viernes, 28 de diciembre de 2018

Chapter 54


VIRGINIA

Aburrida y sin saber si Celina vendrá alguna vez por ella, Virginia continúa sobre la rama, escondida de todos.
Está analizando su siguiente paso a seguir cuando escucha, por debajo, que hay una persona que camina por un pequeño claro cerca de ella.
Se quita las gafas.
La reconoce.
Una muchacha de cabellera negra y abundante, camina entre la maleza rumbo hacia el sur.
Es Margaret.
O Valeria.
O como se haga llamar en el campamento.
¿Qué hace a esa hora y por ese lado del bosque?
Decide seguirla.
Es su propia hermana pero no confía en ella.

CELINA

Celina está frente a frente, hablando con Lucas, el muchacho que acaba de conocer pero que tiene el Compendio que fueron a buscar.

CELINA: Lo cierto es que Santiago y yo no nos queríamos. Todos me hacen ver como la mala de la película a mí, porque fui la que se mudó de casa y lo abandonó en el altar, pero él tenía muchas cosas negativas. Aun así, después de que terminamos, recién pude contemplar la posibilidad de salir con otros hombres. Por un lado, Fabián me resultaba atractivo con su mal humor y su amargura. Y Germán también, por su estilo rústico y su personalidad prehistórica. Aunque ninguno de ellos dos se compara con el hombre de blanco. Ese muchacho que conocí en el futuro que luego resultó ser Alejandro. Dios, ¡lo amo tanto! Si tú hubieras visto cómo se moría de amor por mí...
LUCAS: Hem... Celina, ¿no?
CELINA: Sí.
LUCAS: No tengo idea de por qué me empezaste a contar tu vida afectiva cuando te pregunté si voy a morir mañana.
CELINA: Es que me pareció un buen cambio de tema. Hablar de tu muerte es triste.
LUCAS: Igual que tu vida afectiva.

Celina está a punto de romper a llorar cuando ve, por la ventana, a Fabián en el exterior.

CELINA: Oh, es mi amigo. Debo hablar con él.

Sale al exterior de la habitación y se encuentra con el muchacho, quien parece sumamente aliviado de verla.

FABIAN: Oh, allí estás. ¿Un día y ya estás en la habitación con un muchacho?
CELINA: No. Sólo bastaron unos minutos.

Fabián la mira boquiabierta.

CELINA: ¿Sucedió algo?
FABIAN: Germán. Desapareció.
CELINA: ¡¿Qué?!
FABIAN: ¿Dónde diablos estaban? ¿Estás con Virginia?
CELINA: No. La dejé abandonada en un árbol.
FABIAN: ¿Por qué?
CELINA: Quedó allí después de que, sin querer, liberamos a un peligroso fantasma.
FABIAN: Ah, claro. Eso lo explica todo.
CELINA: Tenemos que ir a buscarla ahora.

IRUPE

Irupé y Fernando se quedan paralizados ante el demonio que ingresa a la casa de Theo y hace explotar todas las luces del lugar.
Un grito alarmante los hace sobresaltar.
Son conscientes del peligro que corren pero el miedo les impide marcharse.

IRUPE: Oh, por Dios, ¿qué hacemos?
FERNANDO: Tú eres la de los poderes. ¡Haz algo!
IRUPE: Creo que podemos afirmar que ya he hecho suficiente.

Fernando la mira con incredulidad.

FERNANDO: ¡¿Eso es lo mejor que tienes para aportar?!
IRUPE: ¡Es más de lo que estás haciendo tú!
FERNANDO: ¡Yo no dejé entrar al demonio en la casa!
IRUPE: ¡Se hizo pasar por Jaime! ¡Un Jaime herido! ¡Y quisiste dejarlo fuera! Le diré a mi marido tu actitud para que recuerde no enviarte nada en el Día del Amigo.
FERNANDO: No será necesario porque no creo que sobrevivamos.

El demonio en cuestión intenta ingresar al cuarto donde se encuentra Theo. No puede.

IRUPE: No puede acceder al cuarto de Theo.
FERNANDO: Theo lo debe haber protegido con magia también.
IRUPE: Ese chico...

Le presta atención al demonio. Tiene, después de todo, el cuerpo de hombre joven, algo regordete, de mirada felina y rasgos atractivos.

FERNANDO: No es un chico, es un demonio.
IRUPE: Pero lo conocemos.
FERNANDO: ¿De dónde?
IRUPE: Estaba en la foto de Theo. Es uno de los cuatro que aparece en la foto de Theo.

VIRGINIA

Sigue a su hermana por un pequeño camino que hay entre la maleza.
Mantiene una distancia prudente, guiada más por el sonido de sus pasos que por la visión que existe en el bosque.
La noche impide ver mucho aunque la luna proyecta una buena iluminación nocturna.
Se detiene y, por instinto, se esconde detrás de un árbol.
Valeria se ha encontrado con alguien.
¿Con quién?
No puede verlo, pero nota que su hermana lo abraza.
Es un muchacho, de lo único que puede estar segura.
¿Acaso es Fernando?

VALERIA: Las cosas se han salido de control aquí. No podemos dar con Max. Los chicos intentaron seguirlo pero está en un quinta, protegido por un bosque de Arpías.

Escucha que el muchacho responde, pero habla en voz baja. No logra interpretar lo que dice.
Se pone nerviosa.
Quiere acercarse hacia ellos pero sabe que moverse de allí es peligroso.
Se fastidia, con la facilidad que se enoja ante la menor frustración.
Sea lo que fuere que le contestó el muchacho, logró alterar a su hermana.

VALERIA: ¡No puedo hacer eso! ¡Tiene que haber otro modo!
HOMBRE: Cálmate. Tienes que pensar en frío... Esto es por tu bien...
VALERIA: ¡Pero pondré en peligro la vida de todos! ¡Todos en este campamento morirán!

Virginia siente el escalofrío.
No sabe cuál es el plan pero entiende que su hermana está analizando la posibilidad de destruir el lugar.
¿Acaso fue ella quien ocasionó la tragedia?

HOMBRE: ¡Es el único modo, Margaret! De otro modo, vas a morir tú.

Virginia siente un nudo en el estómago y unos intensos deseos de vomitar.

CELINA

Celina y Fabián llegan corriendo hacia el árbol donde había quedado Virginia, pero ella ya no está allí.

CELINA: ¡No está! ¡También la perdimos!
FABIAN: Cálmate, Celina.
CELINA: ¡No lo entiendes! Perdimos a Germán y ahora perdimos a Virginia. ¡Todo nuestro grupo se ha dividido! ¡Esta es mi peor pesadilla!
FABIAN: Celina, debe estar por ahí...
CELINA: O tal vez el fantasma que liberamos volvió y se la llevó. ¿Ahora cómo vamos a saberlo? ¡Esto es lo peor que nos pudo haber pasado, Fabián!

Fabián intenta contener aquel drama inadecuado.
Ella se echa a llorar en sus brazos.

FABIAN: Celina... No debería decirte esto, debido a que es el momento más inoportuno, pero en vista de la situación, no sé cuánto tiempo tendremos.
CELINA: ¿A qué te refieres? Tú también me vas a abandonar, ¿verdad?
FABIAN: No. Sólo quería decirte que... Siento algo por ti.

Ella deja de llorar automáticamente.
Se queda boquiabierta.

CELINA: Vaya. Eso no me la vi venir.
FABIAN: Eres el motivo por el que vine a este viaje. Nunca pensé que realmente pondría en peligro mi vida.
CELINA: Fabián...
FABIAN: Lo sé. Sé que en una situación como esta, no hay lugar para tener sentimientos, pero como bien has dicho, todos se han perdido y no sé qué puede pasar el día de mañana, pero...
CELINA: Yo amo a Alejandro.
FABIAN: ¿Qué?
CELINA: Oh, por Dios, no puedo creer lo que dije. ¿Me escuchaste?
FABIAN: Sí, te escuché.
CELINA: Yo amo a Alejandro.
FABIAN: Y lo sigues diciendo.
CELINA: ¡Es genial! No lo sabía hasta que tú me lo dijiste.
FABIAN: Qué bueno.
CELINA: Oh, gracias, Fabián. Me ayudaste a que pueda poner mis pensamientos en orden.

Ella, totalmente desconsiderada con las emociones del muchacho, le da un fraternal abrazo y se marcha sonriendo.

MOMENTO MUSICAL

Y mientras Celina va feliz por el campamento nocturno, imagina a Alejandro y a Fabián peleando por su amor.



CELINA:
No te acerques todavía.
Tengo frío y despedida.
Y ese miedo que tu abrazo
se me pierda al otro día.
Si te acercas muy despacio
tal vez pueda acariciarte.
Te esperaba para amarte
y sabía que vendrías.

FABIAN:
No te caigas de mi cielo, pajarito.
ALEJANDRO:
Suavemente descubrime de a poquito.
FABIAN:
Tengo miedo, con tus alas todos vuelan.
ALEJANDRO:
Cenicienta, de mi cuento eres la estrella.
FABIAN:
Ya no hay modo de perderme, eres el duende.
ALEJANDRO:
Dulcemente enseñame a recorrerte.
FABIAN:
Ya no hay modo de olvidarte.
ALEJANDRO:
Pajarito.
Sin tus ojos ya no hay cielo.
FABIAN:
Pajarito.

CELINA:
Aprendeme de memoria
y así cuando no haya luz
yo me quedaré en tu historia
y en la mía estarás tú.
No lastimes lo que buscas.
Todo está por descubrir.
Es tan bello lo que tengo
guardado para vivir.

FABIAN:
No te caigas de mi cielo, pajarito.
ALEJANDRO:
Suavemente descubrime de a poquito.
FABIAN:
Tengo miedo, con tus alas todos vuelan.
ALEJANDRO:
Cenicienta, de mi cuento eres la estrella.
FABIAN:
Ya no hay modo de perderme, eres el duende.
ALEJANDRO:
Dulcemente enseñame a recorrerte.
FABIAN:
Ya no hay modo de olvidarte.
ALEJANDRO:
Pajarito.
Sin tus ojos ya no hay cielo.
FABIAN:
Pajarito.

FABIAN y ALEJANDRO:
Sin tus ojos ya no hay cielo, pajarito.

DAMIEN

Todavía sin ropa, Damien busca un cigarrillo en su pantalón. Le ofrece uno a Nathan, que simplemente lo rechaza.

NATHAN: Antes fumaba, ahora no.
DAMIEN: Creo que lo hicimos amerita que vuelvas al vicio.

El rostro de Nathan se torna extraño, al menos ante la percepción de Damien.

NATHAN: Fue un momento excitante.
DAMIEN: ¿Sucede algo?
NATHAN: No.

Ante la ausencia de otra respuesta, Damien se encoge en hombros y comienza a vestirse.

DAMIEN: ¿Sueles traer a tus conquistas aquí? Pareces conocer bien el terreno.
NATHAN: Por lo general, los chicos que conozco paran en hoteles. Supe venir en varias oportunidades, aunque este lugar era un poco diferente. Este lugar es muy especial para mí.

Nathan camina distraídamente por el baldío, sin ánimos de ponerse ropa.

DAMIEN: ¿Por eso adquiriste ese toque nostálgico y lúgubre?
NATHAN: Puede ser. Cuando hace un par de años, supe venir con un chico que conocí en un...

Nathan pega un grito.
De repente, se esfuma de la tierra y cae en lo que parece ser un pozo. De fondo, parece que tres mujeres están cantando "eres piel morena, canto de pasión y arena".
Damien no sabe qué hacer al respecto y se acerca hacia Nathan. Pero alguien más aparece allí.
Es el barman que acabó de conocer unas horas atrás.

BARMAN: ¡No te acerques a él! ¡Es una trampa!

Damien se gira para verlo.
En cuestión de segundos, analiza lo que le dijo.
Quiere volverse hacia el barman. Sabe, de alguna forma que aún no puede comprender, que tiene razón.
Pero es tarde.
Alguien tira de Damien hacia el mismo hueco por el que Nathan se perdió.
Y cae.
Y cae.
Y cae.

IRUPE

Irupé y Fernando intentan acercarse al demonio que intenta ingresar en la sala donde medita Theo.

IRUPE: Cóndor nos dijo que sólo él y Theo eran los únicos dos sobrevivientes de los cuatro que aparecen en la foto.
FERNANDO: Olvidó mencionar que uno de los dos muertos se había convertido en el demonio que atormentaba todas las noches.
IRUPE: Una decisión sumamente conveniente, si me preguntas.

Solamente guiados por la luz que entra del exterior, los dos muchachos se ponen firmes delante del demonio.

IRUPE: Oye, tú...
DEMONIO: Abran esta puerta.
IRUPE: Verás, es un poco imposible. Theo está en medio de sus viajes astrales o lo que fuera que sea que haga ahí dentro y tenemos la orden específica de no interrumpirlo.
FERNANDO: También teníamos la orden específica de no abrir la puerta de la casa después de medianoche, pero esta vez queremos hacerle caso.

Irupé lo mira con furia.

IRUPE: ¿En serio, Fernando? ¿Este es el momento en donde decides tener humor?

El demonio está iracundo, pero no insiste en volver a ingresar en la sala donde está Theo.
Desconcierta a Irupé el hecho de que haya podido entender lo que dijeron.

DEMONIO: De acuerdo, siendo así...

A una velocidad increíble, el muchacho regordete se posiciona detrás de Fernando, sujetándolo con una mano del cuello, como si lo estuviera usando de escudo humano.
Irupé se sobresalta, aunque en cierto nivel no le importa demasiado Fernando.

DEMONIO: Dile a Theo que haremos un intercambio justo.
IRUPE: ¿Ah, sí?
DEMONIO: La vida de este chico por la suya.
IRUPE: Oh, Dios.

Y ante los ojos sorprendidos de Irupé, el demonio desaparece de la casa.
También desaparece Fernando.
Irupé está a punto de romper a llorar.

IRUPE: Dios... Tendré que limpiar sola este desastre.

VIRGINIA

Desesperada, Virginia tiene que hacer algo, aunque no sepa qué y aunque suene al peor plan de la historia.
Su hermana, a unos metros de distancia, da por finalizada la conversación con aquel sujeto que Virginia no logró identificar.
Margaret se está volviendo, por el mismo camino que emprendió.
Tras unos segundos, la tendrá enfrente.
Sabe que no puede cambiar el pasado. Sabe que lo que sucedió, así pasó, pero de todos modos, puede entender.
Lo mejor será, después de todo, confrontarla.
Cuando Margaret está pasando frente a ella, ignorando que está escondida tras un árbol, Virginia sale al claro.

VIRGINIA: ¡Espera!

Margaret se gira.
Lo primero que hay en los ojos de la muchacha es incomprensión y pánico.
Luego, el susto va dando paso a otra expresión extraña.
Su rostro se torna cargado de fastidio.

MARGARET: ¿Qué?
VIRGINIA: Tenemos que hablar. Sé que es difícil de entender qué hago aquí, pero necesito entender. ¿Por qué vas a arriesgar la vida de todo tu campamento?
MARGARET: No voy a caer en este truco. ¿Por qué no me dices quién eres?

Virginia tiene ganas de golpearla.
¿Acaso no es obvio?

VIRGINIA: ¿De qué estás hablando? Está bien que no nos vemos hace muchos años pero creo que es evidente que puedes reconocerme.
MARGARET: ¿Ah, sí?
VIRGINIA: Soy tu hermana, Margaret.

Margaret se ríe, casi con frialdad.

MARGARET: No tengo una hermana. Así que, como te dije, no voy a caer en este truco.
VIRGINIA: Claro que tienes una.
MARGARET: Claro que no la tengo. ¿Así que por qué no me dices de qué va esto? ¿Eres un demonio? ¿Un hechizo? ¿Un clon? ¿Qué es lo que eres?

Virginia siente un escalofrío.
Y unas repentinas ganas de echarse a llorar.

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