Previamente:
Ignacio
fue liberado de prisión por encargo de Pablo Catalani a efectos de que fuera a
buscar el Compendio. Por ello, Ignacio secuestró a Joseph, quien finalmente
pudo escapar de él.
JOSEPH
Cuando
llamaron a la puerta de su departamento y del otro lado vio a Guillermina
Catalani, Joseph se sintió confundido.
GUILLERMINA:
Joseph.
JOSEPH:
Guillermina. Si te manda tu marido para que vuelva a trabajar con él, dile que
no hay ninguna posibilidad.
GUILLERMINA:
No sabía que estaban peleados.
Joseph
miró a la mujer. Notó que estaba angustiada.
JOSEPH:
Estar peleados es quedarse corto.
GUILLERMINA:
Entonces no vas a querer ayudarme.
JOSEPH:
¿Ayudarte con qué?
Ella
derramó un par de lágrimas antes de hablar.
GUILLERMINA:
Hace días que está desaparecido, Joseph. No se presenta a trabajar ni volvió a
casa. En la comisaría me dijeron que no hay ninguna información sobre que haya
tenido que marcharse a una investigación secreta o algo así. Una parte mía cree
que tal vez me abandonó por esa puta con la que se divertía, pero tengo miedo
de que tal vez le haya pasado algo.
Joseph
suspiró con fastidio.
JOSEPH:
Creo que sé dónde puede estar.
IGNACIO
Sonrió
perversamente mientras le hacía unas señas a Pablo para que se diera vuelta. El
comisario, sumiso, tuvo que aceptar su suerte.
PABLO:
Ya tienes lo que querías. Te di la libertad. Firmé todos los papeles que te
hacían inmune al volver a la cárcel. ¿Cuánto más vas a torturarme?
IGNACIO:
Veamos, yo me acerqué a ti por un acuerdo de inmunidad y tú me tuviste en
prisión por meses. Sólo pasaron cinco días desde que estamos aquí.
Pablo
suspiró con cansancio. La ropa de mujer no le quedaba sensual ni elegante, sino
que era humillante.
PABLO:
Querías probar tu poder sobre mí. Lo conseguiste. Eres una persona mágica y yo
no. Te pido que termines con esto.
IGNACIO:
No me hables como si hubieras sufrido una tortura. Al menos te compro comida y
te dejo comer. No soy tan malo, ¿verdad? Además, eres libre de irte cuanto
quieras.
Pablo
le lanzó una mirada asesina.
PABLO:
Sabes bien que me tienes prisionero.
IGNACIO:
Oh, sí. Lo olvidaba.
Lanzó
una carcajada llena de diversión cuando alguien llamó a la puerta.
Diablos.
Quizá
el refugio secreto del comisario no era tan secreto como pensaban.
La
voz del visitante no invitado se escuchó desde el interior del departamento.
JOSEPH:
Abre la puerta. Soy Joseph.
Ignacio
suspiró aliviado.
Notó,
sorpresivamente, que Pablo también lo hizo.
JOSEPH
El
departamento de soltero de Pablo.
Lo
había conocido en dos ocasiones cuando su ex jefe, en el éxtasis de mostrar sus
capacidades por cumplir la ley pero evadir las reglas de la monogamia, lo había
llevado hasta allí.
Tal
como pensaba, Ignacio Villas abrió la puerta.
IGNACIO:
¡Una agradable reunión!
Joseph
quedó perplejo ante la imagen de Pablo Catalani vestido de mujer.
JOSEPH:
¿Interrumpo algo?
PABLO:
¡Joseph! ¡Ayúdame! ¡Me tiene prisionero desde hace cinco días!
Joseph
miró a Ignacio, quien se limitó a sonreír.
IGNACIO:
Todo tiene una explicación razonable. Desde que abrieron La Puerta, sentí que
mis poderes aumentaron. Tenía que volver a ver a Pablo, aunque tenía que
justificar que no tenía el libro maldito que todos buscaban, así que maté dos pájaros
de un tiro. Lo besé y mientras comprobaba qué tanto aumentaron mis poderes, lo
obligué a firmar mi libertad y a que me entretenga mientras decidía qué hacer.
JOSEPH:
¿Y qué tanto aumentaron tus poderes?
IGNACIO:
Antes, duraban 12 horas. Ahora duran 24. Tengo un control total de la persona
por un día. Lo comprobé cinco veces. ¿No es fabuloso?
JOSEPH:
Como persona que fue tu rehén, te diré que no siento que haya mucho de
fabuloso.
IGNACIO:
Tú eres un amargado. Pablo sí se está divirtiendo.
JOSEPH:
Un momento... ¿Cómo es que tú no tienes el Compendio? Todos creen...
Joseph
se quedó perplejo, intentando analizar los cabos sueltos de la historia.
IGNACIO:
Se lo cedí a tu amiga ante la revelación de que nunca tuvo una hermana gemela y
que siempre fue la misma persona. Pensé que a estas alturas ya lo sabrías.
Joseph
sintió un escalofrío recorrer la espalda.
JOSEPH:
Esa maldita perra...
PABLO
Pablo
no entendía nada de lo que estaban hablando, pero de repente sintió la
convicción que Joseph no iba a ayudarlo a salir del encantamiento.
PABLO:
Joseph, no quiero interrumpir tu momento de revelación, pero si puedes
dispararle a Ignacio por mí y liberarme...
Joseph
salió de su furia momentánea y miró a Pablo.
JOSEPH:
Ya no trabajo para ti.
PABLO:
¿Qué? ¿Por qué no?
JOSEPH:
¿Realmente crees que trabajaría para ti después de que mandaste a este sujeto a
secuestrarme para llevarme a Bahía Ausente?
PABLO:
Sabía que no ibas a querer ayudarme voluntariamente. Hice lo que tenía que
hacer.
JOSEPH:
Tu lógica funciona, porque tampoco ahora quiero ayudarte.
Pablo
tuvo deseos de romper a llorar. Pero no mostró ninguna emoción.
JOSEPH:
Sin embargo, Guillermina me mandó a buscarte. Está desesperada. Así que
Ignacio, este chiste se tiene que terminar.
IGNACIO:
Se iba a terminar de todas maneras. Tengo ganas de volver a casa después de
tantos meses.
Pablo
suspiró con alivio.
Esta
vez, sus ganas de llorar por la emoción fueron superiores.
PABLO:
¿Vas a dejarme en libertad?
IGNACIO:
Sí. Vas a poder volver con tu mujer.
Ignacio
se acercó hacia Pablo y le volvió a dar un beso en los labios. Se desesperó.
IGNACIO:
Pero durante las siguientes 24 horas, vas a tener el impulso de contarle a tu
mujer todas las veces que la has engañado. Y no te vas a reprimir ninguna
historia.
Sonrió.
Mientras
Pablo sintió que toda su vida se arruinaba.
Se
volvió hacia Joseph, que lo miraba con diversión.
IGNACIO:
¿Me acercas hasta casa?
JOSEPH:
Sí, claro.
PABLO:
¡Joseph! ¡Por favor! ¡Haz que se retracte!
JOSEPH:
Hermoso departamento, Pablo. No olvides mencionárselo a Guillermina.
Joseph
le dedicó una sonrisa y se marchó del departamento con su secuestrador.
MOMENTO MUSICAL
Joseph
e Ignacio salen del departamento de Pablo y ambos van por el pueblo en el auto.
JOSEPH:
Sabía que era un asesino
desde que lo conozco.
A cuántos chicos habrá amado
y dejado atormentados.
IGNACIO:
Pero si él es un fantasma,
yo soy un espectro.
Lo retendré como rehén.
JOSEPH:
Algunos chicos se esfuerzan mucho,
él ni lo intenta.
Es más joven que mis exs
pero se comporta como un hombre.
IGNACIO:
Así que no hay nada mejor.
Me lo quedo para siempre
como una venganza.
JOSEPH:
Ya puedo ver ésto de que va.
Tócame y deja atrás la soledad.
IGNACIO:
La brisa y las luces se sienten más.
Nadie lo sabrá.
JOSEPH:
En medio de la noche
en mis sueños,
deberías ver
las cosas que hacemos, cielo.
En mitad de la noche
en mis sueños,
sé que voy a estar contigo
así que me tomo mi tiempo.
IGNACIO:
¿Estás listo para esto?
IGNACIO:
Yo era un ladrón
cuando él me conoció.
Robaba corazones
y huía sin pedir perdón.
Pero si soy un ratero
él se unirá a mi robo.
Nos mudaremos lejos.
JOSEPH:
Y puede ser mi carcelero.
El Burton de una Taylor.
Cada amante que tuve
en comparación es un fracaso.
Me olvido de sus nombres.
Ya estoy domesticado.
Nunca volveré a ser el mismo.
JOSEPH:
Ya puedo ver ésto de que va.
Tócame y deja atrás la soledad.
IGNACIO:
La brisa y las luces se sienten más.
Nadie lo sabrá.
JOSEPH:
En medio de la noche
en mis sueños,
deberías ver
las cosas que hacemos, cielo.
En mitad de la noche
en mis sueños,
sé que voy a estar contigo
así que me tomo mi tiempo.
IGNACIO:
¿Estás listo para esto?
JOSEPH:
¿Estás listo para esto?
IGNACIO:
Deja que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Deja que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
JOSEPH:
Ya puedo ver ésto de que va.
Tócame y deja atrás la soledad.
IGNACIO:
La brisa y las luces se sienten más.
Nadie lo sabrá.
JOSEPH:
En medio de la noche
en mis sueños.
IGNACIO:
En mis sueños.
JOSEPH:
Deberías ver
las cosas que hacemos, cielo.
IGNACIO:
Que hacemos, cielo.
JOSEPH:
En mitad de la noche
en mis sueños.
IGNACIO:
En mis sueños.
JOSEPH:
Sé que voy a estar contigo
así que me tomo mi tiempo.
IGNACIO:
Cariño.
JOSEPH:
En medio de la noche.
IGNACIO:
Deja que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
JOSEPH:
¿Estás listo para esto?
IGNACIO:
Deja que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
JOSEPH:
¿Estás listo para esto?
JOSEPH
Lo
notaron apenas se acercaron al barrio de Ignacio.
Algo
sucedía allí dentro.
Joseph
no podía precisar qué, pero notó movimiento dentro del barrio que lo puso
inquieto.
IGNACIO:
Deten el auto. Algo pasa.
No
dejó que Ignacio fuera solo hasta la entrada principal. Lo acompañó aunque no
lo haya pedido.
Cuando
Ignacio quiso atravesar el portal, dos guardias musculosos se lo impidieron.
IGNACIO:
Disculpa... ¿Quiénes son ustedes?
GUARDIA:
Personal de seguridad, señor.
IGNACIO:
Este es mi barrio. Yo soy el dueño de las Residencias.
Los
guardias intercambiaron una mirada de confusión.
GUARDIA:
El señor Ignacio Villas, presumo.
IGNACIO:
El mismo.
GUARDIA:
Usted ya no es el dueño de este barrio. Durante su estadía en prisión, sus
bienes e inmuebles fueron embargados y ahora le pertenecen a un nuevo dueño.
Joseph
quedó boquiabierto.
Miró
a Ignacio, quien no parecía dar crédito a lo que escuchaba.
IGNACIO:
¿Quién es el maldito dueño ahora? ¿Mi padre?
GUARDIA:
Sólo lo conocemos como el Soberano Roger, señor Villas.
IGNACIO:
¿Sería posible que pudiera hablar con el Soberano Roger?
Uno
de los guardias asintió y se marchó. El otro quedó custodiando la puerta.
Joseph
se acercó sigilosamente hacia Ignacio.
JOSEPH:
Te pido que no hagas nada estúpido.
IGNACIO:
Será pan comido. Haré que el maldito me devuelva mi barrio en un pestañeo.
JOSEPH:
A eso me refiero con algo estúpido. Creo que algo más grave de lo que parece
está sucediendo aquí.
Ignacio
lo miró lapidario.
IGNACIO:
Bien, no haré nada estúpido.
IGNACIO
El
Soberano Roger era un hombre robusto, gigante, con barba recortada pero que
cubría gran parte de su cara. Tenía una sonrisa bobalicona en el rostro.
La
reunión se llevó a cabo en la cabaña de admisiones.
ROGER:
Pido disculpas, señor Villas. No estaba en conocimiento que saldría de prisión
pronto. Mis buenas intenciones eran las de ir a hablar con usted y comentarle
la situación. Quería evitar el mal momento que tuvieron que pasar.
IGNACIO:
Quiero recuperar mi barrio.
ROGER:
Me temo que eso no será posible, señor Villas. Pero gustosamente puedo
ofrecerle que viva en su hogar de siempre, a cambio de algunas pequeñas
condiciones.
IGNACIO:
¿Me vas a dejar vivir en mi casa a cambio de qué?
ROGER:
Verá, señor Villas, el mundo que usted conocía ya cambió. Supongo que se habrá
dado cuenta también, teniendo en cuenta los poderes que tiene.
La
acusación lo tomó por sorpresa. ¿Quién era ese hombre y por qué sabía que él
tenía habilidades?
ROGER:
Lo sé todo, señor Villas, así que ahórrese la mentira. Elegí que este barrio
sea la fortaleza donde iniciaremos nuestro nuevo imperio. Las personas con
habilidades somos seres superiores y, por ende, merecemos estar por encima de
los mortales normales. Será una guerra y me gustaría que usted se una a nosotros.
Ignacio
se quedó perplejo.
Unos
segundos después, se puso de pie de su silla.
IGNACIO:
Por lo que dice, suena a que tú serás el rey.
ROGER:
¿Yo? Oh, no, yo soy sólo un servidor. Los reyes ya han sido coronados y
escogidos. Sólo debe jurarle lealtad y será bienvenido.
Ignacio
negó con la cabeza, sorprendido por el delirio que acaba de escuchar. Salió
hacia el exterior y vio a Joseph que lo esperaba, confundido, sentado en un
banco de madera.
Se
volvió a mirar a Roger.
IGNACIO:
Si va a empezar una guerra, estaremos de lados opuestos.
ROGER:
Me apena escucharlo. Aunque no me sorprende.
IGNACIO:
Voy a recuperar mi barrio, Soberano Roger.
Salió
en dirección a Joseph y no volvió a mirar atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario