martes, 30 de octubre de 2018

Chapter 16


LA NOCHE DEL INCENDIO

Celina está paralizada frente a la cabaña en el bosque que está ardiendo en todo su esplendor.
Tiene el maquillaje corrido y está vestida de novia. A simple vista, está llorando.
Damien, Irupé, Virginia y Germán aparecen corriendo por el bosque y también se quedan asombrados al ver el incendio. Todos vestidos de gala.

CELINA: Oh, por Dios. ¡Esto es mi culpa!
VIRGINIA: No puedes culparte, Celina.
IRUPE: Hem... Técnicamente sí fue su culpa.
VIRGINIA: No estás ayudando, Irupé.
IRUPE: Perdón si no tengo bondad para consolarla, pero acabo de correr por todo el bosque con estos tacos y mis pies están matándome.

Ajenos a la discusión de ellos, Germán y Damien contemplan las llamas.

GERMAN: ¿Crees que haya sobrevivido?

Damien no tiene tiempo a contestar porque a la distancia se comienzan a escuchar las alarmas de los bomberos.

DAMIEN: No creo que sea bueno que nos vean aquí.
CELINA: ¡Pero no puedo irme!
VIRGINIA: Oh, sí. Sí, puedes.

Virginia toma de los pelos a la mujer vestida de novia y la arrastra fuera del bosque.

GRUPO

Presente.
Damien, Irupé, Celina, Virginia y Germán están arreglando la cabaña en donde vive el monstruo conocido como Wilfredo.
El chico, tímido e infantil, mira a todos mientras acomodan el lugar e interactúan entre ellos.

GERMAN: La buena noticia es que la ducha ya se puede usar.
CELINA: ¿Escuchaste, Wilfredo? ¡Vas a poder bañarte! Y Dios sabe que te hace falta.

Virginia analiza al mutante con genuino interés.

VIRGINIA: Todavía no sabemos su procedencia. ¿Quién es? ¿De dónde vino?
DAMIEN: Me preocupa un poco que no sepamos qué tan peligroso es.
GERMAN: A mí me preocupa que todos hayan venido a ayudarme y soy el único que estoy trabajando.
CELINA: Chicos, Wilfredo no es peligroso. Simplemente tiene un cierto impulso ante los estímulos violento. Por eso debemos evitar hablar en tonos agudos.
DAMIEN: Eso explica por qué Irupé tiene una mordaza.

Todos miran a Irupé, que les devuelve una mirada asesina. Tiene un pañuelo atado en la boca que le impide hablar.

IRUPE: Mmmñññññnn...
CELINA: Exacto, Irupé.
GERMAN: ¿Era por eso? Yo pensé que simplemente nos cansamos de escucharla hablar tanto.
VIRGINIA: Un poco de ésto, un poco de aquello.

Celina se acerca a Wilfredo para intentar quitarle la remera, pero él se mueve como si fuera una criatura de 1 año pero de 150 kilos.

CELINA: Bueno, Wilfredo, ahora vamos a bañarnos.
WILFREDO: No quiero bañarme... Agua no, agua no... No quiero, no quiero...
CELINA: Si te bañas, vas a poder usar la ropa que te compré especialmente para ti. Y tienes que usarla porque tuve que ir a una tienda para personas extra grandes.
WILFREDO: Pero no quiero... ¡No quiero! ¡No quiero!

Ajenos al lío entre Celina y Wilfredo, el resto de los chicos siguen conversando de otros temas.

DAMIEN: (a Virginia) ¿Sigues sin noticia de Hernán?
VIRGINIA: Sigo sin novedades. Es mejor así porque tengo a Joseph sospechando que yo le advertí que lo buscarían.
DAMIEN: Aunque tiene razón.
VIRGINIA: Pero él no tiene que saberlo.
IRUPE: Mmmñññññnn...
VIRGINIA: Exacto, Irupé. Es muy raro que Hernán, por motivación personal, haya decidido darle una golpiza a Fernando. Sigo sosteniendo que fue influenciado por alguno de sus otros dos ayudantes.
DAMIEN: ¿Realmente lo consideras tan influenciable?
VIRGINIA: Lo he dominado por años, por supuesto que sí.
CELINA: ¡Por favor, Wil! ¡Tienes que colaborar!
WILFREDO: ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero!
DAMIEN: (a Virginia) ¿Y tú cómo te sientes con respecto a su ausencia?
VIRGINIA: Bastante tranquila. Ya sabes el dicho. El vino cura todas las heridas.
DAMIEN: Creo que no lo estás diciendo bien.
CELINA: ¿¡Alguien puede ayudarme, por el amor de Dios!?
IRUPE: Mmmñññññnn...
GERMAN: Las cajas de electricidad están en orden, así que ya debería funcionar la electricidad.
VIRGINIA: (a Germán) Realmente eres muy bueno en todo.
GERMAN: Gracias, pero no voy a ayudar a Celina a bañarlo.
VIRGINIA: Diablos, soy tan transparente.
IRUPE: Mmmñññññnn...

JOSEPH

Joseph está presente en la incómoda conversación que están teniendo Pablo, el comisario, y Santiago, su compañero, en la comisaría.

PABLO: No puedo darte licencia ahora mismo, Santiago.
SANTIAGO: Pero Pablo, mi mujer ha sido atacada por la bestia del bosque.
PABLO: Y afortunadamente se encuentra bien. La mía todavía está en internada. Yo, inclusive, no debería estar trabajando en base a las heridas que tengo. Pero tenemos que cumplir las obligaciones porque hay un monstruo suelto en el pueblo y un fugitivo de la justicia.
SANTIAGO: Esto no pasaría si contrataras más personal.
PABLO: Aunque tuviera a veinte policías nuevos, de todos modos no te permitiría irte ahora mismo. Lo siento, Santiago. Es ahora que necesito que te pongas el uniforme y cumplas con tu deber. Una vez resuelto alguno de los conflictos que tenemos, podrás usar uso de todas las licencias que quieras.

Pablo no dice nada más y se marcha. Santiago camina con Joseph hacia la salida de la comisaría.

SANTIAGO: Me esperaba esa respuesta pero no podía nada con probar.
JOSEPH: Lo sé. De todos modos, contamos con un par de horas libres que es mejor que nada.
SANTIAGO: ¿Y sabes en qué podemos implementarlas?
JOSEPH: Realmente se me ocurren muchas cosas, pero mejor dímelo tú.
SANTIAGO: ¡Probar tu traje de padrino para mi boda!

Joseph queda boquiabierto del horror.

JOSEPH: Genial.
SANTIAGO: Es una buena idea de levantarnos los ánimos, ¿no crees?
JOSEPH: Por las nubes.

GERMAN

Germán está nervioso en su casa, la número 8, en compañía de Damien, que está fumando. De la nada va y le quita el cigarrillo y lo prueba. No deja de mirar hacia el hogar de Pablo Catalani.

DAMIEN: Tú no fumas.
GERMAN: Hoy sí.
DAMIEN: Estás nervioso.
GERMAN: Pensé que no lo estaba, pero ahora la impaciencia me está consumiendo. Me parece una locura lo que estoy por hacer.

Damien se cruza de brazos para analizar la situación, apoyándose sobre el portal de la casa de Germán.

DAMIEN: Germán, no estás obligado si no quieres. Es un morbo personal de Pablo, no tiene por qué ser tuyo.
GERMAN: Es que realmente tengo ganas. Mis nervios se deben a que estoy entusiasmado. Estoy cansado de que ustedes hablen de sexo y yo nunca tenga nada que aportar.
DAMIEN: Amigo, generalmente hablamos de penes y dudo que esta chica te ayude a aportar algo.
GERMAN: No son las únicas personas con las que puedo hablar.
DAMIEN: Oh, claro. En eso tienes razón. Pero no te vas a volver raro como esos cantantes de un sólo éxito, ¿verdad?
GERMAN: No, espero que después de esto, tener más éxitos.

JOSEPH

En la casa de Santiago, él y Joseph son abordados por Álvaro.

ALVARO: Pensé que me ibas a elegir a mí como padrino. (a Joseph) No te ofendas. (a Santiago) ¿Quién es este chico? (a Joseph) ¿Al menos conoces a Celina?
JOSEPH: La he visto un par de ocasiones.
ALVARO: (a Santiago) ¿Lo ves? La ha visto en un par de ocasiones. Yo la veo todo el tiempo. Incluso la he seguido cuando pensaba que te engañaba.
SANTIAGO: ¿Pensabas que ella me engañaba?
ALVARO: Sí, pero resulta que no lo hacía. Pero no lo hubiéramos descubierto sino fuera porque yo investigué. Ahora puedes estar seguro de que ella te es fiel gracias a mí.
SANTIAGO: Estoy agradecido por ello.
ALVARO: Entonces...

Álvaro lo mira sonriente, esperando la noticia. Santiago se mantiene inflexible.

SANTIAGO: Joseph será mi padrino.

Álvaro muestra su descontento.

ALVARO: Espero que no te vayas a arrepentir.

Indignado, se marcha con el corazón destrozado. Joseph lanza un suspiro de exclamación en cuanto quedan a solas.

JOSEPH: Tu vecino es intenso.
SANTIAGO: Y eso que hoy está calmado.

GERMAN

Germán está en la habitación de Pablo, sentado al borde de la cama, claramente nervioso. La puerta se abre e ingresa una desconcertada Paola, quien mira intercaladamente a Germán y a Pablo.

PAOLA: Cobro más por esto.
PABLO: ¿De verdad? Pensé que a mí no me cobrabas.
PAOLA: Pero por el chico, sí.

Pablo sonríe. Va hacia la cama y se pone de rodillas detrás Germán. Comienza a desabrocharle la camisa lentamente.

PABLO: (a Paola) Estamos haciendo algo por el chico a quien le urge debutar sexualmente. Y a ti te urge una documentación que mandaste a buscar, ¿o no?

El rostro de Paola se transforma. Mira acusatoriamente a Germán, como si él la hubiera mandando al frente.

PAOLA: Me traicionaste.
GERMAN: Me descubrió. Y tampoco la saqué barata, ¿de acuerdo?

Pablo se ríe, cortando la tensión de ambos.

PABLO: Les diré qué haremos. Paola, si haces que este joven entre en el mundo de los hombres, él se salva de ir a prisión y tú obtienes los datos que tanto quieres.
PAOLA: ¿De verdad? ¿Vas a darme los archivos que te pido?
PABLO: Así es. ¿Hay trato?

Paola, sumamente emocionada, se acerca hacia Germán, lo besa y se tira sobre él en la cama. Pablo, al lado de ambos, mira la escena con una sonrisa pícara mientras comienza a estimularse solo.

JOSEPH

Joseph se está midiendo la ropa en la casa de Santiago. Joseph habla frenéticamente justo en el momento en que Santiago está midiendo sus pantalones de vestir y se encuentra de rodillas frente a él.

JOSEPH: Sostengo que es absurdo que esta clase de evento se nos pida asistir con vestimenta de gala, cuando es una situación que pocas veces en la vida ocurre.
SANTIAGO: Por última vez, no vas a ir de jean a mi casamiento, Joseph.
JOSEPH: No estoy intentando convencerte de eso. Ya entendí que no vas a aceptar. Además, analizando la situación, siento que tu vecino aparecerá con veinte trajes, diciendo que él no tiene problemas en vestir como se debe.
SANTIAGO: Es un poco competitivo, por supuesto.
JOSEPH: Apuesto a que no le gustará mucho la idea si entrara en este momento y creyera que esta situación íntima es un requisito para ser tu padrino.

Desde abajo, Santiago le lanza una mirada divertida. Los ojos de Santiago descienden hasta quedarse en su entrepierna.

SANTIAGO: Veo que estás entusiasmado por esto.
JOSEPH: Lo siento. Es que tú estás estimulando ahí y...
SANTIAGO: ¿Esto es porque eres gay o es porque soy yo?

Joseph se pone de todos colores ante la pregunta.

JOSEPH: Supongo que estoy feliz de ser el padrino, ¿no?

Santiago se pone de pie, quedando cara a cara con él y sonriendo. Joseph, nuevamente, se vuelve a poner colorado.


MOMENTO MUSICAL

Mientras Germán y Paola están teniendo su primer encuentro sexual, Pablo se toca en la misma cama que ellos disfrutando de la escena.
Por su parte, Joseph sigue midiéndose la ropa con la ayuda de Santiago.



PAOLA:
Mírame.
No me conoces bien.
Aún no sabes nada.
Aún no has visto nada.
Relájate
y déjate hacer.
No digas nada.
Sólo besa y calla.

JOSEPH:
Tú y yo sin nadie alrededor.
Deja volar tu imaginación.

SANTIAGO:
Puedes tocar
y te puedes quemar.
JOSEPH:
Muerde la manzana.
Lánzate a la llama.
PABLO:
Atrévete,
no te arrepentirás.
No te quedes con ganas.
Arriésgate y gana.

JOSEPH:
Tú y yo sin nadie alrededor.
Deja volar tu imaginación.

GERMAN:
Pero no te quiero
ni lo voy a hacer.
PAOLA:
El amor en esto,
¿qué tiene que ver?
SANTIAGO:
Cuéntame al oído
qué me vas a hacer.
No tengas reparos, utilízame.
PABLO:
No pienses en nada,
sólo en el placer.
Como dos extraños
en un mismo hotel.
JOSEPH:
Anda ya, despacio, acaríciame
que al final se alargue
una y otra vez.

GERMAN:
Y ese oscuro objeto del deseo
me quema por dentro.
PAOLA:
Me quema por dentro.

PAOLA:
Convéncete,
lo estás haciendo bien.
Hazme lo que sabes,
tus habilidades.
GERMAN:
Guíame
por la senda del placer.
Es cuestión de instinto
el que salga distinto.

JOSEPH:
Entre el pecado y la virtud
prefiero lo que me haces tú.

GERMAN:
Pero no te quiero
ni lo voy a hacer.
PAOLA:
El amor en esto,
¿qué tiene que ver?
SANTIAGO:
Cuéntame al oído
qué me vas a hacer.
No tengas reparos, utilízame.
PABLO:
No pienses en nada,
sólo en el placer.
Como dos extraños
en un mismo hotel.
JOSEPH:
Anda ya, despacio, acaríciame
que al final se alargue
una y otra vez.

GERMAN:
Y ese oscuro objeto del deseo
me quema por dentro.
PAOLA:
Me quema por dentro.

GERMAN

Germán y Paola están volviendo a colocarse la ropa cuando Pablo, que solamente está vestido de bóxer, ingresa en la habitación cargando unas carpetas llenas de documentos. Se la extiende a Paola, quien, desesperada, la abre y comienza a revisar.

GERMAN: ¿Puedo saber a qué se debe tanto misterio con los documentos por los que acabo de debutar?
PABLO: No hagas como si no lo hubieras gozado.
GERMAN: Lo disfruté. Pero ahora estoy intrigado.

Mientras Paola continúa revisando los archivos, Pablo se tira en su cama.

PABLO: Esto es algo que no muchos lo saben, pero en el pasado, Paola y yo tuvimos un bebé.
GERMAN: ¿De verdad?
PABLO: Así es. Mi vínculo con Paola viene desde hace añares. Es la relación más larga que he tenido.
GERMAN: Tú estás en otra relación...
PABLO: No te quedes en esos detalles si quieres saber la historia.
GERMAN: Lo siento. Claro. ¿Qué sucedió luego?
PABLO: Paola lo tuvo pero no quería criarlo. Ella quería triunfar en el mundo del modelaje o ser una bailarina profesional. Supongo que terminó consiguiendo lo que quería.
GERMAN: ¿Y tú?
PABLO: Yo era hombre. Como sabes, los hombres no estamos capacitados para ser padres solteros. Así que si ninguno de los dos se iba a hacer cargo, hice lo que creí que era mejor para nosotros y lo di en adopción a una iglesia.
GERMAN: ¿Cuántos años tiene ahora el bebé?
PABLO: Debe andar cerca de los 18 años. Éramos muy jóvenes cuando lo tuvimos.
GERMAN: ¿Y en 18 años no lo vieron? ¿Cómo pueden saber si es que acaso está vivo?

Paola se gira con lágrimas en los ojos.

PAOLA: No lo sabemos. Pero al menos ahora tengo por dónde empezar a averiguarlo.

LA NOCHE DEL INCENDIO

Los chicos llegan a la ruta, después de atravesar el claro.
A lo lejos, las sirenas de los bomberos y la policía interrumpen el silencio del bosque. De fondo, la humareda de la cabaña incendiada.
La novia, con un vestido que ya no es blanco, solloza sin control. Virginia, inmune a los lamentos de Celina, mira con ansiedad la carretera.

IRUPE: ¿No creen que deberíamos habernos quedado a recibir ayuda?
CELINA: Es mi culpa, es todo mi culpa.
VIRGINIA: Sería complicado explicar nuestra presencia aquí y a la vez tener que defender nuestra inocencia.
DAMIEN: En ese caso, coincido de con Virginia. Si nos quedamos aquí, tendremos que reconocer cómo es que sabíamos que la cabaña se iba a incendiar. Y si reconocíamos eso, tenemos que reconocer más cosas de las que estamos dispuesto a admitir.
CELINA: No puedo creer que esté muerto... No puedo creer...
GERMAN: Celina, por favor, cálmate.
VIRGINIA: (a Celina) Aprovecha el consejo de Germán que lo dice con calma.
CELINA: Ahora esto va a pesar en mi consciencia para siempre.
GERMAN: En la de todos, Celina. Todos fuimos los responsables.
IRUPE: De hecho...
DAMIEN: Irupé, basta.
IRUPE: Bueno, claro, todos fuimos asesinos, todos lo fuimos. ¿Conformes?

Una camioneta de vidrios polarizados aparece doblando la ruta. Los chicos, ansiosos, esperan un tiempo para subir.
Virginia mira al conductor mordiéndose el labio.

VIRGINIA: Gracias por venir por nosotros.

Mira a sus amigos, quienes desconfían si subir a la camioneta o no.

DAMIEN: ¿Podemos confiar en él?
VIRGINIA: Espero que sí.

Finalmente, todos suben a la camioneta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario