Previamente:
El
nigromante Cóndor apareció en las afueras de Estrella Dorada y asesinó a todos
los amigos de Nicolás. Cuando él estaba por morir, seis integrantes del Círculo
de los 7 aparecieron para salvarlo.
Lograron
quedarse con uno de los muertos vivientes y llevarlo al sótano de la casa de
Damien hasta decidir qué hacer con él.
Damien
visitó a su antiguo amor platónico, Franco, para pedirle asilo cuando el barrio
sea atacado, tal como lo predijo Celina después de su viaje al futuro. Pero
descubrió gratamente que Franco también tiene la habilidad de convertir las
cosas en piedra y hasta pueda volverlas a su origen. Franco fue consciente de
que una guerra se avecinaba y Damien le estaba pidiendo que fuera su aliado.
Virginia
no le confesó a ninguno de sus amigos que su hermana gemela no existe, como
tampoco reveló a nadie que ella se quedó con el Compendio. Ella quiere
encontrar una forma de revertir el pasado y salvar a todas las personas que
murieron por sus planes. Además, al saber que en realidad sí fue el amor de la
vida de Fernando, siente un ligero rechazo cada vez que el muchacho ronda
cerca.
Celina
descubrió que Zack se marchó del barrio, con la promesa de que llegaría un
nuevo instructor para entrenarlos con sus habilidades. Pero también se enteró
que Alejandro, el caballero blanco que estaba destinado a amarla, también se
marcharía.
Fabricio
y Jaime quisieron realizarse un aborto de las arañas que están creciendo dentro
de ellos, pero no se los permitieron porque el médico es provida. Están
contrarreloj y tienen que encontrar una forma de interrumpir el embarazo antes
de que ambos mueran violentamente en el parto.
Germán
emprendió un rastrillaje por la zona a efectos de poder dar con el nigromante.
Fue acompañado por Fernando, quien en realidad no es otro que Guido, un demonio
amigo de Cóndor. Guido asesinó a Germán para ofrecerlo como ofrenda a su amigo
y así poder tener acceso a pedirle un favor. Guido, un eterno enamorado, quiere
recuperar al amor de su vida, Lorena, la antigua novia de Theo, a quien también
asesinó. Germán, entonces, revivió y ahora está al servicio de Cóndor.
CELINA
Tomó
asiento sobre la baranda en el portal de la casa de Fabricio. Era una nebulosa
mañana de sábado. Probablemente una tormenta vendría muy pronto para
contrarrestar el calor con el que vinieron luchando los días anteriores.
CELINA:
Así que todavía sigues embarazado.
FABRICIO:
Sí, lo sigo. Es terrible. No tengo dinero para ir a hacerme un aborto en una
clínica privada y cada día que pasa, esta criatura en mi interior está más
cerca de destriparme. Literalmente. Simplemente saldrá de mí y mis tripas
estarán por todas las paredes.
CELINA:
Te entiendo, Fabricio. A mí me pasa lo mismo.
Fabricio
la miró con incredulidad.
FABRICIO:
Lo dudo.
CELINA:
Bueno, no lo mismo. No estoy embarazada de una criatura mutante. Pero Alejandro
se irá del barrio.
FABRICIO:
No entiendo cómo relacionas eso con lo que me pasa a mí.
CELINA:
En la angustia, hombre. A ambos nos angustia algo.
FABRICIO:
Mi vida está en peligro, Celina. Hay un bicho que está creciendo en mi
interior... ¡Eso es! ¡Un veterinario!
CELINA:
¿Qué?
FABRICIO:
Quizá un médico no quiera sacarme a la araña bebé, pero puedo probar con un
veterinario.
CELINA:
Conozco a uno muy atractivo. Si quieres, puedo acompañarte a probar suerte.
FABRICIO:
No me importa si es atractivo o no. Me importa si es competente.
CELINA:
Bueno, creo que sí. Así que ambos ganamos. Tú consigues un veterinario
competente y yo consigo ver a alguien hermoso.
FABRICIO:
Voy a buscar mis ecografías...
Pero
Fabricio no pudo continuar hablando. En ese momento, por la entrada al barrio
ingresaba Fernando. El joven se había marchado en compañía de Germán el día
anterior para investigar las huellas del nigromante.
CELINA:
Que Fernando vuelva solo no es señal de buenas noticias.
FABRICIO:
Hubiera preferido que vuelva Germán.
Los
dos salen a correr para ayudarlo. Fernando estaba herido. Tenía raspones por
todo el rostro, el cual nunca fue del todo agraciado.
CELINA:
Dios mío, ¿qué te ha pasado?
FERNANDO:
Nos atacaron. El nigromante y sus bestias.
FABRICIO:
¿Y Germán?
FERNANDO:
Lo tienen.
Celina
se lleva las manos en el pecho, a punto de romper a llorar.
CELINA:
¿Qué significa que lo tienen?
FERNANDO:
Que Germán ahora es uno de ellos, Celina.
CELINA:
¡Oh, por Dios! ¡Esto es lo peor que me ha pasado desde que me enteré que
Alejandro se va!
FABRICIO:
¿En serio? ¿Ni siquiera el hecho de que Jaime y yo estemos por morir llegaba al
ranking?
Celina
se vio obligada a poner los ojos en blanco.
CELINA:
Por Dios, Fabricio, no todo gira en torno a ti.
VIRGINIA
Apenas
había pegado un ojo en toda la noche.
Se
suponía que debía estar pensando en cómo ayudar al muchacho no muerto en el
sótano de Damien, pero continuó interesada en el Compendio.
El
hechizo que se había realizado ella misma, tres años atrás, fue el primero que
encontró. Un conjuro simple en donde disoció su memoria y se construyó una
nueva. No muy diferente a la anterior, pero distinta. Eso le hizo creer que
todo el tiempo tuvo una hermana.
Lo
que no podía encontrar en el conjuro era una manera de revertirlo. No explicaba
cómo poder volver a unificar su memoria, para así poder descartar lo que era
real de lo que no.
¿Fernando
fue real? ¿Hernán fue real? ¿Cuál es su historia realmente?
Durmió
unas horas. Al día siguiente, aprovechando el sábado, se levantó temprano y con
su café en mano decidió continuar con su investigación. El libro, realmente era
muy interesante.
Llamaron
a su puerta un rato después. Conociendo a cualquiera de sus amigos, iba a
entrar en su casa lo invitara ella o no, así que la prioridad era esconder el
libro.
Abrió
la puerta. Su amiga Celina entró en la casa.
CELINA:
Tenemos problemas.
VIRGINIA:
¿Nunca pensaste en venir a verme para darme buenas noticias?
CELINA:
¡Jamás!
VIRGINIA:
¿Qué sucedió?
CELINA:
Fernando. Acaba de regresar. Solo. Dice que tuvieron un enfrentamiento con el
nigromante y que Germán cayó.
VIRGINIA:
¿Cómo pudo caer Germán en una batalla cuando tiene una piel irrompible?
CELINA:
Ni idea. ¿Un conjuro? Fernando está en su casa. Propongo que nos reunamos allí
para decidir qué podemos hacer.
VIRGINIA:
Buen plan. Avísale al resto. Yo cargaré mi copa de vino y los veré allí.
Celina
asintió y se marchó.
Virginia
volvió hacia su cocina, llenó su copa con vino dulce y se preguntó si ese
ritual lo hacía cuando era Margaret. ¿O acaso era un gusto que adquirió
recientemente?
Salió
de su casa, cruzó la calle de tierra y llegó hasta el portal de la casa de
Fernando. Como vio la puerta abierta, ingresó al lugar.
Fernando
escuchó el movimiento en su living y salió a recibirla, envuelto en una toalla
que cubría su entrepierna. Virginia por poco se ahoga con el vino.
VIRGINIA:
Lo siento, yo...
FERNANDO:
Oh, perdón, pensé que eras Celina.
VIRGINIA:
Si fuera Celina, ¿no tendrías pudor en andar vestido solamente con una toalla?
FERNANDO:
También. Pero es que ella sabía que yo iba a entrar a bañarme.
VIRGINIA:
Convenientemente, no me lo dijo.
FERNANDO:
Si me esperas un segundo... Me pondré algo de ropa.
VIRGINIA:
Claro. Tranquilo.
Decidió
dejar de mirarlo y tomó asiento en el living, mientras percibía que el muchacho
entraba en la habitación.
¿Cuál
era su historia con Fernando? ¿Por qué lo había abandonado hace tanto tiempo
atrás? ¿Por qué lo había borrado de su memoria?
MOMENTO MUSICAL
Virginia,
confundida, canta esta alegre canción en compañía de un viejo amor que no
recuerda.
VIRGINIA:
Parecía que estábamos en el lugar,
la hora y sintonía.
FERNANDO:
Podría decir que sabíamos ya
lo que nos iba a pasar.
VIRGINIA:
Prefiero pensar en la posibilidad
de que fue por pura casualidad.
FERNANDO:
Sabemos que no hace falta intentar
que parezca de verdad.
VIRGINIA:
Ya no tiene sentido
seguir como si nada.
Si sentimos lo mismo,
nos podemos callar.
FERNANDO:
Cada vez que te sigo
consigo desaparecer.
VIRGINIA:
Aparece conmigo
como la primera vez.
FERNANDO:
Nunca se sabe contigo
cuándo volverá a llover.
VIRGINIA:
Llevo puesto el abrigo
por si no te vuelvo a ver.
VIRGINIA:
Y después de olvidar
nos volvimos a ver.
Qué tal te va la vida.
Se nos pasa las horas
tomando café
como la primera vez.
FERNANDO:
Parecía que estábamos en el lugar,
la hora y sintonía.
VIRGINIA:
Podría decir que sabíamos ya
lo que nos iba a pasar.
FERNANDO:
Ya no tiene sentido
disimular las ganas.
VIRGINIA:
Si sentimos lo mismo,
nos podemos callar.
FERNANDO:
Cada vez que te sigo
consigo desaparecer.
VIRGINIA:
Aparece conmigo
como la primera vez.
FERNANDO:
Nunca se sabe contigo
cuándo volverá a llover.
VIRGINIA:
Llevo puesto el abrigo
por si no te vuelvo a ver.
VIRGINIA:
Por la mañana
me pienso volver a quedar.
Ahora que tengo despierto
el instinto animal.
FERNANDO:
Un adiós que no se termina
y nunca se va a terminar.
VIRGINIA:
Cada vez que te sigo
consigo desaparecer.
Aparece conmigo
como la primera vez.
FERNANDO:
Nunca se sabe contigo
cuándo volverá a llover.
VIRGINIA:
Llevo puesto el abrigo
por si no te vuelvo a ver.
FERNANDO:
Cada vez que te sigo...
VIRGINIA:
No estoy.
FERNANDO:
Cada vez que te sigo...
VIRGINIA:
No estoy.
FERNANDO:
Cada vez que te sigo...
VIRGINIA:
No estoy.
FERNANDO:
Cada vez que te sigo.
DAMIEN
Fue
Nicolás quien, cual dueño de casa, abrió la puerta cuando llamaron. Damien se
encontraba desayunando, pero decidió sacrificar sus tostadas ante la visita de
Franco Verdi.
Nicolás,
al ver a Franco, se volvió hacia Damien.
NICOLAS:
¿Quién es él?
DAMIEN:
Es un amigo.
FRANCO:
Así que ahora somos eso. Hasta ayer, era tu jefe.
DAMIEN:
Hasta ayer, no tenía idea de que tenías poderes.
Franco
se asustó por la exposición y, de reojo, le lanzó una mirada a Nicolás.
NICOLAS:
Descuida. Hasta ayer, tampoco tenía idea de que había gente así. Hoy ya es otra
cosa.
DAMIEN:
Franco viene a ver a Federico, Nicolás.
NICOLAS:
(a Franco) ¿Vas a ayudarlo a que vuelva a ser como antes?
FRANCO:
Mis poderes no se basan en traer a la vida a los muertos.
NICOLAS:
¡Qué lástima! Quería que esta pesadilla termine de una vez. (a Damien)
Entonces, ¿qué hace aquí?
FRANCO:
Política. Eso es lo que está haciendo tu anfitrión conmigo.
Nicolás
agachó la cabeza como si hubiera escuchado una palabra incapaz de comprender.
Damien, antes de marcharse, echó una mirada hacia la ventana.
DAMIEN:
Nico, bajaré al sótano con Franco para hablar sobre tu amigo. Está viniendo
Celina hasta aquí. Toma el recado de lo que venga a contar y cuéntamelo cuando
volvamos a subir.
NICOLAS:
¿Y qué pasa si me dice algo importante?
DAMIEN:
Todo lo que Celina venga a decirte, creerá que es importante. Pero a menos que
nos esté anunciando que hay una evacuación porque unas arpías asesinas vienen a
destruir el barrio, no nos interrumpas.
NICOLAS:
Arpías. Entendido.
Franco
y Damien entran al sótano y comienzan a bajar las escaleras lentamente.
FRANCO:
Hermoso tu mayordomo.
DAMIEN:
No es mi mayordomo.
FRANCO:
Puedo ofrecerle trabajo siendo el mío. ¿Viste esas nalgas?
DAMIEN:
Franco, te recuerdo que estamos aquí para tratar temas de mucha importancia, no
para sexualizar a la gente que nos pide ayuda. Y sí. Las vi. Son
impresionantes.
Se
detuvieron frente a la jaula donde estaba Federico.
El
muchacho tenía la piel gris. Estaba en posición relajada pero conservaba la mirada
turbia, como si estuviera dispuesto a atacar ante la menor oportunidad.
Franco,
quien usualmente permanecía en control de sus emociones, esta vez estaba
sorprendido.
FRANCO:
¿Está muerto de verdad?
DAMIEN:
Así parece.
Franco
se acercó a la jaula.
DAMIEN:
Peligrosamente cerca, Franco.
El
comentario hizo que el millonario se retrocediera medio paso. Se volvió hacia
Damien.
FRANCO:
¿Habla?
DAMIEN:
Según Nicolás, sí. Pero no ha abierto la boca desde que lo metimos aquí.
FRANCO:
Fascinante.
Franco
se volvió a girar hacia Federico.
FRANCO:
Oye, amigo. Sólo queremos ayudarte. ¿Por qué no empezamos a tener un poco de
conversación?
FEDERICO:
Sólo tengo una cosa para decirles.
Damien
sintió un escalofrío. La voz, pese a haber salido desde la boca de Federico,
sonaba lejana y tenebrosa, como desde el Más Allá.
FRANCO:
Ya es algo. ¿Qué nos quieres decir?
FEDERICO:
Todos van a morir hoy.
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