GRUPO
Celina,
Virginia, Fabricio, Damien, Irupé y Germán están conversando en la casa de
Virginia, sitio predilecto para estas reuniones.
Después
de la orgía colectiva, todos se encuentran un poco tensos de la situación.
IRUPE:
Jaime me preguntó si Edgar y yo teníamos algo. Yo dije que sí. Él se fue a
dormir y al día siguiente no volvimos a hablar del tema. Y es como si nunca
pasó.
CELINA:
Tal vez lo mejor para todos es hacer de cuenta que nunca pasó.
GERMAN:
Sí. Esa experiencia fue traumática.
DAMIEN:
Yo la pasé bien.
Todos
lo miran ante el comentario desubicado. En especial Germán.
FABRICIO:
Ya que Damien lo dijo, también quiero decir que yo lo pasé bien.
Ahora
todos se giran a mirar mal a Fabricio. Excepto Damien, que choca los puños.
VIRGINIA:
Más allá de la desconsideración que Damien y Fabricio están teniendo para con
el resto, tenemos que hablar de lo sobrenatural. Creo que debemos tener cuidado
con los dos conjuros que nos quedan a nuestro favor. Como es evidente, estos
demonios están apareciendo bastante seguido y hasta que no encontremos al
séptimo, no podemos completar el círculo, por lo que no podemos volver a
enfrentarlos si aparecen.
Celina,
tímidamente, levanta la mano.
CELINA:
Yo ya tengo pensado en qué usar mi conjuro.
VIRGINIA:
Bueno, suspéndelo.
CELINA:
¡Pero Virginia! ¡Tengo derecho a usar el mío! Damien e Irupé lo utilizaron para
fines egoístas. Lo mío, incluso, es una buena acción.
VIRGINIA:
¿Cuál es?
CELINA:
Quiero pasar una tarde en el bosque con Wilfredo.
Virginia
queda boquiabierta.
VIRGINIA:
¿Vas a usar uno de los dos conjuros que nos quedan en darle libertad a un
prisionero peligroso?
CELINA:
¡Pero es que el pobre chico fue atacado por Álvaro, estuvo en la clínica y
luego fue a prisión! ¡Y está sufriendo! ¿Cómo es que esto no te genera
compasión?
VIRGINIA:
¡Porque no me importa!
CELINA:
Sabía que dirías eso. Por eso, fui más temprano a buscar la tierra sagrada, o
lo que fuera que Zack nos da, y no hay marcha atrás con mi decisión.
VIRGINIA:
Pues no vas a salir de esta casa...
CELINA:
También imaginé que dirías eso. ¡Ahora, chicos!
Celina
sale a correr por el living. Virginia intenta atraparla, pero saltan sobre ella
Irupé, Fabricio y Damien.
VIRGINIA:
¡¿Qué están haciendo?!
FABRICIO:
Yo apuesto por el amor.
IRUPE:
A mí me convenció después de llorarme por doce horas seguidas.
DAMIEN:
Yo estoy en contra de la monarquía que proclamas en nuestro grupo.
VIRGINIA:
¡Suéltenme! ¡Infelices!
Celina
agarra de la mano a Germán y salen corriendo de allí.
CELINA
Celina
y Germán caminan hacia la celda de Wilfredo. Ambos se encuentran ansiosos.
GERMAN:
Tenemos que tener cuidado. Desde que Edgar hizo el conjuro contra Álvaro, Pablo
está muy curioso con respecto al asunto de la magia. Y lo conozco poco, pero lo
suficiente como para saber que si él tuviera el poder que nosotros tenemos, no
lo usaría para las fuerzas del bien.
CELINA:
Nosotros tampoco lo usamos para la fuerza del bien.
GERMAN:
Tú vas a hacer un gesto malo. Me parece muy noble que pienses en Wilfredo.
Celina,
totalmente conmovida, se detiene a mirar a Germán con los ojos empapados en
lágrimas.
CELINA:
No sabes cómo te agradezco que notes lo bondadosa y maravillosa que soy. Yo sé
que nadie aprecia a Wilfredo, pero es porque no comprenden que detrás de esa
fachada salvaje, hay un pobre hombre con severo retraso madurativo. Y no le
tienen paciencia. Pero ya sabes, así soy yo, noble, como me acabas de
describir.
GERMAN:
Yo dije que tu actitud era noble.
CELINA:
Es lo mismo, Germán, es lo mismo. Soy una persona noble con mucho criterio de
la moralidad. Así que por favor, vigila que la policía no aparezca mientras uso
la magia para sacar de aquí a un prisionero.
Germán
suspira con resignación y se queda vigilando en la entrada a la celda especial
de Wilfredo.
VIRGINIA
Virginia
está con Damien en el gimnasio de ella, mientras su clase está terminando y
ambos quedan charlando. Hay algunos alumnos que están juntando sus cosas para
el cambio de hora.
VIRGINIA:
Voy a ser sincera. Estoy un poco preocupada por cómo puede ser la actitud de
Fabricio ante lo que sucedió con nosotros.
DAMIEN:
¿Por qué?
VIRGINIA:
No sé si se percibiste que él tiene actitudes celinezcas.
DAMIEN:
¿Por qué lo dices? ¿Por la necesidad de atención? ¿Por su predisposición a la
dependencia afectiva? ¿Por sus desbordes emocionales?
VIRGINIA:
Exacto.
Damien
se queda analizando la respuesta.
DAMIEN:
Bueno, el acto en cuestión fue concretado de mutuo acuerdo. A diferencia de
otros actos que sucedieron esa noche. Quizá podrías ser clara al respecto de lo
que verdaderamente sientes.
VIRGINIA:
¿Y qué es lo que verdaderamente siento? ¿Que el deseo sexual culmina una vez
concretado el acto? ¿Que no estoy lista para algo serio cuando acabo de
terminar con Hernán? ¿Que sólo deseo divertirme y no necesito más problemas en
mi vida?
DAMIEN:
Exacto.
Virginia
se pone a analizar la respuesta.
VIRGINIA:
Bueno, confiemos en que cuando cambiemos venga a trabajar, sabrá respetar este
sagrado espacio laboral y no perderá la cordura.
DAMIEN:
Allí está bajando del auto y trae una rosa con él.
Virginia
palidece al ver al muchacho bajar de un auto.
CELINA
Cuando
Celina entra a la celda, Wilfredo se emociona tanto de verla, que la abraza y
comienza a saltar. Celina, por descarte, tiene que saltar junto con él.
CELINA:
Wilfredo (salto)... Vengo a (salto)... Darte el (salto)... Día que (salto)...
Te prometí (salto)... Fuera de (salto)... Este lugar (salto)... Pero necesito
(salto)... Usar mis (salto)... Manos, hijo de (salto)... Deja de (salto)...
Saltar tanto (salto)... Tranquilízate, caramba (salto).
Wilfredo
la suelta y la mira sonriendo. Está tan feliz que, literalmente, no cierra la
boca y se babea.
CELINA:
Bien, ahora nos tomaremos las manos con suavidad, no vas a abrazarme ni a
saltar, que tengo que recitar esto de la mejor forma posible para que no salga
mal, ¿está claro?
WILFREDO:
¡Sí, Celina!... ¡Sí!... Soy feliz de verte, Celina... No dejo de pensar en ti,
Celina...
CELINA:
Muy tierno. Cállate que necesito concentrarme.
Tirando
el polvo por encima de ellos, Celina se concentra y lo toma del brazo.
CELINA:
Durante dos horas este muchacho conocerá la libertad//. Vamos a un sitio donde
al verlo nadie se exaltará//. Y tras ese plazo a esta celda volverá.
Los
dos chicos se agarran fuerte de la mano.
Cierran
los ojos.
Y
cuando los vuelven a hablar, se encuentran en el medio de aquel bosque que una
vez vio florecer ese amor.
MOMENTO MUSICAL
En
ese bosque que los vio reír, soñar y ser felices, Celina y Wilfredo disfrutan
de su tarde juntos, chapoteando en el lodo, trepando árboles y cazando animales
para comerlos crudos.
WILFREDO:
Es difícil elegir
entre antes y después.
Y si me dan elegir
contigo me quedaré.
CELINA:
Estoy aquí,
cerca de ti.
Mira el fondo
de tu corazón.
WILFREDO:
Primera amiga,
ya te encontré.
CELINA:
Primer amigo,
no te dejaré.
BOSQUE:
Ya están juntos los dos.
WILFREDO:
Este es mi mundo...
AMBOS:
Nuestro para compartir.
Busca en el fondo.
CELINA:
Del corazón.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Está lo mejor.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Que no se ve.
AMBOS:
Allí, siempre los dos.
WILFREDO:
Primera amiga,
ya te encontré.
CELINA:
Primer amigo,
no te dejaré.
HADAS:
Ya están juntos los dos.
WILFREDO:
Este es mi mundo...
AMBOS:
Nuestro para compartir.
Busca en el fondo.
CELINA:
Del corazón.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Está lo mejor.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Que no se ve.
AMBOS:
Del corazón.
IRUPÉ
Irupé
camina por el pasillo de celdas hasta llegar a la especial donde alojan a
Wilfredo. Germán está custodiando.
IRUPE:
Dios mío, ¿quién es el policía que está en la mesa de entradas?
GERMAN:
Debe ser Sebastián, ¿por qué?
IRUPE:
Porque es increíblemente atractivo.
GERMAN:
Él y yo tenemos algo en común.
IRUPE:
¿Qué cosa? ¿El nombre?
Germán
la mira con despecho por lo que escuchó.
GERMAN:
Bueno, a decir verdad, sí. Sebastián es mi segundo nombre.
IRUPE:
Tienes que saber que venir hasta aquí representa un gran desgaste espiritual
para mí. La última vez que vine a la comisaría, fue para encontrarme
clandestinamente con Edgar.
GERMAN:
Pensé que la última vez que lo viste aquí no pudieron tener sexo porque se
largó a llorar.
IRUPE:
Exacto. ¿Ahora entiendes por qué me representa un desgaste? En fin, ¿qué
sucedió?
GERMAN:
Celina se llevó a Wilfredo por medio de un conjuro.
Irupé
mira a Germán parpadeando agresivamente.
IRUPE:
¿Qué hizo qué? Oh, por Dios. Virginia va a matarnos. La defendimos para que
ella haga esta estupidez.
GERMAN:
Deberían volver en menos de una hora. Creo que así era el conjuro de Celina.
IRUPE:
Entonces, ¿cuál es el problema?
GERMAN:
Que Edgar está en comisaría. Por eso te llamé. Puede que quiera ver a su hijo y
su hijo no está.
Irupé
empalidece al escuchar lo que acaba de decir.
DAMIEN
Damien
está conteniendo a Virginia para que no pierda la razón mientras ven que
Fabricio cruza la calle con una rosa en su poder.
VIRGINIA:
Ay, Dios, Damien, ¿con qué clase de desquiciado me acosté? No voy a poder con
esto. Vas a tener que decirle algo.
DAMIEN:
¿Qué quieres que le diga? Dudo que traiga la rosa para mí. Me sentiría
halagado, no lo niego, aunque no me gusten las rosas y considere que de nada
sirve el romanticismo sin el acto sexual, pero dudo que quiera que yo la
reciba.
VIRGINIA:
Este es el peor escenario posible.
DAMIEN:
¿Que un muchacho que te gusta te regale una rosa? Sí, había leído que figura
entre las peores desgracias de una persona.
VIRGINIA:
¡Damien! Tienes que hablar con él. Advertirle, al menos, como su amigo.
DAMIEN:
Yo no soy su amigo.
VIRGINIA:
Claro que lo eres.
DAMIEN:
Por todos los cielos, lo conozco hace una semana. No somos amigos. No importa
lo que él diga.
En
ese entonces, llega Fabricio y los mira a ambos con la rosa en su mano.
FABRICIO:
Hola, chicos.
VIRGINIA:
Fabricio... ¡Damien dice que no eres su amigo!
Damien
mira a Virginia con genuino odio en sus ojos.
FABRICIO:
(a Damien) Claro que lo soy, no seas ridículo.
DAMIEN:
No lo eres.
FABRICIO:
Salvamos al mundo en dos ocasiones. Eso nos genera un vínculo.
DAMIEN:
No lo hace.
FABRICIO:
Tenemos que hablar de esto.
VIRGINIA:
Por supuesto. Hablando se entiende la gente.
DAMIEN:
(a Fabricio) Bien, amigo, cuéntame, ¿por qué la rosa?
VIRGINIA:
(a Damien) Ya no soy tu amiga.
DAMIEN:
(a Virginia) Sí, lo eres.
FABRICIO:
Decidí traerle esta rosa a una chica que me gusta.
VIRGINIA:
Ay, Dios. Ay, Dios.
Entones
Fabricio se acerca a una muchacha que está saliendo del gimnasio, le entrega la
rosa y, así nomás, le da un beso en los labios. Virginia y Damien quedan
boquiabiertos por la situación.
Tras
unos segundos, él muchacho viene de la mano con la chica en cuestión, quien
está contenta con la rosa en la mano.
FABRICIO:
Chicos, quiero presentarles a Dafne.
CELINA
Celina
está ayudando a jugar a Wilfredo que está revolcándose en el barro, como si
fuera un chiquero.
Después,
se centra en el bosque que los rodea.
CELINA:
¿Dónde estaremos?
WILFREDO:
Cabaña... Allí estaba... No está más...
CELINA:
Exacto, mi querido Wilfredo. Allí debería estar nuestra cabaña, pero ni
siquiera quedan las ruinas del incendio. Eso significa que no estamos en el
presente. Así que nos trasladamos al pasado o al futuro...
Celina
interrumpe su explicación cuando, entre los árboles, distingue fácilmente a un
hombre vestido de blanco y una pequeña máscara que impide ver su rostro. Se
acerca a ellos con tranquilidad y un gesto que invita a la cortesía.
HOMBRE
DE BLANCO: La pregunta, entonces, no es dónde están, sino cuándo. Ustedes no
son de este tiempo.
CELINA:
¿Es algo que se nota por nuestra esencia? Como cuando vas a otro lugar y notan
que no eres de ahí.
HOMBRE
DE BLANCO: Simplemente se nota.
CELINA:
¿En qué año estamos?
HOMBRE
DE BLANCO: Estamos a finales del 2019.
CELINA:
Nosotros somos del 2018. ¿En este tiempo la gente usa máscaras? ¿Hubo una
guerra nuclear o algo así? ¿Quién eres...?
Antes
de que el hombre de la máscara pudiera responder, Celina nota que Wilfredo,
loco de alegría, comienza a correr por el bosque sin dirección alguna.
CELINA:
¡Wilfredo! ¡Vuelve aquí! ¡Chico malo!
Celina
sale a correr detrás de él por los árboles.
Cuando
está a punto de alcanzarlo, de la nada, se les termina la tierra y ambos caen
por el risco.
CELINA:
(totalmente aterrorizada) ¡AAAAAHHHHH!
WILFREDO:
(totalmente feliz) ¡Siiiiiiiiii!
Pero
poco dura la alegría para Wilfredo, porque al tocar tierra nuevamente, se da la
cabeza de lleno contra una roca. Celina, para empeorar las cosas, cae sobre él.
Con
los ojos empapados de pánico, mira al muchacho que comienza a escupir sangre
por la boca.
CELINA:
Oh, no, no, no, no. ¡Wilfredo! ¡No puedes morir, por Dios! ¡Wilfredo!
Desesperada,
mira hacia arriba, esperando ver al hombre de blanco, pero sólo la vegetación
silenciosa le devuelve la mirada.
CELINA:
¡Que alguien me ayude!
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