miércoles, 20 de febrero de 2019

Chapter 79


En el capítulo anterior:
Jaime rechazó que un veterinario le realice la cirugía que necesitaba. Pero Lautaro estaba obsesionado con conseguir la otra araña mutante, ya que consiguió transformarse en alguien con poderes. Por eso mismo, irrumpió en la vivienda de Irupé ante el asombro de la chica.
Por su parte, Germán ya se recuperaba y hasta decidió volver al Club de Caballero donde Fernando era socio. Allí, la Madame le anunció que la mujer que él quería, Paola, había regresado al prostíbulo.

CELINA

Escuchó el ruido de los cristales romperse, seguido por el grito de Irupé.
Algo había sucedido en su casa y dudaba que se debiera a un riña normal entre su amiga y Jaime.
Tomó su encendedor, salió corriendo de la casa y en el camino se encontró con Damien viniendo hacia su dirección.

DAMIEN: ¿También lo escuchaste?
CELINA: Sí, creo que ha pasado algo.

Notó que Damien tenía su botella de agua. En ese momento le hubiera gustado que sus poderes aumentaran para que fueran capaces de crear el agua y el fuego sin necesidad de los elementos previos. Pero no era el momento de preocuparse por eso.

IRUPE

Irupé lanzó su ataque basado en sus cuerdas vocales, provocando que el monstruo se contrajera. No tenía idea de qué es lo que quería allí pero era evidente que nada bueno podría salir de alguien que, con sus ocho patas, irrumpe en una vivienda en mitad de la noche.
Lautaro utilizó una de sus ocho patas y la atacó directamente. Irupé tuvo que dejar de gritar porque fue impulsada por los aires.
Chocó contra el armario de su cuarto y cayó al suelo de un envión.
Le dolía la cabeza para interpretar qué estaba sucediendo, pero vio que Lautaro envolvía a Jaime en una especie de telaraña.
Araña.
Como la que le había quitado a Fabricio.
De alguna forma, el veterinario había conseguido los poderes del feto que estaba dentro de Fabricio.

JAIME: ¡Irupé! ¡Ayúdame!

Irupé quería volver a gritar pero un pedazo de telaraña voló directamente hacia su boca, cerrándola por completo e impidiendo que pueda producir sonido.
¿Quién diablos era? ¿El maldito Spiderman?
Jaime fue envuelto en la telaraña en cuestión de segundos, como si fuera una pequeña oruga.
Lautaro sonrió, orgulloso, mientras lo cargaba a su espalda como si fuera un bolso. Luego, salió de la habitación por la misma ventana que había roto.
Irupé se incorporó y fue corriendo hacia él intentando detenerlo, pero cuando llegó a la ventana, no había ni rastros de la araña humana.
Celina y Damien entraron en la habitación, asustados y desconcertados, unos segundos después.

DAMIEN

No estaba convencido de que quitarle la mordaza de telaraña a Irupé fuera una buena idea, pero Celina estaba desesperada por un poco de información. La tela era tan resistente que tuvo que utilizar un poco de fuego para poder quitarla.

CELINA: ¿Qué sucedió?
IRUPE: ¡Sucedió que tu maldito veterinario apareció en mi casa y secuestró a Jaime!
DAMIEN: ¿Por qué?
IRUPE: ¡Porque se transformó en un bicho extraño con poderes! Y Jaime no quiso operarse con él. Así que supongo que lo llevó para extraerle el bicho del estómago.

Celina se llevó una mano al pecho, totalmente conmovida.

CELINA: No puedo creer que alguien tan lindo como Lautaro haya decidido convertirse en un monstruo solamente para tener poderes especiales. Aunque, si tengo que ser sincera, no puedo juzgarlo.

Irupé prefirió no responderle.

DAMIEN: Tenemos que ir por Jaime. Y detener al veterinario.
IRUPE: Esto no hubiera pasado si Jaime decidía operarse. Lautaro podía ser un monstruo feliz aterrorizando a la población, pero al menos yo tendría una ventana en mi cuarto.
DAMIEN: Ya habrá tiempo para quejarse luego. Tenemos que actuar rápido.
CELINA: El lugar más probable al que haya llevado a Jaime es a su consultorio.
DAMIEN: Será nuestra primera parada entonces.

Los tres salieron de la casa, rumbo a rescatar al muchacho embarazado.

FABRICIO

Se sintió extraño estar en la misma mesa del bar en compañía de Fernando. No es que ambos hubieran armado un buen vínculo, ya que comenzaron siendo rivales.
Fabricio disfrutó del espectáculo de mujeres que desplegaban sus coreografías sensuales. Miró a Fernando con entusiasmo para sacarle charla.

FABRICIO: ¿No te parecen mujeres increíbles?

Fernando negó con la cabeza.

FERNANDO: Ninguna es como ella.
FABRICIO: ¿Como Virginia? O, bueno, en tu caso, como Margaret.

Fernando lo miró un poco desconcertado, como si no supiera de lo que estaba hablándole.

FERNANDO: Claro. Como ellas. Ninguna es como ellas.
FABRICIO: Pero tú pudiste formar un vínculo con Virginia, antes de que ella descubriera lo de Margaret, ¿verdad?
FERNANDO: Teníamos algo.

O ese chico era muy tímido o costaba realmente bastante sacarle una oración completa. De todos modos, Fabricio no se rindió.

FERNANDO: Me gustaría que con Virginia las cosas no hubieran sido así.
FABRICIO: Es que tu historia es muy rara, hombre. Estabas enamorado de Margaret y luego te enamoras de su gemela. Es obvio que Virginia se va a sentir estafada.

Fernando, si es que era posible, palideció todavía más.

FERNANDO: Y tiene toda la razón. Soy una persona espantosa. Quizá no sea muy buena idea.
FABRICIO: No pierdas la esperanza. Quizá si logras diferenciarlas.
FERNANDO: Me gustaría decirle que ya no recuerdo a su hermana y que me gustaría conocerla a ella.
FABRICIO: Esa sería una buena frase, ¿sabes? Tal vez tengas la oportunidad.

Fernando sonrió por primera vez y Fabricio se dio por satisfecho.

GERMAN

Su gesto fue seductor. Pero Germán lo sintió tan vacío que interpretó que ella no se acordaba de él, como si fuera algo que ella hacía con todos los hombres por igual.

GERMAN: Parece que no te acuerdas de mí.
PAOLA: Me acuerdo de ti, primor. Pero no viniste hasta aquí para hablar, ¿o sí?

Ella le acarició el brazo y él se estremeció.
Le gustaba esa mujer menuda y el recuerdo de cómo la había poseído, se apoderó de él provocando que se excitara al instante.

GERMAN: Vine para divertirme. Pero al saber que estabas tú aquí...
PAOLA: Podemos divertirnos primero. Podemos hablar después.

Ella impulsó a qué sus instintos básicos salieran a flotes.
Torpes, descoordinados y primitivos. Quizá debía estar acostumbrada a hombres brutos, porque no dijo nada. Simplemente lanzaba pequeñas carcajadas de placer mientras él la despojaba de toda su ropa.
Paola lo tiró en la cama adquiriendo el control de la situación y él no opuso resistencia.
Cuando la muchacha se llevó su miembro en la boca, Germán pensó que quizá sí habría muerto y aquello era estar en el cielo.

MOMENTO MUSICAL

Mientras Paola y Germán copulan, cantan esta alegre canción de reencuentro.



PAOLA:
Está en el aire,
girando la moneda.
Pasos de baile,
camisa con chorrera.
Luna de nadie,
fiesta mayor, la sangre que se altera.
La Antonia, la Manuela y la calambre.

GERMAN:
La vida de antes,
la de la panza llena.
Que no hay pesambre
si la cosecha es buena.
Tira para adelante.
Ponte el pijama
hoy duerme en cada abuela.
Tus padres tienen
cosas importantes.

PAOLA:
Que traigo el viento del sur.
Aroma a la yerba buena.
Los paseitos que tú
te dabas por la vereda.
GERMAN:
Todo el pueblo lleno de luz
cuando llega la morena elegante
con todo su acento andaluz.
Prima hermana del alcalde
con tanto arte que yo
ya no sé qué regalarte
que solo tengo salud
y tú eres más de collar de brillantes.
PAOLA:
Haberlo dicho antes.

GERMAN:
Salió el cantante.
Comienza la verbena.
Los maleantes virlando la cartera.
PAOLA:
Que corra el aire.
Espera la sandunga que la quiera.
El hijo de Ramón el practicante.

PAOLA:
Que traigo el viento del sur.
Aroma a la yerba buena.
Los paseitos que tú
te dabas por la vereda.
GERMAN:
Todo el pueblo lleno de luz
cuando llega la morena elegante
con todo su acento andaluz.
Prima hermana del alcalde
con tanto arte que yo
ya no sé qué regalarte
que solo tengo salud
y tú eres más de collar de brillantes.
PAOLA:
Haberlo dicho antes.

PAOLA:
Don Juan el fraile,
tricornios y banderas
con pura sangre.
España aunque no quieras.
GERMAN:
Amor al arte,
tres duros el domingo en la cartera
bien repeinado para ir a buscarte.

PAOLA:
Rairará.
Rairará.
GERMAN:
Y tú eres más de collar de brillantes.

PAOLA:
Que traigo el viento del sur.
Aroma a la yerba buena.
Los paseitos que tú
te dabas por la vereda.
GERMAN:
Todo el pueblo lleno de luz
cuando llega la morena elegante
con todo su acento andaluz.
Prima hermana del alcalde
con tanto arte que yo
ya no sé qué regalarte
que solo tengo salud
y tú eres más de collar de brillantes.
PAOLA:
Haberlo dicho antes.

DAMIEN

Llegaron hasta la clínica veterinario de Lautaro. La puerta principal estaba compuesta por dos ventanales cuadrados y una fina línea de aluminio donde se apoyaban.

IRUPE: ¿Cómo haremos para entrar? Dudo que nos haya dejado la puerta abierta para que pasemos.
DAMIEN: Vas a tener que usar tu voz para romper la cerradura.

Irupé lo miró con desconcierto. Celina, un poco más retraída, tenía el encendedor en su mano.

CELINA: Puedo incendiar el lugar y obligarlo a salir.
DAMIEN: Evitemos provocar más daños a la propiedad privada de los que ya causaremos si tenemos que enfrentarlo.
IRUPE: Claro. Como la consideración que él tuvo con mi ventana.
DAMIEN: Simplemente acerca tu maldita boca a la cerradura y hazla explotar.

Irupé maldijo por lo bajo pero Damien no la escuchó. Se acercó hacia la cerradura y abrió la boca para lanzar un sonido que no pudieron percibir.
Los vidrios de la puerta estallaron automáticamente, sobresaltando a los tres.

CELINA: ¡Oh, por Dios!
DAMIEN: Al menos ahora tenemos por donde entrar.
IRUPE: Y supongo que ya no necesito cobrarle por romper mi casa porque estamos a mano.

Los tres ingresaron por el marco de abajo. Damien recordaba dónde quedaba el salón de cirugía así que guió al trío.
Cuando entraron, se encontraron con Jaime acostado y maniatado en una silla metálica. Tenía todavía el tubo de extracción puesto en el abdomen, aunque el veterinario ya había extraído de su interior a la araña feto.
Lautaro los miró con indiferencia y luego siguió concentrado en lo suyo. Parecía que estaba drenando la sangre del bicho.

IRUPE: Al menos sabemos que Jaime ya no morirá en el parto.
DAMIEN: No. Va a morir de una infección si el veterinario no lo cierra.

Lautaro lanzó un suspiro de fastidio, que asustó al trío.

LAUTARO: No me gusta que me digan que estoy haciendo mal mi trabajo.
IRUPE: ¿Tu trabajo incluía entrar en mi casa y secuestrar a mi marido?

Quisieron acercarse hacia él, pero él los detuvo extendiendo una mano en alto hacia sus direcciones.

LAUTARO: Si quieren que vuelva a coser a este muchacho, permanezcan en su lugar.
DAMIEN: Está bien. Queremos que le salves la vida.
IRUPE: ¿Queremos?

Celina y Damien la miraron.

IRUPE: Claro. Sí. Eso queremos.

Lautaro se puso a coser el cuerpo de Jaime. Tenía una mordaza de araña en la boca pero se lo notaba gritar mucho y constantemente. Ni siquiera le había puesto anestecia a la hora de abrirle el cuerpo.

LAUTARO: No podía dejar que este muchacho fuera a abortar con un médico cualquiera. Necesitaba el bebé que llevaba en su vientre. Si hubiera accedido en un primer momento, nos hubiéramos ahorrado todo el problema posterior.
DAMIEN: ¿Para qué querías a su hijo? ¿Así fue como adquiriste... estos poderes?
LAUTARO: Me inyecté la sangre y sufrí una transformación. Soy poderoso. Con esta nueva dosis de sangre, lo seré todavía más.

Damien era consciente de que no podían permitir que el veterinario adquiriera más poder. Miró a Celina, la más próxima al recipiente donde se encontraba el feto de la araña, esperando que entendiera qué esperaba de ella.
Celina asintió, pero Damien no estaba convencido de si lo hubiera entendido.
Lautaro terminó de coser a Jaime y lo liberó. El marido de Irupé tenía lágrimas en los ojos por el dolor que le había provocado. Damien y la muchacha fueron a socorrerlo para sacarlo de allí.

LAUTARO: Lamento que haya tenido que ser así. Pero parece que ustedes están al tanto de dónde puedo conseguir más de estas criaturas, así que si quieren ayudarme...
CELINA: ¡Pues no queremos!

Y acto seguido, Celina sacó su encendedor. Con su llama, la llevó directamente al recipiente donde estaba el hijo de Jaime y el bicho ardió en cuestión de segundos.
Lautaro quedó perplejo.

CELINA: ¡Irupé! ¡Haz lo tuyo!

Irupé, que sostenía una parte de su marido, se volvió hacia el veterinario y gritó. El joven cayó al piso preso del dolor insoportable que causaba la voz de Irupé. La muchacha no se detuvo hasta que el veterinario no perdió el conocimiento.

IRUPE: Y esto fue por secuestrar a Jaime.

Tenían que salir corriendo de allí antes de que despierte.

GERMAN

Fue en medio de su penetración cuando lo volvió a sentir.
Se había olvidado por completo de ella. De la primera visión que tuvo cuando volvió a la vida.
Mientras penetraba a Paola, frente a frente, la mano de Germán rodeó el cuello de la muchacha. Ella gemía y gozaba sin parar de las embestidas y Germán no pudo entender esa fuerza que lo invadía para oprimir.
La sombra estaba a su lado. Sólo veía su sonrisa, escalofriante pero firme.

SOMBRA: Mátala.

Germán se giró, asustado. Intentó sacar la mano del cuello de Paola pero le fue imposible. Cada vez se aferraba con más fuerza a asfixiarla. Ella, probablemente pensaba que simplemente era una clase de juego sexual, continuaba gozando como pidiendo que siguiera.
No podía ver la sombra.

GERMAN: No... No...
PAOLA: ¡Sí! ¡Sí! ¡Sigue!
SOMBRA: ¡Mátala! ¡Aprieta más fuerte! ¡Mátala!

Ni siquiera podía dejar de penetrarla. Era como si estuviera poseído por el cuerpo de aquella mujer, aunque la lujuria no tenía relación con lo que estaba experimentando.
La Sombra no iba a dejarlo desprenderse. A menos hasta que no cumpliera con lo que pedía.

SOMBRA: ¡Mátala!

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