DAMIEN
Tras
la charla interconsciencia que tuvo con su grupo gracias a la evocación de
Zack, Damien se despierta en el piso. Está en el patio de la casa de Lorena.
Mira
a Germán, que también ha reaccionado. Luego, en el portal, descubre que Theo y
Guido están teniendo una tensa conversación.
GUIDO:
De acuerdo. Te propongo lo siguiente. Te devuelvo al muchacho y tú me dejas
atrapado aquí. Dejas que sea mi nuevo hogar para siempre. Enciérrame como
hiciste con Cóndor.
THEO:
Quieres quedarte entre las cosas de ella.
GUIDO:
Tú no lo entiendes. No sabes todo lo que significó ella en mi vida.
THEO:
Lo entiendo. ¿Por qué crees que nunca me deshice de ti? Que vayas a
atormentarme todas las noches transformado en Lorena, era una forma de volver a
verla.
DAMIEN:
Dios. Cuánta melancolía.
Ninguno
de los dos hace el menor intento por prestarle atención.
GUIDO:
Ella sólo te amaba a ti, Theo. Sé que nunca vas a perdonarme. Por eso, sólo te
pido que me dejes vivir en su casa.
Theo
parece meditarlo. Damien cree entender que está ante una decisión compleja. Y
es obvio que no quiere realizar el conjuro que lo haga desaparecer por
completo.
THEO:
Deja ir al muchacho y cerraré las puertas de esta casa para siempre. A
diferencia de Theo, tú no podrás interactuar con el exterior. Sellaré los
orificios a prueba de sonido, para que no engañes a nadie ni te deje salir.
¿Esta es la vida después de la muerte que quieres? Tal vez en el Más Allá...
GUIDO:
Eso quiero. No voy a comprobar qué sucede en el Más Allá.
Theo
asiente, sin ganas. Guido, aparentemente feliz de obtener el negocio que
quiere, vuelve a entrar en la casa.
Damien
se acerca hacia Theo, con tranquilidad.
DAMIEN:
¿Lo vas a dejar vivir aquí? ¿Por qué?
THEO:
Porque alguien abrió La Puerta. ¿Ustedes dos también lo sintieron, no?
GERMAN:
Sí, lo sentimos.
DAMIEN:
¿Pero y eso que tiene que ver?
THEO:
Tiene que ver porque el mundo mágico está de fiesta. Lo dejaré quedarse a Guido
encerrado aquí por ahora. Pero creo que esta vez, puedo volver al pasado y
evitar que muera.
GERMAN
Germán
y Damien intercambian una mirada de desconcierto ante el plan de Theo.
DAMIEN:
¿Quieres volver al pasado y evitar su muerte?
THEO:
La de él y la de Laura.
GERMAN:
Pero no puedes alterar el pasado.
THEO:
No podía. Creo que ahora sí. Creo que ahora los puedo salvar a ambos. Por eso
mismo, necesito que quede encerrado hasta que lo descubra y no hacerlo
desaparecer.
DAMIEN:
¿Y qué hay si escapa?
THEO:
No. Haré un conjuro eficaz. Guido no podrá escapar de aquí.
La
puerta se abre y un adolorido Fernando sale del interior. Mira a los chicos con
una sonrisa entristecida.
FERNANDO:
Pensé que me habían abandonado.
Damien
y Germán se acercan para que se apoye en ellos y puedan sacarlo de aquí.
THEO:
Espérenme en la vereda. Este conjuro los puede llegar a afectar a ustedes.
Los
tres obedecen, mientras Theo comienza a hacer un hechizo para encerrar a su
amigo, con la esperanza de que esta vez, pueda llegar a salvarle la vida.
Germán
mira a Damien, mientras sienten la energía del conjuro de Theo.
GERMAN:
Si fueras Theo, ¿volverías al pasado para salvarme la vida?
DAMIEN:
Depende. ¿Con cuál de mis amantes te piensas acostar?
GERMAN:
Olvídalo.
DAMIEN:
Es decir, para que yo sea Theo, tú tienes que acostarte con alguien que a mí me
guste. Eso significa que tendrás que hacer cosas gays.
GERMAN:
Olvídate de mi pregunta, Damien.
DAMIEN:
Y es injusto que después de toda la escena que me hiciste porque tuvimos sexo,
tú ahora decidas acostarte con otros. ¿Llegamos ya a ese punto de la relación?
Germán
murmura una maldición y mira hacia otro lado. Fernando, que está entre medio de
ambos, no entiende nada.
FERNANDO:
No sé en qué clase de conversación estoy, pero me sentiría más cómodo si me
sueltan.
FABRICIO
Fabricio
mira con decisión los barrotes de su jaula. No se da cuenta que Jaime lo
observa con preocupación.
JAIME:
¿Estás bien? Te desmayaste.
FABRICIO:
Estoy bien, querido Jaime. Creo que puedo sacarnos de aquí.
JAIME:
¿Tuviste uno de esos viajes místicos en donde despiertas y crees que tienes la
habilidad para hacer algo que en realidad no tienes? Porque tienes esa sonrisa
de "voy a llevarme al mundo por delante" sólo hasta que te des cuenta
que estamos atrapados eternamente aquí.
Fabricio
lo mira de reojo.
FABRICIO:
Maldita sea, Jaime, eres un poco negativo.
JAIME:
Creo que son las hormonas por el embarazo.
Fabricio
no duda de su poder. Mira los barrotes de la celda, se concentra y luego, con
toda la furia, arremete contra ellos. Los barrotes se desprenden con facilidad
y Fabricio logra su libertad.
JAIME:
¡No puede ser!
FABRICIO:
Te dije que eras muy negativo.
Confiado,
va hacia la jaula de Jaime y con menos esfuerzo que la vez anterior, lo
desprende.
JAIME:
¿Qué ha pasado?
FABRICIO:
Ahora soy El Increíble Fabricio.
JAIME:
¿No te deberías poner verde?
FABRICIO:
Espero que no. El verde no me queda bien. ¿Qué te parece si nos vamos de aquí?
En
eso, escuchan un ruido del otro lado de la puerta del granero.
FABRICIO:
Parece que tenemos compañía.
JAIME:
¿Ahora que tienes poderes, es necesario que digas una frase trillada al azar
que no aporta nada a la trama?
FABRICIO:
¿Te vas a quejar de todo?
JAIME:
La costumbre. Vivo con Irupé.
FABRICIO:
Encuentra una salida. Yo veré cómo puedo retener la puerta del granero.
VIRGINIA
Virginia
abrió los ojos de repente. Fabián e Ignacio estaban aterrorizados. No era para
menos. Tras la pérdida de consciencia, el auto cayó a banquina.
FABIAN:
¿¡Qué diablos te pasó!? ¿Te dormiste? ¿Manejando?
VIRGINIA:
Pasó algo.
IGNACIO:
Lo sentí también. Aunque no me desvanecí.
Fabián
miró a Ignacio y luego se volvió a mirar a Virginia.
FABIAN:
¿Qué sucedió? ¿Esto es algo de esas cosas raras de magia que tienen ustedes?
Los
dos muchachos asintieron. Virginia hizo girar la llave para arrancar el auto
pero éste no cedió.
VIRGINIA:
Creo que no funciona.
FABIAN:
Tendremos que llamar a una grúa.
VIRGINIA:
No tenemos tiempo. Vamos a tener que usar un hechizo para ir hasta Hernán.
IGNACIO:
¿Teletransportación?
VIRGINIA:
Sí. Creo que es la única manera.
FABIAN:
¿Y qué será del automóvil?
VIRGINIA:
Lo mandaremos a buscar después. Bien, tengo que pensar en una forma de realizar
el conjuro y evitar que salga mal.
IGNACIO:
Y que nos lleve a nosotros también. Tienes prohibido dejarme aquí.
Virginia
puso los ojos en blanco.
VIRGINIA:
Ya entendí, Ignacio. No pienso abandonarte en medio de la nada. Dios, eres tan
molesto como tu padre.
Ignacio
se quedó dolido por la comparación, pero a Virginia no le importan sus
sentimientos. Está pensando en lo que debe decir.
VIRGINIA:
Necesitamos encontrar un libro que lo tiene mi ex Hernán. Cerraremos los ojos y
al abrirlos, nos encontraremos donde él está.
Los
tres automáticamente cerraron los ojos.
Al
volverlos a abrir, los tres se encontraban dentro de un pequeño baño y un
Hernán que está sentado en el inodoro, los miró con verdadero terror.
HERNAN:
Supongo que hay una explicación para esto.
VIRGINIA:
La hay.
HERNAN:
¿Podrían contármela dentro de cinco minutos? ¿Cuando yo salga de aquí?
Los
tres asintieron y, apenados, salieron del baño.
IRUPE
Cuando
abrieron la puerta de la casa, Irupé corrió a recibir a Fernando. Celina fue
detrás de ella. Joseph se quedó en el sillón.
IRUPE:
¡Fernando! ¡Qué suerte que estás bien! Si supieras todas las cosas que he hecho
para rescatarte.
CELINA:
Y ninguna funcionó.
IRUPE:
Se entendía, Celina.
CELINA:
Además, no es que hiciste mucho. Sólo robaste una reliquia importante y
liberaste a un nigromante.
JOSEPH:
Que se llevó a Bruno.
Irupé
se vuelve furiosa contra Joseph.
IRUPE:
¡Que ya no está muerto, Joseph! ¿Por qué nadie ve el lado positivo de la
situación?
Todos
le lanzan una mirada inquisitiva.
IRUPE:
¡Está bien! ¡Me equivoqué! ¿De acuerdo? Jamás imaginé que no se podía confiar
en alguien adicto a jugar con los muertos.
DAMIEN:
Bueno, no tendremos que alarmarnos por mucho. Theo cree que ahora puede cambiar
al pasado.
Irupé
se sorprende por sus palabras. Joseph se incorpora del sillón, también
emocionado. Celina, en cambio, parece que acaba de recibir su regalo de
cumpleaños.
CELINA:
¿¡De verdad!? ¡Oh, Dios! ¡Vas a poder salvar a los chicos del campamento!
THEO:
Lo intentaré. Mi prioridad, de todos modos, será otra. Voy a volver en el
tiempo y evitar que mis amigos obtengan sus poderes.
Theo
se centra en la fotografía donde los cuatro muchachos sonríen a la cámara.
CELINA:
¿Y qué podemos hacer?
THEO:
Ustedes no harán nada. Esta es mi propia guerra.
CELINA:
¿Tendremos un spinoff de ti?
Theo
sonríe por su comentario e Irupé se sorprende que sepa lo que significa esa
palabra.
THEO:
He liberado a su amigo. Creo que ustedes deben tener asuntos que resolver en Estrella
Dorada. Hace casi tres días que no duermo y necesito recuperar energía para
hacer mi viaje al pasado. Ha sido un placer conocerlos, muchachos. Espero que
nos volvamos a cruzar en esta vida. Siempre serán bien recibidos en esta casa.
Comienza
a caminar hacia las habitaciones, ante la sorpresa de todos.
IRUPE:
Espera... ¿No vas a esperar a que nos vayamos antes de echarte a dormir?
THEO:
Son libres de quedarse o marcharse cuando deseen, amigos míos.
Sonríe
una vez más y se va hacia el pasillo. Irupé se vuelve hacia los demás.
IRUPE:
Por confiar tanto en la gente, después terminan robándole amuletos mágicos
importantes.
Una
vez más, todos la miran mal.
IRUPE:
Bueno, chicos, pero es que es verdad.
FABRICIO
Fabricio
sostiene sin problemas la puerta del granero. Jaime, por su parte, en lugar de
encontrar una salida, está buscando por los rincones del establo.
FABRICIO:
¿Se puede saber qué estás haciendo?
JAIME:
Buscando nuestra ropa, Fabricio. No voy a salir desnudo de un establo contigo.
FABRICIO:
Pareciera que te avergüenzas de mí.
JAIME:
Ni siquiera me voy a poner a discutir esto. ¡La encontré!
Jaime
se viste rápidamente y le tira su ropa a Fabricio.
FABRICIO:
No puedo vestirme si estoy sosteniendo la puerta. Vas a tener que venir a
vestirme tú.
JAIME:
Eso no va a pasar.
FABRICIO:
¡Por favor, Jaime! ¿Prefieres que nos maten las arañas?
Jaime
se queda pálido y sin responder.
FABRICIO:
¡Jaime!
JAIME:
Estoy evaluando las opciones.
FABRICIO:
¡Sólo ponme la ropa!
Jaime,
fastidiado por su mala suerte, va a vestir a Fabricio.
JAIME:
¡Deja de moverte tanto que tu amigo se mueve!
FABRICIO:
Estoy sujetando a unas arañas mutantes que quieren entrar a devorarnos.
Disculpa si no puedo hacer que mi pene se quede quieto. Pásame aquel hierro.
Trabaremos la puerta. Nos dará unos minutos de distancia para escapar.
Jaime
le pasa un barrote de hierro con el que traban las puertas del granero.
Vestidos y asegurados, los dos muchachos corren hacia una pequeña ventana por
la que salen.
Afuera,
en el exterior, vuelven a ver brillar la luz del sol.
JAIME:
¿Y ahora?
FABRICIO:
Ahora corremos. Lo más lejos posible de aquí. Y vamos a una clínica porque
tenemos que realizarnos un aborto.
VIRGINIA
Ignacio
miraba por la ventana de lo que parecía ser un discreto departamento. Virginia
y Fabián tomaron asiento en las sillas alrededor de una mesa de plástico.
Sintió un poco de compasión por la precaria vida que estaba obligándose a
llevar su ex, luego de aceptar el trato con Fernando para escapar de prisión.
Hernán
salió del baño sin dejar de apreciarlos como unos fantasmas que han aparecido
de la nada. No obstante, no estaba sorprendido.
HERNAN:
Supongo que las cosas cambiaron un poco desde que me fui.
VIRGINIA:
Si te refieres a si ahora tenemos habilidades sobrenaturales, sí, las tenemos.
HERNAN:
Qué bien.
VIRGINIA:
Un mundo con el que creo que estás familiarizado.
Hernán
la miró pero no pudo sostener la mirada. Agachó la cabeza, cual criatura a la
que descubren en medio de una travesura.
HERNAN:
No podía decirte nada.
VIRGINIA:
Sé que tienes el libro, Hernán. El Compendio.
Esta
vez, Hernán vuelve a levantar la cabeza, asombrado. No. Asustado.
HERNAN:
¿Cómo es que sabes esto?
FABIAN:
Hicimos un relajante viaje al pasado y vimos como muchas personas morían
desgarradas ante nosotros. Realmente tengo imágenes en mi cabeza que me
acompañarán a dormir en casa noche de mi vida.
HERNAN:
¿Estuvieron en el campamento? ¿Te encontraste con...?
VIRGINIA:
Con Margaret. Sí. Y me encantaría saber cuál es tu vínculo con ella. Y por
consiguiente, saber si tu vínculo con Margaret está relacionado con la historia
que tuvimos.
HERNAN:
Tenemos.
VIRGINIA:
Tuvimos.
IGNACIO:
¿En dónde estamos?
La
pregunta de Ignacio desconcertó a la pareja que se giró a mirarlo. Ignacio dejó
de ver por la ventana y se volvió hacia ellos.
IGNACIO:
Quiero saber dónde estamos porque quiero volver a Estrella Dorada.
HERNAN:
¿Cómo es que estás en libertad?
IGNACIO:
Me las ingenié para permanecer afuera.
Virginia
puso nuevamente los ojos en blanco. Se incorporó de su silla y se acercó a
Hernán.
VIRGINIA:
No tenemos mucho tiempo y yo necesito respuestas, Hernán. Así que si no me las
piensas dar, las extraeré de ti.
No
estaba segura de cómo funcionaba aquello, pero iba a experimentar.
Hernán
no puso resistencia cuando Virginia lo tomó del brazo. Y probablemente tampoco
lograba comprender el momento en que ella empezaba a hurgar en su cabeza y
descubrir toda la verdad.
EL HOMBRE CALMO
Se
despertó cuando sintió que el aire no ingresaba a su organismo. Abrió los ojos,
asustado, y pudo ver al muchacho que rescataron sosteniendo un pañuelo sobre su
nariz y su boca. Quiso moverse para quitárselo de encima, pero sus manos
estaban atadas a la cama. Quiso gritar, pero fue imposible.
FERNANDO:
¿Realmente pensaste que creería que me dejarías vivir en la casa de Lorena para
siempre?
Aquella
mirada. Era un cuerpo diferente, pero la reconocía. Era la misma mirada de su novia
cuando le exigía que lo deje entrar en casa a medianoche. La mirada que le
aseguraba que no era ella.
FERNANDO:
¿Y realmente crees que voy a dejarte cambiar el pasado?
Lo
entendió. Con terror asumió que se había equivocado. Quien estaba asfixiándolo
era el propio Guido. ¿Dónde estaba el verdadero Fernando?
FERNANDO:
Hasta pensé en irme de este pueblo y dejarte vivir, ¿sabes? Tenía ganas de
volverte a ver en unos años y contarte que sellaste la casa, dejando dentro a
un chico inocente. Y más feliz estaría de ver tu rostro cuando te des cuenta
que el chico murió de hambre y de sed, porque no tenía manera de salir de ese
hogar. Pero ahora que sé cuál es tu plan... Eres peligroso, Theo.
Las
fuerzas comienzan a agotarse. El mundo comienza a volverse borroso. Todo deja
de tener sentido.
FERNANDO:
Hasta siempre, Theo.
CELINA
Estaba
atravesando el pasillo con sus maletas cuando vio a Fernando salir de una de
las habitaciones.
CELINA:
¿Acabas de salir de la habitación de Theo?
Fernando
la miró con sorpresa y luego se rió.
FERNANDO:
Quería hablar con él antes de irnos. Confiaba en que todavía no se había
dormido, pero ya está en otro mundo.
CELINA:
Oh, cierto. Tú viniste a hablar sobre Margaret. Bueno, pero no tienes de qué
preocuparte. Hemos descubierto cosas sobre ella y creo que Virginia está tras
la pista de su hermana.
Fernando
pareció un poco desconcertado por su explicación.
FERNANDO:
¿Ah, sí?
CELINA:
Sí. Te contaré todo en el viaje. Iré contigo y con Germán. Joseph ya se llevó a
Irupé y a Damien.
FERNANDO:
Bien. Ustedes dos serán mis acompañantes hasta Estrella Dorada entonces.
Ambos
sonríen y salen al exterior de la casa.
VIRGINIA
Lo
soltó.
Virginia
abrió los ojos con el rostro empapado en lágrimas.
No
podía ser cierto.
Hernán
no lograba comprender lo que había pasado, pero Ignacio y Fabián estaban
atentos a lo que fuera a pasar a continuación.
VIRGINIA:
Dime que no es verdad.
HERNAN:
¿De qué hablas? ¿Qué hiciste?
FABIAN:
Virginia entró en tu mente. Puede acceder a todos tus recuerdos.
HERNAN:
Oh... ¡Ooooohhh!
El
muchacho se puso automáticamente colorado.
HERNAN:
Puedo explicarlo todo.
VIRGINIA:
Sólo me interesa saber lo de Margaret. Dime que no es verdad.
HERNAN:
La orden fue clara. Virginia no podía saberlo.
VIRGINIA:
¿¡Y durante todos estos años sostuviste esta mentira y me hiciste quedar como
una loca!?
HERNAN:
Es que tú estabas al margen de todo esto. Además, no ibas a poder tolerarlo.
Margaret me dijo que era necesario para sobrevivir.
Sin
poder evitarlo, Virginia hizo resonar el cachete de Hernán de un sólo golpe.
Fabián
e Ignacio se pusieron en posición defensiva, aunque Hernán no tuvo ninguna
intención de defenderse.
FABIAN:
Virginia... ¿Qué sucede? ¿Por qué de repente lo estás golpeando? No estamos entendiendo
nada.
IGNACIO:
Déjalos. Es divertido.
Fabián
miró a Ignacio, quien se encogió en hombros.
IGNACIO:
La violencia me divierte. Ya lo sabían.
Virginia,
lejos de parecerle chistoso, miró a Hernán con odio.
Eso
era lo que sentía por él. Un colosal odio y desprecio. Aunque también sabía,
muy dentro suyo, que no era su culpa.
FABIAN:
Virginia...
Ella
suspiró, decidida a confesar la realidad.
VIRGINIA:
Margaret no existe.
FABIAN:
¿Qué?
HERNAN:
En realidad... La que no existe es Virginia.
IGNACIO:
Vaya. Esto es mejor que la violencia.
FABIAN:
¿Qué significa que Virginia no existe?
VIRGINIA:
Que yo soy Margaret. La noche que robé el Compendio, hice un conjuro para
borrar mi memoria. Nunca existió mi gemela. Me la inventé.
Virginia,
o Margaret, o Valeria, o como se llamara, pese a estar acompañada por tres
personas, se sintió terriblemente sola.
Y,
en especial, culpable.
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