GRUPO
Miércoles
por la tarde. Reunión en la casa de Virginia Fernández.
Al
constante grupo de Irupé, Celina, Damien, Germán, Virginia y su copa de vino,
ahora se suman Franco, el hijo del Sr. Verdi, y Fabián, el chico de las
ortodoncias. Están hablando sobre la investigación.
FRANCO:
Edgar salió de este barrio con la supuesta caja de recaudaciones. Ahí lo
seguimos con Damien para saber hacia dónde iba.
IRUPE:
Eso es muy romántico.
DAMIEN:
No, no lo es.
GERMAN:
(a Damien) ¿Acaso no lo hicieron?
FRANCO:
Nos estamos desviando del tema.
DAMIEN:
(a Germán) No. Franco está muy dañado y necesita tiempo.
IRUPE:
Eso sigue siendo romántico.
DAMIEN:
(a Irupé) ¿Tú crees?
FRANCO:
(a Damien) ¿Tú no?
FABIAN:
Yo creo que sí. A veces hay que saber esperar cuando va a llegar algo bueno. La
chica que me gusta tiene cosas que resolver y la voy a esperar.
GERMAN:
Me pasa lo mismo. Hay que esperar por algo que nos gusta.
IRUPE:
Todos sabemos que están hablando de Celina, ¿no?
CELINA:
¡Irupé! ¡Pero qué cosas dices!
VIRGINIA:
(a Celina) Espero que no hagas esperar a estos muchachos toda la vida hasta que
decidas dejar a tu novio.
CELINA:
(a Virginia) ¿De veras crees que eres la persona indicada para decirme eso?
GERMAN:
(a Fabián) ¿Tú también estás prendido por Celina?
FABIAN:
(a Germán) Esto se vuelve un momento incómodo para ambos.
VIRGINIA:
Siempre soy la persona más indicada para señalar cualquier cosa.
FRANCO:
Chicos, este no es el motivo por el que nos reunimos.
CELINA:
(a Virginia) ¡El chico que te gusta está en coma!
DAMIEN:
Entonces el vínculo entre ellos no cambió mucho.
GERMAN:
(a Franco) ¿Vas a esperar a que Damien esté en coma?
FRANCO:
(a Germán) No. Espero que no quede en coma.
DAMIEN:
Tampoco dije que lo iba a esperar.
FRANCO:
¿No?
DAMIEN:
No. Dije que entendía lo que te sucedía, pero no dije que te iba a esperar.
CELINA:
¿Saben que siento?
IRUPE:
Sería genial que lo aclares.
CELINA:
Siento como si nuestro grupo hubiera pasado por muchísimas historias y en todas
terminamos investigando a Edgar.
DAMIEN:
¿Qué? Lo que acabas de decir no tiene sentido.
FABIAN:
Pasó por mi casa antes de venir aquí. El humo de lo que fuere que estaba
fumando Alejandro le habrá afectado.
GERMAN:
(a Fabián) ¿Por qué pasó por tu casa?
CELINA:
(a Germán) Germán, estoy frente a ti. No es necesario que hables como si no
estuviera.
VIRGINIA:
Franco tiene razón. Necesitamos definir cómo vamos a investigar.
IRUPE:
Creo que siento algo por Edgar.
Todos
se quedan callados automáticamente.
CELINA:
¿¡Qué!?
DAMIEN:
Irupé, yo entiendo que estés desesperada por vivir atrapada en un matrimonio
sin sentido, pero esta salida es absurda.
VIRGINIA:
(a Irupé) Coincido. Me dan antojos de tirarte esta copa de vino directamente en
la cara para hacerte reaccionar, pero como es tan rico...
Y
entonces Virginia se bebe su copa.
IRUPE:
Es que Jaime me ignora y él me sacó a bailar en la fiesta. Aunque no lo quieran
creer, se comporta siempre como un caballero.
DAMIEN:
Todavía no desayuné y siento náuseas.
CELINA:
También yo, pero creo que es por el humo de la casa de Fabián.
FRANCO:
Bien, teniendo en cuenta que esta charla no va a dar para más, voy a investigar
por qué mi padre necesita el dinero que quiso robarse de aquí. Los tendré al
tanto.
Y
totalmente enojado, se marcha del lugar ante el silencio de todo el resto del
grupo.
IRUPE:
(a Damien) Si tienes que esperar a que se relaje un poco, vas por el mal
camino.
VIRGINIA:
Es verdad. Deberíamos recomendarle que se tome un buen vino. La vida es para
disfrutar.
FRANCO
Franco
sale de la casa de Virginia y se encuentra con Hernán lavando su auto de color
azul. Hernán lo mira y se ríe, como si se hubiera contado un chiste.
HERNAN:
A todos les abruma la primera vez que asiste a una reunión con ese grupo.
FRANCO:
Es una dinámica intensa para alguien acostumbrado a hablar con lentitud.
HERNAN:
Es un barrio raro, ¿no crees?
FRANCO:
Lo más mundano que vi a alguien hacer aquí es a ti. Me cuesta creer que alguien
lave su propio coche.
HERNAN:
Es que no confío en nadie más para hacerlo. Parece una práctica sencilla, pero
en realidad no lo es. Hay que comprar trapos especiales y lavarlo con productos
específicos para este auto.
FRANCO:
Retiro lo dicho con respecto a lo mundano.
HERNAN:
Si quieres, puedo enseñarte.
FRANCO:
Estaría bueno aprender, aunque no tengo auto.
HERNAN:
El otro día viniste con una máquina.
FRANCO:
Es un auto de mi padre. Sólo me lo prestó para el evento.
HERNAN:
Una pena. Tengo tanta sabiduría que repartir y nadie apto para aprender.
FRANCO:
Los problemas que tienen los habitantes de este barrio son sumamente
perturbadores.
HERNAN:
¿Verdad que sí?
Franco
no dice más y se marcha.
GERMAN
El
jueves por la mañana, Germán se presenta en la casilla de administración donde
está Edgar.
GERMAN:
Buenos días. ¿Qué tenemos para hacer hoy?
EDGAR:
Vamos a empezar a desalojar la casa 17.
GERMAN:
Esa es la casa de Fernando.
EDGAR:
Sí, y como sabrás, se termina el mes. Y el chico está en coma, por lo que no me
va a pagar el mes siguiente.
GERMAN:
Edgar, ¿vas a dejar en la calle a un chico en coma?
EDGAR:
Con mucho dolor en el alma, Germán, pero ahora tiene una casa mejor. Hay que
dejar ir a las personas por más que nos duela.
GERMAN:
Pero su casa mejor es una habitación en la clínica.
EDGAR:
Y si él elije vivir allí, no soy quién para juzgarlo. Así que empieza a
desalojar la casa.
GERMAN:
Al menos dime que no tiraremos sus cosas.
EDGAR:
Por supuesto que no, Germán, ¿por quién me tomas? Las podemos vender.
GERMAN:
No vamos a vender las cosas de un chico en coma.
EDGAR:
Lo esperaremos un mes, ¿qué te parece? Después de ese tiempo, sus funciones
motoras estarán atrofiadas y habrá muchas cosas que ya no podrá hacer. Ver
algunos artículos sólo le despertará nostalgia. Es un buen gesto de nosotros
sacar dinero por ello.
Germán
queda boquiabierto ante la lógica de Edgar.
GERMAN:
Voy a empezar.
EDGAR:
Ve tranquilo y con confianza, Germán.
JOSEPH
Joseph
se encuentra con Santiago para el inicio de otra jornada laboral. Está ansioso
por hablar con su amor platónico.
JOSEPH:
¿Y bien?
SANTIAGO:
Todavía no se lo dije.
JOSEPH:
¿Te arrepentiste?
SANTIAGO:
No, jamás estuve más seguro de algo en mi vida, pero siento que nunca encuentro
un buen momento para proponérselo. Anoche salimos a cenar y pensé que era la
situación ideal, pero antes de hablarle, comencé a sonreír. Ella interpretó que
me estaba burlando de ella y comenzó a llorar. Yo quería tranquilizarla pero a
la vez no podía dejar de sonreír, lo cual aumentaba su histeria y continuaba
llorando. En sí, la noche terminó con el mesero amenazándome con denunciarme
porque pensaba que yo la estaba hostigando y tuvimos que irnos de allí.
JOSEPH:
Suena una chica completamente sana. Cualquier hombre en tu lugar no dudaría en
casarse con ella.
SANTIAGO:
Lo sé, ¿no?
Joseph
suspira con cansancio pero no dice nada más.
GERMAN
Germán
se encuentra limpiando la habitación de Fernando, el chico en coma, cuando
encuentra una extraña tarjeta que parece ser una credencial de acceso a un club
privado.
De
repente, escucha movimientos en la puerta y guarda la tarjeta rápidamente en su
bolsillo.
PABLO:
¿Estás robando?
GERMAN:
No. El gran jefe me pidió que comience a organizar las cosas de Fernando, por
si él no sale de su situación y tenemos que volver a alquilar su casa. ¿Tú
vienes a robar?
PABLO:
No, Germán. Yo acabo de salir de mi guardia. Iba en dirección a mi casa cuando
vi la puerta abierta. Por un momento me ilusioné pensando que había vuelto
Fernando y que nos ayudaría a resolver su ataque.
GERMAN:
¿Averiguaste algo sobre eso?
PABLO:
Estoy en plena investigación. ¿Lo golpeaste tú?
GERMAN:
No. Claro que no.
Pablo
se encoje en hombros al escuchar la respuesta y comienza a revisar el cajón de
ropa interior de Fernando. Germán lo mira con sorpresa.
PABLO:
Era mi mejor pista.
GERMAN:
¿Qué haces?
PABLO:
Me gusta coleccionar ropa interior de las personas. Me estimula en las horas de
soledad sin mi gran amor.
GERMAN:
En la fiesta de los romanos te vi con otra muchacha que no parecía Guillermina.
PABLO:
Mi otro gran amor, Germán. Y no se encuentra disponible a estas horas para
amarme, así que la ropa interior de Fernando bastará.
Sonriendo,
mete la ropa interior de Fernando en una bolsa transparente de plástico y luego
dentro de su mochila. Germán, sin poder creer lo que ve, no dice nada mientras
el comisario se marcha de allí.
IRUPE
Irupé
atiende la puerta de su casa y se sorprende de encontrar a Edgar allí. Se
ruboriza al instante.
IRUPE:
¿Edgar? ¿Qué haces aquí?
EDGAR:
Noté que no fuiste a trabajar hoy.
IRUPE:
No, tengo el día libre. No sabía que te dabas cuando no voy al trabajo.
EDGAR:
Yo siempre noto todo.
IRUPE:
Entonces también habrás notado que Jaime no fue al trabajo hoy.
Edgar
se queda mirándola inquisitivamente. Ella se pone nerviosa automáticamente.
IRUPE:
No sé por qué dije eso. Es decir, no tiene ninguna relación con lo que
seguramente me vienes a decir...
EDGAR:
No, está bien. No me había dado cuenta que Jaime también está en tu casa. Es
mejor si hablamos en otro momento.
IRUPE:
Pero... ¿de qué?
EDGAR:
Quería decirte que la pasé muy bien en el baile.
Irupé
no dice nada más mientras Edgar se gira sobre sus talones y se marcha.
MOMENTO MUSICAL
Irupé
entra en su casa tras la partida de Edgar, quien va rumbo a la Casa 0.
Por
su parte, Joseph y Santiago se están cambiando y poniéndose sus uniformes
policiales.
IRUPE:
No he perdido la cabeza.
Sólo un poco de control.
SANTIAGO:
Y aunque suelo estar calmado,
hoy me tiemblan las dos manos
antes de esta confesión.
EDGAR:
Siempre fuiste la primera
que rankeó mi corazón.
JOSEPH:
Y aunque usaras mi franela
de pañuelo pa' tus penas,
no sabías de mi amor.
SANTIAGO:
Te ruego no te asustes
o acaso me disculpes.
Mi gran amiga,
¿cómo evito que me gustes?
IRUPE:
No sé si está prohibido
o si sientes lo mismo.
EDGAR:
Me cuesta tanto
sólo ser tu amigo.
IRUPE:
No es que seas tan perfecto
pero tienes a favor
el cabello despeinado
y esos kilos a ambos lados
que te van de lo mejor.
SANTIAGO:
Ya he metido mis papeles.
Ya apliqué a tu corazón.
EDGAR:
Quiero tanto esa vacante
aunque suene a disparate,
quiero ser tu nuevo amor.
JOSEPH:
Te ruego no te asustes
o acaso me disculpes.
Mi gran amigo,
¿cómo evito que me gustes?
IRUPE:
No sé si está prohibido
o si sientes lo mismo.
EDGAR:
Me cuesta tanto
sólo ser tu amigo.
GRUPO
Reunidos
en la Casa 1, Virginia, su copa de vino, Damien, Irupé y Germán están
conversando. Germán acaba de decir algo que provocó la indignación en el resto
de los presentes.
IRUPE:
¡¿Qué?! ¿Ese cerdo asqueroso se robó la ropa interior de Fernando?
VIRGINIA:
Estamos conviviendo con un pervertido.
DAMIEN:
(a Germán) Por casualidad, ¿dejó alguna prenda o se llevó todas?
IRUPE:
¡Damien!
DAMIEN:
Bueno, al menos yo los selecciono. Parece que Pablo es feliz si se roba la ropa
interior de cualquiera.
IRUPE:
No por eso lo tuyo es menos asqueroso.
DAMIEN:
Ay, por Dios, te atrae Edgar. No eres digna de tirar la primera piedra.
IRUPE:
Tienes razón.
VIRGINIA:
¿Sabemos algo sobre la investigación que está haciendo Franco?
DAMIEN:
No lo vi en el Canal trabajando hoy.
VIRGINIA:
¿No lo viste?
DAMIEN:
No lo vi, lo estuve esquivando, ¿quién podría distinguir la diferencia?
VIRGINIA:
Bueno, sé profesional, deja tus sentimientos de lado y habla con él.
DAMIEN:
¡Pero no soy investigador!
VIRGINIA:
Si no quieres pertenecer a esto, eres libre de marcharte.
DAMIEN:
No puedo creer que me estás manipulando tan fácilmente. ¿Quién te crees que
soy? ¿Celina?
Virginia,
que tiene la tarjeta que sustrajo Germán en una mano y la copa de vino en la
otra, analiza la situación.
VIRGINIA:
Nunca escuché hablar de un lugar así en Estrella Dorada.
GERMAN:
Creo que es un Club Privado.
DAMIEN:
Y probablemente secreto. Por eso jamás hemos escuchado del mismo.
VIRGINIA:
No estaría mal investigar. Tal vez este Club tenga alguna relación con la
extraña agresión que sufrió.
DAMIEN:
(a Virginia) Para ti nunca está de más investigar.
IRUPE:
Lo cual sería admirable si no fuera porque los que se ensucian las manos somos
nosotros.
VIRGINIA:
En este caso, considerando que parece un Club Masculino, creo que Germán es el
que debe ir a la misión.
DAMIEN:
Disculpa, ¿consideras que no soy lo suficiente masculino?
VIRGINIA:
¿Quieres ir a investigar a prostitutas?
DAMIEN:
No, qué asco. (a Germán) Pero si hay hombres que se prostituyen, la próxima me
llevas contigo.
IRUPE:
Damien, cada día dices cosas más desagradables.
DAMIEN:
Te recuerdo a Edgar.
IRUPE:
Me lleva la cachetada.
GERMAN:
Si hago esto, ¿conseguiré la admiración de Celina?
DAMIEN:
Por supuesto. Celina no admirará más que a un hombre que se mete entre
prostitutas por pedido de Virginia.
VIRGINIA:
(a Germán) No le hagas caso. Si haces bien el trabajo, Celina realmente te
idolatrará. Y sino, haré que te ame. Tú confía en mí.
Germán
asiente con entusiasmo.
CELINA
A media
mañana, Celina se encuentra trabajando acomodando unas prendas en la tienda de
ropa en la que trabaja, cuando Santiago ingresa, aún vestido de policía.
CELINA: ¿Santiago?
¿Qué haces aquí?
SANTIAGO:
Vine a verte...
CELINA: Pero
tú nunca me visitas en el trabajo. ¿Sucedió algo grave? ¡Oh, por Dios! ¿¡Le
pasó algo a uno de nuestros hijos!?
SANTIAGO:
Celina, nosotros no tenemos hijos.
CELINA: Oh,
gracias a Dios por ellos. Me habían preocupado. Entonces, ¿qué haces aquí?
SANTIAGO:
Tenía que esperar a verte por la noche, pero en realidad no me puedo aguantar
la ansiedad.
CELINA: ¿De
qué sientes ansiedad?
SANTIAGO:
¿Viste cuando te mueres de ganas de decirle algo a la persona que tienes cerca
pero por algún motivo no te animas o simplemente no encuentras la forma?
CELINA:
Estoy un poco familiarizada con el sentimiento. Pero es bueno que puedas sacar
el tema, porque hace tiempo que quiero decir algo.
SANTIAGO: ¿Y
se te ocurrió expresarlo ahora que yo quiero hablar?
CELINA:
Tienes razón. A veces no dejo que otros tengan momentos. ¿Qué querías decirme?
SANTIAGO:
Como nunca encuentro la manera y siempre me parece que no importa la forma en
que lo diga, lo voy a arruinar, decidí aprovechar el impulso, venir hasta aquí
y decírtelo.
CELINA:
¿Decirme qué? Santiago, por Dios, no tolero el misterio.
El muchacho
pone el estuche abierto, dejando ver el anillo de compromiso, sobre el
mostrador.
SANTIAGO:
¿Te quieres casar conmigo?
Celina,
principalmente en shock, toma el estuche con la mano.
CELINA: ¡Oh,
por Dios! ¡Sí!
No hay comentarios:
Publicar un comentario