al muchacho que comienza a escupir sangre por la boca.

CELINA: Oh, no, no, no, no. ¡Wilfredo! ¡No puedes morir, por Dios! ¡Wilfredo!

Desesperada, mira hacia arriba, esperando ver al hombre de blanco, pero sólo la vegetación silenciosa le devuelve la mirada.

CELINA: ¡Que alguien me ayude!

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