miércoles, 5 de diciembre de 2018

Chapter 40


IRUPÉ

La puerta vaivén de la clínica se abre de un solo golpe.
Una camilla ingresa, guiada por un grupo de paramédicos.
Edgar, que emana sangre de su brazo izquierdo que ya no existe, está acostado al borde de perder el conocimiento.
Irupé corre junto con los paramédicos, altamente conmocionada por la situación.

IRUPE: Te vas a poner bien, Edgar. Te prometo que todo va a salir bien.
EDGAR: Encuentra una forma, Irupé.
IRUPE: ¿Una forma de qué?
EDGAR: De que mi brazo vuelva.

Un paramédico lo mira a Edgar y luego mira a Irupé, quien le devuelve la sonrisa.

IRUPE: Es evidente que está delirando.
PARAMEDICO: Hasta aquí llegas tú.

Irupé se detiene, dejando que se lleven a su amante.

IRUPE: ¿Cómo diablos consigo que le vuelva a crecer el brazo?

GERMAN

Germán está asustado en el vestidor.
Se está quitando su uniforme policial para volver a usar ropa de civil.
Joseph entra por la puerta y Germán lo mira con inquietud.

JOSEPH: Quiere hablar contigo.
GERMAN: ¿Está enojado?
JOSEPH: Es un poco complicado de definir. Nunca se sabe si está enojado o no.
GERMAN: Va a meterme en prisión. O peor, despedirme. Es una pena, me gustaba este empleo.

Germán se incorpora para ir a hablar con él.

GERMAN: ¿Ya sales también? Podemos ir a beber algo para consolarme por la forma fantástica que tuve para arruinar las cosas.
JOSEPH: Todavía me queda una hora más, Germán. Pero también me intriga saber qué pasó, así que si sigues deprimido mañana, podemos ir a tomar algo.
GERMAN: Intentaré estarlo.
JOSEPH: Eres un buen compañero.

Germán se marcha cabizbajo hacia la oficina de su jefe.

PABLO

De un humor de perros, Pablo recibe a Germán en su oficina. El joven muchacho ingresa a la sala con el rostro arrepentido.
Cuando Germán se sienta, Pablo deja el informe que estaba leyendo.

PABLO: Leí tu informe.
GERMAN: Seguramente tendrás muchas preguntas. Pero no puedo responder a todo, porque la verdad es que no entiendo mucho lo que sucedió.
PABLO: ¿Quién puede?
GERMAN: ¿Quién puede qué?
PABLO: Explicarlo.
GERMAN: Probablemente pueda Zack. O Edgar. Aunque en este momento Edgar no esté en condiciones de explicar nada. Me dijo Irupé que está entrando en cirugía.
PABLO: Por un brazo que le arrancó su hijo antes de que se de a la fuga, otra vez. ¿Sabías que mi mujer apenas regresó a casa después del ataque que recibimos en el bosque? Que además, tiene una larga rehabilitación por delante.
GERMAN: No, señor, no lo sabía.
PABLO: Y ahora Wilfredo está nuevamente libre. ¿Quién sabe cuántas personas puede dañar?
GERMAN: Intentaremos encontrarlo.

Pablo resopla, demostrando su incredulidad.

PABLO: ¿Tú con tus amigos que ya no tienen poderes?
GERMAN: ¿Cómo sabes esa historia?
PABLO: La escribiste en tu informe.
GERMAN: Ah, cierto. Estaba conmocionado. No podía poner eso ahí.
PABLO: Entonces, si ninguno tiene poderes y con Edgar en cirugía, ¿cómo piensan dar caza a Wilfredo?

DAMIEN

Mientras Irupé y Damien vuelven del trabajo, van caminando por la vereda, con rostros pocos colmados de felicidad.

IRUPE: ¿Estás listo para la reunión de emergencias?
DAMIEN: Estoy yendo por obligación, no porque realmente tenga ganas de saber cómo vamos a salvar al mundo esta vez.
IRUPE: ¿Qué te sucede?

Damien duda antes de responder.

DAMIEN: Trabajar con Lulú me hizo replantearme mi situación con Pedro. No sirvo para ser el amante de alguien. No puedo herir indirectamente a otra persona. No soy... Bueno, como tú.
IRUPE: ¡Oye! ¡Eso es injusto!

Damien la mira inquisitivamente.

IRUPE: Bueno, sí, es cierto. ¿Qué vas a hacer?
DAMIEN: Esperar a que se me pase para poder disfrutar del sexo sin culpa, por supuesto.
IRUPE: Es lo menos que esperaba de ti.

JOSEPH

En las duchas de la comisaría, Joseph lleva a un seductor prisionero a tomar su baño.
Ignacio Villas, el hijo de Edgar, se quita la ropa delante de su guardián.

IGNACIO: ¿Qué sabes de mi padre? ¿Va a sobrevivir a su cirugía?
JOSEPH: Creen que no corre peligro de muerte, pero su brazo no corre la misma suerte.

Ignacio sonríe ante lo que escucha. Luego, se desnuda por completo y se mete en la ducha.

IGNACIO: Estoy intrigado sobre cómo mi padre consiguió liberarse tan rápidamente de la prisión. ¿Les dio dinero?
JOSEPH: No.
IGNACIO: ¿Se acostó contigo?

Joseph se ruboriza ante la pregunta. Ignacio se gira a mirarlo.

JOSEPH: No... Claro que no.
IGNACIO: ¿Magia?

Joseph asiente lentamente. No está muy convencido de todos los hechos que vienen pasando en el último tiempo.

JOSEPH: Algo de eso.
IGNACIO: Oh, ya veo. Mi padre hizo uno de sus trucos y los encantó para que los deje salir.
JOSEPH: No nos hizo ninguna brujería. Sólo hizo un trato para ayudarnos con otro paciente difícil. Además, fue un negocio entre él y el comisario.
IGNACIO: Y el comisario quedó encantado ante este mundo nuevo.
JOSEPH: Quedó intrigado. Yo, por mi parte, tengo mis reservas.

Ignacio no responde. Aunque Joseph no puede verlo, en su rostro demuestra que está pensando en un plan.

IGNACIO: Joseph... ¿Podrías hacerme un favor... personal?
JOSEPH: No hago favores a los prisioneros, Ignacio.
IGNACIO: Yo realmente te lo compensaré.
JOSEPH: No creo que tengas algo que quiera.

Ignacio le sonríe, cual cómplice. Se gira a continuar duchándose y se palmea sus nalgas, provocando un sonido fuerte de repiqueteo.

IGNACIO: ¿Seguro?

Joseph opta por no responder.

MOMENTO MUSICAL

Virginia espera con su copa de vino a que el grupo de amigos aparezca en su casa.
Damien e Irupé están llegando al barrio.
Germán, agotado por la discusión con su jefe, también va rumbo a la reunión.
Celina está cambiándose, agotada de su viaje al presente.
Fabricio, con incertidumbre e inquietud, está yendo a la casa de Virginia tras la discusión que tuvieron por Dafne.



CELINA:
Hoy todo parece distinto,
como si el mundo quisiera
que me pusiera a llorar.
FABRICIO:
Hoy, el sol no brilla conmigo.
Soy mi peor enemigo.
Creo que me caigo mal.

DAMIEN:
Porque hoy tengo la energía
de mi propio funeral,
arrugándome la cara.

VIRGINIA:
Cuatro calaveras hay
en cada esquina de mi cama
y hay una nube en la ventana
que no me deja brillar.
IRUPE:
Tengo la cabeza
llena de películas amargas
y en vez príncipes, fantasmas
quieren sacarme a bailar.

GERMAN:
1, 2, 3, 4, 5, 6,
7, 8, 9 y 10.
Respirar profundo para liberar el estrés.
FABRICIO:
Yo prefiero un beso tuyo.

IRUPE:
Hoy soy la manzana podrida.
Soy el pulgar en la herida.
Soy una gracia de más.
VIRGINIA:
Hoy, hoy pasa el tiempo muy lento
y si no lluevo, reviento.
Mañana espero aclarar.

FABRICIO:
Cuatro calaveras hay
en cada esquina de mi cama
y hay una nube en la ventana
que no me deja brillar.
CELINA:
Tengo la cabeza
llena de películas amargas
y en vez príncipes, fantasmas
quieren sacarme a bailar.

VIRGINIA:
1, 2, 3, 4, 5, 6,
7, 8, 9 y 10.
Respirar profundo para liberar el estrés.
4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10.
Respirar profundo y siempre cuento
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10.
Respirar profundo para liberar el estrés.
1, 2, 3, 1, 2, 3, 1, 2, 3.

GERMAN:
Cuento 1, 2, 3, 4 calaveras
hay en cada esquina de mi cama
y hay una nube en la ventana
que no me deja brillar.
DAMIEN:
Tengo la cabeza
llena de películas amargas
y en vez príncipes, fantasmas
quieren sacarme a bailar.

VIRGINIA:
Hoy, soy la mujer maravilla.
Soy lo mejor de mi vida.
No encontrarás nada igual.

FABRICIO

Fabricio es el primero en llegar a la reunión.
Virginia lo recibe con la indiferencia de quien hace cuenta de que aquí no ha pasado nada.
Fabricio automáticamente percibe el rechazo.

FABRICIO: ¿Crees que vamos a poder estar en paz sin sacarnos los ojos?

Ella suspira. Bebe y luego responde.

VIRGINIA: La verdad es que no estoy orgullosa de mi conducta. Y me siento terrible por cómo traté a Daniela.
FABRICIO: Dafne.
VIRGINIA: No puedo llamarla de esa manera. Pero en fin, lo cierto es que yo no suelo perder los nervios de esa manera.
FABRICIO: ¿De qué estás hablando? El otro día prendiste fuego el pelo de Irupé porque no tenía las macetas de su jardín ordenadas como querías.
VIRGINIA: Hay un protocolo de jardinería para el barrio que me molesté en redactar. Cualquier tonto puede entenderlo. A Irupé no debería costarle tanto.

Fabricio decide desviar el tema.

FABRICIO: Nosotros... ¿Estamos bien? Porque me siento un poco triste sin ti.

Ella esta vez opta por no beber el sorbo antes de responder.

VIRGINIA: Estaremos bien.

GRUPO

Celina, en medio del living donde están reunidos todos sus amigos, tiene el rostro perturbado.

CELINA: He visto el futuro y no lo comprendo.

Y no dice nada más.
Los chicos esperan que continúe.
Celina sigue mirando a un punto fijo.
Los chicos comienzan a mirarse entre sí.
Celina permanece inmóvil.

FABRICIO: ¿Tu pausa dramática va a durar mucho?
DAMIEN: Me adhiero a la pregunta. Tengo cosas que hacer.
CELINA: Bueno, como les dije, me encontré con la hermana de Virginia y con un sensual hombre de blanco que se muere de amor por mí. Pero como traía una máscara, no pude develar su identidad. Aún así, se notaba en sus ojos que era la mujer de su vida.
IRUPE: Tal vez era Santiago.

Celina mira boquiabierta a Irupé.

CELINA: Ay, por Dios, Irupé, me muero, jamás lo pensé. ¿Crees que el amor de mi vida es el chico que dejé plantado en el altar? ¿Qué hago? ¿Tendría que ir a buscarlo?
VIRGINIA: Tendrías que terminar de contarnos la historia si no quieres que te rompa la nuca.
CELINA: Cierto. bueno, una banda de seres mágicos llamados Los Ángeles Azules nos atacarán y el primer lugar que van a destruir será este barrio.
GERMAN: ¿Eso significa que memoricé el protocolo de jardinería en vano?
VIRGINIA: No, en vano no. Mientras lo usaste, me hiciste inmensamente feliz. A diferencia de Irupé.

Irupé se gira para ver a Virginia.

IRUPE: ¿Todavía sigues con eso?
VIRGINIA: ¿Todavía sigues confundiendo a los jazmines con las margaritas? Porque puedo volver a mostrarte las fotos mientras te vuelvo a martillar los dedos.
DAMIEN: (a Celina) ¿Qué son esos misteriosos Ángeles Azules?
CELINA: No pude descubrir mucho pero sé que están liderados por un rey y una reina. Sólo conocí a la reina, pero no es difícil de imaginar quién es el rey. Y la mujer que mandó a decapitarme, es una persona que jamás se lo imaginarán.
IRUPE: ¿Es Luciana?

Celina ahoga un grito.

CELINA: ¡¿Cómo lo sabes?!
IRUPE: Es la persona de la que menos lo esperaría.
CELINA: Debo dejar de darles tantas pistas si quiero revelarles el misterio.
DAMIEN: ¿Estamos hablando de la misma Luciana que rompe a llorar si ve un perro vagabundo? Suena difícil de creer.
CELINA: Teniendo en cuenta que casi me quedo sin cabeza, podré decir que quizá sus perspectivas de ser buena persona cambiaron.
IRUPE: Bien, entonces, ¿qué haremos para que Luciana no nos mate?
FABRICIO: Es importante que no tomemos ninguna decisión precipitada.
VIRGINIA: La mataremos nosotros primero.
FABRICIO: (señalando a Virginia) Como esa.

Todos quedan boquiabiertos mirando a Virginia.

GERMAN: ¿Vamos a matar a una chica sólo porque en un futuro mandó a decapitar a Celina?
VIRGINIA: Es ella o nosotros. Escucharon el relato de Celina. Y dudo que esta vez sea exagerado.
CELINA: ¿Esta vez?
VIRGINIA: Tenemos que tomar una decisión. Si Luciana se alza contra nosotros, estamos indefensos. No sólo tenemos a Wilfredo suelto por los montes aledaños, sino que a una posible genocida gestándose delante nuestro. No vamos a esperar a recibir el primer golpe. Tenemos que actuar ahora.

Ninguno de los chicos responde al instante.
Simplemente se produce un silencio entre ellos.

ALVARO

Álvaro espera, pacientemente, en una pequeña sala.
Cuando Luciana abre la puerta, el muchacho la abraza con ansiedad.
Ya no quedan restos del hombre que fue poseído.
La muchacha tiene un rostro marcado por la preocupación.

ALVARO: ¿Qué sucedió? Te noto preocupada.

Luciana derrama unas lágrimas cuando lo ve.

LUCIANA: Pasó algo. Me di cuenta de algo.
ALVARO: ¿Con qué? ¿Es sobre mí?
LUCIANA: No, sobre nosotros.
ALVARO: Escucha, Luciana, sé que no es grato que tengas al amor de tu vida tras las rejas, pero hablaré con mi abogado, no, cambiaré de abogado, pero encontraré la forma de salir de aquí. En cuanto menos te des cuenta, vamos a estar viviendo juntos otra vez como si todo fuera como antes.

Luciana llora, sin dejar de sonreír.

LUCIANA: Ya las cosas no van a volver a ser como antes.
ALVARO: ¿Por qué? ¿Me vas a dejar? Luciana, tú no puedes dejarme. Yo no sé qué haría sin ti. Me mataría.
LUCIANA: No, tonto, no. Las cosas no van a volver a ser como antes porque estoy embarazada.

Luciana derrama un par de lágrimas más y vuelve a sonreír.


No hay comentarios:

Publicar un comentario