jueves, 13 de diciembre de 2018

Chapter 46


JOSEPH

Joseph no puede evitar la orden que Ignacio le dio.
Poseído, sus manos toman con lentitud el arma que tiene en cinturón y apuntan directamente a Edgar en la cabeza.

JOSEPH: Por favor, no... No me obligues...
EDGAR: Ignacio... Hazlo detenerse.
IGNACIO: (a Edgar) Te di tu oportunidad, papá. Realmente me molesta que nunca quieras colaborar conmigo.
JOSEPH: Por favor, Ignacio...
EDGAR: Ignacio...
IGNACIO: (a Joseph) Dispárale de una vez que tenemos que irnos de aquí.

Joseph derrama una lágrima sin poder evitarlo.
Su dedo va hacia el gatillo del arma.

EDGAR: Te lo diré, Ignacio. Te lo diré.
IGNACIO: De verdad, no me importa ahora.
EDGAR: Por favor, ¡hazlo parar! ¡No me mates!
IGNACIO: De acuerdo. Joseph, no le dispares a mi papá.

Joseph vuelve a respirar automáticamente.
Como si el embrujo hubiera perdido el efecto al instante, tira el arma al piso.
Desbordado por la situación, Joseph sale corriendo hacia el baño del lugar.

FABRICIO

Fabricio está asustado ante el extraño que, no sólo no escuchó que no sería de mucha ayuda porque esperaban a la grúa, sino que además pudo percibir que sus ojos se volvieron completamente negros.

FABRICIO: De verdad, no creo que haga falta que vea el auto. La grúa llegará en cualquier momento.

El hombre lo ignora, y se acerca a estrechar la mano de Jaime, quien ajeno a todo el asunto, sonríe aliviado.

TARI: Mucho gusto. Me llamo Marcelo Tarabay pero la gente me llama Tari, para acortar.
JAIME: Yo soy Jaime.
TARI: Jaime, ¿qué ha sucedido?
JAIME: El auto simplemente dejó de funcionar.
FABRICIO: Como por arte de magia.

Fabricio lo dice con intención de provocar. Tari, al escucharlo, lo mira sonriente.

TARI: Seguramente el desperfecto que tiene es totalmente técnico y no hay nada de magia involucrada aquí. Si no les molesta, quisiera echarle un vistazo.
FABRICIO: Realmente no es necesario. Tienen que venir los de la grúa...
JAIME: No hay problema, amigo. Si sabes algo sobre el tema, tienes mi bendición.

Tari se mete dentro del coche mientras que Fabricio comienza a hacerle señas a Jaime, intentando explicar que lo vio volver sus ojos en negro y que es una persona peligrosa. Como esto es básicamente imposible de explicar con señas, Jaime no entiende nada.
Frustrado, finalmente Fabricio se rinde.

ALEJANDRO

Alejandro y Luciana están en la terminal de autobuses.
Ambos, un poco incómodos por ese extraño vínculo nuevo que se formó, esperan a Roger, el hermano de Luciana, mientras toman un café.

LUCIANA: Mi hermano es la única familia que tengo, después de Álvaro. Nos mudamos a la Estrella Dorada apenas nos casamos porque él consiguió un trabajo aquí.
ALEJANDRO: Se casaron muy jóvenes.
LUCIANA: Vengo de una familia muy tradicional. Ya era vieja cuando me casé. Tenía 16 años y mucho miedo de quedarme soltera para siempre. Además, Álvaro quería una familia numerosa, por lo que era mejor si empezaba a tener hijos de muy joven.
ALEJANDRO: ¿Qué tan numerosa?
LUCIANA: Lo tradicional. Unos diez hijos.
ALEJANDRO: Es un número importante. Pienso en todo lo que se debe gastar en esos hijos que no se puede gastar en drogas y me pone triste.

Luciana lo mira, juzgándolo, pero Alejandro no se inmuta por ello.

ALEJANDRO: Y entonces, ¿por qué viene tu hermano?
LUCIANA: Porque mi marido está preso y él sabe que como mujer no puedo quedarme sola y hacerme cargo de mi vida.
ALEJANDRO: ¿Y tú qué piensas de esto?
LUCIANA: No pienso, Alejandro. Yo soy mujer.

Alejandro se muerde el labio pero prefiere concentrarse en su café.

JOSEPH

Joseph se está mirando en el espejo del pequeño baño de la habitación de Edgar.
Todavía está asustado, confundido y conmocionado por lo que casi hace.
Se moja el rostro y al levantar la mirada, Ignacio está de brazos cruzados, apoyado en la pared del portal.

IGNACIO: Ya podemos seguir viaje. Ya conseguí lo que quería.

Joseph le lanza una mirada furiosa, atípica en él.

JOSEPH: Casi me haces matarlo.
IGNACIO: Casi, pero no lo hice.

Joseph sostiene la mirada. Ignacio se ve obligado a poner los ojos en blanco.

IGNACIO: De acuerdo, lo siento. Exageré un poco. Pero mi padre tenía información importante y necesitaba que me la dijera. Ahora, puedes respirar tranquilo y calmarte.
JOSEPH: Me estás dando una orden para que me calme y no lo estoy logrando.
IGNACIO: Eso es porque puedo dominar tus acciones, no tus sentimientos. Pero tendrá un largo viaje para tranquilizarte, así que lo mejor que podemos hacer es continuar el trayecto porque vamos con mediodía de desventaja.

Joseph asiente.
Está por salir del baño cuando Ignacio lo vuelve a besar.
Joseph responde con suavidad, aunque se mantiene confundido.

JOSEPH: ¿Y ésto? Todavía falta mucho tiempo como para que pierdas el control sobre mí.
IGNACIO: Lo sé. Sólo tenía ganas de hacerlo.

Sin dejar de sonreír, Ignacio sale del cuarto de baño.
Joseph, más confundido aún si pudiera, lo sigue.

FABRICIO

Tras un rato dentro del automóvil, Tari sale al exterior. Fabricio lo continúa observando con sospecha.

TARI: Bueno, aparentemente sé muy poco de automóviles porque no pude encontrarle la falla. Seguramente los mecánicos de Las Viñas sabrán hacer un mejor trabajo.
JAIME: Agradezco igual que lo hayas intentado.
TARI: Si tienen que pasar la noche en Las Viñas, les dejaré el número de una posada. Quizá eso les sirva más útil que mis intentos de arreglarles el vehículo.
JAIME: Espero que no tengamos que pasar la noche en otro lado. Nuestros amigos nos están esperando en Bahía Ausente.
TARI: No es aconsejable ir por una ruta tan desolada cuando se acerca el atardecer. Si les llegara a pasar un desperfecto, tardarían mucho más en conseguir ayuda. Eso, asumiendo que se lo pueda reparar rápidamente.

Tari le extiende una tarjeta a Jaime y él la acepta.

TARI: Por las dudas. Digan que les recomendé el lugar y les harán un descuento.
JAIME: Muchas gracias, eres muy amable.

Tari sonríe y luego se gira para volverse a su auto.
Al pasar, vuelve a sonreír a Fabricio pero esta vez sus ojos no adquieren ningún matiz extraño.
Apenas se sube a su auto, Fabricio se va hacia Jaime.

FABRICIO: ¡Es un demonio!
JAIME: Es feo como una mula, pero no creo que sea un demonio.
FABRICIO: No, Jaime. Sus ojos se volvieron completamente negros cuando me acerqué hacia él. Está poseído o algo así.
JAIME: ¿No tendría que habernos atacado si era un demonio?
FABRICIO: Bueno, supongo que sí.
JAIME: Quizá simplemente viste mal a causa del sol y el hambre.
FABRICIO: Tal vez tengas razón. Pero por las dudas, si tenemos que pasar la noche en Las Viñas, no vayamos al lugar que nos recomendó.
JAIME: Como quieras. Mientras tengamos más lugares que éste para elegir.

VIRGINIA

Los dos autos están llegando a un puente que es la entrada al pueblo de Bahía Ausente. Ya es el atardecer de un día de viaje y conflicto, por los que los integrantes del auto de Virginia están agotados.

VIRGINIA: ¿Lo sienten?
IRUPE: ¿El cansancio? ¿El calor? ¿La ausencia de internet?
VIRGINIA: No, la magia.
IRUPE: Creo que estás cansada por haber conducido todo el día, Virginia.
DAMIEN: No, Virginia tiene razón. Hay algo en el aire. Algo raro en este pueblo. O probablemente sólo estemos delirando. Necesito acostarme y dormir.
VIRGINIA: Pues no será pronto. Tenemos que ir a la casa del conocido de Zack primero.
IRUPE: Eso ya es peligroso. Sin Jaime y sin Fabricio tenemos menos personas que sacrificar.
DAMIEN: Propongo que lo sacrifiquemos a Germán.
IRUPE: Eso va a destruir a Celina. Así que coincido.
VIRGINIA: Intentemos no sacrificar a nadie todavía. Pero en caso de tener que hacerlo, supongo que Fabián es el más débil.
DAMIEN: Porque a diferencia de Fernando, no es blanco ni tiene abdominales perfectos.

Virginia lo lapida con la mirada y Damien simplemente se encoge en hombros.

DAMIEN: Bueno, Celina está en el otro auto. Alguien tenía que decirlo.

GERMAN

Ambos autos estacionan ante una casa elegante, de dos pisos y un hermoso jardín. Es un lugar que, pese a que la luz del sol no es mucha, se percibe como sumamente pintoresco y relajante, casi budista.
Los miembros del auto donde viaja Germán descienden estirando las piernas. Celina aprovecha para acercarse a él.

CELINA: Te lo pido por lo que más quieras, tienes que hablar con Damien. Que ustedes dos no se hablen es como si mis padres se divorciaran.
GERMAN: Esa comparación no me hace sentir menos raro.
CELINA: Diablos, es cierto.
GERMAN: Lo estoy tratando bien. Sólo no quiero estar cerca de él cuando tengo que ir al baño. ¿Es tan malo eso?
CELINA: Si lo sacas de contexto, sí, parece que el loco es Damien.
GERMAN: Bueno, el loco es él.
CELINA: ¡Tienes razón!
GERMAN: Entonces ve a decírselo a él.
CELINA: Eso haré. Gracias.

Pero Celina no se marcha a hablar con Damien porque automáticamente son recibidos por el dueño de casa.
El hombre que los recibe tiene un atuendo holgado, como si fuera un hippie. El rostro sereno, serio y casi aburrido.

VIRGINIA: ¿Eres Theo Costas? Zackarías no ha enviado a hablar contigo.
THEO: Soy muchas cosas. Y entre ellas, soy Theo Costa también. Estoy encantado.
IRUPE: Genial. Habla raro. Esto es cada vez más divertido.
THEO: Por favor, los invito a mi humilde morada.

Germán mira la inmensidad de la mansión.

GERMAN: No me parece tan humilde.

DAMIEN

El living donde los recibe Theo es amplio y, en lugar de sillones, hay grandes almohadones en el piso en donde los chicos se sientan.
Celina aprovecha para sentarse junto a Damien.

CELINA: Creo que estás exagerando con Germán.
DAMIEN: ¿Tú me estás acusando de exagerado a mí?
CELINA: Sí. Ja. Ja. Después nos reímos de la ironía, pero ahora hablemos en serio. El chico tiene derecho a su intimidad y a poder mear sin que lo veas.
DAMIEN: No quiero verlo meando, Celina. No se trata de eso, por Dios. Se trata de que me ataca como si yo hubiera provocado la situación que nos sucedió. Y si tengo que reconocerlo, sí, por supuesto que lo disfruté. ¿Acaso tú no lo hubieras disfrutado?
CELINA: Yo lo disfruté con Irupé. Ni me imagino si lo hubiera hecho con un hombre.
DAMIEN: Entonces, ¿no puedes ver que es él quien está equivocado?
CELINA: Creo que tienes razón. ¡Él es el culpable!
DAMIEN: Así que esta charla, en realidad, la deberías tener con él.
CELINA: Definitivamente.

EL HOMBRE CALMO

Todos hacen silencio ante el anfitrión, sin la necesidad de que Theo lo solicite.

THEO: Zackarías me informó que vendrían a verme.
IRUPE: ¿Cómo te avisó? ¿Por paloma mensajera? Porque no hay forma de que haya señal en este pueblo.
THEO: Hay muchas formas de comunicarse con alguien tan especial como Zackarías. Me ha dicho que vienen a buscar el Compendio.
DAMIEN: Te informó bien. Aunque no sepamos qué es ni para qué lo necesitamos.
THEO: El Compendio es un manuscrito que tiene mucha información sobre los seres sobrenaturales que habitan actualmente por la tierra.
GERMAN: ¿De los buenos y de los malos?
THEO: No hay buenos ni malos. Sólo cuestiones de perspectivas.
IRUPE: Perspectivamente, ¿nos vas a dar el libro?
THEO: No lo tengo.
VIRGINIA: ¿Cómo que no lo tienes? Zackarías no mandó a hablar contigo.
THEO: Eso es cierto. Pero no tengo el libro y dudo que Zackarías les haya dicho una cosa así.

Virginia, desconcertada, mira a Damien y a Irupé, que a su vez se miran y niegan con la cabeza.

VIRGINIA: Bien, si no lo tienes, ¿al menos nos puede decir dónde está?
THEO: No sé dónde está actualmente.

Virginia cada vez va perdiendo aún más su entusiasmo y su rostro comienza a volverse de todos colores.

VIRGINIA: ¿Nos vas a ser de alguna utilidad o simplemente nos vas a aburrir con tu voz pastosa?
DAMIEN: Virginia y los buenos modales. Ese es el libro que deberíamos estar buscando.
VIRGINIA: Bueno, lo siento, pero acabamos de hacer un viaje eterno y sólo nos encontramos con enigmas y un hombre que no tiene idea de dónde está el libro.

Theo, lejos de enojarse, simplemente sonríe con serenidad.

THEO: No sé dónde está actualmente pero puedo indicarles quién lo tiene.
VIRGINIA: Bueno, al menos algo útil.
CELINA: (a Virginia) ¿Por qué lo estás tratando tan mal? ¿Acaso te acostaste con él?
DAMIEN: (a Theo) ¿Quién lo tiene?
THEO: No lo sé.

Todos los chicos agachan la cabeza, bastante hartos de los enigmas.

THEO: No se alteren. Pueden descubrir ustedes mismos quién fue. Les explicaré lo que haré.
IRUPE: Por favor.
THEO: Pero antes tienen que saber la historia del Campamento.
IRUPE: Por supuesto. ¿Por qué tenía que ser algo sencillo?
THEO: Y sobre una persona que conocen muy bien. Les relataré sobre
IRUPE: ¿Puedo ofrecerme como sacrificio?
VIRGINIA: Yo voy a sacrificarte si no haces silencio.

Theo continúa inmune a las interrupciones del grupo. Espera pacientemente para comenzar a hablar.

THEO: Hace tres años tuvo lugar un campamento a unos veinte kilómetros de aquí, en un predio en medio de los bosques del este. El lugar fue un éxito, vinieron muchos niños de los pueblos aledaños y tenían un grupo de jóvenes tutores, liderados por Edgar, que eran los encargados de cuidar a los chicos.
FABIAN: Pero...

Todos miran a Fabián por la interrupción.

FABIAN: Perdón. Es que siempre que la historia empieza bien, sucede algo que la vuelve turbia. Pensé que el "pero" venía a continuación. ¿Por qué me miran así? ¿Soy el único que escucha historias?
IRUPE: Creo que eres el único que lo está escuchando.

Theo, sin dejar de sonreír, espera.

THEO: Uno de los grupos de tutores, abrieron un portal que contenía a un viejo hechicero que estuvo encerrado durante siglos. Este hombre, una especie de pacto entre el más allá y el más acá, provocó una ruptura en el equilibrio, por lo que diversos hechos sobrenaturales comenzaron a hacerse vigentes en el pueblo, para luego extenderse por toda la tierra.
FERNANDO: Pero qué grupo de gente estúpida.
DAMIEN: No digas eso, Fernando, que tranquilamente pudimos haber sido nosotros.
VIRGINIA: Otras versiones de nosotros. Lo que nos da derecho a criticarlos.
FABIAN: ¿Pueden dejar de interrumpir al hombre así nos termina de contar su historia?
CELINA: Pero este chico tiene medio día en este grupo y de repente se cree que nos puede decir algo. ¿¡Pero con qué tupé?!

Todos hacen silencio de todos modos.

THEO: La Noche de las Arpías fue el último día de campamento. Un ataque mortal y feroz que cayó sobre ese lugar, cuando realmente las cosas se salieron por completo de control. Pero las tragedias de unos pueden ser el beneficio de otros y, en este caso, fue beneficioso para la persona que se llevó el libro. Alguien que aprovechó el desastre que las Arpías ocasionaron y se lo robó.

Se produce un nuevo silencio en el grupo.

IRUPE: Interesante historia, pero si no sabes quién se lo llevó, ¿cómo se supone que lo descubriremos?
THEO: Porque puedo llevarlos hacia ese día. Y ustedes pueden descubrir quién fue.

No hay comentarios:

Publicar un comentario