IRUPÉ
La
puerta vaivén de la clínica se abre de un solo golpe.
Una
camilla ingresa, guiada por un grupo de paramédicos.
Edgar,
que emana sangre de su brazo izquierdo que ya no existe, está acostado al borde
de perder el conocimiento.
Irupé
corre junto con los paramédicos, altamente conmocionada por la situación.
IRUPE:
Te vas a poner bien, Edgar. Te prometo que todo va a salir bien.
EDGAR:
Encuentra una forma, Irupé.
IRUPE:
¿Una forma de qué?
EDGAR:
De que mi brazo vuelva.
Un
paramédico lo mira a Edgar y luego mira a Irupé, quien le devuelve la sonrisa.
IRUPE:
Es evidente que está delirando.
PARAMEDICO:
Hasta aquí llegas tú.
Irupé
se detiene, dejando que se lleven a su amante.
IRUPE:
¿Cómo diablos consigo que le vuelva a crecer el brazo?
GERMAN
Germán
está asustado en el vestidor.
Se
está quitando su uniforme policial para volver a usar ropa de civil.
Joseph
entra por la puerta y Germán lo mira con inquietud.
JOSEPH:
Quiere hablar contigo.
GERMAN:
¿Está enojado?
JOSEPH:
Es un poco complicado de definir. Nunca se sabe si está enojado o no.
GERMAN:
Va a meterme en prisión. O peor, despedirme. Es una pena, me gustaba este
empleo.
Germán
se incorpora para ir a hablar con él.
GERMAN:
¿Ya sales también? Podemos ir a beber algo para consolarme por la forma
fantástica que tuve para arruinar las cosas.
JOSEPH:
Todavía me queda una hora más, Germán. Pero también me intriga saber qué pasó,
así que si sigues deprimido mañana, podemos ir a tomar algo.
GERMAN:
Intentaré estarlo.
JOSEPH:
Eres un buen compañero.
Germán
se marcha cabizbajo hacia la oficina de su jefe.
PABLO
De
un humor de perros, Pablo recibe a Germán en su oficina. El joven muchacho
ingresa a la sala con el rostro arrepentido.
Cuando
Germán se sienta, Pablo deja el informe que estaba leyendo.
PABLO:
Leí tu informe.
GERMAN:
Seguramente tendrás muchas preguntas. Pero no puedo responder a todo, porque la
verdad es que no entiendo mucho lo que sucedió.
PABLO:
¿Quién puede?
GERMAN:
¿Quién puede qué?
PABLO:
Explicarlo.
GERMAN:
Probablemente pueda Zack. O Edgar. Aunque en este momento Edgar no esté en
condiciones de explicar nada. Me dijo Irupé que está entrando en cirugía.
PABLO:
Por un brazo que le arrancó su hijo antes de que se de a la fuga, otra vez.
¿Sabías que mi mujer apenas regresó a casa después del ataque que recibimos en
el bosque? Que además, tiene una larga rehabilitación por delante.
GERMAN:
No, señor, no lo sabía.
PABLO:
Y ahora Wilfredo está nuevamente libre. ¿Quién sabe cuántas personas puede
dañar?
GERMAN:
Intentaremos encontrarlo.
Pablo
resopla, demostrando su incredulidad.
PABLO:
¿Tú con tus amigos que ya no tienen poderes?
GERMAN:
¿Cómo sabes esa historia?
PABLO:
La escribiste en tu informe.
GERMAN:
Ah, cierto. Estaba conmocionado. No podía poner eso ahí.
PABLO:
Entonces, si ninguno tiene poderes y con Edgar en cirugía, ¿cómo piensan dar
caza a Wilfredo?
DAMIEN
Mientras
Irupé y Damien vuelven del trabajo, van caminando por la vereda, con rostros
pocos colmados de felicidad.
IRUPE:
¿Estás listo para la reunión de emergencias?
DAMIEN:
Estoy yendo por obligación, no porque realmente tenga ganas de saber cómo vamos
a salvar al mundo esta vez.
IRUPE:
¿Qué te sucede?
Damien
duda antes de responder.
DAMIEN:
Trabajar con Lulú me hizo replantearme mi situación con Pedro. No sirvo para
ser el amante de alguien. No puedo herir indirectamente a otra persona. No
soy... Bueno, como tú.
IRUPE:
¡Oye! ¡Eso es injusto!
Damien
la mira inquisitivamente.
IRUPE:
Bueno, sí, es cierto. ¿Qué vas a hacer?
DAMIEN:
Esperar a que se me pase para poder disfrutar del sexo sin culpa, por supuesto.
IRUPE:
Es lo menos que esperaba de ti.
JOSEPH
En
las duchas de la comisaría, Joseph lleva a un seductor prisionero a tomar su
baño.
Ignacio
Villas, el hijo de Edgar, se quita la ropa delante de su guardián.
IGNACIO:
¿Qué sabes de mi padre? ¿Va a sobrevivir a su cirugía?
JOSEPH:
Creen que no corre peligro de muerte, pero su brazo no corre la misma suerte.
Ignacio
sonríe ante lo que escucha. Luego, se desnuda por completo y se mete en la
ducha.
IGNACIO:
Estoy intrigado sobre cómo mi padre consiguió liberarse tan rápidamente de la
prisión. ¿Les dio dinero?
JOSEPH:
No.
IGNACIO:
¿Se acostó contigo?
Joseph
se ruboriza ante la pregunta. Ignacio se gira a mirarlo.
JOSEPH:
No... Claro que no.
IGNACIO:
¿Magia?
Joseph
asiente lentamente. No está muy convencido de todos los hechos que vienen
pasando en el último tiempo.
JOSEPH:
Algo de eso.
IGNACIO:
Oh, ya veo. Mi padre hizo uno de sus trucos y los encantó para que los deje
salir.
JOSEPH:
No nos hizo ninguna brujería. Sólo hizo un trato para ayudarnos con otro
paciente difícil. Además, fue un negocio entre él y el comisario.
IGNACIO:
Y el comisario quedó encantado ante este mundo nuevo.
JOSEPH:
Quedó intrigado. Yo, por mi parte, tengo mis reservas.
Ignacio
no responde. Aunque Joseph no puede verlo, en su rostro demuestra que está
pensando en un plan.
IGNACIO:
Joseph... ¿Podrías hacerme un favor... personal?
JOSEPH:
No hago favores a los prisioneros, Ignacio.
IGNACIO:
Yo realmente te lo compensaré.
JOSEPH:
No creo que tengas algo que quiera.
Ignacio
le sonríe, cual cómplice. Se gira a continuar duchándose y se palmea sus
nalgas, provocando un sonido fuerte de repiqueteo.
IGNACIO:
¿Seguro?
Joseph
opta por no responder.
MOMENTO MUSICAL
Virginia
espera con su copa de vino a que el grupo de amigos aparezca en su casa.
Damien
e Irupé están llegando al barrio.
Germán,
agotado por la discusión con su jefe, también va rumbo a la reunión.
Celina
está cambiándose, agotada de su viaje al presente.
Fabricio,
con incertidumbre e inquietud, está yendo a la casa de Virginia tras la
discusión que tuvieron por Dafne.
CELINA:
Hoy todo parece distinto,
como si el mundo quisiera
que me pusiera a llorar.
FABRICIO:
Hoy, el sol no brilla conmigo.
Soy mi peor enemigo.
Creo que me caigo mal.
DAMIEN:
Porque hoy tengo la energía
de mi propio funeral,
arrugándome la cara.
VIRGINIA:
Cuatro calaveras hay
en cada esquina de mi cama
y hay una nube en la ventana
que no me deja brillar.
IRUPE:
Tengo la cabeza
llena de películas amargas
y en vez príncipes, fantasmas
quieren sacarme a bailar.
GERMAN:
1, 2, 3, 4, 5, 6,
7, 8, 9 y 10.
Respirar profundo para liberar el
estrés.
FABRICIO:
Yo prefiero un beso tuyo.
IRUPE:
Hoy soy la manzana podrida.
Soy el pulgar en la herida.
Soy una gracia de más.
VIRGINIA:
Hoy, hoy pasa el tiempo muy lento
y si no lluevo, reviento.
Mañana espero aclarar.
FABRICIO:
Cuatro calaveras hay
en cada esquina de mi cama
y hay una nube en la ventana
que no me deja brillar.
CELINA:
Tengo la cabeza
llena de películas amargas
y en vez príncipes, fantasmas
quieren sacarme a bailar.
VIRGINIA:
1, 2, 3, 4, 5, 6,
7, 8, 9 y 10.
Respirar profundo para liberar el
estrés.
4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10.
Respirar profundo y siempre cuento
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10.
Respirar profundo para liberar el
estrés.
1, 2, 3, 1, 2, 3, 1, 2, 3.
GERMAN:
Cuento 1, 2, 3, 4 calaveras
hay en cada esquina de mi cama
y hay una nube en la ventana
que no me deja brillar.
DAMIEN:
Tengo la cabeza
llena de películas amargas
y en vez príncipes, fantasmas
quieren sacarme a bailar.
VIRGINIA:
Hoy, soy la mujer maravilla.
Soy lo mejor de mi vida.
No encontrarás nada igual.
FABRICIO
Fabricio
es el primero en llegar a la reunión.
Virginia
lo recibe con la indiferencia de quien hace cuenta de que aquí no ha pasado
nada.
Fabricio
automáticamente percibe el rechazo.
FABRICIO:
¿Crees que vamos a poder estar en paz sin sacarnos los ojos?
Ella
suspira. Bebe y luego responde.
VIRGINIA:
La verdad es que no estoy orgullosa de mi conducta. Y me siento terrible por cómo
traté a Daniela.
FABRICIO:
Dafne.
VIRGINIA:
No puedo llamarla de esa manera. Pero en fin, lo cierto es que yo no suelo
perder los nervios de esa manera.
FABRICIO:
¿De qué estás hablando? El otro día prendiste fuego el pelo de Irupé porque no
tenía las macetas de su jardín ordenadas como querías.
VIRGINIA:
Hay un protocolo de jardinería para el barrio que me molesté en redactar.
Cualquier tonto puede entenderlo. A Irupé no debería costarle tanto.
Fabricio
decide desviar el tema.
FABRICIO:
Nosotros... ¿Estamos bien? Porque me siento un poco triste sin ti.
Ella
esta vez opta por no beber el sorbo antes de responder.
VIRGINIA:
Estaremos bien.
GRUPO
Celina,
en medio del living donde están reunidos todos sus amigos, tiene el rostro
perturbado.
CELINA:
He visto el futuro y no lo comprendo.
Y
no dice nada más.
Los
chicos esperan que continúe.
Celina
sigue mirando a un punto fijo.
Los
chicos comienzan a mirarse entre sí.
Celina
permanece inmóvil.
FABRICIO:
¿Tu pausa dramática va a durar mucho?
DAMIEN:
Me adhiero a la pregunta. Tengo cosas que hacer.
CELINA:
Bueno, como les dije, me encontré con la hermana de Virginia y con un sensual
hombre de blanco que se muere de amor por mí. Pero como traía una máscara, no
pude develar su identidad. Aún así, se notaba en sus ojos que era la mujer de
su vida.
IRUPE:
Tal vez era Santiago.
Celina
mira boquiabierta a Irupé.
CELINA:
Ay, por Dios, Irupé, me muero, jamás lo pensé. ¿Crees que el amor de mi vida es
el chico que dejé plantado en el altar? ¿Qué hago? ¿Tendría que ir a buscarlo?
VIRGINIA:
Tendrías que terminar de contarnos la historia si no quieres que te rompa la
nuca.
CELINA:
Cierto. bueno, una banda de seres mágicos llamados Los Ángeles Azules nos
atacarán y el primer lugar que van a destruir será este barrio.
GERMAN:
¿Eso significa que memoricé el protocolo de jardinería en vano?
VIRGINIA:
No, en vano no. Mientras lo usaste, me hiciste inmensamente feliz. A diferencia
de Irupé.
Irupé
se gira para ver a Virginia.
IRUPE:
¿Todavía sigues con eso?
VIRGINIA:
¿Todavía sigues confundiendo a los jazmines con las margaritas? Porque puedo
volver a mostrarte las fotos mientras te vuelvo a martillar los dedos.
DAMIEN:
(a Celina) ¿Qué son esos misteriosos Ángeles Azules?
CELINA:
No pude descubrir mucho pero sé que están liderados por un rey y una reina.
Sólo conocí a la reina, pero no es difícil de imaginar quién es el rey. Y la
mujer que mandó a decapitarme, es una persona que jamás se lo imaginarán.
IRUPE:
¿Es Luciana?
Celina
ahoga un grito.
CELINA:
¡¿Cómo lo sabes?!
IRUPE:
Es la persona de la que menos lo esperaría.
CELINA:
Debo dejar de darles tantas pistas si quiero revelarles el misterio.
DAMIEN:
¿Estamos hablando de la misma Luciana que rompe a llorar si ve un perro
vagabundo? Suena difícil de creer.
CELINA:
Teniendo en cuenta que casi me quedo sin cabeza, podré decir que quizá sus
perspectivas de ser buena persona cambiaron.
IRUPE:
Bien, entonces, ¿qué haremos para que Luciana no nos mate?
FABRICIO:
Es importante que no tomemos ninguna decisión precipitada.
VIRGINIA:
La mataremos nosotros primero.
FABRICIO:
(señalando a Virginia) Como esa.
Todos
quedan boquiabiertos mirando a Virginia.
GERMAN:
¿Vamos a matar a una chica sólo porque en un futuro mandó a decapitar a Celina?
VIRGINIA:
Es ella o nosotros. Escucharon el relato de Celina. Y dudo que esta vez sea
exagerado.
CELINA:
¿Esta vez?
VIRGINIA:
Tenemos que tomar una decisión. Si Luciana se alza contra nosotros, estamos
indefensos. No sólo tenemos a Wilfredo suelto por los montes aledaños, sino que
a una posible genocida gestándose delante nuestro. No vamos a esperar a recibir
el primer golpe. Tenemos que actuar ahora.
Ninguno
de los chicos responde al instante.
Simplemente
se produce un silencio entre ellos.
ALVARO
Álvaro
espera, pacientemente, en una pequeña sala.
Cuando
Luciana abre la puerta, el muchacho la abraza con ansiedad.
Ya
no quedan restos del hombre que fue poseído.
La
muchacha tiene un rostro marcado por la preocupación.
ALVARO:
¿Qué sucedió? Te noto preocupada.
Luciana
derrama unas lágrimas cuando lo ve.
LUCIANA:
Pasó algo. Me di cuenta de algo.
ALVARO:
¿Con qué? ¿Es sobre mí?
LUCIANA:
No, sobre nosotros.
ALVARO:
Escucha, Luciana, sé que no es grato que tengas al amor de tu vida tras las
rejas, pero hablaré con mi abogado, no, cambiaré de abogado, pero encontraré la
forma de salir de aquí. En cuanto menos te des cuenta, vamos a estar viviendo
juntos otra vez como si todo fuera como antes.
Luciana
llora, sin dejar de sonreír.
LUCIANA:
Ya las cosas no van a volver a ser como antes.
ALVARO:
¿Por qué? ¿Me vas a dejar? Luciana, tú no puedes dejarme. Yo no sé qué haría
sin ti. Me mataría.
LUCIANA:
No, tonto, no. Las cosas no van a volver a ser como antes porque estoy
embarazada.
Luciana
derrama un par de lágrimas más y vuelve a sonreír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario