viernes, 18 de enero de 2019

Chapter 67


DAMIEN

Tras la charla interconsciencia que tuvo con su grupo gracias a la evocación de Zack, Damien se despierta en el piso. Está en el patio de la casa de Lorena.
Mira a Germán, que también ha reaccionado. Luego, en el portal, descubre que Theo y Guido están teniendo una tensa conversación.

GUIDO: De acuerdo. Te propongo lo siguiente. Te devuelvo al muchacho y tú me dejas atrapado aquí. Dejas que sea mi nuevo hogar para siempre. Enciérrame como hiciste con Cóndor.
THEO: Quieres quedarte entre las cosas de ella.
GUIDO: Tú no lo entiendes. No sabes todo lo que significó ella en mi vida.
THEO: Lo entiendo. ¿Por qué crees que nunca me deshice de ti? Que vayas a atormentarme todas las noches transformado en Lorena, era una forma de volver a verla.
DAMIEN: Dios. Cuánta melancolía.

Ninguno de los dos hace el menor intento por prestarle atención.

GUIDO: Ella sólo te amaba a ti, Theo. Sé que nunca vas a perdonarme. Por eso, sólo te pido que me dejes vivir en su casa.

Theo parece meditarlo. Damien cree entender que está ante una decisión compleja. Y es obvio que no quiere realizar el conjuro que lo haga desaparecer por completo.

THEO: Deja ir al muchacho y cerraré las puertas de esta casa para siempre. A diferencia de Theo, tú no podrás interactuar con el exterior. Sellaré los orificios a prueba de sonido, para que no engañes a nadie ni te deje salir. ¿Esta es la vida después de la muerte que quieres? Tal vez en el Más Allá...
GUIDO: Eso quiero. No voy a comprobar qué sucede en el Más Allá.

Theo asiente, sin ganas. Guido, aparentemente feliz de obtener el negocio que quiere, vuelve a entrar en la casa.
Damien se acerca hacia Theo, con tranquilidad.

DAMIEN: ¿Lo vas a dejar vivir aquí? ¿Por qué?
THEO: Porque alguien abrió La Puerta. ¿Ustedes dos también lo sintieron, no?
GERMAN: Sí, lo sentimos.
DAMIEN: ¿Pero y eso que tiene que ver?
THEO: Tiene que ver porque el mundo mágico está de fiesta. Lo dejaré quedarse a Guido encerrado aquí por ahora. Pero creo que esta vez, puedo volver al pasado y evitar que muera.

GERMAN

Germán y Damien intercambian una mirada de desconcierto ante el plan de Theo.

DAMIEN: ¿Quieres volver al pasado y evitar su muerte?
THEO: La de él y la de Laura.
GERMAN: Pero no puedes alterar el pasado.
THEO: No podía. Creo que ahora sí. Creo que ahora los puedo salvar a ambos. Por eso mismo, necesito que quede encerrado hasta que lo descubra y no hacerlo desaparecer.
DAMIEN: ¿Y qué hay si escapa?
THEO: No. Haré un conjuro eficaz. Guido no podrá escapar de aquí.

La puerta se abre y un adolorido Fernando sale del interior. Mira a los chicos con una sonrisa entristecida.

FERNANDO: Pensé que me habían abandonado.

Damien y Germán se acercan para que se apoye en ellos y puedan sacarlo de aquí.

THEO: Espérenme en la vereda. Este conjuro los puede llegar a afectar a ustedes.

Los tres obedecen, mientras Theo comienza a hacer un hechizo para encerrar a su amigo, con la esperanza de que esta vez, pueda llegar a salvarle la vida.
Germán mira a Damien, mientras sienten la energía del conjuro de Theo.

GERMAN: Si fueras Theo, ¿volverías al pasado para salvarme la vida?
DAMIEN: Depende. ¿Con cuál de mis amantes te piensas acostar?
GERMAN: Olvídalo.
DAMIEN: Es decir, para que yo sea Theo, tú tienes que acostarte con alguien que a mí me guste. Eso significa que tendrás que hacer cosas gays.
GERMAN: Olvídate de mi pregunta, Damien.
DAMIEN: Y es injusto que después de toda la escena que me hiciste porque tuvimos sexo, tú ahora decidas acostarte con otros. ¿Llegamos ya a ese punto de la relación?

Germán murmura una maldición y mira hacia otro lado. Fernando, que está entre medio de ambos, no entiende nada.

FERNANDO: No sé en qué clase de conversación estoy, pero me sentiría más cómodo si me sueltan.

FABRICIO

Fabricio mira con decisión los barrotes de su jaula. No se da cuenta que Jaime lo observa con preocupación.

JAIME: ¿Estás bien? Te desmayaste.
FABRICIO: Estoy bien, querido Jaime. Creo que puedo sacarnos de aquí.
JAIME: ¿Tuviste uno de esos viajes místicos en donde despiertas y crees que tienes la habilidad para hacer algo que en realidad no tienes? Porque tienes esa sonrisa de "voy a llevarme al mundo por delante" sólo hasta que te des cuenta que estamos atrapados eternamente aquí.

Fabricio lo mira de reojo.

FABRICIO: Maldita sea, Jaime, eres un poco negativo.
JAIME: Creo que son las hormonas por el embarazo.

Fabricio no duda de su poder. Mira los barrotes de la celda, se concentra y luego, con toda la furia, arremete contra ellos. Los barrotes se desprenden con facilidad y Fabricio logra su libertad.

JAIME: ¡No puede ser!
FABRICIO: Te dije que eras muy negativo.

Confiado, va hacia la jaula de Jaime y con menos esfuerzo que la vez anterior, lo desprende.

JAIME: ¿Qué ha pasado?
FABRICIO: Ahora soy El Increíble Fabricio.
JAIME: ¿No te deberías poner verde?
FABRICIO: Espero que no. El verde no me queda bien. ¿Qué te parece si nos vamos de aquí?

En eso, escuchan un ruido del otro lado de la puerta del granero.

FABRICIO: Parece que tenemos compañía.
JAIME: ¿Ahora que tienes poderes, es necesario que digas una frase trillada al azar que no aporta nada a la trama?
FABRICIO: ¿Te vas a quejar de todo?
JAIME: La costumbre. Vivo con Irupé.
FABRICIO: Encuentra una salida. Yo veré cómo puedo retener la puerta del granero.

VIRGINIA

Virginia abrió los ojos de repente. Fabián e Ignacio estaban aterrorizados. No era para menos. Tras la pérdida de consciencia, el auto cayó a banquina.

FABIAN: ¿¡Qué diablos te pasó!? ¿Te dormiste? ¿Manejando?
VIRGINIA: Pasó algo.
IGNACIO: Lo sentí también. Aunque no me desvanecí.

Fabián miró a Ignacio y luego se volvió a mirar a Virginia.

FABIAN: ¿Qué sucedió? ¿Esto es algo de esas cosas raras de magia que tienen ustedes?

Los dos muchachos asintieron. Virginia hizo girar la llave para arrancar el auto pero éste no cedió.

VIRGINIA: Creo que no funciona.
FABIAN: Tendremos que llamar a una grúa.
VIRGINIA: No tenemos tiempo. Vamos a tener que usar un hechizo para ir hasta Hernán.
IGNACIO: ¿Teletransportación?
VIRGINIA: Sí. Creo que es la única manera.
FABIAN: ¿Y qué será del automóvil?
VIRGINIA: Lo mandaremos a buscar después. Bien, tengo que pensar en una forma de realizar el conjuro y evitar que salga mal.
IGNACIO: Y que nos lleve a nosotros también. Tienes prohibido dejarme aquí.

Virginia puso los ojos en blanco.

VIRGINIA: Ya entendí, Ignacio. No pienso abandonarte en medio de la nada. Dios, eres tan molesto como tu padre.

Ignacio se quedó dolido por la comparación, pero a Virginia no le importan sus sentimientos. Está pensando en lo que debe decir.

VIRGINIA: Necesitamos encontrar un libro que lo tiene mi ex Hernán. Cerraremos los ojos y al abrirlos, nos encontraremos donde él está.

Los tres automáticamente cerraron los ojos.
Al volverlos a abrir, los tres se encontraban dentro de un pequeño baño y un Hernán que está sentado en el inodoro, los miró con verdadero terror.

HERNAN: Supongo que hay una explicación para esto.
VIRGINIA: La hay.
HERNAN: ¿Podrían contármela dentro de cinco minutos? ¿Cuando yo salga de aquí?

Los tres asintieron y, apenados, salieron del baño.

IRUPE

Cuando abrieron la puerta de la casa, Irupé corrió a recibir a Fernando. Celina fue detrás de ella. Joseph se quedó en el sillón.

IRUPE: ¡Fernando! ¡Qué suerte que estás bien! Si supieras todas las cosas que he hecho para rescatarte.
CELINA: Y ninguna funcionó.
IRUPE: Se entendía, Celina.
CELINA: Además, no es que hiciste mucho. Sólo robaste una reliquia importante y liberaste a un nigromante.
JOSEPH: Que se llevó a Bruno.

Irupé se vuelve furiosa contra Joseph.

IRUPE: ¡Que ya no está muerto, Joseph! ¿Por qué nadie ve el lado positivo de la situación?

Todos le lanzan una mirada inquisitiva.

IRUPE: ¡Está bien! ¡Me equivoqué! ¿De acuerdo? Jamás imaginé que no se podía confiar en alguien adicto a jugar con los muertos.
DAMIEN: Bueno, no tendremos que alarmarnos por mucho. Theo cree que ahora puede cambiar al pasado.

Irupé se sorprende por sus palabras. Joseph se incorpora del sillón, también emocionado. Celina, en cambio, parece que acaba de recibir su regalo de cumpleaños.

CELINA: ¿¡De verdad!? ¡Oh, Dios! ¡Vas a poder salvar a los chicos del campamento!
THEO: Lo intentaré. Mi prioridad, de todos modos, será otra. Voy a volver en el tiempo y evitar que mis amigos obtengan sus poderes.

Theo se centra en la fotografía donde los cuatro muchachos sonríen a la cámara.

CELINA: ¿Y qué podemos hacer?
THEO: Ustedes no harán nada. Esta es mi propia guerra.
CELINA: ¿Tendremos un spinoff de ti?

Theo sonríe por su comentario e Irupé se sorprende que sepa lo que significa esa palabra.

THEO: He liberado a su amigo. Creo que ustedes deben tener asuntos que resolver en Estrella Dorada. Hace casi tres días que no duermo y necesito recuperar energía para hacer mi viaje al pasado. Ha sido un placer conocerlos, muchachos. Espero que nos volvamos a cruzar en esta vida. Siempre serán bien recibidos en esta casa.

Comienza a caminar hacia las habitaciones, ante la sorpresa de todos.

IRUPE: Espera... ¿No vas a esperar a que nos vayamos antes de echarte a dormir?
THEO: Son libres de quedarse o marcharse cuando deseen, amigos míos.

Sonríe una vez más y se va hacia el pasillo. Irupé se vuelve hacia los demás.

IRUPE: Por confiar tanto en la gente, después terminan robándole amuletos mágicos importantes.

Una vez más, todos la miran mal.

IRUPE: Bueno, chicos, pero es que es verdad.

FABRICIO

Fabricio sostiene sin problemas la puerta del granero. Jaime, por su parte, en lugar de encontrar una salida, está buscando por los rincones del establo.

FABRICIO: ¿Se puede saber qué estás haciendo?
JAIME: Buscando nuestra ropa, Fabricio. No voy a salir desnudo de un establo contigo.
FABRICIO: Pareciera que te avergüenzas de mí.
JAIME: Ni siquiera me voy a poner a discutir esto. ¡La encontré!

Jaime se viste rápidamente y le tira su ropa a Fabricio.

FABRICIO: No puedo vestirme si estoy sosteniendo la puerta. Vas a tener que venir a vestirme tú.
JAIME: Eso no va a pasar.
FABRICIO: ¡Por favor, Jaime! ¿Prefieres que nos maten las arañas?

Jaime se queda pálido y sin responder.

FABRICIO: ¡Jaime!
JAIME: Estoy evaluando las opciones.
FABRICIO: ¡Sólo ponme la ropa!

Jaime, fastidiado por su mala suerte, va a vestir a Fabricio.

JAIME: ¡Deja de moverte tanto que tu amigo se mueve!
FABRICIO: Estoy sujetando a unas arañas mutantes que quieren entrar a devorarnos. Disculpa si no puedo hacer que mi pene se quede quieto. Pásame aquel hierro. Trabaremos la puerta. Nos dará unos minutos de distancia para escapar.

Jaime le pasa un barrote de hierro con el que traban las puertas del granero. Vestidos y asegurados, los dos muchachos corren hacia una pequeña ventana por la que salen.
Afuera, en el exterior, vuelven a ver brillar la luz del sol.

JAIME: ¿Y ahora?
FABRICIO: Ahora corremos. Lo más lejos posible de aquí. Y vamos a una clínica porque tenemos que realizarnos un aborto.

VIRGINIA

Ignacio miraba por la ventana de lo que parecía ser un discreto departamento. Virginia y Fabián tomaron asiento en las sillas alrededor de una mesa de plástico. Sintió un poco de compasión por la precaria vida que estaba obligándose a llevar su ex, luego de aceptar el trato con Fernando para escapar de prisión.
Hernán salió del baño sin dejar de apreciarlos como unos fantasmas que han aparecido de la nada. No obstante, no estaba sorprendido.

HERNAN: Supongo que las cosas cambiaron un poco desde que me fui.
VIRGINIA: Si te refieres a si ahora tenemos habilidades sobrenaturales, sí, las tenemos.
HERNAN: Qué bien.
VIRGINIA: Un mundo con el que creo que estás familiarizado.

Hernán la miró pero no pudo sostener la mirada. Agachó la cabeza, cual criatura a la que descubren en medio de una travesura.

HERNAN: No podía decirte nada.
VIRGINIA: Sé que tienes el libro, Hernán. El Compendio.

Esta vez, Hernán vuelve a levantar la cabeza, asombrado. No. Asustado.

HERNAN: ¿Cómo es que sabes esto?
FABIAN: Hicimos un relajante viaje al pasado y vimos como muchas personas morían desgarradas ante nosotros. Realmente tengo imágenes en mi cabeza que me acompañarán a dormir en casa noche de mi vida.
HERNAN: ¿Estuvieron en el campamento? ¿Te encontraste con...?
VIRGINIA: Con Margaret. Sí. Y me encantaría saber cuál es tu vínculo con ella. Y por consiguiente, saber si tu vínculo con Margaret está relacionado con la historia que tuvimos.
HERNAN: Tenemos.
VIRGINIA: Tuvimos.
IGNACIO: ¿En dónde estamos?

La pregunta de Ignacio desconcertó a la pareja que se giró a mirarlo. Ignacio dejó de ver por la ventana y se volvió hacia ellos.

IGNACIO: Quiero saber dónde estamos porque quiero volver a Estrella Dorada.
HERNAN: ¿Cómo es que estás en libertad?
IGNACIO: Me las ingenié para permanecer afuera.

Virginia puso nuevamente los ojos en blanco. Se incorporó de su silla y se acercó a Hernán.

VIRGINIA: No tenemos mucho tiempo y yo necesito respuestas, Hernán. Así que si no me las piensas dar, las extraeré de ti.

No estaba segura de cómo funcionaba aquello, pero iba a experimentar.
Hernán no puso resistencia cuando Virginia lo tomó del brazo. Y probablemente tampoco lograba comprender el momento en que ella empezaba a hurgar en su cabeza y descubrir toda la verdad.

EL HOMBRE CALMO

Se despertó cuando sintió que el aire no ingresaba a su organismo. Abrió los ojos, asustado, y pudo ver al muchacho que rescataron sosteniendo un pañuelo sobre su nariz y su boca. Quiso moverse para quitárselo de encima, pero sus manos estaban atadas a la cama. Quiso gritar, pero fue imposible.

FERNANDO: ¿Realmente pensaste que creería que me dejarías vivir en la casa de Lorena para siempre?

Aquella mirada. Era un cuerpo diferente, pero la reconocía. Era la misma mirada de su novia cuando le exigía que lo deje entrar en casa a medianoche. La mirada que le aseguraba que no era ella.

FERNANDO: ¿Y realmente crees que voy a dejarte cambiar el pasado?

Lo entendió. Con terror asumió que se había equivocado. Quien estaba asfixiándolo era el propio Guido. ¿Dónde estaba el verdadero Fernando?

FERNANDO: Hasta pensé en irme de este pueblo y dejarte vivir, ¿sabes? Tenía ganas de volverte a ver en unos años y contarte que sellaste la casa, dejando dentro a un chico inocente. Y más feliz estaría de ver tu rostro cuando te des cuenta que el chico murió de hambre y de sed, porque no tenía manera de salir de ese hogar. Pero ahora que sé cuál es tu plan... Eres peligroso, Theo.

Las fuerzas comienzan a agotarse. El mundo comienza a volverse borroso. Todo deja de tener sentido.

FERNANDO: Hasta siempre, Theo.

CELINA

Estaba atravesando el pasillo con sus maletas cuando vio a Fernando salir de una de las habitaciones.

CELINA: ¿Acabas de salir de la habitación de Theo?

Fernando la miró con sorpresa y luego se rió.

FERNANDO: Quería hablar con él antes de irnos. Confiaba en que todavía no se había dormido, pero ya está en otro mundo.
CELINA: Oh, cierto. Tú viniste a hablar sobre Margaret. Bueno, pero no tienes de qué preocuparte. Hemos descubierto cosas sobre ella y creo que Virginia está tras la pista de su hermana.

Fernando pareció un poco desconcertado por su explicación.

FERNANDO: ¿Ah, sí?
CELINA: Sí. Te contaré todo en el viaje. Iré contigo y con Germán. Joseph ya se llevó a Irupé y a Damien.
FERNANDO: Bien. Ustedes dos serán mis acompañantes hasta Estrella Dorada entonces.

Ambos sonríen y salen al exterior de la casa.

VIRGINIA

Lo soltó.
Virginia abrió los ojos con el rostro empapado en lágrimas.
No podía ser cierto.
Hernán no lograba comprender lo que había pasado, pero Ignacio y Fabián estaban atentos a lo que fuera a pasar a continuación.

VIRGINIA: Dime que no es verdad.
HERNAN: ¿De qué hablas? ¿Qué hiciste?
FABIAN: Virginia entró en tu mente. Puede acceder a todos tus recuerdos.
HERNAN: Oh... ¡Ooooohhh!

El muchacho se puso automáticamente colorado.

HERNAN: Puedo explicarlo todo.
VIRGINIA: Sólo me interesa saber lo de Margaret. Dime que no es verdad.
HERNAN: La orden fue clara. Virginia no podía saberlo.
VIRGINIA: ¿¡Y durante todos estos años sostuviste esta mentira y me hiciste quedar como una loca!?
HERNAN: Es que tú estabas al margen de todo esto. Además, no ibas a poder tolerarlo. Margaret me dijo que era necesario para sobrevivir.

Sin poder evitarlo, Virginia hizo resonar el cachete de Hernán de un sólo golpe.
Fabián e Ignacio se pusieron en posición defensiva, aunque Hernán no tuvo ninguna intención de defenderse.

FABIAN: Virginia... ¿Qué sucede? ¿Por qué de repente lo estás golpeando? No estamos entendiendo nada.
IGNACIO: Déjalos. Es divertido.

Fabián miró a Ignacio, quien se encogió en hombros.

IGNACIO: La violencia me divierte. Ya lo sabían.

Virginia, lejos de parecerle chistoso, miró a Hernán con odio.
Eso era lo que sentía por él. Un colosal odio y desprecio. Aunque también sabía, muy dentro suyo, que no era su culpa.

FABIAN: Virginia...

Ella suspiró, decidida a confesar la realidad.

VIRGINIA: Margaret no existe.
FABIAN: ¿Qué?
HERNAN: En realidad... La que no existe es Virginia.
IGNACIO: Vaya. Esto es mejor que la violencia.
FABIAN: ¿Qué significa que Virginia no existe?
VIRGINIA: Que yo soy Margaret. La noche que robé el Compendio, hice un conjuro para borrar mi memoria. Nunca existió mi gemela. Me la inventé.

Virginia, o Margaret, o Valeria, o como se llamara, pese a estar acompañada por tres personas, se sintió terriblemente sola.
Y, en especial, culpable.

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