jueves, 3 de enero de 2019

Chapter 56


FABIAN


Fabián, Valeria, Bruno, Lucas y Julio descienden del automóvil.
Un perro pequeño pero chillón los saluda a ladridos intensos, sin dejar de mover su cola.

BRUNO: Es mejor un perro que una arpía.

La puerta de la estancia se abre.
Una mujer rubia sale a recibirlos con una sonrisa.

BRUNO: Hola, Helen. Soy Bruno. Nos conocimos ayer.
FABIAN: No lo hicieron.
HELEN: Te recuerdo. ¿En qué puedo ayudarlos hoy?

Bruno señala a Valeria.

BRUNO: Ella quería conocerte.

Valeria, expuesta, da un paso hacia el frente.

VALERIA: Buenos días, Helen. Mi nombre es Valeria. Mis amigos me contaron cómo los salvaste de las arpías ayer.
HELEN: Es lo que hubiera hecho cualquiera en mi lugar.
VALERIA: No podemos asegurar eso. Quería conocerte porque me interesa charlar contigo sobre tu visión de las cosas que suceden en Bahía Ausente y su alrededor.
HELEN: ¿Cuál visión específicamente? No te ofendas, pero tu preámbulo suena a un discurso político.
VALERIA: No me ofende porque es como debe sonar. Quiero que el gobierno nos escuche. No podemos negar que esto está pasando y alguien tiene que hacer algo. En estos días, el pueblo se convirtió en un infierno de monstruos y seres de otros mundos.

Helen tuerce la boca.
Algo en Valeria no le gusta, es lo que puede percibir Fabián.
Helen repara en él, como si recién percibiera que está presente allí.

HELEN: Supongo que tú viniste por tu amigo, ¿no?

Fabián siente un enorme alivio al escuchar la pregunta.

FABIAN: Entonces tú sí puedes recordarlo.

IRUPE

Si visitar la casa de Cóndor en compañía de Fernando y Damien le había resultado escalofriante, volver sola al día siguiente le resultaba aún peor.
El hombre de los ojos saltones tenía una amplia capacidad de expresión para el drama en cuanto ella le contó la historia.

CONDOR: Lo único que tenías que hacer era no abrir la puerta entre la medianoche y las 3 de la mañana.
IRUPE: ¡Mi marido se estaba desangrando afuera! En ese momento no barajé la posibilidad de que no fuera real. No importa las veces que Fernando intentó decírmelo. Pero, ¿sabes qué? Esto es bueno, porque podemos comprobar que Jaime, después de todo, me importa.
CONDOR: ¿Eso es lo que sacas de beneficio? ¡Un chico fue secuestrado por un demonio vengativo!
IRUPE: Hay personas que nos gusta mirar el vaso medio lleno.

Cóndor se tira sobre su sofá y una nube de polvo se levanta con el movimiento.
Irupé prefiere continuar de pie, sin entrar en contacto con nada.

IRUPE: Nos dijiste que de los cuatro chicos de la foto, solamente tú y Theo salieron con vida. El demonio que apareció anoche parecía no muerto.
CONDOR: No muerto no es lo mismo que estar vivo.
IRUPE: Dejémonos de juegos de palabras, Cóndor. ¿Quién es y cómo puedo destruirlo?

Cóndor enciende un cigarrillo.
A juzgar por el gesto que hace, Irupé llega a la conclusión de que hace tiempo que no fuma.

CONDOR: Éramos jóvenes, sumamente ansiosos de las artes oscuras. Estábamos fascinados por el mundo que nos ofrecía Calabozos y Dragones.
IRUPE: No sé qué es eso.
CONDOR: El mundo antes de Game of Thrones.
IRUPE: Ah, ya, continúa.
CONDOR: Obsesionados, comenzamos a perseguir esa meta. Nos asesoramos con chamanes, brujas locales, curanderos. Visitamos a cada persona que tenía alguna clase de relación con lo sobrenatural. Finalmente, dimos con una pitonisa. Nos dio consejos prácticos para que cobren vida todas esas ilusiones de chicos raros que éramos. Pero algo salió mal.
IRUPE: Suena a un plan que saldría mal.
CONDOR: Theo consiguió la habilidad de visitar el pasado. Cualquier evento. Sus únicas limitaciones eran que no podía alterar nada y que todo lo que viviera tenía que ser reducido en el terreno donde sucedió.
IRUPE: Por eso envió a los chicos al Campamento. ¿Ellos están en el pasado y nosotros seguimos en el presente?
CONDOR: Exacto. Yo conseguí el poder de la Nicromancia. Puedo controlar a los muertos.

Irupé parpadea pero no dice nada.

IRUPE: Interesante.
CONDOR: No luces sorprendida.
IRUPE: Estoy aterrorizada.
CONDOR: Guido, el demonio que viste, no logró ningún poder que en ese momento hayamos podido percibir. Con Theo pensamos que tenía la cabeza en otra cosa y por eso no pude desarrollar ninguna habilidad, pese a que había realizado el mismo ritual que nosotros. Lo había hecho, nada más que en ese entonces nosotros no lo sabíamos.
IRUPE: Y que él no desarrollara poderes, ¿no les pareció raro?
CONDOR: Al final terminamos pensando que fue lo mejor. Nuestro cuarto amigo se llevó la peor parte del experimento.
IRUPE: ¿Por qué? ¿Qué le pasó a él?
CONDOR: Se convirtió en un Recolector.
IRUPE: ¿Qué es un Recolector? Debes dejar de decirme frases misteriosas y asumir que voy a saber de qué me hablas.
CONDOR: Un Recolector es un ente que atrapa a criaturas mágicas a beneficios de otros. Son secuestradores que sirven a uno o a diferentes seres sobrenaturales. Bueno, nuestro amigo Tari se convirtió en un insecto de las carreteras.

JOSEPH

Joseph no entiende.
Ni quién es Valeria, ni por qué es idéntica a Virginia ni por qué Bruno jura que fue la que mató a todo el campamento.

JOSEPH: Bruno, mis amigos están en Bahía Ausente en este momento. Fueron a buscar un libro. Un libro antiguo que habla de monstruos y hechizos.
BRUNO: El Compendio de Lucas.

Joseph se estremece al saber que Bruno sabe lo que está hablando.

JOSEPH: ¿Sabes qué es?
BRUNO: Sí, sé lo que es aunque nunca lo leí. Era complicado entenderlo. No volví a ver ese libro después de la masacre. Creo que alguien se lo llevó aunque no sé quién.
JOSEPH: Ni para qué.

La historia es peor de lo que pensaba.

JOSEPH: El hombre que me tenía secuestrado iba detrás de mis amigos. También estaba buscando ese libro. Y creo que todos corren riesgo si él los llega a encontrar.
BRUNO: ¿Qué quieres que hagamos?

Joseph no se anima a pedirlo.
En otro momento de su vida, jamás lo hubiera hecho. Pero son tiempos desesperados.

JOSEPH: Quiero ir a Bahía Ausente. Necesito detener a Ignacio antes que le haga daño a los demás, si es que no es demasiado tarde.

Bruno asiente.

BRUNO: Bueno, a pelear otra vez.

IRUPE

Irupé se mueve, incómoda, pero no hay lugar limpio en la casa de Cóndor donde podría sentarse.

IRUPE: Entonces, Guido no logró ninguna habilidad en ese momento...
CONDOR: La logró. Nosotros no supimos cuál es. Y aquí es donde la historia adquiere tintes melodramáticos.
IRUPE: ¿Recién aquí? Toda la historia de Theo es un melodrama.
CONDOR: Guido estaba enamorado de la novia de Theo, Lorena. Y para poder verse con ella, se hacía pasar por él.
IRUPE: ¿Cómo específicamente?
CONDOR: Esa era su habilidad. Guido podía ser un Cambiapieles.
IRUPE: Oh, ahora es clarísimo.
CONDOR: Un Cambiapieles puede hacerse pasar por otra persona. Por eso, torturaba a Theo fuera de su casa disfrazado de ella. O te engañó a ti haciéndose pasar por tu marido.
IRUPE: ¿Sabes? Cuando dices que me engañó, me haces quedar como una tonta.
CONDOR: No has demostrado muchos signos de inteligencia.
IRUPE: ¿Por qué mejor no sigues con tu historia antes de que te arranque esos ojos que ocupan más de la mitad de la sangre que necesitas para vivir?

Cóndor suspira, indiferente a la amenaza.

CONDOR: Como te decía, Guido se enamoró de Lorena y se hacía pasar por Theo para poder encontrarse. Nosotros no lo supimos hasta que fue demasiado tarde. Guido murió en el mismo accidente que ella.
IRUPE: Por supuesto. Theo descubrió que la chica estaba con un clon suyo.
CONDOR: No. Cuando lo encontramos muerto, era Guido nuevamente. Por eso no entendíamos qué hacían juntos hasta que Theo no fue al pasado a descubrirlo.
IRUPE: Vaya. ¿Y en qué momento Guido se convierte en un demonio furioso?

Cóndor sonríe.
Es el primer comentario de Irupé que le causa gracia.

CONDOR: Los conjuros de Theo no afectan a las personas normales. Puede ir y venir las veces que quiera y nada extraño sucederá. Pero sí puede alterar a las personas con habilidades. De alguna manera, ellas se dan cuenta que algo extraño pasa o que están repitiendo la historia. Incluso, esos viajes en el tiempo pueden alterar algo de su pasado y modificar su presente. No sucede con todos pero puede suceder.

Cóndor hace una pausa y enciende otro cigarrillo. Irupé siente que ya le pesan las piernas pero sigue sin tener ganas de tomar asiento.

CONDOR: Theo se obsesionó con Lorena, como te conté. Volvía casi cada día para verla y hablar con ella. Repetía diversos días, diversos aniversarios, diversos momentos. Pero se obsesionó con el día de su muerte, intentando por todos los medios cambiar el destino.
IRUPE: Supongo que no funcionó.
CONDOR: No, no funcionó. Pero el día de su muerte tuvo mucha influencia la presencia de Guido, como te darás cuenta. Y él sí era un ser con poderes que comenzó a darse cuenta de lo que sucedía. Comenzó a buscar soluciones para no morir.
IRUPE: Dios mío. ¿Puede hacer eso?
CONDOR: Puede. Incluso contactó conmigo. Con el Cóndor del pasado para que lo traiga al regreso al mundo de los vivos.
IRUPE: Imagino que dijiste que no.

Cóndor sonríe, con cierta tristeza.

CONDOR: Bueno, fue otra de las cosas que salieron mal.

GERMAN

Germán no puede evitar sonreír cuando ve a Fabián entrar por la puerta de su habitación.
Se entusiasma y quiere abrazarlo, pero los dos son sumamente toscos a la hora de demostrar un poco de afecto, así que el intento queda en la nada.

GERMAN: Pensé que se habían olvidado de mí.
FABIAN: No. Bueno, al menos yo no te olvidé. Tus amigos del pasado parece que lo hicieron.
GERMAN: ¿Qué quieres decir? Vinieron por mí, ¿no?
FABIAN: No, vinieron por Helen.

Fabián se asoma a la puerta de la habitación. Puede apreciar que el resto del grupo está reunido en la sala y Helen tiene el Compendio en sus manos.
Cierra la puerta.

FABIAN: A estos chicos se le borra la memoria al día siguiente. El curso de la historia continuó como si nuestra interrupción no hubiera ocurrido. Después de todo, no te olvides que estamos ante un pasado que no podemos cambiar, así que es un poco confuso pero no es del todo raro.

Germán analiza unos segundos las palabras de Fabián.

GERMAN: Bueno, con Helen no es así.
FABIAN: ¿A qué te refieres?
GERMAN: Ella me dijo que ustedes vendrían porque ya ha vivido esta historia un par de veces antes. Creo que no somos los únicos a los que Theo ha transportados a estos días.
FABIAN: Pero significa que ella recuerda todas las veces que ha vivido el mismo día. ¿Crees que fuera posible?
GERMAN: No lo sé, Fabián, no entiendo nada de lo que está pasando. Sólo te repito lo que ella me dijo. Te dejo la parte del análisis a ti.
FABIAN: Tampoco puedo analizar mucho. Vamos a la cocina con los demás. Helen entró en contacto con el Compendio y al menos tenemos que vigilar si ella se lo quedó en su poder después de que este día termine.

Germán asiente.
Un poco adolorido todavía, se incorpora para salir en compañía de Fabián.

IRUPE

Irupé está más inquieta que antes.
El demonio que secuestró a Fernando fue guiado por la ayuda de Cóndor.

IRUPE: Entonces, tú ayudaste a Guido.
CONDOR: Lo hice. Era mi amigo, después de todo. Y en ese entonces, desconocía el nivel de locura que manejaba Theo por revivir el pasado. Lo ayudé.
IRUPE: Pero...
CONDOR: Pero antes de poder concretar, Theo salió de su encierro y me contó la verdad. No pude retroceder en mis pasos y Guido quedó atrapado en una especie de limbo. Para que la transición quedara completa, necesitaba entrar en la casa de Theo a la hora donde la línea que nos divide de los muertos se vuelve más débil.
IRUPE: Y eso es en lo que colaboré yo.
CONDOR: Exacto.
IRUPE: Pero si tú puedes controlar a los muertos y Guido lo está, ¿puedes controlarlo a él y hacer que devuelva a Fernando?

Cóndor tuerce la boca, lo que origina que su expresión fuera todavía más fea si es que eso es posible.

CONDOR: Podría intentarlo. Para eso, necesitaría la ayuda de Theo.
IRUPE: Theo no está disponible hasta mañana.
CONDOR: Tiene en su poder una reliquia. Un objeto encantado que me permitiría tener el poder de controlar a un demonio como Guido. Si puedes traerlo aquí, puedo ayudar a tu amigo.

Irupé desconfía.
Debe haber algún motivo por el que Theo tiene en su poder una reliquia que en realidad necesita Cóndor.
De todos modos, no tiene tiempo para jugar a las adivinanzas.

IRUPE: ¿Qué clase de reliquia es?

FABIAN

Fabián ingresa a la cocina donde está el grupo reunido alrededor de Helen, quien a su vez estudia el libro de Lucas con interés.

FABIAN: Chicos, ¿recuerdan a Germán?

El grupo se gira hacia Germán y sonríe, como si fuera lo normal.
Bruno, incluso, hace un gesto sonriente con la cabeza y luego vuelve a concentrarse.

GERMAN: No me extrañaron.
FABIAN: No te recuerdan.

Helen levanta la mirada hacia Lucas, despegando sus ojos de las páginas manuscritas de Lucas.

HELEN: Sabes mucho.
LUCAS: Sólo recopilo información, tanto de leyendas urbanas como de lo que descubro en otros libros.
HELEN: Oh, ¡eres el chico de la tienda de libros! Me resultabas familiar. Yo sólo tengo un conocimiento empírico de las cosas que comencé a notar este último mes. Y he visto cosas de todo tipo. Tengo la suerte de haber heredado la escopeta de mi padre. Al menos, contra la arpía, ha sido útil.
BRUNO: Ayer estuvimos a punto de morir.
LUCAS: A estas alturas, este grupo utiliza la frase "ayer estuvimos a punto de morir" con la misma liviandad con la que se dice "tengo que comprar cigarrillos en el kiosco". Hay cosas que están perdiendo impacto.
HELEN: He asesinado a la harpía que quiso atacarlos, así que ustedes ya no corren ningún peligro.
VALERIA: ¿Y qué hubiera pasado si no lo hubieras hecho? ¿Bruno y Ángel continuarían en peligro? ¿Esas bestias podrían ir a buscarlo?

Helen medita unos segundos la respuesta.

HELEN: Creo que sí. Si bien la mayoría del tiempo custodian, las he visto salir del predio. Son cazadoras. Además, se basan en el olfato. Así que es probable que si no las hubiéramos matado, hubieran ido a buscarlos tarde o temprano.

Fabián mira a Germán, quien parece estar aliviado de que la arpía que los atacó ya esté muerta.

VALERIA: Bien, Helen. Necesito encontrar una arpía y que ambas sobrevivamos al primer encuentro.

Todos miraron a Valeria con los ojos desorbitados.

FABIAN: ¿Qué? ¿Para qué?
LUCAS: Valeria, ¿qué piensas hacer?




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