PABLO
Pablo
tiene que mostrar que aquella imagen no lo afecta.
Específicamente,
debe demostrar que no lo altera al punto de provocarle náuseas pero que tampoco
lo excita como para provocarle una erección.
Considera
que es el momento más difícil de su carrera como comisario de Estrella Dorada.
Sebastián,
el único oficial de rango que quedó a su disposición después de haberle dado
pase libre a Joseph, está vomitando afuera de la casa.
Le
cae bien. El joven es moldeable. Obedece. No reclama. Es un buen policía.
Tras
unos minutos vuelve a ingresar a la vivienda, pero su gesto se vuelve a torcer.
SEBASTIAN:
Creo que... Voy a esperar...
PABLO:
Está bien. Yo salgo contigo.
Mira
la escena una vez más.
Tres
personas despedazadas por completo forman un charco de sangre en lo que alguna
vez fue un living decente.
Despedazadas
a mordiscos.
Excitante.
PABLO:
Llama a los forenses.
SEBASTIAN:
¿Quién pudo...?
PABLO:
Wilfredo Villas. Es el que estamos buscando.
SEBASTIAN:
Es un chico inestable, pero ¿acaso puede matar a tres personas de esta manera?
PABLO:
Ese hombre le arrancó de un mordisco el brazo a su padre. Tiene hambre,
Sebastián. Quizá tenía hambre por días y no pudo controlar el impulso. No es un
hombre. Es una bestia. Llama a los forenses y espera a que lleguen. Yo tengo
que ir a la clínica.
SEBASTIAN:
¿A la clínica?
PABLO:
Voy a sacar al padre de la bestia de su descanso. Es hora de que empiece a
trabajar.
FABIAN
El
rostro de sorpresa de todos era innegable.
LUCAS:
Valeria, este es un plan peligroso. No sólo te expones voluntariamente al
peligro, sino que pones en riesgo la vida de todos en el campamento.
VALERIA:
En el campamento tenemos armas para combatir.
JULIO:
Pero no sabemos cuántas arpías son. Ni sabemos si nuestras armas funcionarán
contra ellas.
BRUNO:
Valeria... Hay niños allí.
VALERIA:
Y están en peligro. El gobierno no cree que algo esté pasando. Todos son casos
aislados y, en su mayoría, no dejan evidencia. No van a creernos hasta que no
puedan divisar a estos monstruos cara a cara.
Fabián
siente un repentino dolor de cabeza.
Era
demasiada la atrocidad que proponía Valeria.
FABIAN:
¿Tú realmente quieres meterte en ese bosque, toparte con un par de bestias y
salir huyendo como si nada para que te sigan hasta el campamento?
VALERIA:
Es la forma de hacerlas visibles. Tienen que creernos de esta manera.
LUCAS:
Pero, ¿qué pasa si algo sale mal? ¿Y si no podemos hacerle frente? ¿O si matan
a los niños?
VALERIA:
Matarán a todo el pueblo si es que no hacemos algo pronto. Es cuestión de días
antes de que los habitantes de Bahía Ausente comiencen a atacarse entre sí,
acusándose de estar poseídos o ser fantasmas. Tenemos la obligación de detener
esto. Nosotros que sabemos la verdad y que sabemos contra qué nos enfrentamos.
Se
hizo un silencio en la sala.
Fabián
no podía concebir que estén analizando esa idea.
VALERIA:
Mi propuesta suena extremista. Pero es por un bien mayor.
HELEN:
Cuenta conmigo. Yo te ayudaré.
Fabián
mira a Helen, quien mantiene un rostro serio e imperturbable.
FABIAN:
Ya la has ayudado antes.
Helen
le devuelve la mirada.
Lejos
de mostrar confusión, entiende perfectamente a qué se está refiriendo.
VALERIA:
No será peligroso. Sólo entraremos lentamente hasta que nos topemos con una.
Luego saldremos de allí. Si realmente se guían por el olfalto, alguna aparecerá
en el Campamento. Será visible. La gente podrá verla.
LUCAS:
¿Justo esta noche en el baile que organizó Edgar? Hay gente invitada del
pueblo... Oh, ya veo. Realmente lo tuyo es una demostración política. No voy a
ser parte de esto.
Valeria
mira a Bruno y a Julio, ignorando por completo a Fabián y a Germán.
BRUNO:
Si Joshua se entera que participé de esto, me matará. Pero si te dejo morir,
también me matará.
Todos
se giran a mirar a Julio, quien está cruzado de brazos. Tras una leve pausa, se
digna a asentir.
CELINA
Celina
se inquieta al ver que Virginia está colocándose su gorra y sus gafas de sol.
CELINA:
¿Piensas ir a algún lado?
VIRGINIA:
Quiero aprovechar que mi hermana no está en el campamento.
CELINA:
¿Para qué? ¿Qué vamos a hacer?
VIRGINIA:
Quiero enfrentar a la constante de nuestros problemas.
CELINA:
¿Tú?
Virginia
la lapida con la mirada detrás de sus gafas.
VIRGINIA:
No, Edgar. Creo que es bueno que hablemos con el Edgar del pasado y ver qué
podemos sacar de él. Recuerda que después de que todo se desmorone aquí, Edgar
se irá a Estrella Dorada y fundará la residencia donde vivimos. Quiero saber si
él fue el que se encontró con mi hermana anoche.
CELINA:
No lo sé, Virginia. Edgar ha demostrado incontables veces que es un tipo
peligroso que...
Pero
Virginia ya salió de la habitación.
CELINA:
Ah, bien, no esperabas mi bendición, maldita desalmada.
Furiosa,
Celina se incorpora de la cama y la sigue.
GERMAN
Camina
por el bosque al lado de Helen.
Bruno,
Julio y Valeria van cerca de ellos, pero a una distancia prudencial.
Miran
hacia la copa de los árboles buscando alguna señal de las arpías.
GERMAN:
Tú lo recuerdas pero ellos no.
HELEN:
¿De qué hablas?
GERMAN:
Sabes que esta no es la primera vez que vives esto.
Helen
lanza un suspiro. Parece agotada.
HELEN:
No. La primera vez que reviví esta historia, desconozco a quién se la estaban
enseñando porque no interactué con nadie nuevo. Como no podía percibir nada
extraño, simplemente sentí que era una especie de deja vú. En la siguiente
oportunidad, una chica vino con el primer grupo, aunque no ingresó en el
bosque. Era la tercera vez que salvaba a Ángel y a Bruno de ser desgarrados por
una arpía. Ahí supe que algo andaba mal y que volvía a repetir todo. Cuando
volvió a pasar, me negué a ayudarlos. No salvé a Bruno ni a Ángel de ese
ataque, pero al día siguiente aparecieron para tener la conversación en mi
sala, como si nada hubiera pasado.
Germán
intenta entender lo que la muchacha describe.
Siente
los nervios de estar en el bosque repleto de guardianes voladores.
GERMAN:
¿Y ahora? ¿Qué sucede aquí?
Helen
señala hacia un árbol.
HELEN:
El plan de Valeria funciona. Tras cruzar el árbol que ves allí, vamos a
encontrar a dos arpías. Correremos hasta el claro y no seremos atacados.
GERMAN:
Pero las arpías atacarán.
HELEN:
Atacarán de todos modos, las encontremos ahora o no. Esto es sólo un eco del
pasado. Una repetición. Lo que estamos viviendo ya pasó hace tres años.
GERMAN:
Después de esta noche, el hechizo debería terminar y yo debería volver al
presente. ¿Qué sucederá si te busco? ¿Me recordarás?
Helen
lo mira y sonríe.
HELEN:
Puedes intentarlo.
Cuando
los cinco cruzan el árbol, dos enormes arpías durmientes estaban levitando en
medio de las ramas.
Abren
los ojos y los ven.
HELEN:
Por el momento, sólo tienes que correr.
VIRGINIA
Cuando
se topó con Edgar, el hombre estaba arreglando una carpa de un grupo de niños
que se había desatado.
La
vio y hace el gesto despectivo, característico de su persona.
EDGAR:
Ahí estás. Se supone que les pago para que atiendan a los chicos. No puedo
estar haciendo el trabajo por ustedes. Reconozco que hacen falta más Edgar en
el mundo, pero esperaba un poco más de ti.
VIRGINIA:
Quiero hablar contigo en privado, ¿podemos?
Edgar
se sorprende pero termina por asentir.
EDGAR:
¿Dónde?
Virginia
mira los árboles que se extienden detrás de ellos.
VIRGINIA:
Salgamos a dar una vuelta por allí.
Virginia
camina hacia los árboles.
Por
el rabillo del ojo, comprueba que Celina también ingresa al bosque, haciéndose
la desentendida, a unos metros de distancia de ellos.
Edgar
la sigue.
Caminan
unos metros hasta quedar lejos de los ojos de los demás.
EDGAR:
Ya me imagino por qué estamos aquí.
VIRGINIA:
¿Ah, sí? Es para hablar sobre lo que quedó pendiente anoche.
EDGAR:
¿Anoche? ¿De qué hablas?
La
pregunta la desconcierta. Intenta aparentar que no.
VIRGINIA:
Tuvimos una charla anoche en el otro lado del bosque.
EDGAR:
Pues estás delirando, porque anoche volví tarde de ver a Max. Ya se encuentra
mejor, por cierto.
VIRGINIA:
Me alegro escuchar eso.
No
se alegra en lo absoluto. Ni siquiera le importa Max.
Está
desconcertada.
¿Con
quién estuvo hablando Margaret entonces?
Pero
Edgar no parece molestarse por el desconcierto.
EDGAR:
Igual, me gusta que estés recapacitando un poco.
VIRGINIA:
¿Qué?
Y
sin que lo pudiera prever, Edgar la toma de la cintura y le da un beso en la
boca.
VOZ
de CELINA: ¡OH, POR DIOS!
FABIAN
Fabián
se sienta en la mesa junto con el grupo.
Es
la hora del almuerzo y tiene hambre, pese a lo mal que se siente por todas las
cosas que vivieron ese día.
GERMAN:
Iré a darme un baño y luego volveré a seguir debatiendo sobre lo que hicimos.
FABIAN:
Nosotros no hicimos nada. Fue la loca hermana de Virginia.
El
resto del grupo no parecía tomarse a chiste tampoco la hazaña.
MELISSA:
¡¿Pero acaso te volviste loca?! ¿¡Cómo puedes condenarnos a todos a muerte!?
Fabián
notó el rostro de los cuatro integrantes que no habían sido parte del segundo
viaje.
Joshua
tenía los ojos desbordados del odio, Melissa estaba completamente fuera de sí,
Luna parecía sumamente indiferente a la situación y Ángel estaba agotado.
LUNA:
Yo estoy ofendida. Pero porque quería conocer a esa maldita Helen. En cuanto al
posible ataque de las arpías, no tengo problema. Si yo casi me muero por unas
moscas, el resto también puede sufrir.
VALERIA:
Chicos, el campamento se va a terminar pero estos monstruos van a seguir allí
afuera. ¿Qué vamos a hacer cuando no estemos en el mismo lugar? ¿Cuando no
estemos juntos para hacerle frente?
JOSHUA:
¿De eso se trata esto? ¿De que tú tengas un grupo al que mandar cuando termine
el verano?
Valeria
lo lapida con la mirada.
VALERIA:
Esto se trata de salvar a un pueblo.
JOSHUA:
No, se trata de tu poder sobre los demás.
ANGEL:
Uuuuuuuhhhh.
BRUNO:
Pueden pelear luego. Es mejor si estamos preparados para lo que fuere que esté
viniendo. Nos guste o no, esas cosas van a venir. Y yo quiero poder defenderme.
VALERIA:
Sé que pueden estar de acuerdo o no con lo que hice. Pero tenemos que hacernos
cargo de lo que liberamos cuando dejamos libre a Zack. Tenemos que hacernos
responsables.
Fabián
automáticamente mira a Valeria.
FABIAN:
¿Zack?
VALERIA:
Sí. Era el hechicero que liberamos de la granja de al lado. Gracias a eso,
conseguimos perder a Max y que todos los monstruos del mundo nos ataquen.
FABIAN:
Hijo de...
Ajeno
a la explicación, Joshua finalmente entorna los ojos para llegar a una tregua
con Valeria.
JOSHUA:
Bien, de acuerdo. Sólo tengamos un plan para proteger a los niños.
MELISSA:
¿Por qué a los niños? ¡¿Qué hay de nosotros?!
PABLO
Le
resulta raro ver a Edgar sin un brazo.
El
hombre, que siempre fue un aficionado al teatro barato, es consciente de su
debilidad y abusa de ello a cada vez que se presenta la ocasión.
EDGAR:
¿Mató a tres personas?
PABLO:
Una casa de campo en los límites de Estrella Dorada. Un padre y dos hijos
menores de edad, completamente destrozados. Los comió.
Pablo
evita que le resulte estimulante su propio relato.
PABLO:
Creo que está por la zona, así que necesitaré tu ayuda para detenerlo.
EDGAR:
No creo que pueda hacer mucho, Pablo. Ahora que me falta un brazo...
PABLO:
Tienes que decir un conjuro y que el demonio que posee a tu hijo se vaya.
Déjate de tonterías, Edgar, que mi paciencia está al límite.
EDGAR:
Está bien, está bien. Diablos, si te vas a poner así de sensible... Pero no
tengo el alta médica.
PABLO:
Ya arreglé eso. Sólo vístete y vámonos.
Edgar
se incorpora de la cama y va hacia un armario donde tiene su ropa.
EDGAR:
Bien, pero ten paciencia. Recuerda que ahora sólo me debo vestir con un solo
brazo.
En
ese instante, el hombre se agarra el cuello.
Pablo
nota que no es una actuación. Es un dolor que ni el propio Edgar puede
entender.
PABLO:
¿Qué sucede?
EDGAR:
No lo sé... Me siento mal...
GERMAN
La
ducha fría cae sobre su cuerpo, brindándole una sensación de satisfacción.
No
puede dejar de pensar en Helen.
¿Seguirá
siendo tan atractiva si la vuelve a buscar tres años después?
Sus
manos bajan hacia su entrepierna erecta.
Comienza
a masajear su miembro suavemente, dejándose transportar a un mundo erótico, sin
demonios ni magia.
De
repente, escucha que afuera alguien abre la puerta de la habitación.
Si
es Fabián, no importa.
Entenderá
que se baña y podrá continuar con su rutina solitaria en paz.
Pero
llaman a la puerta.
VOZ
de CELINA: ¡Fabián! ¡Germán! ¡Lo que sea que esté dentro! ¡Necesito ayuda
urgente!
Germán
está fastidiado.
¿Ni
un minuto para él?
GERMAN:
¿Qué sucede?
CELINA:
Necesito tu ayuda ahora. ¡Es Virginia!
Germán
pone los ojos en blanco. Cierra la ducha con la vana promesa de que lo que
estaba haciendo todavía no terminó, por lo que aún mojado, se pone la ropa
interior y los pantalones que recién terminó de quitarse.
Sale
sin remera a encontrarse con una Celina preocupada.
GERMAN:
¿Qué pasó?
CELINA:
Al bosque. Ven al bosque ahora.
Lo
lleva casi de la mano, como si él no supiera que detrás del predio descampado
del campamento se extienden los bosques de la zona.
GERMAN:
¿Son las arpías?
CELINA:
No, es una sola.
Salen
de la habitación. Van hacia el bosque.
A
unos metros dentro, encuentra la preocupación de Celina en forma visible y
contundente.
Virginia,
con un cuchillo ensangrentado en mano, mira a un Edgar que agoniza, con el
cuello abierto de un tajo.
El
hombre intenta hablar, taparse la sangre con las manos pero le es imposible.
GERMAN:
Virginia... ¿Qué hiciste?
Ella
lo mira. Tiene los ojos llenos de lágrimas.
VIRGINIA:
Intento resolver el futuro.
PABLO
Pablo
logra atrapar a Edgar antes de caiga al piso.
El
hombre está descompensado pero todavía consciente.
Se
lleva ambas manos al cuello.
Al
principio, Pablo no entiende por qué.
Pero
de sus manos comienza a brotar sangre.
PABLO:
¡Edgar! ¿Esto es un truco?
Pero
Edgar no responde.
La
sangre sale y sale sin parar.
Pablo,
finalmente, no tiene tiempo para atacar su lucha interna.
Aquella
imagen le resulta sumamente excitante.
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