martes, 13 de noviembre de 2018

Chapter 25

MOMENTO MUSICAL

En el día de su cumpleaños, Virginia camina por las calles del Barrio Privado Residencia 21, acompaña de su fiel amiga: una copa de vino.
Irupé, Jaime, Celina, Alejandro, Fabián, Fabricio, Damien, Germán, Fernando, sus leales vecinos, incluso Luciana y su ex novio Joseph, entonarán para ella esta canción llena de amor y devoción.



LUCIANA:
Tú que me mirabas
como nadie supo mirar.
IRUPE:
Tú que protegías
la vela si empezaba a temblar.
CELINA:
Tú que me leías
cuentos que me hicieron volar.
ALEJANDRO:
Y ahora tu memoria 
se escapa con mi vida detrás.

FABRICIO:
Tú, mi estrella despistada
en la noche.
Tú, que aún brillas
cuando escuchas mi voz.
Estoy contigo.
Estoy contigo.

JAIME:
Tú que recogías
las hojas que mi otoño dejó.
JOSEPH:
Tú que interpretabas
mis penas con un poco de humor.
FERNANDO:
Tú que despeinabas
mis dudas con el viento a favor.
FABIAN:
Y ahora va colándose
el frío del invierno en tu voz.

DAMIEN:
Tú, mi estrella despistada
en la noche.
Tú, que aún brillas
cuando escuchas mi voz.
Estoy contigo.
Estoy contigo.

GERMAN:
Y cuando sientas
que tus manos 
no se acuerdan de ti
y que tus ojos
han borrado el camino,
estoy contigo.
Estoy junto a ti.

CELINA:
Para darte mis palabras
si tus labios ya se han dormido.
IRUPE:
Devolverte tus latidos.
Todo lo que hiciste por mí.

TODOS:
Cuando creas
que la vida 
se ha olvidado de ti,
no dejaré de susurrarte al oído
que estoy contigo.
FABRICIO:
Que estoy contigo.

TODOS:
Cuando llegue
la nostalgia
a separarte de mí,
yo gritaré 
para que escuche el olvido...
DAMIEN:
Que aún no te has ido.
TODOS:
Que yo sigo aquí.
Siempre junto a ti.

JAIME:
Estoy contigo.
LUCIANA:
Estoy junto a ti.
FABIAN:
Estoy contigo.
CELINA:
Estoy contigo.
FERNANDO:
Estoy junto a ti.
FABRICIO:
Que estoy junto a ti.
IRUPE:
Que estoy junto a ti.
DAMIEN:
Que estoy junto a ti.
ALEJANDRO:
Estoy contigo.
JOSEPH:
Estoy contigo.
TODOS:
Estoy junto a ti.

VIRGINIA

Volviendo al mundo real, Virginia está hablando en ronda ante todo el barrio.

VIRGINIA: Quiero que todos se queden tranquilos, que mientras Edgar continúe en prisión, yo seré quien administre este lugar en su nombre. Sé que todos lo van a extrañar, pero haré lo posible para que no se note su ausencia.
JAIME: ¿Vas a empezar a discutir cuando nos hablas?
VIRGINIA: No, claro que no.
CELINA: ¿Vas a cobrarnos de más por cosas que en realidad no compramos?
VIRGINIA: Obvio que no.
FERNANDO: ¿Vas a hablar mal de todos los vecinos del barrio?
VIRGINIA: No, por supuesto que no.
GERMAN: ¿Vas a atendernos en ropa interior?
VIRGINIA: ¡Pero claro que no!
IRUPE: Entonces vamos a sentir la ausencia de Edgar, Virginia.

Virginia suspira y mira a Pablo, el comisario.

VIRGINIA: Pablo, ¿cuánto tiempo crees que Edgar estará en prisión?
PABLO: La causa está en investigación y le han denegado la fianza por riesgo de fuga. Al parecer, Edgar tiene otras historias sobre sus hombros.
VIRGINIA: ¿Qué quieres decir con eso?
PABLO: Lo estamos investigando, como dije. Pero tenemos información que hace un tiempo dirigía un campamento de verano en el pueblo de Bahía Ausente. Cosas extrañas sucedieron en ese lugar y fue buscado intensamente por la policía de ese pueblo.
DAMIEN: Los cuales claramente no eran muy bueno porque ha armado su propio imperio aquí. 
FABIAN: De nada le sirve su reinado ahora que está preso. 
VIRGINIA: Bien. Lo único que puedo asegurarles que Germán y yo trabajaremos arduamente para que todo siga funcionando como hasta ahora.
GERMAN: ¿Y yo por qué?
VIRGINIA: Porque este era tu trabajo, Germán. 
GERMAN: Pero era empleado de Edgar.
VIRGINIA: Y ahora serás el mío. A menos que puedas pagar el alquiler de tu casa por tus propios medios.
GERMAN: ¿Por dónde quiere que empecemos, jefecita?
VIRGINIA: Empieza por tirar gas lacrimógeno para que se desarme esta reunión.
GERMAN: A la orden.

Germán tira el gas y todos los miembros del barrio huyen a los gritos.

IRUPE

Cuando todos salieron a correr, Irupé se fue corriendo detrás de Pablo.

IRUPE: Pablo, espera. Quiero hablar contigo.
PABLO: Tú nunca quieres hablar conmigo.
IRUPE: Lo sé. ¿No te parece extraño? Somos vecinos hace tiempo y jamás te he preguntado cómo estás. Ni siquiera sé si Guillermina salió de la clínica después del ataque que recibió. ¿Qué ha sido de ella? 
PABLO: Bueno, verás, Guillermina...
IRUPE: Ay, ¿a quién engaño? Esto no me importa. Quiero saber si puedes conseguir que vea a Edgar.
PABLO: Claro. Puedes ir a verlo cuando gustes.
IRUPE: No, no me refiero a tener una charla con él en una sala común, sino en una habitación.
PABLO: ¿Para qué querrías eso?

Irupé no responde. Se limita a sonreír. Pablo comprende al instante.

PABLO: Oh, vaya, vaya.
IRUPE: Lo sé. Quiero que sepas que jamás te pediría una cosa así... De hecho, ni siquiera te hablaría, sino fuera por una necesidad urgente.
PABLO: ¿Una necesidad sexual urgente?
IRUPE: ¿Puedes conseguirme una habitación o no?

Pablo sonríe con picardía y complicidad.

PABLO: No sería problema. Aunque ahora supongo que tendremos un pequeño secreto en común. Y tú no vas a querer que Jaime se entere.
IRUPE: Como deduzco que tú no vas a querer que Guillermina se entere sobre tu amante prostituta, a la que hiciste que se acueste con Germán mientras tú te tocabas.

Pablo queda boquiabierto ante el comentario.

PABLO: Sólo dime a qué hora irás y tendrás la habitación.
IRUPE: Genial. Te avisaré. Me encanta compartir secretos contigo, vecino.

JOSEPH

Joseph y Virginia se juntan en su bar de siempre. Lissandro, el dueño del lugar, los atiende. 

LISSANDRO: (a Virginia) Vaya, ¿volviste a lo clásico? ¿Qué pasó? ¿También corría el riesgo de que fuera gay?
VIRGINIA: Lissandro, dame mi vino y mantente al margen.

Lissandro obedece y se marcha. 

JOSEPH: ¿Viniste con otro gay?
VIRGINIA: No. Vine con mi compañero de trabajo que ahora se convirtió en mi vecino. Nos besamos pero la cosa no pasó a mayores.
JOSEPH: ¿Por qué no?
VIRGINIA: Supongo que todo se derrumbó cuando me vio besándome con Fernando.
JOSEPH: Vaya, ¿y qué pasó con él?
VIRGINIA: Nos besamos pero la cosa tampoco pasó a mayores. Pero supongo que a él lo habrá asustado verme con Hernán. 
JOSEPH: Tus historias sexuales son más interesantes que las mías. 
VIRGINIA: Me encantaría que así fuera si al menos hubiera tenido sexo con alguno. Hace tanto que no estoy con alguien que ya me olvidé como se hace. Por cierto, estaba pensando que ahora que se fue Hernán, quizá tú puedas ir a vivir conmigo. 
JOSEPH: Eso sólo incrementará tu ausencia de vida sexual, Virginia.
VIRGINIA: No lo digo por eso, Joseph. Al menos, creo que no. Pero tú estás viviendo solo y yo estoy viviendo sola...
JOSEPH: En estos momentos no estoy viviendo solo.
VIRGINIA: Oh, lo olvidaba. El chico por el cual estás locamente enamorado está viviendo en tu casa. 
JOSEPH: Momentáneamente supongo. 
VIRGINIA: ¿Y eso avanzó en algo?
JOSEPH: Si esto fuera una competencia, te diría que tú vas ganando. Al menos llegaste a besarlos. Yo sólo tengo que conformarme con mirarlo y desear que supere su terrible momento de tristeza por el abandono. 
VIRGINIA: Suenas patético.
JOSEPH: ¿O romántico?
VIRGINIA: No, Joseph, patético. 
JOSEPH: Me lo dice la chica con tres hombres que no tiene sexo con ninguno.
VIRGINIA: Exacto. Así que puedes darte una idea de lo bajo que estás.
JOSEPH: Creo que querré un poco de tu vino.
VIRGINIA: Puedes tomar lo que me queda de mi copa. Tengo que irme. Hay unas personas interesadas en alquilar una casa y ahora soy la encargada de promocionarlas.

Joseph acepta alegremente la taza de Virginia, pero se desilusiona.

JOSEPH: Tu taza está vacía.
VIRGINIA: También mi corazón.

IRUPE

Irupé se está maquillando y vistiendo para ir a hacer su visita sanitaria a Edgar. En eso, Jaime aparece en el cuarto y la observa.

JAIME: ¿Vas a salir?
IRUPE: Sí. Voy a visitar a Edgar a prisión.
JAIME: Vas muy coqueta para ir a la cárcel.

Irupé la mira conmocionada.

IRUPE: Oh, Jaime, lo notaste. 
JAIME: ¿Pero qué dices? Yo siempre me doy cuenta.
IRUPE: Debatible, pero me alegraste el día. ¿Quieres que me quede? Podemos cenar juntos, mirar una película, hacer cosas de adulto...
JAIME: Nah. Invité a Fabricio a jugar a la Play.
IRUPE: Oh. 
JAIME: Sí, es bueno tener un compañero para jugar a la Play. 
IRUPE: Edgar siempre quería jugar a la Play contigo. 
JAIME: Alguien que me caiga bien, Irupé.
IRUPE: Yo me propuse para jugar a la Play contigo.
JAIME: Cielos, ¿es que no se te puede contar nada?

Poniendo los ojos en blanco, Jaime sale del cuarto. Irupé lo mira con furia. Luego, suspira, y continúa maquillándose. 

FABRICIO

Fabricio y Jaime están jugando frente al televisor cuando Irupé sale del cuarto para irse a la calle.

FABRICIO: Hola, Irupé.
IRUPE: Hola, Fabricio. Adiós, Fabricio.
JAIME: (a Irupé) ¿Estás saliendo?
IRUPE: Sí, Jaime, acabamos de tener una conversación. Me voy a ver a Edgar.
JAIME: ¿Me haces un favor? ¿Me alcanzas un par de cerveza?
IRUPE: Pero claro, mi rey.

Irupé hace una reverencia y se va de la casa dando un portazo. Los dos muchachos quedan solos.

FABRICIO: Creo que se enojó. 
JAIME: No. Seguro fue al kiosco a comprar cerveza. 
FABRICIO: Parecía enojada.
JAIME: Ella siempre parece enojada. 
FABRICIO: ¿Qué harías si tú te hicieras amigo de un muchacho que sabes, de anterioridad, que su mujer lo engaña?
JAIME: Me reiría mucho de él. 
FABRICIO: ¿No se lo dirías?
JAIME: Quizá le mandaría un par de indirectas.
FABRICIO: Como, por ejemplo, ¿no es raro que tu mujer se vaya tan seguido a la cárcel a ver a Edgar?

Jaime lo mira por unos instantes y luego se encoge de hombros. Vuelve al juego.

JAIME: Supongo que una cosa así.

Fabricio pone los ojos en blanco y luego sigue jugando.

IRUPE

Irupé se pone de pie cuando la puerta de la habitación en la que está se abre. Un policía le quita las esposas a Edgar y sale, cerrando la puerta detrás de él. 
Edgar e Irupé se reencuentran como viejos amantes, besándose apasionadamente.

EDGAR: Oh, Irupé... 
IRUPE: ¡Edgar! Dios sabe que me arrepentiré toda la vida de decir una cosa así, pero te he extrañado tanto. 
EDGAR: Gracias por decirme una cosa así. No escuchaba decir que alguien me extrañaba desde... Bueno, creo que nunca nadie me lo ha dicho antes.
IRUPE: Mi pobre amado. Tan despreciado por el mundo. 
EDGAR: Esto es un infierno, Irupé. No sólo estoy preso y el mundo se está privando de mí, sino que además estoy encerrado con mi hijo, al cual ni siquiera puedo ver. Pero en compensación, mi otro hijo está saliendo de la clínica y lo podré ver porque también viene a prisión.
IRUPE: Diablos que hiciste un pésimo trabajo como padre, ¿eh?
EDGAR: Pero supongo que no viniste hasta aquí para que hablemos, ¿no?
IRUPE: Gracias a Dios te diste cuenta que no me interesan tus historias.
EDGAR: Sin embargo, tengo muchas ganas de hablar.
IRUPE: ¿Qué?

Edgar, entonces, se sienta en la cama y comienza a llorar.

IRUPE: Ay, Dios. 
EDGAR: Es que siento que las cosas me han superado, Irupé. Los días se me vuelven confusos. Parece que estoy encerrado aquí hace cien años.
IRUPE: Y te entiendo. Yo llevo cinco minutos contigo y siento lo mismo.

Irupé se sienta a su lado y comienza a palmearlo con torpeza.

IRUPE: Ya, ya.
EDGAR: Quizá es bueno que sepas que no soy siempre el hombre rudo y admirable que tanto deseas. También tengo momentos de debilidad. Debes saber desde ya que no soy perfecto.
IRUPE: Estoy sorprendidísima.
EDGAR: Es sorprendente, lo sé. Me gusta hablar contigo, Irupé. Eres como una madre para mí.
IRUPE: Me... Quiero... Morir. 
EDGAR: Pero tengo que recordar que viniste aquí para una cosa específica, así que vamos a hacerlo.
IRUPE: Edgar, mi cielo, tus lágrimas me secaron. ¿Por qué mejor no te dedicas a seguir llorando?
EDGAR: Oh, gracias.

Entonces Edgar continúa llorando mientras Irupé pega un resoplido y mira al techo.

VIRGINIA

Virginia está mostrando la Casa 16 a una pareja.

VIRGINIA: Como verán, en este barrio no tenemos terrenos, así que los patios son compartidos por todos. Está prohibido poner cercas o vallas. Aun así, no debería molestarlos porque la casa es enorme y tienen espacio de sobra para la intimidad. ¿Ustedes son recién casados?

Virginia mira a la pareja de Zack y Blanco, quienes sonríen. Ella tiene su brazo alrededor del de él. 

ZACK: No. Estamos juntos hace muchos años.
BLANCA: Pero pese a todo, me gusta la idea de que tengamos intimidad. 
VIRGINIA: Sí, no es algo de lo que se tengan que preocupar. También nos regimos por un código de conducta, así que si alguien presenta un problema para ustedes, no duden en comunicármelo. ¿Por qué decidieron venir a vivir a Estrella Dorada?
ZACK: Nos mudamos por cuestiones laborales. Hay mucho trabajo para hacer aquí. 
VIRGINIA: Bien, si quieren puedo dejarlos a solas para que decidan. 
ZACK: No será necesario. Me encanta este barrio.
BLANCA: Coincido. Es casi mágico.
VIRGINIA: Es lo que sienten todos. 
ZACK: Entonces debe ser cierto.

Zack sonríe a Virginia, quien devuelve su sonrisa sin comprender lo que verdaderamente se oculta tras la sonrisa de aquel hombre negro. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario