En
el capítulo anterior:
Fernando
apareció en la residencia anunciando que Germán fue secuestrado por Cóndor.
Virginia mandó a Celina a convocar a sus amigos para una reunión de emergencia.
Damien le mostraba el no muerto a Franco y éste les anunció que todos iban a
morir.
IRUPE
Cuando
vio que Damien entró en la casa de Fernando acompañado de su jefe, Irupe se
puso nerviosa automáticamente.
Ya
habían tenido diversas oportunidades de estar en un mismo ámbito social que
Franco, pero esto fue previo a que él se volviera millonario y adquiriera el 49%
de las acciones del canal donde trabajaban.
Notó
que al resto, Fernando, Virginia, Celina y Fabricio, también le sorprendió esa
visita inesperada. Miró a Damien, esperando que él diera una explicación.
IRUPE:
¿Qué está haciendo aquí el patrón?
DAMIEN:
Vino a ayudar. Franco tiene una buena habilidad que nos puede servir. Y es un
millonario aburrido en busca de aventuras.
FABRICIO:
Como Batman.
La
voz de la razón esta vez vino del lado de Virginia.
VIRGINIA:
Nosotros estamos hablando de salvar vidas aquí. No es un deporte que hacemos
porque estamos aburridos.
La
voz de lo ilógico, como era de esperar, vino de parte de Celina.
CELINA:
Ay, Virginia, por favor. Si es obvio que ese es motivo por el que hacemos esto.
Deja que el chico se entretenga un poco. (a Franco) ¿Qué habilidad tienes?
FRANCO:
Puedo convertir cualquier objeto en piedra.
CELINA:
Es bueno. En una pelea nos serviría mucho.
Irupé,
no conforme con la alabanza de Celina, hizo un gesto de inclinación como si
estuviera ante la realeza.
IRUPE:
Gran Jefe, agradecemos su presencia y le pedimos disculpas por estar en esta
pocilga.
FERNANDO:
¡Oye!
IRUPE:
No te lo tomes personal. La casa de todos es una pocilga.
FABRICIO:
¡Oye!
DAMIEN:
Conocí la casa de Franco. Irupé tiene razón.
FRANCO:
No estoy aquí para juzgar a nadie. Además, la casa en donde vivo es de mi
padre. Yo he vivido en sitios muy humildes.
IRUPE:
Como este.
VIRGINIA:
Estamos aquí para debatir que vamos a hacer. Estoy, ante todo, indignada.
FABRICIO:
¿Porque Germán cayó en manos del nigromante que liberó Irupe?
VIRGINIA:
No. Porque nos reunimos aquí y ninguno fue capaz de traer vino. Saben que no
estamos en mi casa. ¿Acaso tengo que trasladar la reunión hasta allá?
IRUPE:
Con respecto a lo del nigromante, ¿podrían dejar de decir que fue mi culpa
delante de mi jefe?
CELINA:
¿Qué vamos a hacer con Cóndor?
Por
suerte para Irupé, el tema se giró hacia otro lado y a nadie le pareció
importar discutir sobre los orígenes sobre cómo lo había liberado.
FERNANDO:
Quiere hacer un intercambio.
VIRGINIA:
Y eso no va a pasar.
DAMIEN:
¿Un intercambio de qué?
FERNANDO:
Nos va a devolver a Germán si nosotros le damos a Nicolás y a Federico.
Si
hay algo que Irupé jamás esperó que suceda en su grupo de amigos, es que
existiera un conflicto moral.
DAMIEN:
Coincido con Virginia. No va a pasar.
CELINA:
Esperen. ¿No podemos votar? Germán es nuestro amigo.
DAMIEN:
Y Nicolás y Federico no son bienes intercambiables.
CELINA:
Si yo fuera la que está secuestrada, estimaría que me antepondrían a unos
desconocidos.
FABRICIO:
Estoy con Celina. Aunque teniendo en cuenta la forma en que me abandonaron
cuando fui secuestrado por la araña mutante, no me podría esperar otra cosa de
este grupo más que abandono y miseria.
VIRGINIA:
Nosotros no intercambiamos personas. No vamos a dar a dos chicos inocentes por
recuperar a nuestro amigo. Además, es Cóndor. No podemos confiar en él. Miren
lo que pasó cuando Irupé creyó en sus palabras.
IRUPE:
Qué suerte que pedí que dejen de repetirlo.
CELINA:
Bien, entonces, ¿cuál es el plan?
VIRGINIA:
Iremos al bosque y lo recuperaremos.
CELINA:
¿Ese es el plan? ¿Ir a la guerra por Germán?
VIRGINIA:
Pudo con uno, pero no podrá con todos. Estamos preparados para ir a pelear
contra él.
DAMIEN:
Bien. En marcha.
Todos
parecieron seguros de la decisión que tomaron. Irupé no tenía deseos de ir al
bosque a pelear, pero tampoco podía quedar como una cobarde delante de su jefe.
Así que optó por guardar silencio y hacer lo que él haría.
FABRICIO:
Esperen un momento. ¿Cómo sabemos que podemos confiar en Franco?
IRUPE:
¡Fabricio, por favor! ¿Cómo te atreves a dudar de Franco? ¡Maldito el hijo de
tu vientre!
FABRICIO:
Sí, maldito. Pero, ya nos ha pasado que siempre confiamos en alguien y en el
momento que menos esperamos, se da vuelta la cosa y nos ataca.
VIRGINIA:
Fabricio tiene razón.
FRANCO:
¿Qué puedo hacer para convencerlos de mi buena voluntad?
CELINA:
Deja que Virginia te toque.
FRANCO:
Pero soy gay.
CELINA:
No, no a esa manera de tocar. Virginia puede leer la mente de las personas.
Sabrá si eres o no una buena persona en cuestión de segundos.
Franco
miró al grupo con sorpresa, pero luego se encogió en hombros. Irupé temió que
aquella hazaña apareciera descontada en su recibo de sueldo el próximo mes.
FRANCO:
De acuerdo. Claro. Entra a mi cabeza bajo tu propio riesgo.
Virginia
se acercó a él y, concentrándose, cerró los ojos. Puso su mano en el cuello de
Franco. Tras unos segundos, se apartó de él con una expresión de repleto asco.
Miró a Damien, como si estuviera pidiéndole una explicación.
VIRGINIA:
¿Ustedes dos tuvieron sexo?
DAMIEN:
No.
VIRGINIA:
Está pensando en tenerlo. Y sexo sucio.
DAMIEN:
¿Que tan sucio?
VIRGINIA:
No podré comer durante todo el día.
DAMIEN:
¡Fantástico!
CELINA:
Es increíble que cada momento que vivimos esté orientado a que Damien tenga
sexo.
Irupé
lanzó un suspiro de desconsuelo.
IRUPE:
Genial. Damien y Franco van a tener sexo y yo voy a terminar despedida.
FABRICIO:
¿Por qué? ¿Tú qué tienes que ver?
IRUPE:
Fabricio, cariño, todo tiene que ver conmigo.
DAMIEN
Fue
acompañado de Franco a preparar una pequeña mochila para la excursión de
rescate, además de darle las indicaciones necesarias a Nicolás.
DAMIEN:
Iremos a recuperar a nuestro amigo. Hagas lo que hagas, no liberes al tuyo. No
lo saques de la jaula.
NICOLAS:
Déjame ir con ustedes. También quiero ayudar a mis amigos.
DAMIEN:
Murió uno de los nuestros y tenía la piel irrompible. El nigromante te hará
añicos, Nicolás.
Aquella
explicación pareció suplir las intenciones de lucha del muchacho.
NICOLAS:
De acuerdo. ¿Qué hago si no vuelven?
DAMIEN:
¿A qué te refieres?
NICOLAS:
Si todos mueren en esta expedición. ¿Qué hago?
La
pregunta tomó por sorpresa a Damien quien, como un acto reflejo, buscó apoyo en
Franco.
FRANCO:
Es un chico precavido.
No
lo encontró.
Volvió
a mirar a Nicolás.
DAMIEN:
Si nos llegara a pasar algo, cosa que espero que no sea así, busca a Joseph
Navarra. No tiene poderes mágicos pero es un policía y te ayudará.
Ya
con la mochila repleta de cosas, los dos salieron de la casa.
Damien
aprovechó a sacar el tema como si lo hablara con pura casualidad.
DAMIEN:
Así que pensabas en tener sexo conmigo, ¿eh?
FRANCO:
Sí. Debe ser porque me caes bien ahora.
DAMIEN:
¿Como que ahora?
NICOLAS
Ni
siquiera esperó a que terminen de cerrar la puerta de entrada que Nicolás se
giró hacia el sótano.
Desde
el día de ayer, todavía no podía procesar completamente lo que había sucedido.
Las imágenes venían una y otra vez a su cabeza y aunque se las hubieran
explicado hasta el hartazgo, continuaba sin comprenderlas completamente.
Decidió
descender al sótano y ver si conseguía algo sobre Federico. Le preocupaba su
situación. Además, debía de ser un reflejo de cómo lo estaban atravesando Camila
y Nerea.
Pensó
en Camila y sintió una pequeña astilla en el pecho. ¿Y si jamás volvía a
recuperar su risa estridente?
Su
amigo, lejos de sonreír, mantenía una expresión fría y severa.
Se
acercó hacia la jaula pero se mantuvo a unos pasos prudenciales de distancia.
NICOLAS:
Hola, Federico...
FEDERICO:
Nico... Por favor. Tienes que dejarme salir.
Lo
notó sufriendo.
¿Acaso
era una manipulación? Conocía a Federico hacía años y jamás se había mostrado
vulnerable ante él.
NICOLAS:
¿Tienes hambre?
FEDERICO:
Ya no tengo hambre. Pero mi Amo... Él me necesita. Puedo sentirlo. Quiero que
vuelva a su lado.
NICOLAS:
Ellos van a intentar salvarte, Fede.
FEDERICO:
Es tarde para mí, Nico. Pero si me dejas ir, quiero ofrecerte la chance de
salvarte. Tú podrías vivir una vida normal. Sólo sácame de esta maldita jaula.
Le diré al Amo que no venga por ti.
Nicolás
sintió un escalofrío recorrer su espalda.
NICOLAS:
¿Qué has dicho?
FEDERICO:
Que el Amo viene por ti, amigo.
VIRGINIA
Conscientemente,
Virginia decidió que lo mejor para su excursión al bosque sería abandonar el
vino y cambiarlo por Gatorade. La lluvia todavía no caía como estaba anunciado
y sólo se sentía el calor sofocante acompañado por una humedad más perturbadora
aún.
Puso
los ojos en blanco cuando vio que Fabián se acercó.
VIRGINIA:
Tus intervenciones me están irritando.
FABIAN:
Mis intervenciones siempre te irritan. ¿Qué fue lo que sucedió?
VIRGINIA:
El nigromante capturó a Germán. Lo convirtió en uno de los suyos.
FABIAN:
Eso es grave.
VIRGINIA:
Bastante. Lo suficiente como para preocuparme, al menos.
FABIAN:
¿Qué harán?
VIRGINIA:
Trataremos de encontrarlo.
FABIAN:
Me encantaría poder ir, pero creo que estorbaría más que ayudar.
VIRGINIA:
Lo mismo le dijimos a Fernando.
FABIAN:
Soy un poco más útil que Fernando.
VIRGINIA:
De acuerdo.
FABIAN:
¿Qué dice el Compendio sobre esto?
VIRGINIA:
Hay una manera de revertir la muerte del nigromante, pero tiene que ser en un
corto período de tiempo. Cada segundo que pasa, el alma del muerto pasa a estar
más y más bajo su poder. No estoy segura de que el hechizo funcionará, pero es
todo lo que había en el Compendio al respecto.
FABIAN:
Parece una posibilidad débil.
VIRGINIA:
Lo es. Pero la otra opción es encerrar al nigromante dentro de un determinado
predio. Pero es magia tan avanzada que ni siquiera me atrevería a intentarlo.
Lamentablemente, estoy a un día de viaje de Bahía Ausente como para poder
pedírselo a Theo. Así que tendremos que improvisar.
FABIAN:
Justo lo que más te gusta.
VIRGINIA:
Justo lo que peor me sale.
Lo
miró a los ojos. Sentía la mirada de Fabián, el conocedor de su secreto,
acusándola constantemente. Tenía deseos de golpearlo pero en el fondo sabía que
el muchacho tenía razón.
VIRGINIA:
Iré a Campo Azul mañana si es que todo sale bien hoy.
Fabián
asintió, indiferente.
NICOLAS
Estaba
jugando con él.
Federico
no era Federico en ese momento. Nicolás tenía que aceptarlo. Lucía como su
amigo y hablaba como él, pero era una esencia oscura la que lo dominaba.
NICOLAS:
No voy a convertirme en uno de ustedes.
FEDERICO:
Por eso mismo te estoy dando la oportunidad de que escapes. Libérame y
convenceré al Amo. Le diré que tú puedes tener una vida mortal.
NICOLAS:
Pero, ¿acaso no quieres volver a ser como antes?
FEDERICO:
¿Bromeas? Esto es espectacular. No siento hambre ni frío ni dolor. Es como ser
un vampiro y ni siquiera tengo que alimentarme con sangre. Estoy en esta jaula
desde ayer y la única molestia que sentí fue mis ganas de libertad.
¿Acaso
podía confiar en él?
Si
realmente abría la jaula, ¿le daría una oportunidad?
Pero
no podía creer en eso. Damien le contó cómo, a base de falsas promesas y
engaños, el nigromante logró salir de su encierro mágico.
Federico
jamás lo había traicionado, pero probablemente ahora estuviera hablando bajo
las influencias de Cóndor. Y en él no podía confiar.
Sintió
golpes en la puerta de arriba y automáticamente se giró para subir las
escaleras. Si llegaba a ser Damien y veía que se encontraba en el sótano, no le
caería en gracia.
Sí.
Al menos decidió que podía confiar en los vivos, por más poderes que tuviera y
que él no podía entender.
Llegó
a la planta baja y se dirigió hacia el portal.
Al
abrir la puerta, se quedó boquiabierto.
NICOLAS:
¿Tú eres...?
GERMAN:
Germán, sí. El mismo.
NICOLAS:
Pero ellos fueron...
Germán
no le dejó hablar.
Con
la rapidez con la que se parpadea, el muchacho posó ambas manos alrededor de su
cabeza y con un veloz movimiento le dio vuelta el cuello.
Cuando
Nicolás cayó al piso, ya se encontraba sin vida.
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