viernes, 4 de enero de 2019

Chapter 57


PABLO

Pablo tiene que mostrar que aquella imagen no lo afecta.
Específicamente, debe demostrar que no lo altera al punto de provocarle náuseas pero que tampoco lo excita como para provocarle una erección.
Considera que es el momento más difícil de su carrera como comisario de Estrella Dorada.
Sebastián, el único oficial de rango que quedó a su disposición después de haberle dado pase libre a Joseph, está vomitando afuera de la casa.
Le cae bien. El joven es moldeable. Obedece. No reclama. Es un buen policía.
Tras unos minutos vuelve a ingresar a la vivienda, pero su gesto se vuelve a torcer.

SEBASTIAN: Creo que... Voy a esperar...
PABLO: Está bien. Yo salgo contigo.

Mira la escena una vez más.
Tres personas despedazadas por completo forman un charco de sangre en lo que alguna vez fue un living decente.
Despedazadas a mordiscos.
Excitante.

PABLO: Llama a los forenses.
SEBASTIAN: ¿Quién pudo...?
PABLO: Wilfredo Villas. Es el que estamos buscando.
SEBASTIAN: Es un chico inestable, pero ¿acaso puede matar a tres personas de esta manera?
PABLO: Ese hombre le arrancó de un mordisco el brazo a su padre. Tiene hambre, Sebastián. Quizá tenía hambre por días y no pudo controlar el impulso. No es un hombre. Es una bestia. Llama a los forenses y espera a que lleguen. Yo tengo que ir a la clínica.
SEBASTIAN: ¿A la clínica?
PABLO: Voy a sacar al padre de la bestia de su descanso. Es hora de que empiece a trabajar.

FABIAN

El rostro de sorpresa de todos era innegable.

LUCAS: Valeria, este es un plan peligroso. No sólo te expones voluntariamente al peligro, sino que pones en riesgo la vida de todos en el campamento.
VALERIA: En el campamento tenemos armas para combatir.
JULIO: Pero no sabemos cuántas arpías son. Ni sabemos si nuestras armas funcionarán contra ellas.
BRUNO: Valeria... Hay niños allí.
VALERIA: Y están en peligro. El gobierno no cree que algo esté pasando. Todos son casos aislados y, en su mayoría, no dejan evidencia. No van a creernos hasta que no puedan divisar a estos monstruos cara a cara.

Fabián siente un repentino dolor de cabeza.
Era demasiada la atrocidad que proponía Valeria.

FABIAN: ¿Tú realmente quieres meterte en ese bosque, toparte con un par de bestias y salir huyendo como si nada para que te sigan hasta el campamento?
VALERIA: Es la forma de hacerlas visibles. Tienen que creernos de esta manera.
LUCAS: Pero, ¿qué pasa si algo sale mal? ¿Y si no podemos hacerle frente? ¿O si matan a los niños?
VALERIA: Matarán a todo el pueblo si es que no hacemos algo pronto. Es cuestión de días antes de que los habitantes de Bahía Ausente comiencen a atacarse entre sí, acusándose de estar poseídos o ser fantasmas. Tenemos la obligación de detener esto. Nosotros que sabemos la verdad y que sabemos contra qué nos enfrentamos.

Se hizo un silencio en la sala.
Fabián no podía concebir que estén analizando esa idea.

VALERIA: Mi propuesta suena extremista. Pero es por un bien mayor.
HELEN: Cuenta conmigo. Yo te ayudaré.

Fabián mira a Helen, quien mantiene un rostro serio e imperturbable.

FABIAN: Ya la has ayudado antes.

Helen le devuelve la mirada.
Lejos de mostrar confusión, entiende perfectamente a qué se está refiriendo.

VALERIA: No será peligroso. Sólo entraremos lentamente hasta que nos topemos con una. Luego saldremos de allí. Si realmente se guían por el olfalto, alguna aparecerá en el Campamento. Será visible. La gente podrá verla.
LUCAS: ¿Justo esta noche en el baile que organizó Edgar? Hay gente invitada del pueblo... Oh, ya veo. Realmente lo tuyo es una demostración política. No voy a ser parte de esto.

Valeria mira a Bruno y a Julio, ignorando por completo a Fabián y a Germán.

BRUNO: Si Joshua se entera que participé de esto, me matará. Pero si te dejo morir, también me matará.

Todos se giran a mirar a Julio, quien está cruzado de brazos. Tras una leve pausa, se digna a asentir.

CELINA

Celina se inquieta al ver que Virginia está colocándose su gorra y sus gafas de sol.

CELINA: ¿Piensas ir a algún lado?
VIRGINIA: Quiero aprovechar que mi hermana no está en el campamento.
CELINA: ¿Para qué? ¿Qué vamos a hacer?
VIRGINIA: Quiero enfrentar a la constante de nuestros problemas.
CELINA: ¿Tú?

Virginia la lapida con la mirada detrás de sus gafas.

VIRGINIA: No, Edgar. Creo que es bueno que hablemos con el Edgar del pasado y ver qué podemos sacar de él. Recuerda que después de que todo se desmorone aquí, Edgar se irá a Estrella Dorada y fundará la residencia donde vivimos. Quiero saber si él fue el que se encontró con mi hermana anoche.
CELINA: No lo sé, Virginia. Edgar ha demostrado incontables veces que es un tipo peligroso que...

Pero Virginia ya salió de la habitación.

CELINA: Ah, bien, no esperabas mi bendición, maldita desalmada.

Furiosa, Celina se incorpora de la cama y la sigue.

GERMAN

Camina por el bosque al lado de Helen.
Bruno, Julio y Valeria van cerca de ellos, pero a una distancia prudencial.
Miran hacia la copa de los árboles buscando alguna señal de las arpías.

GERMAN: Tú lo recuerdas pero ellos no.
HELEN: ¿De qué hablas?
GERMAN: Sabes que esta no es la primera vez que vives esto.

Helen lanza un suspiro. Parece agotada.

HELEN: No. La primera vez que reviví esta historia, desconozco a quién se la estaban enseñando porque no interactué con nadie nuevo. Como no podía percibir nada extraño, simplemente sentí que era una especie de deja vú. En la siguiente oportunidad, una chica vino con el primer grupo, aunque no ingresó en el bosque. Era la tercera vez que salvaba a Ángel y a Bruno de ser desgarrados por una arpía. Ahí supe que algo andaba mal y que volvía a repetir todo. Cuando volvió a pasar, me negué a ayudarlos. No salvé a Bruno ni a Ángel de ese ataque, pero al día siguiente aparecieron para tener la conversación en mi sala, como si nada hubiera pasado.

Germán intenta entender lo que la muchacha describe.
Siente los nervios de estar en el bosque repleto de guardianes voladores.

GERMAN: ¿Y ahora? ¿Qué sucede aquí?

Helen señala hacia un árbol.

HELEN: El plan de Valeria funciona. Tras cruzar el árbol que ves allí, vamos a encontrar a dos arpías. Correremos hasta el claro y no seremos atacados.
GERMAN: Pero las arpías atacarán.
HELEN: Atacarán de todos modos, las encontremos ahora o no. Esto es sólo un eco del pasado. Una repetición. Lo que estamos viviendo ya pasó hace tres años.
GERMAN: Después de esta noche, el hechizo debería terminar y yo debería volver al presente. ¿Qué sucederá si te busco? ¿Me recordarás?

Helen lo mira y sonríe.

HELEN: Puedes intentarlo.

Cuando los cinco cruzan el árbol, dos enormes arpías durmientes estaban levitando en medio de las ramas.
Abren los ojos y los ven.

HELEN: Por el momento, sólo tienes que correr.

VIRGINIA

Cuando se topó con Edgar, el hombre estaba arreglando una carpa de un grupo de niños que se había desatado.
La vio y hace el gesto despectivo, característico de su persona.

EDGAR: Ahí estás. Se supone que les pago para que atiendan a los chicos. No puedo estar haciendo el trabajo por ustedes. Reconozco que hacen falta más Edgar en el mundo, pero esperaba un poco más de ti.
VIRGINIA: Quiero hablar contigo en privado, ¿podemos?

Edgar se sorprende pero termina por asentir.

EDGAR: ¿Dónde?

Virginia mira los árboles que se extienden detrás de ellos.

VIRGINIA: Salgamos a dar una vuelta por allí.

Virginia camina hacia los árboles.
Por el rabillo del ojo, comprueba que Celina también ingresa al bosque, haciéndose la desentendida, a unos metros de distancia de ellos.
Edgar la sigue.
Caminan unos metros hasta quedar lejos de los ojos de los demás.

EDGAR: Ya me imagino por qué estamos aquí.
VIRGINIA: ¿Ah, sí? Es para hablar sobre lo que quedó pendiente anoche.
EDGAR: ¿Anoche? ¿De qué hablas?

La pregunta la desconcierta. Intenta aparentar que no.

VIRGINIA: Tuvimos una charla anoche en el otro lado del bosque.
EDGAR: Pues estás delirando, porque anoche volví tarde de ver a Max. Ya se encuentra mejor, por cierto.
VIRGINIA: Me alegro escuchar eso.

No se alegra en lo absoluto. Ni siquiera le importa Max.
Está desconcertada.
¿Con quién estuvo hablando Margaret entonces?
Pero Edgar no parece molestarse por el desconcierto.

EDGAR: Igual, me gusta que estés recapacitando un poco.
VIRGINIA: ¿Qué?

Y sin que lo pudiera prever, Edgar la toma de la cintura y le da un beso en la boca.

VOZ de CELINA: ¡OH, POR DIOS!

FABIAN

Fabián se sienta en la mesa junto con el grupo.
Es la hora del almuerzo y tiene hambre, pese a lo mal que se siente por todas las cosas que vivieron ese día.

GERMAN: Iré a darme un baño y luego volveré a seguir debatiendo sobre lo que hicimos.
FABIAN: Nosotros no hicimos nada. Fue la loca hermana de Virginia.

El resto del grupo no parecía tomarse a chiste tampoco la hazaña.

MELISSA: ¡¿Pero acaso te volviste loca?! ¿¡Cómo puedes condenarnos a todos a muerte!?

Fabián notó el rostro de los cuatro integrantes que no habían sido parte del segundo viaje.
Joshua tenía los ojos desbordados del odio, Melissa estaba completamente fuera de sí, Luna parecía sumamente indiferente a la situación y Ángel estaba agotado.

LUNA: Yo estoy ofendida. Pero porque quería conocer a esa maldita Helen. En cuanto al posible ataque de las arpías, no tengo problema. Si yo casi me muero por unas moscas, el resto también puede sufrir.
VALERIA: Chicos, el campamento se va a terminar pero estos monstruos van a seguir allí afuera. ¿Qué vamos a hacer cuando no estemos en el mismo lugar? ¿Cuando no estemos juntos para hacerle frente?
JOSHUA: ¿De eso se trata esto? ¿De que tú tengas un grupo al que mandar cuando termine el verano?

Valeria lo lapida con la mirada.

VALERIA: Esto se trata de salvar a un pueblo.
JOSHUA: No, se trata de tu poder sobre los demás.
ANGEL: Uuuuuuuhhhh.
BRUNO: Pueden pelear luego. Es mejor si estamos preparados para lo que fuere que esté viniendo. Nos guste o no, esas cosas van a venir. Y yo quiero poder defenderme.
VALERIA: Sé que pueden estar de acuerdo o no con lo que hice. Pero tenemos que hacernos cargo de lo que liberamos cuando dejamos libre a Zack. Tenemos que hacernos responsables.

Fabián automáticamente mira a Valeria.

FABIAN: ¿Zack?
VALERIA: Sí. Era el hechicero que liberamos de la granja de al lado. Gracias a eso, conseguimos perder a Max y que todos los monstruos del mundo nos ataquen.
FABIAN: Hijo de...

Ajeno a la explicación, Joshua finalmente entorna los ojos para llegar a una tregua con Valeria.

JOSHUA: Bien, de acuerdo. Sólo tengamos un plan para proteger a los niños.
MELISSA: ¿Por qué a los niños? ¡¿Qué hay de nosotros?!

PABLO

Le resulta raro ver a Edgar sin un brazo.
El hombre, que siempre fue un aficionado al teatro barato, es consciente de su debilidad y abusa de ello a cada vez que se presenta la ocasión.

EDGAR: ¿Mató a tres personas?
PABLO: Una casa de campo en los límites de Estrella Dorada. Un padre y dos hijos menores de edad, completamente destrozados. Los comió.

Pablo evita que le resulte estimulante su propio relato.

PABLO: Creo que está por la zona, así que necesitaré tu ayuda para detenerlo.
EDGAR: No creo que pueda hacer mucho, Pablo. Ahora que me falta un brazo...
PABLO: Tienes que decir un conjuro y que el demonio que posee a tu hijo se vaya. Déjate de tonterías, Edgar, que mi paciencia está al límite.
EDGAR: Está bien, está bien. Diablos, si te vas a poner así de sensible... Pero no tengo el alta médica.
PABLO: Ya arreglé eso. Sólo vístete y vámonos.

Edgar se incorpora de la cama y va hacia un armario donde tiene su ropa.

EDGAR: Bien, pero ten paciencia. Recuerda que ahora sólo me debo vestir con un solo brazo.

En ese instante, el hombre se agarra el cuello.
Pablo nota que no es una actuación. Es un dolor que ni el propio Edgar puede entender.

PABLO: ¿Qué sucede?
EDGAR: No lo sé... Me siento mal...

GERMAN

La ducha fría cae sobre su cuerpo, brindándole una sensación de satisfacción.
No puede dejar de pensar en Helen.
¿Seguirá siendo tan atractiva si la vuelve a buscar tres años después?
Sus manos bajan hacia su entrepierna erecta.
Comienza a masajear su miembro suavemente, dejándose transportar a un mundo erótico, sin demonios ni magia.
De repente, escucha que afuera alguien abre la puerta de la habitación.
Si es Fabián, no importa.
Entenderá que se baña y podrá continuar con su rutina solitaria en paz.
Pero llaman a la puerta.

VOZ de CELINA: ¡Fabián! ¡Germán! ¡Lo que sea que esté dentro! ¡Necesito ayuda urgente!

Germán está fastidiado.
¿Ni un minuto para él?

GERMAN: ¿Qué sucede?
CELINA: Necesito tu ayuda ahora. ¡Es Virginia!

Germán pone los ojos en blanco. Cierra la ducha con la vana promesa de que lo que estaba haciendo todavía no terminó, por lo que aún mojado, se pone la ropa interior y los pantalones que recién terminó de quitarse.
Sale sin remera a encontrarse con una Celina preocupada.

GERMAN: ¿Qué pasó?
CELINA: Al bosque. Ven al bosque ahora.

Lo lleva casi de la mano, como si él no supiera que detrás del predio descampado del campamento se extienden los bosques de la zona.

GERMAN: ¿Son las arpías?
CELINA: No, es una sola.

Salen de la habitación. Van hacia el bosque.
A unos metros dentro, encuentra la preocupación de Celina en forma visible y contundente.
Virginia, con un cuchillo ensangrentado en mano, mira a un Edgar que agoniza, con el cuello abierto de un tajo.
El hombre intenta hablar, taparse la sangre con las manos pero le es imposible.

GERMAN: Virginia... ¿Qué hiciste?

Ella lo mira. Tiene los ojos llenos de lágrimas.

VIRGINIA: Intento resolver el futuro.

PABLO

Pablo logra atrapar a Edgar antes de caiga al piso.
El hombre está descompensado pero todavía consciente.
Se lleva ambas manos al cuello.
Al principio, Pablo no entiende por qué.
Pero de sus manos comienza a brotar sangre.

PABLO: ¡Edgar! ¿Esto es un truco?

Pero Edgar no responde.
La sangre sale y sale sin parar.
Pablo, finalmente, no tiene tiempo para atacar su lucha interna.
Aquella imagen le resulta sumamente excitante.

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