FABIAN
Fabián, Valeria, Bruno, Lucas
y Julio descienden del automóvil.
Un perro pequeño pero chillón
los saluda a ladridos intensos, sin dejar de mover su cola.
BRUNO: Es mejor un perro que
una arpía.
La puerta de la estancia se
abre.
Una mujer rubia sale a
recibirlos con una sonrisa.
BRUNO: Hola, Helen. Soy Bruno.
Nos conocimos ayer.
FABIAN: No lo hicieron.
HELEN: Te recuerdo. ¿En qué
puedo ayudarlos hoy?
Bruno señala a Valeria.
BRUNO: Ella quería conocerte.
Valeria, expuesta, da un paso
hacia el frente.
VALERIA: Buenos días, Helen.
Mi nombre es Valeria. Mis amigos me contaron cómo los salvaste de las arpías
ayer.
HELEN: Es lo que hubiera hecho
cualquiera en mi lugar.
VALERIA: No podemos asegurar eso.
Quería conocerte porque me interesa charlar contigo sobre tu visión de las
cosas que suceden en Bahía Ausente y su alrededor.
HELEN: ¿Cuál visión
específicamente? No te ofendas, pero tu preámbulo suena a un discurso político.
VALERIA: No me ofende porque
es como debe sonar. Quiero que el gobierno nos escuche. No podemos negar que esto
está pasando y alguien tiene que hacer algo. En estos días, el pueblo se
convirtió en un infierno de monstruos y seres de otros mundos.
Helen tuerce la boca.
Algo en Valeria no le gusta,
es lo que puede percibir Fabián.
Helen repara en él, como si
recién percibiera que está presente allí.
HELEN: Supongo que tú viniste
por tu amigo, ¿no?
Fabián siente un enorme alivio
al escuchar la pregunta.
FABIAN: Entonces tú sí puedes
recordarlo.
IRUPE
Si visitar la casa de Cóndor
en compañía de Fernando y Damien le había resultado escalofriante, volver sola
al día siguiente le resultaba aún peor.
El hombre de los ojos saltones
tenía una amplia capacidad de expresión para el drama en cuanto ella le contó
la historia.
CONDOR: Lo único que tenías
que hacer era no abrir la puerta entre la medianoche y las 3 de la mañana.
IRUPE: ¡Mi marido se estaba
desangrando afuera! En ese momento no barajé la posibilidad de que no fuera
real. No importa las veces que Fernando intentó decírmelo. Pero, ¿sabes qué?
Esto es bueno, porque podemos comprobar que Jaime, después de todo, me importa.
CONDOR: ¿Eso es lo que sacas
de beneficio? ¡Un chico fue secuestrado por un demonio vengativo!
IRUPE: Hay personas que nos
gusta mirar el vaso medio lleno.
Cóndor se tira sobre su sofá y
una nube de polvo se levanta con el movimiento.
Irupé prefiere continuar de
pie, sin entrar en contacto con nada.
IRUPE: Nos dijiste que de los
cuatro chicos de la foto, solamente tú y Theo salieron con vida. El demonio que
apareció anoche parecía no muerto.
CONDOR: No muerto no es lo
mismo que estar vivo.
IRUPE: Dejémonos de juegos de
palabras, Cóndor. ¿Quién es y cómo puedo destruirlo?
Cóndor enciende un cigarrillo.
A juzgar por el gesto que
hace, Irupé llega a la conclusión de que hace tiempo que no fuma.
CONDOR: Éramos jóvenes,
sumamente ansiosos de las artes oscuras. Estábamos fascinados por el mundo que
nos ofrecía Calabozos y Dragones.
IRUPE: No sé qué es eso.
CONDOR: El mundo antes de Game
of Thrones.
IRUPE: Ah, ya, continúa.
CONDOR: Obsesionados,
comenzamos a perseguir esa meta. Nos asesoramos con chamanes, brujas locales,
curanderos. Visitamos a cada persona que tenía alguna clase de relación con lo
sobrenatural. Finalmente, dimos con una pitonisa. Nos dio consejos prácticos para
que cobren vida todas esas ilusiones de chicos raros que éramos. Pero algo
salió mal.
IRUPE: Suena a un plan que
saldría mal.
CONDOR: Theo consiguió la
habilidad de visitar el pasado. Cualquier evento. Sus únicas limitaciones eran
que no podía alterar nada y que todo lo que viviera tenía que ser reducido en
el terreno donde sucedió.
IRUPE: Por eso envió a los
chicos al Campamento. ¿Ellos están en el pasado y nosotros seguimos en el
presente?
CONDOR: Exacto. Yo conseguí el
poder de la Nicromancia. Puedo controlar a los muertos.
Irupé parpadea pero no dice
nada.
IRUPE: Interesante.
CONDOR: No luces sorprendida.
IRUPE: Estoy aterrorizada.
CONDOR: Guido, el demonio que
viste, no logró ningún poder que en ese momento hayamos podido percibir. Con
Theo pensamos que tenía la cabeza en otra cosa y por eso no pude desarrollar
ninguna habilidad, pese a que había realizado el mismo ritual que nosotros. Lo
había hecho, nada más que en ese entonces nosotros no lo sabíamos.
IRUPE: Y que él no
desarrollara poderes, ¿no les pareció raro?
CONDOR: Al final terminamos
pensando que fue lo mejor. Nuestro cuarto amigo se llevó la peor parte del
experimento.
IRUPE: ¿Por qué? ¿Qué le pasó
a él?
CONDOR: Se convirtió en un
Recolector.
IRUPE: ¿Qué es un Recolector?
Debes dejar de decirme frases misteriosas y asumir que voy a saber de qué me
hablas.
CONDOR: Un Recolector es un
ente que atrapa a criaturas mágicas a beneficios de otros. Son secuestradores
que sirven a uno o a diferentes seres sobrenaturales. Bueno, nuestro amigo Tari
se convirtió en un insecto de las carreteras.
JOSEPH
Joseph no entiende.
Ni quién es Valeria, ni por
qué es idéntica a Virginia ni por qué Bruno jura que fue la que mató a todo el
campamento.
JOSEPH: Bruno, mis amigos
están en Bahía Ausente en este momento. Fueron a buscar un libro. Un libro
antiguo que habla de monstruos y hechizos.
BRUNO: El Compendio de Lucas.
Joseph se estremece al saber
que Bruno sabe lo que está hablando.
JOSEPH: ¿Sabes qué es?
BRUNO: Sí, sé lo que es aunque
nunca lo leí. Era complicado entenderlo. No volví a ver ese libro después de la
masacre. Creo que alguien se lo llevó aunque no sé quién.
JOSEPH: Ni para qué.
La historia es peor de lo que
pensaba.
JOSEPH: El hombre que me tenía
secuestrado iba detrás de mis amigos. También estaba buscando ese libro. Y creo
que todos corren riesgo si él los llega a encontrar.
BRUNO: ¿Qué quieres que
hagamos?
Joseph no se anima a pedirlo.
En otro momento de su vida,
jamás lo hubiera hecho. Pero son tiempos desesperados.
JOSEPH: Quiero ir a Bahía
Ausente. Necesito detener a Ignacio antes que le haga daño a los demás, si es
que no es demasiado tarde.
Bruno asiente.
BRUNO: Bueno, a pelear otra
vez.
IRUPE
Irupé se mueve, incómoda, pero
no hay lugar limpio en la casa de Cóndor donde podría sentarse.
IRUPE: Entonces, Guido no
logró ninguna habilidad en ese momento...
CONDOR: La logró. Nosotros no
supimos cuál es. Y aquí es donde la historia adquiere tintes melodramáticos.
IRUPE: ¿Recién aquí? Toda la
historia de Theo es un melodrama.
CONDOR: Guido estaba enamorado
de la novia de Theo, Lorena. Y para poder verse con ella, se hacía pasar por
él.
IRUPE: ¿Cómo específicamente?
CONDOR: Esa era su habilidad.
Guido podía ser un Cambiapieles.
IRUPE: Oh, ahora es clarísimo.
CONDOR: Un Cambiapieles puede
hacerse pasar por otra persona. Por eso, torturaba a Theo fuera de su casa
disfrazado de ella. O te engañó a ti haciéndose pasar por tu marido.
IRUPE: ¿Sabes? Cuando dices
que me engañó, me haces quedar como una tonta.
CONDOR: No has demostrado
muchos signos de inteligencia.
IRUPE: ¿Por qué mejor no
sigues con tu historia antes de que te arranque esos ojos que ocupan más de la
mitad de la sangre que necesitas para vivir?
Cóndor suspira, indiferente a
la amenaza.
CONDOR: Como te decía, Guido
se enamoró de Lorena y se hacía pasar por Theo para poder encontrarse. Nosotros
no lo supimos hasta que fue demasiado tarde. Guido murió en el mismo accidente
que ella.
IRUPE: Por supuesto. Theo
descubrió que la chica estaba con un clon suyo.
CONDOR: No. Cuando lo
encontramos muerto, era Guido nuevamente. Por eso no entendíamos qué hacían
juntos hasta que Theo no fue al pasado a descubrirlo.
IRUPE: Vaya. ¿Y en qué momento
Guido se convierte en un demonio furioso?
Cóndor sonríe.
Es el primer comentario de
Irupé que le causa gracia.
CONDOR: Los conjuros de Theo
no afectan a las personas normales. Puede ir y venir las veces que quiera y
nada extraño sucederá. Pero sí puede alterar a las personas con habilidades. De
alguna manera, ellas se dan cuenta que algo extraño pasa o que están repitiendo
la historia. Incluso, esos viajes en el tiempo pueden alterar algo de su pasado
y modificar su presente. No sucede con todos pero puede suceder.
Cóndor hace una pausa y
enciende otro cigarrillo. Irupé siente que ya le pesan las piernas pero sigue
sin tener ganas de tomar asiento.
CONDOR: Theo se obsesionó con
Lorena, como te conté. Volvía casi cada día para verla y hablar con ella.
Repetía diversos días, diversos aniversarios, diversos momentos. Pero se
obsesionó con el día de su muerte, intentando por todos los medios cambiar el
destino.
IRUPE: Supongo que no
funcionó.
CONDOR: No, no funcionó. Pero
el día de su muerte tuvo mucha influencia la presencia de Guido, como te darás
cuenta. Y él sí era un ser con poderes que comenzó a darse cuenta de lo que
sucedía. Comenzó a buscar soluciones para no morir.
IRUPE: Dios mío. ¿Puede hacer
eso?
CONDOR: Puede. Incluso
contactó conmigo. Con el Cóndor del pasado para que lo traiga al regreso al
mundo de los vivos.
IRUPE: Imagino que dijiste que
no.
Cóndor sonríe, con cierta
tristeza.
CONDOR: Bueno, fue otra de las
cosas que salieron mal.
GERMAN
Germán no puede evitar sonreír
cuando ve a Fabián entrar por la puerta de su habitación.
Se entusiasma y quiere
abrazarlo, pero los dos son sumamente toscos a la hora de demostrar un poco de
afecto, así que el intento queda en la nada.
GERMAN: Pensé que se habían
olvidado de mí.
FABIAN: No. Bueno, al menos yo
no te olvidé. Tus amigos del pasado parece que lo hicieron.
GERMAN: ¿Qué quieres decir?
Vinieron por mí, ¿no?
FABIAN: No, vinieron por
Helen.
Fabián se asoma a la puerta de
la habitación. Puede apreciar que el resto del grupo está reunido en la sala y
Helen tiene el Compendio en sus manos.
Cierra la puerta.
FABIAN: A estos chicos se le
borra la memoria al día siguiente. El curso de la historia continuó como si
nuestra interrupción no hubiera ocurrido. Después de todo, no te olvides que
estamos ante un pasado que no podemos cambiar, así que es un poco confuso pero
no es del todo raro.
Germán analiza unos segundos
las palabras de Fabián.
GERMAN: Bueno, con Helen no es
así.
FABIAN: ¿A qué te refieres?
GERMAN: Ella me dijo que
ustedes vendrían porque ya ha vivido esta historia un par de veces antes. Creo
que no somos los únicos a los que Theo ha transportados a estos días.
FABIAN: Pero significa que
ella recuerda todas las veces que ha vivido el mismo día. ¿Crees que fuera
posible?
GERMAN: No lo sé, Fabián, no
entiendo nada de lo que está pasando. Sólo te repito lo que ella me dijo. Te
dejo la parte del análisis a ti.
FABIAN: Tampoco puedo analizar
mucho. Vamos a la cocina con los demás. Helen entró en contacto con el
Compendio y al menos tenemos que vigilar si ella se lo quedó en su poder
después de que este día termine.
Germán asiente.
Un poco adolorido todavía, se
incorpora para salir en compañía de Fabián.
IRUPE
Irupé está más inquieta que
antes.
El demonio que secuestró a
Fernando fue guiado por la ayuda de Cóndor.
IRUPE: Entonces, tú ayudaste a
Guido.
CONDOR: Lo hice. Era mi amigo,
después de todo. Y en ese entonces, desconocía el nivel de locura que manejaba
Theo por revivir el pasado. Lo ayudé.
IRUPE: Pero...
CONDOR: Pero antes de poder
concretar, Theo salió de su encierro y me contó la verdad. No pude retroceder
en mis pasos y Guido quedó atrapado en una especie de limbo. Para que la
transición quedara completa, necesitaba entrar en la casa de Theo a la hora
donde la línea que nos divide de los muertos se vuelve más débil.
IRUPE: Y eso es en lo que
colaboré yo.
CONDOR: Exacto.
IRUPE: Pero si tú puedes
controlar a los muertos y Guido lo está, ¿puedes controlarlo a él y hacer que
devuelva a Fernando?
Cóndor tuerce la boca, lo que
origina que su expresión fuera todavía más fea si es que eso es posible.
CONDOR: Podría intentarlo.
Para eso, necesitaría la ayuda de Theo.
IRUPE: Theo no está disponible
hasta mañana.
CONDOR: Tiene en su poder una
reliquia. Un objeto encantado que me permitiría tener el poder de controlar a
un demonio como Guido. Si puedes traerlo aquí, puedo ayudar a tu amigo.
Irupé desconfía.
Debe haber algún motivo por el
que Theo tiene en su poder una reliquia que en realidad necesita Cóndor.
De todos modos, no tiene
tiempo para jugar a las adivinanzas.
IRUPE: ¿Qué clase de reliquia
es?
FABIAN
Fabián ingresa a la cocina
donde está el grupo reunido alrededor de Helen, quien a su vez estudia el libro
de Lucas con interés.
FABIAN: Chicos, ¿recuerdan a
Germán?
El grupo se gira hacia Germán
y sonríe, como si fuera lo normal.
Bruno, incluso, hace un gesto
sonriente con la cabeza y luego vuelve a concentrarse.
GERMAN: No me extrañaron.
FABIAN: No te recuerdan.
Helen levanta la mirada hacia
Lucas, despegando sus ojos de las páginas manuscritas de Lucas.
HELEN: Sabes mucho.
LUCAS: Sólo recopilo
información, tanto de leyendas urbanas como de lo que descubro en otros libros.
HELEN: Oh, ¡eres el chico de
la tienda de libros! Me resultabas familiar. Yo sólo tengo un conocimiento
empírico de las cosas que comencé a notar este último mes. Y he visto cosas de
todo tipo. Tengo la suerte de haber heredado la escopeta de mi padre. Al menos,
contra la arpía, ha sido útil.
BRUNO: Ayer estuvimos a punto
de morir.
LUCAS: A estas alturas, este
grupo utiliza la frase "ayer estuvimos a punto de morir" con la misma
liviandad con la que se dice "tengo que comprar cigarrillos en el
kiosco". Hay cosas que están perdiendo impacto.
HELEN: He asesinado a la
harpía que quiso atacarlos, así que ustedes ya no corren ningún peligro.
VALERIA: ¿Y qué hubiera pasado
si no lo hubieras hecho? ¿Bruno y Ángel continuarían en peligro? ¿Esas bestias
podrían ir a buscarlo?
Helen medita unos segundos la
respuesta.
HELEN: Creo que sí. Si bien la
mayoría del tiempo custodian, las he visto salir del predio. Son cazadoras.
Además, se basan en el olfato. Así que es probable que si no las hubiéramos
matado, hubieran ido a buscarlos tarde o temprano.
Fabián mira a Germán, quien
parece estar aliviado de que la arpía que los atacó ya esté muerta.
VALERIA: Bien, Helen. Necesito
encontrar una arpía y que ambas sobrevivamos al primer encuentro.
Todos miraron a Valeria con
los ojos desorbitados.
FABIAN: ¿Qué? ¿Para qué?
LUCAS: Valeria, ¿qué piensas
hacer?
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