jueves, 14 de febrero de 2019

Chapter 76


En el capítulo anterior:
Tras una batalla con Cóndor y sus cómplices, Virginia logra quitarle la reliquia y transformar a Germán en un ser humano vivo nuevamente. Pero Germán no volvió solo del mundo de los muertos. Una sombra siniestra lo acompañó.

DAMIEN

Recostaron a Germán en su propia cama. Por momentos, el muchacho despertaba y murmuraba. Tenía pequeños flashes de lucidez y luego volvía a sumergirse en la inconsciencia.
Miró a Fabricio y a Virginia, que estaban con él en la habitación.

DAMIEN: Debemos hacer guardia. No sabemos qué reacciones puede tener por esto que le pasó.
VIRGINIA: Nos iremos turnando. Al menos hasta que sepamos que Germán no tiene secuelas del ataque.
FABRICIO: Nunca se preocuparon así por mí.

Damien y Virginia lo lapidaron con la mirada.

FABRICIO: Es decir, hay un bicho dentro mío que está a punto de explotar mi estómago y a ustedes no parece importarle.
VIRGINIA: ¿Quieres que montemos guardia mientras tú duermes?
FABRICIO: Eso me haría sentir mejor.
VIRGINIA: Pues eso no pasará. Mañana parto a Campo Azul. Hernán cree encontrar una pista sobre el paradero de Ignacio.
DAMIEN: ¿Vas a poder enfrentarte a Ignacio sola?
VIRGINIA: Podré con él. Tiene el Compendio, ¿no? Y lo necesitamos.

Damien percibió que Virginia no sostuvo la mirada al hablar. Pero automáticamente asumió que iría a ver a su ex novio para revivir viejas épocas de pasión. Prefirió no meterse en el tema.

FABRICIO: Bueno, pero antes tenemos que ocuparnos de los chicos que están afuera.

Fabricio hizo referencia a las dos parejas que todavía no habían alcanzado a devolverle la vida.
Después de rescatar a Germán y que éste se desvaneciera, las dos muchachas se presentaron ante ellos sin la necesidad de continuar con los ataques. El grupo de los cuatro muertos eran personas normales que aceptaron acompañarlos para luego poder volver a la vida.
Tuvieron que abandonar el bosque porque la lluvia que estuvo amenazando durante todo el día, finalmente decidió liberar su furia. Los que estaban vivos corrían riesgo de agarrar una gripe, así que optaron por volver.
Salieron de la habitación de Germán y en su comedor estaba el resto de su grupo.
Franco estaba entusiasmado por el nuevo mundo que estaba conociendo. Celina e Irupé, por su parte, hablaban animadamente con los chicos de piel grisácea. Afuera, la lluvia caía torrencialmente.
Virginia se acercó hacia los jóvenes grises, sonriendo con gentileza.

VIRGINIA: ¿Quién quiere ser el primero?
NEREA: De eso estábamos hablando...
CAMILA: Creemos que no queremos volver a ser normales.

Virginia se quedó petrificada. Por acto reflejo, miró a Celina con odio, como si aquel cambio de planes fue idea suya.

CELINA: ¡No me mires a mí! ¡Fue idea de ellos!
IRUPE: Celina tiene razón. Que haya hablado sin parar sobre el mundo mágico no tiene nada de relación con la nueva idea de los chicos.

Damien suspiró con cansancio. Entendía a los jóvenes, pero no creía que eran conscientes de lo que estaban resignando.

DAMIEN: Chicos, ¿ustedes entienden a lo que están renunciando?

Nicolás apoyó sus grandes nalgas en la punta de la mesa.

NICOLAS: Entendemos. Lo cierto es que nunca nos sentimos mejor que ahora.
CAMILA: Aunque extraño los colores. Estos ojos sólo te permiten ver en blanco y negro.
FEDERICO: Pero mi miopía se curó automáticamente. No necesito los lentes. Puedo ver mejor que nunca.
NEREA: Y me siento poderosa. Tengo una fuerza increíble.
CELINA: Yo los entiendo. De verdad, preferiría morir en lugar de volver a ser una persona normal.

Damien prefirió ignorar el comentario de Celina.

DAMIEN: ¿Y sus familias?
NEREA: Iremos a verlos. Pero dudo que nos acepten en nuestra nueva forma.
FEDERICO: Pensamos en diferentes lugares donde podemos ir. Quizá estemos un poco recluidos un tiempo, pero podemos formar un nuevo lugar.
NICOLAS: Además, ustedes mismos dijeron que cada vez más personas se revelan con poderes sobrenaturales. No va a costar mucho antes de que dejemos de ser unos extraños de pieles raras.
DAMIEN: Pueden caer fácilmente bajo los efectos de un nigromante. Cóndor no es el único que existe.
FEDERICO: Ustedes también pueden caer bajo los efectos de cualquier persona poderosa. Nosotros solo tenemos que temer a los nigromantes.
CAMILA: Y a las llamas.
CELINA: Por Dios, ya te pedí disculpas mil veces. ¿Pero es que nunca superas nada?

Damien miró a Virginia, que no expresaba estar muy de acuerdo con todo lo que estaba escuchando.
No obstante, no emitió opinión en contrario.

VIRGINIA: Parece que lo pensaron bastante bien. Si en algún momento alguno se arrepiente... Es decir, no sé cuánto tiempo tendremos para que vuelvan a la vida y si es que existe un límite, pero podemos intentarlo.

Los chicos estuvieron de acuerdo.
Damien observó en compañía de Fabricio cuando los cuatro se adentraron a la lluvia y se marcharon del barrio, en el auto que originalmente los había traído.

FABRICIO: ¿Sabes qué envidio de ellos?
DAMIEN: ¿La capacidad de encontrar un nuevo plan de vida en un momento tan complicado?
FABRICIO: No. Que se tienen entre sí. Que si uno de ellos quedara embarazado, no lo sé, de una araña mutante, no lo dejarían abandonado. También envidio a Germán, porque todos estamos preocupados por su bienestar...
DAMIEN: Ay, por todos los cielos, te acompañaré a que abortes. ¿Conforme?
FABRICIO: Un poco.

CELINA

El veterinario era un muchacho joven que unos imponentes ojos claros. Tenía barba de varios días en el rostro y, si no fuera por ello, Celina dedujo que se luciría como un púber.
Acompañaron junto con Damien a que Fabricio tuviera una entrevista. Ya que los médicos no querían abortar a la araña que crecía dentro de él, tal vez con el veterinario tendrían mejor suerte.
Lautaro Crespo sostenía la ecografía de Fabricio en lo alto, fascinando.
Damien, que se ubicó en la parte de atrás junto con Celina, se acercó para susurrarle al oído.

DAMIEN: Tenías razón. Es muy atractivo.
CELINA: Y es para mí, Damien. No vas a acostarte con cada persona linda que nos encontremos. Estoy harta.
DAMIEN: Tú me pediste que los acompañe.
CELINA: Tú quisiste venir cuando te dije que era atractivo.
DAMIEN: ¿Quién puede recordar quién incitó a quién, Celina?

Fabricio giró su rostro para lanzarles una mirada molesta. Estaba nervioso.

LAUTARO: Es fascinante. ¿De verdad hay otra persona en la misma condición?
FABRICIO: Sí, un amigo también fue embarazado por este animal mutante. Nada más que prefirió no acompañarme porque no creía que un veterinario serviría de algo.
LAUTARO: Creo que podremos hacer algo.

Fabricio suspiró aliviado. Celina no se había dado cuenta, pero también se relajó al enterarse que alguien le salvaría la vida a su amigo.

CELINA: Oh, doctor, es usted muy complaciente. ¿Acaso hay una señora veterinaria esperándolo en casa?

Damien la lanzó una mirada lapidaria, pero ella continuó con la vista al frente, segura de la herramienta que utilizó.
El veterinario sacó los ojos de la radiografía y los miró con una sonrisa.

LAUTARO: Acabo de salir de una relación. No estoy interesado en conocer a nadie más, de momento.
DAMIEN: Pero no es necesario conocer a alguien para...
LAUTARO: Tampoco estoy con ánimos de sexo casual. Pero gracias a ambos por sus intenciones.

Damien y Celina agacharon la cabeza, apenados.

LAUTARO: En estos momentos, estoy interesado en él.

Fabricio se movió inquieto en su silla.

FABRICIO: Verá, doctor, usted me halaga, pero la verdad es que...
LAUTARO: En lo que llevas en tu interior.
FABRICIO: Oh, claro. Qué suerte.
LAUTARO: A juzgar por el tamaño, no será más que un pequeño corte que deberé hacer a tu estómago. Puedo extraerlo fácilmente. Pero debes saber que esta es una práctica ilegal. No soy un médico para personas.
FABRICIO: Lo entiendo perfectamente. Pero también vamos a convenir que lo que llevo en mi interior no es una persona.
LAUTARO: En eso estamos de acuerdo. Bien, prepararé la sala de operaciones. En media hora te podrás ir sin eso.
FABRICIO: ¿Quiere que me opere... ya?
LAUTARO: ¿Deseas conservarlo más tiempo?
FABRICIO: No, cuanto antes mejor.

Todos los miembros de la reunión salieron de la oficina del veterinario. Lautaro se marchó a otro salón, probablemente la sala donde hacía la cirugía a animales. Celina y Damien se quedaron con Fabricio.

DAMIEN: ¿Estás seguro que esto es lo mejor?
FABRICIO: Es lo que puedo pagar.
DAMIEN: Si tienes problemas de dinero...
FABRICIO: Quiero quitarme esto cuanto antes. Si me llegara a pasar algo, pueden quedarse con... Bueno, no tengo nada, así que nada les dejaré.
CELINA: Estaremos contigo hasta que todo termine.
FABRICIO: Desean descubrir si logran que el veterinario cambie de idea, ¿verdad?
DAMIEN: Totalmente.
CELINA: Es que es tan lindo.

IRUPE

Mordió una tetilla de Edgar y se excitó al escuchar el gemido de placer que el hombre profirió.
Habían tenido relaciones ya dos veces e Irupé estaba insaciable. La experiencia cercana a la muerte de esa misma tarde, la hizo delirar.
Casi se permitió angustiarse cuando le designaron la primera guardia de Germán. Por suerte, Edgar apareció como enviado por Dios para ayudarla a matar las horas de aburrimiento en el salón.
De vez en cuando, mientras Edgar la penetraba, cerraba los ojos y recordaba del beso que le dio Ignacio, el propio hijo de su amante. Y su morbo no conocía límites y, claramente, tampoco tenía rumbo.
Su teléfono sonó y, por acto reflejó, se obligó a dejar todo lo que hacía para contestarlo. No era todavía consciente del nuevo peinado que estaba utilizando, por lo que sus múltiples trenzas le dieron de lleno en la cara a Edgar, quien se quejó.
Irupé chistó para que se callara. Era Celina.

IRUPE: ¿Qué quieres?
CELINA: ¿Esa es la forma de saludarme? ¿Qué diablos ocurre contigo?
IRUPE: Perdóname... Estaba ocupada. ¿Qué quieres?
CELINA: Te quería contar que Fabricio está sometiéndose a una cirugía para que le extraigan el bicho que tiene en el estómago. El veterinario al que vinimos estuvo entusiasta de hacerle la cirugía.
IRUPE: Eso es fantástico. Peligroso, pero me alegro que finalmente lo haga.

Edgar, lejos de respetar la conversación, humedeció dos dedos con su saliva y comenzó a meterlos dentro de ella.

CELINA: Es para que le avises a Jaime.
IRUPE: Ay, ay... ¿A quién?
CELINA: A tu marido, Irupé. También está embarazado, ¿recuerdas?
IRUPE: Ah, ese. Cierto. Le avisaré cuando lo vea. Todavía no volvió del trabajo.
CELINA: Ciertamente, creo que es peligroso que esta cirugía la haga un veterinario, pero el hombre parece bastante especializado. Bueno, todavía no es un hombre propiamente dicho. Es joven y muy atractivo. Tiene unos ojazos...
IRUPE: Me lo cuentas luego. La comida me está quemando.

Cortó la llamada y volvió a concentrarse en el mástil de Edgar. Apasionados, mientras cuidaban del muchacho que había retornado de la muerte.

MOMENTO MUSICAL

Mientras cantan esta agradable canción, Irupé y Edgar copulan como conejos.



EDGAR:
Sé muy bien
que no hay flores en la mesa.
Nadie vino a hablar de amor.
IRUPE:
Lo miré
esperando una respuesta
pero sólo me besó.

EDGAR:
Cuando vi
el final de la botella
comprendí
que hay momentos que no esperan.
IRUPE:
Y dejándome llevar
por la marea
navegué en su habitación.

AMBOS:
Nos faltó razón.
Nos sobró la ropa.
EDGAR:
Nos venció el alcohol.
IRUPE:
Todo se incendió.
AMBOS:
Bajo aquella luz
de una noche loca.
IRUPE:
Las mentiras sabían mejor.

EDGAR:
Desperté
con su nombre en la cabeza
pero tuve que olvidar.
IRUPE:
Me marché
pero no cerré la puerta.
No lo quise despertar.

EDGAR:
Le dejé
un adiós sobre la mesa.
Me llevé
un "lo siento" de ida y vuelta.
IRUPE:
Y dejándome llevar
por la marea
evité mirar atrás.

AMBOS:
Nos faltó razón.
Nos sobró la ropa.
EDGAR:
Nos venció el alcohol.
IRUPE:
Todo se incendió.
AMBOS:
Bajo aquella luz
de una noche loca.
IRUPE:
Las mentiras sabían mejor.

EDGAR:
Y entre tantas dudas
hoy prefiero despertar
sin hacer preguntas.

LAUTARO

La operación no fue difícil. Una pequeña incisión, un succionador y el bicho que estaba dentro de Fabricio fue a parar a un pequeño frasco.
Estaba sorprendido, fascinado por el animal que nunca antes había visto.
Estaba vivo.

LAUTARO: Si no les molesta, me quiero quedar con esto.
FABRICIO: Yo no lo necesito. Además, estaré ocupado demandándote por hacerme una cirugía cuando no estás capacitado.

Lautaro no respondió. Estaba pensando en lo que haría a continuación apenas esos muchachos se marcharan.

FABRICIO: Es broma. Estoy más que agradecido porque salvaste mi vida.
DAMIEN: Vámonos antes que sigas haciendo chistes.

La muchacha, antes de irse con los chicos, se acercó hacia él con el rostro inmune de expresión.

CELINA: Si necesita un hombro para llorar por su separación, no dude en contar conmigo.

Luego se dio media vuelta y se marchó.
Lautaro no iba a esperar hasta el día siguiente. Fue hacia el consultorio, sacó dos agujas y drenó la sangre del bicho que extrajo del estómago del paciente.
Dudó un momento, sólo un segundo, considerando que aquello podía ser peligroso.
Pero estaba convencido que funcionaría.
Ajustó su brazo y encontró una vena.
Respirando con cierto temor, vertió todo el contenido de la jeringa, mezclando su sangre con la de la araña mutante.
Ahora sólo quedaba esperar a ver si sucedía algo extraordinario.

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