martes, 18 de diciembre de 2018

Chapter 48


FABRICIO

La mujer de la posada corre rápido. Incluso, puede pegar saltos que la hacen levitar y mantenerse unos centímetros por sobre el suelo.
Joseph y Fabricio logran tirarse al piso para esquivar el ataque. Luego, salen a correr en dirección contraria, hacia la salida de la posada.

JOSEPH: Ya no parece la adorable lugareña de hace unas horas.
FABRICIO: Creo que está así por mi culpa.
JOSEPH: Debía imaginármelo.

Logran entrar al recibidor y cierran la puerta que da hacia el patio detrás de ellos.
La puerta tiene una ventana de cristal, por lo que pueden ver el interior del patio de la posada.

FABRICIO: ¿Por qué?
JOSEPH: Te conozco hace poco tiempo y ya puedo empezar a asumir que muchas de las cosas malas que pasan son tu culpa.
FABRICIO: Técnicamente, es mi mala suerte. ¿Qué haremos?
JOSEPH: Tú eres el mágico.
FABRICIO: ¡Tú eres el policía!

La doña que gruñe llega hasta la puerta y comienza a gritar para poder entrar, dando patadas y alaridos como si fuera un animal salvaje.
Ambos se ponen a hacer presión contra la puerta para impedirle el paso.

JOSEPH: ¿No tienes alguna clase de encantamiento para este tipo de situaciones?
FABRICIO: No. No es mi turno para usar mis poderes.
JOSEPH: Tenemos que hacer algo. Será cuestión de tiempo a que alguien se despierte y la vea así.
FABRICIO: Dispárale.
JOSEPH: Está poseída.

Automáticamente, la dueña de la posada detiene su feroz intento.
Nuevamente, queda inconsciente ante ellos. Inmóvil, de pie y con la cabeza agachas.
La imagen es mucho más aterradora que cuando no estaba dormida.
Fabricio nota que hay una persona detrás de ella. Aunque no está haciendo nada más, se lo percibe murmurando.

FABRICIO: ¿Él es...?
JOSEPH: Mi secuestrador.

ALEJANDRO

Roger es imponente. Alejandro lo percibe al instante de verlo.
Es un hombre robusto, de sonrisa ancha y de ojos rasgados.
Cuando desciende del autobús y divisa a su hermana, abre los brazos como un padre que quiere proteger a su hija.
Luciana, en contraposición, lo abraza como si fuera un pedazo de su cuerpo con el que se reencuentra.

LUCIANA: ¡Roger! ¡Te extrañé!
ROGER: Luciana, mi reina. Tuvimos una demora grande por una ruptura del ómnibus.
ALEJANDRO: Eso con los aviones no sucede.

Roger mira con asombro a Alejandro, como si recién percibiera que está allí.

ALEJANDRO: Es decir... Si el avión se estropea en medio de su vuelo... Se cae... Todos mueren.
ROGER: Entendí lo que quisiste decir. Mucho gusto. Soy Roger.

Alejandro estrecha la mano del hombre que debe ser el doble de su tamaño.

ALEJANDRO: Soy Alejandro. Una amigo de Luciana.
ROGER: Un amigo, me imagino.
LUCIANA: ¡Roger! ¡No hagas esos chistes! Soy una mujer casada.
ROGER: No por mucho tiempo más, hermanita.

Luciana queda boquiabierta ante la declaración.

ROGER: Hablaremos de ello durante la cena. Vamos al mejor restaurante que hay en Estrella Dorada. Muero de hambre.

CELINA

El campamento es inmenso, oscuro y abandonado.
Hay bloques de cabañas que tienen banderas casi desechas de diversos colores.
En el centro del patio, hay mesas y bancos de madera. Al fondo, se percibe la estructura de una piscina pero Germán no logra divisar más.
La oscuridad es casi absoluta, tanto que apenas logra ver a sus amigos a su lado.

CELINA: Este lugar es mágico. Si Luciana piensa destruir nuestro barrio, propongo que nos mudemos aquí.
VIRGINIA: Celina, eso no pasará.
CELINA: ¿Por qué no? Es casi como nuestro barrio, pero más compacto y rodeado de verde. ¿A ti no te gustaba la vida selvática? ¡Este es el lugar perfecto!
VIRGINIA: Estamos aquí para trabajar, Celina, no para buscar un sitio donde mudarnos. Tenemos que esperar a que el hechizo de Theo comience, si es que ya no comenzó y nosotros no sabemos verlo.
FABIAN: Y mientras esperamos que algo suceda, ¿podemos tirarnos en tu auto a dormir?

Automáticamente, perciben que dos habitaciones encienden la luz en su interior.
Celina lanza una exclamación de asombro.

VIRGINIA: Creo que no será necesario ir hasta el auto.
GERMAN: No hay electricidad en este lugar.
VIRGINIA: Lo percibo. Creo que es Theo invitándonos a pasar la noche.

JOSEPH

Abren con suavidad la puerta que los divide entre Lilian y la seguridad de no ser asesinados.
Pasan al lado de ella quien permanece inmóvil.
Joseph se acerca hacia donde se encuentra Ignacio.

JOSEPH: Pensé que tu padre tenía esta habilidad.
IGNACIO: Aprendí un poco de sus trucos, pero yo no puedo hacer que las personas dejen de estar poseídas. Sólo pueda retenerlas por un rato.
FABRICIO: Creo que lo que hiciste fue más que suficiente.

Joseph nota que Ignacio observa a Fabricio con interés. Luego vuelve a mirar a Joseph.
El policía espera ser reprendido, pero Ignacio parece cambiar la temática de la charla.

IGNACIO: Volverá en sí por los próximos minutos, así que recomiendo que busquen algo para atarla.
JOSEPH: ¿Estás sugiriendo que la secuestremos también?
IGNACIO: Si no lo hacemos, volverá a convertirse en bestia. ¿Qué prefieres?
FABRICIO: (a Joseph) Yo sé que esto te toca sensiblemente, pero creo que tu secuestrador tiene razón.

Joseph mira con miedo el rostro iracundo de Ignacio ante sus palabras.

JOSEPH: (a Fabricio) ¿Nunca consideraste la opción de callarte?
FABRICIO: Honestamente no. Nunca.

GERMAN

Los cuatro comienzan a caminar hacia las habitaciones.
Germán ingresa en una, cuyo interior es completamente diferente a todo lo que hay afuera. Pareciera como si la acabaran de limpiar para ellos.
Hay tres camas individuales perfectamente arregladas y la habitación cuenta con un baño privado.
Fabián entra en la misma habitación que él. Las dos chicas entran en la habitación contigua.

FABIAN: Bueno, está más limpio que mi casa. Se nota que Alejandro no pasó por aquí.
GERMAN: El lugar está como si todo el sitio estuviera funcionando.
FABIAN: Creo que de eso se trata el conjuro.
GERMAN: Entonces, ¿confiaremos en Theo? ¿Simplemente nos dormiremos?
FABIAN: Si tú quieres hacer de policía y montar guardia toda la noche, tienes mi bendición. Yo me tiraré a dormir.

Germán comienza a buscar ropa para poder cambiarse.
Fabián se tira sobre una de las camas y, al instante, se queda dormido.

FABRICIO

La mujer está maniatada a una silla en el recibidor principal.
Fabricio, en compañía de Joseph y del hijo de Edgar, esperan a que recobre el conocimiento.

FABRICIO: ¿Creen que debo despertar a Jaime? Quizá nos pueda ser de ayuda.
IGNACIO: No involucremos a nadie más.

Fabricio se serena.
De repente, también se siente un prisionero de Ignacio.
La dueña de la posada comienza a moverse con suavidad, dando la impresión de que está por volver en sí.
Al levantar la cabeza, los mira a todos un poco confundida, pero no se sorprende de mantenerse maniatada.

IGNACIO: ¿Quién eres?
LILIAN: ¿Sacaste esto del exorcista? Unos simples hilos no van a detenerme.
IGNACIO: Los hilos no son para detenerte. Son para sujetarte mientras hago ésto.

Y acto seguido, Ignacio besa en los labios a la mujer regordeta.
Fabricio no puede evitar asombrarse al verlo. Se acerca hacia Joseph.

FABRICIO: Dime la verdad, ¿te sientes celoso?

Joseph lo lapida con la mirada y no le responde.
Ignacio se despega de la mujer.

IGNACIO: No atacarás a nadie de este lugar.
LILIAN: No lo haré.
IGNACIO: Ahora dime, ¿quién eres?
FABRICIO: Mejor pregúntale qué es.
IGNACIO: El muchacho intenso tiene razón. ¿Qué eres?
FABRICIO: ¿Disculpa? ¿Intenso? Soy el que está dando buenas ideas aquí.
LILIAN: Soy una drenadora.
IGNACIO: Diablos.

Ignacio mira a Fabricio con cierta preocupación.

IGNACIO: Te descubrieron, niño. Estás en peligro.

Fabricio mira a todos los presentes, esperando que alguno le explique algo de la situación.

DAMIEN

Damien abre los ojos.
Escuchó un ruido proveniente del exterior.
Mira el reloj. Son la 1.
Se asoma hacia la ventana y mira hacia el elegante patio trasero de Theo Costa.
Al principio no distingue nada.
Luego puede divisar una figura parada allí.
Es una mujer de cabellos rubios y unas gafas.
Parece una muchacha común y corriente, aunque Damien sabe que no lo es.
La chica hace contacto visual con él tan rápidamente que Damien no puede esconderse a tiempo.
Fue visto.
Se aparta de la ventana y corre las cortinas para no ser visto.
Se tira en la cama nuevamente aunque no puede dormir.

FABRICIO

Fabricio no sabe por qué, pero por el tono que usó el hijo de Edgar, sabe que no miente.
Está en peligro.

FABRICIO: ¿Qué es una Drenadora?
IGNACIO: Son unos nauseabundos seres que se alimentan de personas con... Poderes.
FABRICIO: Pero eso significa que tú corres peligro.
IGNACIO: No. Yo sólo aprendí a hacer esto. Tú naciste con esos poderes. La magia corre por tus venas.
FABRICIO: En otro contexto, esa sería una fabulosa noticia.
IGNACIO: Probablemente. En este contexto, significa que tu vida corre peligro y que no parará hasta destruirte. Los Drenadores son bestias que se alimentan de las personas con poderes. Los absorben como los vampiros chupan la sangre de un humano.
FABRICIO: ¿Los vampiros existen?
IGNACIO: No es lo importante de esta conversación.
FABRICIO: Lo siento. Tienes razón. Tengo una pregunta.

Fabricio a ubicarse frente a Lilian.

FABRICIO: ¿Descubriste que soy mágico porque me recomendó ese muchacho?

Lilian no responde.
Fabricio mira a Ignacio, quien a su vez pone sus ojos en blanco.

IGNACIO: (a Lilian) Respóndele al muchacho.
LILIAN: Sí. Tari es un Recolector. Tiene la gentileza de mandarme algunas personas poderosas a mi posada.
FABRICIO: Lo sabía. Había visto algo en sus ojos cuando lo encontré. Sabía que no estaba loco. Iría a despertar a Jaime para decirle que tengo razón.
LILIAN: Tengo tanta hambre... Hace años que Tari no encuentra a un ser como tú.
FABRICIO: Pues parece que te alimentas bien.

Fabricio mira a Ignacio.

FABRICIO: Bien, ¿cuál es el plan?
IGNACIO: Joseph y yo nos iremos. Tú puedes hacer lo que quieras.
FABRICIO: No puedo dejar que te lleves a Joseph cuando sé que lo estás secuestrando.
IGNACIO: Sí, puedes, porque Joseph te golpeará la cabeza contra la pared hasta dejarte desmayado.
FABRICIO: ¿Qué...?

Fabricio no logra reaccionar en el momento en que las manos de Joseph lo toman desde el cuello y lo empujan a toda velocidad contra la pared.

ALEJANDRO

Para cenar, eligieron una mesa apartada del resto de los comensales.
Alejandro no se siente muy cómodo en aquel ambiente tan elegante. Mira el menú como si estuviera escrito en otro idioma.

ALEJANDRO: Diablos. ¿De verdad un agua mineral sale tan caro? ¿Qué embotellan? ¿Lágrimas de ángeles?
ROGER: Pide lo que deseas, Alejandro. Esta noche invito yo.
ALEJANDRO: Ésta y todas las noches que siguen. Porque si tus gustos son tan caros, tendría que ahorrar diez meses para invitarte a cenar.

Roger toma por opción ignorarlo y se dedica a mirar a su hermana.

ROGER: Sabes que no me gusta dejar los temas incómodos para luego, Luciana, así que hablemos de lo primero que tenemos que hablar. Álvaro.
LUCIANA: Estamos buscando un nuevo abogado...
ROGER: Te separarás de él.
LUCIANA: ¡¿Qué?!
ROGER: Era un inútil antes de entrar en prisión. Ahora que está preso, nos sirve todavía menos.
LUCIANA: Tú no lo entiendes, Roger. Él fue poseído...
ROGER: Estoy al tanto de todo, Luciana. La posesión de Álvaro fue posterior a su estupidez. Es un niño caprichoso. No va a continuar perteneciendo a nuestra familia.

Luciana rompe a llorar en ese momento y Alejandro tiene el intenso deseo de contenerla.

LUCIANA: Pero... Roger...
ROGER: Tómate tu tiempo para lamentarlo, Luciana. Después hablaremos sobre lo que sigue. ¿Alguien quiere vino?

FABRICIO

Fabricio abre los ojos con lentitud.
Alguien lo mueve para que reaccione.
Todavía mareado, se da cuenta que continúa en el suelo del recibidor, que Lilian continúa maniatada a una silla y que es Jaime quien está a su lado.

JAIME: ¿Qué está pasando?

Demora unos segundos en poder juntar fuerzas para armar una oración.

FABRICIO: Tenemos que irnos de aquí. Estoy corriendo peligro.
JAIME: Ya veo. ¿Qué hace esta mujer maniatada?
FABRICIO: Es la que quiere matarme. Joseph y el hijo de Edgar me ayudaron a contenerla. Tiene un hechizo que impide que me ataque por unas cuantas horas pero el efecto se irá y nosotros necesitamos estar lejos de aquí.

Jaime, que continúa sin entender nada, simplemente se limita a asentir.

FABRICIO: Juntemos nuestras cosas y marchémonos de aquí.

GERMAN

El ruido del exterior es quien lo despierta.
Hay gritos, risas, un ambiente festivo totalmente diferente al sitio abandonado en el que se durmió anoche.
Cuando abre los ojos, Germán sabe que está formando parte de un hechizo.
Fabián sigue durmiendo como si nada en la cama de al lado y opta por no despertarlo.
Se viste con una remera sin mangas y sale al exterior de la habitación.
Afuera, hay vida.
Está en el campamento.
Por el pasillo de su bloque de cabañas, dos muchachas pasan hablando animadamente.
No entiende mucho de la conversación, pero Luna y Melissa parece que acaban de reencontrarse.

LUNA: ¡Melissa! ¡Te extrañé mucho! ¿Cómo te fue en tus días de descanso?
MELISSA: Es increíble que yo diga una cosa así pero no me puedo quejar. ¿Qué tal todo por aquí?
LUNA: Edgar está como loco planificando una fiesta para mañana por la noche, celebrando nuestro primer mes de campamento. Nos está repartiendo actividades para todos.

Germán enciende las alarmas al escuchar el nombre de Edgar. Sigue a las chicas en su conversación, confiando en que ellas no podrán verlo.

MELISSA: Nada podría interesarme menos. Yo me refería a las tórridas historias de amor. Actualízame.
LUNA: No estoy muy informada sobre el tema en general, pero Ángel y yo estamos en nuestro mejor momento. Quiero creer que nuestro sano amor incentivó a que se animaran Bruno y Joshua.
MELISSA: ¿Bruno y Joshua están juntos?
LUNA: Copulando como conejos en los bosques. Ojalá ambas parejas logren incentivar a que Valeria se anime a avanzar con Giovani.
MELISSA: ¿Ellos siguen con el "te miro, me miras, nos miramos sin hablar"?
LUNA: Sí. Me sorprende que una mujer tan inteligente como Valeria sea tan torpe en asuntos del amor.
MELISSA: Tal vez tengamos que ayudarla.
LUNA: Oh, Melissa, ¡esa es una idea brillante! Tenemos tanto amor en nuestra vida que moralmente debemos ayudar a los demás a que lo consigan. ¡Esa será nuestra meta! También tenemos que conseguir un chico para Lucas y una... ¿Julio es heterosexual?
MELISSA: Espero que sí. Los gays ya se están quedando con nuestros mejores hombres.
LUNA: ¡Bien! ¡Vamos a ponernos en campaña!

De repente, la que es Melissa se gira automáticamente y mira a Germán.
Él se sorprende de ser reconocido.

MELISSA: Disculpa, ¿te podemos ayudar en algo o simplemente nos estabas escuchando?

Germán no sabe bien qué responder a eso.


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