jueves, 27 de diciembre de 2018

Chapter 53


CELINA

Celina está con los pelos de punta desde que se enteró que liberó a un fantasma.
Intenta, por todos los medios, evitar que el muchacho frente a ella alce su mirada y descubra a Virginia, trepada en la rama del árbol, que intenta permanecer inadvertida.

LUCAS: Nathan es un fantasma peligroso. Lo habíamos encerrado en un círculo. Ha conseguido escapar.
CELINA: Bueno, discúlpame. No sabíamos que...
LUCAS: ¿Sabíamos?

Automáticamente el chico comienza a mirar hacia todos lados.

CELINA: No sabía, no sabía. Vi a un muchacho con una soga al cuello y decidí ayudarlo. No pensé que sería un fantasma. Tendrían que haber puesto un cartel cerca del árbol.
LUCAS: Lo sé. Les advertí a los chicos que era una idea precaria. Sabía que existía la posibilidad de que alguien lo libere. Sólo que esperaba poder averiguar más sobre él antes de que desapareciera.
CELINA: ¿Por eso estás aquí? ¿Con ese libro?

El chico mira su libro y luego mira a Celina.

LUCAS: Sí, así es. Venía todas las noches a hablar con Nathan. Quería saber sobre su vida o cómo fue que se convirtió en fantasma. Ahora no importa. Dudo que siga por el campamento cuando ya todos sabemos de lo que es capaz.
CELINA: ¿Ese libro es tu Compendio de monstruos?

Lucas aferra el libro a su cuerpo, como si tuviera miedo que Celina se lo quitara.

LUCAS: Sí... ¿Cómo sabes sobre él?

Celina deduce que tiene que responder algo.

CELINA: Bueno, no tiene sentido que te lo oculte. Es el motivo por el que estoy aquí es que vengo del futuro.

Cree escuchar un gemido de indignación proveniente desde las alturas, pero Celina decide pasarlo totalmente inadvertido.

LUCAS: ¿Disculpa?
CELINA: Dime que no vas a empezar a dudar cuando somos conscientes que cosas raras suceden en este campamento, ¿no?
LUCAS: No, no voy a dudar. Sólo que necesito que me expliques. ¿Por qué mi Compendio es tan importante?
CELINA: No puedo responderte a eso, porque no estoy segura. Pero, ¿por qué no vamos a un lugar más habitado para que podamos hablar al respecto? Nunca se sabe qué monstruo puede caer desde una rama y arrancarme los pelos por lo que te estoy diciendo.

El muchacho asiente y ambos comienzan a marchar hacia el campamento.
Celina cree escuchar una maldición, pero continúa caminando inmune.

DAMIEN

La noche continuaba transcurriendo en el bar. Damien ve su reloj que marcan las 2 de la mañana. Todavía le falta una hora antes de que pueda regresar sano y salvo a la mansión de Theo.

NATHAN: ¿Estás parando en un hotel?
DAMIEN: No. En la casa de un conocido.
NATHAN: ¿Y tienes vía libre?

Damien sonríe por la insinuación.

DAMIEN: Si me estás preguntando si tengo acceso libre para que podamos tener sexo allí, sólo puedo ir después de las 3 de la mañana. ¿Tú tienes lugar?

Nathan niega con la cabeza.

NATHAN: No. En mi casa es imposible.
DAMIEN: Bueno, supongo que siempre hay callejones oscuros en un pueblo tan poco transitado.
NATHAN: ¿Eres un chico de callejones?
DAMIEN: ¿No lo eres tú?
NATHAN: Soy un chico hasta de cementerios.
DAMIEN: No es necesario que lleguemos a eso.
NATHAN: Supongo que no. Hay muy buenos lugares por aquí cerca.
DAMIEN: Tú eres de aquí. Muéstramelos.

Nathan sonríe una vez más y encamina la retirada del bar.
Damien sonríe al barman antes de marcharse, dándole a entender que había sido cazado.


IRUPE

Irupé está terminando de cenar con Fernando.
Vuelve a consultar el reloj de su inútil celular.

IRUPE: ¿Debería preocuparme que no tenga noticias de Jaime a dos días de que se marchó?
FERNANDO: Quizás deberías. Pero sola en tu cuarto.

Irupé le lanza una mirada de odio.

IRUPE: Aun así, ¿debo sentirme una horrible persona porque en este momento me preocupe más Edgar que Jaime?
FERNANDO: Totalmente. Deberías sentirte mal. Pero repito, sola en tu cuarto.
IRUPE: Es que todo se volvió tan raro entre Edgar y yo. Primero, sé que él me ama con locura, pero yo no voy a dejar a Jaime por él. Y lo que hizo con aquel hechizo para que me quede a su lado, fue casi romántico pero sumamente perturbador. Ni siquiera pudimos hablar sobre el tema porque después su hijo le arrancó el brazo de un mordisco.
FERNANDO: ¿Realmente no me escuchaste cuando te pedí que dejes estos lamentos para tus momentos de soledad?
IRUPE: Lo hice, pero preferí ignorarte. Y además, pensé que tú mejor que nadie me podría entender el momento de nostalgia.
FERNANDO: ¿Por qué yo?
IRUPE: Porque estás aquí buscando a una muchacha con la que no te has visto por tres años y la sigues buscando.

Fernando se queda callado ante ese comentario.
Irupé es consciente de que tocó un tema sensible, pero no se arrepiente de ello.

FERNANDO: ¿Habrá algo de alcohol en esta casa?

MOMENTO MUSICAL

Fernando e Irupé, junto con la ayuda del alcohol y la aparición de sus amigos y amores, hablan sobre sus penas del pasado.



FERNANDO:
El último día que fuimos
volvimos, me acuerdo bien
sin tomarnos de la mano.
Sin buscarle los perpuntes a las bromas.
Reprochándonos hasta lo que no fue.
VIRGINIA:
Y el amor no tuvo mucho
más que hacer, me acuerdo bien
de las lágrimas de fuego que lloré.
FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.

IRUPE:
El último día que fuimos
volvimos, me acuerdo bien,
en asientos separados.
Con los ojos empeñados en no verse.
Con el frío anclado junto a nuestros pies.
EDGAR:
Y el amor no tuvo mucho
más que hacer, me acuerdo bien
de las lágrimas de fuego que lloré.
IRUPE:
Y ahora lo veo distinto.

FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.
Diferente, raro, extraño,
darlo todo por perdido.
Separarse y no volver a verse en años.
IRUPE:
Ni que fuera un instinto
diferente, raro, extraño,
tonto y tantas veces cínico.
Que parece que es jugar a hacerse daño.

VIRGINIA:
El último día que fuimos
amigos, pero al revés,
comprobamos cómo no puede valer.
JAIME:
Con la antorcha de un traidor
pa' incendiar Troya,
porque Troya decidió
que no iba a arder.
FERNANDO:
Y el rumor no tuvo mucho
más que hacer, me acuerdo bien.
IRUPE:
Y aprendí que hay cosas
que es mejor perder.
Y ahora lo veo distinto.

FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.
Diferente, raro, extraño,
darlo todo por perdido.
Separarse y no volver a verse en años.
IRUPE:
Ni que fuera un instinto
diferente, raro, extraño,
tonto y tantas veces cínico.
Que parece que es jugar a hacerse daño.

VIRGINIA:
Y si le quitan los males
que van a fondo perdido,
que aun sabiendo lo que sabes
no hay que saber quién ha sido.
FERNANDO:
Tanto buscarte en los bares,
me estoy quedando dormido.

VIRGINIA:
Y ahora lo veo distinto.
FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.
Diferente, darlo todo por perdido.
Separarse y no volver a verse en años.
JAIME:
Ni que fuera un instinto
diferente, raro, extraño,
tonto y tantas veces cínico.
Que parece que es jugar a hacerse daño.
IRUPE:
Y ahora lo veo.
FERNANDO:
Y ahora lo veo distinto.
Diferente, que di todo por perdido.
Te marchaste y yo
no he vuelto a verte en años.
IRUPE:
Ni que fuera un instinto
diferente, raro, extraño,
tonto y tantas veces cínico.
Que parece que es jugar a hacerse daño.

DAMIEN

Damien lo besa y aunque Nathan sea medio torpe, se enciende de igual manera.
Le quita la remera con la brutalidad de los amantes salvajes y sin control. Los vellos del pecho de Nathan son tan rubios y abundantes como su cabellera.
Nathan sonríe, divertido, y lo vuelve a pasar.
Las manos de Damien van desde el abdomen del muchacho directamente hacia su entrepierna.
Están en un baldío, alejados de la iluminación de la calle, protegidos por tres murales altos de las casas aledañas. No hay posibilidad de que se los vean. Tampoco muchas chances de que se los escuchen.
La ropa comienza desprenderse de sus cuerpos, que ferozmente comienzan a entrelazarse.

CELINA

Celina y Lucas están en el cuarto del muchacho.
Él extiende el libro en medio de ellos, pero ella no lo toma.
Está claro que no confía en la chica que dice venir del futuro.

CELINA: Es un poco confuso, porque yo vengo del futuro pero a la vez estuve en un futuro que es más futuro que mi presente. Allí pude ver que la Reina de los Ángeles Azules ha destrozado la ciudad de donde vengo, Estrella Dorada. Para evitarlo, un hechicero nos ha enviado a buscar tu libro, porque a la vez, existen siete personas que pueden evitarlo, pero no tenemos idea de quién es el séptimo. ¿Me estás siguiendo?
LUCAS: No, en realidad no.
CELINA: Bueno, como te dije, es un poco confuso de explicar. Tendrías que vivirlo para entenderlo.
LUCAS: Pero si en este momento accedes a mi libro, ¿puedes llevártelo?
CELINA: Oh, no. No vinimos a buscar tu libro. No podemos llevarlo a nuestro tiempo. Pero estos son los últimos días del libro en Bahía Ausente porque alguien más se lo llevó. Y ahora que estamos aquí, nuestro objetivo es descubrir quién fue.
LUCAS: ¿Nuestro? Entonces sí hay más personas contigo.
CELINA: Sí, somos cuatro. Éramos más, pero no sé por qué todavía no aparecen por aquí.

El muchacho se recuesta contra el respaldo de la cama. Todavía está indeciso sobre si aceptar la absurda historia que le es propuesta.

LUCAS: Me dices que alguien se quiere quedar con mi Compendio.
CELINA: Sí, es lo que nos dijeron. ¿Qué es lo que tiene?
LUCAS: Tiene un gran catálogo de diversos monstruos, demonios y fantasmas. Todos han sido escritos por mí. Y también tiene conjuros para detener a todos esos seres sobrenaturales. Tal vez por eso alguien lo quiere.
CELINA: Ante lo que acabas de describir, puede haber muchas razones por las que alguien lo quiera.
LUCAS: Entonces, ¿qué es lo que va a suceder mañana?
CELINA: ¿Por qué lo dices?
LUCAS: Porque nunca me desprendo de este libro, así que para que alguien me lo robe, tendría que sucederme algo. Así que dime, ¿mañana voy a morir?

Celina no sabe qué responder ante su pregunta.

IRUPE

Irupé y Fernando continúan charlando en el comedor de la casa de Theo.

FERNANDO: A veces creo que tomé una mala decisión. Hace tres años que Margaret se marchó y yo, como tonto, la sigo buscando por todos lados.
IRUPE: Y sin contar que en medio de todo esto, tuviste algo con su hermana.
FERNANDO: Lo cual arruiné de una forma totalmente estúpida. ¿Por qué hice eso? Virginia era diferente. Podría haber intentado algo serio con ella. ¿Crees que podría perdonarme?
IRUPE: Virginia no se caracteriza por tomar decisiones inteligentes últimamente, así que no veo por qué no te aceptaría de nuevo.
FERNANDO: Eso habla muy mal de mí.
IRUPE: También habla peor de ella. No obstante, tal vez si dejas pasar...

No puede terminar la oración.
Del otro lado de la ventana, Irupé ve a Jaime.

IRUPE: ¡Oh, por Dios! ¡Es Jaime!

Se asoma a la ventana y ve a su marido, herido, en el patio de la casa.

IRUPE: ¡Jaime! ¡Está lastimado!

Desesperada, Irupé va hacia la puerta de la casa.

FERNANDO: ¡Espera, Irupé! ¡Ya es medianoche!
IRUPE: ¿Y qué?
FERNANDO: ¡No es Jaime! ¡Es el demonio que intenta entrar!

Irupé se frena justo antes de girar el picaporte.
Mira a Fernando con verdadero temor y duda.
¿Acaso es Jaime realmente?

FABRICIO

Fabricio está angustiado.
Todavía al lado del auto que chocó contra un árbol, con la puerta trasera abierta, está sentado en el auto comiendo un paquete de galletitas.

FABRICIO: ¡Jaime!

Grita hacia la nada y vuelve a comer.

FABRICIO: No sé qué es peor. El haber chocado, el que mis amigos ni siquiera hayan hecho el esfuerzo por ubicarme, el haberme quedado sin batería en el teléfono, el que no haya tenido una comida decente en todo el día, el que mi novia me haya dejado antes de hacer este estúpido viaje o el que Jaime haya desaparecido y esté varado en medio de la nada. Dios, ¿por qué no tengo un poco de suerte alguna vez en la vida?

Luego de lamento, vuelve a seguir comiendo.
Entonces la ve.
Una mujer está fuera del automóvil.
Es una muchacha atractiva, relativamente joven, de piel pálida y cabellos enmarañados y marrones.
Está completamente desnuda.

FABRICIO: Genial. Y ahora tengo alucinaciones con mujeres desnuda. Lo único que me faltaba. Esto es un tumor cerebral.
MUJER: No es ningún tumor.
FABRICIO: Mi tumor me habla.
MUJER: Sal del maldito auto.
FABRICIO: Hasta mi tumor me tiene poca paciencia.

Fabricio, resignado a que la vida lo odia, sale al exterior del auto.

FABRICIO: ¿Y tú qué eres?
MUJER: Vengo a llevarte conmigo.

Fabricio abre los ojos cuando ve que ocho aguijones comienzan a salir de la espalda de la mujer desnuda.

FABRICIO: ¿Por qué todas las mujeres con las que me encuentro terminan resultado ser unos monstruos?

No puede decir mucho más.
Uno de los aguijones se le clava en el cuello, en su lado derecho.
Al instante, Fabricio vuelve a perder el conocimiento.

IRUPE

Irupé vuelve a mirar por la ventana.
Jaime está herido.
Tiene sangre por toda la cabeza y apenas puede caminar.
Parece más un zombie que una persona.

IRUPE: Es él... Tiene que ser él.
FERNANDO: No es casualidad que aparezca a esta hora. Está jugando contigo.
IRUPE: ¿Y qué propones? ¿Qué lo deje desangrándose en el patio por tres horas?

En eso, Jaime cae al piso, vencido.
Irupé exclama de angustia al verlo.
Se gira otra vez para ir en dirección a la puerta.

FERNANDO: ¡No lo hagas!
IRUPE: ¡Es Jaime! ¡Estoy segura!

Irupé abre la puerta de la casa, desesperada.
Al salir al exterior, Jaime ha desaparecido.
Todos los focos del interior de la casa de Theo explotan en ese instante.
Aterrorizada, Irupé mira a Fernando.

IRUPE: Bueno, creo que tenías razón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario