IRUPE
Sábado
a la noche. Evento del Barrio Privado 21.
Previo
a armarse el baile de apertura en parejas, Irupé está furiosa sentada a la par
de Celina y Luciana.
IRUPE:
Todavía no puedo creer que el infeliz me haya dejado anclada unos minutos antes
de venir. ¡Ni siquiera registró que el evento era hoy!
LUCIANA:
¿Pensó que todos estaban vestidos de romanos sólo por diversión?
IRUPE:
Ni siquiera habrá percibido lo de los trajes, porque así de observador es.
CELINA:
Bueno, Irupé, no te angusties porque tu marido es un desconsiderado. Te
perderás el baile de parejas, pero nosotras estaremos contigo.
IRUPE:
Me gané la lotería, ¿eh?
CELINA:
En especial conmigo, que soy tu mejor amiga.
LUCIANA:
Celina, esos chicos se acercan a nosotras...
Las
tres levantan la mirada para ver a Fabián y Alejandro, los drogadictos del 14,
acercarse para hablar con Celina y Luciana, correspondientemente.
ALEJANDRO:
Chicas, ¿quieren hacer el baile inaugural con nosotras?
CELINA:
¡Oh, por Dios! ¡Sí! ¡Tenía tanto miedo de que nadie me lo propusiera y quedar
como una solterona amargada como Irupé!
IRUPE:
Estoy a tu lado, Celina.
CELINA:
Lo sé y me apena mucho que tu marido te abandone, pero a veces hay que pensar
en uno.
Celina,
totalmente envuelta en su locura temporal, toma a Fabián de la mano y lo lleva
a la pista. Luciana, más serena y tranquila, acepta la invitación de Alejandro.
Irupé
entonces rompe a llorar.
JOSEPH
Sábado
por la noche. Comisaría.
Santiago,
tras una pérdida de equilibrio, cayó sobre Joseph quien ahora intenta
incorporar a su compañero. Santiago no colabora demasiado, está muy ebrio.
JOSEPH:
Vamos, tienes que acostarte, Santiago.
SANTIAGO:
¿No es sorprendente que cuando estamos en este estado los problemas parecen no
importar?
JOSEPH:
Es sorprendente lo mucho que pesas para parecer tan delgado.
SANTIAGO:
Eso es porque estoy lleno de músculos... Mira.
Santiago
se desabrocha la camisa y muestra sus abdominales armados a Joseph. El muchacho
se queda anonadado.
JOSEPH:
Santiago...
SANTIAGO:
Mira, toca.
Santiago
toma la mano de Joseph y lo hace tocar. Se pone totalmente nervioso.
SANTIAGO:
¿Lo sientes?
JOSEPH:
Créeme que lo siento. También siento que estás muy ebrio.
SANTIAGO:
Si tengo el cuerpo tan perfecto, ¿por qué ella no tiene interés en mí?
Y
totalmente angustiado, Santiago abraza a Joseph, quien pone los ojos en blanco
e intenta separar su cuerpo del de su compañero para que no perciba que está
estimulado.
JOSEPH:
Esto es todo. Necesitas recostarte.
SANTIAGO:
Tú eres el único que cuida de mí.
JOSEPH:
Sí. Viva yo.
Lo
guía hasta el cuarto y Santiago se tira en la cama. Mira a Joseph con una
sonrisa pero se duerme con la camisa desabrochada.
CELINA
Celina está
bailando con Fabián, siguiendo la coreografía junto con el resto. A la par de
ellos, Luciana y Alejandro también bailan, enroscados en una conversación
amena.
FABIAN: Tu
amiga y mi amigo parecen llevarse bien.
CELINA:
Ojalá sucediera algo entre ellos. Cualquier hombre me parece mejor para Luciana
que el marido morsa que tiene.
FABIAN: ¿Y
tú?
CELINA: Mi
novio no es una morsa, pero cualquier hombre me parecería mejor para mí.
FABIAN:
¿Incluso yo?
CELINA: Por
supuesto que incluido tú.
Fabián
sonríe y quiere acercarse para besarla, pero ella aparta la cabeza. Él la mira
con sorpresa al notar que la esquivó. Automáticamente se separan.
CELINA: Oh,
Fabián, siento si te di una señal equivocada.
FABIAN:
No... Lo siento, es que lo que dijiste...
CELINA: Sí,
sé lo que dije, pero no voy a hacer nada hasta no estar definitivamente
separada de Santiago.
FABIAN: ¿Y
planeas hacerlo en esta vida?
CELINA:
Todavía no me decido.
Quedan inmersos
e inmóviles en la conversación.
CELINA: Tal
vez deba a ir a acompañar a Irupé al banco de las despechadas y solteronas.
FABIAN: Está
hablando con Edgar.
CELINA: ¿Con
Edgar? No soporta a Edgar. Prefiero que sigamos bailando.
FABIAN:
¿Después del momento incómodo que acabamos de vivir?
CELINA: ¿Tú
en mi lugar preferirías ir a hablar con Edgar?
FABIAN:
Tienes razón, sigamos bailando.
Vuelven a
tomarse de la mano y comienzan a bailar.
IRUPE
Irupé
está sorprendida ante Edgar.
IRUPE:
Edgar, yo quiero que sepas que realmente estoy desesperada, pero no tanto como
para hacer el baile inaugural contigo.
EDGAR:
Pero, Irupé, es sólo un baile. Además, era obvio que Jaime te iba a dejar
plantada, siempre lo hace.
IRUPE:
Y siempre estás tú para recordármelo, lo sé.
EDGAR:
Entonces deja de hacerte la difícil. Es sólo una estúpida canción. Estamos
vestidos como corresponde y la música suena...
IRUPE:
Fíjate en lo desesperada que estoy que hasta estoy considerando aceptar.
EDGAR:
Esa es mi chica.
Resignada,
Irupé toma la mano de Edgar y se acercan para bailar lentamente.
IRUPE:
¿Por qué nunca estás con una chica en el baile?
EDGAR:
Quizá estoy esperando a la indicada.
IRUPE:
Pues se está perdiendo lo mejor porque tú sabes moverte.
EDGAR:
No tienes ideas de los movimientos que puedo hacer.
Irupé
se ruboriza pero sigue bailando con él.
MOMENTO MUSICAL
Es
el baile del evento.
Celina
baila con Fabián. Luciana baila con Alejandro. Irupé con Edgar. Franco con
Damien. Virginia con Hernán.
En
una habitación, Guillermina se desnuda con Pablo.
En
la comisaría, Joseph mira dormir a Santiago.
FABIAN:
Tengo alguna cuenta pendiente
y algo bueno frente a mi paso.
ALEJANDRO:
Guardo besos de agua caliente
y un cuaderno ya desgatado.
CELINA:
Yo acariciándote
en el abismo sonriendo.
IRUPE:
Tú, pobre sin fe,
que oyes mi voz.
TODOS:
No creo en nada.
FRANCO:
Soy tan libre como dueño de mis ganas.
Grito al mundo que hoy he vuelto.
DAMIEN:
Corre y díselo
por la puerta grande
y si te vas, que te vean todos.
TODOS:
No digas nada.
HERNAN:
Se escapó todo el ayer por la ventana.
VIRGINIA:
Y esta piel ya me pidió besos nuevos.
Yo no te culpo de tanto esperar... voló.
PABLO:
Tengo una moneda guardada
y un poco de ti entre mis dedos.
GUILLERMINA:
Más de una palabra clavada,
de esas que no borran ni el tiempo.
CELINA:
No me hagas más daño, amor,
con lo mismo.
IRUPE:
Yo ya me cansé, pobre sin fe,
no oyes mi voz.
TODOS:
No creo en nada.
VIRGINIA:
Soy tan libre como dueña de mis ganas.
FRANCO:
Grito al mundo que hoy he vuelto.
DAMIEN:
Corre y díselo
por la puerta grande
y si te vas, que te vean todos.
TODOS:
No digas nada.
EDGAR:
Se escapó todo el ayer por la ventana.
IRUPE:
Y esta piel ya me pidió besos nuevos.
JOSEPH:
Yo no te culpo de tanto esperar... voló.
LUCIANA:
No creo en nada.
Soy tan libre como dueña de mis ganas.
Grito al mundo que hoy he vuelto.
JOSEPH
Al
día siguiente, en la comisaría.
Joseph
está durmiéndose en la oficina del comisario, en el momento que Pablo Catalani
aparece.
PABLO:
¿Larga jornada?
JOSEPH:
Estoy trabajando hace cuatro días sin descanso. La habitación está dando
vueltas a mi alrededor.
PABLO:
Irás a dormir y te recuperarás. ¿Sucedió algo?
JOSEPH:
No. Noche tranquila. ¿Tú pudiste averiguar algo?
PABLO:
¿Sobre qué?
JOSEPH:
Sobre el chico que fue atacado, Pablo. Dijiste que ibas a investigar eso.
PABLO:
Oh, ese tema. No. Todos mis vecinos se muestran herméticos con relación al
tema.
Joseph
duda sobre la veracidad de sus palabras.
JOSEPH:
Iré a despertar a Santiago y nos iremos.
PABLO:
¿Tomó de más?
JOSEPH:
Disfrutó de las cervezas que nos regalaste, si es lo que preguntas.
Joseph
ingresa a la habitación donde Santiago duerme con la camisa desabrochada. Pablo
lo sigue detrás.
PABLO:
Tenías al chico en estado de ebriedad y no aprovechaste la oportunidad.
Joseph
se ruboriza al instante al escuchar las palabras de su jefe.
JOSEPH:
¿Cuál es tu sugerencia? ¿Que abuse de él aprovechando que estaba ebrio?
PABLO:
No. Que te animaras a hacer algo mientras estaba consciente. ¿Te puedo dar un
consejo?
JOSEPH:
No.
PABLO:
Te lo daré de todos modos. No pases tanto tiempo anhelando algo por lo que no
vas a hacer nada por conseguir. Estás pasando tus años más sexuales sin tener
sexo, mi amigo.
JOSEPH:
No soy tu amigo.
PABLO:
La vida no es de los que se quedan mirando, Joseph.
Y
entonces le da una palmada en el trasero que logra que Joseph se ruborice más.
Pablo, seductor como es, se coloca detrás de Joseph para susurrarle en el oído.
PABLO:
¿No sería divertido que Santiago se despierte y vea a su compañero teniendo
sexo con su jefe?
Joseph
siente que está a punto de desmayarse de la impresión.
JOSEPH:
Yo... Pablo...
Pablo
toma distancia al instante.
PABLO:
Ahora ya no lo sabremos.
Confundido
y excitado, Joseph mira a su jefe marcharse a su oficina con una sonrisa
triunfante en el rostro.
VIRGINIA
Lunes. Casa 1.
Virginia está preparada para salir de su casa
cuando recibe la sorpresiva visita de Edgar.
VIRGINIA: ¿Qué haces aquí?
EDGAR: Vengo a buscar el dinero que
contabilizaste.
VIRGINIA: Quedamos en que me iba a ocupar yo.
EDGAR: Pero la cuenta del banco está a mi
nombre, Virginia. Te dejé contar lo que recaudamos, pero déjame ocuparme de
este trámite. Que desconfíes de mí me resulta insultante.
Virginia pega un suspiro de fastidio y busca un
pequeño cofre de madera. Se lo extiende a Edgar.
VIRGINIA: No estoy de humor para lidiar con el
tamaño de tu pene un lunes por mañana, así que aquí está.
EDGAR: Gracias, Virginia. ¿Sabes? Es bueno que
aprendas a delegar responsabilidades. Te ayudará a estar menos estresada.
VIRGINIA: Te agradezco por el consejo. Seré la
primera en comprar tu libro de autoayuda cuando se publique.
Edgar sale de la casa, pero antes de irse, se
vuelve para decirle algo.
EDGAR: ¿Sabes? Si tuvieras el criterio de...
Virginia le cierra la puerta en la cara.
DAMIEN
Damien está escondido detrás de un árbol, viendo
como Edgar pone la caja con lo recaudado en el asiento de su auto. Luego se
sube al mismo y se marcha.
Damien corre hasta un auto estacionado a la
salida de la Residencia en donde se encuentra Franco.
FRANCO: Espero que Edgar no sea muy amigo de mi
padre o va a reconocer uno de sus autos.
DAMIEN: ¿Uno de sus autos? ¿Cuánto tiene?
FRANCO: Tres.
DAMIEN: ¿Por qué tu padre necesita tres autos?
FRANCO: No los necesita, por eso los tiene.
DAMIEN: Bien, confiemos en que Edgar no lo
perciba. Sigámoslo y revelemos el misterio sobre dónde se dirige.
Franco arranca.
FRANCO: Siento que todo mi cuerpo está temblando.
DAMIEN: Somos los peores detectives de la
historia.
JOSEPH
Lunes.
Clínica.
Joseph,
vestido de su uniforme policial, ingresa en la habitación en donde Fernando
Pérez se encuentra en coma. Se sorprende al encontrar a Virginia haciendo
vigilia. La chica está con unas gafas de sol y rostro angustiado.
JOSEPH:
¿Virginia?
VIRGINIA:
Joseph. Qué bueno verte. Por casualidad, ¿tienes vino?
JOSEPH:
Son las 8 de la mañana.
VIRGINIA:
Lo sé, pero no desayuné.
JOSEPH:
¿Qué haces aquí?
Virginia
suspira pero no responde. Mira al joven entubado y luego a su ex novio.
JOSEPH:
¿Era él?
VIRGINIA:
¿El chico por el que creí sentir algo? Sí, era él.
JOSEPH:
¿Creíste?
VIRGINIA:
Eso creí. Viéndolo así entubado, no siento nada, por lo que deduzco que lo
anterior fueron simplemente ilusiones. Me entristece más sentirme vacía e
incapaz de sentir que el hecho de que este pobre diablo esté en coma. Quizá
tendría que habérselo dicho. Pero era demasiado el costo con tal de seguir
sintiendo, ¿no crees?
Joseph
hace un silencio que Virginia no tolera.
VIRGINIA:
¿Qué haces aquí?
JOSEPH:
Vine a comprobar su estado. ¿Quieres que vayamos a desayunar?
VIRGINIA:
Sí. Definitivamente un café irlandés me vendría bien para empezar el día.
VIRGINIA
El bar donde Virginia y Joseph acostumbran a
desayunar, es atendido por un joven rubio y divertido llamado Lissandro, acostumbrado
a los pedidos de sus clientes.
LISSANDRO: Joseph, café para ti. Virginia, ¿lo
de siempre?
VIRGINIA: Esta vez necesito algo más fuerte.
LISSANDRO: ¿Asciendo a 80 de vino y 20 de café?
VIRGINIA: Sabes cómo complacer a una dama,
Lissandro.
LISSANDRO: Mi objetivo es complacer a todos.
En ese momento, Virginia percibe como el mesere
le guiña un ojo a Joseph, quien se estremece con incomodidad. Ella, sonriente,
lo mira.
VIRGINIA: Vaya. No te podemos acusar de que no
despiertas interés.
JOSEPH: ¿Se me puede acusar de ser un tonto que
espera que un chico le preste atención y por eso no puede mirar a otros?
VIRGINIA: Siempre un romántico.
JOSEPH: No es romanticismo. Es estupidez.
VIRGINIA: Eres mi ex, Joseph. Acusarte de
estúpido no me cuesta demasiado, así que no tires de esa soga.
JOSEPH: Al menos debo intentarlo, ¿no crees?
Virginia se muerde el labio, indecisa sobre qué
aconsejar.
VIRGINIA: Generalmente te diría que no, que es
mucho el riesgo y te enumeraría una lista de cosas por las que eso no sería un
buen plan. Pero hoy sólo se me ocurre decirte "hazlo antes de que termine
en coma".
En ese momento, Lissandro aparece con los
pedidos. Les deja el café a cada uno.
VIRGINIA: Ve preparando otro igual, Lissandro.
Hoy necesito dos tazas.
DAMIEN
Franco detiene el automóvil en cuanto ve que el
coche de Edgar estaciona. Los dos están sorprendidos al ver que desciende en la
propia casa de Franco.
FRANCO: Debí imaginarme que vendría con el dinero
aquí.
DAMIEN: ¿Por qué Edgar traería el dinero de una
recaudación a la casa de la persona más rica del pueblo?
FRANCO: No lo sé. ¿Qué debemos hacer? ¿Tengo que
llamar a la policía y denunciar a mi padre por fraude?
DAMIEN: No, porque de todos modos en esa caja no
está el dinero.
Franco, sin comprender, se queda mirando a
Damien.
VIRGINIA
En el bar, Virginia está terminando de hablar
con Joseph.
JOSEPH: Entonces juntaré valor y le diré todo.
Y si esto lleva a terminar a que tengo que cambiar de compañero, correré el
riesgo.
VIRGINIA: Quizá no le importe. La mayoría de
los hombres adoran ser los platónicos de alguien, no importa si es hombre o
mujer. Y dudo que Santiago sea de los que se sientan incómodos.
JOSEPH: Entonces no hay mucho para perder, ¿no?
VIRGINIA: Cuando no tienes nada que perder,
queda mucho para ganar.
JOSEPH: Gracias, vieja sabia.
Joseph se incorpora y se marcha. Al momento,
aparece Lissandro, el mozo.
LISSANDRO: Tu amigo estaba apurado.
VIRGINIA: Y de momento pierdes el tiempo con
él.
LISSANDRO: Yo no... ¿Cómo supiste que...?
VIRGINIA: Creo que soy una vieja sabia.
El celular de Virginia comienza a sonar.
Suspira al ver que recibe una llamada de Edgar. Atiende.
VIRGINIA: Edgar.
EDGAR: ¿Estás jugando conmigo?
VIRGINIA: Lo siento, cometí un error.
EDGAR: Tú no cometes errores.
VIRGINIA: De verdad, pensé que te di la caja
con el dinero. Pero resulta que lo tenía en otra. Quédate tranquilo, que
deposité todo a la caridad como acordamos.
EDGAR: ¿Por qué...?
VIRGINIA: Parece que no soy buena delegando,
después de todo.
Sonriente, corta la comunicación.
JOSEPH
Joseph,
decidido a confesarlo todo, está en el vestuario de la comisaría cuando ingresa
Santiago.
JOSEPH:
Quería hablar contigo.
SANTIAGO:
También yo. Primero, quiero disculparme por mi comportamiento del sábado. Tengo
la imagen de que me abrí la camisa y te hice tocarme el abdomen, ¿esto fue así?
JOSEPH:
Sí, eso pasó. Descubrí que lo tienes realmente firme.
SANTIAGO:
Lamento eso. Pero no creo que vuelvas a tener que soportarme ebrio y angustiado
porque he encontrado la solución a mis dramas sentimentales.
JOSEPH:
¿Vas a separarte?
SANTIAGO:
No, mucho mejor.
Santiago
busca en el bolsillo de su pantalón y extrae un pequeño estuche cuadrado. Al
abrirlo, le muestra a Joseph un anillo.
JOSEPH:
¿Vas a...?
SANTIAGO:
Sí, voy a pedirle a Celina que se case conmigo.
Joseph
finalmente opta por no decir nada.
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