JOSEPH
Joseph
está por ingresar a la Comisaría, donde trabaja como policía, cuando se acerca
su compañero de trabajo, Santiago. Se saludan estrechando su mano.
SANTIAGO:
¡Volviste!
JOSEPH:
Volví. ¿Cómo estuviste sin mí?
SANTIAGO:
Pablo no quiso designarme un nuevo compañero mientras tú no estabas, así que me
dediqué a hacer trabajo administrativo. Me aburrí mucho. Espero que ahora nos
encontremos con alguien asesinado para compensar.
JOSEPH:
Esperemos que el pueblo se muestre igual de entusiasta para entretenerte.
SANTIAGO:
¿Qué tal el viaje?
JOSEPH:
Peculiarmente interesante.
Joseph
sonríe con complicidad y Santiago entiende lo que le quiere decir.
SANTIAGO:
Oh, ya veo. Tuviste sexo. Pensé que ibas por un encargo personal.
JOSEPH:
Fui por eso, pero lo otro simplemente sucedió. Muchas veces. En el ómnibus
mientras regresábamos.
SANTIAGO:
¿Sabes que podrías terminar detenido por eso? Los presos se divertirían mucho
contigo.
JOSEPH:
O los policías.
Santiago
vuelve a sonreír. Joseph, que secretamente está enamorado de él, sonríe
también.
SANTIAGO:
Al menos tuviste sexo. Las cosas con Celina siguen más frías que el hielo.
Intenté que lo hablemos pero ella insiste que todo va bien.
JOSEPH:
Pero no le crees.
SANTIAGO:
Es malo ser bueno en tu trabajo y descubrir tantas cosas, pero no poder
descifrar lo que sucede con ella.
JOSEPH:
A veces las cosas que tenemos enfrente son las que menos descubrimos.
Joseph
lo dice con doble intención pero Santiago tampoco lo registra. Ingresan a la
comisaría.
JAIME
Jaime sale con su ropa deportiva de la residencia,
trotando en compañía de Fabián Viporud y Alejandro Alvarenga, dos jóvenes
heterosexuales que viven juntos.
En la entrada al barrio, se encuentra con un muchacho
regordete de barba al ras que mira hacia el interior del predio con un interés
sospechoso.
JAIME: ¿Te podemos ayudar en algo?
El joven, Álvaro, se muestra contrariado.
ÁLVARO: Me gustaría hablar con Celina. ¿La conocen?
ALEJANDRO: Sí, la chica de la Casa 10.
Jaime le pega un codazo disimuladamente a Alejandro.
ALVARO: ¿Puedo pasar a verla?
JAIME: Lo siento. No puedes pasar a menos que la persona
que vienes a ver te venga a buscar. ¿Ella sabe que estás aquí?
El joven sonríe, como si hubiera sido descubierto.
ALVARO: Era una sorpresa, pero supongo que pensaré en otra
cosa.
Álvaro se marcha ante la mirada lapidaria de Jaime y
Fabián. Alejandro no parece entender mucho lo que acabó de suceder.
ALEJANDRO: (a Jaime) ¿Por qué me pegaste?
JAIME: Creo que es el novio de Celina.
FABIAN: ¿Del que todavía no se separó?
JAIME: ¿Sabes la historia?
FABIAN: Se la contó a todo el barrio. Me sorprende que
todavía no lo haya puesto como biografía en la puerta de su casa.
ALEJANDRO: ¿Creen que deberíamos avisarle?
JAIME: Creo que es mejor no meternos en los problemas de
los demás. Hicimos nuestra parte al no dejarlo pasar sin invitación. Después,
mantengámonos al margen y que lo resuelva ella.
Los dos muchachos terminan por asentir.
ALEJANDRO: Bien. Vamos que ese partido no se va a jugar
solo.
Los tres vuelven al trote, al tiempo que el auto de Álvaro
arranca y se pierde entre las calles.
FRANCO
Franco
ingresa al despacho de su padre. Su padre parece interesado en salir
nuevamente.
Sr.
VERDI: Ah, ahí estás. Tengo que ir al canal. Estuve pensando y puedo ofrecerte
un empleo allí.
FRANCO:
Sí, suena magnífico. Gracias.
Sr.
VERDI: No sueñes con privilegio. Pasarás totalmente inadvertido. No quiero que
piensen que yo otorgo puestos o hago favoritismos.
FRANCO:
Pero la empresa es tuya. Puedes hacer lo que desees.
Sr.
VERDI: Lo sé, Franco. Estoy haciendo lo que quiero. Espero que tu madre te haya
enseñado a barrer.
Franco
se muerde los labios del odio pero finalmente suspira.
FRANCO:
¿Quién era el sujeto que estaba aquí?
Sr.
VERDI: ¿Qué tanto escuchaste?
FRANCO:
Lo suficiente para saber que no sería algo que pudieras hablar en público.
Sr.
VERDI: Olvidé por completo que estabas aquí.
FRANCO:
Como desde mi nacimiento.
Sr.
VERDI: Son negocios, Franco. Quédate al margen.
Franco
no dice nada pero se despierta su veta de curiosidad.
DAMIEN
Damien y Pedro siguen verificando el escenario
donde se hará el espectáculo el fin de semana.
PEDRO: ¿Cuál de todas es tu casa?
DAMIEN: La que está al final de esta calle.
PEDRO: ¿Elegiste la más apartada para que los
ruidos no molesten a los vecinos?
DAMIEN: Me ofrecieron esa casa porque en ese
momento era la única disponible. Y sirvió para no molestar a los vecinos
también.
PEDRO: ¿Puedo conocerla?
Damien lo mira con suspicacia. Luego, sonriendo,
se encamina hacia allí.
DAMIEN: Claro, ¿por qué no? Después de todo, yo
había conocido la tuya.
PEDRO: No conoces donde vivo ahora.
DAMIEN: No me llegó la invitación para cenar en
la mansión de Lulú.
Damien entra en su casa. Pedro lo sigue y cierra
la puerta detrás de él.
PEDRO: La mansión de Lulú es demasiado para mí.
Todavía me cuesta acostumbrarme.
DAMIEN: Siempre son interesantes las penas del
pobre niño rico.
PEDRO: ¿Vas a seguir burlándote de mí?
DAMIEN: Quizá lo haga. Mientras siga siéndome
confuso qué es lo que estamos haciendo aquí.
PEDRO: Sólo quería conocer tu casa.
Damien asiente. Extiende sus brazos para
mostrarla.
DAMIEN: Aquí la tienes.
PEDRO: Soñé contigo. Anoche.
Damien se ríe.
DAMIEN: ¿Qué clase de sueños?
PEDRO: De los buenos recuerdos.
DAMIEN: ¿Por eso estás aquí ahora? ¿Apartándome
de los oídos de los vecinos?
PEDRO: Sigo siendo predecible, ¿no?
Pedro se acerca hacia él, y cual su sueño, lo
toma de la cintura y le da un beso en los labios.
VIRGINIA
Virginia está en el despacho de su casa
revisando unos papeles y tomando una copa de vino, cuando Hernán ingresa con
gesto decidido.
HERNAN: Vengo a darte una oportunidad de que
retrocedas en esta absurda idea que tienes.
VIRGINIA: ¿De qué hablas?
HERNAN: Puedo ser el Emperador. Los Emperadores
no tenían cuerpos trabajados. Esos eran sus guerreros con los que se acostaban.
VIRGINIA: ¿Esto es para decirme que quieres
acostarte con algún guerrero, Calígula?
HERNAN: ¡No! Se trata de que yo debo ser el
Emperador y el protagonista. No puedes dejarme afuera sólo porque no vendo la
imagen que quieres.
VIRGINIA: Hernán, no vamos a discutir
nuevamente. Este evento de beneficencia es un negocio y, como tal, debo vender
una imagen. Hernán, no sé de qué manera decírtelo. No tienes una imagen que
venda.
HERNAN: ¿A quién le pedirás que sea el
Emperador?
VIRGINIA: Estoy analizando las posibilidades.
HERNAN: Seguro que es un a chico que te gusta.
Virginia se incorpora de su asiento, toma la
copa de vino y se dirige decidida a salir de la habitación.
VIRGINIA: Me voy a pegar un baño de inmersión,
Hernán. Necesito relajarme.
HERNAN: Al menos dime si te gusta otro o no.
Ella le da un beso en la mejilla, sonríe y
continúa su camino.
DAMIEN
Damien aparta a Pedro con sutileza.
DAMIEN: No.
PEDRO: ¿Qué sucede?
DAMIEN: No voy a volver a pasar por esto.
PEDRO: No estamos pasando por nada. Sólo me dejé
llevar.
DAMIEN: Sí. Ese es el problema. No voy a dejarme
llevar contigo. Tomaste una decisión hace dos años. Tienes que vivir con ella.
No puedes venir a besarme como si el tiempo no hubiera pasado. La pasé bastante
mal.
PEDRO: Yo también la pasé mal.
DAMIEN: Fue tu decisión.
PEDRO: La cual aceptaste sin siquiera mostrar una
pizca de intención. Me dijiste "respeto tu decisión", te fuiste y no
volví a verte.
DAMIEN: ¿Querías que me quede mendigando que
cambies de idea?
PEDRO: Quería que entendieras lo que estaba
pasando.
DAMIEN: Te entendí, por eso me aparté.
PEDRO: ¿Y fue lo mejor que pudiste hacer?
DAMIEN: Tú no me querías ahí, Pedro. No lo
vuelques en mi contra.
PEDRO: Yo nunca dije que no te quería. Dije que
no podía. Y eso fue alivio para ti, ¿no?
Damien se queda mirándolo sin responder. Pedro
sale enojado de la casa y se va caminando.
MOMENTO MUSICAL
Mientras
Joseph y Santiago están en el vestuario, el primero se queda viendo al segundo
cuando se quita la camisa.
Pedro
va caminando enojado hacia la salida del barrio mientras que Damien queda en su
casa, confundido.
Virginia
está sumergida en la bañera, llena de espumas, con la copa de vino en la mano.
Hernán, en la cocina, está frustrado y furioso.
Celina
está bailando desnuda en su habitación.
Álvaro
vuelve a su hogar después de lo que descubrió.
Franco
entra en el despacho de su padre cuando él no está.
PEDRO:
Como una mosca sobre un caramelo.
Busqué ternura pero encontré un error
con dos ojos bonitos.
DAMIEN:
Habrá quien piense que busco el peligro
pero mi herida fue tu culpa, mi amor.
La cura, mérito mío.
CELINA:
Me sentí fuerte, tan guapa y tan guerrera
igual que un ángel que camina por la tierra.
Con rojo de labios yo te escribí en el baño
que en todos estos años no entendiste que yo
era...
ALVARO:
Suave y sutil como un presentimiento.
Peligroso como un huracán.
CELINA:
Un rayo de luz, un volcán, soy la dueña del viento
y tu tormenta perfecta se va.
LULU:
Ay, ay, ay, ay.
VIRGINIA:
Que la princesa se aburrió del cuento.
LULU:
Ay, ay, ay, ay.
HERNAN:
Con tu permiso, cambiaré el final.
HERNAN:
Igual que un perro, feliz sin motivo.
Yo tan dolido y tú tan incapaz
de leer mis silencios.
VIRGINIA:
Le puse hielo al vaso medio vacío.
Ya no daría las lágrimas por ti.
Ya se deshizo tu hechizo.
DAMIEN:
Me sentí fuerte, tan guapo y tan guerrero.
PEDRO:
Igual que un ángel que camina por la tierra.
JOSEPH:
Con rojo de labios yo te escribí en el baño
que en todos estos años no entendiste que yo
era...
FRANCO:
Suave y sutil como un presentimiento.
Peligroso como un huracán.
DAMIEN:
Un rayo de luz, un volcán, soy el dueño del viento
y tu tormenta perfecta se va.
LULU:
Ay, ay, ay, ay.
CELINA:
Que la princesa se aburrió del cuento.
LULU:
Ay, ay, ay, ay.
VIRGINIA:
Con tu permiso, cambiaré el final.
GRUPO
El
grupo de Damien, Virginia, Germán, Irupé y Celina se encuentra hablando. Damien
está deprimido, Irupé está irritada, Celina está ansiosa, Germán está sin
remera y Virginia bebe de su copa de vino que prácticamente forma parte de su
mano.
DAMIEN:
(a Germán) Le dije que no. ¿Crees que hice bien en decirle que no? Porque
conociendo la historia, tiene sentido que le hubiera dicho que no.
GERMAN:
No lo sé, Damien. No conozco la historia. Te conocí después de que cortaste con
él.
DAMIEN:
Es verdad. (a Irupé) Hice bien en decirle que no, ¿verdad?
IRUPE:
Yo te recuerdo que estamos hablando del marido de mi jefa. Es más, estamos
hablando del productor del programa de Lulú, lo que lo convierte también en mi
jefe. Lo cual, si llegas a estropear esto y llega a repercutir en mí, te daré
tantas patadas en los testículos que se te van a ir las ganas de andar
haciéndote el despechado.
CELINA:
Cielos, Irupé, pareces irritada.
IRUPE:
Ustedes también lo estarían si Jaime, a quien no veo hace días, ha decidido ir
a jugar fútbol con los drogadictos de la casa 14 en lugar de verme.
CELINA:
¿Quiénes son ellos?
DAMIEN:
Fabián y Alejandro. Son dos heterosexuales que han decidido vivir juntos.
CELINA:
¿Puede que uno de ellos tenga ortodoncias?
IRUPE:
Sí, el malhumorado.
CELINA:
Es lindo.
GERMAN:
¿Te parece lindo? ¿Por qué?
CELINA:
No sé. Tiene un algo, supongo.
Germán
se acerca para hablarle por lo bajo a Damien.
GERMAN:
¿Crees que debo ponerme ortodoncias?
DAMIEN:
No lo sé, Germán, no soy dentista.
GERMAN:
Me refiero, para gustarle.
DAMIEN:
¿Tienes dinero para someterte a unas ortodoncias que no necesitas?
GERMAN:
No. Es verdad.
DAMIEN:
¿Por qué no pruebas simplemente invitándola a salir?
GERMAN:
Tienes razón. Quizá lo haga.
Damien
pone los ojos en blanco. Virginia, a su vez, suelta la copa de vino.
VIRGINIA:
Bien, iré a hablar con Fernando para ofrecerle un papel en la presentación.
CELINA:
¿Quién es Fernando?
IRUPE:
Cara-viejo.
VIRGINIA:
¡No es un Cara-Viejo! Tiene un rostro más adulto que lo que corresponde a su
edad, es cierto. Pero también es igual de maduro.
DAMIEN:
¿Hablaste alguna vez con él para llegar a esa conclusión?
VIRGINIA:
Una vez. Casi.
DAMIEN:
Iré contigo entonces.
Los
dos salen al exterior de la vivienda y se ponen a caminar.
DAMIEN
Damien y Virginia están frente a la casa 17,
donde vive Fernando, un joven musculoso e introvertido pero con rostro
avejentado. Llaman a la puerta y el muchacho sale a atender. Virginia se queda
paralizada.
FERNANDO: ¿Sí?
VIRGINIA: Buenas... Perdón por molestar...
Nosotros somos... Estamos haciendo... Lo del finde... Y los laureles y la
sábana blanca... Hay 200 disfraces...
FERNANDO: ¿Qué?
DAMIEN: El sábado haremos el show de beneficencia
con la temática de la antigua Roma y queríamos que hicieras el papel de
Emperador en la presentación.
Fernando los mira con sorpresa. Virginia sigue
balbuceando incoherencias.
FERNANDO: ¿De verdad? ¿No es el papel más
importante?
DAMIEN: Sí. Y creemos que eres el que tiene más
condiciones físicas para interpretarlo. Cuestión de marketing.
VIRGINIA: Buceo... Andará a nado la loca... Esos
ejes están descontrolados...
FERNANDO: Vaya, chicos, es un honor realmente.
DAMIEN: Por supuesto, si no te importa,
tendríamos que hacer un casting antes.
FERNANDO: ¿Me tengo que acostar con alguno de los
dos?
DAMIEN: No, claro que no. A menos que estés
abierto a esa posibilidad. Pero nos serviría solamente saber si detrás de tu
remera tienes el físico que creemos que tienes.
VIRGINIA: Los tigres comen trigo en un triste
trigal...
Fernando se encoge de hombros y se quita la
remera. Deja ver sus abdominales perfectamente marcados. Virginia está a punto
de perder la razón.
FERNANDO: ¿Qué creen?
VIRGINIA: La sopa en la tetera no tiene
plantas...
DAMIEN: Definitivamente eres el más idóneo para
el papel. Conseguimos que la famosa Lulú esté esa noche, así que tal vez
deberás ensayar un número con ella.
FERNANDO: Fantástico. Es genial, chicos, gracias.
DAMIEN: Estaremos en contacto. Adiós.
Fernando cierra la puerta de su casa y Virginia
vuelve, automáticamente, a recuperar la compostura.
VIRGINIA: Bueno, eso ha salido mejor de lo que
esperaba.
ÁLVARO
Álvaro sale de su casa mientras
Luciana, su mujer, está cocinando.
ÁLVARO: Voy a hablar un segundo con
Ignacio, amor, ya vuelvo.
LUCIANA: Bueno, mi vida. No demores
que la cena ya estará lista.
ÁLVARO: Dos segundos.
Álvaro se va hacia la Casa 1 de la
Residencia Forte, en donde vive Ignacio Villas, el hijo de Edgar. A diferencia
de su padre, es un joven musculoso y tranquilo. Cuando ve a Álvaro, lo saluda
extendiendo su mano.
IGNACIO: Álvaro, ¿qué puedo hacer por
ti?
ÁLVARO: ¿Tienes una forma de averiguar
sobre alguien que vive en la residencia de tu padre?
IGNACIO: No hablo con mi padre desde
que armé mi propio emprendimiento y él no me lo perdonó. ¿Por qué?
ÁLVARO: Porque necesito esa
información. No es para mí, sino porque creo que una Celina está engañando a su
novio con alguien que vive allá.
IGNACIO: ¿Celina? ¿A Santiago?
ÁLVARO: Sí. Y Santiago es mi amigo.
Trabaja 48 horas seguidas. Es injusto que esta mujer lo esté engañando de esa
manera.
IGNACIO: ¿Estás seguro, Álvaro?
ÁLVARO: Sospecho que sí. ¿Te quedó
algún contacto en la Residencia a quienes puedas ir a preguntárselo?
Ignacio se lo piensa un poco y
finalmente termina por asentir.
IGNACIO: Creo que puedo conseguir la
información que necesitas. Pero, oye, si hay algún problema, no tengo nada que
ver, ¿está claro?
ÁLVARO: Tranquilo. Quitarle la máscara
a esa puta dependerá de mí.
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