VIRGINIA
Theo
acaba de anunciarles que los llevará hacia el pasado y los chicos van a poder
descubrir quién se llevó el Compendio.
VIRGINIA:
¿Llevarnos al pasado? ¿Cómo?
THEO:
Un hechizo. Pero para no someter a todo el pueblo a un nuevo ataque de mujeres
aladas, les tendría que pedir que se dirijan hacia el Campamento, entonces mi
conjuro sólo estará limitado a ese predio. Serán dos días en donde podrán
revivir lo que sucedió en ese lugar antes del ataque.
VIRGINIA:
¿Y si viajamos al pasado, acaso no podríamos evitar el ataque?
THEO:
Mi conjuro los transporta a esa época pero es como si estuvieran viendo una
película. Por más que interactúen con las personas y vivan sus experiencias, lo
que ha sucedido, ya sucedió.
DAMIEN:
Deberías poner un parque de diversiones. Tu hechizo sería la gloria.
Nadie
se muestra de acuerdo.
VIRGINIA:
Bien, entonces pongámonos en marcha.
IRUPE:
Espera un segundo. ¿Tenemos que ir todos? Porque si vamos a hacer un viaje al
pasado, me gustaría que esperemos a que Jaime llegue a Bahía Ausente. ¿Si
algunos vamos mañana, al llegar al campamento estaremos en el hechizo?
THEO:
Así es.
VIRGINIA:
(A Irupé) Puedes esperarlo si quieres. Pero yo quisiera que resolvamos el
misterio cuanto antes.
FERNANDO:
También me gustaría quedarme. Yo vine a investigar otra cosa.
VIRGINIA:
Bien, ¿alguien más?
DAMIEN:
Y a mí me gustaría quedarme porque no quiero ir con Germán a una aventura en
este momento.
Celina,
entonces, rompe a llorar. Pero todos la ignoran.
VIRGINIA:
De acuerdo. Celina, Germán y yo iremos al campamento. El resto queda a esperar
a los demás, a investigar sobre sus novias pasadas o a evitar a sus amigos en
conflicto.
FABIAN:
Nadie me está teniendo en cuenta a mí.
Virginia
se gira para mirar a Fabián.
VIRGINIA:
¿Tú qué quieres hacer?
FABIAN:
Honestamente me da igual. Pero, qué diablos, me gusta la aventura. Voy con el
grupo que va al campamento.
VIRGINIA:
El resto puede investigar sobre algún hotel o posada donde hospedarse. Pero
apenas lleguen Jaime y Fabricio quiero que se nos sumen.
THEO:
Puedo preparar habitaciones para los que se queden. Son más que bienvenidos a
quedarse aquí. La única condición será que no entren en el salón de cobre,
donde haré el conjuro. Necesito estar concentrado durante el procedimiento.
IRUPE:
Ni siquiera notarás nuestra presencia.
VIRGINIA:
(a Irupé) Le estás mintiendo.
IRUPE:
Lo estoy haciendo.
FABRICIO
Cerca
del anochecer y con sus bolsos en mano, Jaime y Fabricio están frente a una
posada. El lugar es rústico pero bien cuidado. Desde la perspectiva de los
jóvenes, se aprecia que el edificio es inmenso aunque sólo sea de planta baja.
JAIME:
No puedo creer que este sea el único sitio en Las Viñas para pasar la noche.
FABRICIO:
Y con la suerte que tengo yo, Jaime, era obvio que el sitio al que el demonio nos
recomendó era el único lugar que iba a existir. Estoy completamente seguro que
dormiremos y no volveremos a despertar mañana.
JAIME:
Yo estoy completamente seguro que pediremos dos habitaciones.
FABRICIO:
¿Cómo que dos habitaciones? ¿Me vas a dejar solo cuando es posible que seamos
asesinados?
JAIME:
Es posible que seas asesinado si tenemos una misma habitación, Fabricio. Vas a
estar bien. Y, lo principal, yo podré dormir.
Jaime
hace una mueca con su teléfono.
JAIME:
A Irupé no le llegan mis mensajes.
FABRICIO:
La zona de Bahía Ausente no tiene señal. Con suerte, mañana ya estará tu auto y
podremos seguir viaje. Si es que nos despertamos con vida mañana, por supuesto.
Ingresan
a la posada y, detrás del mostrador, una señora regordeta de cabellos rizados
está concentrada en su celular. Demora unos segundos en alzar la vista, pero
los saluda con un desmedido entusiasmo.
LILIAN:
Oh, bienvenidos, caballeros. ¿Desean una habitación?
JAIME:
Dos habitaciones, en realidad, si fuera posible.
LILIAN:
Oh, por supuesto. No tenemos muchas visitas en esta altura del año. No somos un
pueblo muy popular. ¿Por qué motivo están aquí?
JAIME:
Se nos averió el automóvil en un viaje. Un hombre nos recomendó que viniéramos
a pasar la noche aquí.
LILIAN:
¿Tari?
Fabricio
abre los ojos al notar un brillo especial en los ojos de la mujer regordeta. De
repente, vuelve a sentir miedo.
JAIME:
Sí, el mismo. ¿Es su hijo?
LILIAN:
Oh, no, no. Es sólo un viejo conocido. ¿Por cuántas noches se van a quedar?
JAIME:
Esperamos que sólo sea por esta noche, pero dependerá del taller donde está el
auto.
LILIAN:
Perfecto. Por ser recomendados de Tari, tendrán un 30% de descuento. Los
llevaré a las habitaciones, si me acompañan.
Jaime
mira sonriendo con orgullo a Fabricio.
JAIME:
Un 30% de descuento. Y tú que no querías mencionarlo.
FABRICIO:
Sigo creyendo que fue un error mencionarlo. Pero ojalá me equivoque. Aunque
cuando hablamos de desgracias, nunca me equivoco, Jaime.
JOSEPH
En
ruta, Joseph bosteza mientras continúa con la mirada perdida en la ruta.
Ignacio lo percibe y, por contagio, bosteza también.
IGNACIO:
Creo que lo mejor es que hagamos una parada y durmamos unas horas.
JOSEPH:
Como tú desees.
IGNACIO:
¿Vas a estar enojado conmigo durante todo el viaje?
Joseph
lo mira con odio por su comentario.
JOSEPH:
¿Cómo pretendes que esté si me estás secuestrando, casi me haces matar a una
persona y me estás obligando a traicionar a todos mis amigos?
IGNACIO:
No lo sé, Joseph. Vas a hacerlo de todos modos, al menos puedes ponerle un poco
de simpatía.
Contrariamente
a su impulso, a Joseph le causa gracia el comentario.
JOSEPH:
Eres un secuestrador carismático.
IGNACIO:
Gracias.
JOSEPH:
¿Qué fue tan importante para que me obligues a apuntar a tu padre con un arma?
IGNACIO:
Me dio un dato muy importante sobre un hechicero de Bahía Ausente.
Joseph
no se conforma con su respuesta, pero no dice más. Ignacio vuelve a notar el
recelo y pone los ojos en blanco.
IGNACIO:
Zackarías tiene un amigo en Bahía Ausente, Theo Costa, que tiene la capacidad
de transportar a las personas al pasado. Por obvias razones, no puedo recurrir
a él. Pero hay otro hechicero que nos puede ayudar con otros métodos.
Joseph
se mueve en su asiento, incómodo.
JOSEPH:
¿Vas a lastimar a mis amigos?
IGNACIO:
No puedo responderte eso.
JOSEPH:
¿No puedes o no quieres?
Ignacio
dobla hacia la entrada en un pueblo.
IGNACIO:
Pasaremos aquí la noche. Seguiremos viaje mañana a primera hora.
Joseph
suspira con cansancio al tiempo que ve un cartel gigante que corta la calle y
les da la bienvenida a Las Viñas.
CELINA
Mientras
Celina, Virginia, Fabián y Germán se están preparando para marcharse, la
primera aprovecha para acercarse a Irupé.
CELINA:
Creo que es conveniente que aproveches este momento para hablar con Damien, yo
hablaré con Germán y juntas lograremos que se amiguen.
IRUPE:
Pero creo que las posturas de ambos están más que justificadas. Deberían darles
tiempo a que lo superen.
CELINA:
Pero no necesitan tiempo. Habrán tenido sexo, sí, pero ante todo son amigos.
IRUPE:
¿Y sólo por eso se debe evitar la parte del sexo?
CELINA:
Debería ser más importante la amistad.
IRUPE:
Creo que estás confundiendo los conceptos.
CELINA:
Ay, por favor, Irupé. Yo tuve sexo contigo y no por eso las cosas quedaron
raras entre nosotras.
IRUPE:
¿Cómo que no? Te estoy evitando desde que sucedió.
CELINA:
¿¡Me estás evitando!? ¿Quieres decir que nosotras no estamos bien?
IRUPE:
Lo estaremos. Con el tiempo.
CELINA:
¡No tengo tiempo! ¿No viste los eventos actuales? Podemos morir de un segundo a
otro. Nosotras, más allá de tener sexo, somos amigas. Eso tiene que prevalecer.
Irupé
sonríe.
IRUPE:
No.
Y
se marcha, dejando a Celina totalmente devastada.
MOMENTO MUSICAL
En
contraposición de toda la estructura de Momentos Musicales previos, esta
canción denota la tristeza de Celina al enterarse de que los amigos no tienen
sexo como tarea habitual de su relación.
Ella
va caminando por los pasillos de la casa de Theo Costa, mientras todo el resto
le canta a su desdicha.
CELINA:
Todo comienza muy bien,
tú me llamas y contesto.
Que me extrañas y concuerdo,
que me quieres y te creo.
Que si nos vamos a ver
y mis planes los cancelo,
que si quiero acompañarte,
siempre digo: por supuesto.
CELINA:
Y luego casi todo es felicidad
hasta que me presentas como amiga
y yo me callo mejor
aunque quisiera gritar que no.
IRUPE:
Que los amigos no
se besan en la boca.
FERNANDO:
Los amigos no se extrañan
todo el día, gente loca.
GERMAN:
Los amigos no se llaman
a las dos de la mañana.
DAMIEN:
Los amigos no se deberían
dormir en la misma cama.
VIRGINIA:
Los amigos no
se conocen todo el cuerpo.
FABIAN:
Por eso anda ve e inventa
otra palabra, no te creo.
CELINA:
Amigos no, por favor.
Amigos no, por favor;
porque los amigos
no se hacen el amor.
CELINA:
Y entonces digo
esta fue la última que nos veremos.
No me merezco ser de nadie
su juguete, su pasatiempo.
Pero algo pasa
cuando vuelves a llamar
y salimos de nuevo;
todo es tan perfecto
hasta ese momento
en que me vuelves a presentar.
IRUPE:
Que los amigos no
se besan en la boca.
FERNANDO:
Los amigos no se extrañan
todo el día, gente loca.
GERMAN:
Los amigos no se llaman
a las dos de la mañana.
DAMIEN:
Los amigos no se deberían
dormir en la misma cama.
VIRGINIA:
Los amigos no
se conocen todo el cuerpo.
FABIAN:
Por eso anda ve e inventa
otra palabra, no te creo.
CELINA:
Amigos no, por favor.
Amigos no, por favor;
porque los amigos
no se hacen el amor.
JOSEPH
La
posada donde los muchachos se detienen es atendida por una señora regordeta de
rostro exageradamente sonriente.
LILIAN:
¡Pero hoy es un día de suerte! ¡Estamos llenos de gente!
Joseph
mira hacia el interior del lugar. No hay nadie a la vista.
JOSEPH:
Quisiéramos dos habitaciones.
IGNACIO:
Una. Con una está bien. No tenemos que gastar de más.
Joseph
suspira con cierto fastidio.
LILIAN:
Una habitación entonces. ¿Quieren camas individuales o una matrimonial?
Joseph
mira a Ignacio esperando una respuesta. Él se dedica a sonreír.
IGNACIO:
Elije tú. No puedo tomar todas las decisiones.
Joseph,
fastidiado, se vuelve hacia Lilian.
JOSEPH:
Dos camas individuales.
IGNACIO:
¿Seguro? Una cama matrimonial me gusta también.
Joseph
ni se gira a mirar a Ignacio esta vez.
JOSEPH:
Camas individuales.
LILIAN:
Bueno, bueno, síganme por favor que los voy a llevar a la habitación. ¿Ya
cenaron? Porque puedo cocinarles algo.
JOSEPH:
Gustosamente aceptaré una cena.
IGNACIO:
También yo.
DAMIEN
En
la casa de Theo Costas, el hombre se ha vestido de ropa más holgada todavía.
Quedaron Damien, Fernando e Irupé, sin saber muy bien qué hacer ahora que sus
amigos se han marchado hacia el campamento.
THEO:
Pueden disfrutar de todas las comodidades de esta vivienda a su gusto. Lo único
que tengo que solicitarles, de suma urgencia, es que no abran las puertas de
esta vivienda desde la medianoche hasta las 3 de la mañana.
DAMIEN:
¿Por qué no? ¿Tienes una maldición encima?
THEO:
Mucho me temo que así es.
Damien
queda aterrorizado.
DAMIEN:
Oh. Bien. De medianoche a tres de la mañana, entendido.
THEO:
Debo advertirles que hay fuerzas poderosas que quieren ingresar a este hogar,
por lo que intentarán confundirlos. Van a tener que ser fuertes para pasar la
noche.
IRUPE:
Estoy empezando a creer que fue mala idea quedarnos.
THEO:
Si gustan, hay comida de sobra en la cocina. O incluso hay un mercado aquí a
dos cuadras por si desean cocinar. Hay cuartos disponibles para que puedan
acomodarse. Mi casa es su casa.
Theo
sonríe nuevamente e ingresa al cuarto, cerrando la puerta detrás de sí. Los
tres muchachos se quedan anonadados.
IRUPE:
¿Acaba de decirnos que hay demonios que intentarán entrar a este lugar?
JOSEPH
Ya
tirados en sus respectivas camas individuales, Joseph se incorpora de la cama
para salir de la habitación, creyendo que Ignacio estaba dormido.
Pero
apenas se acerca hacia la puerta, el hijo de Edgar se levanta también.
IGNACIO:
Genial. Estás despierto.
Joseph
suspira aterrorizado.
JOSEPH:
Iba a salir a tomar aire.
IGNACIO:
Y claro que puedes hacerlo, pero antes necesito que vengas un segundo.
Joseph,
todavía sin poder evitarlo, va hacia la cama de Ignacio y se sienta.
Ignacio
se acerca hacia él y lo besa nuevamente en los labios, esta vez con más ternura
que las veces anteriores.
Luego,
lentamente se despega de él. Sonríe.
IGNACIO:
Estaba terminándose el tiempo y tenía que hacerlo. No lo hice antes porque
pensé que dormías.
JOSEPH:
Claro. Dios te libre de hacerme algo contra mi voluntad.
IGNACIO:
Podría hacerte muchas cosas que realmente me estoy aguantando.
JOSEPH:
¿Puedo ir a tomar aire?
IGNACIO:
Seguro. Pero no te escaparás y no llamarás a tus amigos.
Joseph
asiente, desesperanzado.
Sale
al exterior de su habitación y pone el cronómetro que va contando en sentido
contrario las 12 horas.
El
patio de la posada se conecta con el de todas las habitaciones y, en el centro,
tiene una pequeña plazoleta abarrotada de enredaderas.
Se
sienta en el banco, quedando casi oculto de las otras habitaciones, pensando en
qué hacer.
Toma
su celular, lo mira, busca a Virginia pero no puede marcar su número.
Se
frustra.
Vuelve
a dejar el celular.
FABRICIO:
¿Joseph?
La
voz lo desconcierta, en especial al ver a Fabricio en aquel extraño lugar.
DAMIEN
Ya
en la cocina del lugar, Damien, Irupé y Fernando están revisando que hay para
comer.
IRUPE:
Creo que podré cocinar algo con lo que hay aquí. Aunque hay cosas muy extrañas.
Tengo miedo de que en realidad no sean cosas que usa para conjuros o algo así y
terminemos convertidos en mulas.
DAMIEN:
(a Fernando) ¿No deberías haberle dicho que buscabas a Margaret?
FERNANDO:
Se lo diré cuando termine. Necesita estar enfocado en la búsqueda del Compendio.
IRUPE:
Virginia te amenazó, ¿verdad?
FERNANDO:
Sí.
DAMIEN:
Bien, ¿quieren salir a recorrer el pueblo?
FERNANDO:
Prefiero echarme a dormir.
IRUPE:
Y yo tengo miedo de lo que puede pasar a medianoche.
DAMIEN:
Faltan cuatro horas para medianoche.
IRUPE:
Aun así.
DAMIEN:
Bien, iremos a ver qué podemos comer y mañana saldremos a recorrer el pueblo.
JOSEPH
Fabricio
se aproxima hacia Joseph, en el centro de la plazoleta.
FABRICIO:
¿Qué haces aquí?
JOSEPH:
Estoy siendo secuestrado.
FABRICIO:
¿Qué?
JOSEPH:
Te lo pude decir.
FABRICIO:
¿Cómo que estás siendo secuestrado?
JOSEPH:
Me dijo que no podía llamar a ninguno y no pude. Pero no me dijo que no se los
podía decir. Nunca pensó que me encontraría con alguno de mis amigos.
FABRICIO:
¿Así que soy tu amigo? ¡En tu cara, Damien!
JOSEPH:
El hijo de Edgar me está secuestrando.
FABRICIO:
¿Cuál hijo? ¿El astuto o el tonto?
JOSEPH:
El astuto. Tiene una habilidad importante. Durante unas doce horas puede
dominar todo lo que haces si te...
Joseph
se interrumpe, apenado.
FABRICIO:
¿Cómo te puede dominar?
JOSEPH:
Si te besa.
FABRICIO:
¿Ignacio te besó? ¡Felicidades!
JOSEPH:
No es un beso que amerite festejar. Así es la forma en la que me domina. Puede
controlar todo lo que hago. Casi me hace matar al padre. Y cuando el efecto
está por pasar, me vuelve a besar y entonces tengo que volver....
Joseph
no puede continuar.
En
un arrebato de completa insania, Fabricio lo toma de la cara y le da un
tremendo beso en los labios.
Joseph
lo aparta de un empujón.
JOSEPH:
¿¡Pero qué estás haciendo!?
FABRICIO:
Pensé que tal vez podía hacer el efecto inverso. ¡Siéntate!
Joseph
se queda de pie.
JOSEPH:
No soy un perro, Fabricio. ¡Y no vuelvas a besarme!
FABRICIO:
Bueno, tampoco me desprecies así. Tengo sentimientos, ¿sabes? Además, ya van
dos momentos musicales que me van dejando de lado, por lo que necesito empezar
a sumar puntos o voy a enloquecer.
JOSEPH:
¿Puedes concentrarte en lo que realmente...?
Pero
Joseph no puede terminar la oración.
A
unos metros de ellos, en el portal que va hacia el recibidor de la posada, la
dueña del lugar se encuentra de pie, inmóvil, con la cabeza agachada.
VIRGINIA
Virginia
aminora la marcha cuando llega hasta un predio que se percibe entre medio del
bosque.
VIRGINIA:
Es la única entrada que hay en kilómetros. Tiene que ser aquí.
CELINA:
Estaba muy ansiosa por venir a este lugar pero tengo que reconocer que estoy
paralizada del miedo.
GERMAN:
Si ese hombre no nos mintió, nada tiene que salir mal de todo esto.
CELINA:
Es verdad. Ya todo está mal dentro de nuestro círculo. No puede ser peor lo que
venga de afuera.
Virginia
pone los ojos en blanco y estaciona el automóvil
VIRGINIA:
Descendamos. No quiero meterme con el auto en otro lugar que no es.
Los
cuatro integrantes bajan del automóvil y comienzan a caminar por el sendero,
adentrándose por el camino.
FABIAN:
Es tétrico. No entiendo mucho de hechizos, ¿pero si hizo un conjuro para volver
al pasado, este sitio no tendría que estar lleno de vida?
VIRGINIA:
Todavía no sabemos si estamos en el sitio correcto.
GERMAN:
Sí, lo estamos.
Virginia
mira a Germán, que señala cauteloso un letrero gigante de madera que reza las
letras "CAMPAMENTO DE VERANO - BAHIA AUSENTE".
CELINA:
Esto es tan de película de terror que estoy oficialmente aterrorizada. Si llega
a aparecer un enmascarado con un machete, seré la primera en salir corriendo.
VIRGINIA:
No, nos abandonarías.
CELINA:
Oh, es cierto, no los abandonaría. Yo moriría por ustedes.
VIRGINIA:
No, no lo harías.
CELINA:
Es cierto. No lo haría. A veces hay que pensar en uno.
Virginia
nota que se quedan los cuatro de pie, sin moverse.
FABIAN:
Posible asesino enmascarado mediante, ¿entramos o no?
Virginia
suspira. Teme reconocer que ella también está asustada.
VIRGINIA:
Entremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario