IRUPE
Viernes,
madrugada.
Irupé,
todavía dormida, atiende el celular cuando suena. A su lado, Jaime también abre
los ojos al escuchar el sonido.
Del
otro lado de la línea telefónica está Lulú, la animadora infantil y jefa de
Irupé.
IRUPE:
Lulú, ¿qué sucede? Si otra vez estás confundida, cuando dice "tira"
llevas la puerta hacia ti, cuando dice "empuje" simplemente la
apartas de tu lado. La puerta se abrirá y podrás salir o entrar, dependiendo de
lo que necesites hacer.
LULU:
No seas sonsa, Iru. ¡Wiiiii! Eso ya me pasó esta mañana pero Pedro me ayudó
cuando me encontró llorando en la escalera. Nada más que había olvidado si
tenía que subir o bajar, ya que a diferencia de las puertas, las escaleras te
aclaran nada.
IRUPE:
Qué desconsideradas.
LULU:
Te llamo porque quiero que estés en la ceremonia de Pedro.
IRUPE:
¿Qué ceremonia? ¿Murió?
LULU:
No, mi lokis, no. Eso sería una tragedia. ¡Wiiiii! Acaba de hacerse socio
mayoritario del Canal.
Irupé
se levanta de repente, asombrada. Jaime, a su espalda, se le vuelve imposible
volver a dormirse.
IRUPE:
¿Tenemos nuevo jefe? ¿Y el señor Verdi?
LULU:
Sigue siendo jefe pero menos jefe que antes, Iru. ¡Tienes que venir a la
ceremonia! Porque se vienen tiempos nuevos. Va a haber despidos a lo loco, gente
llorando, piquetes, personas con sueños destruidos, programas que se
cancelarán. ¡Va a ser una fiesta y tú no te la puedes perder!
La
que está a punto de llorar es Irupé.
IRUPE:
Voy para allá.
VIRGINIA
Virginia camina recién levantada hacia el comedor
y se sorprende de toparse con Hernán desayunando.
VIRGINIA: ¿Qué estás haciendo aquí?
HERNAN: Buen día, mi amor. Es una enorme
felicidad que esta mañana podamos desayunar juntos.
VIRGINIA: Este no es el horario en que
habitualmente estás en casa. ¿Te despidieron? Te encontraron alcoholizado, ¿no?
Diablos, Hernán, mil veces te dije que tenías un problema con la bebida.
Virginia, enojada, abre una botella de vino y
lo sirve en su taza de café.
HERNAN: Cambiaron mis horarios laborales y
entro un poco más tarde.
VIRGINIA: Ah, es eso. Qué bien.
HERNAN: Me sorprende encontrarte a ti despierta
tan temprano. Pensé que abrías tu gimnasio dentro de dos horas.
VIRGINIA: Tengo que hacer unos trámites antes
de ir al trabajo. ¿No crees que son demasiadas medialunas para una simple taza
de café?
HERNAN: Pero tenía hambre...
VIRGINIA: Después me reclamas que no te doy los
papeles importantes, pero no pareces hacer mucho mérito para conseguirlos, ¿no
crees?
HERNAN: Bueno, Virginia, pasa que yo...
VIRGINIA: Tranquilo, mi amor. Me encargaré que
la próxima gala sea sobre Porky. ¡Así tendrás el papel principal que tanto
quieres!
Hernán, al borde del llanto, deja su desayuno
de lado, tira las medialunas a la basura y se va a su cuarto haciendo puchero.
Virginia, con orgullo, bebe su taza de vino.
IRUPE
Irupé,
ya vestida para asistir a la ceremonia a la que fue convocada, sale del baño.
Jaime, todavía dormido en la cama, mira a su mujer con confusión.
JAIME:
¿Te vas?
IRUPE:
Tengo que irme urgente. Van a comenzar a despedir personas y no quiero estar en
la lista de los candidatos. No pueden despedirme a mí, por Dios, soy la que le
recuerda a Lulú como inspirar y exhalar cuando ella se olvida el proceso.
JAIME:
Pero... ¿Quién me hará el desayuno?
Irupé
se gira sorprendida ante la pregunta de Jaime.
IRUPE:
No me lo puedes estar planteando en serio. ¿No ves que estoy aterrorizada?
JAIME:
Pero si no desayuno después me duele la cabeza todo el día. Voy a terminar el
día de malhumor.
IRUPE:
¿Tú no estás entendiendo que si no voy ya al trabajo puedo terminar el día
siendo despedida?
JAIME:
No es tan grave, Irupé. Así podrás estar más tiempo en casa y ocuparte de otras
cosas.
Irupé
vuelve a respirar profundo, intentando evitar lanzarle algo por la cabeza.
IRUPE:
Voy a irme, Jaime. Si te sientes minusválido para hacer tu propio desayuno, ve
a una cafetería y cómprate algo ahí.
Jaime
lanza una exclamación de fastidio, se gira sobre su cuerpo y se vuelve a
dormir. Irupé sale de la habitación intentando contener la ira.
IRUPE:
Y pensar que me siento culpable de sentir cosas por otro.
CELINA
Celina
mira el anillo que tiene en su dedo. Santiago está desnudo en la habitación,
sonriendo, con la clara imagen de quien ha copulado después de mucho tiempo.
SANTIAGO:
Si tengo que ser honesto, no pensé que dirías que sí. En estas últimas semanas
estuviste ausente, como si tuvieras la cabeza en otro lado. Pensé que me
querías dejar.
CELINA:
Ay, Santiago, pero ¡qué cosas dices! Sabes bien que yo no sé dejar a las
personas.
SANTIAGO:
¿Acaso querías que yo te deje?
CELINA:
Santiago, acabas de darme un anillo. ¿Por qué se te ocurre preguntarme esto?
Santiago
se muerde el labio, sin decir lo que aparentemente quiere expresar. Luego,
niega con la cabeza y cambia de expresión.
SANTIAGO:
¿Qué te parece si nos ponemos a organizar la boda?
CELINA:
Seguro. Le pediré ayuda a mis amigas.
SANTIAGO:
¿A Luciana?
CELINA:
Tengo otras amigas también, Santiago.
SANTIAGO:
¿Qué otras amigas? ¿De dónde salieron?
Celina
pone los ojos en blanco.
CELINA:
Qué increíble que nunca pierdas la oportunidad de arruinarnos el momento.
Celina
se levanta y sale de la habitación, dejando al muchacho confundido todavía en
la cama.
SANTIAGO:
Espera, un momento, ¿qué acaba de pasar?
MOMENTO MUSICAL
Irupé
está saliendo de su casa, mientras ve a Jaime intentando armar su desayuno con
frustración.
Lulú
está en la ceremonia donde se consagrará a Pedro.
Virginia
está escuchando llorar a Hernán porque le dijo gordo.
Celina,
por su parte, está en el Barrio Forte.
LULÚ:
Lalalalá.
IRUPÉ:
Solía divertirme
zorreando con mis amigas.
Poniéndome tacones,
maquillada hasta dormida.
CELINA:
Jugaba a ser adulta
con collares de perlas.
Trabajaba en la banca
haciendo vida de soltera.
VIRGINIA:
Soñaba en llegar a ser
una de las mujeres de.
Soñaba en encontrar
un buen hombre de verdad.
LULÚ:
Lalalalá.
CELINA:
Me esforcé en ser femenina,
guapa, correcta y sumisa.
IRUPÉ:
Me hice un curso creativo
y aprendí a cocinar.
VIRGINIA:
Imité bien a mi madre
y cuando estuve preparada
a los hombres escondidos
no los pude encontrar.
CELINA:
Ingenua de mí,
por su amor yo moría
y convertí a mi hombre
en mi mujercita.
IRUPÉ:
Ingenua de mí,
por su amor yo moría
y convertí a mi hombre
en mi mujercita.
LULÚ:
Lalalalá.
VIRGINIA:
Lavé mi pelo a cero.
Soñaba con tener
la varita de la suerte
que me daría el poder.
IRUPÉ:
Empecé animando al balón,
luego escupiendo en la mesa.
Por fin mi hombre
era mi sirvienta.
CELINA:
Él, que aseguraba
que no podría amarme
hasta que reconoció
que en mi casa mando yo.
VIRGINIA:
Ingenua de mí
por su amor yo moría
y convertí a mi hombre
en mi mujercita.
CELINA:
Ingenua de mí
por su amor yo moría
y convertí a mi hombre
en mi mujercita.
LULÚ:
Lalalalá.
IRUPÉ:
El patriarca de la familia,
el dueño del sillón.
CELINA:
Medio policía, medio jugador.
Lucharé a brazo partido
por conseguir la igualdad.
VIRGINIA:
Desde que va conmigo
este hombre es un intelectual.
IRUPÉ:
Ingenua de mí
por su amor yo moría
y convertí a mi hombre
en mi mujercita.
VIRGINIA:
Ingenua de mí
por su amor yo moría
y convertí a mi hombre
en mi mujercita.
LULÚ:
Lalalalá.
GERMAN
Germán
está en la habitación de Damien. Ambos están revisando diferentes trajes que se
despliegan sobre la cama.
GERMAN:
Te agradezco que me prestes tu ropa para ir a investigar al Club esta noche. La
última vez que utilicé ropa elegante fue en un bautismo.
DAMIEN:
¿De quién?
GERMAN:
El mío. Eso es lo que me dijeron, al menos, pero creo que me mintieron. Porque
vi fotos de ese día y estaba usando unos pañales hechos de diario. Y realmente
no sé usar ropa elegante.
DAMIEN:
¿Y crees que porque soy gay voy a tener criterio de la moda?
GERMAN:
Bueno... Sí.
DAMIEN:
No puedo creer lo prejuicioso que eres.
GERMAN:
¿Me equivoqué?
DAMIEN:
No, para nada. Tengo trajes espectaculares que me quedaron de un desfile.
Tienes que probarte estos...
Germán
se quita la remera y está a punto de quitarse los pantalones cuando mira a su
amigo.
GERMAN:
Hem... ¿Tengo que cambiarme delante de ti?
DAMIEN:
Oh, ¿crees que porque soy gay voy a aprovechar el momento qeu te quites los
pantalones para mirar tu entrepierna?
GERMAN:
No, eso no lo creo porque seas gay. Lo creo porque eres tú.
Damien
se queda boquiabierto. Finalmente asiente y, con la frente en alto, sale del
cuarto.
DAMIEN:
Tienes razón. Ganaste esta vez.
PABLO
Pablo
tiene entre sus brazos a Paola, su amante. Están en la habitación del muchacho.
Ella le desprende los botones de la camisa mientras va besando la piel del
hombre, quien suspira excitado a su lado.
PAOLA:
Me sorprendió que me hayas llamado a plena luz del día.
PABLO:
Ayer uno de mis vecinos me dijo que nos vio en la noche del evento romano.
Paola,
sorprendida, mira a Pablo sin saber bien cómo reaccionar.
PAOLA:
¿De veras? ¿Te dice que nos vio y se te ocurre llamarme?
PABLO:
No tienes ni idea de lo mucho que me excitó la posibilidad de que nos hayan
descubierto.
PAOLA:
A ti te excita cualquier cosa, Pablo.
PABLO:
Eso es cierto también.
PAOLA:
¿Estás loco? Si tu mujer se entera...
PABLO:
No se va a enterar.
Pablo
se aparta de la muchacha, termina de quitarse la camisa y luego se tira en la
cama. Se quita las zapatillas y las medias, mirando jocosamente a Paola, quien
pone los ojos en blanco.
PAOLA:
¿Sabes que puedes hablar con ella sobre las cosas que te gustan, no?
PABLO:
Ella no me entendería, Paola. Guillermina sólo es buena en dos posiciones pero
no le gusta experimentar. No sabe complacerme como tú.
Paola,
sonriente, se agacha para que su boca quede a la altura de los pies del
muchacho. Luego, comienza a chuparle los dedos.
Pablo
gime de placer, desabrochándose el pantalón para comenzar a masturbarse, al
tiempo que con su mano libre se lleva a la nariz la prenda interior que robó de
la casa de Fernando.
JOSEPH
Joseph
se está cambiando para ir al trabajo. Tiene una llamada en altavoz en curso. Es
Santiago, su compañero del cual está secretamente enamorado.
JOSEPH:
¿Te ha dicho que sí?
SANTIAGO:
¿Puedes creerlo?
JOSEPH:
No, no realmente.
SANTIAGO:
No me esperaba que dijera que sí. Pensé que se iba a reír de mí o algo así. Tú
bien sabes que la venía notando un poco rara.
JOSEPH:
Es una suerte que hayas seguido tus impulsos y se lo propusieras en la tienda
donde trabaja.
El
rostro de Joseph está muy lejos de reflejar la alegría que proyectan sus
palabras.
SANTIAGO:
No fue tan romántico, ¿verdad? Pero creo que las mejores cosas me salen cuando
no las planeo. Por eso mismo, quisiera preguntarte algo ahora.
JOSEPH:
¿Me vas a proponer casamiento? ¿Por teléfono?
SANTIAGO:
No. Pero está relacionado a eso.
JOSEPH:
Nos vemos en dos horas.
SANTIAGO:
No aguantaré la ansiedad. ¿Quieres ser mi padrino?
Joseph
se queda paralizado ante el espejo. Más segundos que los que esperaba.
SANTIAGO:
¿Joseph?
JOSEPH:
Rayos, Santiago... Me
tomaste por sorpresa. Claro que sí.
SANTIAGO:
¿Ves cómo este sistema funciona? Te veo en un rato.
Joseph
corta la llamada y se queda sorprendido ante lo que acaba de acceder.
CELINA
Luciana abre
la puerta de su casa y se encuentra con la mano extendida de Celina, quien
intenta mostrarle el anillo de compromiso.
LUCIANA:
¿Celina? ¿Qué estoy viendo?
CELINA:
¡Santiago me propuso casamiento, Lu!
LUCIANA:
¡Oh, por Dios! ¡Felicidades!
Luciana y
Celina se abrazan, mientras pegan saltitos de emoción.
LUCIANA:
Aceptaste, ¿verdad?
CELINA: Oh,
mi querida Luciana, tú bien sabes que nunca puedo decir que no.
LUCIANA:
¡Qué alegría! Pasa, Celina, justo estaba limpiando.
CELINA:
¿Nunca dejas de limpiar en tu casa?
Luciana y
Celina ingresan dentro de la vivienda.
LUCIANA:
Cuenta conmigo cada vez que necesites un consejo sobre cómo llevar un
matrimonio feliz.
CELINA:
¿Cómo puedes saber eso, Lu? Si estás casada con Álvaro.
LUCIANA: Y
no he hecho más que hacerlo feliz desde entonces. Así que, ¿eso significa que
terminaron tus juegos con los chicos del Barrio 21?
CELINA: Pero
ellos son mis amigos.
LUCIANA:
Hablo de los chicos que no son tus amigos.
Celina
intenta disimular una sonrisa pícara.
CELINA: ¿Te
refieres a los que nos sacaron a bailar?
LUCIANA:
Esos chicos.
CELINA: Te
quedaste pensando en el flaco drogadicto, ¿no?
LUCIANA:
¡Celina!
CELINA: Ay,
vamos, reconocerlo no te matará.
En ese
momento, ninguna se percata que Álvaro aparece en el salón, con una camisa
blanca en su mano.
ALVARO: ¿De
qué flaco drogadicto hablan?
Las dos
chicas se quedan perplejas. Álvaro mira a su mujer.
ALVARO: ¿Te
gusta otro?
ÁLVARO
Álvaro
mira intercaladamente a Celina y a Luciana, esperando una respuesta.
LUCIANA:
Ay, amor, ¡cómo piensas una cosa así!
ALVARO:
Escuché que hablaban de un chico...
CELINA:
Es que me voy a casar. Y conocemos a un amigo que es DJ y pasa muy buena
música. A Luciana le gustó mucho, pero por su forma de trabajar.
ALVARO:
Ah. ¿Te vas a casar?
CELINA:
Sí.
ALVARO:
¿Con Santiago?
CELINA:
De momento.
Álvaro
se queda conforme con la respuesta.
LUCIANA:
¿Qué haces que no estás listo para ir a trabajar?
ALVARO:
Es que mi camisa está sin planchar.
LUCIANA:
Ya lo soluciono, mi amor.
Luciana
toma la camisa de Álvaro y sale corriendo en dirección a la habitación donde
está la plancha. El muchacho se acerca a la futura mujer de Santiago.
ALVARO:
Supongo que esto significa que vas a dejar de engañarlo.
Celina,
entonces, le pega una cachetada.
ALVARO:
¡Oye! ¿Por qué me pegas?
CELINA:
Lo siento, lo siento, Álvaro. Siempre quise hacerlo, pero jamás nadie me daba
la oportunidad. Realmente lo siento. ¿De dónde sacas una cosa tan absurda?
Jamás engañé a Santiago.
ALVARO:
¿Segura? Porque me dijeron de buena fuente que te estabas acostando con alguien
del Barrio Privado.
Celina
le pega otro cachetazo.
ALVARO:
¡Celina!
CELINA:
De verdad, lo siento. Lo siento mucho. No pude evitarlo. Pero déjame decirte
que te informaron mal. No sirvo para engañar. Se me notaría. Y prefiero que
Santiago me deje antes que engañarlo.
ALVARO:
Bueno, si lo engañaras, no me lo reconocerías.
CELINA:
Si hubiera tenido alguna vez el valor de engañarlo, créeme que te lo
reconocería con orgullo. Pero no es verdad, Álvaro. Sí es cierto que tengo
amigos en el Barrio Privado, pero nada más que eso. Si alguien te dijo otra
cosa, son mentiras.
ALVARO:
Entonces, ¿no tenías nada con el chico que está en coma?
CELINA:
¿Con Fernando? ¡No! Ni siquiera lo conocía.
Álvaro
se queda aterrorizado ante lo que escucha, pensando que tal vez mandaron a una
clínica a un joven que no tenía nada que ver.
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