Previamente:
Un
veterinario extrajo del cuerpo de Fabricio la araña mutante que iba a acabar
con su vida. Fascinado por este bicho, drenó su sangre y se la colocó en sus
venas con intenciones de mutar.
Guido,
en el cuerpo de Fernando, estaba inquieto sin saber si Germán recordaba que él
lo había envenenada para entregarle su cuerpo al nigromante.
En
tanto, Virginia viajó a Campo Azul para visitar a Fabián que se encuentra en
estado de coma, luego que Ignacio lo obligara a acuchillarse la garganta.
LAUTARO
La
transformación se completó al día siguiente.
Había
empezado con un sutil dolor de espalda que luego fue incrementándose. Lautaro
tenía una amplia gama de resistencia al dolor pero aquello fue inhumano.
Ocho
pequeños tumores se generaron en su espalda. Se miraba al espejo y podía ver a
ocho pequeñas pelotas que se habían constituido a lo largo de su espalda.
Luego
de eso, vio como de cada uno comenzaron a crecer unas pequeñas pero firmes
patas.
Al
principio se desesperó, pensando en que se había transformado en un monstruo y
que el inyectarse la sangre fue un error. Pero luego se dio cuenta que podía
controlarlas a su antojo. Podían crecer y salir de él, como las de volver a su
cuerpo y fingir que no estaban allí.
Para
el final del día, Lautaro controlaba sus nuevos dones como si siempre hubieran
sido parte de su cuerpo.
LAUTARO:
Y todavía hay uno más.
Fabricio
le había dicho que había uno más que estaba en las mismas condiciones. Eso
significaba que existía la posibilidad de que su poder aumentara todavía más.
Pero
cuando el lunes, a primera hora, recibió a Jaime Barrioviejo, el panorama para
sus planes no parecía ir a buen camino.
JAIME:
No te ofendas, pero eres un veterinario.
LAUTARO:
Puedo realizar este procedimiento sin problemas. Puedes consultarlo con tu
amigo.
JAIME:
Mi amigo no es parámetro para medir lo que está bien de lo que no.
LAUTARO:
Es sólo un pequeño corte. Succiono el bicho que tienes dentro y sigues tu vida
como si nada.
JAIME:
Y suena bien. Pero no me siento seguro de hacerlo aquí.
Jaime
no había ido a la consulta solo, sino que en compañía de su mujer, Irupé. La
muchacha de tetas grandes y cabello a base de trenzas, revoleó los ojos con
cansancio.
IRUPE:
Jaime, no hay muchas opciones. Los médicos del hospital se niegan a realizarlo.
JAIME:
Seguiremos buscando otros médicos.
IRUPE:
Eso significa que quieres que yo siga buscando otros médicos. Y es bastante
incómodo ir a una consulta para verificar si podrían realizar un aborto y luego
explicarles que en realidad es para mi marido.
JAIME:
Por supuesto. Es mucha vergüenza para mí.
IRUPE:
¡Para mí también!
LAUTARO:
Estoy en la obligación de decir que cuanto más demores en hacer este
procedimiento, más corre riesgo tu vida.
JAIME:
Bueno, en el peor de los casos, solamente moriré.
IRUPE:
Dudo que ese escenario sea el peor.
JAIME:
Lo siento. Pero no.
Lautaro
no insistió y dejó que la pareja se marchara en plena discusión sobre el tema.
No
importaba.
El
veterinario sabía que tenía que conseguir el bicho que estaba dentro de ese
muchacho y lo haría, por las buenas o por las malas.
VIRGINIA
Durante
el transcurso de la noche, le explicó a su ex novio su plan para traer de
regreso a Fabián.
VIRGINIA:
En el Compendio leí sobre el conjuro que realizaba Zack para traer a las
personas desde el limbo. Me resultó sumamente sencillo de comprender.
HERNAN:
¿Trajiste el Compendio?
VIRGINIA:
No, lo dejé escondido en mi casa.
HERNAN:
¿Quieres practicar un conjuro peligroso y ni siquiera traes el libro que te lo
explica?
VIRGINIA:
Lo memoricé.
Hernán
lanzó una risa sarcástica. No estaba de acuerdo en lo absoluto con su
explicación. La situación era sumamente tensa y Virginia era consciente que
para poder realizar el hechizo, debía estar relajada.
VIRGINIA:
Puedo entrar en la mente de las personas. Pero esta vez, en lugar de extraerle
información, voy a adentrarme a imponerle una orden.
HERNAN:
Casi como en la vida real.
Dejó
pasar el comentario de su ex novio.
HERNAN:
Es peligroso y puede salir mal.
VIRGINIA:
Creo que puedo hacerlo bien.
HERNAN:
Pero si el propio hechicero lo ha hecho un par de veces y sus resultados no
fueron buenos.
VIRGINIA:
El Compendio advierte sobre esto también. Cuando las personas se encuentran en
el limbo y alguien quiere rescatarlas, siempre se debe pagar un costo.
Generalmente, ese costo significa que vienen acompañados al plano real por una
entidad demoníaca.
Eso
le hizo pensar automáticamente en Germán. Ella lo había rescatado de la muerte
y según le contaron sus amigos, estaba dando pequeñas muestras de mejoría.
Pero, ¿había vuelto solo?
HERNAN:
¿Y con tal de salvar a Fabián vas a traer a un demonio?
VIRGINIA:
Por eso Zack siempre recurría a Edgar. Estaba capacitado para devolver a su
lugar a los demonios.
HERNAN:
¿Y vino Edgar contigo?
La
atrapó.
VIRGINIA:
No, no vino.
HERNAN:
Entonces tú quieres liberar a un demonio en la clínica con tal de rescatar a tu
amigo.
VIRGINIA:
¿Qué otra opción tengo? Dejar que se cure solo.
HERNAN:
Al menos no lo condenarías a ser alguien sobrenatural.
VIRGINIA:
No es una condena, Hernán.
Virginia
dio por finalizada la conversación.
A
la mañana siguiente, Virginia se sentía nerviosa pero completamente convencida
que aquella sería la mejor opción.
Esperaron
hasta el horario de visitas y le indicó a Hernán que montara guardia en la
habitación.
HERNAN:
¿Qué hago si viene alguien?
VIRGINIA:
Diles que soy una novia despechada que quiere llorar en soledad por su novio en
coma.
A
solas con Fabián, puso las manos en su cabeza y cerró los ojos. Recitó el
conjuro que había memorizado.
Cuando
volvió a abrirlos, estaba en un lugar diferente. Y Fabián estaba con ella.
EL LIMBO
No
podía creer que había funcionado.
Estaba
convencida de haberlo hecho bien, pero experimentar la sensación de abrir los
ojos y descubrir que tenía enfrente a Fabián le brindó una gratificación importante.
La
habitación donde se encontraban estaba llena de relojes, de todos los tamaños y
de todos los tipos, ubicados en una pared infinita.
Cuando
Fabián la vio, se giró hacia ella sin una expresión particular. Quizá todavía
estaba un poco enojado porque había permitido que Ignacio le ordenara
acuchillarse.
FABIAN:
Te estaba esperando.
VIRGINIA:
Vine a buscarte. Puedo sacarte de aquí.
Fabián
la observó por unos segundos. Virginia no podría precisar tanto. Era irónico,
pero estando en un sitio con tantos relojes, perdía el sentido del tiempo.
¿La
miró por un segundo? ¿Por un año? ¿Por un siglo?
Fabián
se volvió a contemplar los relojes que tenía enfrente.
FABIAN:
Aún no es tiempo.
VIRGINIA:
Pero mientras más estés aquí, será peor para ti.
FABIAN:
¿Sabes qué es el limbo?
La
pregunta la desconcertó.
VIRGINIA:
¿Este lugar?
FABIAN:
Venimos al lugar que necesitamos venir en el momento en que nuestra vida se
apaga.
VIRGINIA:
Pero tu vida no se apagó.
FABIAN:
Está siendo sostenida artificialmente. Si no fuera por esos tubos que en estos
momentos me atan a la vida, yo estaría muerto.
Pensó
que tras su frase, Fabián agregaría un "gracias a ti". Pero no lo
hizo. No parecía enojado con ella.
FABIAN:
Antes de que me acuchillara a mí mismo, querías encontrar la forma de volver al
pasado. En eso pensaba, en el pasado, en el tiempo, en cómo resolverlo. Pero
para poder resolverlo, necesito saber cómo funciona. Por eso, aún no puedo
volver contigo.
Comprendió
la explicación. No tenía idea que Fabián estaba tan interesado en aquella
causa, pero no reprochó. Incluso meditó la idea de quedarse con él. También
quería saber sobre el tiempo.
VIRGINIA:
Voy a volver a buscarte.
Fabián
le dedicó una sonrisa.
FABIAN:
No lo harás. Yo volveré por mi cuenta. Cuando sea tiempo de volver.
Fue
su invitación a abandonar el limbo.
FABRICIO
Entró
en la casa de Germán sin llamar a la puerta. Su sorpresa fue grande al
encontrar a Fernando y a Germán desayunando en la mesa.
FABRICIO:
¡Te encuentras bien!
GERMAN:
Sí, poco a poco volvió la energía a mi cuerpo.
FERNANDO:
Ya está queriendo ir al prostíbulo.
Fabricio
miró a Germán. Parecía un niño que acababa de ser descubierto en una travesura.
GERMAN:
Le recordé a Fernando que una vez nos llevó. Y pensé que sería una linda manera
de celebrar que volví a la vida.
FABRICIO:
Pero esta vez no me van a dejar afuera como la vez pasada. Así que llévenme con
ustedes. Yo también tengo que celebrar que ya no tengo un hijo en mi vientre.
FERNANDO:
Yo que tú no lo andaría contando a extraños. La historia sigue resultando rara.
GERMAN:
¿Jaime también se sometió a la cirugía?
FABRICIO:
Fueron con Irupé a ver al veterinario, así que asumo que estará en proceso de
aborto en este momento.
FERNANDO:
Siguen sin ser temas de conversación.
GERMAN:
Es verdad. Tengamos una noche normal y mundana como las de antes de tener
poderes.
FABRICIO:
¡Así se habla! Esta salida al prostíbulo será mucho mejor que la anterior
porque yo estaré con ustedes.
FERNANDO
Había
decidido darle una oportunidad a Germán de vivir. El muchacho no parecía
recordar lo que sucedió antes de desfallecer y ninguno de sus amigos parecía
interesado en preguntárselo. Así que existía la chance de que las cosas
siguieran su curso normal.
Volvió
a la casa que pertenecía a Fernando y buscó entre los cajones la tarjeta que lo
invitaba al Club de Caballeros.
Jamás,
en su vida como Guido, había ido a uno. En Bahía Ausente esas cosas eran
impensadas. Pero lo consideró un desafío personal. Finalmente, volver a
concentrarse en otra mujer que no fuera Lorena.
Al
menos, hasta que encontrara la manera de volverla a la vida.
GERMAN
Se
sorprendió cuando esa noche, la madame rechoncha lo reconoció. Con un gesto
casi jocoso, se acercó hacia él como si fuera un amigo que no veía hace años.
El
Club estaba tranquilo. Varias muchachas bailaban en el escenario hacia unos
hombres adultos que disfrutaban el espectáculo en compañía de una cerveza y una
líbido no satisfecha. Todavía era temprano.
MADAME:
¡Oh, pero mira quién ha vuelto!
GERMAN:
¿Te acuerdas de mí o es lo que le dices a todos?
MADAME:
Tú eras el enamorado de Paola. ¿Cómo olvidarte? Ella también me ha hablado de
ti.
Escuchar
el nombre de Paola lo llevó hacia el pasado. A la primera mujer que poseyó,
ante la perversa mirada de Pablo.
La
última noticia que tuvo de ella es que se había marchado de la ciudad para
encontrar a su hijo.
GERMAN:
¿Ella volvió?
MADAME:
Volvió. Y está disponible si es que quieres verla.
GERMAN:
Sí, quiero.
MADAME:
Entonces te llevaré a su cuarto.
Miró
a sus amigos a efectos de despedirse de ellos.
Fernando
asintió, casi con orgullo. Fabricio, por su parte, casi pierde la razón.
FABRICIO:
¿Nos vas a dejar solo en este lugar?
GERMAN:
Creo que sabrás lo que tienes que hacer llegado el momento.
FABRICIO:
Pero aún así, no sé cómo tenemos que actuar. ¿Y si pasa algo malo? ¿Y si este
lugar, no lo sé, es atacado por demonios del sexo?
Fernando,
a su lado, lanzó un suspiro.
FERNANDO:
Eres la persona más fuerte de todo el lugar. Probablemente con un sólo puñetazo
derribarías este edificio.
FABRICIO:
Pero es que mi fuerza externa no suple mi inseguridad interna, Fernando.
Recordó
por qué no quiso incluir a Fabricio la primera vez que fueron en grupo.
GERMAN:
Deberá ser suficiente hasta que yo vuelva.
Sin
importarle la opinión en contrario, siguió a la señora gorda para encontrarse
con su viejo amor.
IRUPE
Irupé
escuchó el gemido de dolor que lanzó Jaime y, lejos de compadecerse por su
sufrimiento, puso los ojos en blanco.
IRUPE:
Realmente no tengo idea de por qué no quisiste hacerte esa cirugía, Jaime.
JAIME:
Porque no soy un perro, Irupé.
IRUPE:
Tranquilamente podrías haberte librado de este dolor. Como hizo Fabricio. Se
sacó el bicho del vientre y en este momento salió con Germán, quien estuvo al
borde de la muerte pero misteriosamente para ir de putas se siente mejor que
nunca. Con esto no quiero decir que deseo que te mejores para que puedas ir
tranquilamente a de putas, pero al menos
dejarás de chillar tanto y podré tener una noche de sueño tranquilo, que bien
sabes que me haces falta. Las cosas en el canal están tensas y no estoy a gusto
con la relación que están llevando Damien y Franco. Encima también está Pedro
que percibe todo pero que no puede decir nada porque él está con Lulú, que
también es mi jefa. Lulú me dijo que tenía que pedirme un favor importante y
eso me aterra...
Irupé
no pudo seguir con su monólogo. No porque Jaime se hubiera dormido, que era la
costumbre, sino porque en ese momento, los vidrios de la ventana de la
habitación salieron volando en mil pedazos.
Irupé
palideció automáticamente y luego pudo lanzar un grito de terror.
Lo
primero que vio fueron ocho patas que entraron con lentitud pero firmeza.
Y
entonces, como una imagen sumamente absurda y sin sentido, el veterinario se
hizo presente.
De
él salían las patas.
El
hombre era una araña.
IRUPE:
¿Pero qué carajo...?
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