miércoles, 13 de febrero de 2019

Chapter 75


En el Capítulo Anterior:
El grupo decidió ir a enfrentarse al nigromante para intentar salvar a Germán. Por su parte, Nicolás fue asesinado.

VIRGINIA

Llegaron al bosque donde habían sido enviados el día anterior. Pese a que sólo había un día de diferencia, lucía tétrico. Quizá el hecho de que estuviera nublado no colaboraba con la causa.
Virginia, Damien, Franco, Irupé, Celina y Fabricio comenzaron a caminar por los pequeños senderos que se abrían entre la maleza.
Virginia se acercó a Damien. Ambos encabezaban la procesión.

VIRGINIA: ¿Estás preocupado?
DAMIEN: Quizá un poco. Mi mejor amigo fue asesinado y está bajo el poder de un nigromante. No tenemos idea de cómo regresarlo a la vida. Zack desapareció convenientemente, cual personaje al que no se le renueva el contrato en la segunda temporada, y no nos puede guiar. Además estoy haciendo política con un hombre que no me cae del todo bien. Sí, quizá estoy un poco preocupado.
VIRGINIA: Necesito que tengas la cabeza despejada para la batalla.
DAMIEN: La tendré en el momento que estemos peleando.

Unos pasos más atrás, Fabricio decidió romper con el silencio que lideraba el grupo.

FABRICIO: ¿Cómo haremos para encontrarlo?

Virginia se dio vuelta, sonriendo. Habían llegado a un pequeño círculo en donde la maleza se abría. Sería un buen sitio donde podrían pelear. A unos pasos al norte se encontraba el lago, ideal también para Damien.

VIRGINIA: Creo que Irupé nos ayudará a que lo localicemos.
IRUPE: ¿Yo?
VIRGINIA: Usa tu voz. Si están cerca, el nigromante intentará detenerte.
IRUPE: ¿No es mucho arriesgar mi vida sólo para hallar a Cóndor?
VIRGINIA: Simplemente hazlo. Franco, necesito que te cubras los oídos. Lo que hará Irupé te puede afectar.
CELINA: A menos que seas el Séptimo. En ese caso, serías inmune.

Franco obedeció y se tapó las orejas.
En el momento que Irupé comenzó a lanzar sus gritos, Franco se inclinó dolorido. Sentía lo que provocaba Irupé. Celina, inmune a su lado, lo miraba retorcerse con el rostro triste.

CELINA: Qué desilusión. No eres el Séptimo.
FRANCO: Lamento muchísimo decepcionarte.
CELINA: Estoy acostumbrada a que todos los hombres lo hagan.

Pero quien no era el séptimo era el nigromante, porque ante los alaridos de Irupé, los árboles de la zona se comenzaron a mover. Había alguien que se movía entre ellos. Seguramente no era Cóndor, sino sus muertos resucitados que venían a poner fin al ataque.

FABRICIO: Aquí vienen. Prepárense, chicos.

CELINA

Vio a las chicas descender de los árboles como si fueran acróbatas que estaban ensayando un número. Nerea y Camila, así las llamó Nicolás.
La más bajita, Camila, fue en dirección a Franco para intentar atacarlo. El hombre ya había sido reducido gracias a los gritos de Irupé.
Celina usó el encendedor para sacar una llama y, con el poder de su mente, creó una pequeña bola de fuego.

CELINA: ¿Nunca les enseñaron a no meterse con los más débiles?

Tiró la bola de fuego en dirección a Camila.
La chica muerta ardió en llamas en cuestión de segundos, corriendo entre los matorrales. Probablemente buscaba el lago pero fue en dirección contraria.

DAMIEN

Al mismo tiempo, Damien llamó la atención de la muchacha más alta. Nerea fue a atacarlo produciendo un irritante siseo con los dientes. Tal parecía que el estar muerta le dio el extraño sentido del humor de creer que hacer sonidos de serpiente era divertido.

DAMIEN: Por aquí, pequeña.
NEREA: Vamos a ver quién es el pequeño.

Damien corrió en dirección al lago.
De reojo, pudo ver que la muchacha lo seguía. Estaba enfurecida.
Miró el lago.
Con el poder de su mente, abrió las aguas en dos para abrirse paso.
Sería un espectáculo sorprendente si no fuera porque lo estaban por matar.
Se giró para ver a su rival.
Apenas la chica puso un pie en el lugar, el agua la atacó con todas sus fuerzas.
Provocó el mismo remolino que en la piscina de Franco, excepto que esta vez no hubo un techo donde frenar.
La muchacha muerta gritó, horrorizada. ¿Quizá sufriera vértigo?
Damien la hizo volar por los aires y se cuerpo se perdió de vista entre los árboles del bosque.

FABRICIO

Al mismo tiempo, Fabricio se encargó del tercer atacante.
Bruno.
Lo primero que pensó al ver que no venían más, es preguntarse por Germán.
Pero luego se vio obligado a conectarse con la pelea.
Usó toda la fuerza de su puño para derribar a Bruno. La montaña salió disparado y chocó contra un árbol. Lo mejor de todo, es que Fabricio ni siquiera sintió el dolor al propinar el golpe.

FABRICIO: ¡Sí!

Pero Bruno no pareció detenerse mucho tiempo a recuperar fuerzas. Con una agilidad sorpresiva, corrió hacia Fabricio y de un solo golpe en la cabeza lo hizo volar contra el árbol contrario.

FABRICIO: ¡Mierda!

Quedó atontado.
La bestia se acercó a él con paso seguro.
Iba a destruirlo.
A menos camino, Franco apareció.
El jefe de Irupé y Damien saltó sobre Bruno.

FRANCO: No vine con la ropa adecuada para una pelea.

Y era cierto.
Pero lo importante de su intervención, es que en cuestión de segundos, convirtió a Bruno en piedra.

CONDOR

Los mandó al ataque cuando sintió que sus tímpanos estaban por reventarse.
El plan había salido a la perfección, pero jamás imaginó la batalla. Fernando volvería al barrio y les informaría que Germán ahora era uno de sus siervos. Sabía que provocaría una reacción inmediata en donde sus amigos intentarían recuperarlo, consiguiendo que la guarida donde tenían prisionero a Federico quedara despejada.
Sintió que Germán hizo lo suyo porque sus sentidos captaron el alma de Nicolás entrando en el limbo. Allí fue donde la rescató y la volvió a meter dentro de la carne muerta. Pero no estaba preparado para que el grupo lo encontrara tan pronto.
Con sorpresa, vio arder en llamas a Camila. Y también vio volar por los cielos a Nerea. Pero no contaba conque uno de ellos tuviera la habilidad de convertir en piedra cada cosa que tocaba.
Supo que no era uno de los 7. Su poder era menor, limitado, pero igual de molesto. Bruno, su mole, había quedado atrapado, convertido en una estatua.

VIRGINIA: De acuerdo, Cóndor. Sal ahora mismo o Irupé gritará más fuerte.
CELINA: Eso haría más complicada la comunicación.

Estaba en una encrucijada.
Cóndor no servía para la pelea cuerpo a cuerpo. Lo derribarían en cuestión de segundos. Pero si se quedaba escondido, podría llegar a perder la audición.
Salió de su escondite. El grupo no adquirió una postura defensiva. Era consciente que él no podía defenderse.
Miró a la muchacha de los pechos grandes, la que a la distancia le hacía doler con el timbre de su voz. Pero la que se dirigió a él fue la morena de cabellos lacios y largos.

VIRGINIA: Devuelve la vida a todas las personas que arrebataste por tus planes. Incluyendo al chico que tenemos con nosotros.
CONDOR: ¿Qué chico tienen ustedes?
CELINA: Sabes bien cuál chico. El que nos llevamos.
CONDOR: Pero si él está aquí.

Sonrió cuando apreció las tres figuras grises que entraban en la batalla, para sorpresa de todo un grupo que no se esperaba el ataque.

IRUPE: Oh, oh.

DAMIEN

Apartado del lago, los poderes de Damien no servían. Por eso, fue una presa fácil cuando Nicolás lo atacó. Lo derribó sin problemas. Y pensar que minutos atrás era un buen inquilino.

DAMIEN: Diablos. Se suponía que debías mantenerte vivo.
NICOLAS: Estoy más vivo que nunca.

La mano helada de Nicolás se prendió a su cuello y comenzó a apretar con fuerza.

DAMIEN: ¿Así tratas a tu anfitrión?

En ese instante, Franco apareció a su rescate. Apartó la mano de Nicolás y la convirtió en piedra.
Iba por todo el cuerpo, pero Germán, en su versión muerta, apareció en defensa de su nuevo amigo, golpeando la espalda de Franco y haciéndolo caer.
Damien tenía que reconocer que no importaba para qué equipo jugara Germán, siempre salía en defensa de los suyos.
Quien también quiso jugar para su equipo y atacar al propio Germán, que armó una bola de fuego con intención de golpearlo. Pero Federico, que ya no era prisionero, tomó a Celina del cabello y la hizo retroceder mientras la muchacha pegaba un grito.

VIRGINIA

Virginia se desesperó al ver que la batalla cuerpo a cuerpo estaba saliendo mal. Su grupo estaba desorganizado y el ataque sorpresa de los tres muertos les había provocado un impacto del que no se sobreponían.
Irupé y ella no servían para la batalla cuerpo a cuerpo, así que era cuestión de tiempo antes de que fueran por ellas. No demorarían mucho en derribarlas.

VIRGINIA: ¡Irupé!
IRUPE: Dime que es el momento de huir.
VIRGINIA: ¡Es el momento de gritar!

Irupé se giró hacia Cóndor y pegó un grito que Virginia no logró percibir. Pero Cóndor se retorció del dolor con desesperación.
También Franco lo hizo, provocando que la piedra que había fabricado se comenzara a desvanecer. El brazo de Nicolás y todo el cuerpo de Bruno volvieron a tener independencia.
Virginia fue corriendo hacia él. Vio la condenada reliquia en forma de calavera que Irupé le había dado para que se liberara. Se la quitó sin problemas.
Debía bastar con eso para revertir el hechizo.
Se dio cuenta que estaba nerviosa.
Pensó en su prioridad. Germán.
Se acercó hacia el muchacho con el talismán en alto y murmuró el conjuro que leyó en el Compendio. No tenía idea de si funcionaría pero era el único plan que tenía.
Germán entró en una suerte de hipnosis.
Para su sorpresa, poco a poco el color de su piel fue retornando. El gris comenzaba a desaparecer, como si hubiera sido una enfermedad que de repente se absorbía a sí misma.
Germán volvió en sí, sorprendido y desorientado pero vivo.
Virginia casi rompe a llorar por la emoción que le provocó descubrir que había funcionado.
Notó que Federico y Nicolás no atacaban a los demás. Probablemente el talismán era lo que ocasionaba que estuvieran bajo las órdenes de Cóndor.
Al menos, fue con todos menos con Bruno.

CONDOR: ¡Bruno! ¡Llévame!

Bruno se movió tan velozmente que era ridícula tanta velocidad para una persona de su tamaño. Pero cruzó por el lado de Irupé, tomó a Cóndor en sus brazos como si fuera un bebé y se adentró en el bosque a toda velocidad.

CELINA: ¡No dejen que escape!
VIRGINIA: No hay de qué preocuparse. Sin el talismán, Cóndor es incapaz de retornar a los muertos y dominarlos.

Celina comprobó que Virginia tenía razón. Los dos muchachos estaban confundidos, todavía muertos, pero no parecían estar bajo la influencia de Cóndor.

CELINA: Pero... ¿y Bruno? ¿Por qué sí le hizo caso?
VIRGINIA: Creo que Bruno fue hechizado por otro conjuro. Distinto al que Cóndor hizo en los demás. Por eso Bruno ni siquiera hablaba. Era un cascarón vacío.
DAMIEN: Y sensual.
VIRGINIA: Por Dios, Damien, el chico estaba muerto.

GERMAN

Lo primero que le sorprendió a Germán fueron los colores.
En el momento en que sintió que su cuerpo volvía a la vida, sus ojos eran capaces de registrar tonos diferentes al gris que estuvo viendo durante las últimas horas.
Todo era confuso.
Entendía qué estaba sucediendo, porque parte de su consciencia estaba destinada a atacar a sus propios amigos, pero las ideas se daban vuelta, queriendo entrar todas juntas y provocando que todo se convierta en algo extraño.
Se desvaneció en el acto. Reconoció a Damien yendo junto a él a socorrerlo, aunque no hizo el intento por levantarlo.

DAMIEN: ¿Te encuentras bien?
GERMAN: Estoy... Confundido.
DAMIEN: ¿Sabes dónde estás?

Germán sabía la respuesta pero de todos modos miró el bosque que los rodeaba.

GERMAN: Estamos en el bosque. Cóndor...
DAMIEN: Ha escapado. Relájate. Te llevaremos a casa.

Miró a la gente que se amontó junto a él. Reconoció a Celina, a Irupé, a Virginia y a Fabricio. También había un muchacho de rulos que creyó haber visto alguna vez y sus dos cómplices, todavía muertos.
Pero había alguien más.
Alguien que había conocido cuando estaba en el otro lado.
Se manifestaba en forma de una sombra. De alguna manera, había regresado junto con él.
Nadie más lo veía. O si lo hacían, no parecía llamarle atención.
Germán estaba por volver a perder el conocimiento y le pareció que esa sombra, también de pie, lanzaba una sonrisa siniestra.

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