FABRICIO
En
el Hospital General de Estrella Dorada, Fabricio y Jaime esperaban al obstetra
con el que habían sacado turno.
Fabricio
notó que su amigo, también embarazado, estaba inquieto ante la situación. Por
lo que recurrió a su truco constante en los momentos tensos y decidió hablar
sobre el primer absurdo que se le venía a la cabeza.
FABRICIO:
Ojalá Dr. House fuera real. Él sabría enfrentar a este problema.
JAIME:
Dr. House diagnosticaba. Nunca nos hubiera creído la historia de una araña
mutante que nos embaraza con un aguijón. Nos hubiera sometido a miles de
estudios.
FABRICIO:
Es cierto. Quizá es un mal personaje de ficción para nuestra situación tan
delicada.
Jaime
se estaba mordiendo las uñas y Fabricio comenzó a desesperarse.
FABRICIO:
Tienes que calmarte un poco.
JAIME:
No puedo calmarme. Ya es bastante raro que, siendo hombre, tenga que venir a un
obstetra. Peor es decirle que estoy embarazado. Y lo más raro de todo, es venir
contigo a la misma consulta.
FABRICIO:
Sí. Es una tristeza que no podamos llevarlo a término. Hubiera sido divertido
si ambos organizábamos un baby shower.
Jaime
lo miró como si hubiera perdido la razón.
JAIME:
¿Eso es lo que te angustia?
FABRICIO:
Eso y, ya sabes, la parte donde vamos a morir de una forma violenta y
sangrienta. ¿Por qué Irupé no vino contigo?
JAIME:
Porque dice que no puede aceptar que esté embarazado de otra mujer. Que tendría
que haberme cuidado.
FABRICIO:
¿Le dijiste que ella jamás hubiera podido embarazarte?
JAIME:
No. La dejé de escuchar después de eso.
La
puerta del consultorio se abre. Un médico canoso, de bata blanca, ingresó en la
habitación. Había un atisbo de duda y asombro al ver a dos hombres allí, algo
que no parecía ser muy habitual.
No
obstante, mantuvo su expresión cordial y tomó asiento detrás de su escritorio.
MEDICO:
Díganme, ¿qué puedo hacer por ustedes?
JAIME:
Es un poco complicado de explicar, doctor. Así que intentaré ir paso por paso
para no confundirlo, porque nuestra historia es rara...
FABRICIO:
Estamos embarazados y queremos abortar.
JAIME:
¡Fabricio!
FABRICIO:
Perdón, Jaime, pero es que a tu paso nunca ibas a llegar al punto.
Tenía
ganas de decirle que su grupo estaba lidiando con un no muerto en ese momento,
por lo que tampoco tenía mucho tiempo para perder. Pero eso hubiera sido
todavía peor.
El
médico no perdió la sonrisa, pero su expresión se volvió sombría al mirarlos
intercaladamente.
MEDICO:
¿Esto es una broma? ¿Estoy en una cámara oculta o algo así?
FABRICIO:
No, doctor. Tenemos algo en nuestro estómago. Algo que está creciendo cada vez
más y nos puede matar.
MEDICO:
¿No probaron con una dieta?
FABRICIO:
¿Nos está diciendo gordos?
JAIME:
Doctor, es cierto. Puede hacernos los estudios que quiera. Va a descubrir que
tenemos algo dentro.
MEDICO:
Eso es imposible, mis amigos. A menos que... No lo sé, ¿se sometieron a un
cambio de sexo recientemente?
JAIME:
¡No, doctor!
FABRICIO:
Yo lo he pensado.
Jaime,
cada vez más furioso, se volvió a mirarlo.
JAIME:
¿Qué?
FABRICIO:
Es que si fuera mujer, podría lamer mis tetas todo el tiempo. Como hacen las
mujeres.
Jaime
se volvió hacia el médico.
JAIME:
Dejemos de hablar con el idiota y ahora solamente hable conmigo. Puede hacernos
una ecografía, doctor. Allí tiene que salir.
El
médico no parecía convencido. Estaba en la delgada línea de insultarlos por
hacerles perder el tiempo y el considerarlos peligroso por la poca salud mental
que ambos parecían tener.
MEDICO:
Bien. Una ecografía y van a ver que no tienen nada.
MOMENTO MUSICAL
Jaime
y Fabricio se están haciendo los estudios correspondientes en el médico,
mientras cantan esta bella canción a los embriones que tienen en sus vientres.
FABRICIO:
Yo te esperaba
y veía mi cuerpo crecer
mientras buscaba
el nombre que te di.
JAIME:
En el espejo
fui la luna y el aire perdí.
Contigo dentro
jamás fui tan feliz.
FABRICIO:
Moría por sentir
tus piernecitas frágiles
pateando la oscuridad
de mi vientre maduro.
JAIME:
Soñar no cuesta, no,
y con los ojos húmedos.
Te veía tan alto, es más,
en la cima del mundo.
FABRICIO:
Yo te esperaba
imaginando a ciegas el color
de tu mirada
y el timbre de tu voz.
JAIME:
Muerto de miedo
le rogaba al cielo que te deje
llegar lejos,
mucho más que yo.
FABRICIO:
Yo te esperaba
y pintaba sobre las paredes
de tu cuerpo,
sueños en color.
JAIME:
Restaba sin parar
días al calendario.
Sólo tú me podías curar
el mono de escenario.
FABRICIO:
El mundo es como es
y no puedo cambiártelo
pero siempre te seguiré
para darte una mano.
JAIME:
Yo te esperaba
imaginando a ciegas el color
de tu mirada
y el timbre de tu voz.
FABRICIO:
Muerto de miedo
le rogaba al cielo que te deje
llegar lejos,
mucho más que yo.
FABRICIO:
Yo te esperaba
y el espejo nos miraba mientras
ya te amaba.
IRUPE
El
no muerto le generaba pánico.
Federico
había abierto los ojos y, como si fuera un animal que se ve enjaulado, había
comenzado a intentar salir de la jaula en la que lo metieron.
No
obstante, pareció darse cuenta que el primer instinto no lo iba a ayudar. Miró
a las cuatro personas que estaban frente a él e intentó razonar. Virginia,
Celina, Damien y ella lo contemplaban con fascinación.
FEDERICO:
Si me dejan ir, no les haré daño. Ustedes no me interesan. Sólo quiero a
Nicolás.
VIRGINIA:
No podemos dejarte salir, Federico. No, al menos, hasta encontrar la manera de
revertir el estado en el que te encuentras.
FEDERICO:
¿Por qué quisiera volver a ser un simple humano? Todas mis alergias
desaparecieron. Incluso, hasta mi visión mejoró notablemente.
Irupé
cayó en cuenta que el muchacho ya no llevaba puestos los lentes que usaba
cuando lo encontraron, intentando estrangular a su amigo.
IRUPE:
¿Qué se siente estar muerto?
FEDERICO:
Es un mundo maravilloso. No hay dolor. Todas mis preocupaciones no están. No
siento frío ni hambre. No siento más que la grata necesidad de satisfacer a mi
creador.
DAMIEN:
¿No crees que es un precio muy caro el dejar de ser un humano e intercambiarlo
por devoción?
FEDERICO:
¿Cuál es el precio justo que se debe pagar por ser eterno?
Irupé
se sorprendió al descubrir que Damien ni siquiera lo estaba escuchando. Al
contrario de eso, leyó algo en su celular y se volvió a las mujeres de su
grupo.
DAMIEN:
Debo ir a hablar con Franco. Volveré en cuanto pueda. No dejen que Celina se
lleve a Nicolás.
CELINA:
Ve tranquilo, Damien. Después de lo que me sucedió esta mañana, no tengo deseos
de volver a estar cerca de ningún hombre. ¿Para qué? Todos ellos simplemente te
lastiman. Son cobardes. Cuando tienen que dar el paso para aferrarse a ti, simplemente
se dan la media vuelta y se van.
DAMIEN:
De acuerdo. Nos vemos.
Y
Damien subió las escaleras y se marchó. Irupé y Virginia, resignadas a sus
vidas miserables, tuvieron que escuchar la historia de Celina y el sufrimiento
que le ocasionaba el abandono de Alejandro.
IRUPE:
Celina, no puedo creer que te pongas mal por un hombre con el que nunca tuviste
nada.
CELINA:
Y con el que claramente no voy a tener porque se va a otro barrio.
IRUPE:
¿Y nunca consideraste la posibilidad de tener algo con alguien fuera de este
barrio?
CELINA:
No. Nunca.
VIRGINIA:
Tampoco yo.
Las
dos muchachas ahora miraron a Virginia.
VIRGINIA:
Aunque asumo que eso ya lo sabían.
GERMAN
La
bestia dejaba huellas en el piso.
Había
aprendido algo sobre rastrillaje en su corto paso por la policía. No era
suficiente, pero era algo.
El
sol de la tarde lo estaba matando y cuando entraron en el bosque, la humedad
fue demasiada. En cuestión de segundos, su cuerpo estaba repleto de
transpiración.
FERNANDO:
No eres de hablar mucho.
GERMAN:
Tampoco tú.
FERNANDO:
A veces lo hago.
GERMAN:
Empezaste a hablar más desde que volvimos de Bahía Ausente.
El
comentario pareció confundir a Fernando, pero Germán no tenía tiempo ni ganas
de saber si por casualidad lo habría ofendido.
FERNANDO:
¿Ah, sí? ¿Te pareció?
GERMAN:
Sólo es una impresión. Aunque sospecho que te asustaste cuando fuiste
secuestrado.
FERNANDO:
Quizá eso me hizo reconsiderar la vida.
Germán
sonrió. Hacía tiempo que no sonreía y no estaba seguro que Fernando lo hubiera
hecho con esa intención.
Lo
miró de reojo y se sorprendió al descubrir que él estaba completamente seco.
Qué afortunado.
Fernando
sacó una botella de su mochila. Gatorade.
FERNANDO:
¿Tienes sed?
Aceptó
la botella sin responder. Continuó concentrado en el camino.
FERNANDO:
¿Crees que todavía esté por aquí? Según lo que contaron, parece que Irupé lo
espantó.
GERMAN:
Un nigromante y tres personas muertas no irían a la ciudad. Al menos, no de
día. Deben seguir por la zona.
FERNANDO:
¿Y qué pretendes hacer cuando lo encuentres?
GERMAN:
Mi intención principal es localizar al nigromante. Si el hombre nos da un modo
de revertir lo que hizo, quizá lo dejemos con vida. Pero en todo caso,
improvisaré.
FABRICIO
El
médico se volvió a ubicar frente a su escritorio con algunos papeles en la
mano. El rostro de sorpresa era inconfundible y parte de Fabricio se alegró de
que su fachada de saberlo todo se hubiera caído escandalosamente.
MEDICO:
No sé qué decir. Tienen algo en el estómago pero ni siquiera es humano.
FABRICIO:
Sabemos que no lo es. Esto es una especie de araña que al nacer, hace explotar
en estómago de los hombres. Lo hemos visto. Por eso, necesitamos que encuentre
una forma de quitarnos esto cuanto antes.
MEDICO:
Puedo ofrecerles un control diario. Tomaremos las precauciones necesarias para
que todo llegue a buen término con las menores complicaciones posibles.
JAIME:
¿Qué?
FABRICIO:
No fue lo que pedimos.
MEDICO:
Ustedes me pidieron un aborto y eso es ilegal.
FABRICIO:
¡Pero fuimos violados!
MEDICO:
Un hecho aberrante, sin lugar a dudas. Pero ustedes tienen en su vientre el
poder de transformar ese evento repudiable en algo maravilloso.
JAIME:
¡Doctor! ¡Nuestra vida corre peligro!
MEDICO:
Les garantizo que tendrán los cuidados necesarios para que se salven las dos
vidas.
JAIME:
¿Es usted estúpido?
MEDICO:
No les realizaré un aborto, señor Barrioviejo.
Aquello
era más de lo que podía soportar Fabricio. Se levantó de su silla y le puso la
mano en el hombro a Jaime para invitarlo a que lo imite.
FABRICIO:
Bueno, si aquí no quiere realizar el procedimiento que pedimos, iremos a una
clínica privada para realizarlo.
MEDICO:
No tiene seguro social para costear una clínica privada, señor Comarca.
FABRICIO:
Maldita sea, eso es cierto. Bueno, iremos a ver un chamán. ¿No le pesa en la
consciencia que mi vida y la de mi amigo esté en manos de un curandero?
El
médico sonrió, guardando los estudios que se hicieron en un sobre.
MEDICO:
Soy un católico de clase media. ¿Cree que me importa la suerte de los pobres?
GERMAN
El
calor lo estaba mareando, pero no podía perder la concentración en ese momento
tan delicado.
GERMAN:
Creo que estamos cerca. Las huellas de varias personas están frescas por el
piso...
Se
vio obligado a apoyarse sobre el tronco de un árbol. Estaba sufriendo un golpe
de calor.
Se
agitó.
Fernando,
a su lado, se acercó con preocupación. Le extendió la botella.
FERNANDO:
Estás deshidratándote.
Germán
bebió unos cuantos sorbos más hasta acabar la botella, pero el ardor dentro de
su cuerpo no cesaba.
GERMAN:
No sé qué me pasa...
FERNANDO:
Lamento que tenga que ser así, Germán.
Germán
lo miró sin comprender. Su vista se tornaba borrosa.
GERMAN:
¿Qué dices?
FERNANDO:
Es que tienes una piel irrompible. Y cuando no se te puede matar por fuera, hay
que hacerlo por dentro.
Germán
miró la botella vacía a sus pies.
Pensó
que el sabor amargo que había en el jugo de naranja era producto del calor o
quizá porque el líquido había expirado. Pero no. Era otra cosa.
GERMAN:
¿Qué me hiciste?
FERNANDO:
Te envenené.
GERMAN:
¿Por qué?
Estaba
perdiendo el equilibrio. Se tiró de rodillas al piso, intentando recomponerse,
pero no hubo manera.
FERNANDO:
Porque si vamos a ver al señor de la muerte, no puedo aparecer sin un regalo.
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