CELINA
Ante
un moribundo Wilfredo, Celina observa como el hombre de blanco desciende entre
las piedras hasta la arena cercana a la playa donde ella se encuentra.
CELINA:
¡Ayúdame! Se está muriendo. Y me gustaría devolverlo con vida al 2018.
HOMBRE
DE BLANCO: ¿Cuánto tiempo?
CELINA:
¿Cuánto tiempo deseo que viva?
HOMBRE
DE BLANCO: No, ¿por cuánto tiempo ibas a estar aquí?
CELINA:
Dos horas. El conjuro ya debe estar por finalizar. ¿Cómo es que sabes esto?
¿Eres el misterioso séptimo que estamos buscando?
HOMBRE
DE BLANCO: En esta época ya sabemos sobre muchas cosas. Por eso, es necesario
que regreses a tu año.
Celina
señala con el dedo a Wilfredo.
CELINA:
¿Qué hay con él?
HOMBRE
DE BLANCO: Puedes recurrir a alguien que lo salve de las heridas que tiene. De
hecho, sé que alguien lo salvará de esta caída.
CELINA:
O sea que tú lo conoces.
HOMBRE
DE BLANCO: Y a ti. A ti te conozco muy bien.
Celina
queda boquiabierta por un instante.
CELINA:
Uh, ese "muy bien" sonó interesante. ¿De dónde me conoces? ¿Fuimos
algo? ¿Quién eres?
HOMBRE
DE BLANCO: Vuelve a tu tiempo.
El
hombre de blanco se aparta de ellos para volver a subir por las piedras.
Celina, presa de la curiosidad, lo sigue.
CELINA:
¡Espera! ¡Al menos dime quién eres!
IRUPÉ
Irupé
se tensa cuando la puerta que viene al pasillo de celdas se abre y un
despreocupado Edgar Villas camina por ellas.
En
el momento en que llega hacia donde está Germán, no evita su sorpresa al encontrarse
con Irupé.
EDGAR:
¿Irupé?
IRUPE:
Edgar...
EDGAR:
¿Qué haces aquí?
IRUPE:
Quería...
GERMAN:
(a Edgar) Ella quería verte a ti.
EDGAR:
¿Ah, sí? ¿Por qué vienes a verme en la comisaría?
IRUPE:
Porque en la residencia es obvio que no podemos por Jaime. Y en la comisaría es
el único sitio donde sé que estás habitualmente.
EDGAR:
Bueno... ¿Y para qué querías verme?
GERMAN:
¿Para qué crees?
Irupé
lapida con la mirada a Germán ante su nueva intervención.
IRUPE:
(a Germán) Puedo hacer esto sola. (a Edgar) ¿Para qué crees?
EDGAR:
Bueno... Siendo así... (a Germán) ¿Puedes conseguirnos una habitación?
GERMAN:
Claro. Será un placer.
Van
caminando hacia la sala donde están las habitaciones para visitas conyugales de
los presos.
GERMAN:
(a Irupé) Tendrás que mantenerlo entretenido durante una hora.
IRUPE:
Bueno, podremos tener sexo y luego hablar los siguientes 58 minutos.
CELINA
Celina
tiene una impresionante duda entre ir corriendo detrás del hombre de blanco o
cuidar a Wilfredo que está muriéndose.
Finalmente,
opta por hablarle al muchacho moribundo.
CELINA:
Bueno, Wilfredo, ya sé que te estás por morir, pero ese hombre de blanco me
acaba de hablar de una forma sugerente y erótica. En unos minutos, ambos
volveremos a nuestro tiempo y allí podré ayudarte...
WILFREDO:
Me... Muero... Me duele mucho...
CELINA:
Lo sé, pero en este momento no puedo hacer mucho por ti. Y quizá allá se va mi
última oportunidad de saber dónde puedo encontrar el amor.
WILFREDO:
Celina... Celina... Me muero...
CELINA:
Bueno, Wilfredo, corta con el drama.
Wilfredo
escupe más sangre todavía, mientras sigue tieso mirando hacia arriba.
CELINA:
Te pido que dejes el drama y te pones a escupir sangre. ¡Qué injusto eres!
WILFREDO:
Yo... Te quie... Celina...
CELINA:
¿Sabes qué? Ya que no me estás escuchando, yo tampoco lo haré.
Se
gira, desesperada, para ir detrás del hombre de blanco.
CELINA:
¡Hombre de blanco! ¡Por favor! ¡Espere!
DAMIEN
Todavía
en el gimnasio, Fabricio acaba de presentar a Dafne ante Virginia y Damien.
Damien percibe que Virginia va poniéndose de diversos colores.
VIRGINIA:
Así que Dafne, ¿eh?... ¿Dafne?... ¿Quién puede llamarse Dafne?
DAMIEN:
Virginia...
DAFNE:
Bueno... Yo. Yo me llamo Dafne.
VIRGINIA:
¿Pero ese es tu nombre real o tu nombre de prostituta?
DAMIEN:
Oh, por Dios.
DAFNE:
¿Disculpa?
VIRGINIA:
(a Fabricio) ¿Dónde la conociste? ¿En el Club de Caballeros al que fueron la
otra noche? Oh, espera... ¡Esa noche no te invitaron! (a Dafne) Así que tienes
que estar tranquila, porque tu chico no va a los clubes de caballeros con los
otros chicos porque nadie lo invita.
Damien,
a estas alturas, está dos pasos alejados del triángulo amoroso.
FABRICIO:
Virginia... ¿Te sucede algo?
VIRGINIA:
Oh, no pasa nada, Fabricio. Sólo estoy sumamente feliz de que hayas conseguido
una chica y que no sea una prostituta. Ese es un motivo para celebrar, ¿no
crees? Sacaré una botella de vino y brindaremos por Fabricio y la chica del
nombre estúpido. (a Dafne) ¿Eres tan estúpida como tu nombre?
DAFNE:
(a Fabricio) ¿Vas a dejar que tu amiga me insulte de esta manera?
FABRICIO:
(a Dafne) Yo creo que Virginia no se quiso expresar de ese modo.
VIRGINIA:
Claro que quise expresarme así, DA-F-NE. (a Fabricio) Deberías saberlo ya que
yo soy tu amiga. ¿Sabes quién no es tu amigo? Damien.
Los
tres automáticamente miran a Damien, que cada vez se alejaba más y más de
ellos.
FABRICIO:
(a Virginia) ¿De qué hablas? Claro que Damien es mi amigo.
DAMIEN:
No soy tu amigo.
FABRICIO:
(a Damien) Pero sí, hombre, ya habíamos hablado de esto.
DAMIEN:
No es el momento, Fabricio.
FABRICIO:
Oh, claro. (a Virginia) ¿Por qué estás atacando a DA-F-NE?
DAFNE:
¡Fabricio!
FABRICIO:
(a Dafne) Perdón, perdón, es que lo pronunció de una forma graciosa. Tienes que
reconocerme que tu nombre es algo estúpido.
Dafne
le rompe la rosa por la cabeza a Fabricio y sale totalmente ofendida del
gimnasio. Fabricio se queda en shock.
Virginia,
mirando los restos de pétalos y tallos en el piso, se cruza de brazos.
VIRGINIA:
Es obvio que no seré yo quien limpie esto.
CELINA
Sigue
persiguiendo al hombre de blanco colina arriba, cuando él se vuelve hacia ella
y le sujeta de los brazos.
HOMBRE
DE BLANCO: Tienes que irte a tu tiempo. Que estés aquí es un error. Puede
sucederte algo malo y yo no quisiera eso. Tú no...
Celina,
lejos de mostrarse preocupada por las palabras del extraño enmascarado, se
emociona.
CELINA:
¡Oh, por Dios! ¡Dime quién eres! Necesito saber quién me ama a este nivel.
HOMBRE
DE BLANCO: Yo no dije que...
CELINA:
Me amas a este nivel y punto.
HOMBRE
DE BLANCO: Vuelve con tu amigo. Pronto volverán.
CELINA:
Al menos dime que detrás de tu máscara no está Edgar. Sólo con eso, yo ya gané.
HOMBRE
DE BLANCO: No soy Edgar.
CELINA:
Y yo ya gané.
De
repente, un sonido silbante se escucha entre los árboles. Celina no entiende
nada pero percibe como el hombre de blanco comienza a ponerse tenso.
HOMBRE
DE BLANCO: Agáchate, ahora.
La
tira al piso y él se tira sobre ella, mirando hacia todos lados de dónde
proviene un sonido que cada vez se hace más potente.
Finalmente,
Celina nota que cerca de ellos, un objeto que bien podría ser una persona, pasa
volando cerca de ellos. El silbido la acompaña, por lo que cuando se aleja, el
sonido se vuelve cada vez más tenue hasta desaparecer.
CELINA:
¿¡Pero qué diablos fue eso!?
HOMBRE
DE BLANCO: Tenemos que volver. Tienes que irte ahora
VIRGINIA
Fabricio,
en una muestra de valentía inusual, se planta ante Virginia que está por irse
del gimnasio.
FABRICIO:
¿Qué ha sido eso?
VIRGINIA:
¿Tú me preguntas a mí qué ha sido eso? Yo debería preguntártelo a ti.
FABRICIO:
Bueno, eso ha sido Dafne. Una chica con la que estoy seguro que no tendré sexo
hoy. Lo que no entiendo es por qué tuviste una reacción tan desbordada.
VIRGINIA:
Porque nosotros lo hicimos hace un par de días.
FABRICIO:
¿Y? Dijiste que no querías una relación.
VIRGINIA:
Obviamente que no quiero una.
FABRICIO:
Y porque tú no quieres una, significa que yo no puedo tener una tampoco.
VIRGINIA:
Exacto. Hasta que al fin lo entiendes.
FABRICIO:
Pues yo creo que es una postura un tanto injusta de tu parte.
VIRGINIA:
No todo en la vida es justicia, Fabricio.
FABRICIO:
Bien, cuando se pueda hablar contigo con un poco de coherencia, me avisas.
Sumamente
ofendido, se marcha del lugar.
Virginia,
sola en el gimnasio, va hacia el sitio donde se guardan los discos de
entrenamiento y saca su usual botella de vino.
MOMENTO MUSICAL
Fabricio
conduce enojado su auto hacia la residencia, mientras que Virginia se queda
cantando sola con su botella de vino.
FABRICIO:
Yo, sin tanto que decir
ni tanto que callar,
empezándome a creer mis mentiras.
VIRGINIA:
Tú, buscando tu lugar
entre sueños y Prozac,
escondiéndote entre falsas caricias.
FABRICIO:
No me hables de volar.
Prefiero caminar
y así salir de ésta con vida.
VIRGINIA:
No me intentes engañar
con promesas que se van
al cajón de las facturas vencidas.
AMBOS:
Puede que ésta al final
sólo sea una más
de nuestras relaciones suicidas.
No hemos llegado a escarmentar
y volvemos a topar
con el mismo callejón sin salida.
FABRICIO:
Tú, queriendo comprender
el cómo y el por qué
los besos se volvieron cenizas.
VIRGINIA:
Yo me pierdo como ayer
entre hojas de papel
intentando dibujar tu sonrisa.
FABRICIO:
No me hables de cambiar.
Para eso es tarde ya.
De nada nos sirvieron las prisas.
VIRGINIA:
No me hables de luchar.
No quiero comenzar
otra lista de batallas perdidas.
AMBOS:
Puede que ésta al final
sólo sea una más
de nuestras relaciones suicidas.
No hemos llegado a escarmentar
y volvemos a topar
con el mismo callejón sin salida.
VIRGINIA:
Ya no hay motivos para dar
otra oportunidad
y volver a empezar
la que es otra más
de nuestras relaciones suicidas.
CELINA
Descendiendo
con el hombre de blanco por las piedras hasta llegar hacia las rocas donde
estaba el cuerpo de Wilfredo, Celina se sorprende al descubrir que ya no está.
Mira
desesperadamente hacia todos lados pero no lo encuentra.
CELINA:
¡Oh, por Dios! ¿Se lo llevaron? ¿Esa cosa que pasó volando vio que no era de
este tiempo y se lo llevó?
HOMBRE
DE BLANCO: ¿Viste lo que eran esas cosas que pasaban volando?
CELINA:
No lo vi. Sé que eran azules. Así que espero que sean ángeles enfermeros y en
este momento estén cuidando a Wilfredo o voy enloquecer. No puedo volver a mi
tiempo sin Wilfredo. No pude haberlo perdido.
HOMBRE
DE BLANCO: Es que no lo perdiste.
Celina
deja de llorar y mira al enmascarado con confusión.
CELINA:
¿Cómo que no lo perdí?
HOMBRE
DE BLANCO: Él regresó.
CELINA:
¿A dónde?
HOMBRE
DE BLANCO: A su tiempo.
CELINA:
¿Y yo? ¿¡Qué estoy haciendo aquí!?
HOMBRE
DE BLANCO: Pagando las consecuencias de un conjuro mal realizado.
Celina,
pálida de la impresión, se sienta sobre una de las rocas todavía manchadas con
la sangre de Wilfredo.
CELINA:
¿Me estás queriendo decir que me quedé atrapada en el 2019?
GERMAN
Germán
continúa haciendo guardia fuera de la celda de Wilfredo.
En
eso, escucha que el muchacho vuelve a cuerpo presente.
Automáticamente
se da cuenta que Wilfredo está herido.
Ingresa
en la celda.
GERMAN:
Wilfredo... Wilfredo... ¿Qué sucedió? ¿Qué es lo que pasó?
WILFREDO:
Caí... Caí... Me golpeé con las rocas... Me estoy muriendo...
Germán,
entonces, cae en cuenta de una realidad aún más perturbadora.
GERMAN:
Wilfredo... ¿Dónde está Celina?
CELINA
Celina
está llorando escandalosamente, aferrada a sus rodillas, visiblemente
traumatizada. El hombre de blanco intenta no perder la paciencia con ella.
HOMBRE
DE BLANCO: Tranquilízate.
CELINA:
¡¿Cómo puedes pedirme que me tranquilice?! Estoy atrapada en el tiempo, no
puedo usar un conjuro para regresar porque no es mi turno en el círculo,
probablemente mandé a Wilfredo muerto al 2018 y dejé un pollo descongelándose
en la nevera. Oh, Dios, nunca veré a mis amigos de nuevo. Tantos chismes de los
que ya nunca me enteraré. ¿Ellos se olvidarán de mí? ¿Alguien ocupará mi lugar?
Seguramente Edgar venderá mi casa apenas me atrase un mes en la cuota. Oh, el
pobre y viejo Edgar. No puedo creer que yo vaya a desaparecer y él no...
Celina
es interrumpida porque una mano invisible le pega una cachetada.
Ella
se tira al piso y mira al hombre de blanco con furia.
CELINA:
¿¡Me pegaste tú!? ¿Además de vestir de forma inadecuada tienes el poder de
golpear a las personas a la distancia?
HOMBRE
DE BLANCO: Ojalá hubiera sido yo, pero no. Yo no te pegué.
Celina
se queda asombrada cuando frente a ella, una mujer que conoce muy bien comienza
a aparecer de la nada, como si fuera un dibujo que de repente comienza a
dibujarse a sí mismo.
La
muchacha mira a Celina con cierto grado de fastidio.
CELINA:
No puede ser... ¡Virginia!
HOMBRE
DE BLANCO: No... Ojalá fuera Virginia.
Celina
mira con asombro al hombre de blanco y luego se gira para mirar a la chica que
no es Virginia.
CELINA:
¿Margaret?
La
muchacha, como si fuera Virginia, se cruza de brazos y mira a Celina de forma
inquisitiva.
MARGARET:
¿Cómo pudo salirte mal un hechizo tan básico?