jueves, 7 de febrero de 2019

Chapter 71


FABRICIO

En el Hospital General de Estrella Dorada, Fabricio y Jaime esperaban al obstetra con el que habían sacado turno.
Fabricio notó que su amigo, también embarazado, estaba inquieto ante la situación. Por lo que recurrió a su truco constante en los momentos tensos y decidió hablar sobre el primer absurdo que se le venía a la cabeza.

FABRICIO: Ojalá Dr. House fuera real. Él sabría enfrentar a este problema.
JAIME: Dr. House diagnosticaba. Nunca nos hubiera creído la historia de una araña mutante que nos embaraza con un aguijón. Nos hubiera sometido a miles de estudios.
FABRICIO: Es cierto. Quizá es un mal personaje de ficción para nuestra situación tan delicada.

Jaime se estaba mordiendo las uñas y Fabricio comenzó a desesperarse.

FABRICIO: Tienes que calmarte un poco.
JAIME: No puedo calmarme. Ya es bastante raro que, siendo hombre, tenga que venir a un obstetra. Peor es decirle que estoy embarazado. Y lo más raro de todo, es venir contigo a la misma consulta.
FABRICIO: Sí. Es una tristeza que no podamos llevarlo a término. Hubiera sido divertido si ambos organizábamos un baby shower.

Jaime lo miró como si hubiera perdido la razón.

JAIME: ¿Eso es lo que te angustia?
FABRICIO: Eso y, ya sabes, la parte donde vamos a morir de una forma violenta y sangrienta. ¿Por qué Irupé no vino contigo?
JAIME: Porque dice que no puede aceptar que esté embarazado de otra mujer. Que tendría que haberme cuidado.
FABRICIO: ¿Le dijiste que ella jamás hubiera podido embarazarte?
JAIME: No. La dejé de escuchar después de eso.

La puerta del consultorio se abre. Un médico canoso, de bata blanca, ingresó en la habitación. Había un atisbo de duda y asombro al ver a dos hombres allí, algo que no parecía ser muy habitual.
No obstante, mantuvo su expresión cordial y tomó asiento detrás de su escritorio.

MEDICO: Díganme, ¿qué puedo hacer por ustedes?
JAIME: Es un poco complicado de explicar, doctor. Así que intentaré ir paso por paso para no confundirlo, porque nuestra historia es rara...
FABRICIO: Estamos embarazados y queremos abortar.
JAIME: ¡Fabricio!
FABRICIO: Perdón, Jaime, pero es que a tu paso nunca ibas a llegar al punto.

Tenía ganas de decirle que su grupo estaba lidiando con un no muerto en ese momento, por lo que tampoco tenía mucho tiempo para perder. Pero eso hubiera sido todavía peor.
El médico no perdió la sonrisa, pero su expresión se volvió sombría al mirarlos intercaladamente.

MEDICO: ¿Esto es una broma? ¿Estoy en una cámara oculta o algo así?
FABRICIO: No, doctor. Tenemos algo en nuestro estómago. Algo que está creciendo cada vez más y nos puede matar.
MEDICO: ¿No probaron con una dieta?
FABRICIO: ¿Nos está diciendo gordos?
JAIME: Doctor, es cierto. Puede hacernos los estudios que quiera. Va a descubrir que tenemos algo dentro.
MEDICO: Eso es imposible, mis amigos. A menos que... No lo sé, ¿se sometieron a un cambio de sexo recientemente?
JAIME: ¡No, doctor!
FABRICIO: Yo lo he pensado.

Jaime, cada vez más furioso, se volvió a mirarlo.

JAIME: ¿Qué?
FABRICIO: Es que si fuera mujer, podría lamer mis tetas todo el tiempo. Como hacen las mujeres.

Jaime se volvió hacia el médico.

JAIME: Dejemos de hablar con el idiota y ahora solamente hable conmigo. Puede hacernos una ecografía, doctor. Allí tiene que salir.

El médico no parecía convencido. Estaba en la delgada línea de insultarlos por hacerles perder el tiempo y el considerarlos peligroso por la poca salud mental que ambos parecían tener.

MEDICO: Bien. Una ecografía y van a ver que no tienen nada.

MOMENTO MUSICAL

Jaime y Fabricio se están haciendo los estudios correspondientes en el médico, mientras cantan esta bella canción a los embriones que tienen en sus vientres.



FABRICIO:
Yo te esperaba
y veía mi cuerpo crecer
mientras buscaba
el nombre que te di.
JAIME:
En el espejo
fui la luna y el aire perdí.
Contigo dentro
jamás fui tan feliz.

FABRICIO:
Moría por sentir
tus piernecitas frágiles
pateando la oscuridad
de mi vientre maduro.
JAIME:
Soñar no cuesta, no,
y con los ojos húmedos.
Te veía tan alto, es más,
en la cima del mundo.

FABRICIO:
Yo te esperaba
imaginando a ciegas el color
de tu mirada
y el timbre de tu voz.
JAIME:
Muerto de miedo
le rogaba al cielo que te deje
llegar lejos,
mucho más que yo.

FABRICIO:
Yo te esperaba
y pintaba sobre las paredes
de tu cuerpo,
sueños en color.
JAIME:
Restaba sin parar
días al calendario.
Sólo tú me podías curar
el mono de escenario.
FABRICIO:
El mundo es como es
y no puedo cambiártelo
pero siempre te seguiré
para darte una mano.

JAIME:
Yo te esperaba
imaginando a ciegas el color
de tu mirada
y el timbre de tu voz.
FABRICIO:
Muerto de miedo
le rogaba al cielo que te deje
llegar lejos,
mucho más que yo.

FABRICIO:
Yo te esperaba
y el espejo nos miraba mientras
ya te amaba.

IRUPE

El no muerto le generaba pánico.
Federico había abierto los ojos y, como si fuera un animal que se ve enjaulado, había comenzado a intentar salir de la jaula en la que lo metieron.
No obstante, pareció darse cuenta que el primer instinto no lo iba a ayudar. Miró a las cuatro personas que estaban frente a él e intentó razonar. Virginia, Celina, Damien y ella lo contemplaban con fascinación.

FEDERICO: Si me dejan ir, no les haré daño. Ustedes no me interesan. Sólo quiero a Nicolás.
VIRGINIA: No podemos dejarte salir, Federico. No, al menos, hasta encontrar la manera de revertir el estado en el que te encuentras.
FEDERICO: ¿Por qué quisiera volver a ser un simple humano? Todas mis alergias desaparecieron. Incluso, hasta mi visión mejoró notablemente.

Irupé cayó en cuenta que el muchacho ya no llevaba puestos los lentes que usaba cuando lo encontraron, intentando estrangular a su amigo.

IRUPE: ¿Qué se siente estar muerto?
FEDERICO: Es un mundo maravilloso. No hay dolor. Todas mis preocupaciones no están. No siento frío ni hambre. No siento más que la grata necesidad de satisfacer a mi creador.
DAMIEN: ¿No crees que es un precio muy caro el dejar de ser un humano e intercambiarlo por devoción?
FEDERICO: ¿Cuál es el precio justo que se debe pagar por ser eterno?

Irupé se sorprendió al descubrir que Damien ni siquiera lo estaba escuchando. Al contrario de eso, leyó algo en su celular y se volvió a las mujeres de su grupo.

DAMIEN: Debo ir a hablar con Franco. Volveré en cuanto pueda. No dejen que Celina se lleve a Nicolás.
CELINA: Ve tranquilo, Damien. Después de lo que me sucedió esta mañana, no tengo deseos de volver a estar cerca de ningún hombre. ¿Para qué? Todos ellos simplemente te lastiman. Son cobardes. Cuando tienen que dar el paso para aferrarse a ti, simplemente se dan la media vuelta y se van.
DAMIEN: De acuerdo. Nos vemos.

Y Damien subió las escaleras y se marchó. Irupé y Virginia, resignadas a sus vidas miserables, tuvieron que escuchar la historia de Celina y el sufrimiento que le ocasionaba el abandono de Alejandro.

IRUPE: Celina, no puedo creer que te pongas mal por un hombre con el que nunca tuviste nada.
CELINA: Y con el que claramente no voy a tener porque se va a otro barrio.
IRUPE: ¿Y nunca consideraste la posibilidad de tener algo con alguien fuera de este barrio?
CELINA: No. Nunca.
VIRGINIA: Tampoco yo.

Las dos muchachas ahora miraron a Virginia.

VIRGINIA: Aunque asumo que eso ya lo sabían.

GERMAN

La bestia dejaba huellas en el piso.
Había aprendido algo sobre rastrillaje en su corto paso por la policía. No era suficiente, pero era algo.
El sol de la tarde lo estaba matando y cuando entraron en el bosque, la humedad fue demasiada. En cuestión de segundos, su cuerpo estaba repleto de transpiración.

FERNANDO: No eres de hablar mucho.
GERMAN: Tampoco tú.
FERNANDO: A veces lo hago.
GERMAN: Empezaste a hablar más desde que volvimos de Bahía Ausente.

El comentario pareció confundir a Fernando, pero Germán no tenía tiempo ni ganas de saber si por casualidad lo habría ofendido.

FERNANDO: ¿Ah, sí? ¿Te pareció?
GERMAN: Sólo es una impresión. Aunque sospecho que te asustaste cuando fuiste secuestrado.
FERNANDO: Quizá eso me hizo reconsiderar la vida.

Germán sonrió. Hacía tiempo que no sonreía y no estaba seguro que Fernando lo hubiera hecho con esa intención.
Lo miró de reojo y se sorprendió al descubrir que él estaba completamente seco. Qué afortunado.
Fernando sacó una botella de su mochila. Gatorade.

FERNANDO: ¿Tienes sed?

Aceptó la botella sin responder. Continuó concentrado en el camino.

FERNANDO: ¿Crees que todavía esté por aquí? Según lo que contaron, parece que Irupé lo espantó.
GERMAN: Un nigromante y tres personas muertas no irían a la ciudad. Al menos, no de día. Deben seguir por la zona.
FERNANDO: ¿Y qué pretendes hacer cuando lo encuentres?
GERMAN: Mi intención principal es localizar al nigromante. Si el hombre nos da un modo de revertir lo que hizo, quizá lo dejemos con vida. Pero en todo caso, improvisaré.

FABRICIO

El médico se volvió a ubicar frente a su escritorio con algunos papeles en la mano. El rostro de sorpresa era inconfundible y parte de Fabricio se alegró de que su fachada de saberlo todo se hubiera caído escandalosamente.

MEDICO: No sé qué decir. Tienen algo en el estómago pero ni siquiera es humano.
FABRICIO: Sabemos que no lo es. Esto es una especie de araña que al nacer, hace explotar en estómago de los hombres. Lo hemos visto. Por eso, necesitamos que encuentre una forma de quitarnos esto cuanto antes.
MEDICO: Puedo ofrecerles un control diario. Tomaremos las precauciones necesarias para que todo llegue a buen término con las menores complicaciones posibles.
JAIME: ¿Qué?
FABRICIO: No fue lo que pedimos.
MEDICO: Ustedes me pidieron un aborto y eso es ilegal.
FABRICIO: ¡Pero fuimos violados!
MEDICO: Un hecho aberrante, sin lugar a dudas. Pero ustedes tienen en su vientre el poder de transformar ese evento repudiable en algo maravilloso.
JAIME: ¡Doctor! ¡Nuestra vida corre peligro!
MEDICO: Les garantizo que tendrán los cuidados necesarios para que se salven las dos vidas.
JAIME: ¿Es usted estúpido?
MEDICO: No les realizaré un aborto, señor Barrioviejo.

Aquello era más de lo que podía soportar Fabricio. Se levantó de su silla y le puso la mano en el hombro a Jaime para invitarlo a que lo imite.

FABRICIO: Bueno, si aquí no quiere realizar el procedimiento que pedimos, iremos a una clínica privada para realizarlo.
MEDICO: No tiene seguro social para costear una clínica privada, señor Comarca.
FABRICIO: Maldita sea, eso es cierto. Bueno, iremos a ver un chamán. ¿No le pesa en la consciencia que mi vida y la de mi amigo esté en manos de un curandero?

El médico sonrió, guardando los estudios que se hicieron en un sobre.

MEDICO: Soy un católico de clase media. ¿Cree que me importa la suerte de los pobres?

GERMAN

El calor lo estaba mareando, pero no podía perder la concentración en ese momento tan delicado.

GERMAN: Creo que estamos cerca. Las huellas de varias personas están frescas por el piso...

Se vio obligado a apoyarse sobre el tronco de un árbol. Estaba sufriendo un golpe de calor.
Se agitó.
Fernando, a su lado, se acercó con preocupación. Le extendió la botella.

FERNANDO: Estás deshidratándote.

Germán bebió unos cuantos sorbos más hasta acabar la botella, pero el ardor dentro de su cuerpo no cesaba.

GERMAN: No sé qué me pasa...
FERNANDO: Lamento que tenga que ser así, Germán.

Germán lo miró sin comprender. Su vista se tornaba borrosa.

GERMAN: ¿Qué dices?
FERNANDO: Es que tienes una piel irrompible. Y cuando no se te puede matar por fuera, hay que hacerlo por dentro.

Germán miró la botella vacía a sus pies.
Pensó que el sabor amargo que había en el jugo de naranja era producto del calor o quizá porque el líquido había expirado. Pero no. Era otra cosa.

GERMAN: ¿Qué me hiciste?
FERNANDO: Te envenené.
GERMAN: ¿Por qué?

Estaba perdiendo el equilibrio. Se tiró de rodillas al piso, intentando recomponerse, pero no hubo manera.

FERNANDO: Porque si vamos a ver al señor de la muerte, no puedo aparecer sin un regalo.


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