miércoles, 20 de febrero de 2019

Chapter 82


Previamente:
Ignacio fue liberado de prisión por encargo de Pablo Catalani a efectos de que fuera a buscar el Compendio. Por ello, Ignacio secuestró a Joseph, quien finalmente pudo escapar de él.

JOSEPH

Cuando llamaron a la puerta de su departamento y del otro lado vio a Guillermina Catalani, Joseph se sintió confundido.

GUILLERMINA: Joseph.
JOSEPH: Guillermina. Si te manda tu marido para que vuelva a trabajar con él, dile que no hay ninguna posibilidad.
GUILLERMINA: No sabía que estaban peleados.

Joseph miró a la mujer. Notó que estaba angustiada.

JOSEPH: Estar peleados es quedarse corto.
GUILLERMINA: Entonces no vas a querer ayudarme.
JOSEPH: ¿Ayudarte con qué?

Ella derramó un par de lágrimas antes de hablar.

GUILLERMINA: Hace días que está desaparecido, Joseph. No se presenta a trabajar ni volvió a casa. En la comisaría me dijeron que no hay ninguna información sobre que haya tenido que marcharse a una investigación secreta o algo así. Una parte mía cree que tal vez me abandonó por esa puta con la que se divertía, pero tengo miedo de que tal vez le haya pasado algo.

Joseph suspiró con fastidio.

JOSEPH: Creo que sé dónde puede estar.

IGNACIO

Sonrió perversamente mientras le hacía unas señas a Pablo para que se diera vuelta. El comisario, sumiso, tuvo que aceptar su suerte.

PABLO: Ya tienes lo que querías. Te di la libertad. Firmé todos los papeles que te hacían inmune al volver a la cárcel. ¿Cuánto más vas a torturarme?
IGNACIO: Veamos, yo me acerqué a ti por un acuerdo de inmunidad y tú me tuviste en prisión por meses. Sólo pasaron cinco días desde que estamos aquí.

Pablo suspiró con cansancio. La ropa de mujer no le quedaba sensual ni elegante, sino que era humillante.

PABLO: Querías probar tu poder sobre mí. Lo conseguiste. Eres una persona mágica y yo no. Te pido que termines con esto.
IGNACIO: No me hables como si hubieras sufrido una tortura. Al menos te compro comida y te dejo comer. No soy tan malo, ¿verdad? Además, eres libre de irte cuanto quieras.

Pablo le lanzó una mirada asesina.

PABLO: Sabes bien que me tienes prisionero.
IGNACIO: Oh, sí. Lo olvidaba.

Lanzó una carcajada llena de diversión cuando alguien llamó a la puerta.
Diablos.
Quizá el refugio secreto del comisario no era tan secreto como pensaban.
La voz del visitante no invitado se escuchó desde el interior del departamento.

JOSEPH: Abre la puerta. Soy Joseph.

Ignacio suspiró aliviado.
Notó, sorpresivamente, que Pablo también lo hizo.

JOSEPH

El departamento de soltero de Pablo.
Lo había conocido en dos ocasiones cuando su ex jefe, en el éxtasis de mostrar sus capacidades por cumplir la ley pero evadir las reglas de la monogamia, lo había llevado hasta allí.
Tal como pensaba, Ignacio Villas abrió la puerta.

IGNACIO: ¡Una agradable reunión!

Joseph quedó perplejo ante la imagen de Pablo Catalani vestido de mujer.

JOSEPH: ¿Interrumpo algo?
PABLO: ¡Joseph! ¡Ayúdame! ¡Me tiene prisionero desde hace cinco días!

Joseph miró a Ignacio, quien se limitó a sonreír.

IGNACIO: Todo tiene una explicación razonable. Desde que abrieron La Puerta, sentí que mis poderes aumentaron. Tenía que volver a ver a Pablo, aunque tenía que justificar que no tenía el libro maldito que todos buscaban, así que maté dos pájaros de un tiro. Lo besé y mientras comprobaba qué tanto aumentaron mis poderes, lo obligué a firmar mi libertad y a que me entretenga mientras decidía qué hacer.
JOSEPH: ¿Y qué tanto aumentaron tus poderes?
IGNACIO: Antes, duraban 12 horas. Ahora duran 24. Tengo un control total de la persona por un día. Lo comprobé cinco veces. ¿No es fabuloso?
JOSEPH: Como persona que fue tu rehén, te diré que no siento que haya mucho de fabuloso.
IGNACIO: Tú eres un amargado. Pablo sí se está divirtiendo.
JOSEPH: Un momento... ¿Cómo es que tú no tienes el Compendio? Todos creen...

Joseph se quedó perplejo, intentando analizar los cabos sueltos de la historia.

IGNACIO: Se lo cedí a tu amiga ante la revelación de que nunca tuvo una hermana gemela y que siempre fue la misma persona. Pensé que a estas alturas ya lo sabrías.

Joseph sintió un escalofrío recorrer la espalda.

JOSEPH: Esa maldita perra...

PABLO

Pablo no entendía nada de lo que estaban hablando, pero de repente sintió la convicción que Joseph no iba a ayudarlo a salir del encantamiento.

PABLO: Joseph, no quiero interrumpir tu momento de revelación, pero si puedes dispararle a Ignacio por mí y liberarme...

Joseph salió de su furia momentánea y miró a Pablo.

JOSEPH: Ya no trabajo para ti.
PABLO: ¿Qué? ¿Por qué no?
JOSEPH: ¿Realmente crees que trabajaría para ti después de que mandaste a este sujeto a secuestrarme para llevarme a Bahía Ausente?
PABLO: Sabía que no ibas a querer ayudarme voluntariamente. Hice lo que tenía que hacer.
JOSEPH: Tu lógica funciona, porque tampoco ahora quiero ayudarte.

Pablo tuvo deseos de romper a llorar. Pero no mostró ninguna emoción.

JOSEPH: Sin embargo, Guillermina me mandó a buscarte. Está desesperada. Así que Ignacio, este chiste se tiene que terminar.
IGNACIO: Se iba a terminar de todas maneras. Tengo ganas de volver a casa después de tantos meses.

Pablo suspiró con alivio.
Esta vez, sus ganas de llorar por la emoción fueron superiores.

PABLO: ¿Vas a dejarme en libertad?
IGNACIO: Sí. Vas a poder volver con tu mujer.

Ignacio se acercó hacia Pablo y le volvió a dar un beso en los labios. Se desesperó.

IGNACIO: Pero durante las siguientes 24 horas, vas a tener el impulso de contarle a tu mujer todas las veces que la has engañado. Y no te vas a reprimir ninguna historia.

Sonrió.
Mientras Pablo sintió que toda su vida se arruinaba.
Se volvió hacia Joseph, que lo miraba con diversión.

IGNACIO: ¿Me acercas hasta casa?
JOSEPH: Sí, claro.
PABLO: ¡Joseph! ¡Por favor! ¡Haz que se retracte!
JOSEPH: Hermoso departamento, Pablo. No olvides mencionárselo a Guillermina.

Joseph le dedicó una sonrisa y se marchó del departamento con su secuestrador.

MOMENTO MUSICAL

Joseph e Ignacio salen del departamento de Pablo y ambos van por el pueblo en el auto.



JOSEPH:
Sabía que era un asesino
desde que lo conozco.
A cuántos chicos habrá amado
y dejado atormentados.
IGNACIO:
Pero si él es un fantasma,
yo soy un espectro.
Lo retendré como rehén.

JOSEPH:
Algunos chicos se esfuerzan mucho,
él ni lo intenta.
Es más joven que mis exs
pero se comporta como un hombre.
IGNACIO:
Así que no hay nada mejor.
Me lo quedo para siempre
como una venganza.

JOSEPH:
Ya puedo ver ésto de que va.
Tócame y deja atrás la soledad.
IGNACIO:
La brisa y las luces se sienten más.
Nadie lo sabrá.

JOSEPH:
En medio de la noche
en mis sueños,
deberías ver
las cosas que hacemos, cielo.
En mitad de la noche
en mis sueños,
sé que voy a estar contigo
así que me tomo mi tiempo.
IGNACIO:
¿Estás listo para esto?

IGNACIO:
Yo era un ladrón
cuando él me conoció.
Robaba corazones
y huía sin pedir perdón.
Pero si soy un ratero
él se unirá a mi robo.
Nos mudaremos lejos.

JOSEPH:
Y puede ser mi carcelero.
El Burton de una Taylor.
Cada amante que tuve
en comparación es un fracaso.
Me olvido de sus nombres.
Ya estoy domesticado.
Nunca volveré a ser el mismo.

JOSEPH:
Ya puedo ver ésto de que va.
Tócame y deja atrás la soledad.
IGNACIO:
La brisa y las luces se sienten más.
Nadie lo sabrá.

JOSEPH:
En medio de la noche
en mis sueños,
deberías ver
las cosas que hacemos, cielo.
En mitad de la noche
en mis sueños,
sé que voy a estar contigo
así que me tomo mi tiempo.
IGNACIO:
¿Estás listo para esto?

JOSEPH:
¿Estás listo para esto?
IGNACIO:
Deja que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Deja que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.

JOSEPH:
Ya puedo ver ésto de que va.
Tócame y deja atrás la soledad.
IGNACIO:
La brisa y las luces se sienten más.
Nadie lo sabrá.

JOSEPH:
En medio de la noche
en mis sueños.
IGNACIO:
En mis sueños.
JOSEPH:
Deberías ver
las cosas que hacemos, cielo.
IGNACIO:
Que hacemos, cielo.
JOSEPH:
En mitad de la noche
en mis sueños.
IGNACIO:
En mis sueños.
JOSEPH:
Sé que voy a estar contigo
así que me tomo mi tiempo.
IGNACIO:
Cariño.
JOSEPH:
En medio de la noche.
IGNACIO:
Deja que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
JOSEPH:
¿Estás listo para esto?
IGNACIO:
Deja que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
Que empiecen los juegos.
JOSEPH:
¿Estás listo para esto?

JOSEPH

Lo notaron apenas se acercaron al barrio de Ignacio.
Algo sucedía allí dentro.
Joseph no podía precisar qué, pero notó movimiento dentro del barrio que lo puso inquieto.

IGNACIO: Deten el auto. Algo pasa.

No dejó que Ignacio fuera solo hasta la entrada principal. Lo acompañó aunque no lo haya pedido.
Cuando Ignacio quiso atravesar el portal, dos guardias musculosos se lo impidieron.

IGNACIO: Disculpa... ¿Quiénes son ustedes?
GUARDIA: Personal de seguridad, señor.
IGNACIO: Este es mi barrio. Yo soy el dueño de las Residencias.

Los guardias intercambiaron una mirada de confusión.

GUARDIA: El señor Ignacio Villas, presumo.
IGNACIO: El mismo.
GUARDIA: Usted ya no es el dueño de este barrio. Durante su estadía en prisión, sus bienes e inmuebles fueron embargados y ahora le pertenecen a un nuevo dueño.

Joseph quedó boquiabierto.
Miró a Ignacio, quien no parecía dar crédito a lo que escuchaba.

IGNACIO: ¿Quién es el maldito dueño ahora? ¿Mi padre?
GUARDIA: Sólo lo conocemos como el Soberano Roger, señor Villas.
IGNACIO: ¿Sería posible que pudiera hablar con el Soberano Roger?

Uno de los guardias asintió y se marchó. El otro quedó custodiando la puerta.
Joseph se acercó sigilosamente hacia Ignacio.

JOSEPH: Te pido que no hagas nada estúpido.
IGNACIO: Será pan comido. Haré que el maldito me devuelva mi barrio en un pestañeo.
JOSEPH: A eso me refiero con algo estúpido. Creo que algo más grave de lo que parece está sucediendo aquí.

Ignacio lo miró lapidario.

IGNACIO: Bien, no haré nada estúpido.

IGNACIO

El Soberano Roger era un hombre robusto, gigante, con barba recortada pero que cubría gran parte de su cara. Tenía una sonrisa bobalicona en el rostro.
La reunión se llevó a cabo en la cabaña de admisiones.

ROGER: Pido disculpas, señor Villas. No estaba en conocimiento que saldría de prisión pronto. Mis buenas intenciones eran las de ir a hablar con usted y comentarle la situación. Quería evitar el mal momento que tuvieron que pasar.
IGNACIO: Quiero recuperar mi barrio.
ROGER: Me temo que eso no será posible, señor Villas. Pero gustosamente puedo ofrecerle que viva en su hogar de siempre, a cambio de algunas pequeñas condiciones.
IGNACIO: ¿Me vas a dejar vivir en mi casa a cambio de qué?
ROGER: Verá, señor Villas, el mundo que usted conocía ya cambió. Supongo que se habrá dado cuenta también, teniendo en cuenta los poderes que tiene.

La acusación lo tomó por sorpresa. ¿Quién era ese hombre y por qué sabía que él tenía habilidades?

ROGER: Lo sé todo, señor Villas, así que ahórrese la mentira. Elegí que este barrio sea la fortaleza donde iniciaremos nuestro nuevo imperio. Las personas con habilidades somos seres superiores y, por ende, merecemos estar por encima de los mortales normales. Será una guerra y me gustaría que usted se una a nosotros.

Ignacio se quedó perplejo.
Unos segundos después, se puso de pie de su silla.

IGNACIO: Por lo que dice, suena a que tú serás el rey.
ROGER: ¿Yo? Oh, no, yo soy sólo un servidor. Los reyes ya han sido coronados y escogidos. Sólo debe jurarle lealtad y será bienvenido.

Ignacio negó con la cabeza, sorprendido por el delirio que acaba de escuchar. Salió hacia el exterior y vio a Joseph que lo esperaba, confundido, sentado en un banco de madera.
Se volvió a mirar a Roger.

IGNACIO: Si va a empezar una guerra, estaremos de lados opuestos.
ROGER: Me apena escucharlo. Aunque no me sorprende.
IGNACIO: Voy a recuperar mi barrio, Soberano Roger.

Salió en dirección a Joseph y no volvió a mirar atrás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario