LA NOCHE DEL INCENDIO
La camioneta de vidrios polarizados que recogió al grupo del bosque, empieza a aminorar la marcha a medida que se acerca a la comisaría.
En el interior del vehículo, Irupé está predispuesta a descender.
VIRGINIA: ¿Estás segura que quieres hacer esto ahora?
IRUPE: Si pudiera evitar más drama en esta noche, lo haría con gusto. Pero hay cosas que deben hacerse ahora. Y siendo sincera, estoy un poco harta de escuchar llorar a Celina.
CELINA: ¡Irupé, por favor! ¡No puedes ser tan insensible! ¿Acaso no puedes compadecerte de mí por todo lo que me sucedió esta noche?
IRUPE: Celina, me compadezco de ti todos los días.
CELINA: ¡Pero hoy era mi boda!
IRUPE: Lo sé, Celina, estuve ahí. Aunque no estarán las fotografías del evento porque ya sabemos que no se celebró.
Celina comienza a llorar más escandalosamente y Virginia la lapida con la mirada a Irupé.
VIRGINIA: Creo que es mejor si te bajas ahora.
IRUPE: Los llamaré luego.
Irupé desciende de la camioneta e ingresa a la comisaría. Un policía está en la mesa de entrada y la mira con inquietud.
IRUPE: Necesito ver a un prisionero de forma inmediata. Literalmente, es de vida o muerte.
POLICIA: Estos no son horarios de visitas.
IRUPE: Ya sé que no lo son, pero es importante.
POLICIA: Tendrás que esperar hasta mañana.
IRUPE: Si yo pudiera esperar hasta mañana, lo haría. ¿Crees que me gusta venir en mitad de la noche, sucia y con este escote que poco deja lugar a la imaginación? En parte, sí, me gusta, pero no es el punto. El punto es que me tienes que dejar de pasar a la celda.
El oficial se cruza de brazos sin disimular que mira el escote de Irupé.
CELINA
Celina está en la casa de Santiago, armando una vianda para llevarle comida a su monstruo del bosque. En eso, su futuro marido ingresa en la casa trayendo dos cajas de pizzas. Detrás de él, lo siguen Luciana y Álvaro.
Celina no duda en mostrar su rostro de confusión.
CELINA: ¿Qué está pasando?
SANTIAGO: Decidí sorprenderte con un almuerzo vecinal. ¿Te acuerdas cuando no pudimos hacer la cena porque tuve que trabajar? Bueno, es mi forma de recompensártelo.
CELINA: No tenías que recompensármelo. Son cosas que se superan y la vida sigue.
ALVARO: A echarle ganas que estamos aquí para celebrar el amor que tienen. Porque quiero estar en la carrera para ser el padrino de la boda.
SANTIAGO: (a Álvaro) Pero ya tengo padrino.
ALVARO: Siempre puedes cambiar de idea.
CELINA: Podría no casarse, por ejemplo.
Todos la miran a Celina con cierto asombro.
CELINA: Quiero decir, siempre corro el riesgo de que me abandones en el altar, ¿no?
Santiago se acerca hacia su chica y la rodea con sus brazos. Celina queda sorprendida por su actitud.
SANTIAGO: Mi amor, puedes estar tranquila que yo jamás te abandonaré.
CELINA: No sabes... Cuanto me alivia.
ALVARO: Y si salgo elegido como padrino, yo mismo me aseguraré que ustedes dos nunca terminen.
CELINA: Otro motivo más para elegirte.
Luciana, entonces, comienza a llorar.
LUCIANA: Perdonen, pero me produce mucha ternura verlos juntos.
CELINA: Ay, Dios.
GRUPO
Virginia, Irupé, Damien y Germán están frente a una imponente iglesia, mirándola desde la vereda.
VIRGINIA: (a Germán) Explícame una vez más cómo fue terminamos aceptando investigar qué fue del hijo perdido de la prostituta con la que te revolcaste.
GERMAN: Porque ella sería juzgada en este sitio. No es que lleve una vida muy pura.
DAMIEN: Pero, ¿qué hay de ese chico? ¿Va a aparecer después de dos décadas para decirle "oye, soy la madre que te ha abandonado hace veinte años y quiero que tengamos un vínculo"?
VIRGINIA: Sin contar que existe la posibilidad de que el chico ni siquiera sepa que es adoptado.
GERMAN: No lo sé, chicos. Ni siquiera sé si la señal que nos dio Pablo es correcta o es simplemente una mentira para seguir engañándola.
IRUPE: Por si había alguna posibilidad de que Pablo me cayera peor...
GERMAN: Bien, ¿me acompañan?
Damien e Irupé hacen automáticamente un paso atrás.
DAMIEN: Lo siento, pero entrar en una iglesia va en contra de todos mis principios. Sólo podría analizar la posibilidad de ingresar si es que alguno de ustedes estuviera en peligro o hubiera un nuevo cura apuesto.
IRUPE: Y yo todavía tengo muy fresco el recuerdo de mi boda, que se realizó en esta iglesia.
DAMIEN: Te casaste hace como una década.
IRUPE: Lo sé, pero hay traumas que no se superan de un día al otro.
Germán, desconcertado, los mira intercaladamente.
GERMAN: Y si no iban a ayudarme, ¿para qué vinieron?
DAMIEN: No tenía nada qué hacer.
IRUPE: No quería quedarme con Jaime.
VIRGINIA: Yo iré. ¿Cómo puedo negarme a entrar en un sitio donde ofrecen vino gratis?
Antes de que alguien pudiera decir algo más, el celular de Irupé suena. Del otro lado, una nerviosa Celina le está hablando en susurro.
IRUPE: ¿Sí?
CELINA: ¿Estás en Estrella Dorada?
IRUPE: Sí...
CELINA: Necesito un favor. Es urgente.
IRUPE: Celina... Creo que estoy entrando en un túnel... Se me va la señal...
CELINA: ¿¡Pueden dejar de hacer el chiste del túnel cada vez que les hablo por teléfono!? ¡Dejó de ser gracioso veinte veces atrás!
IRUPE: Bien, ¿qué necesitas ahora?
CELINA: Necesito que le lleves la vianda a Wilfredo. El pobre está asustado en medio del bosque y sin poder comer nada.
IRUPE: ¿Qué tan asustado puede estar? Él es lo más horrible que hay en el bosque en este momento.
CELINA: ¿Puedes llevarle comida o no?
IRUPE: Sí, de acuerdo, lo haré. Pero que quede en claro que iba a sacrificar mi encuentro clandestino con Edgar por ti.
CELINA: Una cosa más.
IRUPE: Dime.
CELINA: Dime por favor que no están reunidos en este momento sin mí.
Irupé se pone pálida ante la pregunta.
IRUPE: Celina... El túnel... Nos vemos después.
Y corta la comunicación.
CELINA
Terminando de almorzar, Álvaro continúa hablando con Santiago mientras que Luciana y Celina escuchan la charla con genuino aburrimiento.
ALVARO: Además, ese padrino que elegiste, es imposible que la iglesia lo acepte porque todos sabemos la clase de vida que lleva.
SANTIAGO: ¿A qué te refieres?
ALVARO: Que todos sabemos que Joseph es gay. No puede ser tu padrino.
CELINA: Creo que no deberíamos celebrar la ceremonia en una institución que no acepta a Joseph.
ALVARO: (a Celina) Disculpa, Celina, con todo respeto, pero esta charla es con tu marido.
CELINA: Pero es sobre mi boda.
ALVARO: Lo sé, pero tu único aporte es no celebrar la boda en la iglesia y para qué vas a casarte si no es ante los ojos de Dios.
Luciana, dispuesta a terminar aquel momento de tensión, se incorpora de la mesa.
LUCIANA: Déjalos hablar, Celi. Vamos a lavar los platos.
ALVARO: Esa es una buena chica.
CELINA: ¿Qué? ¿Por qué nosotras debemos ir a lavar los platos mientras ellos dos se quedan hablando?
LUCIANA: Porque somos mujeres. Eso es lo que hacemos.
Celina se pone de todos colores mientras Luciana, inmune, comienza a juntar la mesa.
SANTIAGO: No es necesario que lo hagan, chicas. Celina y yo juntaremos cuando se vayan.
ALVARO: Déjalas hacer lo que tienen que hacer, Santiago. Nosotros tenemos que resolver esto.
SANTIAGO: No tenemos nada que resolver, Álvaro. Acepta que le dio el lugar de padrino a otra persona.
Álvaro se queda impactado por la respuesta. Luego, asiente para sí mismo.
ALVARO: Esta batalla no está perdida.
IRUPE
Irupé está caminando en el bosque con Edgar.
EDGAR: Cuando me dijiste que íbamos a venir al bosque, realmente decías que teníamos que entregar comida.
IRUPE: Sí, ¿por qué? ¿Qué pensabas?
EDGAR: Pensé que te iba a encontrar semidesnuda amarrada a un árbol.
IRUPE: Eso hubiera sido un buen plan, no te lo discuto. Pero en este momento tengo que entregarle comida a un amigo de Celina.
EDGAR: Entonces podemos aprovechar el momento para hablar sobre lo que nunca hablamos.
IRUPE: ¿Sobre los precios desorbitados que cobras por el alquiler?
EDGAR: No, de eso no.
IRUPE: ¿Sobre por qué te robas todas las recaudaciones de los eventos que hacemos?
EDGAR: No, Irupé, de eso tampoco.
IRUPE: Entonces, ¿a qué te refieres?
EDGAR: A Jaime.
IRUPE: Oh.
Se produce un silencio abismal entre ambos que siguen caminando.
EDGAR: ¿No quieres hablar de él?
IRUPE: No tengo nada que decir sobre él.
EDGAR: ¿Seguro?
IRUPE: Diablos, Edgar, déjalo ahí. No es algo que tengamos que resolver precisamente ahora en el medio del bosque.
EDGAR: Ya que no vamos a tener sexo, me preguntaba qué sucede entre tú y él como para que estés haciendo todo esto.
Irupé sigue caminando, sin responder, pero se distingue su molestia por la pregunta.
MOMENTO MUSICAL
Irupé va caminando vestida de rojo por el bosque mientras el lobo Edgar la sigue por detrás.
En la casa de Santiago, Celina continúa fastidiada por la presencia de Álvaro y mira con mucho desprecio a su futuro novio.
CELINA:
Porque ya no baila
un gusano en la tripa
cuando suena el teléfono
y escucho su voz.
IRUPE:
Porque no me arreglé
para la última cita
y no usé su perfume
ni me puse tacón.
AMBAS:
Será que la rutina
ha sido más, más fuerte.
Se han ido la ilusión
y las ganas de verte.
Pero me cuesta tanto
decirlo a la cara.
Aguanta un poco más
o lo echamos a suerte.
Lo echamos a suerte.
IRUPE:
Porque ya no es mi tipo,
porque no es lo de siempre
cuando quedamos juntos
y nos vamos a un bar.
CELINA:
Porque ahora necesito
estar con mucha gente
y cuando estamos solos
no le quiero besar.
AMBAS:
Será que la rutina
ha sido más, más fuerte.
Se han ido la ilusión
y las ganas de verte.
Pero me cuesta tanto
decirlo a la cara.
Aguanta un poco más
o lo echamos a suerte.
CELINA:
Será que nuestra vida
ya no es diferente.
IRUPE:
Hacemos todo igual
que el resto de la gente.
AMBAS:
Pero me cuesta
decirlo a la cara.
Aguanta un poco más
o lo echamos a suerte.
Lo echamos a suerte.
CELINA
Santiago termina de despedir a Álvaro y a Luciana. Cierra la puerta y se gira, abriendo los brazos en señal de disculpa. Celina mira a su futuro marido con los brazos cruzados y un rostro lleno de reproche.
SANTIAGO: Te pido miles de disculpas. Realmente no sé qué le pasó. Desde que se enteró que no será el padrino, está perdiendo la cabeza.
CELINA: Yo sólo te voy a aclarar que si Álvaro llega a ser el padrino de nuestra boda, te vas a tener que casar con Joseph.
SANTIAGO: Dudo mucho que Joseph me acepte. Tampoco tolera a Álvaro.
CELINA: No entiendo cómo Luciana puede estar con una persona tan desagradable. No hace el menor intento de tratarla bien siquiera delante de nosotros. ¿Por qué seguimos frecuentando con Álvaro?
SANTIAGO: Si te sirve de algo, él hizo mucho por mí aunque yo no se lo haya pedido.
CELINA: ¿Ah, sí? ¿Qué hizo?
SANTIAGO: Creía que me engañabas con el chico que fue lastimado.
CELINA: ¿Con Fernando?
SANTIAGO: Sí.
CELINA: ¿De dónde sacó una locura así?
SANTIAGO: No lo sé, pero me dijo que descubrió que era mentira.
Celina se queda meditando la información que recibió.
SANTIAGO: Porque es mentira, ¿no?
CELINA: Santiago, por supuesto que es absurdo. Jamás le haría una cosa así a Virginia.
SANTIAGO: ¿Quién es Virginia?
CELINA: Una amiga que tiene un viñedo en su casa.
IRUPE
Irupé entra en la cabaña seguida por Edgar. Él parece sumamente enfático en intentar hacerla entrar en razón.
EDGAR: Por favor, Irupé, no es para tanto. Si no quieres hablar de él, no hablaremos de él, pero no es para que me ignores de esta manera.
IRUPE: No te estoy ignorando. Simplemente no quiero hablar contigo.
El monstruo del bosque sale, temeroso, entre las penumbras, para mirar a las dos personas que acaban de entrar.
EDGAR: ¿Wilfredo?
IRUPE: ¿Conoces al novio de Celina?
EDGAR: ¿Novio?
IRUPE: Digo, amante. Digo, amigo.
EDGAR: Sí, lo conozco. Es mi hijo.
Edgar se acerca cautelosamente hacia Wilfredo y, una vez que están cerca, le brinda un abrazo.
WILFREDO: ¡Papá!
Irupé, sumamente anonada, no puede creer lo que está sucediendo.
IRUPE: Oh, por Dios. ¡Edgar es el suegro de Celina!
LA NOCHE DEL INCENDIO
Irupé, en la comisaría, le pide al oficial de guardia ver a un prisionero.
POLICIA: No puedo dejarte pasar. No hay nadie en la comisaría. Todos están en el lugar del incendio. Si te dejo pasar y te sucede algo...
IRUPE: ¿Quieres llamar a tu estúpido jefe y decirle que Irupé Océanos está aquí? Pablo me conoce.
POLICIA: ¿Tú eres Irupé Océanos? Oh, tendrías que habérmelo dicho antes. ¿Por qué no me empezaste por ahí?
IRUPE: ¿Me dejarás pasar ahora?
POLICIA: No.
Irupé pone los ojos en blanco, saca un billete de su cartera y se lo pasa al policía. El policía, tras unos segundos, lo toma y se lo guarda en el bolsillo. Luego se encaminan hacia las celdas.
POLICIA: Dos minutos.
IRUPE: Es todo lo que necesito.
Irupé se encamina sola por el pasillo de celdas hasta que llega a la que buscaba. Dentro, un hombre se levanta al verla y va hacia las rejas.
EDGAR: Dime que vienes a sacarme de aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario