CONDOR
Pensó
en que un abanico hubiera solucionado sus problemas. El calor lo estaba
sofocando. Si no hubiera estado tan emocionado cuando la mujer boba le dio la
reliquia que lo liberó, se hubiera tomado el tiempo de tomar su abanico para
que lo acompañara.
Envidió
a sus muertos. Ellos no sentían el calor, ni el sueño ni el hambre. Pero él,
pese a gobernarlos, todavía era humano. Al menos, su carne.
De
sus nuevas adquisiciones, pudo comprobar que Camila era una muchacha
despreocupada y sonriente. Era increíble, pero había conseguido que se traslade
su simpatía a su rostro. Nerea, por su parte, tenía una actitud vigilante.
Había asumido su nueva condición sin complicaciones y se había puesto la remera
del equipo en cuestión de minutos.
NEREA:
Alguien se acerca.
Escuchó
con atención. Unas pisadas al norte.
Camila,
Bruno y Nerea se pusieron delante del amo, dispuestos a defenderlo con...
¿vida?
Un
muchacho flaco, con rostro avejentado, salió entre dos árboles. No se asustó al
ver a las tres personas grises en posición de ataque. Al contrario, levantó sus
brazos en señal de rendición.
FERNANDO:
No vengo a atacar. Sólo quiero hablar con Cóndor.
Cóndor
se abrió paso, intrigado.
CONDOR:
Si es una trampa, mis siervos te despedazarán antes de que puedas parpadear.
FERNANDO:
No es ninguna trampa. Sólo soy yo, queriendo hablar con un viejo amigo.
Cóndor
sintió un escalofrío al ver que el muchacho frente a él se transformaba en
otro. En una persona que conocía muy bien. Desde antes que tuviera poderes.
CONDOR:
Maldito seas. ¿Guido?
GUIDO:
¿Qué hay, Cóndor? ¿Me extrañaste?
Cóndor
permaneció en su lugar, incapaz de descubrir cómo sentirse ante el reencuentro.
CONDOR:
No voy a abrazarte, si es lo que estás esperando.
GUIDO:
Qué pena. Yo sí te extrañé. Hace años que no sé de ti.
CONDOR:
¿Qué quieres?
GUIDO:
Quiero que hablemos. Como muestra de mi buena voluntad, te traje un regalo.
Guido
se giró sobre sus talones hacia el interior del bosque. Cóndor lo siguió,
cauteloso, con Nerea siguiendo sus pasos sin necesidad de que él se lo pida.
Esa chica le agradaba.
Unos
metros después, encontró el presente de Guido. Esta vez sí sintió la adrenalina
correr por sus venas.
CONDOR:
Es imposible. Es uno...
GUIDO:
Te traje a uno de los famosos 7. Y sí, ante la duda, está muerto.
DAMIEN
Cuando
la puerta de la mansión Verdi se abrieron, Damien no disimuló su sorpresa.
Franco, que continuaba con su confuso estilo de usar traje aún cuando no se
encontraba dirigiendo un canal, sonrió al ver su expresión.
DAMIEN:
Me siento pobre solamente por pisar este lugar.
FRANCO:
También soy pobre, Damien. Todo esto es de mi padre.
DAMIEN:
Que está en prisión. Por lo que pasa a ser tuyo automáticamente.
El
padre de Franco había quedado detenido después de que éste intentara atacar a
su hijo. Así, descubrieron un par de transferencias ilegales que el señor Verdi
realizó con la colaboración del siempre-caigo-de-pie Edgar Villas.
DAMIEN:
¿Cuántos empleados tienes para tener limpio este lugar? Por Dios. Es casi como
un hotel. De hecho, hay hoteles más pequeños que tu casa. ¿Sabes lo que yo
haría con un lugar así?
FRANCO:
Déjame adivinar. Tendrías a un hombre distinto en cada habitación e irías a
tener sexo con el que tengas ganas en el día.
DAMIEN:
Iba a decir que alquilaría habitaciones pero lo que dijiste me gusta más.
¿Tienes a un chico distinto en cada habitación?
FRANCO:
Sólo a dos. Pero ambos están en la misma habitación. La mía.
DAMIEN:
Oh. No recibí mi invitación para participar.
FRANCO:
Te la dejé en tu escritorio. Quizá no la viste porque no estabas yendo al
trabajo.
Damien
se mordió el labio automáticamente. Había faltado tres días completos al
trabajo después de volver de Bahía Ausente. En su defensa, lo único que podía
decir es que había anunciado su ausencia. La mala noticia es que se la anunció
a Pedro, el rival de Franco, por lo que no tenía ningún valor.
DAMIEN:
Sobre eso quería hablarte. Sobre el viaje que realicé a Bahía Ausente.
FRANCO:
¿Vienes a mi casa para contarme cómo te fue en tus vacaciones?
DAMIEN:
Me hubiera gustado que fueran vacaciones, pero no lo fueron. Y si lo fueron, te
diré que fueron unas vacaciones bastante malas. Pero es urgente, importante y
grave.
FRANCO:
Bien. ¿Quieres pasar conmigo a la pileta? Podremos hablar tranquilos allí.
Además, Luis y Kevin están nadando desnudos, así que tendremos una distracción
visual.
DAMIEN:
Realmente sabes atender bien a tus invitados, ¿eh? Pero la charla que tenemos
que tener es secreta.
FRANCO:
No nos escucharán, Damien. Además, son chicos bonitos, no inteligentes.
DAMIEN:
Al millonario le gustan los hombres estereotipados. Debí haberlo sabido. Quizá
si te decía que no sabía para qué sirve una lapicera, tú y yo estaríamos
juntos.
FRANCO:
No voy a responder a ese comentario.
DAMIEN:
¿Por qué no? Fue directamente a tu cuello.
FRANCO:
Por eso mismo.
La
piscina de Franco estaba ubicada en un patio interno y felizmente podría
confindírsele con un sitio donde se realizaban competencias de olimpiadas. Era
gigantezco. Damien ni siquiera quiso imaginar las fiestas que habrá organizado
el señor Verdi cuando gozaba de prestigio y poder.
En
el agua, había dos jóvenes, efectivamente desnudos, nadando tranquilamente. No
los vieron entrar ni sentarse en las reposeras ubicadas en un costado.
Damien
ubicó a Luis. Lo conocía como conoce a alguien por frecuertar los mismos antros
de Estrella Dorada, aunque nunca tuvieron una conversación más allá de dos
palabras. Era rubio y tenía una sonrisa galante. Asumió que el muchacho que lo
acompañaba, de cabello negro, era Kevin.
DAMIEN:
El rubio y el morocho. Un clásico.
FRANCO:
Durante años he odiado la vida que papá llevaba en este lugar, después de
abandonar a mi madre, a mis hermanos y a mí. Y ahora que la estoy viviendo.
Bueno, puedo entenderla un poco.
DAMIEN:
Parece que la disfrutas más que comprenderla.
FRANCO:
Exacto. Bien, ¿qué puedo hacer por ti?
DAMIEN:
Adóptame.
FRANCO:
¿Qué?
DAMIEN:
Quiero decir... Bueno, no sé cómo decírtelo, pero mi barrio está en peligro.
Van a atacarlo y van a destruirlo.
Si
esperaba que Franco se alterara por esa noticia, no lo consiguió. Tomó una lata
de cerveza del refrigerador que estaba cerca y le ofreció otra a Damien, pero
éste negó con la cabeza.
FRANCO:
¿Quién lo hará?
DAMIEN:
Todavía no estamos seguros. Pero sabemos que en un tiempo, dejará de existir.
FRANCO:
¿Por qué?
DAMIEN:
Porque quieren matarnos. A mí y a mis amigos.
FRANCO:
¿Por los poderes mágicos que tienen?
Damien
suspiró, un poco aliviado y un poco confundido.
DAMIEN:
¿Pero acaso salimos en las noticias y no me enteré?
FRANCO:
No, pero entre personas con habilidades los percibimos.
Y
esta vez, fue Damien quien quedó boquiabierto.
Franco
le dio a entender que él también poseía alguna clase de habilidad. Esto, lejos
de tranquilizar el verdadero motivo de aquella reunión, consiguió alterar
todavía un poco más a Damien.
DAMIEN:
Ahora resulta que todos tienen habilidades.
Franco
se rió.
FRANCO:
Por ese motivo vine a Estrella Dorada. Decidí mudarme cuando lo descubrí. Y
porque tenía que escaparme. Descubrí mis poderes en un momento poco oportuno.
¿Cuál es tu habilidad?
DAMIEN:
Te muestro la mía si me muestras la tuya.
FRANCO:
Es un trato. Pero tú primero.
Sonriendo
por el doble sentido, Damien se concentró en la piscina.
Formó
un pequeño tornado con el agua de la piscina. Kevin y Luis, a los gritos
horrorizados, incluidos.
Era
una pequeña muestra placentera de poder.
Pensó
que Franco lo insultaría, pero al contrario de eso, le pareció igual de
gracioso.
Volvió
a poner el agua en lugar con la misma facilidad con la que lo había elevado.
Los dos muchachos desnudos, salieron descompuestos fuera de la piscina, a los
gritos.
LUIS:
¿¡Qué fue esto!?
KEVIN:
¿Un tornado en una piscina?
LUIS:
¡Pensé que moría!
KEVIN:
Debe ser algo que la piscina hace.
Los
chicos salieron corriendo hacia sus toallas. No se volvieron a mirarlos.
Probablemente ni siquiera se dieron cuenta que estaban allí.
FRANCO:
Eres sádico.
DAMIEN:
No te vi sufriendo por ellos.
FRANCO:
Sólo son dos chicos jóvenes y musculosos con los que tengo sexo casi todo el
día. No están en mi corazón.
DAMIEN:
Muéstrame la tuya, Franco. Deja de perder el tiempo.
FRANCO:
No es tan sorprendente.
DAMIEN:
Deja que yo decida eso.
FRANCO:
Seguimos hablando de nuestros poderes, ¿verdad?
DAMIEN:
Creo que sí.
Franco
terminó de beber su lata de cerveza y la colocó en la pequeña mesa de cristal.
Ubicó
su dedo sobre ella y, lentamente, la lata se volvió completamente de piedra.
DAMIEN:
Es... impresionante.
FRANCO:
No es un tornado de agua pero tiene su encanto.
DAMIEN:
¿Puedes convertir cualquier material en piedra?
FRANCO:
Sí. Por las dudas no lo utilizo con la gente. Hasta la semana pasada, mi poder
solamente se limitaba a esto. Las cosas quedaban duras como rocas y nada más.
Ahora puedo revertirla y que vuelva a su origen.
Franco
vuelve a colocar el dedo sobre la lata y la piedra se desvanece, volviendo a su
estado original.
FRANCO:
Creo que mis poderes aumentaron.
DAMIEN:
Hace una semana alguien provocó que los poderes de todos aumenten. Por eso
puedes hacerlo.
Se
mordió el labio. Después de que cada uno vio lo del otro, llegó el punto de debatir
lo que en realidad lo llevó a ir hasta la mansión.
DAMIEN:
Franco, necesito que nos des asilo cuando nuestro barrio sea atacado.
FRANCO:
¿Quieres que resguarde en la mansión a todo un barrio?
DAMIEN:
Me conformo con que lo hagas con mis amigos.
FRANCO:
¿Van a nadar desnudos en mi piscina?
DAMIEN:
Podríamos negociarlo. Pero piénsalo.
FRANCO:
Por supuesto que tengo que pensarlo. Tú me estás diciendo que hay una guerra y
que escoja tu bando, Damien.
DAMIEN:
También es el bando de Irupé.
FRANCO:
Eso no ayuda.
DAMIEN:
Lo sé. Irupé nunca ayuda.
FRANCO:
Lo pensaré. Aunque me dejas intrigado. Quiero saber más sobre este mundo. Hasta
hoy, no conocí a otro con habilidades.
DAMIEN:
Bueno, hay muchos como tú. ¿Quieres ver algo grandioso? Te invito al sótano de
mi casa.
FRANCO:
No sé por qué, pero cada vez que hablas, siento que es una insinuación sexual.
DAMIEN:
Debe ser porque cada cosa que digo es una insinuación.
Franco
sonrió y volvió a tomar de la cerveza que volvió a convertir. Luego, hizo un
gesto de desagrado.
FRANCO:
Nunca vuelven a tener el mismo sabor.
CONDOR
Miró
a Guido con intriga. Lo conocía lo suficiente como para saber que nada bueno
podría venir de él. Pero le dejó contar los motivos que lo llevaron a matar a
Theo.
Nerea,
Camila y Bruno observaban el cuerpo sin vida de Germán.
GUIDO:
Quería que perdamos nuestros poderes, ¿lo entiendes? No podía dejarlo.
CONDOR:
Hiciste bien, supongo.
GUIDO:
Me sorprende que tú no hayas querido matarlo cuando saliste en libertad.
CONDOR:
Porque sé que él hizo bien al encerrarme todos estos años.
Guido
puso los ojos en blanco. No estaban teniendo la conversación que él quería.
GUIDO:
Eres más parecido a Theo de lo que recordaba.
CONDOR:
Pero a diferencia de él, no te daré la posibilidad de matarme, Guido. ¿Por qué
no me dices qué quieres?
GUIDO:
¿Qué crees que puedo querer de un nigromante, Cóndor?
Suspiró.
Imaginaba
por qué la ansiedad de Guido, pero no quería creerlo.
CONDOR:
Quieres que la resucite.
GUIDO:
Sí, quiero estar con Lorena.
CONDOR:
No puedo hacerlo todavía. Puedo revivir a los recientemente fallecidos e
incluso hacer que permanezcan con su esencia casi intacta, pero no puedo
despertar a alguien que murió hace tiempo. Todavía no tengo el suficiente
poder.
GUIDO:
Entonces tenemos que conseguirte eso, ¿no crees? Estoy aquí para ayudarte. Tú
consigues el poder que quieres y yo consigo a la chica. ¿Qué dices? ¿Volvemos a
ser aliados?
Cóndor
se encogió de hombros. Era consciente que Guido le sería de mucha utilidad,
pero detestaba trabajar con otras personas. Era un hombre solitario.
Lo
peor de todo, es que a Guido no podía matarlo. Ya estaba muerto.
Estaba
a punto de responder cuando sintió que el conjuro estaba haciendo efecto.
Germán,
uno de los miembros del Círculo de los 7, abría los ojos.
GUIDO:
Vamos, tienes que decirme que sí. Conseguí que uno del Círculo esté bajo tu
poder.
Cóndor
no era bueno demostrando sus emociones. Ninguna de ellas. Pero al ver que era
el dueño de una de las personas más poderosas del mundo sobrenatural, tuvo que
reconocer que se sintió dichoso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario