miércoles, 21 de noviembre de 2018

Chapter 30


GERMAN

Germán está en el pasillo de las celdas, esperando a que culmine la conversación entre Pablo y Edgar. Joseph, su compañero, está con él.

JOSEPH: Si lo que Virginia me habla sobre Edgar es verdad, no aceptará hacernos este favor gratuitamente.
GERMAN: Nos queda confiar en que Edgar tendrá un poco de voluntad. Es una situación límite.
JOSEPH: Lo sé. Y creo que él también lo sabe. Por eso mismo dudo mucho que las negociaciones sean en buenos términos.

Al instante, Pablo sale hecho una furia de la celda. Viene hacia ellos murmurando maldiciones.

PABLO: Ese hombre ha perdido la cabeza. He chantajeado a muchas personas a lo largo de mi vida como para distinguir cuando lo están haciendo conmigo.

Joseph mira a Germán y arquea la ceja, como si estuviera orgulloso de que se cumplió su profecía.

JOSEPH: ¿Qué es lo que pide?
PABLO: Que lo dejemos libre.
GERMAN: Tienes que darle lo que pide.
PABLO: ¡Eso ni soñarlo! Es un delirio.
JOSEPH: Edgar, tú no viste lo que ese muchacho es capaz de hacer. Nos supera. A menos que quieras que lo matemos, lo cual nos traerá un millón de problemas, tienes que dejar que Edgar se encargue.
PABLO: No puedo tomar una decisión así basándome en un chantaje. Además, su causa está en la Fiscalía del distrito...
JOSEPH: Que viven a cientos de kilómetros de aquí. Se puede negociar la pantalla. La causa se puede caer. Lo que fuere, Pablo.
PABLO: No.
JOSEPH: Bien. Entonces déjame demostrarte lo que nos vamos a enfrentar si no le haces caso.

Germán mira atónito como Joseph, decidido, se dirige hacia la celda forjada donde se encuentra Álvaro. Corre la puerta de metal con lentitud e ingresa, cerrándola detrás de él.

PABLO

En compañía de Germán, se asoman hacia el pequeño cristal, único mirador hacia el interior de aquella habitación acolchonada.

GERMAN: Es una locura, Pablo. Tienes que sacarlo de allí.
PABLO: Joseph quiere demostrar un punto. Déjalo.
GERMAN: Puede llegar a morir por esto.

Pablo intenta fingir que le importaría si eso sucede, pero no tiene ganas. Sus emociones se encuentran mezcladas, entre el enojo y la fascinación por lo que puede llegar a presenciar.
Distingue que Joseph, en el interior, reanima a Álvaro con pequeños golpes en el cachete.

GERMAN: Todavía estás a tiempo.

Pablo no responde.
Siente un escalofrío cuando Álvaro parpadea, lentamente, desorientado.
Entonces sucede lo impensado.
El rostro de Álvaro se transforma en una mueca de furia en cuanto tiene a Joseph enfrente y éste, sin dificultad, sale disparado contra el cristal.
La imagen del interior se pone oscura. La espalda de Joseph tapa la visión de lo que sucede adentro.
Pablo no quiere reconocerlo pero todas sus pulsaciones se alteraron en el momento del impacto.

PABLO: Saquémoslo, ahora.

Entre ambos, abren la pesada puerta y extraen a Joseph del interior.
Antes de que Germán logre cerrar la puerta, siente un fuerte viento que proviene de la habitación.
Más precisamente, de la garganta del mismo Álvaro.

FERNANDO

Un año atrás.
Fernando implora, una vez más. Pero esta vez lo hace ante el Hechicero, quien por lo general le gusta ver los ruegos ajenos, pero el muchacho ha colmado su paciencia y fácilmente lo saca de quicio.

FERNANDO: Si hay actividad paranormal en el pueblo de Edgar, tal vez se trate de Margaret.
ZACK: O tal vez no. Fernando, ya han pasado dos años desde que se fue. Tienes que dejarla ir.
FERNANDO: No me puedes pedir eso.
ZACK: Puedo hacerte un conjuro de olvido.
FERNANDO: ¡No lo quiero! ¡Quiero encontrarla! Sólo dame la oportunidad de volver a encontrarla.
ZACK: ¿Y qué harás si te rechaza?
FERNANDO: Entonces te prometo que te pediré un conjuro para olvidar.

Zack se mueve, algo incómodo.

ZACK: Antes de marcharse, Margaret hizo una poción para que no al podamos encontrar. No sé si temía que alguien que quisiera lastimarla la encontrara o temía que tú la encuentres, pero he intentado localizarla y no funciona.
FERNANDO: ¿Puedes probar con la hermana? Margaret se fue de aquí con el objetivo de ir a parar con ella. Tal vez...
ZACK: De acuerdo, buscaré la ubicación de su hermana. Pero, Fernando, recuerda. Si encuentras a Margaret y ella te rechaza...
FERNANDO: La olvidaré. Lo prometo que la olvidaré.

CELINA

Todos quedan boquiabiertos ante la historia de Fernando.

FERNANDO: Entonces así fue que Zack localizó a Virginia y pude mudarme para acá.

Se produce un silencio incómodo. Pero Irupé es quien lo irrumpe.

IRUPE: ¿Tú me estás diciendo que durante dos años quedaste obsesionado con la búsqueda de la chica que te abandonó?
DAMIEN: No. Nos está diciendo que fue hace tres.
IRUPE: ¡Eso es peor!
FERNANDO: ¿Cómo puede ser malo? ¿Acaso no entienden que fue amor verdadero?
VIRGINIA: Suena más a obsesión que a amor verdadero.
DAMIEN: Sí. Dos años es un tiempo prudencial para hacer un duelo, sino se convierte en algo patológico.
FERNANDO: No puedo creer que me estén juzgando.
IRUPE: Pero, cariño, eso es lo que hacemos.
CELINA: Chicos, por favor, ¿por qué no dejan que nos cuente el final?

Fernando, un poco aliviado por la intervención de Celina, la mira a ella asintiendo.

FERNANDO: Me mudé aquí, al barrio, porque conocía a Edgar. Me habló sobre Virginia, que en ese momento vivía con el hombre rechoncho del que estaba enamorada.

Todos se giran automáticamente a mirar a Virginia.

VIRGINIA: A él estamos juzgando, chicos, no a mí.

Todos se vuelven a mirar a Fernando.

FERNANDO: Pero Edgar no conocía a Margaret, por lo que deduje que en realidad ella nunca vino a Estrella Dorada y, una vez más, tuve que reconocer que me había mentido.
IRUPE: ¿Y por qué te quedaste entonces?
FABRICIO: Es obvio que se sintió a gusto en el barrio y decidió comenzar una nueva vida aquí.
FERNANDO: Me quedé por si ella... Volvía.

Todos vuelven a mirar a Virginia, quien pone los ojos en blanco.

VIRGINIA: Dejen de esperar a que pierda la razón. Es la historia de él.
ZACK: Pero no es la más importante que escucharán esta noche.
VIRGINIA: Yo, de momento, tuve suficientes.

Ante la atónita mirada de todos los presentes, Virginia se levanta y sale al exterior de su propia casa. Fernando la sigue.
El resto de los presentes, se gira para mirar a Zack.

IRUPE: Si la historia que vas a contar se trata de un amor perdido, puedes ahorrártela. Tuvimos mucho drama para una sola noche.
ZACK: No. Se trata de un sueño en donde los vi muertos.

Irupé queda nuevamente boquiabierta.

IRUPE: De acuerdo. Quizá lo de escuchar una historia de amor más no era tan mala idea ante esta perspectiva.

VIRGINIA

Virginia está en el portal de su casa mirando a la nada, con la copa de vino en la mano, cuando Fernando cierra la puerta al salir.

FERNANDO: Antes que nada, quiero que sepas que sé cómo sonó eso.
VIRGINIA: ¿Ah, sí? ¿Cómo sonó?
FERNANDO: Sonó como que todavía estoy enamorado de Margaret.
VIRGINIA: No, Fernando. Sonó que estás obsesionado con mi hermana y que intentaste algo conmigo sólo porque la sigues buscando a ella. Si mi amor por el vino no superara a la bronca que siento hacia ti, te tiraría este líquido por la cara.

Totalmente enojada, vuelve a beber de su copa.

FERNANDO: Quizá debí contarte todo esto, pero...
VIRGINIA: ¿Quizá debiste? ¿Tú crees?
FERNANDO: Creí que podía empezar de nuevo. Es verdad lo que dijeron todos. Fue patético esperar por tres años por una mujer que me abandonó y de repente, estabas tú. Y yo volví a sentir cosas.
VIRGINIA: ¡Soy idéntica a la chica que te abandonó, desgraciado!

Virginia no aguanta la presión y le arroja lo que queda de vino en el rostro al muchacho.

VIRGINIA: Vaya. Al fin he encontrado una situación en donde el vino no es tan importante. ¿Quién lo diría?

Dejando la copa en el portal y a un Fernando con la cara cubierta de vino, sale a caminar furiosa.

MOMENTO MUSICAL

Virginia va caminando por las calles del barrio, mientras Fernando sigue intentando comprender lo sucedido en el portal de la casa de ella.



FERNANDO:
No tengo nada qué contar.
VIRGINIA:
No tienes nada qué decir.
FERNANDO:
Hay demasiado ruido en la ciudad.

VIRGINIA:
Revolviste todo.
FERNANDO:
Lo que nadie pudo.
VIRGINIA:
Y las llagas no se pueden cerrar.

AMBOS:
Y ahí me quedé...
FERNANDO:
Y cada lunes te espero en el mismo tren.
Que ayer perdí la realidad en el andén.
VIRGINIA:
Y ahora ya sé lo que se siente al no sentir.
Sentirme indiferente al lado de la gente.

VIRGINIA:
No tengo nada qué contar.
FERNANDO:
No tienes nada qué decir.
VIRGINIA:
A la basura van las ganas
de contarte cuentos.

FERNANDO:
Ahora mi problema,
arrancar la pena.
VIRGINIA:
Quién te dijo que no me iba a doler.

AMBOS:
Y ahí me quedé otra vez.
Y cada lunes te espero en el mismo tren.
Que ayer perdí la realidad en el andén.
VIRGINIA:
Y ahora ya sé lo que se siente al no sentir.
AMBOS:
Sentirme indiferente al lado de la gente.

FERNANDO:
Nananá.
VIRGINIA:
Nananá.
FERNANDO:
Nananá.
VIRGINIA:
Nananá.
FERNANDO:
Nananá.
VIRGINIA:
Nananá.
FERNANDO:
Nananá.
VIRGINIA:
Nananá.

AMBOS:
Y ahí me quedé otra vez.
FERNANDO:
Y cada lunes te espero en el mismo tren.
Que ayer perdí la realidad en el maldito andén.
VIRGINIA:
Y ahora ya sé lo que se siente al no sentir.
Sentirme indiferente...
FENANDO:
Al lado de la gente.
AMBOS:
Adiós.

JOSEPH

Joseph abre los ojos y se siente confundido de ver a Germán cerca de él. Le cuesta un poco de esfuerzo recordar que Santiago ya no es su compañero y que ahora ese joven será quien le cuide la espalda.

GERMAN: ¿Te encuentras bien?
JOSEPH: Pensé que la segunda vez iba a ser menos dolorosa, pero no fue así.
GERMAN: Lo que hiciste fue muy peligroso.
JOSEPH: Creo que era la única manera de demostrarle a Pablo lo que teníamos enfrente. ¿Funcionó?
GERMAN: Está negociando la libertad de Edgar.
JOSEPH: Entonces valió la pena.

Germán lo ayuda a incorporarse.
En el pasillo, ven a Edgar caminar hacia la habitación especial, seguido de un Pablo que, pese a todo, continúa molesto.

EDGAR: Muchachos.
JOSEPH: ¿Qué es lo que vas a hacer?
EDGAR: Me sé un pequeño conjuro o dos para detener esa habilidad especial que desarrolló nuestro prisionero estrella. ¿A él le dieron una celda alcochada y a mí me dieron una en donde mi colchón parece hecho de paja? Esto es una injusticia.
PABLO: Convierte a este hombre en una persona sin poderes y esta misma noche estarás durmiendo en tu confortable colchón.

Edgar sonríe ante el apuro de Pablo.
Indica a Germán con la mirada que le abra la puerta para ingresar a la celda. Germán obedece.

EDGAR: Cierren la puerta detrás de mí. No demoraré mucho, pero no la abran hasta que yo se los diga.

Edgar ingresa y Germán vuelve a obedecer, cerrándola detrás de él.
Los tres policías se ubican detrás del cristal, mirando hacia el interior.

PABLO: ¿Cómo sabré que no nos está engañando?
JOSEPH: Será sencillo, Pablo. Volveré a entrar para hablar con Álvaro y si no me lanza por los aires o me rompe la espalda, significa que no nos traicionó.

DAMIEN

Los chicos, ya sin Virginia ni Fernando, escucharon la historia sobre el sueño premonitorio que tuvo Zack. Están horrorizados.

DAMIEN: Déjame ver si entendí. Tú nos soñaste a nosotros muertos en un Estrella Dorada postapocalítico y decidiste mudarte a este pueblo para... ¿Ayudarnos a nosotros? ¿O ayudar a que se cumpla esa profecía?
ZACK: Supe que tenía que venir aquí y vine. No es mi papel ayudar a uno o a otros.
IRUPE: (a Zack) Pero dime que en el fondo de tu corazón no deseas que nosotros terminemos con una soga en el cuello, porque si no tendría que empezar a escapar de ti.
DAMIEN: (a Zack) ¿Es posible que esta visión que tuviste no sea más que un viaje de ácido o alguna otra droga?
ZACK: No. Es una imagen real.

Celina sale de su hermetismo y también mira al hechicero.

CELINA: Me intriga mucho que no nos hayas mencionado quién es la séptima persona.
ZACK: ¿Qué?
CELINA: Dijiste que éramos siete. Pero sólo nos nombraste a nosotros cuatro, a Virginia y a Germán. Falta uno.
ZACK: No pude ver quién era el séptimo.
CELINA: ¿No lo viste o no quieres decirnos quién es?
ZACK: No lo vi. Sé que hay una persona más. Son siete en total. Es el número de su grupo.
FABRICIO: ¿Y quiénes somos en realidad? ¿Los Sense8?
IRUPE: Ellos eran ocho.
FABRICIO: Se entiende el punto.
CELINA: No tanto. Porque eso significaría que habría dos personas más por descubrir y yo perdería por completo la cabeza.
DAMIEN: Creo que no es importante eso de momento. Sino que podamos cambiar esa visión. ¿Dentro de cuánto dices que pasará?
ZACK: Relativamente un año.
IRUPE: Tenemos un año más de vida. Espero al menos poder ver arder en el fuego a mis enemigos antes de morir.
DAMIEN: Nadie morirá, ¿de acuerdo? (a Zack) ¿Cómo evitamos que eso suceda?

Zack sonríe, algo que sólo consigue alterar aún más a los chicos.

ZACK: Haré mi mejor esfuerzo por ayudarlos, pero tienen que saber algo antes. No estoy del lado de ustedes y cada ayuda que reciban de mi parte significará una ayuda que reciba el otro bando.
DAMIEN: ¿Cuál es el otro bando? Porque si nuestro asesino tiene rostro, podemos ir a destruirlo primero.

Zack vuelve a sonreír.

ZACK: Chicos, creo que ustedes pasan por alto el hecho de que son personas especiales y ya poseen, sin darse cuenta, más habilidades que el resto de la gente. Así que de momento, siéntase satisfechos por esto y dejen de preocuparse por algo que todavía no sucedió, ¿de acuerdo?
FABRICIO: Pero, ¿cuáles son mis habilidades? ¿Congelar a la gente en un círculo de tierra?
ZACK: Las irán descubriendo poco a poco. Sólo les pido paciencia.

Celina, entonces, agarra a Zack de la remera.

CELINA: La mayoría de nosotros sufre de ansiedad, así que no nos pidas paciencia, maldito cretino de sonrisa estúpida.

Zack, con toda la elegancia, se desprende de Celina y camina hacia la puerta de salida con los brazos cruzados a sus espaldas.

ZACK: Fue un placer tener esta charla con ustedes, mis queridos vecinos. Estaremos en contacto.

EL HECHICERO

En living de la casa que Zack comparte con Blanca, se encuentra Edgar. Uno pensaría que Edgar mostraría algo de asombro al enterarse del habitante de la Casa 13, pero en lugar de ello, mantiene su actitud soberbia.

EDGAR: Cuando vi al chico que podía hacer volar a las personas con la mente, debí imaginarme que estabas tú detrás de esto.
ZACK: Imaginé que ibas a usar las cartas que correspondían.
EDGAR: Fue un truco arriesgado. Si no estaba ahí, ese muchacho podría haber matado a muchas personas.
ZACK: Me conoces lo suficiente como para saber que nada de lo que hago queda en manos del azar, ¿o no?
EDGAR: Entonces, ¿qué es lo que haces aquí?

El hechicero demora unos instantes antes de responder.

ZACK: Tuve una visión en donde destruías este pueblo y matabas a unas cuantas personas.
EDGAR: ¿A quiénes?
ZACK: Eso no importa.
EDGAR: Entonces, ¿qué haces aquí? ¿Viniste para detenerme?
ZACK: No, Edgar. Vine para ayudarte.

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