miércoles, 12 de diciembre de 2018

Chapter 45


JOSEPH

Joseph mira a la ventana cuando Ignacio sale del baño.
Intenta poner sus pensamientos en orden.
Ignacio, exhibicionista y sin ningún pudor, sale secándose como si nada.

JOSEPH: ¿Cómo lo haces?
IGNACIO: Generalmente abro la canilla y el agua simplemente sale.
JOSEPH: Me refiero a cómo conseguiste que haga las cosas que decías.
IGNACIO: Ah, eso. Es por el beso. Cuando beso a alguien, durante un promedio de doce horas, hace todo lo que yo le digo. Es como un virus que logro contagiar por medio de ese beso.

Joseph se muerde el labio, lleno de frustración.

JOSEPH: Entonces cuando pasen las doce horas, estaré libre de tus órdenes.
IGNACIO: A menos que te vuelva a besar, claro. En ese caso, el reloj vuelve a cero.
JOSEPH: ¿Fue así como conseguiste marcharte del Barrio Privado de tu padre y armar el propio?

Ignacio se ríe, mientras busca su ropa en una mochila para empezar a vestirse.

IGNACIO: Tuve que besar muchas bocas ese día. Pero son los costos de llevar a cabo un buen negocio.

VIRGINIA

Virginia pone los guiños de su auto con intención de que Fernando la imite cuando ve un parador para comer.
Celina e Irupé siguen en el auto con ella.

VIRGINIA: Casi es mediodía. Tenemos que comer algo.
CELINA: Me pregunto si el pobre Jaime y el pobre Fabricio comerán hoy.
VIRGINIA: Comerán. O harán dieta.
IRUPE: Seguramente ya están tomando una cerveza en este momento. Además Jaime es un buen cazador. En cualquier caso, siempre puede encontrar a algún animal.
VIRGINIA: Por el amor de Dios, ni siquiera pasaron cuatro horas desde que desayunaron. ¿Qué tanto hambre pueden tener?
CELINA: Tú lo dices porque seguramente nunca tuviste que pasar hambre.

Virginia desciende del automóvil sin escuchar más los lamentos de Celina.
Los chicos que descienden del otro auto, también están estirándose.

DAMIEN: Por Dios, me moría de hambre.
CELINA: Otro que ni siquiera piensa en Jaime o en Fabricio.
DAMIEN: ¿En quiénes?

DAMIEN

Mientras se ubican para poder almorzar, Germán no se sienta.

GERMAN: Creo que primero iré al baño.
DAMIEN: Genial. Yo también iré.
GERMAN: Preferiría ir solo.

Damien se queda boquiabierto ante ese comentario.
Germán se gira para irse hacia el baño.
Damien lo sigue.

DAMIEN: Espera, ¿qué pasa aquí?
GERMAN: Es que preferiría que no estemos juntos en una ambiente cerrado.
DAMIEN: ¿Qué? ¿Por qué?

Germán se detiene y lo mira.

GERMAN: Damien, por favor.
DAMIEN: Oh, por Dios, ¿esto es por lo del hechizo?
GERMAN: Claro que es por lo del hechizo.
DAMIEN: ¡Pero eso no fue mi culpa!
GERMAN: Pero lo disfrutaste.
DAMIEN: Bueno, ¿quién podría culparme?
CELINA: Coincido con Damien.

Damien y Germán se giran a mirar a Celina.

CELINA: Perdón, es que percibí la tensión que había y quería saber qué pasaba. Estas situaciones son como una especie de mil para mí. No puedo evitarlas.
DAMIEN: Vete.

Celina, ofendida, se gira y se marcha hacia la mesa donde están todos.
Cuando Damien se vuelve a girar hacia Germán, él continúa la marcha solo.
Damien lo sigue hasta que ambos entran en el baño.

DAMIEN: Germán, espera, no puedes enojarte conmigo por algo que no es mi culpa.
GERMAN: No digo que es tu culpa, pero entiende que me siento raro.
DAMIEN: ¿Vas a permitir que un hechizo de Edgar se meta en nuestra amistad?
GERMAN: Necesito mi espacio, Damien, por favor.
DAMIEN: Bien, si eso es lo que quieres, está bien. Malditos heterosexuales. Siempre son tan dramáticos.

JOSEPH

Joseph está por subirse al automóvil en el que viajará con Ignacio, cuando el muchacho aparece detrás de él.

IGNACIO: Dame las llaves. Manejaré yo.

Joseph, sin dudarlo, le pasa las llaves.
Luego se queda mirándolo enfurecido.
Ignacio pone los ojos en blanco.

IGNACIO: Quédate tranquilo que respetaré las reglas de tránsito y no atropellaré a nadie que no lo merezca. ¿Puedes relajarte un poco?
JOSEPH: Me gustaría tener la voluntad para, al menos, discutir por qué no me parece buena idea que manejes tú.
IGNACIO: Bueno, no puedo brindarte eso, Joseph. Así que deja de quejarte un poco y súbete al auto. Ya te dije que espero un poco de buena predisposición de tu parte. No me compliques este viaje que no me gusta viajar estresado.
JOSEPH: Vaya. Hasta parecemos una pareja real.
IGNACIO: Hiciste un chiste. ¿Ya ves que no es tan complicado?

IRUPÉ

Irupé sonríe por primera vez en el día al recibir un mensaje de texto.
Todos están sentados alrededor de la mesa, a excepción de Germán, que no viene al baño.

IRUPE: Tengo buenas noticias.
VIRGINIA: Por favor, necesitamos alguna.
IRUPE: Edgar se está reponiendo favorablemente, así que creen que en breve podrán darle el alta.
VIRGINIA: Bien, podrá detener a Wilfredo entonces.
DAMIEN: Espero que al menos eso pueda hacer bien.

Todos miran a Damien por su furioso comentario.

CELINA: (a Damien) ¿Por qué estás molesto con Edgar ahora?
FABIAN: ¿Es porque es negro?
DAMIEN: No. Estoy enojado con él porque por su hechizo, tuve sexo con Germán y ahora Germán está enojado conmigo y ni siquiera puedo ir al baño público con él. Y necesito ir al baño.
FERNANDO: Creo que deberías darle tiempo.
DAMIEN: ¿Tú qué sabes? Ni siquiera tienes personalidad.
VIRGINIA: ¡Damien!
CELINA: (a Virginia) Ah, claro, por Fernando sí vas a salir en defensa, sólo porque es blanco y tiene abdominales.
DAMIEN: Lo siento, lo siento. Estoy claramente molesto con esta situación. Germán es mi amigo y no quiero que se enoje por una cosa así.
FERNANDO: Tal vez deberías decirle que estás preocupado por eso.
DAMIEN: (a Fernando) En serio, ¿por qué me sigues hablando?
IRUPE: A mí me encantaría que todos nos ubicáramos, porque estamos en un restaurante y estamos llamando la atención de todo el mundo.
FABIAN: No puede importante eso, Irupé. Este grupo de por sí llama la atención en cada lugar al que va.

MOMENTO MUSICAL

Y tras las miradas de todo el mundo que está observando a este grupo, los chicos comienzan a cantar.


FABIAN:
La gente me señala,
me apuntan con el dedo,
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo.
VIRGINIA:
Qué más me da
si soy distinta a ellos.
No soy de nadie,
no tengo dueño.
DAMIEN:
Yo sé que me critican,
me consta que me odian.
La envidia les corroe,
mi vida les agobia.
CELINA:
Por qué será,
yo no tengo la culpa.
Mis circunstancias
les insultan.

FERNANDO:
Mi destino
es el que yo
decido, el que yo
elijo para mí.

TODOS:
Y a quién le importa
lo que yo haga.
A quién le importa
lo que yo diga.
Yo soy así y así seguiré,
nunca cambiaré.
A quién le importa
lo que yo haga.
A quién le importa
lo que yo diga.
Yo soy así, así seguiré
y nunca cambiaré.

IRUPE:
Quizá la culpa es mía
por no seguir la norma.
Ya es demasiado tarde
para cambiar ahora.
VIRGINIA:
Me mantendré
firme en convicciones,
reforzaré mis posiciones.

DAMIEN:
Mi destino
es el que yo
decido, el que yo
elijo para mí.

TODOS:
Y a quién le importa
lo que yo haga.
A quién le importa
lo que yo diga.
Yo soy así y así seguiré,
nunca cambiaré.
A quién le importa
lo que yo haga.
A quién le importa
lo que yo diga.
Yo soy así, así seguiré
y nunca cambiaré.

CELINA:
Y a quién le importa.
TODOS:
Yo soy así, así seguiré
y nunca cambiaré.

JOSEPH

Joseph se asombra al notar que Ignacio apaga el auto.
Mira hacia el lugar que tienen enfrente y ve que están en la clínica.

JOSEPH: ¿Qué hacemos aquí?
IGNACIO: Tenemos que hacer una parada antes de salir a ruta.
JOSEPH: Generalmente se hacen paradas para comprar sádwiches para el camino. No se viene a una clínica.
IGNACIO: Bueno, yo tengo que ver a alguien. Acompáñame.

Joseph nuevamente no puede resistir la orden y desciende del automóvil junto con Ignacio.

VIRGINIA

Tras el almuerzo, Virginia está dirigiéndose hacia su auto en compañía de Celina e Irupé cuando ven que Damien se acerca hacia ellas.

DAMIEN: No hay ninguna posibilidad de que yo viaje el resto del trayecto en el mismo auto que Germán. Iré con ustedes.

Celina entonces rompe a llorar escandalosamente.

IRUPE: (a Celina) ¿Y a ti qué diablos te pasa?
CELINA: Es que este grupo se está destruyendo... Y a mí me encantaba este grupo... Y ahora ya no seremos más amigos... Oh, por Dios, estoy tan desolada...
IRUPE: (a Virginia) Creo que deberíamos hacer algo.
VIRGINIA: Totalmente. Celina, vete con Fernando.

Celina deja de llorar y mira a su amiga boquiabierta.

CELINA: ¡¿Qué?! ¡¿Me estás desechando?! ¡¿A mí?!
VIRGINIA: Estás muy emocional y yo, que soy la que maneja, necesito estar tranquila. No puedo con más estrés.
CELINA: ¡¿Ahora me estás diciendo que soy una persona que ocasiona estrés?! ¡¿Cómo es posible eso?! ¡Yo no le genero estrés a la gente!
VIRGINIA: Entonces Fernando va a estar agradecido de que no sea así. Vete con él.

Totalmente ofendida, Celina se gira y se marcha con los demás.

FABRICIO

Fabricio abre los ojos repentinamente.
Están con Jaime en medio de la nada esperando la grúa.

FABRICIO: Oh, por Dios. Me descartaron.
JAIME: ¿Qué dijiste?
FABRICIO: Tuvieron un momento musical sin mí. ¿Por qué hicieron una cosa así? ¿Es simplemente porque dije que no me gustaba la música que cantábamos? ¿Tan sensibles son que por un simple e inocente comentario me machacan? Me dejaron totalmente afuera. Primero mi novia me deja, luego nos quedamos varados y ahora mis amigos me dejan de lado. ¿Este día puede empeorar todavía más?
JAIME: Fabricio, no tengo idea de qué me estás hablando. ¿Por qué no te vuelves a dormir y te despierto cuando nos vengan a buscar?
FABRICIO: Ojalá pueda dormir y no volver a despertar otra vez.
JAIME: Dios quiera. Un auto se está deteniendo. Tal vez piensa que necesitamos ayuda.

Fabricio ve un auto que aminora la marcha y desciende a la banquina.

FABRICIO: ¿Y acaso no necesitamos ayuda?
JAIME: A menos que fuera un mecánico el que va a descender de allí, creo que no servirá de nada. ¿Por qué no vas a decirle que se vaya?

Fabricio se encoge en hombros y obedece a Jaime.
Se acerca hacia la figura que está dentro del auto. Es un hombre relativamente joven, de cabellos rubios y barba del mismo color. No obstante, tiene un innegable rostro similar al de una rata.
Fabricio se acerca hacia la ventanilla y golpea el vidrio.
El hombre desciende.

FABRICIO: Hola... A menos que sea mecánico y sepa qué le sucedió a nuestro auto, creo que estamos cubiertos. Ya llamamos a la grúa y vendrán a buscarnos.

El hombre sonríe sin responder.
De repente, sus córneas se vuelven completamente negras al instante.
Fabricio se estremece al verlo, pero al instante, el hombre vuelve a recuperar sus ojos normales.

HOMBRE: Supongo que darle un vistazo no hará daño a nadie, ¿no crees?

Fabricio no sabe qué responder a eso.

JOSEPH

Cuando Edgar ve a su hijo en la puerta de la clínica, Joseph está convencido de que su gesto no muestra el más mínimo agrado.
Finalmente entiende el rechazo que Edgar siente por Ignacio. No es una simple rivalidad entre padre e hijo. Edgar le teme.
En especial en aquella postura vulnerable en donde se encuentra Edgar.
Unas vendan en su hombro izquierdo es lo único que queda de un brazo que ya perdió.
Edgar se mueve, incómodo, en la cama de su habitación cuando ambos aparecen.

EDGAR: ¿Cómo saliste en libertad?
IGNACIO: Convencí al comisario que puedo serle de ayuda para conseguir algunas cosas. Y bien sabes que Pablo está un poco maravillado con este mundo desde que vio lo que hiciste con Álvaro. Nos estamos yendo a Bahía Ausente.

Edgar traga saliva cuando escucha la palabra.

EDGAR: Maldito Zack. Se los dijo.
IGNACIO: No a nosotros, sino a los de tu barrio.

Edgar mira automáticamente a Joseph.

EDGAR: ¿Y tú lo vas a ayudar? ¿Vas a traicionar a Virginia?
JOSEPH: Yo no...
EDGAR: No, no harías eso. Estás bajo el poder de Ignacio. Si quieres un consejo, mátalo en cuanto tengas la oportunidad o te matará a ti cuando dejes de serle útil.

Joseph está a punto de romper a llorar ante lo que escucha.

IGNACIO: Gracias, papá, por estresarlo aún más. Escucha, necesito realmente tu ayuda para encontrar el maldito Compendio por el cual todo el mundo ha perdido la cabeza.
EDGAR: No voy a ayudarte a que ese libro caiga en tus manos, Ignacio.
IGNACIO: Yo ni siquiera lo quiero. El que lo quiere es Pablo. Solamente necesito conseguirlo para poder continuar en libertad.
EDGAR: No voy a ayudarte.
IGNACIO: ¿Estás seguro?
EDGAR: Ese libro es peligroso en tus manos.
IGNACIO: Si esa es tu decisión...

Ignacio mira a Joseph, sin la sonrisa característica con la que antes lo miraba.

IGNACIO: Mátalo.
JOSEPH: ¿Qué?
IGNACIO: Saca tu arma y dispárale a mi padre, en el medio de la cabeza.

Joseph queda boquiabierto.
Derrama unas lágrimas.
No puede evitar que sus manos vayan directamente hacia su cinturón y saque de allí su arma reglamentaria.


No hay comentarios:

Publicar un comentario