viernes, 30 de noviembre de 2018

Chapter 37


CELINA

Ante un moribundo Wilfredo, Celina observa como el hombre de blanco desciende entre las piedras hasta la arena cercana a la playa donde ella se encuentra.

CELINA: ¡Ayúdame! Se está muriendo. Y me gustaría devolverlo con vida al 2018.
HOMBRE DE BLANCO: ¿Cuánto tiempo?
CELINA: ¿Cuánto tiempo deseo que viva?
HOMBRE DE BLANCO: No, ¿por cuánto tiempo ibas a estar aquí?
CELINA: Dos horas. El conjuro ya debe estar por finalizar. ¿Cómo es que sabes esto? ¿Eres el misterioso séptimo que estamos buscando?
HOMBRE DE BLANCO: En esta época ya sabemos sobre muchas cosas. Por eso, es necesario que regreses a tu año.

Celina señala con el dedo a Wilfredo.

CELINA: ¿Qué hay con él?
HOMBRE DE BLANCO: Puedes recurrir a alguien que lo salve de las heridas que tiene. De hecho, sé que alguien lo salvará de esta caída.
CELINA: O sea que tú lo conoces.
HOMBRE DE BLANCO: Y a ti. A ti te conozco muy bien.

Celina queda boquiabierta por un instante.

CELINA: Uh, ese "muy bien" sonó interesante. ¿De dónde me conoces? ¿Fuimos algo? ¿Quién eres?
HOMBRE DE BLANCO: Vuelve a tu tiempo.

El hombre de blanco se aparta de ellos para volver a subir por las piedras. Celina, presa de la curiosidad, lo sigue.

CELINA: ¡Espera! ¡Al menos dime quién eres!

IRUPÉ

Irupé se tensa cuando la puerta que viene al pasillo de celdas se abre y un despreocupado Edgar Villas camina por ellas.
En el momento en que llega hacia donde está Germán, no evita su sorpresa al encontrarse con Irupé.

EDGAR: ¿Irupé?
IRUPE: Edgar...
EDGAR: ¿Qué haces aquí?
IRUPE: Quería...
GERMAN: (a Edgar) Ella quería verte a ti.
EDGAR: ¿Ah, sí? ¿Por qué vienes a verme en la comisaría?
IRUPE: Porque en la residencia es obvio que no podemos por Jaime. Y en la comisaría es el único sitio donde sé que estás habitualmente.
EDGAR: Bueno... ¿Y para qué querías verme?
GERMAN: ¿Para qué crees?

Irupé lapida con la mirada a Germán ante su nueva intervención.

IRUPE: (a Germán) Puedo hacer esto sola. (a Edgar) ¿Para qué crees?
EDGAR: Bueno... Siendo así... (a Germán) ¿Puedes conseguirnos una habitación?
GERMAN: Claro. Será un placer.

Van caminando hacia la sala donde están las habitaciones para visitas conyugales de los presos.

GERMAN: (a Irupé) Tendrás que mantenerlo entretenido durante una hora.
IRUPE: Bueno, podremos tener sexo y luego hablar los siguientes 58 minutos.

CELINA

Celina tiene una impresionante duda entre ir corriendo detrás del hombre de blanco o cuidar a Wilfredo que está muriéndose.
Finalmente, opta por hablarle al muchacho moribundo.

CELINA: Bueno, Wilfredo, ya sé que te estás por morir, pero ese hombre de blanco me acaba de hablar de una forma sugerente y erótica. En unos minutos, ambos volveremos a nuestro tiempo y allí podré ayudarte...
WILFREDO: Me... Muero... Me duele mucho...
CELINA: Lo sé, pero en este momento no puedo hacer mucho por ti. Y quizá allá se va mi última oportunidad de saber dónde puedo encontrar el amor.
WILFREDO: Celina... Celina... Me muero...
CELINA: Bueno, Wilfredo, corta con el drama.

Wilfredo escupe más sangre todavía, mientras sigue tieso mirando hacia arriba.

CELINA: Te pido que dejes el drama y te pones a escupir sangre. ¡Qué injusto eres!
WILFREDO: Yo... Te quie... Celina...
CELINA: ¿Sabes qué? Ya que no me estás escuchando, yo tampoco lo haré.

Se gira, desesperada, para ir detrás del hombre de blanco.

CELINA: ¡Hombre de blanco! ¡Por favor! ¡Espere!

DAMIEN

Todavía en el gimnasio, Fabricio acaba de presentar a Dafne ante Virginia y Damien. Damien percibe que Virginia va poniéndose de diversos colores.

VIRGINIA: Así que Dafne, ¿eh?... ¿Dafne?... ¿Quién puede llamarse Dafne?
DAMIEN: Virginia...
DAFNE: Bueno... Yo. Yo me llamo Dafne.
VIRGINIA: ¿Pero ese es tu nombre real o tu nombre de prostituta?
DAMIEN: Oh, por Dios.
DAFNE: ¿Disculpa?
VIRGINIA: (a Fabricio) ¿Dónde la conociste? ¿En el Club de Caballeros al que fueron la otra noche? Oh, espera... ¡Esa noche no te invitaron! (a Dafne) Así que tienes que estar tranquila, porque tu chico no va a los clubes de caballeros con los otros chicos porque nadie lo invita.

Damien, a estas alturas, está dos pasos alejados del triángulo amoroso.

FABRICIO: Virginia... ¿Te sucede algo?
VIRGINIA: Oh, no pasa nada, Fabricio. Sólo estoy sumamente feliz de que hayas conseguido una chica y que no sea una prostituta. Ese es un motivo para celebrar, ¿no crees? Sacaré una botella de vino y brindaremos por Fabricio y la chica del nombre estúpido. (a Dafne) ¿Eres tan estúpida como tu nombre?
DAFNE: (a Fabricio) ¿Vas a dejar que tu amiga me insulte de esta manera?
FABRICIO: (a Dafne) Yo creo que Virginia no se quiso expresar de ese modo.
VIRGINIA: Claro que quise expresarme así, DA-F-NE. (a Fabricio) Deberías saberlo ya que yo soy tu amiga. ¿Sabes quién no es tu amigo? Damien.

Los tres automáticamente miran a Damien, que cada vez se alejaba más y más de ellos.

FABRICIO: (a Virginia) ¿De qué hablas? Claro que Damien es mi amigo.
DAMIEN: No soy tu amigo.
FABRICIO: (a Damien) Pero sí, hombre, ya habíamos hablado de esto.
DAMIEN: No es el momento, Fabricio.
FABRICIO: Oh, claro. (a Virginia) ¿Por qué estás atacando a DA-F-NE?
DAFNE: ¡Fabricio!
FABRICIO: (a Dafne) Perdón, perdón, es que lo pronunció de una forma graciosa. Tienes que reconocerme que tu nombre es algo estúpido.

Dafne le rompe la rosa por la cabeza a Fabricio y sale totalmente ofendida del gimnasio. Fabricio se queda en shock.
Virginia, mirando los restos de pétalos y tallos en el piso, se cruza de brazos.

VIRGINIA: Es obvio que no seré yo quien limpie esto.

CELINA

Sigue persiguiendo al hombre de blanco colina arriba, cuando él se vuelve hacia ella y le sujeta de los brazos.

HOMBRE DE BLANCO: Tienes que irte a tu tiempo. Que estés aquí es un error. Puede sucederte algo malo y yo no quisiera eso. Tú no...

Celina, lejos de mostrarse preocupada por las palabras del extraño enmascarado, se emociona.

CELINA: ¡Oh, por Dios! ¡Dime quién eres! Necesito saber quién me ama a este nivel.
HOMBRE DE BLANCO: Yo no dije que...
CELINA: Me amas a este nivel y punto.
HOMBRE DE BLANCO: Vuelve con tu amigo. Pronto volverán.
CELINA: Al menos dime que detrás de tu máscara no está Edgar. Sólo con eso, yo ya gané.
HOMBRE DE BLANCO: No soy Edgar.
CELINA: Y yo ya gané.

De repente, un sonido silbante se escucha entre los árboles. Celina no entiende nada pero percibe como el hombre de blanco comienza a ponerse tenso.

HOMBRE DE BLANCO: Agáchate, ahora.

La tira al piso y él se tira sobre ella, mirando hacia todos lados de dónde proviene un sonido que cada vez se hace más potente.
Finalmente, Celina nota que cerca de ellos, un objeto que bien podría ser una persona, pasa volando cerca de ellos. El silbido la acompaña, por lo que cuando se aleja, el sonido se vuelve cada vez más tenue hasta desaparecer.

CELINA: ¿¡Pero qué diablos fue eso!?
HOMBRE DE BLANCO: Tenemos que volver. Tienes que irte ahora

VIRGINIA

Fabricio, en una muestra de valentía inusual, se planta ante Virginia que está por irse del gimnasio.

FABRICIO: ¿Qué ha sido eso?
VIRGINIA: ¿Tú me preguntas a mí qué ha sido eso? Yo debería preguntártelo a ti.
FABRICIO: Bueno, eso ha sido Dafne. Una chica con la que estoy seguro que no tendré sexo hoy. Lo que no entiendo es por qué tuviste una reacción tan desbordada.
VIRGINIA: Porque nosotros lo hicimos hace un par de días.
FABRICIO: ¿Y? Dijiste que no querías una relación.
VIRGINIA: Obviamente que no quiero una.
FABRICIO: Y porque tú no quieres una, significa que yo no puedo tener una tampoco.
VIRGINIA: Exacto. Hasta que al fin lo entiendes.
FABRICIO: Pues yo creo que es una postura un tanto injusta de tu parte.
VIRGINIA: No todo en la vida es justicia, Fabricio.
FABRICIO: Bien, cuando se pueda hablar contigo con un poco de coherencia, me avisas.

Sumamente ofendido, se marcha del lugar.
Virginia, sola en el gimnasio, va hacia el sitio donde se guardan los discos de entrenamiento y saca su usual botella de vino.

MOMENTO MUSICAL

Fabricio conduce enojado su auto hacia la residencia, mientras que Virginia se queda cantando sola con su botella de vino.



FABRICIO:
Yo, sin tanto que decir
ni tanto que callar,
empezándome a creer mis mentiras.
VIRGINIA:
Tú, buscando tu lugar
entre sueños y Prozac,
escondiéndote entre falsas caricias.

FABRICIO:
No me hables de volar.
Prefiero caminar
y así salir de ésta con vida.
VIRGINIA:
No me intentes engañar
con promesas que se van
al cajón de las facturas vencidas.

AMBOS:
Puede que ésta al final
sólo sea una más
de nuestras relaciones suicidas.
No hemos llegado a escarmentar
y volvemos a topar
con el mismo callejón sin salida.

FABRICIO:
Tú, queriendo comprender
el cómo y el por qué
los besos se volvieron cenizas.
VIRGINIA:
Yo me pierdo como ayer
entre hojas de papel
intentando dibujar tu sonrisa.

FABRICIO:
No me hables de cambiar.
Para eso es tarde ya.
De nada nos sirvieron las prisas.
VIRGINIA:
No me hables de luchar.
No quiero comenzar
otra lista de batallas perdidas.

AMBOS:
Puede que ésta al final
sólo sea una más
de nuestras relaciones suicidas.
No hemos llegado a escarmentar
y volvemos a topar
con el mismo callejón sin salida.

VIRGINIA:
Ya no hay motivos para dar
otra oportunidad
y volver a empezar
la que es otra más
de nuestras relaciones suicidas.


CELINA

Descendiendo con el hombre de blanco por las piedras hasta llegar hacia las rocas donde estaba el cuerpo de Wilfredo, Celina se sorprende al descubrir que ya no está.
Mira desesperadamente hacia todos lados pero no lo encuentra.

CELINA: ¡Oh, por Dios! ¿Se lo llevaron? ¿Esa cosa que pasó volando vio que no era de este tiempo y se lo llevó?
HOMBRE DE BLANCO: ¿Viste lo que eran esas cosas que pasaban volando?
CELINA: No lo vi. Sé que eran azules. Así que espero que sean ángeles enfermeros y en este momento estén cuidando a Wilfredo o voy enloquecer. No puedo volver a mi tiempo sin Wilfredo. No pude haberlo perdido.
HOMBRE DE BLANCO: Es que no lo perdiste.

Celina deja de llorar y mira al enmascarado con confusión.

CELINA: ¿Cómo que no lo perdí?
HOMBRE DE BLANCO: Él regresó.
CELINA: ¿A dónde?
HOMBRE DE BLANCO: A su tiempo.
CELINA: ¿Y yo? ¿¡Qué estoy haciendo aquí!?
HOMBRE DE BLANCO: Pagando las consecuencias de un conjuro mal realizado.

Celina, pálida de la impresión, se sienta sobre una de las rocas todavía manchadas con la sangre de Wilfredo.

CELINA: ¿Me estás queriendo decir que me quedé atrapada en el 2019?

GERMAN

Germán continúa haciendo guardia fuera de la celda de Wilfredo.
En eso, escucha que el muchacho vuelve a cuerpo presente.
Automáticamente se da cuenta que Wilfredo está herido.
Ingresa en la celda.

GERMAN: Wilfredo... Wilfredo... ¿Qué sucedió? ¿Qué es lo que pasó?
WILFREDO: Caí... Caí... Me golpeé con las rocas... Me estoy muriendo...

Germán, entonces, cae en cuenta de una realidad aún más perturbadora.

GERMAN: Wilfredo... ¿Dónde está Celina?

CELINA

Celina está llorando escandalosamente, aferrada a sus rodillas, visiblemente traumatizada. El hombre de blanco intenta no perder la paciencia con ella.

HOMBRE DE BLANCO: Tranquilízate.
CELINA: ¡¿Cómo puedes pedirme que me tranquilice?! Estoy atrapada en el tiempo, no puedo usar un conjuro para regresar porque no es mi turno en el círculo, probablemente mandé a Wilfredo muerto al 2018 y dejé un pollo descongelándose en la nevera. Oh, Dios, nunca veré a mis amigos de nuevo. Tantos chismes de los que ya nunca me enteraré. ¿Ellos se olvidarán de mí? ¿Alguien ocupará mi lugar? Seguramente Edgar venderá mi casa apenas me atrase un mes en la cuota. Oh, el pobre y viejo Edgar. No puedo creer que yo vaya a desaparecer y él no...

Celina es interrumpida porque una mano invisible le pega una cachetada.
Ella se tira al piso y mira al hombre de blanco con furia.

CELINA: ¿¡Me pegaste tú!? ¿Además de vestir de forma inadecuada tienes el poder de golpear a las personas a la distancia?
HOMBRE DE BLANCO: Ojalá hubiera sido yo, pero no. Yo no te pegué.

Celina se queda asombrada cuando frente a ella, una mujer que conoce muy bien comienza a aparecer de la nada, como si fuera un dibujo que de repente comienza a dibujarse a sí mismo.
La muchacha mira a Celina con cierto grado de fastidio.

CELINA: No puede ser... ¡Virginia!
HOMBRE DE BLANCO: No... Ojalá fuera Virginia.

Celina mira con asombro al hombre de blanco y luego se gira para mirar a la chica que no es Virginia.

CELINA: ¿Margaret?

La muchacha, como si fuera Virginia, se cruza de brazos y mira a Celina de forma inquisitiva.

MARGARET: ¿Cómo pudo salirte mal un hechizo tan básico?

jueves, 29 de noviembre de 2018

Chapter 36


GRUPO

Celina, Virginia, Fabricio, Damien, Irupé y Germán están conversando en la casa de Virginia, sitio predilecto para estas reuniones.
Después de la orgía colectiva, todos se encuentran un poco tensos de la situación.

IRUPE: Jaime me preguntó si Edgar y yo teníamos algo. Yo dije que sí. Él se fue a dormir y al día siguiente no volvimos a hablar del tema. Y es como si nunca pasó.
CELINA: Tal vez lo mejor para todos es hacer de cuenta que nunca pasó.
GERMAN: Sí. Esa experiencia fue traumática.
DAMIEN: Yo la pasé bien.

Todos lo miran ante el comentario desubicado. En especial Germán.

FABRICIO: Ya que Damien lo dijo, también quiero decir que yo lo pasé bien.

Ahora todos se giran a mirar mal a Fabricio. Excepto Damien, que choca los puños.

VIRGINIA: Más allá de la desconsideración que Damien y Fabricio están teniendo para con el resto, tenemos que hablar de lo sobrenatural. Creo que debemos tener cuidado con los dos conjuros que nos quedan a nuestro favor. Como es evidente, estos demonios están apareciendo bastante seguido y hasta que no encontremos al séptimo, no podemos completar el círculo, por lo que no podemos volver a enfrentarlos si aparecen.

Celina, tímidamente, levanta la mano.

CELINA: Yo ya tengo pensado en qué usar mi conjuro.
VIRGINIA: Bueno, suspéndelo.
CELINA: ¡Pero Virginia! ¡Tengo derecho a usar el mío! Damien e Irupé lo utilizaron para fines egoístas. Lo mío, incluso, es una buena acción.
VIRGINIA: ¿Cuál es?
CELINA: Quiero pasar una tarde en el bosque con Wilfredo.

Virginia queda boquiabierta.

VIRGINIA: ¿Vas a usar uno de los dos conjuros que nos quedan en darle libertad a un prisionero peligroso?
CELINA: ¡Pero es que el pobre chico fue atacado por Álvaro, estuvo en la clínica y luego fue a prisión! ¡Y está sufriendo! ¿Cómo es que esto no te genera compasión?
VIRGINIA: ¡Porque no me importa!
CELINA: Sabía que dirías eso. Por eso, fui más temprano a buscar la tierra sagrada, o lo que fuera que Zack nos da, y no hay marcha atrás con mi decisión.
VIRGINIA: Pues no vas a salir de esta casa...
CELINA: También imaginé que dirías eso. ¡Ahora, chicos!

Celina sale a correr por el living. Virginia intenta atraparla, pero saltan sobre ella Irupé, Fabricio y Damien.

VIRGINIA: ¡¿Qué están haciendo?!
FABRICIO: Yo apuesto por el amor.
IRUPE: A mí me convenció después de llorarme por doce horas seguidas.
DAMIEN: Yo estoy en contra de la monarquía que proclamas en nuestro grupo.
VIRGINIA: ¡Suéltenme! ¡Infelices!

Celina agarra de la mano a Germán y salen corriendo de allí.

CELINA

Celina y Germán caminan hacia la celda de Wilfredo. Ambos se encuentran ansiosos.

GERMAN: Tenemos que tener cuidado. Desde que Edgar hizo el conjuro contra Álvaro, Pablo está muy curioso con respecto al asunto de la magia. Y lo conozco poco, pero lo suficiente como para saber que si él tuviera el poder que nosotros tenemos, no lo usaría para las fuerzas del bien.
CELINA: Nosotros tampoco lo usamos para la fuerza del bien.
GERMAN: Tú vas a hacer un gesto malo. Me parece muy noble que pienses en Wilfredo.

Celina, totalmente conmovida, se detiene a mirar a Germán con los ojos empapados en lágrimas.

CELINA: No sabes cómo te agradezco que notes lo bondadosa y maravillosa que soy. Yo sé que nadie aprecia a Wilfredo, pero es porque no comprenden que detrás de esa fachada salvaje, hay un pobre hombre con severo retraso madurativo. Y no le tienen paciencia. Pero ya sabes, así soy yo, noble, como me acabas de describir.
GERMAN: Yo dije que tu actitud era noble.
CELINA: Es lo mismo, Germán, es lo mismo. Soy una persona noble con mucho criterio de la moralidad. Así que por favor, vigila que la policía no aparezca mientras uso la magia para sacar de aquí a un prisionero.

Germán suspira con resignación y se queda vigilando en la entrada a la celda especial de Wilfredo.

VIRGINIA

Virginia está con Damien en el gimnasio de ella, mientras su clase está terminando y ambos quedan charlando. Hay algunos alumnos que están juntando sus cosas para el cambio de hora.

VIRGINIA: Voy a ser sincera. Estoy un poco preocupada por cómo puede ser la actitud de Fabricio ante lo que sucedió con nosotros.
DAMIEN: ¿Por qué?
VIRGINIA: No sé si se percibiste que él tiene actitudes celinezcas.
DAMIEN: ¿Por qué lo dices? ¿Por la necesidad de atención? ¿Por su predisposición a la dependencia afectiva? ¿Por sus desbordes emocionales?
VIRGINIA: Exacto.

Damien se queda analizando la respuesta.

DAMIEN: Bueno, el acto en cuestión fue concretado de mutuo acuerdo. A diferencia de otros actos que sucedieron esa noche. Quizá podrías ser clara al respecto de lo que verdaderamente sientes.
VIRGINIA: ¿Y qué es lo que verdaderamente siento? ¿Que el deseo sexual culmina una vez concretado el acto? ¿Que no estoy lista para algo serio cuando acabo de terminar con Hernán? ¿Que sólo deseo divertirme y no necesito más problemas en mi vida?
DAMIEN: Exacto.

Virginia se pone a analizar la respuesta.

VIRGINIA: Bueno, confiemos en que cuando cambiemos venga a trabajar, sabrá respetar este sagrado espacio laboral y no perderá la cordura.
DAMIEN: Allí está bajando del auto y trae una rosa con él.

Virginia palidece al ver al muchacho bajar de un auto.

CELINA

Cuando Celina entra a la celda, Wilfredo se emociona tanto de verla, que la abraza y comienza a saltar. Celina, por descarte, tiene que saltar junto con él.

CELINA: Wilfredo (salto)... Vengo a (salto)... Darte el (salto)... Día que (salto)... Te prometí (salto)... Fuera de (salto)... Este lugar (salto)... Pero necesito (salto)... Usar mis (salto)... Manos, hijo de (salto)... Deja de (salto)... Saltar tanto (salto)... Tranquilízate, caramba (salto).

Wilfredo la suelta y la mira sonriendo. Está tan feliz que, literalmente, no cierra la boca y se babea.

CELINA: Bien, ahora nos tomaremos las manos con suavidad, no vas a abrazarme ni a saltar, que tengo que recitar esto de la mejor forma posible para que no salga mal, ¿está claro?
WILFREDO: ¡Sí, Celina!... ¡Sí!... Soy feliz de verte, Celina... No dejo de pensar en ti, Celina...
CELINA: Muy tierno. Cállate que necesito concentrarme.

Tirando el polvo por encima de ellos, Celina se concentra y lo toma del brazo.

CELINA: Durante dos horas este muchacho conocerá la libertad//. Vamos a un sitio donde al verlo nadie se exaltará//. Y tras ese plazo a esta celda volverá.

Los dos chicos se agarran fuerte de la mano.
Cierran los ojos.
Y cuando los vuelven a hablar, se encuentran en el medio de aquel bosque que una vez vio florecer ese amor.

MOMENTO MUSICAL

En ese bosque que los vio reír, soñar y ser felices, Celina y Wilfredo disfrutan de su tarde juntos, chapoteando en el lodo, trepando árboles y cazando animales para comerlos crudos.



WILFREDO:
Es difícil elegir
entre antes y después.
Y si me dan elegir
contigo me quedaré.

CELINA:
Estoy aquí,
cerca de ti.
Mira el fondo
de tu corazón.

WILFREDO:
Primera amiga,
ya te encontré.
CELINA:
Primer amigo,
no te dejaré.
BOSQUE:
Ya están juntos los dos.
WILFREDO:
Este es mi mundo...
AMBOS:
Nuestro para compartir.
Busca en el fondo.
CELINA:
Del corazón.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Está lo mejor.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Que no se ve.
AMBOS:
Allí, siempre los dos.

WILFREDO:
Primera amiga,
ya te encontré.
CELINA:
Primer amigo,
no te dejaré.
HADAS:
Ya están juntos los dos.
WILFREDO:
Este es mi mundo...
AMBOS:
Nuestro para compartir.
Busca en el fondo.
CELINA:
Del corazón.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Está lo mejor.
WILFREDO:
En el fondo.
CELINA:
Que no se ve.
AMBOS:
Del corazón.

IRUPÉ

Irupé camina por el pasillo de celdas hasta llegar a la especial donde alojan a Wilfredo. Germán está custodiando.

IRUPE: Dios mío, ¿quién es el policía que está en la mesa de entradas?
GERMAN: Debe ser Sebastián, ¿por qué?
IRUPE: Porque es increíblemente atractivo.
GERMAN: Él y yo tenemos algo en común.
IRUPE: ¿Qué cosa? ¿El nombre?

Germán la mira con despecho por lo que escuchó.

GERMAN: Bueno, a decir verdad, sí. Sebastián es mi segundo nombre.
IRUPE: Tienes que saber que venir hasta aquí representa un gran desgaste espiritual para mí. La última vez que vine a la comisaría, fue para encontrarme clandestinamente con Edgar.
GERMAN: Pensé que la última vez que lo viste aquí no pudieron tener sexo porque se largó a llorar.
IRUPE: Exacto. ¿Ahora entiendes por qué me representa un desgaste? En fin, ¿qué sucedió?
GERMAN: Celina se llevó a Wilfredo por medio de un conjuro.

Irupé mira a Germán parpadeando agresivamente.

IRUPE: ¿Qué hizo qué? Oh, por Dios. Virginia va a matarnos. La defendimos para que ella haga esta estupidez.
GERMAN: Deberían volver en menos de una hora. Creo que así era el conjuro de Celina.
IRUPE: Entonces, ¿cuál es el problema?
GERMAN: Que Edgar está en comisaría. Por eso te llamé. Puede que quiera ver a su hijo y su hijo no está.

Irupé empalidece al escuchar lo que acaba de decir.

DAMIEN

Damien está conteniendo a Virginia para que no pierda la razón mientras ven que Fabricio cruza la calle con una rosa en su poder.

VIRGINIA: Ay, Dios, Damien, ¿con qué clase de desquiciado me acosté? No voy a poder con esto. Vas a tener que decirle algo.
DAMIEN: ¿Qué quieres que le diga? Dudo que traiga la rosa para mí. Me sentiría halagado, no lo niego, aunque no me gusten las rosas y considere que de nada sirve el romanticismo sin el acto sexual, pero dudo que quiera que yo la reciba.
VIRGINIA: Este es el peor escenario posible.
DAMIEN: ¿Que un muchacho que te gusta te regale una rosa? Sí, había leído que figura entre las peores desgracias de una persona.
VIRGINIA: ¡Damien! Tienes que hablar con él. Advertirle, al menos, como su amigo.
DAMIEN: Yo no soy su amigo.
VIRGINIA: Claro que lo eres.
DAMIEN: Por todos los cielos, lo conozco hace una semana. No somos amigos. No importa lo que él diga.

En ese entonces, llega Fabricio y los mira a ambos con la rosa en su mano.

FABRICIO: Hola, chicos.
VIRGINIA: Fabricio... ¡Damien dice que no eres su amigo!

Damien mira a Virginia con genuino odio en sus ojos.

FABRICIO: (a Damien) Claro que lo soy, no seas ridículo.
DAMIEN: No lo eres.
FABRICIO: Salvamos al mundo en dos ocasiones. Eso nos genera un vínculo.
DAMIEN: No lo hace.
FABRICIO: Tenemos que hablar de esto.
VIRGINIA: Por supuesto. Hablando se entiende la gente.
DAMIEN: (a Fabricio) Bien, amigo, cuéntame, ¿por qué la rosa?
VIRGINIA: (a Damien) Ya no soy tu amiga.
DAMIEN: (a Virginia) Sí, lo eres.
FABRICIO: Decidí traerle esta rosa a una chica que me gusta.
VIRGINIA: Ay, Dios. Ay, Dios.

Entones Fabricio se acerca a una muchacha que está saliendo del gimnasio, le entrega la rosa y, así nomás, le da un beso en los labios. Virginia y Damien quedan boquiabiertos por la situación.
Tras unos segundos, él muchacho viene de la mano con la chica en cuestión, quien está contenta con la rosa en la mano.

FABRICIO: Chicos, quiero presentarles a Dafne.

CELINA

Celina está ayudando a jugar a Wilfredo que está revolcándose en el barro, como si fuera un chiquero.
Después, se centra en el bosque que los rodea.

CELINA: ¿Dónde estaremos?
WILFREDO: Cabaña... Allí estaba... No está más...
CELINA: Exacto, mi querido Wilfredo. Allí debería estar nuestra cabaña, pero ni siquiera quedan las ruinas del incendio. Eso significa que no estamos en el presente. Así que nos trasladamos al pasado o al futuro...

Celina interrumpe su explicación cuando, entre los árboles, distingue fácilmente a un hombre vestido de blanco y una pequeña máscara que impide ver su rostro. Se acerca a ellos con tranquilidad y un gesto que invita a la cortesía.

HOMBRE DE BLANCO: La pregunta, entonces, no es dónde están, sino cuándo. Ustedes no son de este tiempo.
CELINA: ¿Es algo que se nota por nuestra esencia? Como cuando vas a otro lugar y notan que no eres de ahí.
HOMBRE DE BLANCO: Simplemente se nota.
CELINA: ¿En qué año estamos?
HOMBRE DE BLANCO: Estamos a finales del 2019.
CELINA: Nosotros somos del 2018. ¿En este tiempo la gente usa máscaras? ¿Hubo una guerra nuclear o algo así? ¿Quién eres...?

Antes de que el hombre de la máscara pudiera responder, Celina nota que Wilfredo, loco de alegría, comienza a correr por el bosque sin dirección alguna.

CELINA: ¡Wilfredo! ¡Vuelve aquí! ¡Chico malo!

Celina sale a correr detrás de él por los árboles.
Cuando está a punto de alcanzarlo, de la nada, se les termina la tierra y ambos caen por el risco.

CELINA: (totalmente aterrorizada) ¡AAAAAHHHHH!
WILFREDO: (totalmente feliz) ¡Siiiiiiiiii!

Pero poco dura la alegría para Wilfredo, porque al tocar tierra nuevamente, se da la cabeza de lleno contra una roca. Celina, para empeorar las cosas, cae sobre él.
Con los ojos empapados de pánico, mira al muchacho que comienza a escupir sangre por la boca.

CELINA: Oh, no, no, no, no. ¡Wilfredo! ¡No puedes morir, por Dios! ¡Wilfredo!

Desesperada, mira hacia arriba, esperando ver al hombre de blanco, pero sólo la vegetación silenciosa le devuelve la mirada.

CELINA: ¡Que alguien me ayude!

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Chapter 35


LA OTRA MITAD

Jacinta, feliz y sonriente, camina entre las parejas que están copulando desenfrenadamente a sus pies. Todos envueltos en un frenesí, Fabricio y Virginia copulan en un rincón de la casa, al igual que Irupé y Celina, como así también Edgar y Jaime.

JACINTA: En otros tiempos, en la naturaleza humana reinaban los andróginos. Este ser estaba formado por el sexo masculino y el femenino. Estos seres, eternos y fuertes, se creyeron tan especiales que decidieron enfrentar a los dioses, por los que Júpiter decidió dividir sus fuerzas separándolos.

Ninguno le presta atención, claramente, porque están concentrados en las tijeras, las espadas y la espada dentro de la tijera.

JACINTA: Y una vez divididos, los humanos dedicaron su vida a buscar la otra mitad que les faltaba. Si se encontraban, se abrazaban y se unían, llevados por el deseo de volver a su antigua unidad. Así como lo están haciendo ahora ustedes.

Se asoma a la ventana y Jacinta mira la luna, que redonda y completa está fuerte en el cielo de la noche.

JACINTA: Los tres tipos de andróginos se han reencontrado en esta noche maravillosa para que la transición esté completa. Aquel andrógino formado por un hombre y una mujer, aquel formado por dos mujeres y aquel formado por dos hombres.

Jacinta extiende los brazos, colmada de felicidad.

JACINTA: Vivirán una vida común, como una sola persona. Y cuando mueran, en la misma muerte se reunirán de manera que no sean dos personas, sino una sola.

MOMENTO MUSICAL

Jacinta baila desnuda en la sala en donde todas las parejas anteriormente mencionadas siguen haciendo el amor.
Así, ella baila entre Fabricio y Virginia, también entre Celina e Irupé, y también entre Jaime y Edgar.



JAIME:
Fuimos a hacer el amor.
Parece que volvimos de la guerra.
EDGAR:
Me sentí astronauta
cuando me abriste la puerta.
Perdido en tus lunares,
diciendo adiós a la tierra.
CELINA:
Borrando en el felpudo
el camino de migas
para que nadie siga el rumbo
que entrevén tus piernas.
VIRGINIA:
Cuando caminas
palmo a palmo formando una línea.
FABRICIO:
Una recta entre tus curvas
y mis indirectas con puntería.

EDGAR:
Volaron los minutos
teniéndote cerca,
ocultos y jugando mudos
juntos a ese Truco o Prenda.
IRUPE:
Con el lenguaje de las manos,
leyendo el braille
cada surco de tu piel
pero también tus labios.
VIRGINIA:
Vivimos sin horarios,
lejos de calendarios.
JAIME:
Versos de pasión
y no de aniversario.
EDGAR:
Todo lo que no te dije, lo hice.
Cicatrices que aún recuerdo en sueños
cuando despertamos vecindarios.

CELINA:
Mi más sentido bésame,
bésame, desayúname,
ayúdame a deshacer la cama.
VIRGINIA:
Te comería a versos,
pero me tragaría mis palabras.
Por eso, mejor dejarnos sin habla.
IRUPE:
Perdí el sentido del amor
pero no del sarcasmo
así que te haré el humor
hasta llegar al orgasmo.
JAIME:
Que he visto enamorado ojos de lagañas,
pero no hay mejores brindis
que los que hacen tus pestañas.

FABRICIO:
Estás en mi lista de sueños cumplidos
y en el de Pecados Compartidos.
IRUPE:
Rompamos juntos la barrera del sonido
cuando el gemido se coma al ruido.
CELINA:
Hagamos juntos todas las maldades.
La dieta de los caníbales.
EDGAR:
Soy el que siempre
creyó en las señales.
Por eso pégame,
muérdeme, déjame cardenales.

JAIME:
Y navegué en tu piel.
Un marinero sin carnet
poniéndome tu desnudez de abrigo.
CELINA:
Perdí el hilo,
bailé el tango de tu tanga
y me pisaste con zapatos
altos de tacón fino.
FABRICIO:
Te dije hazme lo que quieras
y me hiciste a mí, sin adjetivos.
Me pusiste a mi sentado
y yo perdí el sentido.
IRUPE:
Uní lunares
como una línea de puntos
y así todos juntos
conseguí formar siempre contigo.
VIRGINIA:
Querías un sastre
y una sonrisa medida cosida.
Pero para esa no hay cabida.
FABRICIO:
Con los ojos de lujuria
y con lo caras que están las caricias,
me hice tuyo.
Me diseño trajes de saliva y liga.
EDGAR:
Ya pagué mi crimen
Le puse fin, ahora tú
solo dime, dame, y gime.
VIRGINIA:
Tómame y di que tú estarás ahí,
que no me olvide.
CELINA:
Por ti, por mí, que haré
que hasta que te corras el carmín
pero no el rímel.

VIRGINIA:
Bésame, bésame, desayúname,
ayúdame a deshacer la cama.
Te comería a versos,
pero me tragaría mis palabras.
Por eso, mejor dejarnos sin habla.
FABRICIO:
Perdí el sentido del amor
pero no del sarcasmo
así que te haré el humor
hasta llegar al orgasmo.
IRUPE:
Que he visto rejuntarse
el hambre con las ganas
pero no hay mejores skyline
que verte tumbada.

CELINA:
Cada vez que quedo con ella
parece que una voz en off
nos dicen “silencio, se rueda”.
JAIME:
Y cuando llega la escena del beso
pongo cara fea para repetir
hasta la toma buena.
FABRICIO:
Reina del exceso,
siempre fui un experto
en coger el amor por donde quema.
EDGAR:
Mi desmesura, con mano dura
ganas de locura y de acercar posturas
encima de una noche a tu cintura.

VIRGINIA:
Cuerpo a cuerpo;
viaje espacial, vuelo directo.
Sin pagar tasas
de aeropuerto ni aduanas.
IRUPE:
Si más parar en el trayecto
que pararnos para hacer escala
entre tu desnudez y tu pijama.
EDGAR:
Sentados como dos gatos
sobre tejados de zinc.
Escurriendo botellas
de champán, ‘chin-chin’.
JAIME:
En una noche de San Juan
que parecía abril.
JACINTA:
Clímax.
Final feliz.

IRUPE

Tras la llegada del clímax, todos los invitados al banquete en la casa de Irupé comienzan a caer en cuenta de lo que hicieron.
Jacinta, ya en la sala, continúa en postura orante hacia la luna.

IRUPE: ¿¡Pero qué demonios...!?
JACINTA: Que las mitades que yo he unido no las separen ni los dioses. Sólo la muerte podrá dividirlos.

Jaime, cayendo en cuenta de lo que acaba de suceder con Edgar, se incorpora y sale corriendo del salón.

JAIME: ¡Quiero vomitar!

Irupé, desesperada, lo mira marcharse.

IRUPE: ¡Jaime! ¡Dentro del inodoro!

Todos están conmocionados por la experiencia sexual que acaban de vivir.

CELINA: Tengo una duda...
IRUPE: ¿Sólo una? Yo no entiendo nada.
CELINA: ¿Quién es tu depiladora?
IRUPE: ¿Quién es qué?
CELINA: Tu depiladora. Ha hecho un gran trabajo.

Fabricio, un poco más apartado de las chicas, levanta la mano para llamar la atención de Jacinta.

FABRICIO: ¿Puedes explicarnos qué acaba de pasar?
JACINTA: Se han unido ambas partes. Ahora sólo la muerte puedes separarlos.
EDGAR: (a Jacinta) ¡Pues has hecho el trabajo mal! ¡No fue esto lo que te pedí!
VIRGINIA: (a Edgar) ¿¡Tú lo pediste!? ¿¡Acaso te volviste loco!?
FABRICIO: (a Virginia) ¿Acaso fue tan malo?
VIRGINIA: (a Fabricio) No es el momento.
FABRICIO: Pero mejor yo que el otro, ¿no?
VIRGINIA: Basta.

Edgar, por su parte, señala con furia a Jacinta.

EDGAR: ¡Tú trabajo está mal hecho! No voy a unirme eternamente a Jaime. ¡Prefiero morir!
JACINTA: Bueno, si es lo que quieres.

Jacinta hace chasquear los dedos y automáticamente Edgar cae al piso sin vida.
Los cuatro restantes del salón se quedan perplejos. Jacinta los mira, sonriendo.

JACINTA: ¿Alguno más?

Celina toma de la mano a Irupé.

CELINA: Yo estoy feliz. No sé el resto.

DAMIEN

Damien recibe un mensaje de texto en plena sesión de sexo en la parte de atrás del auto de Pedro. Cuando lee el mensaje, su rostro queda perplejo. Pedro, detrás de él, también consigue leerlo.

PEDRO: ¿Ayuda? ¿Hay un demonio en la casa de Irupé? ¿Qué es eso?
DAMIEN: Significa que tienes que llevarme ya a la residencia.

Damien comienza a ponerse su ropa y obliga a Pedro a salir del auto también para vestirse.

PEDRO: ¿Pero qué es eso del demonio?
DAMIEN: Es un código especial que usamos con Virginia para decirme que hay una crisis que pertenece al barrio. ¿Puedes llevarme ya?
PEDRO: De acuerdo, de acuerdo. Espero que sea una crisis importante.
DAMIEN: Oh, ¿Pedro?
PEDRO: Sí.
DAMIEN: Si vuelves a leer mis mensajes de texto, vas a perder los dientes.

Dejando a Pedro perplejo por la amenaza, lo besa en los labios y se sube al asiento de acompañante.
Dando la vuelta hacia atrás, Pedro y Damien descienden del acantilado. En eso, aminora la marcha al encontrar otro auto estacionado y casi oculto.

PEDRO: Creo que no somos los únicos que vienen a verse a escondidas aquí.
DAMIEN: No. Creo que alguien vino a vernos a nosotros.

Pedro mira a Damien con genuino terror.

PEDRO: ¿A qué te refieres?
DAMIEN: Es el auto de Franco. Me habrá seguido.
PEDRO: Ese bastardo...
DAMIEN: Nos ocuparemos de él luego, Pedro. Necesito que me lleves a toda velocidad hacia el barrio.

Mientras da la orden, Damien toma el celular y llama a alguien. Se lleva el celular a la cara.

DAMIEN: ¿Germán?... Hay problemas y necesito que vayas para el barrio ahora mismo.

IRUPE

Irupé, Celina, Fabricio y Virginia están reunidos sutilmente, mirando que Jacinta no ha demostrado ningún interés en marcharse.

VIRGINIA: Tenemos que detenerla.
FABRICIO: (a Virginia) Los únicos que todavía pueden detenerla eres tú, Celina o Germán.
CELINA: Y espero que lo hagan Virginia o Germán, porque tengo ganas de usar mi conjuro para otra cosa.

Todos la miran.

VIRGINIA: ¿¡Qué puede ser más importante que destruir a una entidad que nos ha hecho aparearnos en el salón como animales salvajes!?
IRUPE: Deberíamos pensar por qué quisiéramos destruirla.
VIRGINIA: ¡Ha matado a Edgar!
IRUPE: Oh, bueno, eso. Pero Edgar la convocó, por lo que dentro de todo se lo merece.
CELINA: Irupé, querida, más allá de que nuestra experiencia me enseñó de que me estaba perdiendo de muchas cosas, no quiero pasar toda mi vida contigo. ¡Yo necesito un pene, por todos los cielos!
IRUPE: Y se nota.
VIRGINIA: (a Irupé) ¿Por qué sigue aquí? ¿Por qué no se marcha?

Todos vuelven a mirar a Jacinta, que continúa contemplando la luna.

IRUPE: Disculpa... Jacinta, o quien fuere que esté dentro del cuerpo de mi hermana... ¿Por qué no te vas?
JACINTA: Porque las lunas no se completaron. Mi trabajo no está hecho por lo que no puedo ser libre.

Los chicos dejan de observarla y se vuelven a mirar entre sí.

VIRGINIA: Creo que se refiere a que con Jaime vomitando en el baño y con Edgar muerto, el tercer andrógino no se completó. Necesita de dos hombres.
CELINA: Es impresionante que con tanto sexo gay que tiene, en este momento a Damien se le ocurra no estar presente.
VIRGINIA: Ya le escribí para que venga.
IRUPE: ¿Es decir que va a tener sexo con Jaime?
FABRICIO: Me preocupa más la pregunta de qué va a hacer una vez que complete los tres andróginos. Dijo que iba a quedar libre, no que se iba a ir de la tierra.

DAMIEN

Damien y Germán está en la casa de Zack. Los dos chicos se encuentran alterado. El Hechicero, que por lo general mantiene su temple, también se encuentra un poco preocupado.

ZACK: Le advertí a Edgar que la idea de los andróginos era absurda. Le advertí que podía ser peligroso.
DAMIEN: Puedes lamentarte en otro momento pero necesito que me digas cómo la detenemos.
ZACK: Pueden inmovilizarla con un conjuro, pero necesitarán el objeto por el que fue convocada. Edgar tiene que tener en su poder la mitad de algo. Eso hizo que Aristófanes venga a este plano. Buscaba su mitad.
GERMAN: Vamos primero a inmovilizarla y luego destruiremos el objeto.

Salen corriendo de la casa de Zack y cruzan los patios de las viviendas hasta llegar a la casa de Irupé.
Antes de ingresar, Damien y Germán inspeccionan por las ventanas.

DAMIEN: Es la hermana de Irupé. A ella la habrán poseído.
GERMAN: ¿Por qué lo dices?
DAMIEN: Porque está desnuda.
GERMAN: Todos adentro están desnudos.
DAMIEN: ¿¡Qué!? ¡No puedo creer que la única fiesta decente que hace Irupé yo me la haya perdido! Bien, entremos... ¿Sabes qué recitar?

Germán asiente y ambos abren la puerta ingresando.
Se encuentran con Jacinta, que los observa a ambos, primero con sorpresa y automáticamente sonríe.
Chasquea los dedos, divertida, provocando que automáticamente Germán y Damien se comiencen a besar.

VIRGINIA

Virginia, Celina, Fabricio e Irupé se quedan anonadados ante la imagen que están viendo.

CELINA: ¡Esto es completamente injusto! ¿Cómo es posible que Damien llegue y comience a hacerlo con Germán cuando yo tuve que hacerlo con Irupé? (a Irupé) No te ofendas pero quería un hombre. (mirando al techo) Voy a darle unas cuantas patadas a quien esté escribiendo la historia de mi vida.
IRUPE: (a Virginia) ¡Quítale el maldito polvo de su poder y haz el conjuro tú!
FABRICIO: (a Virginia) Es verdad, porque pese a que la pasé bien y a mi sexualidad ambivalente, esto es demasiado.
CELINA: A mí me parece que son crueles. Como todos ustedes disfrutaron del momento, no están permitiendo que Damien y Germán gocen de lo que les pasa.
IRUPE: (a Celina) ¿No estabas criticando que Damien tiene sexo con todo el mundo?
CELINA: ¿Qué puedo decirte? Vivo gracias a mis contradicciones.

Virginia se cansa del debate, le quita el pequeño frasco de tierra que tenía Germán y dispara contra Jacinta.

VIRGINIA: Que tus poderes se deshagan y tus hechizos se reviertan, que tus fuerzas se bloqueen y que con nosotros no puedas.

Automáticamente, Damien y Germán dejan de hacerlo y Edgar revive. Todos presos de la confusión.

VIRGINIA: Fui lo más precisa que pude.

Damien, vistiéndose, va hacia Edgar.

DAMIEN: Zack dijo que hay un objeto con la que la convocaste. ¿Cuál es?
EDGAR: Es una... Es la mitad de una naranja. Está en La Casa 0.

Fabricio y Celina salen corriendo al escuchar aquello.

EDGAR: ¿Pueden borrarme la memoria?
VIRGINIA: No vamos a gastar un conjuro en eso. Tendrás que vivir con la responsabilidad de tus acciones.
IRUPE: Así como nosotros tenemos que vivir con lo que nos hicieron hacer tus acciones.

Todos se giran a mirar a Irupé, indignados.

IRUPE: Bueno, es mi amante, pero nunca le dije que pierda la cabeza por mí.
JACINTA: Están cometiendo un error. Las partes tienen que estar unidas. Ustedes tienen que completarse. No pueden hacerme desaparecer. ¡No van a conseguir...!

Los chicos se quedan observando a Jacinta, hasta que repentinamente se desvanece. La muchacha queda inconsciente en el piso.

IRUPE: Es increíble que mi hermana, siendo ella misma o siendo poseída, me caiga igual de mal.

FABRICIO

Después de levantar los destrozos de la velada, Fabricio se acerca a Edgar para hablar.

FABRICIO: ¿Qué sucedió?
EDGAR: Creo que es obvio lo que pasó. No es necesario que volvamos a hablar de ello. Nunca más.
FABRICIO: No. Me refiero a por qué tu invocación salió mal. Si lo habías hecho para que Irupé te eligiera...

Edgar lanza un suspiro agotador mirándolo con verdadero fastidio.

EDGAR: Porque el hechizo funciona más rápido si el deseo es mutuo. Por eso, lo tuyo con Virginia superó a lo mío con Irupé. El resto caímos por descarte.
FABRICIO: ¡Eso es maravilloso! Significa que ella me deseaba de la misma manera.
EDGAR: Sabes que el hecho de que te pongas feliz por esto me provocan ganas de golpearte, ¿no?

Fabricio sonríe y se aleja de él.

IRUPE

Irupé está ayudando a un descompuesto Jaime al ir a la cama.

JAIME: Quiero morirme.
IRUPE: Lo sé, Jaime, pero figúrate que al menos ahora eres un íntimo amigo del dueño de este barrio. Eso nos coloca en un estatus importante.

Jaime la lapida con la mirada y ella se limita a sonreír.

IRUPE: Deduzco que es muy pronto para hacer chistes.
JAIME: Tengo mucha curiosidad sobre lo que pasó esta noche.
IRUPE: Es muy confuso. Quizá lo podemos debatir después.
JAIME: Pero entendí algo sobre el tema.

Irupé se pone pálida al escucharlo.

JAIME: ¿Esto lo hizo Edgar?
IRUPE: Sí...
JAIME: ¿Porque quería contigo?
IRUPE: Así parece...
JAIME: Tú y él, ¿tienen algo?

Irupé traga saliva notoriamente.

IRUPE: Sí.