Previamente:
Celina
decidió darle una nueva oportunidad al amor y aceptó una cita con un cantante.
Irupé
sabe que su jefa quiere pedirle un favor, el cual vaticina que no será
divertido ni fácil de realizar.
Damien
continúa en negociaciones con Franco para poder mudarse a la casa de él cuando
reciban el ataque del barrio.
Germán
está siendo acosado por una sombra que trajo desde la muerte. Aunque no poseía
el recuerdo que Fernando fue quien lo envenenó para entregarlo ante Cóndor.
GERMAN
Germán
abrió los ojos y vio recostado en el sillón cerca de su cuarto a Fabricio,
quien a su vez jugaba con el celular.
FABRICIO:
Amigo, ¡despertaste!
Germán
asintió pero no pudo decir nada. Tenía la cabeza dando vueltas.
FABRICIO:
Anoche enloqueciste e intentaste matar a la puta de la que estabas enamorado.
No soy experto en relaciones de amor, pero no creo que sea la mejor forma de
conquistar a alguien.
GERMAN:
La Sombra...
FABRICIO:
Sí, sí. Hablaste de una sombra que volvió contigo de la muerte. Estamos
intentando averiguar de qué se trata, aunque honestamente no tenemos a nadie
que nos oriente ahora que Zack se fue y que ni siquiera tenemos el Compendio.
Por lo que nuestra idea es simplemente esperar a ver si te quiere obligar a
matar de nuevo. Ah, y tampoco debemos acostarnos contigo.
GERMAN:
Me alegra saber eso. Creo.
FABRICIO:
Por lo pronto, haremos guardias para cuidarte. Me lo recomendaron a mí porque
al parecer todos tienen una vida ocupada y consideraron que yo estoy sin hacer
nada. No me molesta, porque después de todo es algo cierto. ¿Quieres que te
prepare algo para comer?
Germán
asintió y Fabricio se incorporó del asiento, sin dejar de sonreír.
CELINA
Daba
vueltas en círculos frente a la mesa de la gitana.
Alba,
una mujer de pañoleta y penetrante ojos azules, la miraba pacientemente.
CELINA:
No tengo idea de qué hago yo, una mujer de ciencia, cayendo en estos trucos.
Pero es que mi mejor amiga se fue a vivir con el novio y no quedó nadie que me
oriente en quien pueda confiar. Si no fuera por eso, jamás recurriría a algo
que creo que es una farsa.
ALBA:
Celina, es la sexta vez que vienes en el mes.
CELINA:
Lo sé. Pero digo tengo que decir todo el preámbulo por si alguien me siguió y
me escuchó.
Más
relajada, se sentó frente a la gitana y extendió sus manos palma arriba.
CELINA:
Ahora, adivina mi suerte. Tengo una cita esta noche con un chico guapo que
canta, pero tengo miedo a que me falle como todos los hombres de mi vida. Sólo
dime lo que quiero oír. Que todo me irá bien y que seré feliz.
La
gitana tomó sus manos sin siquiera escucharla.
Pero
de repente, abrió grande los ojos, sorprendiendo a Celina con su expresión.
ALBA:
Es un error.
CELINA:
¿Qué? ¿Por qué? ¡¿Por qué todos juzgan a mis hombres sin conocerlos?! ¡Ni
siquiera viste la bola mágica!
ALBA:
No es necesario para saber que es un error.
CELINA:
Pues yo no vengo aquí para que me digan que las cosas que hago o pienso están
mal.
ALBA:
Precisamente a eso vienes.
CELINA:
Tal vez me gusta el amor rudo.
ALBA:
Bueno, no sé, Celina, tú fíjate.
Celina
estaba a punto de echar a llorar.
CELINA:
Esto es devastador. Bueno, peor es viajar para reencontrarme con mi ex. Pero aun
así, devastador.
DAMIEN
Damien
notó por el rabillo del ojo que Pedro se acercaba. Fingió estar trabajando en
el computadora hasta que se acercó hacia él.
PEDRO:
Ahora eres amigo de él.
Damien
le dedicó una mirada confusa.
DAMIEN:
Presumo que estás hablando de Franco.
PEDRO:
¿Cómo puedes ser amigo de él después de todo lo que hizo? ¿Acaso se están
acostando?
DAMIEN:
¿Acaso te estás metiendo en mi vida?
PEDRO:
Ya veo. Entonces la respuesta es sí. ¿No escuchaste los rumores que corren
sobre él? Se acuesta con hombres distintos cada noche.
DAMIEN:
¿Cuál es el problema?
PEDRO:
Que estás metiéndote con el chico equivocado.
DAMIEN:
No me estoy metiendo con nadie, Pedro. Y si lo hiciera, no hay diferencia entre
un hombre que se acuesta con un chico distinto cada noche y otro que sólo lo
hace con su mujer.
PEDRO:
Pero al menos sabes que yo te quiero de verdad.
DAMIEN:
Oh, por Dios. No vamos a continuar teniendo esta discusión cada vez que
percibes que estoy con alguien más.
PEDRO:
Pero es necesario que entiendas...
DAMIEN:
El que parece que no entiende eres tú, Pedro. ¿Realmente esperabas que me quede
esperando que tú te decidas? He escuchado tus fantasías sobre dejar a Lulú
desde que te conozco. Creo que es tiempo de vivir un poco en la realidad.
Pedro
no dijo nada más y se marchó derrotado. Damien puso los ojos en blanco y optó
por volver a concentrarse en el trabajo.
MOMENTO MUSICAL
Damien
empezó a cantar en medio de su oficina. Mientras que Fabricio y Germán
desayunan. Por su parte, Celina salió despechada de la sesión con la gitana.
DAMIEN:
Ese cristalito roto.
Yo sentí cómo crujía.
Antes de caerse al suelo
yo sabía que se rompía.
FABRICIO:
¡Uh!
GERMAN:
Está parpadeando
la luz del descansillo.
Una voz en la escalera.
Alguien cruzando el pasillo.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
¡Eso es! ¡Así sí!
CELINA:
Malamente.
GERMAN:
¡Tra-trá!
CELINA:
Mal, muy mal, muy mal, muy mal.
DAMIEN:
Mira.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
Toma que toma.
CELINA:
Malamente.
DAMIEN:
¡Eso es! ¡Y yo!
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
Mal, muy mal, muy mal, muy mal.
CELINA:
Malamente.
GERMAN:
Uh.
CELINA:
Se ha puesto la noche rara.
Han salido lunas y estrellas.
Me lo dijo esa gitana.
GERMAN:
¿Qué?
CELINA:
Mejor no salir a verla.
FABRICIO:
Nah.
DAMIEN:
Sueño que estoy andando
por un puente que es de acero.
CELINA:
Mira, mira, mira, mira.
DAMIEN:
Cuando más quiero cruzarlo.
FABRICIO:
¡Bah!
DAMIEN:
Más se mueve y tambalea.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
¡Eso es! ¡Así sí!
CELINA:
Malamente.
GERMAN:
¡Tra-trá!
CELINA:
Mal, muy mal, muy mal, muy mal.
DAMIEN:
Mira.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
Toma que toma.
CELINA:
Malamente.
DAMIEN:
¡Eso es! ¡Y yo!
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
Mal, muy mal, muy mal, muy mal.
CELINA:
Malamente.
CELINA:
Aunque no esté bonita
la noche undivé.
Voy a salir pa' la calle.
En la manita los aros brillando.
En mi piel los corales
me proteja y me salve.
Me ilumine y me guarde.
DAMIEN:
Y por delante
no voy a perder ni un minuto
en volver a pensarte.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
¡Eso es! ¡Así sí!
CELINA:
Malamente.
GERMAN:
¡Tra-trá!
CELINA:
Mal, muy mal, muy mal, muy mal.
DAMIEN:
Mira.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
Toma que toma.
CELINA:
Malamente.
DAMIEN:
¡Eso es! ¡Y yo!
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
Mal, muy mal, muy mal, muy mal.
CELINA:
Malamente.
DAMIEN:
Toma que toma.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
¡Eso es! ¡Así sí!
CELINA:
Malamente.
GERMAN:
¡Tra-trá!
CELINA:
Mal, muy mal, muy mal, muy mal.
DAMIEN:
Mira.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
Toma que toma.
CELINA:
Malamente.
DAMIEN:
¡Eso es! ¡Y yo!
CELINA:
Malamente.
FABRICIO:
Mal, muy mal, muy mal, muy mal.
CELINA:
Malamente.
FABRICIO
Germán
había recuperado la capacidad de hablar. Parecía volver a estar dentro de sus
cabales.
GERMAN:
La primera vez que la vi La Sombra fue cuando me rescataron, cuando la vida
volvía a tener colores.
FABRICIO:
Quizá la clave está en que debas recordar lo que veías cuando estabas muerto.
Germán
se movió incómodo en su asiento pero no descartó la idea.
GERMAN:
Era como estar dentro de un hechizo. Había una parte mía allí, pero no podía
dominar todas sus funciones.
FABRICIO:
Porque allí te dominaba el nigromante.
GERMAN:
Quizá la Sombra fuera una conexión con él. Es decir, todavía me está dirigiendo
y obligando a que asesine, ¿no?
FABRICIO:
Podría ser. O tal vez se trate de un demonio diferente. Según entendí sobre el
Otro Lado, hay muchas cosas sueltas allí que quieren volver a la superficie.
GERMAN:
Tengo la sensación de que iba a obtener el control absoluto de mí cuando yo
lograba hacer lo que me ordenaba.
FABRICIO:
Es decir, si matabas a Paola, él se iba a adueñar de ti.
GERMAN:
Creo que sí. Es la sensación que tengo.
Fabricio
torció el labio.
Alguien
llamó a la puerta en ese momento y Germán fue a atender.
Del
otro lado, se encontraron con Fernando.
FERNANDO:
Vine a ver cómo estabas. Anoche casi terminamos todos presos. Y me revocaron la
membresía del Club del Caballeros, por lo que ya no podremos ir a
entretenernos...
GERMAN:
¡Tú!
Fernando
y Fabricio miraron a Germán, quien con una inconfundible ira, señalaba a
Fernando.
FABRICIO:
¿Qué pasa?
FERNANDO:
Si la famosa Sombra te está diciendo que me mates, te pido que no le hagas
caso.
GERMAN:
¡Tú me mataste! ¡Tú me entregaste a Cóndor!
Fabricio
se metió en el medio de los dos muchachos, intentando calmar a Germán.
FABRICIO:
Germán, amigo, estás delirando de nuevo. Fernando fue quien vino a avisarnos
que te habían atrapado...
FERNANDO:
Ups.
Fabricio
se giró automáticamente a ver a Fernando.
Sólo
que ya no existía. Contrario a eso, un muchacho al que nunca había visto, le
devolvía una sonrisa.
FABRICIO:
¿Quién eres tú?
GERMAN:
Es Guido. Un cambiaformas de Bahía Ausente.
FABRICIO:
¿Qué?
El
cambiaformas no esperó a tener un charla amable. Salió por la puerta a toda
prisa y echó a correr.
FABRICIO:
Un momento... ¿Dónde está Fernando?
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