martes, 9 de octubre de 2018

Chapter 2: Vuelan los Zapatos


Virginia

Virginia se quita las gafas de sol antes de entrar en la oficina de Edgar.

EDGAR: Al fin apareces. Estuve esperándote todo el día.
VIRGINIA: Edgar, sabes que no trabajo para ti, ¿verdad? Y que toda la ayuda que recibes de mi parte es porque yo quiero hacerlo y no porque tú lo demandes.
EDGAR: Estoy al tanto. Hay tantas cosas que uno tiene que callarse porque tú haces esto de buena voluntad.
VIRGINIA: Entonces te recomiendo que continúes esa línea de pensamiento.
EDGAR: ¿Conseguiste los trajes?
VIRGINIA: Joseph los consiguió. Está de camino aquí con ellos. Son 200 en total, así que va a ser un verdadero éxito.

Lejos de contentarse con la noticia, Edgar pone un gesto de fastidio.

EDGAR: Joseph... No sé cómo es que sigues confiando en alguien que se fue a vivir a otro barrio privado.
VIRGINIA: Sigo confiando en él porque es bueno en lo que hace y se fue porque no te soportaba a ti.
EDGAR: Ahí tienes. ¿Por qué recibimos ayuda de alguien que no me soporta? ¿Acaso crees que no tengo dignidad?
VIRGINIA: No la tienes.
EDGAR: Claro que la tengo. Ese chico me rompió el corazón cuando se fue. Yo lo quería como a un hijo.
VIRGINIA: Tú los quieres a todos como a tus hijos y por eso se van.
EDGAR: Tan desleales como mi hijo real.
VIRGINIA: Sí, creo que entiendo el patrón. Bien, Joseph llegará con los trajes por la noche así que mañana mismo podremos empezar los ensayos. Será un gran evento.
EDGAR: Espero que sí porque hay mucho dinero en juego.
VIRGINIA: Dinero para caridad...
EDGAR: Claro, para los pobres, por supuesto.
VIRGINIA: Yo controlaré el dinero, Edgar.

Edgar se queda pálido ante lo que escuchó. Ella sostiene la mirada desafiante.

EDGAR: Pero los gastos...
VIRGINIA: Cubriremos los gastos y el resto irá para caridad, tal como lo hemos planificado.
EDGAR: Pero algo tenemos que conseguir para...
VIRGINIA: Adiós, Edgar.

Ella sale de la oficina mientras él se queda maldiciéndola.

FRANCO

Franco y Joseph salen del baño del bar intentando parecer disimulados. Franco se percata que Joseph camina hacia el mismo ómnibus al que va él.

FRANCO: ¿Qué haces? Ese es mi ómnibus.
JOSEPH: Felicidades, es un lindo transporte. Pero también vengo yo en él.
FRANCO: ¿Vas también a Estrella Dorada?
JOSEPH: Sí, vivo allí. Estoy solo en los asientos de atrás del autobús donde no hay pasajeros, por si quieres que nos volvamos a divertir antes de llegar.
FRANCO: Oh, no. Nunca pensé que esto iba a pasar.
JOSEPH: ¿De qué hablas?
FRANCO: Joseph, ¿no? Eres un chico lindo y todo pero no quiero nada serio. De hecho, me estoy escapando de Alborada por fugarme de un maniático que se obsesionó conmigo. Te lo digo, de verdad, pasé un momento muy excitante contigo, pero pensé que eras un desconocido que iba rumbo hacia otro sitio. No quiero correr riesgos.

Joseph lo mira arqueando la ceja.

JOSEPH: Eres un idiota. Y ni siquiera eres tan atractivo.
FRANCO: Lo soy. Ya empezaré a estar en tu cabeza a toda hora y comenzarás a matar gatos negros para hacerme amarres, como hacen en los pueblos.
JOSEPH: Vete a la mierda, Franco.

Joseph sube al colectivo furioso mientras Franco se queda mirando sus nalgas al subir.

FRANCO: Una pena. Las mejores colas con las mentes más desequilibradas.

Celina

Celina sale al exterior de la casa de Santiago y prende un cigarrillo. Su vecino y marido de Luciana, Álvaro Soler, se acerca hacia ella. Celina pone los ojos en blanco porque no lo soporta, pero sonríe con simpatía cuando él llega hacia ella.

ALVARO: ¡Celina! ¡La mujer con la que quería hablar!
CELINA: Álvaro, el hombre que quería evitar.

Álvaro, limitado como es, piensa que es un chiste y se ríe.

ALVARO: ¿Sabes? Anoche hablamos con Luciana y llegamos a la conclusión de que hacía tiempo que no cenamos en parejas.
CELINA: ¿Tú y Luciana ya no cenan juntos?
ALVARO: Nosotros sí, me refiero a con ustedes dos. Estuvimos haciendo cálculos y nuestra última cena fue hace medio año.
CELINA: Oh, ¿de verdad? A mí me parece que fue ayer.
ALVARO: El tiempo pasa muy rápido, es cierto. Entonces, ¿qué opinas?
CELINA: ¿Sobre el paso del tiempo?
ALVARO: Sobre cenar juntos.
CELINA: Oh, bueno, tendríamos que ver. Sabes que los horarios de Santiago son muy volátiles y que no tiene días fijos.
ALVARO: Hablé con él y me dijo que el viernes estaba libre. ¿Qué piensas?
CELINA: Supongo que si Santiago puede...
ALVARO: Genial. Además, como está él, será una de las noches que pases en casa, ¿no?

Celina queda pálida ante lo que escucha y Álvaro le sonríe con picardía. Luego, se marcha.

DAMIEN

Damien está mirando unos apuntes cuando nota la presencia de Pedro cerca de él. Se gira y lo mira sonriente.

PEDRO: Fue confuso lo que pasó hace rato. Sólo quería decirte que es bueno verte.
DAMIEN: Digo lo mismo. ¿Cómo has estado?
PEDRO: Casi en lo de siempre, ya sabes. En el mismo trabajo, con los mismos amigos...
DAMIEN: Y con Lulú.
PEDRO: Y con la chica por la que todos los niños se despiertan temprano y por la que sus padres se masturban. Exacto.

Los dos se ríen por el comentario. Ayuda a aliviar la tensión.

PEDRO: Es un poco tonto decirte que Lulú no tiene idea sobre mi pasado y...
DAMIEN: Lo percibí en el momento en que fingiste no conocerme. De todos modos, sin ofender, pero dudo que tu novia se hubiera dado cuenta por más que nos besáramos.

Pedro se ríe por el comentario.

PEDRO: Es un poco... Despistada.
DAMIEN: Utilizas términos muy amables. Eso es de buen enamorado. ¿Cómo es que terminaste trabajando en el Canal?
PEDRO: Lulú viene insistiendo hace tiempo que quería que yo produjera su programa, así que finalmente acepté. Es un producto muy rentable y en mi antiguo empleo las cosas no marchaban bien.
DAMIEN: Jamás imaginé que terminarías siendo productor de un espectáculo infantil. O acostándote con la conductora de ese programa.

Pedro se muerde el labio y lo mira.

PEDRO: ¿Vas a torturarme por mucho tiempo?
DAMIEN: Hasta que me acostumbre solamente.
PEDRO: De acuerdo, no voy a presionar.

Sonriendo, hace el ademán para marcharse.

PEDRO: Por cierto... Sigues siendo muy lindo.
DAMIEN: Tú más que antes.

Sostienen la mirada. Finalmente Pedro se gira y se marcha. Damien vuelve a sus apuntes.

GERMÁN

Germán sigue arreglando las tuberías de la casa de Pablo. En eso, recibe un llamado de Guillermina, la mujer de Pablo.
Ella lo llama desde la playa, donde es guardavidas.

GERMAN: ¿Sí?
GUILLERMINA: ¿Estás en mi casa?
GERMAN: Sí, estoy trabajando aquí.
GUILLERMINA: ¿Pablo está con otra?
GERMAN: ¿Qué?
GUILLERMINA: Si está con otra.
GERMAN: Está en la habitación de ustedes. No entró nadie desde que llegué.
GUILLERMINA: ¿Puedes ir a ver si está con otra?
GERMAN: De acuerdo...

Germán va con el celular en la mano hacia la habitación. Al abrirla, encuentra a Pablo masturbándose viendo una porno en la televisión. Pablo lo ve y sonríe pero no deja de concentrarse en lo suyo, como si lo hubiera topado leyendo. Germán, algo confundido, vuelve a tomar el teléfono.

GERMAN: Está dormido. ¿Quieres que lo despierte?
GUILLERMINA: Oh, no, pobre. ¿Cómo se te ocurre? Pasa que anoche tuvimos mucho sexo y seguro lo dejé muerto. Mi vida, déjalo dormir. Vuelve a lo tuyo. Gracias.

Germán, más confundido aún, corta la comunicación.

Virginia

Virginia llega va hacia el comedor con un conjunto de seda. En la cocina se encuentra con Hernán, su novio regordete, preparando comida en la olla.

VIRGINIA: Joseph llegará con los trajes esta noche.
HERNAN: ¡Lo consiguió!
VIRGINIA: Tendremos a un universo de los antiguos romanos en nuestra residencia para el fin de semana.
HERNAN: ¡Fabuloso! ¿Te mostró el traje de emperatriz?
VIRGINIA: Sí. Y si me queda como me lo imagino, quedaré fabulosa. Con lo que tenemos un serio problema es con el traje del Emperador.
HERNAN: ¿Qué sucede? ¿No lo consiguió?
VIRGINIA: Sí, lo consiguió. Pero... No es de tu talle.
HERNAN: ¿No es mi de talle? ¿De qué me hablas? Es una sábana blanca y unos laureles en la cabeza, ¿qué tan complicado va a ser?

Virginia resopla, como asumiendo que tendría esa discusión.

VIRGINIA: Lo siento, Hernán. No vas a ser el emperador. Pero hay otros trajes que podemos probar en ti.
HERNAN: ¿Esto es una forma de vengarte porque no bajé de peso, no?
VIRGINIA: No bajaste de peso, no fuiste al gimnasio, no te pusiste a dieta. Te dije que iba a traer consecuencias. Necesito vender una imagen y ya no eres lo suficientemente atractivo como para estar a la cabeza de estos proyectos. Espero que lo sepas entender.
HERNAN: Ese mismo discurso le diste a Edgar cuando lo sacaste del proyecto...
VIRGINIA: ¿Dije lo mismo? Qué curioso.
HERNAN: Vete al diablo, Virginia.

Hernán apaga la cocina y se marcha ofendido hacia el cuarto. Ella busca una copa de vino.

VIRGINIA: Diablos, qué sensible. Igual que Edgar.

Momento Musical

En este momento comienzan a pasar muchas cosas simultáneamente.
Por un lado, Virginia se encuentra bebiendo vino en la terraza de su casa. Hernán, su ofendido novio, se encuentra acostado mirando el techo de la habitación.
Damien camina por el pasillo del canal con el rostro confundido por el encuentro. Pedro está en el estudio de Lulú, intentando prestar atención a la animadora.
Joseph está mirando el paisaje en el autobús. Unos asientos más adelante, Franco hace lo mismo.
Celina sirve la mesa mientras Santiago se sienta a comer.
Guillermina, controla el mar desde la silla de guardavidas.



VIRGINIA:
Y vuelan los zapatos
me trago el tiempo amargo que perdí
sentada en tu balcón.
Y voy gritando y pido
poder sentir alivio.
HERNAN:
Y llueve igual.
Llueve el corazón.

DAMIEN:
Ay, yo quiero olvidar
que perdí mi lado sincero.
Que cedí la libertad
al creer que he estado en lo cierto.
PEDRO:
Ay, yo quiero olvidar
el dolor que siento aquí dentro.
Tú ya no estás, vuelvo a recordar
que soñé y ya no despierto.

LULU:
Oh, oh, oh.

CELINA:
Y sigo caminando.
Mis ojos empañados me llevarán
a ningún lugar.
JOSEPH:
Y voy pateando piedras
buscando una respuesta a tu verdad.
No es mi verdad.
GUILLERMINA:
Ay, yo quisiera estar
inmersa en Altamar.
Hundir mis penas al andar.

FRANCO:
Ay, yo quiero olvidar
que perdí mi lado sincero.
Que cedí la libertad
al creer que he estado en lo cierto.
VIRGINIA:
Ay, yo quiero olvidar
el dolor que siento aquí dentro.
PEDRO:
Tú ya no estás, vuelvo a recordar
que soñé y ya no despierto.

Joseph

Joseph está escuchando música en sus auriculares cuando siente una presencia cerca de él. Es Franco. Se quita los auriculares pero continúa mirándolo con verdadero resentimiento.

JOSEPH: ¿Qué pasa?
FRANCO: Creo que exageré. Los kilómetros de desierto que estamos atravesando me llevaron a pensar que reaccioné de una forma desubicada. Lo siento.
JOSEPH: Bueno, me alegro que lo hayas reconocido.
FRANCO: ¿Puedo sentarme aquí?
JOSEPH: Si no temes enamorarme.

Franco se sienta a su lado.

FRANCO: No, no pretendo hacerlo. Pero estaba dormitando y recordé lo bien que la pasamos unas horas atrás y...

Joseph se ríe.

JOSEPH: Quieres aprovechar que nadie viene cerca de estos asientos, ¿no?
FRANCO: Sólo si aceptas mis más sinceras disculpas.

Joseph se desabrocha el jeans y saca a relucir su miembro semierecto, señalando a Franco con la mirada.

JOSEPH: Adelante. Discúlpate de verdad.

Franco sonríe y comienza a descender su cabeza.

GERMAN
Germán golpea antes de entrar en la habitación de Pablo.

VOZ de PABLO: Adelante.

Germán entra y lo encuentra en la cama nuevamente, con el control remoto en la mano.

GERMAN: Sólo quería decirte que ya solucioné el problema.
PABLO: Oh, genial. Gracias. Con respecto a lo de hoy...
GERMAN: No tienes nada que explicarme. Tu mujer me llamó y me ordenó que mire qué hacías.
PABLO: ¿Temía que estuviera que otra?
GERMAN: Sí.
PABLO: Es una chica insegura. Perdón por eso.
GERMAN: Estabas entretenido de todos modos.
PABLO: Me gusta el porno. Por favor, no se lo menciones. Sólo despertaría celos inmanejables.
GERMAN: No diré nada.
PABLO: Gracias, te debo una. Cuando necesites, puedes ver porno aquí. Eso que tengo allí se llama televisión.
GERMAN: Sé lo que es un televisor, Pablo.
PABLO: Oh, lo siento. Es que me habían dicho que eras medio bruto y pobre, entonces asumí que no la conocías.

Germán queda boquiabierto, sin saber qué decir.

GERMAN: Conozco un televisor. ¿Quién te dijo eso de mí?
PABLO: Olvídalo. ¿Quieres una competencia de pajas? No es nada gay, si es que te preocupa eso. Aunque si eres gay, tampoco me molesta que me veas.
GERMAN: No, estoy bien, gracias. No soy gay.
PABLO: Bueno, cuando quieras competir, avísame.

Germán, todavía más confundido, se marcha de allí.

GRUPO

Damien, Germán, Irupé, Virginia y Celina se están pasando una copa de vino, tirados en el living de la casa de Damien.

GERMAN: No sé quién es el enfermo de la casa 13, pero el tipo está loco.
IRUPE: Pablo Catalani. No sé quién es más enfermo. Si él o su mujer. Guillermina es una loca posesiva que no deja que nadie le hable y él es un chico con el pene suelto que le da su amor a la primera que se cruce.
GERMAN: Me ha ofrecido una competencia de pajas.
IRUPE: Ya perdí el anuncio de la mejor oferta. Lulú me pidió que actúe en su obra infantil. Pensé que sería algo impactante, pero después de la noticia de Germán
DAMIEN: Es verdad. Una competencia de pajas supera a un papel en un espectáculo infantil. Mi ex me dijo que seguía pareciéndole atractivo. ¿Qué creen que significa?
CELINA: Es obvio que todavía siente algo por ti.
GERMAN: Tal vez es un piropo inofensivo.
IRUPE: No existen los piropos inofensivos, Germán.
CELINA: Es verdad. Un halago así de un ex, va con la intención de darte caña.
VIRGINIA: (a Celina) Por cierto, ¿tú quién eres?
CELINA: Virginia, por favor, soy tu nueva vecina. Alquilo la casa 10 desde hace un mes.
VIRGINIA: Eso lo sé. Lo que no sé es qué haces en nuestro círculo íntimo.
IRUPE: Es culpa mía, Virginia. Un día la encontré y comencé a hablarle y hablarle y ella me escuchó y no dijo nada. Así que me cayó bien. Por eso la invité.
VIRGINIA: Oh, bueno. ¿Sigues viviendo en los dos barrios?
CELINA: Sí. Y esto empeora. Mi gran enemigo, el marido de mi mejor amiga, quiere que cenemos en pareja el viernes. Y agregó el comentario sobre si ese día me iba a quedar en casa. Creo que sabe que ya no vivo allí.
DAMIEN: Es posible, porque el único que no pasa tiempo en tu casa es tu ex que no sabe que es tu ex. El resto del vecindario puede que lo perciba.
VIRGINIA: Si ustedes creen tener problemas, escuchen esto. Hoy tuve que decirle a Hernán que es muy gordo para el papel de emperador.
DAMIEN: Suena cruel.
IRUPE: ¿Por qué eso te es un problema?
VIRGINIA: El problema no es para mí, es para Hernán. Debe tener su autoestima destruido.

HERNÁN

Hernán recibe en la puerta de su casa a Edgar, el dueño del barrio.

EDGAR: Tu mujer me está ocasionando un problema que debemos solucionar.
HERNAN: La que soluciona los problemas es ella.
EDGAR: No puedo recurrir a ella, estúpido. Se quiere quedar con la plata de lo recaudado en la Fiesta Romana.
HERNAN: ¿Cómo? ¿Virginia se quiere quedar con el dinero?
EDGAR: No para ella. Sino para los pobres. O sea, realmente cree que el dinero recaudado era para beneficencia. Necesitamos hacer algo al respecto, Hernán.

Hernán busca entre los vinos de su mujer y escoge uno.

HERNAN: Generalmente te trataría de loco por pedirme una cosa así, pero teniendo en cuenta que ella me acaba de desplazar del papel de Emperador, no me va a temblar el pulso al estafar sus cuentas.
EDGAR: Siempre es bueno contar con el apoyo de un novio despechado. ¿Me vas a ayudar?
HERNAN: Claro. Siempre y cuando tengamos una conversación sincera y me cuentes para qué estará destinado el dinero en realidad.

Edgar sonríe con malicia.

EDGAR: ¿Te interesaría entrar en un negocio interesante?
HERNAN: Te escucho, Edgar.


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