Previamente:
Germán
recordó que Fernando intentó envenenarlo para entregarlo a Cóndor, pero para
sorpresa de él y de Fabricio, Fernando reveló su verdadera identidad. No era
más que el Cambiaformas de Guido, lo que despertaba la incógnita sobre qué fue
del verdadero Fernando.
Cuando
Germán volvió de la muerte, trajo una Sombra con él que se lo poseyó en el
momento que tenía sexo con Paola, la prostituta que él ama.
PAOLA
El
muchacho musculoso que había intentado matarla abrió la puerta. Su sorpresa era
innegable.
GERMAN:
Paola...
PAOLA:
Algunos pensarán que estoy loca por venir a ver al muchacho que casi me
asfixia, pero quería saber cómo estabas después de tu brote de locura. Y si
todavía querías... Bueno, ya sabes, matarme.
GERMAN:
Lamento mucho lo que sucedió. Todo lo que pasó tiene una explicación, aunque
dudo que te parezca razonable.
PAOLA:
No respondiste mi pregunta.
GERMAN:
Oh, claro. No quiero matarte.
PAOLA:
Me alivio de escuchar eso. Siendo así... ¿me invitas a pasar?
Germán
sonrió y abrió la puerta para dejarla ingresar en la casa.
GERMAN
Se
sentía feliz de que haya ido a visitarlo. A la vez que un poco preocupado que
la Sombra decidiera hacer aparición nuevamente.
Le
sirvió a Paola una lata de cerveza y él se llevó un vaso de agua fría. Nada de
alcohol hasta que no volviera a tener dominio de todo su cuerpo.
PAOLA:
¿Estás seguro que no necesitas ayuda psiquiátrica?
GERMAN:
Estoy bastante convencido de que la Sombra que me dice que te asesine es real.
PAOLA:
Es lo que diría un paciencia psiquiátrico, Germán.
GERMAN:
Cierto. Pero... No sé cómo explicártelo sin que me tomes por loco. Esa Sombra
es un hechizo o un demonio, algo que vino conmigo del Otro Lado.
PAOLA:
¿Del Otro Lado?
GERMAN:
Estuve muerto por un día.
PAOLA:
Ah, eso lo explica todo.
Germán
se rió aunque notó que la expresión de ella evocaba un recuerdo.
GERMAN:
¿Qué sucede?
PAOLA:
Es que tú hablas de brujería y me haces recordar a que hace unas noches, un
cliente mío me confesó que podía ver detrás de las paredes. Yo no me lo creí, por
supuesto. Pero él insistió en hacer la prueba. Me pidió que vaya a la
habitación contigua, la cual estaba vacía y que hiciera alguna clase de gesto.
Como era su hora y él decidía qué hacer con el dinero, me fui a la habitación,
me até el cabello y lo volví a desatar. Me sorprendió que él me dijo
exactamente lo que había hecho, pero pensé que era una clase de truco de magia.
Pensé que vio que mi cabello estaba despeinado y que por eso lo dedujo.
GERMAN:
Es probable que el hombre realmente pudiera ver detrás de los objetos sólidos.
PAOLA:
¿Y cuál es tu gracia?
GERMAN:
Mi piel es irrompible.
PAOLA:
¿En qué sentido?
Germán
se incorporó y fue hacia la cocina. Tomó un pequeño cuchillo, se lo extendió a
la muchacha.
GERMAN:
Tómalo.
PAOLA:
No voy a acuchillarte.
GERMAN:
Pero es para que veas...
PAOLA:
No hay forma que vaya a acuchillarte, de verdad. Está bien que quisiste matarme
pero no soy tan rencorosa.
GERMAN:
Bien.
Tomó
el cuchillo y se lo dirigió hacia su pierna. La hoja de metal se dobló como si
fuera papel.
Paola
quedó boquiabierta.
PAOLA:
Definitivamente ahora sí te creo.
En
ese momento, la puerta se abrió violentamente y Guillermina Galeano apuntó con
el dedo a Paola.
GUILLERMINA:
¡¿Dónde está Pablo, hija de puta?!
Germán,
por acto reflejo, se puso entre medio de las dos.
GERMAN:
Ella sí es rencorosa.
PAOLA
Paola
se puso tensa. Odiaba cuando las mujeres engañadas le reclamaban a ella por las
cosas que hacían sus maridos.
Guillermina,
que siempre tuvo una tez pálida, tenía el rostro rojo de rabia. Se sintió
segura de ponerse detrás de la piel de Germán.
PAOLA:
No tengo idea de dónde está Pablo.
GUILLERMINA:
¡Mientes! ¡Está contigo!
PAOLA:
Yo estoy aquí, Guillermina. No estoy con él.
GUILLERMINA:
Entonces lo viste recientemente.
PAOLA:
Hace meses que no sé de él. No fue más al Club...
GERMAN:
Guillermina, Pablo no está aquí. Te pido que te vayas de mi casa.
Guillermina
reaccionó ante la voz del anfitrión.
Agachó
la cabeza, con furia y tristeza.
GUILLERMINA:
Te pido disculpas, Germán. Esto no tiene que ver contigo. Es que Pablo ha
desaparecido. Hace días que no sé sobre él y... Cuando vi a esa puta entrar al
barrio, pensé que venía a burlarse de mí.
PAOLA:
Yo nunca me burlé de ti.
GUILLERMINA:
Cada vez que te acostabas con Pablo te burlabas de mí.
PAOLA:
Entonces todo el pueblo se burló de ti, Guillermina. Y esa jamás fue la
intención.
Germán
se giró lentamente para mirarla.
GERMAN:
Yo creo que deberías dejar de hablar.
PAOLA:
No soy buena en estas situaciones.
GERMAN:
Creo que no.
Pero
como si hubiera sido convocado por alguna especie de magia especial, el
mencionado Pablo se hizo presente en el salón.
PABLO:
¿Qué está pasando?
Guillermina
se giró, emocionada, al verlo.
Saltó
a sus brazos como criatura perdida.
GUILLERMINA:
¡Mi amor! ¡¿Dónde estabas?! Estaba loca de preocupación porque no sabía nada de
ti. Pensé que estabas con ella...
PABLO:
Tenemos que irnos, Guillermina. Tenemos que hablar.
GUILLERMINA:
No estabas con ella, ¿no?
Paola
miró a Pablo esperando que lo negara, pero él no dijo nada.
¿Qué
diablos le pasaba?
No
obstante, no pudo evitar sentirse atraída otra vez hacia él.
PAOLA:
Pablo, por Dios, dile a tu mujer que no estaba contigo antes que me asesine.
PABLO:
No estábamos juntos... No en estos días, al menos.
GUILLERMINA:
¿Así que antes sí? ¿Entonces todo lo que pensaba era cierto? ¿Tú y ella tenían
una aventura?
Pablo
volvió a quedar callado. Paola comenzó a sentir palpitaciones.
PABLO:
Vámonos, Guillermina. Tenemos que hablar.
Pero
la imprudencia de Paola pudo más.
PAOLA:
¿Esta vez la dejarás?
Germán,
ajeno a todo el drama, suspiró con fastidio.
MOMENTO MUSICAL
En
medio de la confusión, Pablo, Guillermina y Paola cantan una canción.
GUILLERMINA:
Ella jugó a darte
lo que más querías.
Yo jugué a creerte
que nunca lo harías.
PAOLA:
Ella con un beso,
yo con mil razones
para estar confiando
en tus explicaciones.
GUILLERMINA:
Ella te dio algo
mientras tú te arriesgabas.
PAOLA:
Yo te lo di todo.
Tú no quisiste nada.
GUILLERMINA:
Ella es un segundo
y yo era para siempre.
Algo pasajero
te condenó a perderme.
GUILLERMINA:
Esta se la hice a ella.
GERMAN:
Ella.
GUILLERMINA:
Que se cree que por bella...
GERMAN:
Ella.
GUILLERMINA:
Puede robarme todo
lo que nunca tuvo ella.
PAOLA:
Se la hice a ella.
GERMAN:
Ella.
PAOLA:
Porque aunque sea tan bella.
GERMAN:
Ella.
PAOLA:
Cada que te acaricie
tu piel ya tendrá mis huellas.
GUILLERMINA:
Hoy quiero decirle a ella
que si fue así conmigo
también lo será con ella.
PAOLA:
Tú no te mereces nada,
no estoy hablando contigo.
GUILLERMINA:
Ella se merece menos
de lo hiciste conmigo.
PAOLA:
Aunque intente sorprenderte
siempre será su castigo,
que todo lo que te haga,
tú ya lo hiciste conmigo.
GUILLERMINA:
Ella te dio algo
mientras tú te arriesgabas.
PAOLA:
Yo te lo di todo.
Tú no quisiste nada.
GUILLERMINA:
Ella es un segundo
y yo era para siempre.
Algo pasajero
te condenó a perderme.
GUILLERMINA:
Esta se la hice a ella.
GERMAN:
Ella.
GUILLERMINA:
Que se cree que por bella...
GERMAN:
Ella.
GUILLERMINA:
Puede robarme todo
lo que nunca tuvo ella.
PAOLA:
Se la hice a ella.
GERMAN:
Ella.
PAOLA:
Porque aunque sea tan bella.
GERMAN:
Ella.
PAOLA:
Cada que te acaricie
tu piel ya tendrá mis huellas.
GUILLERMINA:
Hoy quiero decirle a ella
que si fue así conmigo
también lo será con ella.
GUILLERMINA:
Ella jugó a darte
lo que más querías.
Yo jugué a creerte
que nunca lo harías.
PAOLA:
Ella con un beso,
yo con mil razones
para estar confiando
en tus explicaciones.
GUILLERMINA:
Esta se la hice a ella.
GERMAN:
Ella.
GUILLERMINA:
Que se cree que por bella...
GERMAN:
Ella.
GUILLERMINA:
Puede robarme todo
lo que nunca tuvo ella.
PAOLA:
Se la hice a ella.
GERMAN:
Ella.
PAOLA:
Porque aunque sea tan bella.
GERMAN:
Ella.
PAOLA:
Cada que te acaricie
tu piel ya tendrá mis huellas.
GUILLERMINA:
Hoy quiero decirle a ella
que si fue así conmigo
también lo será con ella.
PAOLA
Los
vio partir en silencio, a aquella pareja que nunca supo por qué se mantenía
junta. Paola no podía dejar de sorprenderse porque Pablo se hubiera animado a
confesarle algo a su mujer.
¿Significaría
que finalmente iba a cumplir alguna de las tantas promesas sobre una vida
juntos?
Germán,
a su lado, notó su expresión.
GERMAN:
Todavía lo quieres.
PAOLA:
No lo sé. Supongo que solamente estoy sorprendida.
Negó
con la cabeza con tal de volver a centrarse en sus pensamientos.
PAOLA:
Tengo una nueva pista sobre mi hijo. Después de recorrer varias ciudades sin
ninguna clase de resultado, creo que esta vez estoy cerca de encontrarlo.
GERMAN:
Quiero ir contigo.
Paola
lo miró boquiabierta.
PAOLA:
No lo sé, Germán. Tú tienes tus cosas...
GERMAN:
Una Sombra asesina.
PAOLA:
Claro. Eso también.
GERMAN:
Podré controlarla siempre y cuando, ya sabes, no tengamos...
Ella
no pudo evitar ponerse colorada. Pese a lo que sentía por Pablo, era inevitable
sentirse atraída por aquel muchacho musculoso y dócil.
De
lejos, la discusión de Guillermina y Pablo había tornado matices turbios. La
mujer estaba arrojando fuera de la casa toda la ropa de él.
GUILLERMINA:
¡Eres un desgraciado! ¡No puedo creer que alguna vez te quise!
PAOLA:
Partiré mañana temprano. La primera parada será en Las Viñas. Creen que allí
fue a parar mi hijo.
PABLO:
¡Cálmate! ¡Deja de tirar mi ropa!
GERMAN:
Entonces mañana temprano nos vemos. ¿En qué iremos?
GUILLERMINA:
¡Me arruinaste la vida! ¡Siempre me dijeron que eras una escoria y yo jamás
quise creerles!
PAOLA:
Iremos en mi auto. Pasaré a buscarte. ¿Estás seguro de que no es peligroso...
para mí?
PABLO:
¡Mi reloj! ¡Ese reloj perteneció a mi abuelo!
GERMAN:
Te prometo que si en algún momento llego a percibir que soy un peligro para ti,
me doy media vuelta y me volveré.
GUILLERMINA:
¡Ojalá lo veas pronto, Pablo!
PAOLA:
De acuerdo. Gracias.
Sonrió,
conmovida y se marchó de la vivienda. Más confiada y segura sobre el viaje que
iba a realizar.
GERMAN
Desconocía
cuántos días duraría la búsqueda, pero preparó un pequeño bolso. Las Viñas,
después de todo, sólo estaba a tres horas de Estrella Dorada.
Todavía
no amanecía cuando, antes de salir a esperar a Paola a las afueras del barrio,
se dedicó una última mirada al espejo.
La
Sombra le sonreía, detrás de él.
Germán
le sonrió por cortesía.
Tal
vez había que aprender a convivir con los demonios.
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