miércoles, 17 de octubre de 2018

Chapter 7: Revolución


DAMIEN

En la noche del evento del Barrio Privado, Franco acaba de reconocer a Edgar, como la persona que estuvo en su casa y habló con su padre sobre quedarse con el dinero de la beneficencia.

DAMIEN: No es posible. Hacemos beneficencia cada mes. Edgar es quien lo organiza. O al menos el que pone la idea, porque quien lo organiza es Virginia.
FRANCO: ¿Pero quién se encarga de llevar el dinero a la supuesta caridad?
DAMIEN: Edgar... No, no puede ser, Franco. Tenemos que hablar con...

En ese momento aparece Guillermina Galeano, la mujer del comisario Pablo Catalani. Los chicos cambian automáticamente de tema.

GUILLERMINA: Damien, querido, ¿has visto a mi marido Pablo?
DAMIEN: Sé quién es tu marido. No es necesario que me repitas su nombre cada vez que me preguntas por él.
GUILLERMINA: ¿Lo viste o no? Me estás dando muchas vueltas, Damien. Me está engañando, ¿no? Por eso lo estás protegiendo.
DAMIEN: No tengo idea de dónde está Pablo, Guillermina. No lo vi.
GUILLERMINA: Todos en este barrio lo están cubriendo, lo sé.

La mujer, a punto de desbordarse se marcha. Franco queda boquiabierto.

FRANCO: ¿Y esto?
DAMIEN: Es probable que Pablo la esté engañando. Volviendo al otro tema, creo que lo mejor que podemos hacer es hablar con Virginia.
FRANCO: No levantemos el avispero hasta no saber más. ¿Qué te parece si mejor vigilamos al famoso Edgar?
DAMIEN: ¿Quieres que me ponga a perseguir al dueño del lugar en el que vivo como si fuera un investigador?
FRANCO: Sí... ¿Te parece descabellado?
DAMIEN: No, me encanta. Necesitaba nuevas emociones.

CELINA

Celina está en el vestuario, junto con todos los que van a hacer la presentación de Lulú, vistiéndose para salir al escenario. Mientras se cambia, habla por teléfono con Santiago y Luciana la ayuda a vestirse.

SANTIAGO: Así que como no tenemos personal, Pablo nos obligó a quedarnos el día de hoy. Lo siento mucho.
CELINA: Oh, mi amor. Realmente quería verte, pero entiendo que es tu deber proteger a la comunidad.
SANTIAGO: ¿Por qué estoy escuchando tanto ruido?
CELINA: Oh, estoy en un evento en el Barrio Residencial 21. Es por caridad.
SANTIAGO: Así que por más que tuviera el día libre, tú no ibas a estar.
CELINA: Si te sirve de algo, originalmente tu día libre era ayer por lo que hoy ibas a estar ocupado.
SANTIAGO: Podríamos haber juntos. Me encanta la caridad. Siento que la recibo todo el tiempo de tu parte.

Celina se ríe como desquiciada por el comentario.

CELINA: Ay, las cosas que dices. Te dejo amor, tengo que pensar en los pobres.

Corta la llamada y Luciana se queda mirándola con sorpresa.

LUCIANA: ¿No sientes que tratas a Santiago con mucha frialdad?

Celina se vuelve a reír.

CELINA: Ay, Luciana, ¡pero qué cosas dices! No tenemos tiempo para estos debates. Realmente tenemos que pensar en los pobres. Ahora, ayúdame a colocarme este colgante de perlas que me costó una fortuna y nunca encontré ocasión para estrenarlo.

JOSEPH

Comisaría. Despacho de Pablo Catalani.
Joseph nota el rostro de fastidio de Santiago al cortar la comunicación con su novia. Ambos están tomando las latas de cerveza que el jefe les regaló por quedarse de guardia.

SANTIAGO: Me tiene harto.
JOSEPH: No puedes enojarte porque ella haya decidido salir a otro lado.
SANTIAGO: No me enojo por eso. Me enojo porque me hace sentir constantemente que no quiere estar conmigo. Tiene lindos gestos, como el de ayer, que vino a buscarme a la salida de la guardia, pero después se vuelve fría e incomprensible. Estoy cansado de tener que armar un rompecabezas a cada rato.

Joseph no dice nada y le entrega su lata de cerveza.

JOSEPH: La necesitas más que yo.
SANTIAGO: ¿Quieres emborracharme, Joseph?
JOSEPH: Siempre son atractivos los heterosexuales frustrados.
SANTIAGO: No tires mucho de la cuerda, porque cada vez siento más la necesidad de renunciar a las mujeres.
JOSEPH: ¿Y yo sería tu primer experimento?
SANTIAGO: ¿Por qué no? Eres mi amigo. Te conozco, me caes bien, me gustas...
JOSEPH: ¿Te gusto?
SANTIAGO: En el sentido heterosexual de la palabra. Si tuviera que estar con un hombre, sería contigo.
JOSEPH: ¿Importa mi opinión?
SANTIAGO: Sé que me deseas.

Ambos se ríen ante el comentario pero Joseph no contradice la acusación.

PABLO

Detrás de una de las casas del Barrio Privado, Pablo Catalani está teniendo un encuentro furtivo con Paola Rolón, una muchacha menuda y morena de voz chillona. Están ocultos entre una espesa enredadera, teniendo sexo, mientras de fondo se escucha a las personas en el evento.

PAOLA: Oh... Pablo... Es peligroso...
PABLO: Ssshhh... Nadie nos encontrará...

Pablo tiene los pantalones por debajo de las nalgas, arrinconando a la muchacha contra la pared.

VOZ de GUILLERMINA: ¡Pablo! ¡Mi amor! ¡Pablo! ¿Dónde estás?

Se quedan un segundo paralizados ante lo que escuchan, pero luego Pablo comienza a moverse lentamente para seguir penetrando a su amante.
Cuando hablan, lo hacen en susurro.

PAOLA: ¿Qué haces? Nos puede... Ah, ah... Descubrir.
PABLO: Ya casi acabo, nena...
PAOLA: Pero tu mujer está cerca.
PABLO: Eso sólo me excita más.

Pablo, lejos de todo reparo moral y perspectiva de peligro, sigue concentrado en lo suyo mientras Guillermina continúa su camino.

HERNAN

Hernán, vestido de Emperador, está conversando con Edgar entre medio de toda la multitud.

HERNAN: Por más que sé que tu sueño es legítimo y me encantaría ayudarte en tu iniciativa de poner una barbería, no puedo destinar la recaudación para ello, Edgar. Tendrás que pedirle dinero al banco o algo así.
EDGAR: ¿Cambiaste de idea porque te dio el papel de Emperador que querías?
HERNAN: Y porque tuvimos sexo. Son dos puntos a favor de Virginia.

Edgar intenta disimular su frustración.

EDGAR: Lo entiendo, Hernán. Yo también consideré que era absurdo pedirte un favor como éste y era una locura llevar a cabo el plan. Después de todo, los pobres lo necesitan ahora, no dentro de unos meses cuando yo empiece a obtener ganancia con mi peluquería. Claro que yo hubiera podido atenderlos con un descuento y darles la oportunidad de que luzcan bien, al menos alguna vez en su vida. Tenemos que convenir que no por ser pobres no pueden lucir un peinado digno.
HERNAN: Son buenos puntos a tu favor, Edgar, pero de todos modos no voy a ayudarte.
EDGAR: Y lo comprendo. Espero que no se lo hayas dicho a Virginia.
HERNAN: Ni loco. Ella sabría que yo pensé en apropiarme del dinero y no volvería a tener sexo nunca más en la vida.

Edgar sonríe por la información, aunque Hernán no lo nota.

IRUPÉ

Irupé está vistiéndose para la presentación, cuando Pablo se acerca para hablarle por lo bajo.

PEDRO: ¿Qué piensas que debo hacer?
IRUPE: Decir las líneas que ensayaste, Pedro. ¿Todavía no te las sabes? Virginia nos va a partir la cabeza si esto sale mal.
PEDRO: No, me refiero a Damien. No quiere nada conmigo porque yo elegí a Lulú. ¿Crees que querría algo conmigo si la dejo?

Irupé siente como está a punto de desmayarse.

IRUPE: ¿Me estás preguntando si te doy mi bendición para que abandones a mi jefa? ¡¿Estás loco?! Va a estar llorando por días y la voy a tener que soportar yo.
PEDRO: Pero es que me di cuenta que nunca dejé de sentir lo que sentía por Damien.
IRUPE: Pedro, el mundo no se basa en seguir nuestras emociones y concretar nuestros deseos. Se trata de soportar con mucho dolor la suerte que nos ha tocado y lo que Dios decidió para cada uno. Por ejemplo, yo estoy casada con un ogro insensible que ni siquiera será mi pareja de baile esta noche, por lo que tendré que bailar sola. ¿Me ves desesperada buscando un chico para no ser humillada socialmente? No. Como buena cristiana, soportaré estoicamente otro abandono más de parte de mi marido.
PEDRO: No imaginé que tu vida fuera tan triste.
IRUPE: Yo no soy la que está con Lulú deseando a una persona con pene. ¿Ese es el problema? ¿El pene? Dile a Lulú que se ponga un cinturón con un consolador. Lo hemos intentado con Jaime y te aseguro que...
PEDRO: No, no. No es ese el problema. El problema es que me gusta Damien.
IRUPE: De todos modos es tarde, Pedro. Damien está en la fiesta con otra persona.

Irupé percibe como los sueños del otro chico se rompen en pedazos. En ese momento, aparece Lulú.

LULÚ: ¡Bien, mis actores! ¡Es hora de salir a escena! ¡Wiiiii!

MOMENTO MUSICAL

Las luces del escenario se apagan y todos los actores de la presentación salen. Salvo que en lugar de lucir como romanos que era la consigna, lucen como la aristocracia francesa.
Se lucen Lulú, Pedro, Germán, Celina e Irupé entre una multitud de extras.



TODOS:
Estamos en el año 1774.
LULU:
Por suerte en este sueño
puedo usar tacos.
TODOS:
¡Cuidado que se viene
la Revolución Francesa!
LULU:
Silencio, no hagan olas.
Alcanzame la mayonesa.

LULU:
Estoy muy cansado y me siento en mi silla
a ver como las tropas toman la Bastilla.
CELINA:
Yo soy campesina, estudiar es mi manía.
Qué suerte que por fin se acabó la monarquía.
PEDRO: (a Lulú)
Queendy Antonieta, formalmente pido tu mano.
Ahora somos iguales todos los ciudadanos.
IRUPE: (a Lulú)
Si te duele la cabeza, tómate una aspirina.
Me parece que pronto pasarás por la guillotina.
GERMAN:
Yo soy francés y me cuesta decir erre.
No olviden que yo me llamo Robespierre.

TODOS:
Con la revolución
se armó un lío sin nombre.
Lo más importante,
los derechos del hombre.
Cuidado que se viene
la Revolución Francesa.
Silencio, no hagan olas.
Alcanzame la mayonesa.
Silencio, no hagan olas.
Alcanzame la mayonesa.
Silencio, no hagan olas.
Alcanzame... la mayonesa.

DAMIEN

Damien y Franco quedaron confundidos ante la exposición que acababan de ver.

FRANCO: ¿Qué relación tiene la Revolución Francesa con los romanos?
DAMIEN: Seguro que si nos basamos en la historia, tendrá alguna relación. Aunque dudo que Virginia lo vea de esa forma.

En ese momento, Virginia agarra a Damien de los pelos. Está totalmente fuera de sí.

VIRGINIA: ¡¿Tú sabías esto?!
DAMIEN: No, te juro que no lo sabía...
VIRGINIA: ¡¿Cómo pudieron hacer una cosa así?! ¡¿Acaso son todos idiotas que no entienden una simple temática?!
DAMIEN: Es probable. Realmente necesito mi cabello, Virginia.

Virginia, respirando como un búfalo, lo suelta.

VIRGINIA: Voy a matarlos a todos. Te juro que haré de esta noche una masacre.
FRANCO: Si te sirve de algo, el show salió por más que no tenía nada que ver.
VIRGINIA: (a Franco) ¿Y tú quién eres?
DAMIEN: El chico con el que me quiero acostar. Así que si lo arruinas, yo me acostaré con Fernando. Te lo prometo.

Virginia cambia automáticamente la expresión de su rostro y se suaviza.

VIRGINIA: Oh, pues tienes razón, querido. El show fue divino y me alegro que lo hayas disfrutado. Ahora, si me disculpan, tengo que ir a hablar con mis amigos del barrio y ajustar unas cuantas palabras con ellos.

Sonriente, se marcha. Franco mira a Damien con interés.

FRANCO: ¿Así que soy el chico con el que te quieres acostar?
DAMIEN: Lo dije para que no te golpeara.
FRANCO: Entonces, ¿no es verdad?
DAMIEN: Sí, es totalmente cierto, pero una cosa no tiene relación con la otra.

PABLO

Pablo llega hacia donde se encuentra su mujer Guillermina que, cuando lo ve, comienza a acusarlo.

GUILLERMINA: ¡¿Qué estabas haciendo?! ¡Me estabas engañando! ¡Maldito! ¡En nuestro propio barrio! ¡Con nuestra propia gente!
PABLO: Guillermina, cálmate, por favor. Estoy investigando.

Ella se queda asombrada, deseosa de cualquier explicación absurda que la quite de su miseria personal.

GUILLERMINA: ¿Qué estás investigando?
PABLO: ¿No te enteraste? Fernando Pérez, nuestro vecino de la casa 17 ha sido ferozmente atacado anoche. Y no fue un robo, sino que lo atacaron a propósito. Así que estoy investigando qué sucedió, porque es probable que haya sido agredido por alguien que nosotros conocemos.
GUILLERMINA: Oh, mi Dios... ¡eso es terrible!
PABLO: Y tú no entiendes que yo me muero si te pasara algo. Siento que estamos rodeados de personas que le pudieron hacer daño a Fernando y no quiero correr riesgo de que a ti te suceda una cosa semejante, ¿lo entiendes?
GUILLERMINA: Claro, mi amor, claro que lo entiendo. Ay, pero soy una tonta. Yo acusándote de que me estabas engañando y tú, preocupándote por mí...
PABLO: Me duele que desconfíes así de mí, mi amor.

De fondo a la conversación de ellos, Celina aparece corriendo desesperada.

CELINA: ¡Virginia, por favor! ¡Qué no tengo nada que ver con la temática del show! ¡No lo sabía! ¡Deja de apuntarme con esa flecha, Virginia, por Dios! ¡Virginiaaaaa!

Celina sigue corriendo llorando, mientras que la pareja continúa en su mundo.

GUILLERMINA: Te lo compensaré, Pablo, te lo prometo. ¿Qué dices si nos escapamos de esta fiesta y vamos a casa? Te daré todas las partes de mi cuerpo que quieras en compensación.

Pablo sonríe, moviéndose lentamente para disimular su nueva erección ante la propuesta. De fondo, una flecha encendida en llamas cruza en dirección donde fue Celina. Se escucha un aullido de dolor.

PABLO: Vámonos.
GUILLERMINA: ¿No tienes que seguir investigando acaso?
PABLO: Mi objetivo es que nadie te dañe, Guillermina. Si estás conmigo, nadie te dañará.
GUILLERMINA: Oh, mi héroe.

Totalmente enamorada, la muchacha lo sigue mientras se escapan de la multitud.

JOSEPH

En la comisaría, Joseph continúa escuchando a Santiago quien ya se encuentra completamente preso de alcohol.

SANTIAGO: No sé en qué momento dejamos de ser nosotros, a decir verdad. De hecho, pasamos a una etapa en donde no estoy muy seguro de qué es lo que somos. ¿Lo entiendes?
JOSEPH: Entiendo que te convendría dejar de beber en este momento.

Joseph quiere quitarle la cerveza pero Santiago la aleja de su acceso, divirtiéndose.

SANTIAGO: Mírate, estás cuidándome.
JOSEPH: Santiago, si llegara a pasar alguna clase de urgencia, tú no estarías en condiciones de responder. ¿Por qué no te acuestas un rato?
SANTIAGO: Tienes razón. Estamos de servicio, ¿no?
JOSEPH: Sí, por eso mismo.

Santiago, mareado, se intenta incorporar pero no tiene equilibrio. Joseph se acerca a él y lo ayuda.

JOSEPH: Te llevaré.
SANTIAGO: Tú me quieres llevar a la cama para abusar de mí.
JOSEPH: Está en mis planes cuando lleguemos.
SANTIAGO: De acuerdo. No me opondré.

Joseph comienza a ponerse nervioso por lo que escucha. En eso, Santiago patina, ambos pierden el equilibrio y Joseph intenta salvar a su compañero, poniéndose en el piso para que caiga sobre él.
Santiago cae, quedando ambos frente a frente, con sus bocas al centímetro.


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