Previamente
Celina,
Damien, Irupé, Virgina, Germán y Fabricio pertenecen al Círculo de los 7. Tras
la apertura de La Puerta en manos de Roger, los chicos han recibido habilidades
extraordinarias. Zack les ofrece entrenar esas habilidades pero para ello deben
volver a Estrella Dorada.
Virginia
se encuentra con su ex novio y descubre que su hermana gemela no existe. Ella
misma se hizo un conjuro para disociar su personalidad y borrar de su mente
todas las atrocidades que había realizado.
Irupé
dejó entrar al mundo de los vivos a un demonio que puede transformarse en la
persona que desee. Por eso, ninguno sospecha cuando el demonio adquiere la
identidad de Fernando, dejando al original encerrado en una casa por toda la
eternidad.
Irupé,
también, consiguió darle la libertad a un nigromante, que al adquirir todo su
poder, consigue despertar a Bruno, el amigo de Joseph, que recientemente
acababa de morir y ahora lo tiene bajo su control.
Fabricio
y Jaime están embarazados a causa de una araña mutante que inserta sus
criaturas en los cuerpos masculinos. Pero al momento del parto, la criatura
mata al padre. Logran escapar de su cautiverio, pero deben ir a una clínica a
realizarse un aborto.
NICOLAS
Había
pocas veces en que podrían decir que el lago estaba deshabitado y que eran las
únicas personas en él, que podían disfrutar a lo largo y a lo ancho de sus
beneficios.
Nicolás,
en compañía de su amigo Federico y las novias de ambos, Camila y Nerea
correspondientemente, habían decidido tomarse el viernes por la tarde para
apaciguar el verano en aquel lago privado al norte de Estrella Dorada.
Camila
y Nerea estaban recostadas tomando sol, bajo unos colchones inflables. Nicolás
y Federico, por su parte, preferían sumergirse en las profundidades del agua.
CAMILA:
Chicos, dejen de salpicarnos.
NEREA:
Es verdad. Si quisiera mojarme, ya me habría tirado al agua.
FEDERICO:
Son las únicas que pueden venir a un lago a nadar y no tocar el agua.
NEREA:
El agua del lago me hace mal a la piel. Les dije que era mejor si íbamos a la
playa.
NICOLAS:
La playa está llena de gente.
Camila,
su novia, se rió ante su comentario. Pero en lugar de mirarlo a él, prefirió
hablar con Nerea.
CAMILA:
Estos chicos nos trajeron aquí por razones indecorosas.
Nerea
se quitó las gafas de sol y miró, amenazante, a Federico.
NEREA:
No pienso hacerlo contigo en el agua, Federico. Ya lo hablamos mil veces.
Pero
Federico no le prestó atención a su novia y a su negativa. Estaba concentrado
en el bosque. Nicolás también miró en esa dirección, como si quisiera adivinar
qué es lo que buscaba.
NICOLAS:
¿Sucede algo?
FEDERICO:
Creo que vi a alguien allí.
Nicolás
sintió un escalofrío.
NICOLAS:
¿Tenemos compañía?
FEDERICO:
Tenemos un mirón. Creo que es mejor si vamos a echarle un vistazo.
Antes
de que Nicolás pudiera oponerse, Federico comenzó a nadar para salir del lago.
Nicolás no estaba muy convencido de que era el momento de hacerse el héroe.
NICOLAS:
Quizá es sólo una persona que también quería la tranquilidad del lago.
FEDERICO:
Puede que sí. Pero en estos tiempos, no podemos asegurarnos de que tengan
buenas intenciones.
Echó
la mirada hacia atrás para descubrir a Nerea y a Camila, que ajenas a su acción
heroica, continuaban charlando entre ellas. Nunca se les terminaban los temas
de conversación.
Salieron
del agua y siguió a Federico en la entrada al bosque. No veía ningún movimiento
que le hiciera advertir que hubiera una persona allí, pero no pudo evitar
sentir un escalofrío de terror.
NICOLAS:
¿Por dónde se fue?
FEDERICO:
Sshhh.
Hizo
silencio. Su amigo parecía estar muy concentrado, aunque Nicolás sólo era capaz
de oír el sonido de la selva.
Federico
se gira y se vuelve, sonriendo.
FEDERICO:
Creo que lo perdimos.
Y
de la nada, lo tomó de la cintura y le dio un beso en los labios que Nicolás
respondió. Federico lo puso de espaldas contra un árbol, cuya superficie
lastimaba su espalda, pero Nicolás era capaz de soportarlo con tal de tener uno
de esos besos prohibidos.
Hasta
el momento, lo habían hecho en incontables ocasiones, pero Federico estaba
perdiendo la razón.
NICOLAS:
¡Estás loco! Las chicas están allí.
FEDERICO:
No nos van a descubrirán si dejas de gritar.
NICOLAS:
Lo siento.
Las
manos de Federico se metieron entre sus pantalones cortos y mojados. Los bajó
de un tirón y se puso de rodillas. Nicolás se sorprendió de ver su miembro
erecto y depilado, apuntando directamente al rostro de su moreno y delgado
amigo. Los lentes que usaba le daban un toque elegante.
Federico
se metió su miembro en la boca de un tirón. Nicolás no tuvo otra opción que
cerrar los ojos y dejarse llevar al mundo donde sólo él era capaz de
transportarlo.
NICOLAS:
Mierda, Fede. ¿Te dije alguna vez que para ser heterosexual la chupas muy bien?
FEDERICO:
Mjm.
Suspiró
y continuó celebrando las mamadas de su amigo. Cada vez que Federico lo hacía,
lo excitaba de tal manera que no era capaz de durar mucho tiempo. Al parecer,
su amigo recordó este detalle, porque en algún momento sacó su miembro de la
boca.
FEDERICO:
Si vas a acabar, avísame antes. No puedo tener tus hijos al fondo de la
garganta, porque después debo ir a besar a Nerea. La vez pasada percibió el
aroma y le tuve que decir que tomé un licuado con mal gusto.
NICOLAS:
No pensé que tenía mal gusto lo que salía de mí.
FEDERICO:
No lo tiene. Pero el aroma se siente igual, Nico.
NICOLAS:
De acuerdo. Te avisaré.
Lo
agarró de la cabeza y lo hizo continuar con lo suyo. Volvió a cerrar los ojos y
a dejarse llevar por el ruido del bosque.
Pájaros,
animales, ramas secas. Crujidos. Pisadas.
¿Pisadas?
Abrió
los ojos de repente y lo que vio no tuvo sentido. Detrás de Federico, pero de
pie, una persona tan gigante como una mole pero con un color de piel gris,
estaba frente a ellos.
Agarró
a Federico desde la cabeza, quien sorprendido, no se pudo defender. Con su mano
libre, lo sostuvo desde el hombro. Y entonces, le dio vuelta el cuello,
provocando que su cabeza girara 180º.
NICOLAS:
¡Fede!
Gritó.
Se
giró para correr, pero con sus pantalones abajo, sus piernas se entrelazaron y
cayó al piso, raspándose la entrepierna y parte del estómago contra las ramas
de los árboles.
La
mole gris tiró el cuerpo sin vida de su amigo en el piso con la facilidad con
la que se tira una bolsa de basura. Los lentes de Federico cayeron de su rostro
y se rompieron al chocar contra el suelo.
Nicolás
se volvió a levantar y comenzó a correr hacia el lago. Tenía que salvar a las
chicas.
CONDOR
Todavía
muy débil para conseguir lo que quería.
Lo
había intentado. Había ido al lugar más sagrado para un nigromante. El
cementerio. Pero el parque de diversiones estaba cerrado. Por más que hizo
todos los conjuros que sabía y por más que gastó más energía de la que tenía,
ningún muerto volvió de la tumba. Ningún cajón se abrió, ni siquiera el de los
muertos más recientes.
Sabía
que todavía no tenía el poder que quería, así que para armar su pequeño
ejército tenía que improvisar hasta que pudiera resolverlo.
Emigró
hacia Estrella Dorada después de varios días de vagar por los bosques en
compañía de su nuevo siervo, el que en vida se llamó Bruno. Bruno era bueno
para cazar animales y encender fogatas donde cocinarlos. No pasó hambre. Cóndor
tampoco estaba acostumbrado a los lujos, así que tampoco le importó dormir al
pie de los árboles.
De
hecho, en una parte del trayecto los bosques desaparecieron y tuvo que dormir
en un granero. Fue el momento más incómodo. Sentir que había un techo sobre su
cabeza era volver a la prisión que Theo Costas le había construido cuando se
enteró de sus verdaderas intenciones.
De
todos modos, su excursión a pie no duró mucho. Pidió traslado a un antiguo
matrimonio, envolvió a Bruno en una manta para que no se notara que estaba gris
(y muerto) y dejó que los dejen en las afueras de Estrella Dorada, el pueblo
donde habían abierto La Puerta.
¿Por
qué La Puerta no tuvo efecto en sus poderes? ¿Era porque recientemente los
había adquirido? Tenía que encontrar a la persona quien lo hizo y pedir
explicaciones. Tenía que entender.
Pero
no podía aparecer solo. No sabía si quien hizo el conjuro y abrió La Puerta
podía ser un aliado o un enemigo. O alguien que trabajara por su cuenta.
Necesitaba formar un ejército.
Los
cuatro jóvenes que estaban en el lago servirían para empezar. Cinco detrás suyo
eran suficiente, por el momento.
Cuando
Bruno asesinó al joven que estaba de rodillas ante el otro, Cóndor se acercó
hacia su lado y comenzó a murmurar sus conjuros. A unos metros de distancia, se
escuchaban gritos, llantos y alaridos.
Esta
vez lo haría bien. Bruno era una mole vacía, un cascarón hueco, similar a un
robot pero mucho menos inteligente. Esta vez tendría que hacer un trabajo más
elaborado si esperaba que sus siervos fueran más funcionales.
Demoró
un poco más pero creyó haberlo logrado. Cuando sacó su mano de la cabeza del
muchacho delgado, éste abrió los ojos y se sentó. Cóndor sonrió incluso al ver
que buscaba sus lentes, los que se habían caído tras el homicidio.
CONDOR:
¿Cómo te llamas?
FEDERICO:
Soy Federico.
CONDOR:
Levántate, Federico. Tienes que ayudar a Bruno.
FEDERICO:
Sí, señor.
Cóndor
sonrió lleno de felicidad al ver que el joven obedecía.
Lo
había logrado.
NICOLAS
Los
cadáveres de Camila y Nerea flotaban boca abajo en el lago. Si no fuera porque
el monstruo gris lo seguía persiguiendo, se habría detenido a llorar por las
pérdidas.
El
monstruo estaba en el lago. Dejó los cuerpos de las chicas que no alcanzaron a
escapar a tiempo, y los mismos continuaron flotando solos como si fueran las
colchonetas inflables que habían llevado.
El
auto.
Era
la única alternativa que tenía para escapar. Pero con el susto, estaba tan
desorientado que no tenía idea de dónde lo habían estacionado. Además, fue
Federico quien condujo hasta allí.
Estaba
histérico. Pero no podía permitirse perder la poca cordura que le quedaba.
Vio
un pequeño camino que se abría entre los árboles. Y finalmente comprendió que
para que un auto entrara hasta allí debía de existir un camino.
Corrió
sin mirar atrás hacia el extremo oeste del lago. No estaba seguro de si la mole
lo seguía o se estaba entreteniendo con los cadáveres de las chicas, pero no
era algo que podía detenerse a comprobar.
Sintió
algo parecido a la felicidad cuando el auto de color ocre se apareció frente a
él, detrás de un árbol.
NICOLAS:
¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
Corrió
hacia él. ¿Tendría la lleva puesta? Federico estaba en el agua. No se hubiera
sumergido si tenía la llave del auto con él. ¿O sí? ¿O la había dejado en una
mochila?
Estaba
a sólo veinte pasos del automóvil, pero parecía la carrera más larga de su
vida.
Llegó
al automóvil. La puerta cedió y otro respiro de alivio pudo entrar en él.
No
por mucho.
Alguien
lo tomó del cabello y lo tiró hacia atrás. Nicolás gritó del dolor y el miedo.
Pero cuando se giró y vio a Federico frente a él, el mundo dejó de tener
sentido.
¿Acaso
todo era una maldita broma?
Pero
Federico lo tomó del cuello y lo apretó contra el auto con tanta brutalidad que
asumió que no estaba ante ningún chiste de Halloween.
NICOLAS:
¡Fede! ¡Espera! ¡Por favor!
Pero
Federico simplemente apretaba su cuello con una fuerza sobrehumana.
Nicolás
estaba por perder el conocimiento y lo último que percibió fue que el cristal
derecho de los lentes de su amigo estaban quebrados.
FEDERICO:
Relájate. Pronto podremos volver a hacer lo que hacíamos a escondidas.
Era
poco probable que se pudiera relajar cuando lo estaba matando. Y no tenía idea
de cómo había sobrevivido cuando vio que su cabeza había dado la vuelta
completa al resto de su cuerpo.
El
aire comenzó a faltarle mientras las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.
Entonces,
algo pasó.
Alguien
empujó a Federico de un golpe, que lo soltó automáticamente, haciéndolo volar
por unos metros de distancia.
Nicolás
pudo respirar, aunque no por ello dejaba de estar menos asustado.
Miró
hacia el otro lado del bosque. ¿Quiénes eran esas seis personas que estaban
allí?
El
chico que lo había liberado estaba de pie junto a él, apreciando a Federico
como si intentara comprender qué es lo que era. Finalmente, miró a Nicolás.
GERMAN:
¿Te encuentras bien?
Nicolás
negó con la cabeza.
NICOLAS:
Estaba muerto. Estaba muerto y de repente no lo estaba.
Un
muchacho y una chica se dirigieron hacia el cuerpo tirado del que fue su amigo.
DAMIEN:
Parece muerto.
IRUPE:
Pues si esto es obra del nigromante, no lo estará por mucho tiempo.
DAMIEN:
Pues deberíamos llevarlo con nosotros para estudiarlo.
IRUPE:
Qué gran idea, Damien. ¿Se te ocurrió a ti solo?
DAMIEN:
No podemos dejar cadáveres sueltos en el bosque, Irupé. En especial si se
levantan de la nada y empiezan a atacar a las personas.
Nicolás
no entendía nada de lo que estaban hablando. Miró a los otros tres, que estaban
al margen de la situación pero a la vez contemplaban hacia el lago.
VIRGINIA:
No es el único no muerto que hay.
CELINA:
¡No puede ser! ¡Aquel es Bruno! ¡Joseph se va a poner muy contento!
FABRICIO:
Dudo que se ponga contento cuando el tal Bruno parece una bestia sin control
que está extrayendo el cadáver de dos chicas del lago, tomadas desde la cabeza.
VIRGINIA:
Ahí es donde te equivocas. Alguien lo está controlando.
La
última chica que habló se giró para mirar a su grupo.
VIRGINIA:
El nigromante está cerca. ¿Están listos para enfrentarlo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario