jueves, 18 de octubre de 2018

Chapter 8: No Creo en Nada


IRUPE

Sábado a la noche. Evento del Barrio Privado 21.
Previo a armarse el baile de apertura en parejas, Irupé está furiosa sentada a la par de Celina y Luciana.

IRUPE: Todavía no puedo creer que el infeliz me haya dejado anclada unos minutos antes de venir. ¡Ni siquiera registró que el evento era hoy!
LUCIANA: ¿Pensó que todos estaban vestidos de romanos sólo por diversión?
IRUPE: Ni siquiera habrá percibido lo de los trajes, porque así de observador es.
CELINA: Bueno, Irupé, no te angusties porque tu marido es un desconsiderado. Te perderás el baile de parejas, pero nosotras estaremos contigo.
IRUPE: Me gané la lotería, ¿eh?
CELINA: En especial conmigo, que soy tu mejor amiga.
LUCIANA: Celina, esos chicos se acercan a nosotras...

Las tres levantan la mirada para ver a Fabián y Alejandro, los drogadictos del 14, acercarse para hablar con Celina y Luciana, correspondientemente.

ALEJANDRO: Chicas, ¿quieren hacer el baile inaugural con nosotras?
CELINA: ¡Oh, por Dios! ¡Sí! ¡Tenía tanto miedo de que nadie me lo propusiera y quedar como una solterona amargada como Irupé!
IRUPE: Estoy a tu lado, Celina.
CELINA: Lo sé y me apena mucho que tu marido te abandone, pero a veces hay que pensar en uno.

Celina, totalmente envuelta en su locura temporal, toma a Fabián de la mano y lo lleva a la pista. Luciana, más serena y tranquila, acepta la invitación de Alejandro.
Irupé entonces rompe a llorar.

JOSEPH

Sábado por la noche. Comisaría.
Santiago, tras una pérdida de equilibrio, cayó sobre Joseph quien ahora intenta incorporar a su compañero. Santiago no colabora demasiado, está muy ebrio.

JOSEPH: Vamos, tienes que acostarte, Santiago.
SANTIAGO: ¿No es sorprendente que cuando estamos en este estado los problemas parecen no importar?
JOSEPH: Es sorprendente lo mucho que pesas para parecer tan delgado.
SANTIAGO: Eso es porque estoy lleno de músculos... Mira.

Santiago se desabrocha la camisa y muestra sus abdominales armados a Joseph. El muchacho se queda anonadado.

JOSEPH: Santiago...
SANTIAGO: Mira, toca.

Santiago toma la mano de Joseph y lo hace tocar. Se pone totalmente nervioso.

SANTIAGO: ¿Lo sientes?
JOSEPH: Créeme que lo siento. También siento que estás muy ebrio.
SANTIAGO: Si tengo el cuerpo tan perfecto, ¿por qué ella no tiene interés en mí?

Y totalmente angustiado, Santiago abraza a Joseph, quien pone los ojos en blanco e intenta separar su cuerpo del de su compañero para que no perciba que está estimulado.

JOSEPH: Esto es todo. Necesitas recostarte.
SANTIAGO: Tú eres el único que cuida de mí.
JOSEPH: Sí. Viva yo.

Lo guía hasta el cuarto y Santiago se tira en la cama. Mira a Joseph con una sonrisa pero se duerme con la camisa desabrochada.

CELINA

Celina está bailando con Fabián, siguiendo la coreografía junto con el resto. A la par de ellos, Luciana y Alejandro también bailan, enroscados en una conversación amena.

FABIAN: Tu amiga y mi amigo parecen llevarse bien.
CELINA: Ojalá sucediera algo entre ellos. Cualquier hombre me parece mejor para Luciana que el marido morsa que tiene.
FABIAN: ¿Y tú?
CELINA: Mi novio no es una morsa, pero cualquier hombre me parecería mejor para mí.
FABIAN: ¿Incluso yo?
CELINA: Por supuesto que incluido tú.

Fabián sonríe y quiere acercarse para besarla, pero ella aparta la cabeza. Él la mira con sorpresa al notar que la esquivó. Automáticamente se separan.

CELINA: Oh, Fabián, siento si te di una señal equivocada.
FABIAN: No... Lo siento, es que lo que dijiste...
CELINA: Sí, sé lo que dije, pero no voy a hacer nada hasta no estar definitivamente separada de Santiago.
FABIAN: ¿Y planeas hacerlo en esta vida?
CELINA: Todavía no me decido.

Quedan inmersos e inmóviles en la conversación.

CELINA: Tal vez deba a ir a acompañar a Irupé al banco de las despechadas y solteronas.
FABIAN: Está hablando con Edgar.
CELINA: ¿Con Edgar? No soporta a Edgar. Prefiero que sigamos bailando.
FABIAN: ¿Después del momento incómodo que acabamos de vivir?
CELINA: ¿Tú en mi lugar preferirías ir a hablar con Edgar?
FABIAN: Tienes razón, sigamos bailando.

Vuelven a tomarse de la mano y comienzan a bailar.

IRUPE

Irupé está sorprendida ante Edgar.

IRUPE: Edgar, yo quiero que sepas que realmente estoy desesperada, pero no tanto como para hacer el baile inaugural contigo.
EDGAR: Pero, Irupé, es sólo un baile. Además, era obvio que Jaime te iba a dejar plantada, siempre lo hace.
IRUPE: Y siempre estás tú para recordármelo, lo sé.
EDGAR: Entonces deja de hacerte la difícil. Es sólo una estúpida canción. Estamos vestidos como corresponde y la música suena...
IRUPE: Fíjate en lo desesperada que estoy que hasta estoy considerando aceptar.
EDGAR: Esa es mi chica.

Resignada, Irupé toma la mano de Edgar y se acercan para bailar lentamente.

IRUPE: ¿Por qué nunca estás con una chica en el baile?
EDGAR: Quizá estoy esperando a la indicada.
IRUPE: Pues se está perdiendo lo mejor porque tú sabes moverte.
EDGAR: No tienes ideas de los movimientos que puedo hacer.

Irupé se ruboriza pero sigue bailando con él.

MOMENTO MUSICAL

Es el baile del evento.
Celina baila con Fabián. Luciana baila con Alejandro. Irupé con Edgar. Franco con Damien. Virginia con Hernán.
En una habitación, Guillermina se desnuda con Pablo.
En la comisaría, Joseph mira dormir a Santiago.




FABIAN:
Tengo alguna cuenta pendiente
y algo bueno frente a mi paso.
ALEJANDRO:
Guardo besos de agua caliente
y un cuaderno ya desgatado.

CELINA:
Yo acariciándote
en el abismo sonriendo.
IRUPE:
Tú, pobre sin fe,
que oyes mi voz.

TODOS:
No creo en nada.
FRANCO:
Soy tan libre como dueño de mis ganas.
Grito al mundo que hoy he vuelto.
DAMIEN:
Corre y díselo
por la puerta grande
y si te vas, que te vean todos.
TODOS:
No digas nada.
HERNAN:
Se escapó todo el ayer por la ventana.
VIRGINIA:
Y esta piel ya me pidió besos nuevos.
Yo no te culpo de tanto esperar... voló.

PABLO:
Tengo una moneda guardada
y un poco de ti entre mis dedos.
GUILLERMINA:
Más de una palabra clavada,
de esas que no borran ni el tiempo.

CELINA:
No me hagas más daño, amor,
con lo mismo.
IRUPE:
Yo ya me cansé, pobre sin fe,
no oyes mi voz.

TODOS:
No creo en nada.
VIRGINIA:
Soy tan libre como dueña de mis ganas.
FRANCO:
Grito al mundo que hoy he vuelto.
DAMIEN:
Corre y díselo
por la puerta grande
y si te vas, que te vean todos.
TODOS:
No digas nada.
EDGAR:
Se escapó todo el ayer por la ventana.
IRUPE:
Y esta piel ya me pidió besos nuevos.
JOSEPH:
Yo no te culpo de tanto esperar... voló.

LUCIANA:
No creo en nada.
Soy tan libre como dueña de mis ganas.
Grito al mundo que hoy he vuelto.

JOSEPH

Al día siguiente, en la comisaría.
Joseph está durmiéndose en la oficina del comisario, en el momento que Pablo Catalani aparece.

PABLO: ¿Larga jornada?
JOSEPH: Estoy trabajando hace cuatro días sin descanso. La habitación está dando vueltas a mi alrededor.
PABLO: Irás a dormir y te recuperarás. ¿Sucedió algo?
JOSEPH: No. Noche tranquila. ¿Tú pudiste averiguar algo?
PABLO: ¿Sobre qué?
JOSEPH: Sobre el chico que fue atacado, Pablo. Dijiste que ibas a investigar eso.
PABLO: Oh, ese tema. No. Todos mis vecinos se muestran herméticos con relación al tema.

Joseph duda sobre la veracidad de sus palabras.

JOSEPH: Iré a despertar a Santiago y nos iremos.
PABLO: ¿Tomó de más?
JOSEPH: Disfrutó de las cervezas que nos regalaste, si es lo que preguntas.

Joseph ingresa a la habitación donde Santiago duerme con la camisa desabrochada. Pablo lo sigue detrás.

PABLO: Tenías al chico en estado de ebriedad y no aprovechaste la oportunidad.

Joseph se ruboriza al instante al escuchar las palabras de su jefe.

JOSEPH: ¿Cuál es tu sugerencia? ¿Que abuse de él aprovechando que estaba ebrio?
PABLO: No. Que te animaras a hacer algo mientras estaba consciente. ¿Te puedo dar un consejo?
JOSEPH: No.
PABLO: Te lo daré de todos modos. No pases tanto tiempo anhelando algo por lo que no vas a hacer nada por conseguir. Estás pasando tus años más sexuales sin tener sexo, mi amigo.
JOSEPH: No soy tu amigo.
PABLO: La vida no es de los que se quedan mirando, Joseph.

Y entonces le da una palmada en el trasero que logra que Joseph se ruborice más. Pablo, seductor como es, se coloca detrás de Joseph para susurrarle en el oído.

PABLO: ¿No sería divertido que Santiago se despierte y vea a su compañero teniendo sexo con su jefe?

Joseph siente que está a punto de desmayarse de la impresión.

JOSEPH: Yo... Pablo...

Pablo toma distancia al instante.

PABLO: Ahora ya no lo sabremos.

Confundido y excitado, Joseph mira a su jefe marcharse a su oficina con una sonrisa triunfante en el rostro.

VIRGINIA

Lunes. Casa 1.
Virginia está preparada para salir de su casa cuando recibe la sorpresiva visita de Edgar.

VIRGINIA: ¿Qué haces aquí?
EDGAR: Vengo a buscar el dinero que contabilizaste.
VIRGINIA: Quedamos en que me iba a ocupar yo.
EDGAR: Pero la cuenta del banco está a mi nombre, Virginia. Te dejé contar lo que recaudamos, pero déjame ocuparme de este trámite. Que desconfíes de mí me resulta insultante.

Virginia pega un suspiro de fastidio y busca un pequeño cofre de madera. Se lo extiende a Edgar.

VIRGINIA: No estoy de humor para lidiar con el tamaño de tu pene un lunes por mañana, así que aquí está.
EDGAR: Gracias, Virginia. ¿Sabes? Es bueno que aprendas a delegar responsabilidades. Te ayudará a estar menos estresada.
VIRGINIA: Te agradezco por el consejo. Seré la primera en comprar tu libro de autoayuda cuando se publique.

Edgar sale de la casa, pero antes de irse, se vuelve para decirle algo.

EDGAR: ¿Sabes? Si tuvieras el criterio de...

Virginia le cierra la puerta en la cara.

DAMIEN

Damien está escondido detrás de un árbol, viendo como Edgar pone la caja con lo recaudado en el asiento de su auto. Luego se sube al mismo y se marcha.
Damien corre hasta un auto estacionado a la salida de la Residencia en donde se encuentra Franco.

FRANCO: Espero que Edgar no sea muy amigo de mi padre o va a reconocer uno de sus autos.
DAMIEN: ¿Uno de sus autos? ¿Cuánto tiene?
FRANCO: Tres.
DAMIEN: ¿Por qué tu padre necesita tres autos?
FRANCO: No los necesita, por eso los tiene.
DAMIEN: Bien, confiemos en que Edgar no lo perciba. Sigámoslo y revelemos el misterio sobre dónde se dirige.

Franco arranca.

FRANCO: Siento que todo mi cuerpo está temblando.
DAMIEN: Somos los peores detectives de la historia.

JOSEPH

Lunes. Clínica.
Joseph, vestido de su uniforme policial, ingresa en la habitación en donde Fernando Pérez se encuentra en coma. Se sorprende al encontrar a Virginia haciendo vigilia. La chica está con unas gafas de sol y rostro angustiado.

JOSEPH: ¿Virginia?
VIRGINIA: Joseph. Qué bueno verte. Por casualidad, ¿tienes vino?
JOSEPH: Son las 8 de la mañana.
VIRGINIA: Lo sé, pero no desayuné.
JOSEPH: ¿Qué haces aquí?

Virginia suspira pero no responde. Mira al joven entubado y luego a su ex novio.

JOSEPH: ¿Era él?
VIRGINIA: ¿El chico por el que creí sentir algo? Sí, era él.
JOSEPH: ¿Creíste?
VIRGINIA: Eso creí. Viéndolo así entubado, no siento nada, por lo que deduzco que lo anterior fueron simplemente ilusiones. Me entristece más sentirme vacía e incapaz de sentir que el hecho de que este pobre diablo esté en coma. Quizá tendría que habérselo dicho. Pero era demasiado el costo con tal de seguir sintiendo, ¿no crees?

Joseph hace un silencio que Virginia no tolera.

VIRGINIA: ¿Qué haces aquí?
JOSEPH: Vine a comprobar su estado. ¿Quieres que vayamos a desayunar?
VIRGINIA: Sí. Definitivamente un café irlandés me vendría bien para empezar el día.

VIRGINIA

El bar donde Virginia y Joseph acostumbran a desayunar, es atendido por un joven rubio y divertido llamado Lissandro, acostumbrado a los pedidos de sus clientes.

LISSANDRO: Joseph, café para ti. Virginia, ¿lo de siempre?
VIRGINIA: Esta vez necesito algo más fuerte.
LISSANDRO: ¿Asciendo a 80 de vino y 20 de café?
VIRGINIA: Sabes cómo complacer a una dama, Lissandro.
LISSANDRO: Mi objetivo es complacer a todos.

En ese momento, Virginia percibe como el mesere le guiña un ojo a Joseph, quien se estremece con incomodidad. Ella, sonriente, lo mira.

VIRGINIA: Vaya. No te podemos acusar de que no despiertas interés.
JOSEPH: ¿Se me puede acusar de ser un tonto que espera que un chico le preste atención y por eso no puede mirar a otros?
VIRGINIA: Siempre un romántico.
JOSEPH: No es romanticismo. Es estupidez.
VIRGINIA: Eres mi ex, Joseph. Acusarte de estúpido no me cuesta demasiado, así que no tires de esa soga.
JOSEPH: Al menos debo intentarlo, ¿no crees?

Virginia se muerde el labio, indecisa sobre qué aconsejar.

VIRGINIA: Generalmente te diría que no, que es mucho el riesgo y te enumeraría una lista de cosas por las que eso no sería un buen plan. Pero hoy sólo se me ocurre decirte "hazlo antes de que termine en coma".

En ese momento, Lissandro aparece con los pedidos. Les deja el café a cada uno.

VIRGINIA: Ve preparando otro igual, Lissandro. Hoy necesito dos tazas.

DAMIEN

Franco detiene el automóvil en cuanto ve que el coche de Edgar estaciona. Los dos están sorprendidos al ver que desciende en la propia casa de Franco.

FRANCO: Debí imaginarme que vendría con el dinero aquí.
DAMIEN: ¿Por qué Edgar traería el dinero de una recaudación a la casa de la persona más rica del pueblo?
FRANCO: No lo sé. ¿Qué debemos hacer? ¿Tengo que llamar a la policía y denunciar a mi padre por fraude?
DAMIEN: No, porque de todos modos en esa caja no está el dinero.

Franco, sin comprender, se queda mirando a Damien.

VIRGINIA

En el bar, Virginia está terminando de hablar con Joseph.

JOSEPH: Entonces juntaré valor y le diré todo. Y si esto lleva a terminar a que tengo que cambiar de compañero, correré el riesgo.
VIRGINIA: Quizá no le importe. La mayoría de los hombres adoran ser los platónicos de alguien, no importa si es hombre o mujer. Y dudo que Santiago sea de los que se sientan incómodos.
JOSEPH: Entonces no hay mucho para perder, ¿no?
VIRGINIA: Cuando no tienes nada que perder, queda mucho para ganar.
JOSEPH: Gracias, vieja sabia.

Joseph se incorpora y se marcha. Al momento, aparece Lissandro, el mozo.

LISSANDRO: Tu amigo estaba apurado.
VIRGINIA: Y de momento pierdes el tiempo con él.
LISSANDRO: Yo no... ¿Cómo supiste que...?
VIRGINIA: Creo que soy una vieja sabia.

El celular de Virginia comienza a sonar. Suspira al ver que recibe una llamada de Edgar. Atiende.

VIRGINIA: Edgar.
EDGAR: ¿Estás jugando conmigo?
VIRGINIA: Lo siento, cometí un error.
EDGAR: Tú no cometes errores.
VIRGINIA: De verdad, pensé que te di la caja con el dinero. Pero resulta que lo tenía en otra. Quédate tranquilo, que deposité todo a la caridad como acordamos.
EDGAR: ¿Por qué...?
VIRGINIA: Parece que no soy buena delegando, después de todo.

Sonriente, corta la comunicación.

JOSEPH

Joseph, decidido a confesarlo todo, está en el vestuario de la comisaría cuando ingresa Santiago.

JOSEPH: Quería hablar contigo.
SANTIAGO: También yo. Primero, quiero disculparme por mi comportamiento del sábado. Tengo la imagen de que me abrí la camisa y te hice tocarme el abdomen, ¿esto fue así?
JOSEPH: Sí, eso pasó. Descubrí que lo tienes realmente firme.
SANTIAGO: Lamento eso. Pero no creo que vuelvas a tener que soportarme ebrio y angustiado porque he encontrado la solución a mis dramas sentimentales.
JOSEPH: ¿Vas a separarte?
SANTIAGO: No, mucho mejor.

Santiago busca en el bolsillo de su pantalón y extrae un pequeño estuche cuadrado. Al abrirlo, le muestra a Joseph un anillo.

JOSEPH: ¿Vas a...?
SANTIAGO: Sí, voy a pedirle a Celina que se case conmigo.

Joseph finalmente opta por no decir nada.

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