jueves, 11 de octubre de 2018

Chapter 4: Suave y Sutil


JOSEPH

Joseph está por ingresar a la Comisaría, donde trabaja como policía, cuando se acerca su compañero de trabajo, Santiago. Se saludan estrechando su mano.

SANTIAGO: ¡Volviste!
JOSEPH: Volví. ¿Cómo estuviste sin mí?
SANTIAGO: Pablo no quiso designarme un nuevo compañero mientras tú no estabas, así que me dediqué a hacer trabajo administrativo. Me aburrí mucho. Espero que ahora nos encontremos con alguien asesinado para compensar.
JOSEPH: Esperemos que el pueblo se muestre igual de entusiasta para entretenerte.
SANTIAGO: ¿Qué tal el viaje?
JOSEPH: Peculiarmente interesante.

Joseph sonríe con complicidad y Santiago entiende lo que le quiere decir.

SANTIAGO: Oh, ya veo. Tuviste sexo. Pensé que ibas por un encargo personal.
JOSEPH: Fui por eso, pero lo otro simplemente sucedió. Muchas veces. En el ómnibus mientras regresábamos.
SANTIAGO: ¿Sabes que podrías terminar detenido por eso? Los presos se divertirían mucho contigo.
JOSEPH: O los policías.

Santiago vuelve a sonreír. Joseph, que secretamente está enamorado de él, sonríe también.

SANTIAGO: Al menos tuviste sexo. Las cosas con Celina siguen más frías que el hielo. Intenté que lo hablemos pero ella insiste que todo va bien.
JOSEPH: Pero no le crees.
SANTIAGO: Es malo ser bueno en tu trabajo y descubrir tantas cosas, pero no poder descifrar lo que sucede con ella.
JOSEPH: A veces las cosas que tenemos enfrente son las que menos descubrimos.

Joseph lo dice con doble intención pero Santiago tampoco lo registra. Ingresan a la comisaría.

JAIME

Jaime sale con su ropa deportiva de la residencia, trotando en compañía de Fabián Viporud y Alejandro Alvarenga, dos jóvenes heterosexuales que viven juntos.
En la entrada al barrio, se encuentra con un muchacho regordete de barba al ras que mira hacia el interior del predio con un interés sospechoso.

JAIME: ¿Te podemos ayudar en algo?

El joven, Álvaro, se muestra contrariado.

ÁLVARO: Me gustaría hablar con Celina. ¿La conocen?
ALEJANDRO: Sí, la chica de la Casa 10.

Jaime le pega un codazo disimuladamente a Alejandro.

ALVARO: ¿Puedo pasar a verla?
JAIME: Lo siento. No puedes pasar a menos que la persona que vienes a ver te venga a buscar. ¿Ella sabe que estás aquí?

El joven sonríe, como si hubiera sido descubierto.

ALVARO: Era una sorpresa, pero supongo que pensaré en otra cosa.

Álvaro se marcha ante la mirada lapidaria de Jaime y Fabián. Alejandro no parece entender mucho lo que acabó de suceder.

ALEJANDRO: (a Jaime) ¿Por qué me pegaste?
JAIME: Creo que es el novio de Celina.
FABIAN: ¿Del que todavía no se separó?
JAIME: ¿Sabes la historia?
FABIAN: Se la contó a todo el barrio. Me sorprende que todavía no lo haya puesto como biografía en la puerta de su casa.
ALEJANDRO: ¿Creen que deberíamos avisarle?
JAIME: Creo que es mejor no meternos en los problemas de los demás. Hicimos nuestra parte al no dejarlo pasar sin invitación. Después, mantengámonos al margen y que lo resuelva ella.

Los dos muchachos terminan por asentir.

ALEJANDRO: Bien. Vamos que ese partido no se va a jugar solo.

Los tres vuelven al trote, al tiempo que el auto de Álvaro arranca y se pierde entre las calles.

FRANCO

Franco ingresa al despacho de su padre. Su padre parece interesado en salir nuevamente.

Sr. VERDI: Ah, ahí estás. Tengo que ir al canal. Estuve pensando y puedo ofrecerte un empleo allí.
FRANCO: Sí, suena magnífico. Gracias.
Sr. VERDI: No sueñes con privilegio. Pasarás totalmente inadvertido. No quiero que piensen que yo otorgo puestos o hago favoritismos.
FRANCO: Pero la empresa es tuya. Puedes hacer lo que desees.
Sr. VERDI: Lo sé, Franco. Estoy haciendo lo que quiero. Espero que tu madre te haya enseñado a barrer.

Franco se muerde los labios del odio pero finalmente suspira.

FRANCO: ¿Quién era el sujeto que estaba aquí?
Sr. VERDI: ¿Qué tanto escuchaste?
FRANCO: Lo suficiente para saber que no sería algo que pudieras hablar en público.
Sr. VERDI: Olvidé por completo que estabas aquí.
FRANCO: Como desde mi nacimiento.
Sr. VERDI: Son negocios, Franco. Quédate al margen.

Franco no dice nada pero se despierta su veta de curiosidad.

DAMIEN

Damien y Pedro siguen verificando el escenario donde se hará el espectáculo el fin de semana.

PEDRO: ¿Cuál de todas es tu casa?
DAMIEN: La que está al final de esta calle.
PEDRO: ¿Elegiste la más apartada para que los ruidos no molesten a los vecinos?
DAMIEN: Me ofrecieron esa casa porque en ese momento era la única disponible. Y sirvió para no molestar a los vecinos también.
PEDRO: ¿Puedo conocerla?

Damien lo mira con suspicacia. Luego, sonriendo, se encamina hacia allí.

DAMIEN: Claro, ¿por qué no? Después de todo, yo había conocido la tuya.
PEDRO: No conoces donde vivo ahora.
DAMIEN: No me llegó la invitación para cenar en la mansión de Lulú.

Damien entra en su casa. Pedro lo sigue y cierra la puerta detrás de él.

PEDRO: La mansión de Lulú es demasiado para mí. Todavía me cuesta acostumbrarme.
DAMIEN: Siempre son interesantes las penas del pobre niño rico.
PEDRO: ¿Vas a seguir burlándote de mí?
DAMIEN: Quizá lo haga. Mientras siga siéndome confuso qué es lo que estamos haciendo aquí.
PEDRO: Sólo quería conocer tu casa.

Damien asiente. Extiende sus brazos para mostrarla.

DAMIEN: Aquí la tienes.
PEDRO: Soñé contigo. Anoche.

Damien se ríe.

DAMIEN: ¿Qué clase de sueños?
PEDRO: De los buenos recuerdos.
DAMIEN: ¿Por eso estás aquí ahora? ¿Apartándome de los oídos de los vecinos?
PEDRO: Sigo siendo predecible, ¿no?

Pedro se acerca hacia él, y cual su sueño, lo toma de la cintura y le da un beso en los labios.

VIRGINIA

Virginia está en el despacho de su casa revisando unos papeles y tomando una copa de vino, cuando Hernán ingresa con gesto decidido.

HERNAN: Vengo a darte una oportunidad de que retrocedas en esta absurda idea que tienes.
VIRGINIA: ¿De qué hablas?
HERNAN: Puedo ser el Emperador. Los Emperadores no tenían cuerpos trabajados. Esos eran sus guerreros con los que se acostaban.
VIRGINIA: ¿Esto es para decirme que quieres acostarte con algún guerrero, Calígula?
HERNAN: ¡No! Se trata de que yo debo ser el Emperador y el protagonista. No puedes dejarme afuera sólo porque no vendo la imagen que quieres.
VIRGINIA: Hernán, no vamos a discutir nuevamente. Este evento de beneficencia es un negocio y, como tal, debo vender una imagen. Hernán, no sé de qué manera decírtelo. No tienes una imagen que venda.
HERNAN: ¿A quién le pedirás que sea el Emperador?
VIRGINIA: Estoy analizando las posibilidades.
HERNAN: Seguro que es un a chico que te gusta.

Virginia se incorpora de su asiento, toma la copa de vino y se dirige decidida a salir de la habitación.

VIRGINIA: Me voy a pegar un baño de inmersión, Hernán. Necesito relajarme.
HERNAN: Al menos dime si te gusta otro o no.

Ella le da un beso en la mejilla, sonríe y continúa su camino.

DAMIEN

Damien aparta a Pedro con sutileza.

DAMIEN: No.
PEDRO: ¿Qué sucede?
DAMIEN: No voy a volver a pasar por esto.
PEDRO: No estamos pasando por nada. Sólo me dejé llevar.
DAMIEN: Sí. Ese es el problema. No voy a dejarme llevar contigo. Tomaste una decisión hace dos años. Tienes que vivir con ella. No puedes venir a besarme como si el tiempo no hubiera pasado. La pasé bastante mal.
PEDRO: Yo también la pasé mal.
DAMIEN: Fue tu decisión.
PEDRO: La cual aceptaste sin siquiera mostrar una pizca de intención. Me dijiste "respeto tu decisión", te fuiste y no volví a verte.
DAMIEN: ¿Querías que me quede mendigando que cambies de idea?
PEDRO: Quería que entendieras lo que estaba pasando.
DAMIEN: Te entendí, por eso me aparté.
PEDRO: ¿Y fue lo mejor que pudiste hacer?
DAMIEN: Tú no me querías ahí, Pedro. No lo vuelques en mi contra.
PEDRO: Yo nunca dije que no te quería. Dije que no podía. Y eso fue alivio para ti, ¿no?

Damien se queda mirándolo sin responder. Pedro sale enojado de la casa y se va caminando.

MOMENTO MUSICAL

Mientras Joseph y Santiago están en el vestuario, el primero se queda viendo al segundo cuando se quita la camisa.
Pedro va caminando enojado hacia la salida del barrio mientras que Damien queda en su casa, confundido.
Virginia está sumergida en la bañera, llena de espumas, con la copa de vino en la mano. Hernán, en la cocina, está frustrado y furioso.
Celina está bailando desnuda en su habitación.
Álvaro vuelve a su hogar después de lo que descubrió.
Franco entra en el despacho de su padre cuando él no está.



PEDRO:
Como una mosca sobre un caramelo.
Busqué ternura pero encontré un error
con dos ojos bonitos.

DAMIEN:
Habrá quien piense que busco el peligro
pero mi herida fue tu culpa, mi amor.
La cura, mérito mío.

CELINA:
Me sentí fuerte, tan guapa y tan guerrera
igual que un ángel que camina por la tierra.
Con rojo de labios yo te escribí en el baño
que en todos estos años no entendiste que yo era...

ALVARO:
Suave y sutil como un presentimiento.
Peligroso como un huracán.
CELINA:
Un rayo de luz, un volcán, soy la dueña del viento
y tu tormenta perfecta se va.

LULU:
Ay, ay, ay, ay.
VIRGINIA:
Que la princesa se aburrió del cuento.
LULU:
Ay, ay, ay, ay.
HERNAN:
Con tu permiso, cambiaré el final.

HERNAN:
Igual que un perro, feliz sin motivo.
Yo tan dolido y tú tan incapaz
de leer mis silencios.

VIRGINIA:
Le puse hielo al vaso medio vacío.
Ya no daría las lágrimas por ti.
Ya se deshizo tu hechizo.

DAMIEN:
Me sentí fuerte, tan guapo y tan guerrero.
PEDRO:
Igual que un ángel que camina por la tierra.
JOSEPH:
Con rojo de labios yo te escribí en el baño
que en todos estos años no entendiste que yo era...

FRANCO:
Suave y sutil como un presentimiento.
Peligroso como un huracán.
DAMIEN:
Un rayo de luz, un volcán, soy el dueño del viento
y tu tormenta perfecta se va.

LULU:
Ay, ay, ay, ay.
CELINA:
Que la princesa se aburrió del cuento.
LULU:
Ay, ay, ay, ay.
VIRGINIA:
Con tu permiso, cambiaré el final.

GRUPO

El grupo de Damien, Virginia, Germán, Irupé y Celina se encuentra hablando. Damien está deprimido, Irupé está irritada, Celina está ansiosa, Germán está sin remera y Virginia bebe de su copa de vino que prácticamente forma parte de su mano.

DAMIEN: (a Germán) Le dije que no. ¿Crees que hice bien en decirle que no? Porque conociendo la historia, tiene sentido que le hubiera dicho que no.
GERMAN: No lo sé, Damien. No conozco la historia. Te conocí después de que cortaste con él.
DAMIEN: Es verdad. (a Irupé) Hice bien en decirle que no, ¿verdad?
IRUPE: Yo te recuerdo que estamos hablando del marido de mi jefa. Es más, estamos hablando del productor del programa de Lulú, lo que lo convierte también en mi jefe. Lo cual, si llegas a estropear esto y llega a repercutir en mí, te daré tantas patadas en los testículos que se te van a ir las ganas de andar haciéndote el despechado.
CELINA: Cielos, Irupé, pareces irritada.
IRUPE: Ustedes también lo estarían si Jaime, a quien no veo hace días, ha decidido ir a jugar fútbol con los drogadictos de la casa 14 en lugar de verme.
CELINA: ¿Quiénes son ellos?
DAMIEN: Fabián y Alejandro. Son dos heterosexuales que han decidido vivir juntos.
CELINA: ¿Puede que uno de ellos tenga ortodoncias?
IRUPE: Sí, el malhumorado.
CELINA: Es lindo.
GERMAN: ¿Te parece lindo? ¿Por qué?
CELINA: No sé. Tiene un algo, supongo.

Germán se acerca para hablarle por lo bajo a Damien.

GERMAN: ¿Crees que debo ponerme ortodoncias?
DAMIEN: No lo sé, Germán, no soy dentista.
GERMAN: Me refiero, para gustarle.
DAMIEN: ¿Tienes dinero para someterte a unas ortodoncias que no necesitas?
GERMAN: No. Es verdad.
DAMIEN: ¿Por qué no pruebas simplemente invitándola a salir?
GERMAN: Tienes razón. Quizá lo haga.

Damien pone los ojos en blanco. Virginia, a su vez, suelta la copa de vino.

VIRGINIA: Bien, iré a hablar con Fernando para ofrecerle un papel en la presentación.
CELINA: ¿Quién es Fernando?
IRUPE: Cara-viejo.
VIRGINIA: ¡No es un Cara-Viejo! Tiene un rostro más adulto que lo que corresponde a su edad, es cierto. Pero también es igual de maduro.
DAMIEN: ¿Hablaste alguna vez con él para llegar a esa conclusión?
VIRGINIA: Una vez. Casi.
DAMIEN: Iré contigo entonces.

Los dos salen al exterior de la vivienda y se ponen a caminar.

DAMIEN

Damien y Virginia están frente a la casa 17, donde vive Fernando, un joven musculoso e introvertido pero con rostro avejentado. Llaman a la puerta y el muchacho sale a atender. Virginia se queda paralizada.

FERNANDO: ¿Sí?
VIRGINIA: Buenas... Perdón por molestar... Nosotros somos... Estamos haciendo... Lo del finde... Y los laureles y la sábana blanca... Hay 200 disfraces...
FERNANDO: ¿Qué?
DAMIEN: El sábado haremos el show de beneficencia con la temática de la antigua Roma y queríamos que hicieras el papel de Emperador en la presentación.

Fernando los mira con sorpresa. Virginia sigue balbuceando incoherencias.

FERNANDO: ¿De verdad? ¿No es el papel más importante?
DAMIEN: Sí. Y creemos que eres el que tiene más condiciones físicas para interpretarlo. Cuestión de marketing.
VIRGINIA: Buceo... Andará a nado la loca... Esos ejes están descontrolados...
FERNANDO: Vaya, chicos, es un honor realmente.
DAMIEN: Por supuesto, si no te importa, tendríamos que hacer un casting antes.
FERNANDO: ¿Me tengo que acostar con alguno de los dos?
DAMIEN: No, claro que no. A menos que estés abierto a esa posibilidad. Pero nos serviría solamente saber si detrás de tu remera tienes el físico que creemos que tienes.
VIRGINIA: Los tigres comen trigo en un triste trigal...

Fernando se encoge de hombros y se quita la remera. Deja ver sus abdominales perfectamente marcados. Virginia está a punto de perder la razón.

FERNANDO: ¿Qué creen?
VIRGINIA: La sopa en la tetera no tiene plantas...
DAMIEN: Definitivamente eres el más idóneo para el papel. Conseguimos que la famosa Lulú esté esa noche, así que tal vez deberás ensayar un número con ella.
FERNANDO: Fantástico. Es genial, chicos, gracias.
DAMIEN: Estaremos en contacto. Adiós.

Fernando cierra la puerta de su casa y Virginia vuelve, automáticamente, a recuperar la compostura.

VIRGINIA: Bueno, eso ha salido mejor de lo que esperaba.

ÁLVARO

Álvaro sale de su casa mientras Luciana, su mujer, está cocinando.

ÁLVARO: Voy a hablar un segundo con Ignacio, amor, ya vuelvo.
LUCIANA: Bueno, mi vida. No demores que la cena ya estará lista.
ÁLVARO: Dos segundos.

Álvaro se va hacia la Casa 1 de la Residencia Forte, en donde vive Ignacio Villas, el hijo de Edgar. A diferencia de su padre, es un joven musculoso y tranquilo. Cuando ve a Álvaro, lo saluda extendiendo su mano.

IGNACIO: Álvaro, ¿qué puedo hacer por ti?
ÁLVARO: ¿Tienes una forma de averiguar sobre alguien que vive en la residencia de tu padre?
IGNACIO: No hablo con mi padre desde que armé mi propio emprendimiento y él no me lo perdonó. ¿Por qué?
ÁLVARO: Porque necesito esa información. No es para mí, sino porque creo que una Celina está engañando a su novio con alguien que vive allá.
IGNACIO: ¿Celina? ¿A Santiago?
ÁLVARO: Sí. Y Santiago es mi amigo. Trabaja 48 horas seguidas. Es injusto que esta mujer lo esté engañando de esa manera.
IGNACIO: ¿Estás seguro, Álvaro?
ÁLVARO: Sospecho que sí. ¿Te quedó algún contacto en la Residencia a quienes puedas ir a preguntárselo?

Ignacio se lo piensa un poco y finalmente termina por asentir.

IGNACIO: Creo que puedo conseguir la información que necesitas. Pero, oye, si hay algún problema, no tengo nada que ver, ¿está claro?
ÁLVARO: Tranquilo. Quitarle la máscara a esa puta dependerá de mí.

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