martes, 15 de enero de 2019

Chapter 64


JOSEPH

No entendía nada.
Bruno, que estaba muerto hace un instante, ahora lo sujetaba desde el cuello.
De alguna forma, continuaba sin vida. Pero se movía.
Mira a Ignacio, esperando que le brindara una explicación. El hijo de Edgar estaba fascinado ante la resurrección.
Joseph le pega una patada a Bruno. Afortunadamente, pese a su repentina fuerza, todavía no se mostraba débil.

JOSEPH: ¿¡No piensas ayudarme!?
IGNACIO: Estaba muerto.
JOSEPH: Lo sé.
IGNACIO: Ahora está vivo.
JOSEPH: No sé si vivo. No tan muerto es la descripción correcta.
IGNACIO: Fascinante.

Bruno lanza un gemido similar a un ladrido.
Los mira y se tira sobre ellos.
Ignacio consigue esquivarlo a último momento pero Joseph no. La bestia se tira sobre él, lo hace perder el equilibrio y lo derrumba en el suelo por completo.
Ignacio, una vez más, preso de una fascinación por el renacido, se queda de pie observando.

JOSEPH: ¡Diablos! ¡Ayúdame!
IGNACIO: No creo poder contra él.
JOSEPH: ¡Mandaste a un estado de coma a Fernando! ¡Podrías pelear contra Bruno!
IGNACIO: Pero Fernando era un delgaducho. Este chico es una mole.

Joseph no va a conseguir escapar de él.
Y claramente Ignacio no va a hacer nada para ayudarlo.
Las manos de Bruno comienzan a cerrarse en torno a su cuello. Quería matarlo.

CONDOR: Detente.

Fue automático.
Las manos gigantes de Bruno abandonan su cuello y se quedan inmóvil.
Joseph, una vez más, no entiende quién es el extraño sujeto que ahora le da órdenes a un no muerto. 

ALEJANDRO

A muchos kilómetros de tanta tragedia y muerte, Alejandro está celebrando a la vida como bien sabe hacerlo.
Se despierta en su cama alrededor de una muchacha que cobra por darle placer.
Hay restos de drogas sobre la mesa de noche.
Aspira un poco para empezar el día.
Su teléfono suena justo en el momento en que estaba por ir a la ducha.
Se sorprende al descubrir que es Luciana.

ALEJANDRO: Luciana, querida, ¿cómo estás?
LUCIANA: Alejandro... Disculpa que te llame, pero necesitaba de ti otra vez.
ALEJANDRO: Siempre es un placer ayudarte, Luciana.
LUCIANA: ¿Estás ocupado? ¿Puedes hablar?

Alejandro mira desde el baño a la mujer que está dormida en su cama.

ALEJANDRO: Sí, puedo hablar. ¿Qué necesitas?
LUCIANA: Es mi hermano. Está en camino hacia tu barrio.
ALEJANDRO: ¿A mi barrio? ¿Para qué?
LUCIANA: Va a visitar a una persona que vive allí.
ALEJANDRO: Pero ninguna de las personas que viven aquí está en este momento aquí. Desaparecieron todos.
LUCIANA: Bueno, hay un tal Zackarías.
ALEJANDRO: Ah, sí, él no desapareció con el resto.
LUCIANA: Me solicitó que te pregunte si podrías acompañarlo hasta su casa. ¿Te sería mucha molestia?
ALEJANDRO: Ninguna. Desde mi ventana puedo ver la entrada al barrio, así que iré a recibirlo en cuanto llegue.
LUCIANA: Gracias, Alejandro. Mil disculpas por molestarte tanto.
ALEJANDRO: No, es un placer.

JOSEPH

El sujeto frente a ellos es un hombre delgaducho, vestido con una túnica negra y una capucha. La primera impresión que tiene Joseph es que la muerte misma está de visita en el pueblo.
Una muerte con ojos saltones.

CONDOR: Pido disculpas por el inconveniente.
JOSEPH: Bruno estaba muerto.
CONDOR: Sí. Murió recientemente.
JOSEPH: Ahora está de pie. ¿Por qué?
CONDOR: Porque lo traje de regreso.

Joseph mira automáticamente a Ignacio. Como está más entrenado en el mundo sobrenatural, quizá pudiera explicar esas sencillas frases sin sentido que todos los habitantes parecen decir al azar, como si cualquiera pudiera entenderlos.

IGNACIO: (a Cóndor) Eres un nigromante.
CONDOR: En efecto. Quise reunirme con el cadáver más fresco de la zona y fue a este joven a quien desperté.

Cóndor mira a Bruno como si fuera el hijo recién nacido.

CONDOR: ¿Se llama Bruno?
JOSEPH: Sí, pero...
CONDOR: Es hora de irnos, Bruno.

Cóndor no se despide de los dos muchachos.
Comienza a caminar hacia el bosque, detrás de las cabañas abandonadas. Bruno, sin siquiera reconocerlos, se gira y continúa su marcha detrás de él.
Cuando ya los pierden de vista, Joseph decide salir de su inmovilidad.

JOSEPH: ¡¿Por qué no me defendiste?! ¡¿Y qué es un nigromante?!
IGNACIO: Estaba en shock, Joseph. Jamás he visto funcionar la magia de un nigromante. Estaré mejor entrenado para la próxima.
JOSEPH: ¿La próxima?
IGNACIO: Un nigromante nunca es bueno. El mundo de los muertos es muchísimo más poderoso que el mundo de los vivos. Por si no sabes de historia, los muertos son mayoría. Nosotros también tenemos que irnos. La policía vendrá a buscar un cadáver y ya no tenemos uno que ofrecerle.
JOSEPH: Casi hay uno. Y no iba a ser el de Bruno.
IGNACIO: Bueno, tú hubieras sido un cadáver muy bello.

DAMIEN

Siguió a Theo al salir de su propia casa.
El hombre calmo había perdido su temple. Ahora caminaba a pasos agigantados y con el rostro cargado de preocupación.
Germán salió de la casa, cerrando la triada. Fue el primero que levantó la vista.

GERMAN: El cielo.

Damien levantó la mirada también.
¿En qué momento esas nubes negras lo abarcaron todo?

DAMIEN: ¿Una tormenta?
THEO: Sí. Una tormenta. Pero una tormenta causada por otra situación.
GERMAN: ¿Esto lo hizo el famoso Cóndor?
THEO: Si mis percepciones son correctas, Cóndor habrá conseguido salir de su prisión. Después de tantos años de magia acumulada, las cosas suelen desbordarse un poco. Ya el ciclo comenzará a volver a la normalidad.
DAMIEN: Entonces, ¿estamos yendo detrás de tu amigo?
THEO: Sí, pero no del nigromante, sino del otro.
GERMAN: Del demonio.
DAMIEN: ¿No te parece más grave lo del tipejo que puede revivir muertos?
THEO: Es más grave, sí. Pero no más urgente. La vida de Fernando está en riesgo en manos de Guido. Cóndor será un peligro mundial si no lo detenemos rápido, pero puede esperar unos minutos.
DAMIEN: Vaya, Theo, teniendo en cuenta los peligrosos que son tus amigos, hace que no quiera quejarme tanto de los míos. ¿Dónde encontraremos a Guido?
THEO: Sé del lugar al que ese muchacho volvería por instinto. La casa de mi difunta novia.

VIRGINIA

Siente cuando Fabián entra en la habitación pero no hace nada para disimular lo que está haciendo. De todos modos, sería cuestión de tiempo antes que el resto lo supiera.

FABIAN: ¿Qué estás haciendo?
VIRGINIA: Me estoy yendo.
FABIAN: ¿A dónde?
VIRGINIA: A buscar a mi ex.
FABIAN: No sabía que lo extrañabas.
VIRGINIA: Tiene el libro, Fabián. Y algunas respuestas que darme al respecto de mi hermana.
FABIAN: Oh, ya, tu hermana loca, cierto.

Virginia lo lapida con la mirada.

VIRGINIA: No está loca. Es una psicópata. Pero sabe bien lo que hace y es responsable de una masacre.
FABIAN: Puedes ponerle eso en la tarjeta navideña.
VIRGINIA: No creo que mi hermana llegue viva a Navidad.

Toma su bolso con la mano y emprende su retirada hacia el automóvil.

FABIAN: Espera, ¿qué hay de los demás?
VIRGINIA: No puedo preocuparme por los demás en este momento, Fabián.
FABIAN: De acuerdo. Preocúpate por mí. Quiero irme contigo.

Virginia estaba tan furiosa que era consciente que no iba a quedarse ni un minuto más en Bahía Ausente. Pero le sorprendió la oferta de tener compañía en el viaje.

VIRGINIA: ¿Quieres abandonar a los chicos?
FABIAN: Ni siquiera me caen bien. Y los que me cayeron bien, fueron asesinados anoche por unas arpías. Vi demasiada gente morir en sólo dos días y, honestamente, también quiero cobrar venganza contra Margaret.
VIRGINIA: Un aliado. Una misma enemiga.
FABIAN: Así es.
VIRGINIA: De acuerdo. Busca tus cosas y sube al auto. Nos vamos ya.

Tras unos minutos en donde Fabián se termina de producir para el viaje de regreso, finalmente los dos cargan sus bolsos en mano en el auto.
Ninguno percibió, hasta que no fue demasiado tarde, que Ignacio y Joseph habían regresado.
Virginia se paraliza al verlo. Él también estaba detrás del Compendio y esperaba poder marcharse del pueblo antes de que volviera a verlo.

IGNACIO: Vaya... ¿Vamos a algún lado?

ALEJANDRO

Roger lo envuelve en un fraternal abrazo en cuanto lo ve, como si fueran viejos amigos.

ROGER: ¡Qué bueno verte, Alejandro!
ALEJANDRO: Gracias, Roger, igualmente. ¿Cómo te estás adaptando al pueblo?

Alejandro comienza a guiarlo hasta la casa de Zack. Caminan pausadamente, disfrutando del tranquilo día soleado.

ROGER: Ayer dormí todo el día. Detesto los viajes en ómnibus. No puedo dormir. Por eso cuando pude volver a la casa de Luciana, apenas apoyé mi cabeza en la almohada, dormí todo el día. Necesito tener la cabeza despejada y la falta de sueño es un condicionante.
ALEJANDRO: Siempre puedes recurrir a la cafeína.
ROGER: Así como tú a la cocaína.

Alejandro se ríe. Roger, en cambio, no.

ALEJANDRO: Bueno, verás...
ROGER: No me importa, Alejandro. No estoy para juzgarte. Pero cosas importantes van a pasar y tú también necesitarás tener la cabeza despejada.
ALEJANDRO: ¿Ah, sí? Bueno, me despeja.
ROGER: No lo hace.
ALEJANDRO: Bueno, quizá no me despeja tanto, pero me enciende.
ROGER: No te quiero encendido, te quiero despierto.
ALEJANDRO: ¿Pero para qué?

Ambos se detienen frente a la Casa 13.

ROGER: Espero que el buen hombre que vive aquí te lo pueda decir.

VIRGINIA

Virginia, Fabián, Ignacio y Joseph están de pie en la vereda, como si estuvieran teniendo un encuentro amistoso sobre la vida misma.

JOSEPH: Revivió... Como si nada, se levantó y comenzó a atacarme.
VIRGINIA: Sí, Joseph. Es lo que un nigromante hace.
JOSEPH: Lo dices como si fueras experta en la materia.
VIRGINIA: ¿Sabes cuál podría ser una forma eficiente de detenerlo? Si encuentro el libro. Y para poder llegar a él, tengo que viajar a visitar a mi ex novio.
IGNACIO: Y yo viajaré con ustedes.

Virginia lanza un gesto de fastidio.

VIRGINIA: ¿Por qué crees que estás invitado?
IGNACIO: Porque si no me llevas, le daré un beso a Joseph y le pediré que se suicide. ¿Cargarás eso con tu consciencia?
JOSEPH: Virginia, llévatelo. No estoy para juegos mentales hoy.

Virginia pone los ojos en blanco.

VIRGINIA: De acuerdo, Ignacio, puedes ir. Pero si llegas a besarme en algún momento y hacerme caer bajo algún conjuro tuyo, te prometo que apenas me libere, te cortaré el cuello de la misma manera que asesiné a tu padre. Excepto que será en el presente, por lo que no tendrás chances de salir inmune.
IGNACIO: Sin besos. Entendido.

Ignacio le da la llave de su coche a Joseph.

IGNACIO: Iré en el auto con la señorita. Tú puedes volver a Estrella Dorada.

ALEJANDRO

Alejandro era totalmente incapaz de comprender absolutamente nada de la conversación que estaban teniendo Zack y Roger.
Ambos hablaban como viejos amigos pero a la vez era evidente que no lo eran. Había cierta tensión en el aire que incluso Alejandro, acostumbrado a evadir cualquier clase de tensión y conflicto, podía advertir.

ZACK: ¿Sabes que si lo haces, el mundo cambiará?
ROGER: Creo que es hora de que el mundo cambie, Zack.
ZACK: Todo lo que conocíamos como normal hasta el día de hoy, se modificará.
ROGER: Estuve preparándome para esto durante toda mi vida. Ante las situaciones recientes, creo que es obvio que no puedo dejarlo pasar.

Zack no parece convencido pero no emite juicio de opinión.
Alejandro, no sabe por qué, pero percibe que no puede hacerlo.

ROGER: Dime dónde está la puerta.

¿Eso es el motivo de discusión? ¿Una puerta?

ZACK: Por última vez, Roger, ¿estás seguro?
ALEJANDRO: ¿Por qué hay tanto misterio con relación a una puerta? ¿Qué hay detrás? ¿Drogas?

Zack mira a Alejandro como si recién entendiera que está presente en la sala también.

ZACK: Magia, Alejandro. Detrás de la puerta que busca Zack hay magia. Peligrosa. Mortal.
ROGER: Eso es mala publicidad, Zack. Se supone que no puedes emitir juicios de valores.
ALEJANDRO: (a Zack) Y tú sabes dónde se encuentra esa puerta.
ZACK: Soy el único que lo sabe.
ALEJANDRO: Y se la dices al primero que pide que se lo digas.

Zack se rió por el comentario. Alejandro sintió que sirvió para aliviar la tensión.

ZACK: Hay pocas personas capaces de abrir esa puerta, Alejandro. Estás sentado frente a uno de ellos.

Alejandro mira a Roger, que sonrío con orgullo.
Aunque admite que para él, esta situación no simboliza absolutamente nada.

ROGER: Dime dónde está.
ZACK: Por última vez, Roger, la vida de todos va a cambiar si lo abres. La vida del Círculo de los 7. La vida de tu propia hermana. (Señalando a Alejandro) La vida de este muchacho.
ALEJANDRO: Un momento. ¿La mía?

Roger lo mira con su clásica sonrisa donde muestra todos los dientes.

ROGER: Así es, Alejandro. Voy a cambiar tu vida. ¿Estás listo para ser la persona más poderosa de la tierra?

Uno nunca está listo para escuchar semejante oferta. Pero incluso alguien con el cerebro tan quemado, es capaz de responder sabiamente a esa pregunta.

ALEJANDRO: Por supuesto que lo estoy. ¿Dónde tengo que firmar?

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