lunes, 7 de enero de 2019

Chapter 58


PABLO

Edgar recostado sobre él se desangraba.
Una herida mágica surgió de su garganta.
Ahora se moría.
Y a Pablo le molesta que se sienta excitado al ver un cuerpo fallecer en sus brazos. Tan débil. Tan vulnerable. Dando sus últimos suspiros en sus manos.

EDGAR: Médico... Llama a un médico...

Pero Pablo no lo hace.
Se queda disfrutando, fascinado, de aquel beso que la muerte le otorga a Edgar.
Ya pensará en qué decir después.

CELINA

Al borde de un colapso nervioso, Celina intenta detener la hemorragia en el cuello de Edgar.
Germán, a su lado, intenta contener el brote de sangre.
Virginia mira a Edgar con indiferencia, como si no hubiera sido ella quien lo hubiera acuchillado.

CELINA: ¡Por Dios, Virginia! ¿Por qué hiciste esto? ¿Fue porque te besó? No, no pudo haber sido por esto. No mataste a Fabricio o a Fernando porque te besaron. Sólo los humillaste moralmente.
VIRGINIA: No me besó a mí. Besó a Margaret.
CELINA: ¡¿Y decidiste ponerte celosa?!
VIRGINIA: Este hombre es el responsable de todo lo que sucede, Celina. Creo que si muere, podemos tener una vida normal.
CELINA: Estoy ocupada manteniendo la garganta de este hombre en el lugar, por lo que en este momento se me vuelve imposible golpearte.
GERMAN: Un conjuro. Podemos probar con un conjuro.

Celina, al borde del llanto, asiente ante la idea de Germán.

CELINA: Intentémoslo.

Alterada, cierra los ojos para poder concentrarse.

CELINA: Que tu herida se cure y te olvides de esto. Vuelve a la normalidad, ser horrible y molesto.

Abre los ojos, esperanzada.
La sangre continúa. La herida no cierra.

CELINA: ¡No funciona! Por Dios, díganme que no desperdicié mi conjuro en Edgar y que, encima, no funcionó.

PABLO

La sangre dejó de salir.
La herida se cerró.
Si no fuera por las manchas de sangre que los rodean, fue como si no hubiera pasado.
Edgar, que hasta hace dos segundos atrás se moría, ahora se sienta como si nada.
Ni siquiera está confundido. Está animado.

EDGAR: ¿Qué pasó?
PABLO: Ojalá pudiera explicártelo. Simplemente tu garganta se cortó al medio.

Edgar analiza lo que Pablo le dice, pero luego se encoje en hombros.

EDGAR: Seguramente alguien intenta matarme. Qué mala suerte, pero no les daré el gusto de morir. Bueno, teníamos que intentar atrapar a mi hijo. ¿Vamos?

Pablo asiente.
Para cuando se levanta del piso también, dejó de estar excitado.

FABIAN

No puede evitar el rostro de sorpresa ante la imagen que tiene frente a sí.
Germán, Virginia y la chica que lo rechazó están alrededor del cuerpo desangrado de Edgar.

FABIAN: ¿Qué demonios...?
CELINA: ¡Virginia le cortó la garganta!

Fabián mira a Virginia.
Para haber apuñalado a alguien, la chica parece estar perfectamente bien.

GERMAN: Celina intentó revertirlo con un conjuro pero no funcionó.
FABIAN: No va a funcionar. No podemos alterar el pasado.

Celina deja de gimotear al escuchar eso.

VIRGINIA: ¿Qué significa eso entonces?
FABIAN: Que esto no pasó hace tres años. Edgar se fue de este campamento y abrió su barrio privado. No murió en este bosque. Por tanto, no ha sucedido.
CELINA: Bueno, pero algo desangrado parece.
GERMAN: ¿Y qué hacemos?
FABIAN: Lo que haríamos con él en el presente si lo encontramos de esta manera.
CELINA: ¿Darnos media vuelta y dejarlo morir?
FABIAN: Eso mismo.
VIRGINIA: Bien. Podré con ello.

Y como si nada hubiera salido mal, Virginia se gira feliz de la vida.

CELINA: ¿A dónde vas?
VIRGINIA: A bañarme, Celina. Estoy llena de sangre. Les recomiendo que hagan lo mismo.

Celina queda boquiabierta con la respuesta y mira a los dos jóvenes.

CELINA: No pienso compartir habitación con esa loca. Por todos los cielos, no quiero amanecer sin cuello.

IRUPE

No le cuesta mucho encontrar la reliquia a la que Cóndor hizo referencia en su relato. La que necesita para poder controlar a Guido y que éste le devuelva a Fernando. Está en un aparador de cristal en el living de Theo.
Es un dije grande, de metal, en forma de calavera. En las cuencas de sus ojos hay rubíes verdes.
En cierto punto, es un amuleto tétrico.

IRUPE: ¿Qué tan inteligente soy al darle una reliquia a un nigromante? ¿No será por algo que Theo jamás se lo permitió a Cóndor? Me encantaría que en este momento hubiera otra persona cerca para, en su defecto, echarle la culpa de mi decisión.

Irupé niega con la cabeza.
No hay nadie.
Jaime nunca llegó. Damien nunca volvió. Ni siquiera el muchacho que se parece pero no es Fabián apareció.

IRUPE: Bien, supongo que haré esto.

DAMIEN

Abre los ojos lentamente.
La caída ha sido grande.
Se golpeó la cabeza al bajar y perdió el conocimiento.
Al principio, le cuesta entender y recordar.
Pero recuerda la madrugada de la noche anterior.
El bar, la charla con el barman sobre los cazadores de turistas, el chico rubio que se sentó a su lazo, el sexo en el descampado.
Y la caída.
Ambas caídas.
Primero fue Nathan.
Luego el barman apareció para decirle que aquello era una trampa.
Y lo era.
Damien cayó, por segundos interminables que parecieron años.
El golpe en su cabeza.
¿Acaso estaba muerto?
Está bajo tierra.
La humedad es casi tan fresca y poderosa como la oscuridad.
Sólo un pequeño rayo de luz, ténue, viene desde el exterior.
De muchos metros más arriba.
Mira a su lado.
Nathan lo observa.

NATHAN: Despertaste. ¡Qué bien!

CELINA

Celina está aterrorizada.
Virginia, de lo más campamento, silva una canción mientras se cambia después de sacarse toda la sangre de Edgar.

VIRGINIA: ¿Vas a bañarte?
CELINA: ¿Viste Psicosis? ¿La parte donde la chica está en la bañera y aparece el asesino a acuchillarla? Bueno, se me vino a la mente de repente y he decidido vivir con la sangre de Edgar en mi cuerpo.
VIRGINIA: Celina, no seas ridícula. No puedo creer que asumas que te voy a hacer daño.
CELINA: Creo que este campamento te está volviendo loca, Virginia. Y no de una forma simpática y divertida, sino de una forma de que en cualquier momento vas a convertirte en enemiga de Batman.
VIRGINIA: Oh, amiga mía, te preocupas demasiado. Te prometo que todo va a estar bien. De hecho, te abrazaría, pero estás manchada de sangre y me acabo de bañar.
CELINA: Puedo vivir sin el abrazo. Jamás pensé que diría una cosa así.

Virginia sonríe y continúe peinándose frente al espejo.

MOMENTO MUSICAL

Virginia, totalmente alegre y jolgoriosa, le canta una canción de amor y amistad a su querida Celina.



VIRGINIA:
Mjm, mjm.

CELINA:
Nanananá.
Nanananá.
Nanananá.
Nanananá.

CELINA:
Habrá que empezar
sólo por el ejemplo
y antes de pedir,
querer dar primero.
Habrá que entender
que no somos tan buenos,
ni tan, tan sensibles
ni tan, tan atentos.

VIRGINIA:
Pero yo por ti
todo lo haría,
todo lo mejoraría,
todo cambiaría,
todo me cuestionaría.
Dime qué hay más sano,
qué hay más sagrado
que hacer que no sufra
la persona que amo.

CELINA:
Qué importa lo mío,
la razón, la forma.
VIRGINIA:
Si a ti te hace daño
es más que de sobra.
CELINA:
Mira si me quiero
que no tengo orgullo.
Mira si te quiero
que lo tuyo es tuyo.

VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Que me llamen tonta
que vale la pena.
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Que me llamen loca,
no hay ningún problema.

CELINA:
Nanananá.
Nanananá.
Nanananá.
Nanananá.

CELINA:
Habrá que admitir
que no somos perfectos
y tener el valor
de hacer lo correcto.
Habrá que poner
la sangre, el pellejo.
Nada es más difícil
que honrar lo pequeño.

VIRGINIA:
Pero yo por ti
todo lo haría,
todo lo mejoraría,
todo cambiaría,
todo me cuestionaría.
Dime qué hay más sano,
qué hay más sagrado
que hacer que no sufra
la persona que amo.

CELINA:
Qué importa lo mío,
la razón, la forma.
VIRGINIA:
Si a ti te hace daño
es más que de sobra.
CELINA:
Mira si me quiero
que no tengo orgullo.
Mira si te quiero
que lo tuyo es tuyo.

VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Que me llamen tonta
que vale la pena.
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Que me llamen loca,
no hay ningún problema.

VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Que me llamen tonta
que vale la pena.
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Y ahora soy buena.
CELINA:
Naraná.
VIRGINIA:
Que me llamen loca,
no hay ningún problema.

CELINA:
Nanananá.
Nanananá.
Nanananá.
Nanananá.

FABRICIO

Fabricio abre los ojos.
Está acostado sobre lo que parece ser un piso de paja.
Lo primero que percibe de él mismo es que está desnudo.
Se sienta en el piso y mira alrededor.
Es una jaula.
Los barrotes son grises y son de un producto que no logra distinguir.
Amplía su mirada para apreciar que es una especie de granero.
Su jaula debió ser la de un animal grande porque brinda más la imagen de ser una prisión.
En la jaula de al lado está Jaime, también desnudo.

FABRICIO: ¡Jaime!

Se acerca hacia él pero no toca los barrotes.
Tiene miedo de que le provoquen una descarga eléctrica, aunque no parecen estar electrificados.
De todos modos, el material que recubre los barrotes es extraño y no se anima a tocarlo.
Jaime está sentado también, con la mirada perdida en la nada y los ojos llorosos.
Fabricio se da cuenta que estuvo llorando.

FABRICIO: ¡Jaime! ¿Me escuchas? ¿Estas barras son aisladoras de sonido? ¡Jaime! ¡Jaime!
JAIME: Te escucho, Fabricio.
FABRICIO: Ah, bien. ¿Qué sucede? ¿Dónde estamos?
JAIME: No sé dónde estamos. Me desperté un rato antes que tú. No recuerdo nada desde el accidente. Pero ya los escuché.
FABRICIO: ¿Qué escuchaste?

No hace falta que Jaime responda.
Un grito desgarrador llega desde el otro lado de la puerta de madera.
Un grito masculino, suplicante, cargado de dolor.

JAIME: Escuché que vamos a morir aquí.

DAMIEN

Damien nota que Nathan continúa desnudo.
Su ropa sigue en la superficie.
Pero no parece incómodo por el ambiente incómodo de lo que es una especie de cueva.

DAMIEN: Explícame. ¿Qué estoy haciendo aquí?
NATHAN: Bueno, verás, creo que eres especial. No a muchos los hago conocer mi hogar.
DAMIEN: ¿Vives aquí?
NATHAN: No. Aquí fue donde morí.

Damien queda boquiabierto.
Tras un instante, se ríe.

DAMIEN: Vaya. Tuve sexo con un fantasma. ¿Eso es lo que eres?
NATHAN: Se podría decir que sí.
DAMIEN: Tu truco es atraer a las personas a este lugar.
NATHAN: Sólo a los hombres. Me gustan los hombres. En los tiempos que vivía, eso era una atrocidad. Por eso mismo, me mataron.
DAMIEN: Sentiría pena por ti si no fuera porque me arrastraste... ¿A cuánto estamos? ¿Dos? ¿Tres metros?
NATHAN: Dos metros y medio bajo el suelo. Mis asesinos planearon este lugar para que nunca me encuentren. Si logras ver, por allá encuentras mis huesos.

Damien agudiza la vista.
En efecto, cerca de ellos hay una pila de huesos.
Pero se sorprende al ver que había una pila de cráneos también.

DAMIEN: O tenías más de una cabeza o hay más cráneos aquí.

Nathan se ríe.

NATHAN: Sólo tenía un cráneo. Las otras cabezas son las de los muchachos que convertí.
DAMIEN: ¿En qué convertiste? ¿En polvo?
NATHAN: Oh, no. En mis acompañantes.

Damien lo mira.
Esta vez, ambos permanecen serios.

DAMIEN: Tus acompañantes.
NATHAN: Los huesos que traigo aquí no pueden volverse polvo. Sus almas pasan a ser fantasmas. Y eso es lo que pasará contigo, Damien.

Damien siente un escalofrío.

NATHAN: Si te sirve de algo, la buena noticia es que podremos tener sexo por toda la eternidad.

IRUPE

Con la reliquia de la calavera en su bolso, Irupé sale de la casa de Theo.
Está nerviosa. Tanto, que en un primer momento ni siquiera se da cuenta de la persona que está en la vereda de la vivienda, mirando hacia adentro.
Recién lo ve cuando sale al exterior.

IRUPE: ¿Ignacio?

El hijo de su amante.
Corrección, el hijo sexy de su amante.
No es lo mismo que en la puerta de una casa, a un día entero de viaje de Estrella Dorada, aparezca el hijo sensual de Edgar a que aparezca Wilfredo.

IGNACIO: Irupé... No sabía si esta era la casa a la que me mandó mi padre.
IRUPE: Es la casa de Theo Costas. ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas en prisión.
IGNACIO: Lo estaba. Pero me dejaron salir.
IRUPE: ¿Y decidiste disfrutar de tu libertad en Bahía Ausente? Porque es un pueblo extraño, casi abandonado, para tomarse unas vacaciones. Sin contar, por supuesto, que está totalmente gobernado por fantasmas, demonios y hechiceros que...

Ignacio la besa en los labios.
Irupé interrumpe su relato, sorprendida.
Padre e hijo en sus labios. Y Jaime, por supuesto, en alguna luna.
Él aparta su rostro.

IRUPE: Diablos.
IGNACIO: Lo siento. Tuve que besarte para...
IRUPE: Sí, no me importa.

Ella salta a sus brazos y lo vuelve a besar.

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