lunes, 4 de febrero de 2019

Chapter 68


Previamente
Celina, Damien, Irupé, Virgina, Germán y Fabricio pertenecen al Círculo de los 7. Tras la apertura de La Puerta en manos de Roger, los chicos han recibido habilidades extraordinarias. Zack les ofrece entrenar esas habilidades pero para ello deben volver a Estrella Dorada.
Virginia se encuentra con su ex novio y descubre que su hermana gemela no existe. Ella misma se hizo un conjuro para disociar su personalidad y borrar de su mente todas las atrocidades que había realizado.
Irupé dejó entrar al mundo de los vivos a un demonio que puede transformarse en la persona que desee. Por eso, ninguno sospecha cuando el demonio adquiere la identidad de Fernando, dejando al original encerrado en una casa por toda la eternidad.
Irupé, también, consiguió darle la libertad a un nigromante, que al adquirir todo su poder, consigue despertar a Bruno, el amigo de Joseph, que recientemente acababa de morir y ahora lo tiene bajo su control.
Fabricio y Jaime están embarazados a causa de una araña mutante que inserta sus criaturas en los cuerpos masculinos. Pero al momento del parto, la criatura mata al padre. Logran escapar de su cautiverio, pero deben ir a una clínica a realizarse un aborto.
NICOLAS

Había pocas veces en que podrían decir que el lago estaba deshabitado y que eran las únicas personas en él, que podían disfrutar a lo largo y a lo ancho de sus beneficios.
Nicolás, en compañía de su amigo Federico y las novias de ambos, Camila y Nerea correspondientemente, habían decidido tomarse el viernes por la tarde para apaciguar el verano en aquel lago privado al norte de Estrella Dorada.
Camila y Nerea estaban recostadas tomando sol, bajo unos colchones inflables. Nicolás y Federico, por su parte, preferían sumergirse en las profundidades del agua.

CAMILA: Chicos, dejen de salpicarnos.
NEREA: Es verdad. Si quisiera mojarme, ya me habría tirado al agua.
FEDERICO: Son las únicas que pueden venir a un lago a nadar y no tocar el agua.
NEREA: El agua del lago me hace mal a la piel. Les dije que era mejor si íbamos a la playa.
NICOLAS: La playa está llena de gente.

Camila, su novia, se rió ante su comentario. Pero en lugar de mirarlo a él, prefirió hablar con Nerea.

CAMILA: Estos chicos nos trajeron aquí por razones indecorosas.

Nerea se quitó las gafas de sol y miró, amenazante, a Federico.

NEREA: No pienso hacerlo contigo en el agua, Federico. Ya lo hablamos mil veces.

Pero Federico no le prestó atención a su novia y a su negativa. Estaba concentrado en el bosque. Nicolás también miró en esa dirección, como si quisiera adivinar qué es lo que buscaba.

NICOLAS: ¿Sucede algo?
FEDERICO: Creo que vi a alguien allí.

Nicolás sintió un escalofrío.

NICOLAS: ¿Tenemos compañía?
FEDERICO: Tenemos un mirón. Creo que es mejor si vamos a echarle un vistazo.

Antes de que Nicolás pudiera oponerse, Federico comenzó a nadar para salir del lago. Nicolás no estaba muy convencido de que era el momento de hacerse el héroe.

NICOLAS: Quizá es sólo una persona que también quería la tranquilidad del lago.
FEDERICO: Puede que sí. Pero en estos tiempos, no podemos asegurarnos de que tengan buenas intenciones.

Echó la mirada hacia atrás para descubrir a Nerea y a Camila, que ajenas a su acción heroica, continuaban charlando entre ellas. Nunca se les terminaban los temas de conversación.
Salieron del agua y siguió a Federico en la entrada al bosque. No veía ningún movimiento que le hiciera advertir que hubiera una persona allí, pero no pudo evitar sentir un escalofrío de terror.

NICOLAS: ¿Por dónde se fue?
FEDERICO: Sshhh.

Hizo silencio. Su amigo parecía estar muy concentrado, aunque Nicolás sólo era capaz de oír el sonido de la selva.
Federico se gira y se vuelve, sonriendo.

FEDERICO: Creo que lo perdimos.

Y de la nada, lo tomó de la cintura y le dio un beso en los labios que Nicolás respondió. Federico lo puso de espaldas contra un árbol, cuya superficie lastimaba su espalda, pero Nicolás era capaz de soportarlo con tal de tener uno de esos besos prohibidos.
Hasta el momento, lo habían hecho en incontables ocasiones, pero Federico estaba perdiendo la razón.

NICOLAS: ¡Estás loco! Las chicas están allí.
FEDERICO: No nos van a descubrirán si dejas de gritar.
NICOLAS: Lo siento.

Las manos de Federico se metieron entre sus pantalones cortos y mojados. Los bajó de un tirón y se puso de rodillas. Nicolás se sorprendió de ver su miembro erecto y depilado, apuntando directamente al rostro de su moreno y delgado amigo. Los lentes que usaba le daban un toque elegante.
Federico se metió su miembro en la boca de un tirón. Nicolás no tuvo otra opción que cerrar los ojos y dejarse llevar al mundo donde sólo él era capaz de transportarlo.

NICOLAS: Mierda, Fede. ¿Te dije alguna vez que para ser heterosexual la chupas muy bien?
FEDERICO: Mjm.

Suspiró y continuó celebrando las mamadas de su amigo. Cada vez que Federico lo hacía, lo excitaba de tal manera que no era capaz de durar mucho tiempo. Al parecer, su amigo recordó este detalle, porque en algún momento sacó su miembro de la boca.

FEDERICO: Si vas a acabar, avísame antes. No puedo tener tus hijos al fondo de la garganta, porque después debo ir a besar a Nerea. La vez pasada percibió el aroma y le tuve que decir que tomé un licuado con mal gusto.
NICOLAS: No pensé que tenía mal gusto lo que salía de mí.
FEDERICO: No lo tiene. Pero el aroma se siente igual, Nico.
NICOLAS: De acuerdo. Te avisaré.

Lo agarró de la cabeza y lo hizo continuar con lo suyo. Volvió a cerrar los ojos y a dejarse llevar por el ruido del bosque.
Pájaros, animales, ramas secas. Crujidos. Pisadas.
¿Pisadas?
Abrió los ojos de repente y lo que vio no tuvo sentido. Detrás de Federico, pero de pie, una persona tan gigante como una mole pero con un color de piel gris, estaba frente a ellos.
Agarró a Federico desde la cabeza, quien sorprendido, no se pudo defender. Con su mano libre, lo sostuvo desde el hombro. Y entonces, le dio vuelta el cuello, provocando que su cabeza girara 180º.

NICOLAS: ¡Fede!

Gritó.
Se giró para correr, pero con sus pantalones abajo, sus piernas se entrelazaron y cayó al piso, raspándose la entrepierna y parte del estómago contra las ramas de los árboles.
La mole gris tiró el cuerpo sin vida de su amigo en el piso con la facilidad con la que se tira una bolsa de basura. Los lentes de Federico cayeron de su rostro y se rompieron al chocar contra el suelo.
Nicolás se volvió a levantar y comenzó a correr hacia el lago. Tenía que salvar a las chicas.

CONDOR

Todavía muy débil para conseguir lo que quería.
Lo había intentado. Había ido al lugar más sagrado para un nigromante. El cementerio. Pero el parque de diversiones estaba cerrado. Por más que hizo todos los conjuros que sabía y por más que gastó más energía de la que tenía, ningún muerto volvió de la tumba. Ningún cajón se abrió, ni siquiera el de los muertos más recientes.
Sabía que todavía no tenía el poder que quería, así que para armar su pequeño ejército tenía que improvisar hasta que pudiera resolverlo.
Emigró hacia Estrella Dorada después de varios días de vagar por los bosques en compañía de su nuevo siervo, el que en vida se llamó Bruno. Bruno era bueno para cazar animales y encender fogatas donde cocinarlos. No pasó hambre. Cóndor tampoco estaba acostumbrado a los lujos, así que tampoco le importó dormir al pie de los árboles.
De hecho, en una parte del trayecto los bosques desaparecieron y tuvo que dormir en un granero. Fue el momento más incómodo. Sentir que había un techo sobre su cabeza era volver a la prisión que Theo Costas le había construido cuando se enteró de sus verdaderas intenciones.
De todos modos, su excursión a pie no duró mucho. Pidió traslado a un antiguo matrimonio, envolvió a Bruno en una manta para que no se notara que estaba gris (y muerto) y dejó que los dejen en las afueras de Estrella Dorada, el pueblo donde habían abierto La Puerta.
¿Por qué La Puerta no tuvo efecto en sus poderes? ¿Era porque recientemente los había adquirido? Tenía que encontrar a la persona quien lo hizo y pedir explicaciones. Tenía que entender.
Pero no podía aparecer solo. No sabía si quien hizo el conjuro y abrió La Puerta podía ser un aliado o un enemigo. O alguien que trabajara por su cuenta. Necesitaba formar un ejército.
Los cuatro jóvenes que estaban en el lago servirían para empezar. Cinco detrás suyo eran suficiente, por el momento.
Cuando Bruno asesinó al joven que estaba de rodillas ante el otro, Cóndor se acercó hacia su lado y comenzó a murmurar sus conjuros. A unos metros de distancia, se escuchaban gritos, llantos y alaridos.
Esta vez lo haría bien. Bruno era una mole vacía, un cascarón hueco, similar a un robot pero mucho menos inteligente. Esta vez tendría que hacer un trabajo más elaborado si esperaba que sus siervos fueran más funcionales.
Demoró un poco más pero creyó haberlo logrado. Cuando sacó su mano de la cabeza del muchacho delgado, éste abrió los ojos y se sentó. Cóndor sonrió incluso al ver que buscaba sus lentes, los que se habían caído tras el homicidio.

CONDOR: ¿Cómo te llamas?
FEDERICO: Soy Federico.
CONDOR: Levántate, Federico. Tienes que ayudar a Bruno.
FEDERICO: Sí, señor.

Cóndor sonrió lleno de felicidad al ver que el joven obedecía.
Lo había logrado.

NICOLAS

Los cadáveres de Camila y Nerea flotaban boca abajo en el lago. Si no fuera porque el monstruo gris lo seguía persiguiendo, se habría detenido a llorar por las pérdidas.
El monstruo estaba en el lago. Dejó los cuerpos de las chicas que no alcanzaron a escapar a tiempo, y los mismos continuaron flotando solos como si fueran las colchonetas inflables que habían llevado.
El auto.
Era la única alternativa que tenía para escapar. Pero con el susto, estaba tan desorientado que no tenía idea de dónde lo habían estacionado. Además, fue Federico quien condujo hasta allí.
Estaba histérico. Pero no podía permitirse perder la poca cordura que le quedaba.
Vio un pequeño camino que se abría entre los árboles. Y finalmente comprendió que para que un auto entrara hasta allí debía de existir un camino.
Corrió sin mirar atrás hacia el extremo oeste del lago. No estaba seguro de si la mole lo seguía o se estaba entreteniendo con los cadáveres de las chicas, pero no era algo que podía detenerse a comprobar.
Sintió algo parecido a la felicidad cuando el auto de color ocre se apareció frente a él, detrás de un árbol.

NICOLAS: ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

Corrió hacia él. ¿Tendría la lleva puesta? Federico estaba en el agua. No se hubiera sumergido si tenía la llave del auto con él. ¿O sí? ¿O la había dejado en una mochila?
Estaba a sólo veinte pasos del automóvil, pero parecía la carrera más larga de su vida.
Llegó al automóvil. La puerta cedió y otro respiro de alivio pudo entrar en él.
No por mucho.
Alguien lo tomó del cabello y lo tiró hacia atrás. Nicolás gritó del dolor y el miedo. Pero cuando se giró y vio a Federico frente a él, el mundo dejó de tener sentido.
¿Acaso todo era una maldita broma?
Pero Federico lo tomó del cuello y lo apretó contra el auto con tanta brutalidad que asumió que no estaba ante ningún chiste de Halloween.

NICOLAS: ¡Fede! ¡Espera! ¡Por favor!

Pero Federico simplemente apretaba su cuello con una fuerza sobrehumana.
Nicolás estaba por perder el conocimiento y lo último que percibió fue que el cristal derecho de los lentes de su amigo estaban quebrados.

FEDERICO: Relájate. Pronto podremos volver a hacer lo que hacíamos a escondidas.

Era poco probable que se pudiera relajar cuando lo estaba matando. Y no tenía idea de cómo había sobrevivido cuando vio que su cabeza había dado la vuelta completa al resto de su cuerpo.
El aire comenzó a faltarle mientras las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.
Entonces, algo pasó.
Alguien empujó a Federico de un golpe, que lo soltó automáticamente, haciéndolo volar por unos metros de distancia.
Nicolás pudo respirar, aunque no por ello dejaba de estar menos asustado.
Miró hacia el otro lado del bosque. ¿Quiénes eran esas seis personas que estaban allí?
El chico que lo había liberado estaba de pie junto a él, apreciando a Federico como si intentara comprender qué es lo que era. Finalmente, miró a Nicolás.

GERMAN: ¿Te encuentras bien?

Nicolás negó con la cabeza.

NICOLAS: Estaba muerto. Estaba muerto y de repente no lo estaba.

Un muchacho y una chica se dirigieron hacia el cuerpo tirado del que fue su amigo.

DAMIEN: Parece muerto.
IRUPE: Pues si esto es obra del nigromante, no lo estará por mucho tiempo.
DAMIEN: Pues deberíamos llevarlo con nosotros para estudiarlo.
IRUPE: Qué gran idea, Damien. ¿Se te ocurrió a ti solo?
DAMIEN: No podemos dejar cadáveres sueltos en el bosque, Irupé. En especial si se levantan de la nada y empiezan a atacar a las personas.

Nicolás no entendía nada de lo que estaban hablando. Miró a los otros tres, que estaban al margen de la situación pero a la vez contemplaban hacia el lago.

VIRGINIA: No es el único no muerto que hay.
CELINA: ¡No puede ser! ¡Aquel es Bruno! ¡Joseph se va a poner muy contento!
FABRICIO: Dudo que se ponga contento cuando el tal Bruno parece una bestia sin control que está extrayendo el cadáver de dos chicas del lago, tomadas desde la cabeza.
VIRGINIA: Ahí es donde te equivocas. Alguien lo está controlando.

La última chica que habló se giró para mirar a su grupo.

VIRGINIA: El nigromante está cerca. ¿Están listos para enfrentarlo?

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