En
el capítulo anterior:
Jaime
rechazó que un veterinario le realice la cirugía que necesitaba. Pero Lautaro
estaba obsesionado con conseguir la otra araña mutante, ya que consiguió
transformarse en alguien con poderes. Por eso mismo, irrumpió en la vivienda de
Irupé ante el asombro de la chica.
Por
su parte, Germán ya se recuperaba y hasta decidió volver al Club de Caballero
donde Fernando era socio. Allí, la Madame le anunció que la mujer que él quería,
Paola, había regresado al prostíbulo.
CELINA
Escuchó
el ruido de los cristales romperse, seguido por el grito de Irupé.
Algo
había sucedido en su casa y dudaba que se debiera a un riña normal entre su
amiga y Jaime.
Tomó
su encendedor, salió corriendo de la casa y en el camino se encontró con Damien
viniendo hacia su dirección.
DAMIEN:
¿También lo escuchaste?
CELINA:
Sí, creo que ha pasado algo.
Notó
que Damien tenía su botella de agua. En ese momento le hubiera gustado que sus
poderes aumentaran para que fueran capaces de crear el agua y el fuego sin
necesidad de los elementos previos. Pero no era el momento de preocuparse por
eso.
IRUPE
Irupé
lanzó su ataque basado en sus cuerdas vocales, provocando que el monstruo se contrajera.
No tenía idea de qué es lo que quería allí pero era evidente que nada bueno
podría salir de alguien que, con sus ocho patas, irrumpe en una vivienda en
mitad de la noche.
Lautaro
utilizó una de sus ocho patas y la atacó directamente. Irupé tuvo que dejar de
gritar porque fue impulsada por los aires.
Chocó
contra el armario de su cuarto y cayó al suelo de un envión.
Le
dolía la cabeza para interpretar qué estaba sucediendo, pero vio que Lautaro
envolvía a Jaime en una especie de telaraña.
Araña.
Como
la que le había quitado a Fabricio.
De
alguna forma, el veterinario había conseguido los poderes del feto que estaba
dentro de Fabricio.
JAIME:
¡Irupé! ¡Ayúdame!
Irupé
quería volver a gritar pero un pedazo de telaraña voló directamente hacia su
boca, cerrándola por completo e impidiendo que pueda producir sonido.
¿Quién
diablos era? ¿El maldito Spiderman?
Jaime
fue envuelto en la telaraña en cuestión de segundos, como si fuera una pequeña
oruga.
Lautaro
sonrió, orgulloso, mientras lo cargaba a su espalda como si fuera un bolso.
Luego, salió de la habitación por la misma ventana que había roto.
Irupé
se incorporó y fue corriendo hacia él intentando detenerlo, pero cuando llegó a
la ventana, no había ni rastros de la araña humana.
Celina
y Damien entraron en la habitación, asustados y desconcertados, unos segundos
después.
DAMIEN
No
estaba convencido de que quitarle la mordaza de telaraña a Irupé fuera una
buena idea, pero Celina estaba desesperada por un poco de información. La tela
era tan resistente que tuvo que utilizar un poco de fuego para poder quitarla.
CELINA:
¿Qué sucedió?
IRUPE:
¡Sucedió que tu maldito veterinario apareció en mi casa y secuestró a Jaime!
DAMIEN:
¿Por qué?
IRUPE:
¡Porque se transformó en un bicho extraño con poderes! Y Jaime no quiso
operarse con él. Así que supongo que lo llevó para extraerle el bicho del
estómago.
Celina
se llevó una mano al pecho, totalmente conmovida.
CELINA:
No puedo creer que alguien tan lindo como Lautaro haya decidido convertirse en
un monstruo solamente para tener poderes especiales. Aunque, si tengo que ser
sincera, no puedo juzgarlo.
Irupé
prefirió no responderle.
DAMIEN:
Tenemos que ir por Jaime. Y detener al veterinario.
IRUPE:
Esto no hubiera pasado si Jaime decidía operarse. Lautaro podía ser un monstruo
feliz aterrorizando a la población, pero al menos yo tendría una ventana en mi
cuarto.
DAMIEN:
Ya habrá tiempo para quejarse luego. Tenemos que actuar rápido.
CELINA:
El lugar más probable al que haya llevado a Jaime es a su consultorio.
DAMIEN:
Será nuestra primera parada entonces.
Los
tres salieron de la casa, rumbo a rescatar al muchacho embarazado.
FABRICIO
Se
sintió extraño estar en la misma mesa del bar en compañía de Fernando. No es
que ambos hubieran armado un buen vínculo, ya que comenzaron siendo rivales.
Fabricio
disfrutó del espectáculo de mujeres que desplegaban sus coreografías sensuales.
Miró a Fernando con entusiasmo para sacarle charla.
FABRICIO:
¿No te parecen mujeres increíbles?
Fernando
negó con la cabeza.
FERNANDO:
Ninguna es como ella.
FABRICIO:
¿Como Virginia? O, bueno, en tu caso, como Margaret.
Fernando
lo miró un poco desconcertado, como si no supiera de lo que estaba hablándole.
FERNANDO:
Claro. Como ellas. Ninguna es como ellas.
FABRICIO:
Pero tú pudiste formar un vínculo con Virginia, antes de que ella descubriera
lo de Margaret, ¿verdad?
FERNANDO:
Teníamos algo.
O
ese chico era muy tímido o costaba realmente bastante sacarle una oración
completa. De todos modos, Fabricio no se rindió.
FERNANDO:
Me gustaría que con Virginia las cosas no hubieran sido así.
FABRICIO:
Es que tu historia es muy rara, hombre. Estabas enamorado de Margaret y luego
te enamoras de su gemela. Es obvio que Virginia se va a sentir estafada.
Fernando,
si es que era posible, palideció todavía más.
FERNANDO:
Y tiene toda la razón. Soy una persona espantosa. Quizá no sea muy buena idea.
FABRICIO:
No pierdas la esperanza. Quizá si logras diferenciarlas.
FERNANDO:
Me gustaría decirle que ya no recuerdo a su hermana y que me gustaría conocerla
a ella.
FABRICIO:
Esa sería una buena frase, ¿sabes? Tal vez tengas la oportunidad.
Fernando
sonrió por primera vez y Fabricio se dio por satisfecho.
GERMAN
Su
gesto fue seductor. Pero Germán lo sintió tan vacío que interpretó que ella no
se acordaba de él, como si fuera algo que ella hacía con todos los hombres por
igual.
GERMAN:
Parece que no te acuerdas de mí.
PAOLA:
Me acuerdo de ti, primor. Pero no viniste hasta aquí para hablar, ¿o sí?
Ella
le acarició el brazo y él se estremeció.
Le
gustaba esa mujer menuda y el recuerdo de cómo la había poseído, se apoderó de
él provocando que se excitara al instante.
GERMAN:
Vine para divertirme. Pero al saber que estabas tú aquí...
PAOLA:
Podemos divertirnos primero. Podemos hablar después.
Ella
impulsó a qué sus instintos básicos salieran a flotes.
Torpes,
descoordinados y primitivos. Quizá debía estar acostumbrada a hombres brutos,
porque no dijo nada. Simplemente lanzaba pequeñas carcajadas de placer mientras
él la despojaba de toda su ropa.
Paola
lo tiró en la cama adquiriendo el control de la situación y él no opuso
resistencia.
Cuando
la muchacha se llevó su miembro en la boca, Germán pensó que quizá sí habría muerto
y aquello era estar en el cielo.
MOMENTO MUSICAL
Mientras
Paola y Germán copulan, cantan esta alegre canción de reencuentro.
PAOLA:
Está en el aire,
girando la moneda.
Pasos de baile,
camisa con chorrera.
Luna de nadie,
fiesta mayor, la sangre que se altera.
La Antonia, la Manuela y la calambre.
GERMAN:
La vida de antes,
la de la panza llena.
Que no hay pesambre
si la cosecha es buena.
Tira para adelante.
Ponte el pijama
hoy duerme en cada abuela.
Tus padres tienen
cosas importantes.
PAOLA:
Que traigo el viento del sur.
Aroma a la yerba buena.
Los paseitos que tú
te dabas por la vereda.
GERMAN:
Todo el pueblo lleno de luz
cuando llega la morena elegante
con todo su acento andaluz.
Prima hermana del alcalde
con tanto arte que yo
ya no sé qué regalarte
que solo tengo salud
y tú eres más de collar de
brillantes.
PAOLA:
Haberlo dicho antes.
GERMAN:
Salió el cantante.
Comienza la verbena.
Los maleantes virlando la cartera.
PAOLA:
Que corra el aire.
Espera la sandunga que la quiera.
El hijo de Ramón el practicante.
PAOLA:
Que traigo el viento del sur.
Aroma a la yerba buena.
Los paseitos que tú
te dabas por la vereda.
GERMAN:
Todo el pueblo lleno de luz
cuando llega la morena elegante
con todo su acento andaluz.
Prima hermana del alcalde
con tanto arte que yo
ya no sé qué regalarte
que solo tengo salud
y tú eres más de collar de
brillantes.
PAOLA:
Haberlo dicho antes.
PAOLA:
Don Juan el fraile,
tricornios y banderas
con pura sangre.
España aunque no quieras.
GERMAN:
Amor al arte,
tres duros el domingo en la cartera
bien repeinado para ir a buscarte.
PAOLA:
Rairará.
Rairará.
GERMAN:
Y tú eres más de collar de
brillantes.
PAOLA:
Que traigo el viento del sur.
Aroma a la yerba buena.
Los paseitos que tú
te dabas por la vereda.
GERMAN:
Todo el pueblo lleno de luz
cuando llega la morena elegante
con todo su acento andaluz.
Prima hermana del alcalde
con tanto arte que yo
ya no sé qué regalarte
que solo tengo salud
y tú eres más de collar de
brillantes.
PAOLA:
Haberlo dicho antes.
DAMIEN
Llegaron
hasta la clínica veterinario de Lautaro. La puerta principal estaba compuesta
por dos ventanales cuadrados y una fina línea de aluminio donde se apoyaban.
IRUPE:
¿Cómo haremos para entrar? Dudo que nos haya dejado la puerta abierta para que
pasemos.
DAMIEN:
Vas a tener que usar tu voz para romper la cerradura.
Irupé
lo miró con desconcierto. Celina, un poco más retraída, tenía el encendedor en
su mano.
CELINA:
Puedo incendiar el lugar y obligarlo a salir.
DAMIEN:
Evitemos provocar más daños a la propiedad privada de los que ya causaremos si
tenemos que enfrentarlo.
IRUPE:
Claro. Como la consideración que él tuvo con mi ventana.
DAMIEN:
Simplemente acerca tu maldita boca a la cerradura y hazla explotar.
Irupé
maldijo por lo bajo pero Damien no la escuchó. Se acercó hacia la cerradura y
abrió la boca para lanzar un sonido que no pudieron percibir.
Los
vidrios de la puerta estallaron automáticamente, sobresaltando a los tres.
CELINA:
¡Oh, por Dios!
DAMIEN:
Al menos ahora tenemos por donde entrar.
IRUPE:
Y supongo que ya no necesito cobrarle por romper mi casa porque estamos a mano.
Los
tres ingresaron por el marco de abajo. Damien recordaba dónde quedaba el salón
de cirugía así que guió al trío.
Cuando
entraron, se encontraron con Jaime acostado y maniatado en una silla metálica.
Tenía todavía el tubo de extracción puesto en el abdomen, aunque el veterinario
ya había extraído de su interior a la araña feto.
Lautaro
los miró con indiferencia y luego siguió concentrado en lo suyo. Parecía que
estaba drenando la sangre del bicho.
IRUPE:
Al menos sabemos que Jaime ya no morirá en el parto.
DAMIEN:
No. Va a morir de una infección si el veterinario no lo cierra.
Lautaro
lanzó un suspiro de fastidio, que asustó al trío.
LAUTARO:
No me gusta que me digan que estoy haciendo mal mi trabajo.
IRUPE:
¿Tu trabajo incluía entrar en mi casa y secuestrar a mi marido?
Quisieron
acercarse hacia él, pero él los detuvo extendiendo una mano en alto hacia sus
direcciones.
LAUTARO:
Si quieren que vuelva a coser a este muchacho, permanezcan en su lugar.
DAMIEN:
Está bien. Queremos que le salves la vida.
IRUPE:
¿Queremos?
Celina
y Damien la miraron.
IRUPE:
Claro. Sí. Eso queremos.
Lautaro
se puso a coser el cuerpo de Jaime. Tenía una mordaza de araña en la boca pero
se lo notaba gritar mucho y constantemente. Ni siquiera le había puesto
anestecia a la hora de abrirle el cuerpo.
LAUTARO:
No podía dejar que este muchacho fuera a abortar con un médico cualquiera.
Necesitaba el bebé que llevaba en su vientre. Si hubiera accedido en un primer
momento, nos hubiéramos ahorrado todo el problema posterior.
DAMIEN:
¿Para qué querías a su hijo? ¿Así fue como adquiriste... estos poderes?
LAUTARO:
Me inyecté la sangre y sufrí una transformación. Soy poderoso. Con esta nueva
dosis de sangre, lo seré todavía más.
Damien
era consciente de que no podían permitir que el veterinario adquiriera más
poder. Miró a Celina, la más próxima al recipiente donde se encontraba el feto
de la araña, esperando que entendiera qué esperaba de ella.
Celina
asintió, pero Damien no estaba convencido de si lo hubiera entendido.
Lautaro
terminó de coser a Jaime y lo liberó. El marido de Irupé tenía lágrimas en los
ojos por el dolor que le había provocado. Damien y la muchacha fueron a
socorrerlo para sacarlo de allí.
LAUTARO:
Lamento que haya tenido que ser así. Pero parece que ustedes están al tanto de
dónde puedo conseguir más de estas criaturas, así que si quieren ayudarme...
CELINA:
¡Pues no queremos!
Y
acto seguido, Celina sacó su encendedor. Con su llama, la llevó directamente al
recipiente donde estaba el hijo de Jaime y el bicho ardió en cuestión de
segundos.
Lautaro
quedó perplejo.
CELINA:
¡Irupé! ¡Haz lo tuyo!
Irupé,
que sostenía una parte de su marido, se volvió hacia el veterinario y gritó. El
joven cayó al piso preso del dolor insoportable que causaba la voz de Irupé. La
muchacha no se detuvo hasta que el veterinario no perdió el conocimiento.
IRUPE:
Y esto fue por secuestrar a Jaime.
Tenían
que salir corriendo de allí antes de que despierte.
GERMAN
Fue
en medio de su penetración cuando lo volvió a sentir.
Se
había olvidado por completo de ella. De la primera visión que tuvo cuando
volvió a la vida.
Mientras
penetraba a Paola, frente a frente, la mano de Germán rodeó el cuello de la
muchacha. Ella gemía y gozaba sin parar de las embestidas y Germán no pudo
entender esa fuerza que lo invadía para oprimir.
La
sombra estaba a su lado. Sólo veía su sonrisa, escalofriante pero firme.
SOMBRA:
Mátala.
Germán
se giró, asustado. Intentó sacar la mano del cuello de Paola pero le fue
imposible. Cada vez se aferraba con más fuerza a asfixiarla. Ella,
probablemente pensaba que simplemente era una clase de juego sexual, continuaba
gozando como pidiendo que siguiera.
No
podía ver la sombra.
GERMAN:
No... No...
PAOLA:
¡Sí! ¡Sí! ¡Sigue!
SOMBRA:
¡Mátala! ¡Aprieta más fuerte! ¡Mátala!
Ni
siquiera podía dejar de penetrarla. Era como si estuviera poseído por el cuerpo
de aquella mujer, aunque la lujuria no tenía relación con lo que estaba
experimentando.
La
Sombra no iba a dejarlo desprenderse. A menos hasta que no cumpliera con lo que
pedía.
SOMBRA:
¡Mátala!
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