lunes, 14 de enero de 2019

Chapter 63


GERMAN

Los gritos cesan.
El caos desapareció tan de prisa, que Germán piensa que se quedó sordo.
Está en la habitación de la cabaña con sus amigos, los cuales están aterrorizados.
Irupé y Fabián tienen los ojos empapados en lágrimas.
Damien está inquieto al igual que Celina.

DAMIEN: ¿Se terminó?
IRUPE: Por Dios, ya era hora. Pensé que el infierno no iba a terminarse más.
FABIAN: Y eso que tú no estuviste en ese campo de batalla... La gente que murió...
CELINA: Eso fue un conjuro, Fabián. No sucedió ahora.
FABIAN: Pero sucedió hace tres años. Eran buenas personas...

Fabián se emociona. No puede continuar hablando.
Germán suspira, tomando la valentía de salir al exterior de la cabaña.
En efecto, el amanecer les ofrece un panorama desolado.
Las ruinas de aquel predio vuelven a instalarse como cuando las encontraron la noche que llegaron.

CELINA: Me pregunto por qué cerraron un campamento tan lindo.
IRUPE: ¿En serio te lo preguntas? ¿Pero no eres consciente de todo lo que pasó?
CELINA: Sí, pero aún así, tenían que haberlo reconstruido. Maldito Edgar. Seguro se debe a que huyó.

Todos salen al exterior.
Del bosque, vienen Virginia e Ignacio.
Celina se emociona.

CELINA: ¡Me muero! ¿Ustedes dos juntos?

Virginia la lapida con la mirada.

VIRGINIA: Seguimos a la persona que se llevó el Compendio, Celina. El motivo verdadero por el que vivimos este calvario.
DAMIEN: ¿Y qué averiguaron?

Virginia mira a Ignacio, como si fuera el cómplice al que le consulta si puede liberar la información.

CELINA: ¡Díganlo! El suspenso me está matando. No puedo creer que Ignacio lo sepa antes que yo.

Virginia suspira.

VIRGINIA: Es Hernán.
IRUPE: ¿Qué Hernán?
DAMIEN: ¿Tu Hernán?
VIRGINIA: No es mi Hernán. Pero sí, es mi ex.
CELINA: ¡Diablos! ¿Cómo es que lo tiene?
VIRGINIA: Lo robó en medio del caos, con la complicidad de Margaret. Ella apareció para remarcarle que no hable conmigo sobre el tema, lo que significa que, después de todo, sí me reconoció. Sólo se hizo la desentendida.

Irupé abre la boca, como si estuviera a punto de preguntar algo incómodo.

IRUPE: A ver, ilumíname, ¿cuál diablos es el vínculo que tenía tu hermana con Hernán?

Virginia niega con la cabeza.

VIRGINIA: No lo sé. Pero lo averiguaré.
IRUPE: ¡¿Cómo?! Ni siquiera sabes cómo localizar a Margaret.
VIRGINIA: Pero sé cómo localizarlo a él. Salgamos de este campamento...
FABIAN: Oh, rayos.

Todos se giran a ver a Fabián, que a su vez está mirando hacia la mitad del predio.
Germán se gira y ve en lo que antes supo ser un patio, una figura sentada, casi recostada sobre otra.

IRUPE: ¿Ese es...?
DAMIEN: Sí, es Joseph. Nos olvidamos de él y de su amigo.

JOSEPH

Cuando el cadáver decapitado de Joshua desapareció bajo los efectos del hechizo, Joseph tuvo la intención de cubrir ese lugar. Se aferró a la mano sin vida de Bruno y se quedó sosteniéndola, sin saber cuánto tiempo pasaría hasta que decidiera moverse.
No percibió que el grupo estaba a su alrededor hasta que Irupé no se inclinó cerca de él.

IRUPE: Joseph... Tenemos que irnos.
JOSEPH: Me quedaré aquí a esperar a la ambulancia. Alguien se lo tiene que llevar.
IRUPE: De acuerdo. Iremos a dar aviso a la policía local.

Está devastado.
En ese momento, dejó de entender cómo funciona el mundo ni sus reglas.
Irupé se incorpora pero otra persona ocupa su lugar.

IGNACIO: Puedo quedarme contigo a esperar, si quieres.

Joseph asiente.

JOSEPH: Lo conocí gracias a ti.
IGNACIO: Así que algo bueno salió de tu secuestro.
JOSEPH: Y volvió aquí por tu culpa.
IGNACIO: Vamos, Joseph, sabes que eso no es así.

Tiene razón. No es así.

JOSEPH: Él quiso salvarlo... Al otro chico, al que amaba. Dio su vida por él, pero fue en vano.

Cerca de ellos, otra persona se acerca pero le habla directamente a Ignacio.

DAMIEN: Pararemos a informar a la policía. Luego pueden encontrarnos en la casa de Theo. ¿Sabes dónde es?
IGNACIO: Sí. Sabremos cómo llegar.

El grupo se comienza a marchar.
Escucha a Celina tararear una canción mientras se marcha.
La música, también le suena lejana.

JOSEPH: No entiendo cómo puede cantar después de todo lo que sucedió.

MOMENTO MUSICAL

Irupé, Celina, Virginia, Damien, Germán y Fabián se marchan del campamento abandonado con los primeros rayos del sol.
Sentados alrededor del cuerpo de Bruno, Ignacio y Joseph quedan contemplando el lugar.



IRUPE:
Si cada hora viene con su muerte
y el tiempo era una cueva de ladrones.
GERMAN:
Los aires ya no son tan buenos aires.
La vida es nada más que un blanco móvil.
AMBOS:
Y usted preguntará por qué cantamos.

CELINA:
Si los nuestros quedaron sin abrazo.
La Patria casi muerta de tristeza.
IGNACIO:
El corazón del hombre se hizo añicos
antes de que estallara la vergüenza.
AMBOS:
Y usted preguntará por qué cantamos.

IRUPE:
Cantamos porque el río está sonando
y cuando suena el río, suena el río.
FABIAN:
Cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino.
CELINA:
Cantamos porque el grito y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo.
DAMIEN:
Cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos.

VIRGINIA:
Si fuimos lejos como un horizonte
y atrás quedaron árboles y cielos.
DAMIEN:
Si cada noche siempre era una ausencia
y cada despertar un desencuentro.
AMBOS:
Usted preguntará por qué cantamos.

GERMAN:
Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida.
DAMIEN:
Y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga cenizas.
IRUPE:
Cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca.
CELINA:
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.
VIRGINIA:
Cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta.

IRUPÉ

Irupé va con una muy furiosa Virginia en el auto y con una muy soñolienta Celina.

IRUPE: Antes de que emprendas el viaje para ir a ver a tu ex novio, tenemos que rescatar a Fernando. ¿Recuerdas que te conté que un demonio lo tiene? Bueno, es muy probable que lo siga teniendo.
VIRGINIA: Creo que si tú perdiste a Fernando, es tu deber encontrarlo.
IRUPE: Espera, ¿qué?
VIRGINIA: No puedo pensar en rescatarlo en este momento. Estoy agotada. Mi hermana es una psicópata que asesinó a todo un campamento y estaba peligrosamente relacionada con Hernán. Tengo mi cupo de preocupaciones completo. No puedo solucionarles la vida siempre.

Irupé está a punto de golpearla en la cabeza.

IRUPE: ¡¿Qué clase de soluciones le das a nuestra vida si estamos en medio de este lío por tu culpa?! ¡Es tu novio y tu hermana!
VIRGINIA: ¿Entiendes por qué no puedo preocuparme de nada más?

Irupé pone los ojos en blanco. Celina decide intervenir antes de que haya una nueva masacre.

CELINA: (a Irupé) ¿No habías conseguido ayuda?
IRUPE: Sí. Del hombre de los ojos saltones. El nigromante. Tengo el amuleto que me pidió.
CELINA: Entonces aceptemos esa ayuda. Vamos a dejárselo. (a Virginia) ¿Puedes llevarnos hasta allí o eso también te representa una responsabilidad con la que no puedes lidiar?
VIRGINIA: Puedo llevarlas, claro.

DAMIEN

Estaciona el auto de Fernando.
Desciende en la casa de Theo en compañía de Germán y Fabián.

FABIAN: Lo bueno de explicar en la policía que un demonio mató a una persona, es que en este pueblo no te acusan de mentir. De hecho, me sorprende con la naturalidad que se tomó la situación.
GERMAN: Deben estar acostumbrados.

A la distancia, ven el auto de Virginia acercándose.

DAMIEN: Qué extraño. Demoraron más que nosotros. Y eso que nosotros hicimos la parada en la comisaría.
FABIAN: Más extraño es que solamente esté llegando Virginia sola.

Esperan a que el auto estacione.
La chica desciende, con su mejor rostro de cansancio.

DAMIEN: ¿Qué hiciste con las chicas?
VIRGINIA: No hice nada con ellas. Me pidieron que las deje en la casa de Cóndor para ver si podían rescatar a Fernando.
DAMIEN: ¿Y las dejaste sola?
VIRGINIA: Ya están grandes. No soy su niñera.

Damien no responde nada más.
Ingresan a la casa de Theo.
El hombre está en medio de un living destrozado, apreciando el lugar con absoluta tranquilidad.

THEO: Intuyo que el demonio logró engañarlos e ingresó a casa.

CELINA

Intenta que no se perciba lo feo que le parece el hombre que sale a la luz de esa pocilga.
El tal Cóndor es un hombre feo de ojos grandes, tan delgado que parece cadavérico.
Celina no podría distinguir si es todavía joven o acaso anda cerca de los 80 años.

CONDOR: Señoritas.
IRUPE: Traje lo que me pediste.

Los ojos del hombre se abren de par en par.

CONDOR: ¿Theo te lo permitió?
IRUPE: No. Se lo robé. Anoche estaba meditando y todavía no vuelvo a casa. ¿Se enojará mucho conmigo?
CONDOR: Theo no se enoja con las personas. Pero seguramente no le causará gracia que me des esto.

Irupé saca de su bolsillo el talismán en forma de calavera.

CELINA: Vas a devolvernos a nuestro amigo, ¿no?
CONDOR: Haré lo posible. Si está vivo, puedo hacer que el demonio que lo tiene lo libere. Si ya está muerto, me será incluso más fácil que vuelva con ustedes.
IRUPE: Preferiríamos que esté con vida. No es que muerto nos sirva de mucho. Vivo tampoco, pero se lo debo.
CELINA: Deja de culparte, Irupé. El demonio jugó con tu mente. Podría haber sido Jaime de verdad.

Irupé ignora el consuelo.
Cóndor extiende su mano, palma al cielo, para recibir el amuleto prometido.
Ella se lo da.

VIRGINIA

Está de un humor de perros, pero se ve obligada a permanecer tranquila ante el anfitrión.
Después de todo, quiere darse una ducha antes de emprender el viaje.

VIRGINIA: El demonio que te acosaba se hizo pasar por el marido de Irupé. Así fue como ella creyó que era él.

Theo asiente. No está enojado ni preocupado.
La calma que emana es más estresante aún.

THEO: Debí imaginar que jugaría con lo profundo de sus mentes. ¿Hay algún herido?
VIRGINIA: Secuestró a Fernando, nuestro amigo. Pero Irupé encontró la forma de ayudarlo.
THEO: ¿Cómo?
VIRGINIA: Con otro de tus amigos. Un tal Cóndor.
DAMIEN: El de los ojos saltones.

Esta vez, la expresión de Theo cambia automáticamente.

THEO: ¿Cómo llegaron a Cóndor?
DAMIEN: Por la foto que tienes en la repisa. Buscamos alguna información sobre alguno de los miembros de la imagen. Dimos con Cóndor. Nos explicó sobre el demonio, lo cual no sirvió de mucho porque Irupé le abrió la puerta igual. Pero ella volvió a recurrir a él cuando el demonio secuestró a Fernando.
VIRGINIA: En estos momentos están en la casa de él.

Theo se altera aun más todavía.
Virginia siente una suerte de satisfacción al ver que rompió con su temple budista.
El hombre calmo corre hacia una de sus estanterías.

THEO: No, no, no, no, no. No puede ser.
VIRGINIA: También nos contó que le pidió un amuleto que tú tenías para poder rescatar a Fernando.

Theo quiere gritar. Virginia lo percibe.
No obstante, respira profundo.

THEO: No era un amuleto. Era una llave. Theo estaba encerrado en su casa mediante un conjuro.

Virginia siente el peso de sus palabras.
Esta vez, es ella la que vuelve a sentir escalofríos.

VIRGINIA: Pero iba a ayudarlas...
THEO: Los engañó.

IRUPE

Fue instantáneo.
Apenas las huesudas manos de Cóndor tomaron el amuleto, un frío que le congeló hasta los huesos la atravesó.
Levanta la mirada al cielo.
¿Esas nubes negras siempre estuvieron ahí?
Se vuelve a mirar a Cóndor y su escalofrío aumenta.
El hombre sonríe.
Puede ver automáticamente la maldad personificada.
Y puede concluir que ha cometido un error.

IRUPE: Pero ¿qué demonios...?

Un viento la eleva y la tira por los aires.
Vio que con Celina pasó lo mismo pero en la dirección opuesta.
Las chicas caen en ambos extremos del jardín de la casa.

CONDOR: Finalmente.

Cóndor camina.
Y su estampa, en cada paso que da, se va transformando.
Su ropa ajetreada comienza a recomponerse.
Las costuras se cierran. Los hilos se bordan solos.
Ahora Irupé puede ver que utiliza una túnica negra.
Una túnica negra con capucha que Cóndor se coloca sobre la cabeza.
Y el frío.
Es tan poderoso que le hiela la sangre.
Sale de la casa y toma rumbo hacia la izquierda, como si las dos muchachas nunca hubieran ido hasta allí.
Irupé se incorpora y va hacia Celina.

IRUPE: ¡¿Qué he hecho?!

Celina se pone de pie.
Ambas salen del jardín de Cóndor y llegan a la vereda.
El hombre sigue su camino, tranquilo, en medio de una tormenta que se desata en el cielo.

CELINA: No sé qué hiciste, pero déjame decirte algo.
IRUPE: Acepto lo que sea.
CELINA: Al menos, no fue mi culpa.

JOSEPH

IGNACIO: ¿Qué es este clima?

Había olvidado que Ignacio estaba con él.
En un primer momento, no entiende a qué hace referencia. Pero cuando se gira a mirarlo, lo observa contemplando el cielo.
Una tormenta.
De la nada, hay una tormenta en Bahía Ausente.

JOSEPH: Supongo que el clima es un poco loco aquí también.
IGNACIO: No creo que sea natural.
JOSEPH: ¿Tú crees que no?

Está harto del mundo sobrenatural.
Hay una persona muerta frente a él por ese mundo.

IGNACIO: Creo que es mejor si buscamos un refugio. La policía no debe tardar en aparecer.
JOSEPH: No quiero dejar a Bruno solo.
IGNACIO: Joseph, por favor. Él ya no está.

Sabe que Ignacio tiene razón.
Le hubiera gustado que lo bese para obligarlo a moverse.
Recién al intentar incorporarse se da cuenta que parte de todo su cuerpo está dormido.
Echa un vistazo a Bruno por última vez.
Fue entonces cuando los ojos del hombre se abren.
Pero en lugar de sus ojos tranquilos, hay un iris blanco. Su expresión es de furia e incomprensión.

JOSEPH: ¡¿Qué diablos...?!

Bruno lo toma del cuello en un movimiento tan veloz que Joseph no puede evitarlo.
Y aprieta.
Lo está asfixiando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario