miércoles, 10 de octubre de 2018

Chapter 3: Las 4 y 10


PEDRO

Pedro está en su cuarto, solamente en bóxer, cuando escucha que llaman a la puerta. Del otro lado, se sorprende al descubrir a Damien.

PEDRO: ¿Damien?
DAMIEN: ¿Estás ocupado?
PEDRO: No... ¿Quieres pasar?

Damien asiente. Ingresa a la casa y Pedro cierra la puerta detrás de él, pero no se mueve de allí.

PEDRO: ¿Qué puedo hacer por ti?
DAMIEN: ¿Ella está aquí?
PEDRO: ¿Lulú? No. Está en el canal todavía. ¿Por qué? ¿Qué sucede?

Damien se acerca hacia Pedro impulsivamente y le da un beso en los labios. Pedro se queda paralizado pero no rechaza el beso.

PEDRO: Oh, Damien... Habíamos hablado...
DAMIEN: Dime que me detenga y me detendré.
PEDRO: Pero...

Damien vuelve a besarlo. Esta vez Pedro responde y lo toma desde la cintura. Tras una pequeña pausa, se vuelve a detener.

PEDRO: No puedo, Damien.
DAMIEN: Dime que pare.

Las manos de Damien van hacia la entrepierna del muchacho. Pedro está empalmado. Damien sonríe y luego, comienza a ponerse de rodillas poco a poco. Pedro no se niega.
Tras cerrar los ojos, los vuelve a abrir a toda velocidad y descubre que está acostado en la cama con Lulú y que suena la alarma para despertarlo.
Ni rastros de Damien.
Lulú, tras escuchar el sonido, se despierta desperezándose.

LULU: ¡Wiiiiii!

DAMIEN

Damien e Irupé están saliendo, como todas las mañanas, rumbo hacia el canal donde trabajan. Irupé nota algo por el rabillo del ojo y le habla a Damien como si fuera un agente secreto.

IRUPE: Acelera el paso. Nos está siguiendo Virginia.
VOZ de VIRGINIA: ¡Oigan! ¡Deténganse!
IRUPE: Me lleva el diablo. (se gira) ¡Virginia! ¿Qué necesitas un miércoles tan temprano? ¿Se te agotó la reserva de sangre de bebé?

Virginia llega hacia ellos.

VIRGINIA: Siempre tan ingeniosa, Irupé. Necesito un favor, chicos. Me gustaría que hablen con Lulú para que protagonice un show en la fiesta de beneficencia.
IRUPE: ¿Qué? ¡Virginia, Lulú es mi jefa! La soporto de lunes a viernes, ¿por qué tengo que hacerlo un fin de semana?
DAMIEN: Y su productor es mi ex, ¿lo recuerdas? Un ex que ahora es heterosexual.
VIRGINIA: Entiendo que es duro, Damien. Yo tuve que pedirle ayuda con los trajes a mi ex que ahora es gay. Todos hacemos sacrificios.
DAMIEN: No es lo mismo. Tú te llevas bien con tu ex.
VIRGINIA: ¿Te llevas mal con el tuyo?
DAMIEN: Bueno, no...
VIRGINIA: Entonces es lo mismo.
IRUPE: Virginia, por más que se lo pida, Lulú no va a poder montar un número en tres días.
VIRGINIA: Al menos, hagan el intento, ¿quieren? No pierden nada con intentar.

Damien e Irupé no responden. Intercambian una mirada, lo que provoca en Virginia una gran sonrisa de satisfacción.

VIRGINIA: Es lo que esperaba oír. Confío en ustedes.

FRANCO

Rodolfo Verdi, el padre de Franco, está hecho una furia cuando ve a su hijo aparecer en su mansión.

VERDI: No puedo creer que hayas aparecido en mi casa sin siquiera avisarme.
FRANCO: Estuve intentando llamarte durante días y no me atendiste el teléfono.

Verdi lo mira, contemplando la posibilidad de que no estaba mintiendo.

VERDI: Oh, de verdad. Iba a devolverte las llamadas, pero luego lo olvidé. Sabes que tengo una vida atareada. Aun así, te cruzaste medio país para venir a este pueblo...
FRANCO: No podía quedarme en Alborada. Y sí, hice un día de viaje. Y sí, tengo mucho sueño. Así que puedes darme unos sermones después que duerma un poco. Voy a estar más despejado para escucharte gritar.
VERDI: Bien. Pídele a la empleada que te arme una habitación y por la noche hablaremos.
FRANCO: ¿Cómo se llama tu empleada?
VERDI: Rosa. María. Consuelo. Un nombre de esos clásicos.
FRANCO: Bien. Le pediré ayuda a Consuelo, María o Rosa.

Franco se gira con su maleta en mano hacia la cocina. Su padre lo detiene.

VERDI: Oh, y Franco. No quiero cosas gays en casa.
FRANCO: Es bueno saberlo. Voy a cancelar la orgía que tenía programada para hoy.
VERDI: Al menos no la hagas en casa. Cuento con una...
FRANCO: Ya, ya. Tu reputación. Claro.

DAMIEN

Damien e Irupé están en la oficina de Lulú. Ambos de pie, contaron la idea de Virginia a la animadora infantil y a su productor. Pedro está dudoso de lo que acaba de escuchar pero Lulú está entusiasmada.

LULU: ¿Una fiesta temática sobre romano para beneficencia? ¡Me encanta! ¡Claro que sí! ¡Ese es mi sueño!
IRUPE: ¿Tu sueño es hacer una gala romana para beneficencia?
LULU: ¡Mi sueño de toda la vida, Iru!
PEDRO: Lulú, el show es el fin de semana. No tienes en tu rutina nada relacionado a la temática.
LULU: Pero ellos tienen el vestuario, Pedro. Además, los chicos del barrio privado van a participar. Mi ingenio saldrá solo y desarrollaré algo para el sábado. Sólo necesito que vayas a conocer el escenario para que sepas con qué contamos y con qué no.
IRUPE: Oh, sí, eso lo puede hacer con Damien.

Pedro y Damien vuelven a lapidar a Irupé con la mirada. Ella se limita a sonreír.

DAMIEN: ¿Nosotros? Pero yo trabajo para Anna y ella...
LULU: Yo se lo explicaré, Damien, tú ve tranquilo con mi amado Pedro. Ella no tendrá ningún problema.
IRUPE: ¿Lo ves? La bondad de Lulú no tiene límites.

HERNAN

Hernán está en la oficina de Edgar, escuchando su macabro plan para quedarse con el dinero de la recaudación.

HERNAN: ¿Una barbería? ¿De verdad piensas a robar a la beneficencia para ponerte una barbería?
EDGAR: Es mi pasión, Hernán. ¿Nunca tuviste un sueño que quisieras cumplir?
HERNAN: Quisiera estar más delgado.
EDGAR: ¿Un sueño que quisieras cumplir y hacer algo para conseguirlo? Esta es una oportunidad única.
HERNAN: Pero mover el dinero para los pobres para que tú pongas un negocio me parece algo bajo. Incluso para tus propios parámetros.
EDGAR: ¿Me tendrías más respeto si te hubiera dicho que el dinero estaba destinado para comprar drogas?
HERNAN: Lo hubiera visto como algo en donde conseguirías el dinero al corto plazo.
EDGAR: Esta es una inversión a largo plaza. Cuando comience a volver redituable mi barbería, donaré un poco de mis ingresos a los pobres. ¿No te parece un trato justo?
HERNAN: No lo sé, Edgar.

Edgar se comienza a mostrar desesperado.

EDGAR: Hernán, eres mi única alternativa. Tu mujer está loca y realmente quiere donar ese dinero a los muertos de hambre. Los pobres no sabrían qué hacer con tanta plata. Tenemos que ser razonables. En especial tú, que eres como un hijo para mí. Después de todos los hijos que he perdido a lo largo de mi vida. Primero Ignacio, después Joseph... ¿Ahora tú?

Hernán pone los ojos en blanco y lo mira, todavía inquieto y dudoso sobre aceptar su oferta.

VIRGINIA

En un bar, Virginia se sienta a tomar un café con Joseph, su ex novio devenido a gay. Ella está nerviosa ante lo que ella acaba de contarle.

VIRGINIA: No me imagino teniendo sexo en un colectivo rodeado de personas.
JOSEPH: No estábamos rodeados. Estábamos solos en la parte de atrás. Pasamos un lindo viaje. El chico me parece un idiota de la alta sociedad, pero era atractivo.
VIRGINIA: Qué bien entonces que hayas sido el encargado de colaborar con nosotros.
JOSEPH: ¿Cómo se tomó Hernán el hecho de que no lo elijas como Emperador?
VIRGINIA: Todavía no me dirige la palabra, pero he soportado berrinches peores de su parte.
JOSEPH: ¿Y a quién le darás el rol protagónico?
VIRGINIA: Hay uno de los vecinos del barrio a los que creo que le podría quedar bien el traje. No interactuamos mucho. El chico es un misterio, pero tiene el mismo cuerpo que tenía Hernán cuando me fijé en él.
JOSEPH: Ya veo. Así que el chico te gusta.
VIRGINIA: ¡No! ¡No me gusta! Sólo me parece un muchacho... interesante.
JOSEPH: Te gusta. ¡Te conozco!

Virginia finalmente opta por reírse y beber su café.

VIRGINIA: Cierto... Me conoces.

CELINA

Celina está arreglada y lista para salir a su trabajo. Santiago, cerca de ella, todavía no se viste con su uniforme.

CELINA: Me voy a trabajar.
SANTIAGO: De acuerdo. Yo me voy en dos horas.
CELINA: Te veré en dos días entonces, mi amor.

Celina se acerca para darle un beso y él la toma de la cintura.

SANTIAGO: Podrías darme un recuerdo de ti para estas próximas 48 horas que debo estar de guardia.

Santiago la besa y la tira en la cama. Automáticamente, Celina queda con los ojos abiertos y tiesa, como si estuviera muerta. Santiago lo nota y se aparta de la cama, totalmente frustrado.

SANTIAGO: ¿Por qué haces eso, Celina?
CELINA: ¿Hacer qué?
SANTIAGO: Tirarte allí y hacerte la muerta cada vez que quiero tener relaciones contigo.
CELINA: Pensé que te gustaba.
SANTIAGO: No, claro que no me gusta.
CELINA: En cierta forma es un alivio. Pensé que eras necrofílico.

Ella se incorpora de la cama y se vuelve a mirar al espejo para arreglarse la ropa antes de salir. Santiago la mira con confusión.

SANTIAGO: ¿Qué está pasando, Celina?

Ella se vuelve hacia él y le da un sutil beso en los labios.

CELINA: Nada, mi amor. Está todo más que bien.

IRUPE

Irupé sale al exterior del canal, en el área de estacionamientos. Su marido, Jaime, se encuentra allí. Ella lo mira con genuina sorpresa. No es costumbre que él fuera a visitarla.

IRUPE: ¿Jaime? ¿Sucedió algo? ¿Se incendió la casa? Dime que se salvaron mis zapatos.
JAIME: Sólo me escapé un segundo del trabajo para pasar a saludarte. Y además recordarte lo mucho que te amo y lo afortunado que soy de tenerte.

Irupé automáticamente cambia su rostro de sorpresa y confusión a uno de fastidio y amargura.

IRUPE: Vas a ir a jugar fútbol con los chicos, ¿verdad?
JAIME: Sí. Y quizá nos quedemos por unas cervezas luego.
IRUPE: ¡Jaime! ¡Hace dos días que no nos vemos!
JAIME: Nos estamos viendo ahora.
IRUPE: ¡No me hagas quedar como la novia loca que exige tiempo!
JAIME: No lo hago. Por eso agradezco tu compresión por no enojarte. Tengo que ir al depósito, pero de verdad, te lo agradezco.

Irupé queda de todos colores mientras su marido comienza a marchar hacia la camioneta.

DAMIEN

Pedro y Damien van caminando hacia la Residencia 21. Ambos van claramente incómodos.

PEDRO: Creo que a Irupé le gusta torturarnos.
DAMIEN: Le gusta torturar personas. Es buena en eso.
PEDRO: ¿Hace cuánto que vives aquí?
DAMIEN: Harán dos años. Después de que tú y yo...
PEDRO: Oh.
DAMIEN: Después de que cortamos porque tú no querías ser gay.
PEDRO: No es que no quería. Sólo que no me animaba a serlo.
DAMIEN: Sigues igual que hace dos años entonces.
PEDRO: Oye, ¿vas a seguir enojado conmigo mucho tiempo?

Damien lo mira. Luego niega con la cabeza y sonríe.

DAMIEN: Tienes razón. Lo siento.
PEDRO: Tienes derecho, pero ¿acaso no recuerdas las cosas buenas que pasamos juntos?
DAMIEN: ¿Las cosas sexuales o las otras?
PEDRO: Las otras.
DAMIEN: A esas las recuerdo vagamente.

MOMENTO MUSICAL

Joseph y Virginia están comiendo en el bar.
Damien y Pedro llegan a la residencia.
Irupé ve como su marido se sube al camión de repartos.
Lulú se está acomodando los rulos.
Celina y Santiago se están despidiendo.
Edgar continúa hablando con Hernán sobre los hijos que le fallaron.



LULU:
Uyeyé, uyeyé.

PEDRO:
Fue en ese cine, ¿te acuerdas?
En una mañana al este del Edén.
DAMIEN:
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé.

CELINA:
Aquella fue la primera vez.
Tus labios parecían de papel.
SANTIAGO:
Y a la salida en la puerta
nos pidió un triste inspector nuestros carnet.

VIRGINIA:
Luego volví a la Academia
para no faltar a clase de francés.
JOSEPH:
Tú me esperaste hora y media.
En esta misma mesa yo me retrasé.

LULU:
Uyeyé, uyeyé.

VIRGINIA:
¿Quieres helado de fresa
o prefieres que te pida ya el café?
JOSEPH:
Cuéntame cómo te encuentras
aunque sé que me responderás muy bien.

EDGAR:
Ten esta foto, es muy fea.
El más pequeño acababa de nacer.
JOSEPH:
Oiga, me trae la cuenta.
VIRGINIA:
Calla que fui yo quien te invitó a comer.

IRUPE:
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén.
JAIME:
Llámame el día en que puedas.
IRUPE:
Date prisa que ya son las cuatro y diez.


SANTIAGO:
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén.
CELINA:
Llámame el día en que puedas.
SANTIAGO:

Date prisa que ya son las cuatro y diez. 

ALVARO

Por la tarde, Álvaro Soler, el vecino de Santiago y Celina, observa como la chica se marcha con una pequeña mochila. Dudoso, se decide por seguirla.
Su mujer, Luciana, está limpiando la casa.

ALVARO: Vuelvo en un minuto, mi amor.
LUCIANA: ¿A dónde vas a esta hora?
ALVARO: Mi jefe me pidió algo del trabajo. Debo ir a la empresa urgente. Pero lo solucionaré en seguida.
LUCIANA: Acabas de volver de allí, Álvaro. Tienes que ponerle un límite a tu jefe.
ALVARO: Sólo espérame un minuto más.
LUCIANA: De acuerdo. Aunque creo que en tu trabajo te explotan.
ALVARO: Lo sé, mi amor, pero hay que mantenernos, ¿no?

Se despide con un beso y sale corriendo de la casa. Se sube al auto y comienza a seguir a Celina que va muy campante en su moto sin sospechar nada.
La sigue hasta que la ve entrar al Barrio Privado Residencia 21.
Álvaro estaciona, pensando qué hacer, sonriendo con una pizca de orgullo.

ALVARO: ¡Hija de puta! Lo sabía.

FRANCO

Franco sale de la habitación con el rostro dormido. En el exterior, se da cuenta que es el atardecer, por lo que durmió sus buenas horas.
Descendiendo, escucha que su padre está con alguien en su despacho. Aunque Franco no lo conozca, el resto se da cuenta que es Edgar Villas, el dueño de las residencias.

SR. VERDI: ¿Y qué le dijiste?
EDGAR: Que el dinero era para abrir una barbería. Le hice creer que era una inversión a largo plazo.
SR. VERDI: ¿Te creyó esa idea ridícula?
EDGAR: Fui muy convincente. Además, tengo un legítimo sueño de poner mi barbería.
SR. VERDI: Entonces ese chico te ayudará.
EDGAR: Creo que sí. Está enojado con su mujer, así que seguro va a colaborar con nosotros.
SR. VERDI: Esperemos que sí, Edgar, porque ese dinero no lo podemos sacar de otro lado. Necesitamos lo que recauden esa noche.
EDGAR: Quédese tranquilo que lo conseguiré, señor Verdi.

Franco se queda en la escalera, confuso ante lo que acaba de escuchar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario